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LIBRE PARA AMARTE

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LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por hada23 el Miér 20 Nov 2013 - 20:38


LIBRE PARA AMARTE.

Mi vida ha cambiado tanto este último año… He tenido que sortear más problemas y estrecheces de las que creía posible. Ahora por fin me he establecido. Vivo en un pueblo pesquero, gracias a la ayuda de mi madre y de mucho esfuerzo, he conseguido uno de mis sueños, vivir cerca del mar. Me asomo a la ventana y veo el mar, escucho las olas romper, veo el sol brillar, la luna cómo ilumina la noche, me siento en paz. Mis hijos son felices, apenas preguntan por su padre. La última vez que se vieron no fue precisamente bien, de vez en cuando llama, pero por suerte ha desistido. Ya no me persigue, no acosa a los niños a la puerta del cole, no tira piedras a las ventanas… No sabe dónde vivimos, tenemos una orden que le impide saber nuestro domicilio. Ha sido un año muy, pero que muy duro. Ahora me toca saborear esta paz. Mi vida está empezando a funcionar, me falta algo, sé lo que es, pero me he prometido a mí misma no volver a recordarlo ni a añorarlo, es mejor así. Todo sigue su rumbo.
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LIBRE PARA AMARTE CAPITULO 1

Mensaje por hada23 el Miér 20 Nov 2013 - 22:19

CAPITULO 1

¡Qué calor!, al menos la brisa del mar me refresca. He bajado con mis hijos a la playa, es sábado y no trabajo, afortunadamente solo trabajo de lunes a viernes y en un horario bastante flexible, en casa con el portátil, ayudo al juzgado local transcribiendo casos, informes, denuncias…  Soy muy afortunada. Me gano la vida y no me quita mucho tiempo para disfrutar de los niños. El mar está muy tranquilo solo se oye a las gaviotas, mis hijos apenas hablan, están construyendo un castillo que las olas van derrumbando cuando se despistan. Me parece que bajaré a ayudarles, sino puede que acabe en un drama, además aprovecharé para volver a ponerles protección solar, aunque sean las seis de la tarde el sol es fuerte. Estoy muy morena, ventajas de tener una piel así. Mi bikini negro tapa lo justo, haría topless pero por los niños me contengo, además estoy rodeada de familias y soy nueva, no quiero que me identifiquen por la calle como la que enseña las tetas en la playa. Es un pueblo pequeño y aquí todo se sabe y se critica.
El agua refresca mis pies y después de convencer a los peques, nos metemos en el agua. Es transparente, se ve el fondo. Corre algún que otro pequeño pez. Mis hijos gritan entusiasmados. Hablan de tiburones y peces mantas, de delfines y medusas. El mayor ya nada solo, mi peque de 3 años lleva manguitos, de todas maneras no los pierdo de vista ni un momento. Cuando el sol comienza a bajar, alrededor de las ocho, volvemos a casa.
Es una casa pequeña, de color blanco y azul, típica de los pescadores. Tiene dos plantas. Abajo el salón con cocina americana y un baño con plato de ducha. Hay un patio que da a la parte de atrás, es pequeño, pero es mi pequeño jardín, lleno de margaritas, jazmines, mi flor favorita, un par de rosales que intento hacer crecer y cactus, me encantan los cactus, son fuertes y hermosos, y también peligrosos. También quiero poner plantas en el interior, pero con el tiempo, cuando acabe de acomodar todo. En la planta de arriba hay dos habitaciones. Una para mis peques y otra para mí. Un lavabo con una bañera de esas antiguas, con patas y todo, creo que es lo que más me gusta, además puedo sumergirme entera en ella, es una delicia. Tiene una gran claraboya desde la que se ve el mar, y desde allí me siento como Gala cuando la pintó Dalí, hermosa, soñadora, atemporal. Hay un pequeño balcón que sale desde mi habitación y que tiene unas vistas impresionantes, además de sufrir del potente sol que da a todas horas. Afortunadamente dentro de tres días nos van a instalar un par de máquinas de aire acondicionado y un toldo, que espero sea muy resistente. Estoy deseando, porque la humedad es horrible y más por las noches. Este será un verano magnífico.

Domingo. Hoy espero la visita de mi familia: mi madre, mis tías, primos… nos juntaremos como veinte personas, no sé dónde los voy a meter, el salón no es muy grande, pero haré lo que pueda. Primero bajaremos a la playa, ya he encargado comida para llevar: pollo, ensaladilla rusa, croquetas, ensalada de verano, patatas asadas, paella y canelones para todos. Un banquete, pero no quiero cocinar, quiero disfrutar con mi familia.  Iré a recogerla sobre las dos, no hay prisa para comer.
Han venido repartidos en cinco coches, esto parece un desfile. Nos abrazamos. Estoy llorando. Llevo sin verlos tres semanas, desde que me instalé aquí. También ha venido mi mejor amiga, Anais, con sus hijos, esto sí que es una sorpresa. Estoy feliz. Los niños corren como locos, chillan felices y ya no hay nadie a quién le moleste. ¡ESTO ES VIVIR! Quiero que griten, que corran, que desordenen todo. Quiero que disfruten de ser niños.
Hemos acampado en la playa. Tenemos medio arenal para nosotros: seis sombrillas, veintidós toallas, ocho niños y niñas, y todos hablamos y reímos. Es un auténtico desfile de cuerpos en bikini y bañadores. Algunos morenos, otros menos. Pero es mi familia, y los adoro.
-Alma, ¿has sabido algo del padre? –me pregunta una de mis tías.
-No, ningún contacto. Lleva seis meses sin pasarme la pensión de los niños. –les informo.
-Si necesitas dinero hija, pídemelo –mi madre siempre ofreciéndose. –Nena, de verdad, lo que necesites.
-Vamos mamá, trabajo, y la verdad que vivo muy bien, aquí las cosas son más baratas, más fáciles. Estoy muy bien no os preocupéis. La comida no nos falta y tú me ayudas con la casa, qué más puedo pedir. –les contesto. La verdad es que sí pediría algo, pero eso está fuera de mi alcance.
-Oye Alma a ver si te pones conexión a internet, al menos podríamos chatear y si usamos la webcam podremos vernos –Anais siempre con la tecnologías.
-Tengo que ajustar presupuestos, ya veremos. Antes de que acabe el verano. Lo prometo.
-Ya te lo he dicho, míralo tú o te lo contrato yo, nena, yo lo pago. –insiste mi madre.
-Lo pensaré.
-No, te doy hasta el jueves, sino el viernes hablo con Orange o Vodafone o con quién sea y lo contrato por ti. Solo quiero ayudarte. –me susurra mi madre con mucho cariño.
Llevo nueve meses sin saber qué pasa en la red. Tuve que darme de baja. Mi ex me acosaba físicamente, verbalmente y además secuestró una de mis cuentas de correo y todo eran amenazas, insultos… Me llamaba al móvil, al fijo de casa, era un tormento. Lo desconecté todo, me quede incomunicada, incluso tuve que mudarme dos veces. Una verdadera pesadilla. Ahora no sé qué como zafarme de esto, estas mujeres son intransigentes y no van a ceder. Mierda.
Decido meterme en el agua. Les digo que voy a nadar hacia la boya, la toco y vuelvo. Mientras braceo pienso en lo que puede significar volver a estar conectada, volver a Facebook. Me he negado mucho tiempo este pensamiento, pero y si… No. No creo, ya no se acordará de mí. Soy estúpida. Lo que habrá vivido… Después de un año. Esto es una estupidez. Dónde estará. Con quién… No. Me niego a pensar que haya hecho lo mismo con otras. Para mí fue especial, tan especial que dejé mi corazón con él. Con Álvaro. Ya lo he dicho. Álvaro. No quiero entristecerme, no cuando mi familia está aquí, queriendo facilitarme las cosas, viajando todos en caravana sólo para pasar un día con nosotros, para hacerme reír. Salgo del agua con una sonrisa, y empiezo a correr detrás de los niños. Ríen felices. Me gusta.
La hora de comer es un caos, los niños lloran porque tienen hambre o sueño, o de todo un poco. Empiezo a organizarlo todo. Los peques comen primero, cuando han acabado le ponemos la tele. Y ahora a devorar los mayores. Porque tenemos hambre, la playa da hambre, sed y sueño. Hablamos de lo buena que está la comida, ni que fueran manjares pero con hambre todo sabe a gloria. Después del postre, reina el silencio. La mayoría de los niños duermen y nosotros casi. Mi madre y mis tías sacan sus energías de repuesto y empiezan a recoger. No me dejan ayudarles. Anais aprovecha la ocasión:
-Enséñame tu jardín. Vamos. –es una señal. Me levanto y vamos hacia el patio. Nos sentamos en un pequeño sofá de mimbre y pregunta:
-¿Cómo está tu corazón?
-No está. –me conoce, si miento lo sabrá. –Hace un año que no tengo.
-Pues a espabilar, porque en cuanto tengas internet organizo una salida, nos iremos a bailar, ¡a quemar las suelas de los zapatos! –reímos encantadas, es nuestro grito de guerra.
-De acuerdo, nos pondremos en contacto y lo haremos.
-Y curaremos tu corazón. –me contesta muy seria mientras me abraza. La abrazo, la he echado mucho de menos. Mis problemas y la distancia nos han separado durante este último año, pero se acabó. Me voy de fiesta ¡A QUEMAR LAS SUELAS DE MIS ZAPATOS!

Miércoles. Decido finalmente contratar la línea de ADSL, mi madre me ha llamado al móvil seis veces estos últimos días. Es terca como una mula. Aprovecho y compro un poco: pollo, huevos y pescado. Aquí el pescado es delicioso, fresco. También necesito pan. Entro en la panadería y como siempre me atiende el mismo hombre de siempre. Dani, me parece que se llama. Es muy agradable, siempre sonríe y da a mis hijos alguna chuchería.
-¿Cómo te va, te has habituado al pueblo?
-Muy bien. Me encanta vivir aquí, es muy tranquilo y mis hijos son felices. –le contesto.
-Si alguna vez necesitas alguna cosa, puedo echarte una mano… hago pequeñas reparaciones…
-Está bien, lo tomaré en cuenta –le contesto un poco sorprendida por su ofrecimiento.

