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Mensaje por hada23 el Jue 14 Nov 2013 - 20:27


LIBRE


Soy Alma una mujer de 38 años, casada y con dos soletes por hijos. Hastiada de mi vida en pareja, pero consciente de que esta es la situación que he de vivir.
Me dedico en cuerpo y alma (nunca mejor dicho) a mis hijos, mi marido me ignora, hace años que no me toca. Gracias al cielo tengo a “mi chico rojo”, un consolador rojo increíble, frío pero muy satisfactorio. Aún no sé cómo quedé embarazada por segunda vez, quizás sí exista el Espíritu Santo, pero de veras que yo no soy la Virgen María.
Me paso los días llevando a mis chicos al cole, preparando comida, limpiando, lavando, planchando… Soy chacha-niñera pero de mis propios dominios. Hace tiempo desistí de ser algo más, tengo el consuelo de servir para muchas cosas.
Al principio creí que era yo la culpable de esta situación de desapego, pero finalmente me di cuenta de que no es así. El problema es él, ese estúpido, egoísta, ex alcohólico, machista, racista, homófobo y cabrón de mi marido. Intento levantar la cabeza y mirar hacia delante. Sueño con que me besen de verdad y mi cuerpo se haga gelatina, no besos de mentiras, que no me den ridículas excusas de que los besos son antihigiénicos, que las caricias son pérdidas de tiempo, que los abrazos son para consolar… Quiero caricias, besos, abrazos, sexo. Quiero sentir.
Leo, leo muchísimo y creo que ha de haber alguien para mí, aunque si he de ser sincera a quién puedo interesar…

CAPITULO 1

Son las tres y media de la tarde, y es martes. Mis hijos están en el cole y llega mi momento. Enciendo mi PC y miro mi correo: publicidad, mensajes de mi madre (acaba de comprarse una Tablet y no para de enviarme mensajitos tipo: hola cariño como estas y mis niños?), la programación televisiva y una petición de amistad a Facebook de un tal Álvaro Cano. ¿Y este quién es? Normalmente no acepto solicitudes de nadie que no conozco, así que no le hago caso y sigo con mis cosas.
Acabo mi martes como siempre pero antes de ir a dormir decido echar un vistazo a mi correo y a Facebook, por si hay alguna novedad. Otra vez, de nuevo solicitud de amistad del tal Álvaro Cano, y no una vez sino tres más. Pero este quién es. No la acepto, no me fío.
El miércoles es otro día más, más de lo mismo: cole, comida, limpieza…
Abro mi portátil y voy a mi correo. Otra vez este tal Álvaro, quizás me conozca y yo no lo sepa. Dudo, ¿qué hago? ¿confirmo o no? Y cruzando los dedos acepto su solicitud de amistad, pero por si acaso no miro Facebook vaya a ser que esté conectado y quiera decirme algo. Me da pánico conocer a gente nueva, tengo una gran inseguridad, no lo puedo evitar. De todas maneras me toca llevar a mi hijo mayor a entrenar a fútbol, así que tampoco tengo mucho tiempo para más.
Después del entreno y ducharnos, empiezo a preparar la cena y abro mi portátil.
No me lo puedo creer me ha mandado mensajes: Hola, Estas ahí?, Podemos hablar?... Pero que quiere ahora, ya lo he aceptado, ¿quiere realmente hablar conmigo?
-¡Mamá se me ha caído el agua! –me grita mi hijo mayor desde el comedor. Mierda pienso para mis adentros, ya viene mi marido, he oído las llaves, y odia el desorden, los gritos y  que los críos derramen cosas. Aunque creo que nos odia a nosotros y todo lo que tiene a su alrededor.
-Calla tete, tu padre ya viene y sabes que no le gusta que gritéis. Pon más cuidado y por favor no desordenéis nada, vale guapo?- le susurro a mi hijo. ¡Oh! Cómo odio comportarme así, pero cualquier tontería desata una tragedia, y no quiero ni a mis hijos ni a mí misma como diana de su ira.
Mientras acabo de preparar la cena, él abre la puerta de casa. No me giro ni lo saludo, no sirve de nada, además llevo tres días sin dirigirle la palabra, me torció la muñeca por no saber cómo descargarse no sé qué aplicación de su móvil. Aún estoy llevando la muñequera y me pongo pomada. Su móvil es otra cosa sagrada, la tele con sus programas estúpidos, sus amigos, la comida basura, su hipócrita familia que siempre está intentando destacar lo buenos y maravillosos que son, su trabajo y hacer favores a los demás para que todo el mundo crea que es ideal. Si ellos supieran… Es una farsa.
Me saluda y entra a ver a los niños, apenas le saludan, vieron cómo me hizo daño, y no le han perdonado todavía.
Hago varias respiraciones profundas, trago saliva y salgo a poner la mesa y darles la cena a mis hijos. Llevo varios días sin comer apenas nada. Hay momentos que la ansiedad o lo que sea que me pasa me cierra el estómago, y no puedo tragar nada.
Mis hijos cenan, recojo la cocina y lo dejamos solo para que nadie le moleste mientras ve la tele y cena. Acuesto a los críos y me voy a dormir. Mañana sin falta utilizaré a “mi chico rojo”, necesito sentirme viva, aunque sólo sean diez minutos.