Sábado. Me llamaron ayer que tendrían todo dispuesto para instalarme la línea de ADSL hoy a las once, han ido rápido, por lo visto no tienen mucho trabajo por aquí. El operario llega puntual, y en una hora ya tiene todo dispuesto: me ha puesto dos entradas para la línea, me ha conectado el router y ha configurado mi cuenta. Ahora sólo falta conectar mi portátil. Esperaré a esta noche. Cuando los niños duerman.
Miro el portátil. Alma sé valiente. Lo cojo y busco el cargador, por si acaso. Subo corriendo las escaleras hacia a mi habitación. Lo conecto a la luz y aprieto ON. Parpadea y sale el logotipo de VAIO. La foto de mis hijos. Introduzco mi contraseña y se abre ante mí. Me pide configurar la conexión de red. Después de un par de minutos todo está funcionando. Voy a mi cuenta de correo: ¡956 mensajes! ¡Ay Dios! Cuánto trabajo me queda. Pero lo primero es conectarme a Facebook y decirle a mi amiga que ya podemos comunicarnos. Miro mi lista de amigos. Álvaro aún está añadido, aunque aparece como no conectado. No volveré a mirar. Busco a Anais y la saludo:
-GUAPA YA ESTOY AQUÍ, CUANDO NOS VAMOS DE MARCHA?
-Holaaaaaa, siiiiiiii, esto es fantásticooooooo… conecta la webcam.
-Ok –después de un par de intentos fallidos por fin lo consigo. Aparece su cara sonriente.
-Hola hermosa, cómo estás?
-Muy bien, es el primer día y no he podido aguantarme las ganas de saludarte a ti, la primera.
-Eres un cielo –me contesta- mañana empiezo a organizar nuestra fiesta ¡A QUEMAR SUELAS DE ZAPATOS! –exclama.
-¡Sí, A QUEMARLAS! –de fondo se oye un llanto y a su marido que la llama.
-Te dejo Alma, mañana me conecto y quedamos en nuestra super fiesta. Un beso.-y me manda uno, muy sonoro. Yo le mando otro y apago la webcam.
Y ahora ¿qué? Los mensajes. No. Voy a mi muro y pondré en Facebook que ya estoy en línea de nuevo. Quiero que mis amigos y familiares lo sepan. Cogeré una de las fotos que me hice en la playa con mis hijos el domingo pasado y la pondré. Necesito que sepan que estoy bien. Ahora sí, los mensajes. Son 956. Menos mal que la mayoría son publicidad, tengo la programación televisiva de cada día desde hace nueve meses… Páginas de venta de ropa, publicidad de Toysrus, Danone, Carrefour, Ikea… una lista interminable. Los voy eliminando. Hay algunos de Facebook (no miro de quién son, solo los elimino), comunicaciones de blogs y avisos de cancelación por el no uso de las cuentas. Supongo que ahora se anulará esta cancelación. Después de una hora y media, he limpiado mi correo. Vuelvo a la página de Facebook, tenía aplicaciones en él. Varias de ellas aún funcionan, otras me deniegan el acceso. Bueno qué se le va a hacer. Mi foto ha recibido 50 links de me gusta y tengo 25 comentarios. Por lo visto se alegran de que vuelva. Me dedico a leerlos todos. Cuando miro el reloj digital de mi mesita veo que son las tres de la madrugada. Si ya lo digo yo, el tiempo me vuela. Desconecto todo y me voy a dormir, mañana vamos a la playa por la mañana, por la tarde quiero llevar a los niños a la feria. Son las fiestas.

Domingo. Estoy agotada. Mis hijos también, apenas son las nueve y media y ya están dormidos. Conecto mi portátil, tengo mensajes de Anais. Ya tiene el día y el lugar. Esto es fantástico. Conecto mi Facebook y la aviso.
-El sábado, ya tengo el lugar, SORPRESA!. Nena lo vamos a flipaaaaaarrrrrrr. –esta es ella, auténtica. –No te preocupes por los peques, tu madre se encarga, ya he hablado con ella. Está encantada. Te bajas a comer con ella y te preparas, te quiero sexy. Porque vamos a romper, a pisotear tíos… -esta es la vena mandona y organizadora de Anais, todo como ella quiere.
-Muy bien, de acuerdo, si ya lo tienes todo arreglado, cómo te voy a decir que no. VAMONOOOOOSSSSS. –estoy muy nerviosa. Madre mía hasta el sábado, se me va a hacer eterno…
Después de chatear durante una media hora más, le digo que estoy agotada y aún me queda llamar a mi madre, quedar para el sábado y contarle mi día. Me despido hasta el día siguiente.

Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Mi semana se ha hecho eterna, he trabajado mucho, llevado a mis hijos a la playa, he intentado ocupar todo mi tiempo, he utilizado a “mi chico rojo”, pero ha durado mucho pero mucho. Ahora estoy preparando todo lo que tengo que llevarme: ropa para los niños, por lo menos un par de mudas, pijamas, mi ropa, las cosas de aseo… Si voy a llenar una maleta, parece que me voy una semana, si sólo es un día… Mis hijos ya duermen, han tardado un poco, están nerviosos por mañana, salir de aquí y volver otra vez a donde vivíamos antes. El mayor tiene miedo, está asustado. Teme encontrar a su padre. Le he asegurado que no estará, está viviendo en otro lugar. Dejó que nuestra casa se la quedara el banco por falta de pago. Ya nada tiene remedio.
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por kitsia el Jue 21 Nov 2013 - 3:34

me alegro que decidieras seguir con la historia sonrisa 

gracias guiñar 


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Liilyana el Jue 21 Nov 2013 - 6:00

Gracias por continuarla, estoy emocionada de ver como continua esta historia, ya ansio mas capitulos!!! Eres una gran escritora. Estare esperando mas capis!!!!
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por cookiedjg el Jue 21 Nov 2013 - 6:29

Que maravilla, que gusto que seguiste con la historia. de verdad tienes un gran talento!! gracias guapisima!!


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por vickyra el Jue 21 Nov 2013 - 15:38

  Me encantó la otra y me encanta esta, no se que esperas para enviar tu historia a una editorial, la encuentro muy buena, de verdad y escribes de maravilla. BRAVO    



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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Ivi04 el Jue 21 Nov 2013 - 16:05

Felicitaciones Hada!  es una historia preciosa! me acabo de leer la anterior y esta de un solo tirón, me encantó! 

kiss


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"The woods are lovely, dark and deep, but I have promises to keep, and miles to go before I sleep.
And miles to go before I sleep.".
 

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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por pernaute el Jue 21 Nov 2013 - 16:10

Bienvenida de nuevo a ti y a tu historia, me alegre cuando recibi un mensaje de que seguias con tu historia , aqui me tienes para seguir lellendola ,por que era muy buena y esta tambien ,Gracias y adelante ,no te detengas
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LIBRE PARA AMARTE CAPITULO 2

Mensaje por hada23 el Jue 21 Nov 2013 - 19:56

CAPITULO 2

Mi madre nos recibe con abrazos, incluso las vecinas, que me conocen desde que nací, salen a verme, a saludarme, a darme su apoyo. Un poco avergonzada entro en casa. La habitación de los niños ya está preparada. Dejo la maleta.
Comemos en armonía, hablando de todas las cosas que hemos hecho desde aquel domingo que nos vimos, sobre todo los niños, son como loros, repiten, gritan para hacerse oír, para ganarse la atención de su abuela. La tarde se pasa rápido, me toca arreglarme, cenaremos algo por ahí y después a ¡BAILAR!.
Empiezo a vestirme: vaqueros negros ajustados y el top violeta con las cintas cruzadas y toda la espalda al descubierto, hasta donde empieza el tiro bajo de vaquero. Mis zapatos de tacón negros, resistentes y cómodos. Los pendientes de nácar. Mi pelo, suelto y liso, me pasaré un poco las planchas. Ahora el maquillaje. Voy a arriesgar utilizaré colores oscuros: verde, negro y un poco de blanco y dorado. Una línea de kohl marrón. Lápiz de labios. Lista.
A las nueve y media me voy, pasamos por un bar de los que conoce Anais, pero estoy nerviosa y apenas consigo tragar la bebida que he pedido. Hace demasiado tiempo que no salgo… Paseamos un poco y cogemos un autobús que nos deja cerca del lugar. Hacemos un poco de tiempo para no entrar de las primeras en la disco y nos paramos delante de un par escaparates de tiendas cerradas mientras hablamos de cuando íbamos al colegio, nos reímos, qué lejos queda todo… Entramos en el local, está lleno de gente. Anais quiere que vayamos a la segunda planta. Cuando nos cansemos iremos a la primera, la música es mejor, y dentro de un rato estará menos lleno, la gente se repartirá y estaremos mejor. Sigo sus consejos, ella tiene más experiencia.
Pasada media hora, decidimos salir a tomar el aire. La noche es bochornosa, pero se está mejor aquí, al menos durante diez minutos que es lo que tardamos en volver a entrar. Ahora nos quedamos en la primera, aquí la música me gusta más. Mis caderas se mueven solas, estoy sudando. Anais y yo somos unas bailarinas aceptables, me sé las canciones que suenan, las canto mientras me contoneo. El juego de luces de la discoteca: láser, neón, humo… es increíble. Ya han intentado bailar conmigo unos cuantos tíos, me niego. Quiero bailar sola. No sé qué hora será pero me estoy divirtiendo mucho y no quiero que la noche acabe.  Ahora suena una canción de JLo, me encanta, en el vídeo sale William Levy, un pedazo de hombre. I’m into you, se titula. Bailo lo más sexy que puedo, acariciando con mis manos mi cuerpo y mi pelo. Han puesto el flash estroboscópico, mis movimientos parecen más pausados. Me giro bailando, levanto la cabeza y en unos de los flashes me quedo completamente inmóvil. Álvaro. El flash vuelve a cambiar y ha desaparecido. Me estoy volviendo paranoica. Reacciono y sigo bailando. Uno de los tíos de antes me coge de la cintura, acercándome a él. Le advierto que no quiero nada, que me deje en paz. Anais y yo nos acercamos y bailamos las dos juntas. Moviéndonos al unísono, cuando el mismo tío vuelve a la carga, pero de la misma manera que me coge, siento un fuerte tirón y ya estoy libre. Al girarme veo al tío en el suelo con sangre en la cara, y a Álvaro. Me coge en volandas y me saca de la pista de baile.
-¿Qué maneras son esas de bailar? Tengo que pelearme con media discoteca… pareces una cualquiera. –me sisea totalmente enfurecido.
Después del shock de verlo, cuando oigo sus palabras mi mano reacciona y le doy un fuerte puñetazo en la boca. La mano me arde y estoy horrorizada, pero aun así le contesto:
-Vete al infierno. –le empujo fuerte para apartarlo de mi camino y vuelvo a la pista de baile.
Sólo aguanto cinco minutos. Caminamos buscando un autobús que nos lleve de vuelta a casa. Nos sentamos en la parada, aún no he podido hablar. Estoy demasiado impactada. Nunca creí volver a verlo, y menos que pasara esto. Mi amiga me consuela sin palabras. Cuando por fin tengo el valor de contarle qué ha ocurrido, se confiesa culpable. Publicó en Facebook nuestra salida. Sé que no lo hizo con mala intención, pero lo que empezó siendo diversión ha acabado haciéndome llorar.

Lunes. Atrás ha quedado el fin de semana. Tengo que llevar las transcripciones de la semana al Ayuntamiento. Nos levantamos temprano y después de desayunar nos vamos caminando, en eso no he cambiado, todavía me gusta caminar. En la plaza del Ayuntamiento hay un parque infantil. Dejo a mis hijos allí, no hay peligro, no circulan vehículos, además está la Floren, mi vecina con sus nietos. Vive en la casa que está a la derecha de la mía, es una mujer mayor de 60 o 70 años, no me atrevo a preguntarle la edad por si le sienta mal, es muy temperamental, aunque también todo corazón. Entro en el edificio y cojo el ascensor. Detrás de mí entran dos personas más: un señor calvo de mediana edad y una chica muy bien vestida. Entonces me doy cuenta que tengo la sandalia desabrochada, las prisas… Me agacho como puedo mientras el ascensor vuelve a abrirse y entran más personas, estoy agachada, no veo. Además estoy a punto de caer de boca. Me empujan más hacia el fondo. Vuelve a abrirse y por lo visto bajan. Cuando consigo colocar la tira de mi sandalia en su lugar, me levanto y mis fosas nasales se inundan con el olor de Álvaro, de su perfume. Busco con la mirada, pero allí sólo quedamos el señor calvo y yo. Debe ser una coincidencia, algún concejal que también la use. Salgo en la cuarta planta. Ya me están esperando. Cambio mi pendrive, por un maletín. Debo hacer 53 transcripciones para el viernes, son urgentes. Antes de marchar, me comunican que en la primera planta tengo una carta. Que me la iban a enviar con un policía o miembro del juzgado, pero como hoy tenía que ir… Bajo los tres pisos por las escaleras, no quiero volver a sentir ese olor. Me trae demasiados recuerdos. Me presento ante la recepcionista y enseguida sale un muchacho de lo más variopinto, con rastas, ropa hippie, gafas… y me da un sobre tamaño dina4 de por lo menos dos centímetros de grosor. Lo doblo como puedo y lo meto en el bolso. No tengo tiempo de abrirlo, más tarde. Necesito llenar la nevera y la despensa.

Martes. Ayer me acosté muy tarde, cerca de las dos de la madrugada, ya llevo 20 transcripciones. No he hablado con nadie. No se me ha ocurrido conectarme. Ahora estamos en la playa, disfrutando del sol del atardecer, son cerca de las ocho. Debemos volver. Cuando mis hijos están acostados enciendo el portátil y sigo trabajando, pero estoy muy cansada y las letras se me emborronan. La ventana del correo marca 29 mensajes. Dudo. Lo abro, la mayoría son de Anais, preguntándome cómo estoy, y publicidad. De Álvaro nada. Le escribo un par de mensajes para tranquilizarla, y me voy a dormir. De camino a mi habitación recuerdo el sobre. Lo dejé encima de la nevera. En mi habitación lo abro. El primer documento es una carta de un bufete de abogados. Me comunican que necesitan contactar conmigo lo antes posible. Hay un teléfono. Debo concertar una visita. Aclaran que es urgente. ¿Qué raro? El otro documento es ¿un testamento? ¡De mi ex! Nos deja a los niños y a mí como sus herederos. Será cabrón, si no tiene nada. Nuestra casa no existe. Se está burlando, cerdo egoísta. En un dosier hay unas fotocopias de un atestado policial, un accidente, un árbol… y una partida de defunción. Está muerto. Ostras el padre de mis hijos ha muerto. Leo paso a paso los papeles del atestado policial y los informes. Circulaba, se estrelló contra un árbol, no saltó el airbag… Miro rápidamente en el informe forense, quiero saber si había consumido alcohol u otra cosa. No, menos mal. Miro la fecha. Hace dos semanas. Vuelvo a leer la carta del bufete de abogados, mañana sin falta llamaré. Veremos en qué situación me deja esto. Por lo pronto soy VIUDA. Nuestro divorcio nunca se hizo efectivo.

Jueves. Tengo cita con el bufete de abogados a las doce. Mis hijos están con una de mis tías. Ayer fue un día difícil. Es raro, huía de mi anterior vida y ahora soy más libre que antes, y encima viuda. Tengo 39 años, y soy viuda. Por más que me lo repito aún no me lo creo.
El abogado con el que hablé por teléfono en seguida me atiende. Su despacho es muy elegante, forrado de paneles de madera, con estanterías llenas de libros y una gran mesa con su sillón negro. Tendrá unos cuarenta años, vaya más o menos mi edad, qué triste. Pero su aspecto es más duro o es que quizás yo no aparento mi edad. Me han llegado a decir que aparento como mucho 30 o 32 años, la verdad me alegran el día con esos comentarios. Se presenta y me ofrece su mano para un apretón. Me ofrece asiento y saca una carpeta con unos documentos. Después de hablar conmigo durante una hora, sólo me ha quedado clara una cosa. Soy viuda. No hay nada más. Testamento de ningún bien. Los gastos de la defunción están cubiertos. El seguro de vida que tenía contratado lo rescató hace seis meses, así que tampoco existe. ¿Entonces?
-Necesitamos su firma, para cerrar el expediente. Con los papeles que hay en este sobre –me acerca un sobre de color marrón- podrá solicitar las pensiones que le correspondan. –sin más se levanta, me ofrece de nuevo la mano y me despide deseándome suerte.

Viernes. No sé cómo comunicarles la noticia a mis hijos. Tampoco quise saber dónde está enterrado, ni mucho menos dar el pésame a su familia. Voy a llenar la bañera con agua caliente, pondré unas gotas de jabón espumoso con olor a jazmín, unas velas y a relajarme. Ahora los chicos duermen, son las doce de la noche. A través de la claraboya veo la luna, parece posada sobre el mar. Es hermoso. Mientras me quito la ropa pienso en lo que sería ver esta escena acompañada. Cada día me encuentro más sola. La realidad es cada vez más cruel. Mis hijos se irán y envejeceré sola. El recuerdo de Álvaro me invade. Sus manos acariciándome, su sonrisa, sus ojos oscuros… Cierro los ojos. Pero los abro, no me voy a permitir soñar. No quiero. Ya he pagado un precio muy alto: mi corazón. Debo ser realista, me quedaré sola, al cuidado de mis hijos el resto de mi vida. No tengo futuro como mujer.
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por taniams el Jue 21 Nov 2013 - 20:14

Me encanta!! Sigue escribiendo, lo haces super biiiiiiieeen!!


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por cookiedjg el Jue 21 Nov 2013 - 20:32

Gracias guapisima, por el capi. me encanta esta historia!!


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por pernaute el Jue 21 Nov 2013 - 21:23

Gracias por el capi,sigue porfa
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Liilyana el Jue 21 Nov 2013 - 21:25

Gracias, Oh ya quiero que tenga un encuentro de nuevo. Esto se pone muy interesante.