Es jueves y los niños en el cole y me masturbo. Acaba demasiado pronto pero estoy muy satisfecha, estos orgasmos son los únicos que he conocido, porque ni para eso sirve. He tenido que fingir tantas veces… Si lo supiera, pero me lo guardo para mí, como todo.
Ahora tengo las energías renovadas y enciendo mi portátil. Abro mi correo: hay seis mensajes más del tal Álvaro Cano. Con el regusto aún de mi orgasmo, me conecto a Facebook y le contesto:
-Hola
-Hola- me contesta. –No te conozco de nada pero he visto tu perfil y eres preciosa.
No me sale nada, pero qué dice este tarado. Por una vez mi facilidad a la hora de escribir se ha evaporado.
-Hola, estás ahí? A lo mejor te he ofendido, pero es que realmente eres muy guapa.
-Ya, y yo lo me creo- le contesto cuando reacciono. Y rápidamente miro su perfil. Vaya sale una foto de un tío moreno con ojos marrones, sin camiseta con pantalones blancos, musculado pero sin exagerar,  en una pose sugerente. Dice que trabaja de modelo y tiene ¡oh no! 30 años, pero se está riendo de mí.
-De verdad -contesta- cuántos años tienes? – me pregunta a bocajarro. Ahora es la mía le digo mi edad y lo alejo. -Perdona sé que esas cosas no se le preguntan a las mujeres.
-38- le contesto rápidamente, para quitármelo del medio.
-No los aparentas, además eres muy guapa. ¿Y tienes pareja?
-Sí y dos hijos- Le digo a ver si por fin desiste de llamarme guapa y esas cosas.
-Vaya qué pena que tengas pareja. Para mí claro, y que suerte para él.
Pero este tío está loco, realmente piensa que voy a creerle, que por algún momento se me ha pasado por la cabeza que pueda gustarle, si podría ser su hermana mayor. Además ¿quién tiene suerte? No me lo puedo creer. Este tío es un mentiroso. Pues voy a seguirle juego.
-¿Suerte?
-Qué quieres decir con eso?
-Que a veces lo que se ve o se dice no refleja la realidad.- Esto sí que es cierto, aunque todo lo anterior también.
-No eres feliz con tu pareja? Porque no me creo que con una persona tan preciosa como tú no lo dé todo. –Otra vez lo de preciosa, este tío me está poniendo de mala leche. Qué fotos ha visto, por favor, cuando me miro al espejo veo el reflejo de un rostro lleno de pequeñas arrugas e imperfecciones, sin faltar mis ojeras, que son una nota continua en mi cara. Y mi cuerpo… mejor ni hablar.
-No- conciso y elocuente. Y rápidamente le digo que lo tengo que dejar que no puedo seguir hablando porque he de ir a recoger a los peques al cole.
-Conéctate luego, más tarde y hablamos, vale. Si puedes…
-No prometo nada- y me desconecto con la sensación de que alguien muy perverso se está riendo de mí desde algún rincón oscuro.