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por kitsia el Jue 21 Nov 2013 - 23:51

Gracias, me gusta la historia ;)


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por hiranyaka el Vie 22 Nov 2013 - 4:49

muchas gracias por el capitulo....
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por vickyra el Vie 22 Nov 2013 - 17:26

Gracias por el capítulo kiss 



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LIBRE PARA AMARTE CAPITULO 3

Mensaje por hada23 el Vie 22 Nov 2013 - 18:56

CAPITULO 3


Ya estamos a finales de julio, queda menos para que acabe el verano, comience el colegio y mi vida sea más miserable. Creí que sería un buen verano, no sé qué esperaba…

Martes. Esta noche hay fuegos artificiales en la plaza del Ayuntamiento. Llevaré a los niños, aunque ganas no tengo. Me siento vieja y muy triste. Hablo con Anais y con mi madre, pero acabo rápido, nos vamos. La plaza está muy concurrida. Veo a la Floren con sus hijos y nietos. Me saluda con un gesto de la cabeza. También están todos los de los comercios, Dani también, el panadero. Se acerca para saludarme.
-¿Qué tal chicos? –pregunta con su habitual sonrisa.
-¡Muy bien! –exclaman entusiasmados.
-¿Ya cuidáis de vuestra madre? –pregunta mirándome directamente.
Pero esto qué es. Está intentado algo… Madre mía. No me lo esperaba. - ¡SSSIIIIII! –contestan ellos.
-Tengo un sitio allí, ¿os queréis sentar conmigo?
-Mamá porfa, vamos con Dani. –me ruega mi hijo mayor. Accedo, total, para estar de pie y que la gente vaya empujando y tapando la vista…
Nos lleva hasta una mesa y nos ofrece algo de beber. Declino su oferta. Vuelve a insistir, pero antes de que pueda negarme de nuevo, empiezan los fuegos. Los niños están encantados. Dani me mira y me pregunta si no me gustan, le respondo que sí. Miento. No quiero estar aquí. Prefiero estar en casa, en mi santuario, lamentando mi penosa vida. Finjo que estoy a gusto. Estoy deseando que acaben, me excuso y me levanto. No puedo más. Necesito respirar, estoy a punto de llorar. Doy la vuelta a la calle, me apoyo contra la pared y hago varias inspiraciones profundas. Me niego a ponerme en evidencia delante de mis hijos y de tanta gente. Cierro los ojos, sólo oigo las explosiones de los fuegos artificiales. De repente unas manos acarician mi cara y siento el olor de Álvaro. Abro los ojos y aparto de un manotazo sus manos de mí. Estoy perpleja ¿qué hace aquí? Nos miramos examinándonos. Durante un momento no sé qué decir, él tampoco. Sus manos están cerradas en dos puños, mi respiración está agitada.
-¿Qué quieres? Déjame en paz. –le digo furiosa pero sin energías, no quiero que se vaya, pero sé que si no lo hace, acabaré peor que la vez anterior.
-Siento lo del otro día, me pasé, me sentí mal… el tío ese, los otros te miraban… tú te movías de esa manera… Quería llevarte a cualquier rincón y… No he dejado de pensar en ti ni un solo día. Te he echado tanto de menos. –titubea.
-Casi me lo creo, ¿y has tardado un año en darte cuenta? Joder tío, tienes demasiada cara dura. Vete a tu gallinero y elige una de tus gallinas. No necesito confesiones penosas de tu parte, la historia no se va a repetir. –y mientras digo estas palabras me doy cuenta de que soy una mentirosa, sí quiero repetir. Solo con verlo, vuelvo a desearlo como la primera vez. Mierda.
Me mira inexpresivo. Pero qué esperaba. Que me lanzara a sus brazos y le dejara hacer conmigo lo que quisiera. Pero es lo que quiero. ¡Oh! Esto no va bien. Mejor me voy. Si me toca no podré. Doy un paso adelante, pero antes de que dé el segundo Álvaro me susurra:
-Por favor Alma, espera. –me quedo quieta, acaricia mi mano, primero mis dedos. Gracias Dios, estaba deseándolo. Su contacto hace que una corriente suba por mi brazo. Lo miro a los ojos, y sé que estoy perdida. Lo quiero, no lo puedo negar. Se acerca despacio y me abraza. Siento su calor, su olor. Es como estar de nuevo completa. Acaricia mi espalda suavemente.
-Dame una oportunidad… -me suplica. Claro que sí, le quiero como no voy querer dársela. Correspondo a su abrazo, acaricio su nuca y su pelo. Nos miramos y ya nada nos detiene, me besa con desesperación abrazándome tan fuerte, que hasta me hace daño, pero no me quejo. Lo quiero conmigo aquí, ahora. Choco contra la pared de detrás, mientras nuestros cuerpos están pegados, cada milímetro tocándose. Quisiera estar desnuda... Y es en este momento cuando  recuerdo que estamos en la calle, que mis hijos me esperan sentados en una mesa con el panadero y que hay cientos de personas a la vuelta de la esquina. Dejo de besarlo. Afloja su agarre y acaricio su rostro mientras le explico. Recojo a mis hijos. Dani me pide que me quede pero no quiero, además mi pequeño está durmiéndose encima de la mesa. Álvaro me espera dos calles más abajo. Juntos, en silencio y con la mirada curiosa de mi hijo mayor nos encaminamos hacia mi casa.
Al llegar, dejo a Álvaro en el salón y subo con los niños a acostarlos. El peque ya está en su cama.
-¿Quién es mamá? –me pregunta curioso mi hijo mayor.
-Es un amigo, hace mucho que no nos vemos y quiere charlar conmigo.
-Por eso te mira así.
-¿Cómo me mira? –pregunto con una sonrisa.
-Embobado, no me digas que no te has dado cuenta. Con lo lista que eres. –me río, este chaval se está haciendo mayor. Le doy un beso, lo arropo y espero un poco hasta que se duerme. Cae rendido.
Bajo las escaleras con excitación. No está. Se habrá marchado. Oigo un ruido en el patio. Está aquí. Mira mi pequeño jardín. Y me sonríe.
-Es muy bonito. –asiento con la cabeza. Se acerca y me abraza.- Este lugar es precioso. Me contaste tu sueño de vivir cerca del mar, ¿recuerdas? y lo has conseguido. Me alegro.
-Fue una ganga, la verdad, tuve que hacer varias obras menores, además necesitaba cambiar de aires… -me abraza con más fuerza. Nota mi incomodidad y afloja.
-Ven, sentémonos aquí. –le digo, asiente y mira el cielo, negro con algunas pequeñas estrellas brillando.
-Siento no haber estado contigo todo este tiempo pero –y antes de que siga con su explicación, una explicación que no sé si quiero oír, le pongo la mano en boca para que no hable y niego con la cabeza.
-No. No quiero explicaciones. Sólo respóndeme con sinceridad, ¿cuándo tienes que volver a irte? –asombrado me mira y sin un titubeo responde.
-Si tú me aceptas, nunca. Quiero estar contigo –mi cara me traiciona y una enorme sonrisa aparece. Lo abrazo y comienzo a darle pequeños besos por todo su rostro. Me sienta en sus piernas y empezamos a besarnos, esta vez vamos a acabar. Entramos en el salón y caemos sobre el sofá. Es de terciopelo rojo. Me encantó y siempre me imaginé ahí haciendo el amor con Álvaro. Está oscuro. Oigo su voz que me dice cosas hermosas, siento sus suaves manos acariciarme mientras mi ropa va desapareciendo, su lengua húmeda y dulce acaricia la mía. Se tumba sobre mí mientras lame mis pezones e introduce un dedo en mi vagina. Estoy mojada, muy mojada. De un solo movimiento está dentro de mí. Nuestros cuerpos se mueven salvajemente acompasados, nos miramos a los ojos y explotamos en un orgasmo maravilloso. Me besa y con su boca pegada a la mía vuelve a decirme que me nunca me ha olvidado, que siempre estuve en su mente ocupando cada segundo de sus días. Ronroneo como una gatita satisfecha. Este hombre es auténtico. Lo quiero, lo amo. Pero no voy a decírselo, aún no.

Miércoles. Me despierto en el sofá, con Álvaro abrazado a mi espalda. Miro la hora. Necesito el móvil. Mis hijos se despertarán y no quiero que nos encuentren así. Son las siete. Tenemos tiempo. Despierto a Álvaro y subimos a mi habitación. Sentados en la cama volvemos a hacer el amor. Nos poseemos mutuamente con ardor, pasión pero también con ternura. Observándonos con atención mientras amanece y la luz anaranjada baña nuestros cuerpos. La brisa que entra por la puerta del balcón entreabierta refresca nuestros cuerpos calientes.
-¿Has traído ropa contigo? –le pregunto.
-Sí, tengo una maleta en el coche, el resto está en un almacén de alquiler, hoy llamaré para que me lo traigan.
-¿El coche? Has aparcado por ahí tu sexual audi rojo –sonríe ampliamente y niega con la cabeza.
-No guapa, está en un parquing –río alegremente, recuerdo la primera vez que se lo pregunté, cuando había olvidado las llaves en su casa.
-¿Y tu trabajo, cómo lo vas a hacer… los viajes, las sesiones…? –estoy muy preocupada, me da pánico que vuelva a desaparecer.
-Ya no es mi trabajo, tengo un trabajo nuevo. Soy empresario. –lo miro boquiabierta- Cierra esa hermosa boquita. Hace unas semanas me trasladé hasta aquí, tuve un par de reuniones con el concejal y el alcalde para los permisos y licencias, y todo solucionado.
-Eras tú, estabas en el ascensor. Madre mía. Estaba en el fondo, intentando atarme la sandalia y evitando no caerme ni que me aplastaran contra la mampara, y cuando me incorporé… tu olor… - me atrae hacia él y me besa.
-He cambiado todo por ti, quiero quedarme contigo, a tu lado y con tus hijos. Tengo varios negocios: un par de tiendas, un centro de estética y dos gimnasios. He invertido. Aquí empezaré por un centro de estética, más adelante un gimnasio. –me mira buscando mi aprobación, pero me pregunto de dónde habrá salido tanto dinero. Sabe que recelo, pero no me da más información. Tampoco se la pido. Todo a su momento. Por ahora quiero disfrutar del resto del verano. Mis hijos. Cómo se lo tomarán. Álvaro acaricia mi barbilla.
-¿En qué piensas?
-Mis hijos…
-¡Ey! Me encantan los críos, se me dan bien y yo siempre les caigo bien.
-Mi hijo dice que me miras embobado.
-Tu hijo tiene razón, me tienes embobado. Esta piel morena me vuelve loco -empieza a hacerme cosquillas, me revuelvo debajo de él mientras río a carcajada limpia. Se detiene para comenzar a besarme. Su erección descansa sobre mi abdomen. Abro mis piernas para acogerlo. Me coge de las muñecas y las mantiene sobre mi cabeza con una sola mano. Me penetra fuerte. Con su mano libre alza mis caderas para profundizar más. Sus estocadas son rápidas, posesivas. Cinco, seis, siete y mi orgasmo llega. Álvaro se derrama dentro de mí con un gemido ronco. Suelta mis muñecas y besa mis labios suavemente. Me arrastra con él en un abrazo. Durante unos minutos descanso sobre él. Hasta que los latidos de mi corazón se tranquilizan. Necesito una ducha y Álvaro también. Estamos sudados. ¡Oh no! ¡No hemos usado protección! Me levanto rápidamente.
-¿Qué pasa? –pregunta asustado.
-El preservativo, no hemos usado… nada. –exclamo.
-Tranquila, déjame pensar… -pasados unos segundos responde- Habrá algún sitio dónde preguntar qué hacer. Una farmacia ¿quizás? Allí nos ayudarán.
-El centro de salud. Sí, la píldora del día después, eso. Eres un cielo. Me ducho, no dúchate tú. Despierto a los niños, desayunamos y nos vamos. Eso. Nos vamos. –estoy muy nerviosa. El centro de salud. Ahí me la darán ¿no? Se las dan a las adolescentes, a mí también. Compraré preservativos. Dos o tres cajas, las esconderé en varios sitios. Por si acaso. No quiero que me vuelva a pasar esto.
Después de dos horas esperando a ser atendida, por fin consigo mi cometido. Ahora he de comprarla en la farmacia. Qué marrón. En cuanto salga por la puerta cuchichearán. A saber qué pensarán. Ya me lanzaban miraditas. Ahora me van a crucificar. Pues que hablen. Cuando vean al pedazo de macho que tengo entonces sí que se callarán, me envidiarán. Dios cada vez que lo miro es más guapo. Y cuando me toca… Mmm. Mejor me concentro en mi tarea. Cuando la tengo en mi poder, y después de las malvadas miradas de la farmacéutica, compramos una botella de agua y me la tomo. Cuanto antes mejor me ha dicho la doctora. Ahora a esperar.

Jueves. Viernes. Sábado. Los días han pasado, estoy mucho más tranquila. Los niños se están habituando a la presencia de Álvaro, la verdad es que se le dan bien, se hace querer. Mi hijo mayor sí me ha preguntado cosas: si lo quiero, si me da besos… curiosidad. Le he contestado con la verdad, sin ceñirme a los detalles, lo estamos intentando.
-¿Y mi padre?
-¿Qué pasa con él? Ya sabes que no está con nosotros. –tuve que contárselo, no era una noticia agradable de dar, pero tenía todo el derecho. No lloró. Sólo me dijo que lo sentía por él, pero que al menos ya no nos molestaría más.
-Quiero decir, será igual… o diferente, como ahora.
-Será como ahora siempre. Álvaro no es tu padre, cielo, él nos quiere.
-A mí me gusta. Es divertido, y te mira embobado, jajajaja.
-Serás… -corro detrás de él, pero no logro alcanzarlo, se escabulle por las escaleras hacia el salón.
Álvaro no está, tenía que supervisar las obras del centro de estética. Algunas firmas y otros suministros que llegaban hoy. Cuando vuelva, después de comer iremos a la playa. Mi madre me llama. Quiere llevarse a los niños unos días con ella, a un camping. Se va con sus hermanas y sus hijos. Así Álvaro y yo tenemos tiempo para nosotros solos y los niños se relacionan con sus
primos. Lo comentaré con ellos, pero sé que querrán marcharse. Pasamos la tarde al sol. Enfriando nuestros cuerpos en el mar y haciendo construcciones de arena.

Martes. Tengo todo preparado. Mis hijos están como locos. Mi madre llega tarde, media hora. No sé cómo calmar a estas fieras. Empiezo a perder la paciencia. Álvaro recibe una llamada de teléfono y sale al patio, para hablar más tranquilo, supongo. Entra con una sonrisa y me da un beso en la sien.
-¿Todo bien? –le pregunto.
-Sí, un retraso en el envío de unas máquinas. Nada importante, no te preocupes. –sonrío, si él lo dice, no me preocuparé.
Diez minutos después llega mi madre toda sofocada, disculpándose por el retraso. Los niños la abrazan y apenas la dejan descansar unos minutos, cuando ya se han montado y chillan exaltados que se van de camping. Álvaro mete la mochila en el maletero del coche mientras mi madre y yo nos abrazamos.
-Ten cuidado por la carretera y si lo tienes que castigar, castígalos, no los malcríes. –le doy un beso.
-Disfruta, nena, ¡jo! qué guapo es, y vaya culo…
-¡Mamá! Es mío. –la riño con una sonrisa en los labios.
-Por eso disfruta. –me da un beso, se despide de Álvaro diciéndole que me cuide y se monta en el coche. Nos quedamos en la calle hasta que el vehículo desaparece. Nos abrazamos y entramos en casa.
Por delante tenemos cinco días para nosotros solos. Por mí no saldría de casa, de la cama, del sofá, de donde sea quepueda tenerlo para mí sola. De disfrutar de este hombre increíble y super sexy. Al darse cuenta de mi mirada me coge en brazos y comienza a besarme. Sabe cómo besar, me encanta cuando muerde mis labios, cuando acaricia mi lengua con la suya. Se sienta conmigo en su regazo, en el sofá de terciopelo rojo. Nos quitamos la ropa. Hace que me levante y me lleva de la mano hasta la ducha. Regula la temperatura del agua y entramos. El agua cae sobre nuestros cuerpos, coge jabón y me enjabona, acariciándome mientras me mira a los ojos. Muerdo suavemente el lóbulo de su oreja y suelta un gemido. Empiezo a acariciar sus caderas, más abajo, donde tiene el tatuaje del dragón, pero me da la vuelta y se presiona contra mí mientras masajea mis pechos. Siento su erección en mi trasero, me froto contra él. Acaricia mi clítoris, lanzando oleadas de placer a mi cuerpo. Apoyo mis manos contra la pared de azulejos, mis piernas están debilitándose. Me da suavemente la vuelta y me besa. Un beso profundo, duro. Me arrastra con él al plato de la ducha, él de rodillas yo a horcajadas. Su pene entra mí, nos acoplamos a la perfección, nuestros cuerpos son máquinas perfectamente compenetradas. Jadeamos y no acallamos nuestro grito cuando llega nuestro orgasmo. Descanso así, sobre él, con el agua cayendo por mi espalda, relajando mi cuerpo. Cuando salimos de la ducha decidimos quedarnos en casa el resto del día, son ya las cinco de la tarde. Pondremos unas películas o veremos alguna cosa de la tele.

Miércoles. Anoche nos quedamos dormidos en seguida, estuvimos un rato mirando desde el balcón de nuestra habitación cómo la luna aparecía. Media luna, como en las de los cuentos de las mil y una noche. Álvaro necesita hacer unas gestiones y yo trabajar, ayer no hice ninguna transcripción, aprovecharé hasta el mediodía. Por la tarde, sobre las 7 o las 8 bajaremos a la playa. Hemos planeado cenar allí. Álvaro ha traído una tienda de campaña Quechua, de las se montan casi solas, quiere que pasemos allí la noche. Ha encontrado un lugar apartado de la vista de la gente, tendremos que caminar unos quince minutos, pero tendremos intimidad, y eso es lo que queremos.
La noche es perfecta. La media luna. Las estrellas. La temperatura. El agua. Álvaro. Está montando la tienda, creo que no es tan fácil de montar, ha soltado algún que otro taco. Lo ayudaré. Después de quince minutos, tenemos tienda. Estamos sudando y aprovechamos para meternos en el agua antes de cenar. Está caliente y muy tranquila. Nos miramos y empezamos a reírnos. Pero en cuanto nos tocamos la pasión nos enciende como el fuego. Mi sangre es lava líquida, mi corazón galopa y mi piel se electrifica con su tacto. Sólo nos acariciamos, mirándonos en la oscuridad de esta noche. Estamos desnudos, no llevamos bañador, para qué, estamos solos y no necesitamos barreras entre nosotros. Me acerco para besarlo, tomo la iniciativa. Una de mis piernas rodea su cintura. Me froto contra su erección. Lo deseo y él también a mí. Hacemos el amor en el agua. Es increíble. Mis piernas rodean su cintura, mientras entra y sale de mí. Me eleva con facilidad para dejarme caer otra vez. ¡Gracias principio de Arquímedes! La penetración es profunda, llena mis entrañas. Su resistencia increíble. Espera mi orgasmo para dejarse ir. Lo quiero como jamás creí querer a alguien, lo necesito, lo deseo… ¿Sentirá lo mismo por mí? Todavía no hemos hablado de sentimientos, sólo de necesidad, deseo, compenetración y afinidades. Salimos del agua y nos tumbamos encima de las toallas.
-Tengo hambre ¡grrrrr! –gruñe.
-Yo también, pero necesito recuperar el aliento. Me agotas… -ronroneo.
-Si crees que ahora estás agotada, ve preparándote, voy dejarte exhausta. –comienzo a reír alegremente, este hombre, ya lo digo yo, es un máquina. –Lo preparo yo hermosa, tú descansa para mí. –me da un beso rápido mientras sonrío como una adolescente enamorada. Desnudo con la escasa luz de las cinco velas que hemos traído, es aún más hermoso. Su piel se ha bronceado en estos días, y los ángulos que forman su musculatura, destacan con esta luz, dándole la apariencia de un guerrero griego.
-¿Te gusta lo que ves, eh? Descarada.
-Eres hermoso. –le confieso mientras me siento.
-Tú eres hermosa, bella, sincera, dulce, ardiente, a veces te gastas un genio de mil demonios… descarada, divina, perfecta para mí. No quiero a nadie más en mi vida, solo a ti mujer. –se arrodilla ante mí y besa mi frente. Me mira a los ojos y veo sinceridad. Me abraza.
-Y ahora a comer, a recuperar fuerzas.
Cenamos tranquilamente. Hemos traído ensalada con frutos secos, tortilla de patatas, queso (no me gusta, pero a Álvaro sí), unas brochetas de pescado y de postre tarta de chocolate, mi preferido. Debido a las experiencias personales de cada uno, no bebemos alcohol, así que hemos optado por zumo de naranja. Nos damos de comer el uno al otro, disfrutando de este momento tan íntimo. Parece sacado de un sueño, pero es real. Es autentico y yo formo parte de esta realidad. Acabada nuestra cena romántica Álvaro saca del bolsillo de su pantalón de lino un paquete envuelto en papel de regalo y me lo entrega.
-Pero… Álvaro no hacía falta… -titubeo nerviosa mientras acaricia el dorso de mi mano. Empiezo a desenvolver. Aparece una caja cuadrada de tacto suave. Abro el cierre. Dentro hay una fina cadena plateada con un colgante, engarzado en el mismo, una piedra de color violeta. Brilla. También están los pendientes. Largos, finos, elegantes. Con la misma piedra de adorno. Lo miro y sonrío. Espera que diga algo, pero sin poder evitarlo lloro. No de pena. ¡Oh Dios! De alegría. Me encanta, pero estoy tan emocionada que no puedo hablar. Está serio. Pensará que no me gusta. Me lanzo a sus brazos y beso sus labios.
-¿Eso quiere decir que te gusta? –pregunta sin mucha convicción. Afirmo con la cabeza repetidamente hasta que por fin puedo emitir un sí. –Qué miedo tenía, has llorado… creí que no te gustaba o no sé qué pensé… -le vuelvo a besar y lo abrazo. Cuando ya me he calmado, hablo:
-Me encanta, estoy muy emocionada, esta noche es increíble. No sabes lo feliz que estoy. No puedo expresarlo con palabras. Muchas gracias, es precioso. –le explico pausadamente.
-Nada de gracias, sólo quiero verte feliz, tú eres lo más importante. –duda, me dirá que me quiere- Te informo que es oro blanco y la piedra swarovski. Me gustó cuando lo vi, me recordaba a ti: sencilla, elegante, brillante, discreta… Sé que en ti quedaría perfecto.
Le beso apasionadamente, no importa que no me haya dicho las palabras que esperaba oír, quiero que se quede conmigo así el resto de mi vida. Ya no me importa lo diferentes que podamos llegar a ser. Ahora sé que él quiere estar conmigo, que ha cambiado parte de su vida por mí. Bueno aún conserva el coche, que secretamente me encanta, pero su ritmo de vida, sus ausencias… Ya no temo perderlo, ahora estoy segura de lo que quiere. Y nos quiere a nosotros. Apartamos los restos de la cena y guardo el hermoso regalo. Nuestros ojos se comen mutuamente. Empezamos a acariciarnos, volvemos a estar a mil. Caemos al suelo, mitad encima de la toalla, mitad en la arena. Acaricia mis pechos, mi abdomen, mi pubis, para finalmente rozar suavemente mi clítoris.
-¡No, te quiero ya! –le exijo.
El muy descarado sonríe satisfecho. Se introduce en mí. Coloca mis piernas en sus hombros y comienza un salvaje bombeo que nos lleva a dar un grito cuando alcanzamos el orgasmo. Álvaro baja mis piernas, se tumba sobre mí, agradezco su peso sobre mí, besa mi hombro, mi mejilla, mi boca. Coloca su frente sobre la mía. Parece que va a decirme algo, pero se arrepiente. Me coge en brazos y me lleva con él al agua. Suavemente quita la arena que ha quedado adherida a mi cuerpo. Sus manos suaves son relajantes. Durante unos segundos me mira a los ojos fijamente. Me da un suave beso en la boca y me abraza. Volvemos a nuestro “campamento”. Ahora ha refrescado un poco y me pongo una camiseta. Álvaro no tiene frío. Entramos en la tienda y nos tumbamos abrazados.
La luz del amanecer entra por la abertura de la tienda. Abro los ojos. Álvaro me está mirando. Río. Me apoyo en un codo y beso sus labios. Paso un dedo por su pecho y acaricio sus marcados abdominales. Muerdo el lóbulo de su oreja y después lo chupo. Sigo bajando por su cuello, pasando mi lengua y besándolo. Sigo hacia abajo, paso por su pecho, sus abdominales y me entretengo en su tatuaje. Cómo me gusta. Es tan sexy, es mi dragón. Mi hombre. Cuando sigo mi camino hacia abajo oigo su voz:
-No nena, te quiero encima de mí. –coge mis manos y tira hacia arriba. Nuestros sexos están juntos, rozándose, frotándose. Estoy muy mojada, él muy excitado. Nos acariciamos y besamos, pero no aguanto más, lo quiero dentro. Me muevo sinuosamente, despacio. Álvaro quiere más. Agarra mis caderas y marca el ritmo. Un ritmo que me encanta. Siento mi vagina contraerse, sé que mi orgasmo está cerca. Álvaro acelera el ritmo de mis caderas y besa mis labios mientras ahogamos nuestro orgasmo con un beso. Pasados unos minutos, decidimos recoger. La gente aprovecha para bajar a la playa temprano. Agarrados de la cintura y con los trastos a cuestas, volvemos a casa.
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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Angeles Rangel el Vie 22 Nov 2013 - 19:32

Gracias por el capítulo linda.





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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por iels010 el Vie 22 Nov 2013 - 21:03

 





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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por vickyra el Vie 22 Nov 2013 - 23:37

Gracias por el capítulo, cada vez me gusta más kiss 



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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por kitsia el Sáb 23 Nov 2013 - 6:59

Gracias .!!


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Liilyana el Sáb 23 Nov 2013 - 14:37

Gracias por el capi, me encanta que al fin hayan vuelto!!!


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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por marielaoac el Sáb 23 Nov 2013 - 17:36

Gracias me encanta como escribes y que bueno que decidiste darle continuidad a Libre. Felicidades nuevamente por tu Don para escribir.
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LIBRE PARA AMARTE CAPITULO 4

Mensaje por hada23 el Sáb 23 Nov 2013 - 22:52

CAPITULO 4

Jueves. Hemos dormido hasta mediodía, tanta actividad nocturna es muy satisfactoria, pero agotadora. Después de comer Álvaro sale para controlar las obras, yo tengo que trabajar. Quedamos para la cena. Necesito tiempo para arreglar algunas cosas y sobretodo adelantar trabajo, mañana lo entrego.
No sé cuántas horas llevo trabajando, pero debe ser tarde, está oscureciendo. Miro el reloj del portátil, son las nueve y cuarto. Pues sí que ha pasado rápido. Acabo esta transcripción y cierro el portátil, Álvaro estará a punto de llegar. Preparo una cena ligera: ensalada y unas pechugas de pollo al horno con limón, romero, tomillo y eneldo. Delicioso. De postre hay helado. Coloco los cubiertos y platos en la mesa, y espero. Pasada media hora decido llamarlo al móvil, pero salta el buzón. Lo vuelvo a llamar tres veces más en el intervalo de una hora pero sigue saltando el buzón. ¿Le habrá pasado algo? Empiezo a ponerme nerviosa. Decido calmarme, cuando vea mis llamadas me llamará. Enciendo la tele y me tumbo en el sofá rojo.
Me despierto cuando siento que alguien me ha cogido en brazos y me besa la sien. Álvaro.
-Shhh. Lo siento Alma, me he liado. –susurra y besa de nuevo mi sien. Me abrazo más fuerte a su cuello. Siento su olor. Me deja sobre la cama y empieza a desvestirme. Me incorporo.
-Puedo hacerlo sola. –comienzo a desvestirme, él hace lo mismo. -¿Qué hora es?- le pregunto.
-Lo siento, tarde, cerca de las doce, mañana te compenso, lo prometo, pero tenía que solucionar este problema. Es muy importante.
-No pasa nada, tranquilo. –y una mierda, claro que pasa, ¿las doce? Pero qué clase de reunión era esa. -¿Has cenado?
-No tengo apetito, mañana desayunaré bien, lo prometo. Vamos a dormir, quiero abrazarte. Ven Alma. –está cansado, su tono de voz lo delata. Me meto debajo de las sábanas y me dejo abrazar.

Viernes. El despertador suena. Son las seis y media. Lo apago. Lo programé ayer, me faltan unas diez transcripciones y a las nueve y media he de entregar el trabajo. Saco los pies de la cama y Álvaro agarra mi mano.
-¿A dónde vas a esta hora? Es muy temprano, quédate aquí conmigo. –me dice con voz soñolienta.
-No puedo, algunas tenemos trabajo pendiente y además tengo que entregarlo. Duerme. Más tarde regresaré.
Me levanto y bajo al salón, me siento en la silla con ruedas que tengo delante de la pequeña mesa de oficina que tengo en un rincón y comienzo a trabajar. Pasados diez minutos me levanto, necesito cafeína. Preparo una cafetera de filtro. Caliento un poco de leche y añado el café que ya se ha filtrado. Vuelvo a la mesa.
Ya está. Son las ocho y veinte. Me ha llevado más tiempo del que creía. Lo preparo todo y me ducho. Subo a la habitación, apenas entra luz, la persiana del balcón está bajada. Álvaro duerme plácidamente, boca abajo, con su espalda descubierta, la sábana tapa el resto de su cuerpo. Cojo la ropa que ya había preparado y me visto en silencio. Salgo de casa con la bandolera llena de documentos (cambié el maletín, era demasiado evidente que transportaba algo importante, además es más cómoda para transportar) y voy caminando hasta el Ayuntamiento, subo hasta el cuarto piso por las escaleras, necesito ejercicio, me ayuda a pensar con claridad y no ofuscarme.
-Has llegado pronto Alma, tendrás que esperar cinco minutos, enseguida te traigo la nueva documentación. Siéntate, ¿te apetece un café o algo de tomar? -es muy solícita la chica.
-No gracias. Estoy bien. –contesto y me siento en un sillón de color verde oscuro. Esperaré. Total no tengo nada más que hacer.
Los cinco minutos se han convertido en media hora. Me estoy impacientando. Me levanto y antes de que pueda emitir ninguna palabra, sale la secretaria. Intercambiamos documentación y pendrive y salgo de allí un poco mosqueada. Menos mal que para pagar son puntuales y generosos. Vuelvo a bajar por las escaleras. Salgo a la calle, hace calor. De paso por casa entro en la panadería. Compraré pan y unas delicias saladas.
-Buenos días Dani. Dame dos barras y un cuarto de delicias saladas, gracias. –quiero acabar rápido, antes de que apareciera Álvaro, creo que Dani quería acercarse a mí y ahora me siento incómoda en su presencia.
-Buenos días ¿cómo vamos?
-Bien, gracias. –le contesto. Tiene las barras de pan ya preparadas, pero no se decide a darme las delicias. Levanta su mirada y busca mis ojos, pero a este tío se le va la olla, estoy a punto de decirle algo cuando se me adelanta –Quiero que sepas algo, algunas personas de este pueblo son malas, hablan y no dejan de entrometerse en la vida de los demás. No les hagas caso, vale, escuches lo que escuches.
-De que va todo esto si tienes algo que decirme, ¡vamos dímelo! –estoy harta, hoy todo el mundo se ha propuesto ponerme de mala leche.
-Está bien, la gente rumorea cosas de anoche… -le miro impaciente- de Álvaro… Mira no les hagas caso, seguramente es envidia. Sólo son chismes.
-¡Estoy harta dímelo de una vez, maldita sea! –chillo, estoy a punto de romper algo.
-Dicen que estaba con una mujer morena, primero en ese centro que está abriendo y luego lo vieron cenando con ella en “La Gárgola”, en actitud extraña, ¿entiendes? –y tanto que entiendo, pero qué voy a contestarle, lo primero que se me ocurre.
-Lo sé, es la socia de sus negocios, y no fui a cenar con ellos porque me encontraba realmente mal. Informa al pueblo, ¡pregónalo! –cojo mis cosas, le lanzo literalmente el dinero y salgo de allí.
Necesito caminar. Voy a paso rápido, por suerte cogí mi ipod. Lo conecto. Suena “Nada es para siempre” de Luis Fonsi. Esta no, mierda, no necesito canciones tristes. La siguiente es “Bring me to life” de Evanescence. Mejor. Camino todo lo rápido que mis sandalias con cuña me permiten, ando y pienso. Razono los motivos, los porqués. Decido sentarme en el rompeolas que hay al final del atracadero de los pescadores. Quizás anoche no era el momento de explicarme nada, quizás cuando regrese me aclara lo que pasó. Deshago el camino que he hecho, he caminado bastante. Media hora más tarde entro en casa, con dolor de pies y sudada. Álvaro está preparando la comida. Lleva unos pantalones cortos y un delantal de los míos. Se gira en cuanto me oye entrar y me da un beso.
-Creí que llegarías antes… -yo también creí que anoche llegarías antes, lo pienso pero no lo digo en voz alta, en cambio le contesto.
-Me he liado, en el Ayuntamiento, con Dani, el panadero ¿recuerdas? y he estado paseando, ¿podríamos ir a cenar a “La Gárgola”? Dicen que está muy bien.
-No he ido nunca, pero si quieres, vamos. –me contesta sin un titubeo, me está mintiendo, ¡oh Dios! Va a volver a pasar…
-No, no me apetece, voy a cambiarme, estoy sudada. –respondo cortante.
-Vale guapa, acabo de preparar la mesa y cuando bajes comemos, tengo un sorpresa.
Empiezo a sacarme la ropa, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué se comporta así? ¿Y si la gente realmente es mala y está malmetiendo? ¿Habré sacado conclusiones demasiado pronto? ¿Y si me equivoco? Me pongo un vestido blanco tipo ibicenco muy fresco y cómodo. Bajo hacia el salón. Álvaro me espera.
-¿Estás bien?, pareces cansada. –asiento con la cabeza y acepto sentarme en la silla que me ofrece. Se sienta a mi lado y empezamos a comer. Bueno, la realidad es que intento comer, pero apenas puedo masticar y mucho menos tragar.
-Esta tarde te voy a llevar a un sitio que me han dicho que es precioso, sé que te encantará –me informa entusiasmado.
-¿Quién te lo ha dicho? ¿Y por qué crees que me gustará? – pregunto irritada.
-El concejal de urbanismo me dijo anoche que es un lugar muy interesante, me lo describió y sé que gustará. –me responde tranquilamente.
-¿El concejal de urbanismo? ¿Anoche estuviste con él? –pregunto intrigada.
-Sí, y con cinco personas más, ya te dije que tenía que solventar una serie de problemas que habían surgido, quería dejar el asunto zanjado. Por eso tardamos tanto, no nos poníamos de acuerdo. –me explica acariciando mi mejilla. Le sonrío. La gente es mala y yo más por pensar así del hombre que amo. En un arrebato lo abrazo y le planto un ardiente beso. Álvaro responde acariciándome y metiendo las manos por debajo de mi vestido. No llevo ropa interior. Sé que le gusta. Me subo encima de él, a horcajadas. Como puedo extraigo su pene erecto de la cárcel de sus pantalones y lo introduzco en mi interior. Lo quiero ahora, quiero poseerlo, saber que sólo es mío. Mientras me besa y me muerde suavemente, lo cabalgo poseída. Nuestro orgasmo es asombroso. Me relajo en sus brazos, aún encaramada en él. Acaricia mi espalda con movimientos circulares. Besa mi cuello.
A las seis y media nos montamos en su sexy coche rojo. Tenemos una hora y media de camino hasta el lugar sorpresa. Estoy más tranquila. Después de hacer el amor y recoger todo. Nos duchamos y dormitamos en el sofá un rato. Ahora subimos por unas carreteras sinuosas con unas hermosas vistas de la montaña y el mar. En el coche suena la música que le gusta. Flamenco, rumbas… Mi chico especial. Cierro los ojos y me dejo envolver por la música. Abro los ojos cuando Álvaro ha parado el coche. Nos apeamos, y por un lado está la montaña y por otro el mar. No el mar, no, un acantilado. Por lo menos hay treinta metros de caída por una pared escarpada. Revolotean algunas aves que no reconozco. Las olas rompen furiosas contra las rocas. El cielo azul con el sol bajando. Es una imagen salvaje pero muy hermosa. Sopla una brisa fresca que hace que mi piel se erice.
-Es… no tengo palabras, gracias, este lugar es maravilloso, perfecto. –me rodea con su brazo y entierro mi cara en su cuello. Cómo he podido desconfiar de él. Lo abrazo y me pego a él.
-Tienes frío, deberíamos haber traído una chaqueta. Vamos volvamos al coche, desde allí también podemos ver la puesta de sol.
Entramos en el coche y reclinada sobre el asiento observo como el sol desaparece tras el mar. Desde que vivo aquí casi cada día disfruto de ese privilegio, pero cada vez es más hermoso. Los colores, la sensación que el mar devora al sol, el brillo del agua… Y compartirlo con Álvaro todavía es mejor. Agarrados de la mano. Como una pareja normal, enamorados, pero sin atrevernos a decirlo.
Volvemos a casa. Álvaro se queda atendiendo unas llamadas de teléfono. Tengo frío. No sé si es por la brisa en el acantilado o por todo lo que en este día me ha pasado. Preparo la bañera con agua bien caliente, pongo un poco de jabón espumoso con aroma a jazmín y enciendo unas velas. Con la luz apagada me desnudo y me meto dentro. Me relajo y comienzo a entrar en calor. No me apetece cenar, así que cuando salga de aquí me meteré directamente en la cama. Necesito descansar.
-¿Hay espacio para alguien más? –susurra Álvaro desde la puerta del baño. La verdad, no me apetece compartir la bañera con él, pero no me niego y le invito. Se desnuda rápidamente y entra. El agua se desborda. No me preocupa hay un desagüe en el centro, supongo que para prevenir estas situaciones. Se sitúa a mi espalda y me apoyo en él. Besa mi coronilla. La verdad es que estoy muy a gusto. La sensación de ese cuerpo fuerte pero suave contra el mío es muy placentera. La media luna apenas se ve desde la claraboya, pero hay estrellas. Las caricias de Álvaro por mis brazos me relajan, pero a la vez me excitan. Este hombre, mi hombre, sabe encenderme. Giro mi cabeza para darle un beso en la mejilla y muevo mi cuerpo, rozando involuntariamente su erección. Es el detonante que esperaba. Comienza a acariciar mis pechos suavemente, baja por mi liso abdomen para llegar finalmente al centro de mi deseo. Abro las piernas todo lo que la bañera me permite, para que Álvaro tenga mejor acceso a mi vagina. Sus dedos son maravillosos. Jadeo. Sigue su tormento de placer durante unos segundos más y para. Pero ¿por qué paras?, le quiero gritar. Me gira y nos acoplamos. Suavemente. El agua comienza desbordarse de nuevo. El deseo nos obliga a acelerar. Oigo nuestros jadeos, los besos de Álvaro y el agua que cae en charcos al suelo. Y por fin, nuestra liberación. Sigue besando y lamiendo mi cuello mientras acaban los espasmos del orgasmo. Lo miro a los ojos y acaricio su pelo y su rostro. Nuestros ojos lo dicen todo. Nos amamos, ahora sólo faltan las palabras. Me conformo. Yo sé lo que siento, y esto es amor.

Sábado. Me despierto peor que cuando me acosté. Me duele la cabeza y tengo dolor de espalda. Creo que pasaré el mayor tiempo posible en cama. Voy al baño. Vaya, la menstruación. Joder. Por eso me encuentro así. Pues no hay más que hablar, mis hijos no están, no llegan hasta mañana, así que aprovecharé para tumbarme. Me tomaré un ibuprofeno, sino dentro de un rato estaré con un humor de perros. Álvaro sube a verme. Le expongo la situación: no estoy para nadie. Me besa con ternura.
-Te cuidaré. ¿Quieres algo de comer? –niego con la cabeza, y le digo que sólo quiero que me abrace. Se tumba conmigo y me abraza.
Me he quedado dormida. Despierto un poco mejor, menos abotargada. Álvaro está sentado en el pequeño sillón estilo colonial que rescaté de un mercado de segunda mano. Lo tapicé en color blanco para devolverle su esplendor. Tiene el portátil en las rodillas y teclea distraídamente. Levanta la vista y me ve. Sonríe. Deja el portátil en el suelo y se acerca.
-¿Mejor?
-Sí.
-¿Te apetece comer algo? Ahora no puedes negarte, son las seis de la tarde. Llevas demasiadas horas sin ingerir nada. Vamos nena, hazlo por mí.
-Está bien. Necesito ir al baño y bajamos a comer. –le doy un sonoro beso y entro en el baño. Qué encanto de hombre. Sería un buen enfermero. Me río de mi reflejo en el espejo. Madre mía. Tengo el pelo enmarañado, unas ojeras que tiran para atrás (si llevo todo el día durmiendo), los ojos y la cara hinchada. Pero este hombre es un santo. Estoy horrible. Me lavo la cara y me peino. Necesito una ducha. Cuando coma algo. Bajo al salón, la mesa está preparada. Huele a sopa y pescado.
-Siéntate, te sirvo la sopa. De segundo atún a la plancha. –sonrío encantada. Ya cocinaba antes cuando vivía solo, ahora es costumbre. Me como la sopa, que contiene pasta con forma de estrellas. Y después el pescado. Está delicioso y me ha sentado de maravilla. Oigo el ruido el exprimidor. Me está preparando un zumo de naranja. Adoro todas las facetas de este hombre. Lo bebo con deleite. Está dulce. Apilo los platos y los dejo en el fregadero. Álvaro no quiere que haga nada. Lo espero sentada en el sofá rojo. Pasamos el resto de la tarde viendo reposiciones de series en la televisión. Después de una ducha vuelvo a meterme en la cama. Mañana estaré mejor.

Domingo. Esta tarde vuelven los terremotos de mis hijos. Me he levantado de mejor humor, pero el malestar persiste. Estoy acostumbrada, en un par de días se pasa. Decido ponerme a trabajar. Álvaro ha salido a correr. Cuando regrese iremos a comer a un restaurante que está cerca de la lonja de los pescadores. Me hubiese gustado ir a “La Gárgola”, al menos para probar la comida. En mi fuero interno quiero saber si el maître o algún camarero lo recuerda de la noche anterior. Pero en fin, debo confiar en él, aunque si me hubiese engañado me sentiría traicionada. Mi anterior vida estaba llena de mentiras y falsedades. Con Álvaro no quiero que haya dudas.
Sobre las once llega todo sudado, me da un largo beso, que yo recibo como si estuviese sedienta. Deja las bambas en el patio. De camino a la ducha va sacándose la ropa: la camiseta y comienza a bajarse el pantalón, pero no veo más. Entra dentro del baño y oigo el ruido del agua. Me encantaría compartir con él la ducha pero hasta pasados por lo menos tres días más no hay nada que hacer. Sale con el pelo mojado y la toalla alrededor de las caderas. Dios que sexy es. Me muerdo el labio involuntariamente pensando cómo sabe su piel.
-No me mires así y deja de morderte el labio o no respeto nada. –comienzo a reírme a carcajadas- Estás advertida. –me contesta divertido.
En el restaurante de la lonja pedimos almejas a la marinera y de segundo unos lenguados con gambas riquísimos. De postre tarta helada de limón. Salimos a pasear agarrados como cualquier pareja. Nos paramos de vez en cuando para darnos un pequeño beso o contemplar los barcos atracados. La hora de la llegada de mis hijos se acerca, así que decidimos volver. Nos montamos en el coche y mi madre llama al móvil para informarme que dentro de una hora llegarán.
Puntuales, a las seis, aparecen. Entran cansados. Me abrazan y besan. Saludan a Álvaro con un apretón de manos el mayor y un beso el pequeño. Se tiran sobre el sofá. Mi madre nos saluda con un beso a ambos y comienza a contarme lo bien que se lo han pasado, que anoche se acostaron muy tarde porque había una fiesta en el camping y que esta mañana estaban en pie como siempre, llenos de energía.
-¿Has aprovechado el tiempo? –me pregunta con picardía.
-¡Mamá! Mi vida sexual es mía. Pero para tu información, sí. Ha sido increíble.-le respondo con una gran sonrisa.
-Me alegro, ahora me voy, me quedan dos horas y media hasta casa.
-Quédate esta noche y mañana regresas.
-No, aquí estoy de más, cielo, pero gracias. En cuanto llegue te llamo para que estés tranquila. –me da un beso, se despide de los niños y de Álvaro, y sale por la puerta. La acompaño y me quedo en la calle hasta que el coche desaparece. Al entrar los niños están entusiasmados contándole a Álvaro sus aventuras de estos días. Me encanta verlos así. Parecemos una familia. Todo es perfecto.

Viernes. Hoy es 9 de agosto. Aún no me creo que llevemos más de dos meses viviendo aquí, en esta casa, en este pueblo y que mi vida sea maravillosa. Mientras Álvaro trabaja fuera, nosotros iremos a una fiesta infantil que organiza el colegio al cual mis hijos irán en cuanto comience el curso escolar.
El salón de actos del colegio está lleno de madres, padres e infinidad de niños que corren, chillan y juegan. La directora del centro en cuanto nos ve, viene hacia nosotros. Nos saluda. Me lleva a parte y me explica que es mejor que deje a los niños con ellos. Los demás padres también se irán y hasta la una y media se harán cargo de ellos. Jugarán, cantarán, se relacionarán entre ellos con el fin de darse a conocer y tener más confianza. Me marcho a casa. Conecto mi ipod al home cinema y suena la música. Bailo, mientras barro, limpio y recojo todo. Después de media hora estoy sudada, me quito la ropa, me quedo sólo con las cullottes blancas. Me recojo el pelo en una coleta alta y sigo bailando. Me encanta. Ahora suena “About a girl” de Nirvana. Me contoneo poseída por la voz rota de Kurt Cobain. Al ritmo de la batería y la guitarra metálica muevo mi cuerpo. Cierro los ojos y me imagino en la playa con el sol bañando mi cuerpo, suelto mi pelo. Acaricio mi cuerpo. Esta canción saca mi lado más depravado. Me miro mientras bailo en el espejo que hay encima del mueble buffet. Doy una vuelta y me encuentro con la mirada excitada de Álvaro. Está apoyado en la pared. Dios qué guapo es. Viene hacia mí quitándose la camiseta verde, me coge en brazos. Mis piernas rodean su cintura, noto su erección y me besa. ¡Vaya beso! Me quita el aliento, las fuerzas, es todo pasión. Tumbados en el suelo nos quitamos el resto de la ropa y hacemos el amor de forma feroz. Poseyéndonos con egoísmo. Absorbiéndonos. Intentando fundirnos en uno solo, como si no existiera nadie más. Somos uno. Después del orgasmo acabamos agotados pero no podemos dejar de besarnos, esta pasión es inagotable.
-Te quiero. –susurro entre beso y beso. Álvaro me abraza con fuerza, como si quisiera meterse dentro de mí, pero no me contesta. Le miro expectante.
-Alma, yo… -titubea. ¡Qué tonta he sido! Me levanto del suelo aparando a Álvaro de encima y me encierro en el baño con un portazo. Álvaro llama a la puerta –Abre, por favor.- suplica. No voy a abrirle, ahora no puedo. Si lo hago me derrumbaré y me niego a hacerlo.
-No.
Me ducho. Estoy más calmada y salgo del baño, pero Álvaro no está. Me visto rápido. Los niños. Los recojo y los llevo a comer al McDonald’s. No quiero volver a casa, todavía no. Pasamos la tarde en el parque, hace calor, pero los críos se lo están pasando muy bien. A las siete y media ya no pueden más. Volvemos a casa. Los ducho, les doy la cena y en seguida se quedan dormidos. Riego mi jardín y trabajo un poco. Sobre las diez no puedo más. No me gusta dejar a los niños solos, aunque estén dormidos. Conecto las videocámaras de vigilancia portátiles y las conecto con una aplicación del móvil, por si se despiertan. Necesito salir, caminar y calmar mi ansiedad.
Camino sin rumbo fijo. Pienso. Razono. ¿Por qué se lo habré dicho? Pero es que lo quiero, necesitaba decírselo… Atravieso las calles sin mirar dónde estoy, de vez en cuando miro el móvil, esta función de video vigilancia es muy práctica. Los niños están tranquilos. Sin querer he llegado al restaurante “La Gárgola”. Miro a través de los cristales, por la franja que no están ahumados. Veo varias mesas ocupadas. Me asomo al otro grupo de ventanales y allí está Álvaro. Está hablando con una mujer morena, muy guapa. No come, solo habla. Ella levanta su mano y acaricia su mejilla, él le coge la mano y se la besa. Esto es más de lo que puedo soportar. Entro en el restaurante. Empujo al imbécil del recepcionista y cuando llego a la altura de la mesa de Álvaro levanto mi mano y le doy una sonora bofetada.
-Hijo de puta- le insulto con ira. Me giro y miro a su acompañante, es muy guapa y joven. Le espeto- Disfrútalo guapa, pero no te confíes es un mentiroso y sólo te utilizará. –me doy media vuelta y salgo corriendo hacia mi casa.

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Re: LIBRE PARA AMARTE

Mensaje por Ivi04 el Sáb 23 Nov 2013 - 23:38

Noooo!!   por qué Alvaro? por qué?? noway 

Gracias hada! está preciosa la historia!!   kiss


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