Es viernes y a pesar de mi curiosidad por saber si el tal Álvaro me ha vuelto a enviar mensajes no conecto el portátil, bueno sí lo hago pero no miro el correo ni me asomo por Facebook. Sigo mis rutinas de cada día, llevo a mi hijo a entrenar y vuelvo a casa. Nos duchamos, cenamos y enciendo el portátil. Y miro el correo, más mensajes: hola! Estás ahí guapísima? Hola! Estás bien?
Me está volviendo loca con tantos mensajes, no pienso contestarle. Dios, si él los viera… Menos mal que no tiene ni idea de ordenadores, con el móvil y sus asquerosidades le sobran conocimientos.

El sábado me despierto sin energías, debería haber usado a “mi chico rojo” ayer, pero no tuve oportunidad. No sirve de nada lamentarme. Recogeré y saldré con mis hijos de paseo, él nunca viene con nosotros, no importa así estamos mejor. Somos más libres de ser nosotros mismos.
Después de comer enciendo mi portátil y de nuevo tengo mensaje de Álvaro. Vaya ya no pienso en él cómo en el pirado sino que le he dado su nombre, pero qué me pasa, estoy loca. Como siempre sus mensajes más de lo mismo: Hola! Guapa cómo estás? Conéctate cuando puedas tengo que decirte algo muy importante. Otros tres o cuatro más holas y estas ahí y conéctate… Paso, no quiero que se rían de mí. No soportaría más humillaciones, me basta y me sobra con las propias. Ya las conozco y sé de donde vendrán, y esto es nuevo y no me gusta. Me asusta.

El domingo aburrida hasta la médula, agobiada de que los críos estén revoltosos, de la indiferencia de él, y cuando ya son las siete abro mi portátil y me conecto a Facebook.
No más de diez segundos después, Álvaro me escribe:
-Hola guapa! Cómo estás?
No sé qué hacer, de perdidos al río, si me hundo será hasta el cuello. –Hola –le contesto.
-Llevo varios días dándole vueltas a la cabeza y tengo que decirte algo muy importante.
-Dispara. –le digo
-Me gustas mucho.-pero qué se ha creído no me río en su cara porque no lo tengo delante, sino….
-Jajaja
-Por qué te ríes? Es verdad.
-No te creo, sabes la edad que tengo soy mayor para ti y además tengo dos hijos y pareja. Vamos no te burles de mí.
-No me burlo, es verdad eres increíble, preciosa y tus hijos también, se ven que has salido a la madre… Además no eres mayor eres una mujer madura.
Será hijo de… -Madura? De qué vas?
-No te enfades, me refiero a la madurez de la personalidad, a saber lo que quieres en la vida, a tener las cosas claras, no por la edad.
-Seguro.
-Yo tengo 30 años y tengo las cosas muy claras, y tú me gustas.
-No me conoces, no puedo gustarte, una foto no dice nada.
-Por eso quiero conocerte, saber más de ti. Podríamos quedar y tomar un café.
-No sé, lo siento pero tengo que dejarte. Adiós. –y sin esperar a que me responda desconecto mi Facebook y apago el portátil.
Este tío me está volviendo loca, madre mía la que se puede liar si alguien se entera de esto. Pero es que está zumbado y yo creo que más por seguirle la corriente. Creo que no le voy a contestar más.

Mis hijos y yo seguimos nuestra rutina de cada día, intento no pensar en nada: los gritos cuando llega del trabajo porque algo no le gusta, en los insultos y los manotazos cuando los críos le molestan, esto es horrible. Necesito a “mi chico rojo”, me calma y vaya si satisface mis instintos. Hoy lo haré mirándome al espejo, y pensaré que el cabrón me mira y que estoy con otro. Mierda he pensado en el pirado, en Álvaro. No, en el pirado, no. Otro. Grey, ese sí en Christian Grey. Este es mejor no es real, no es peligroso, es seguro.
Intento no mirar el portátil porque sé que si lo enciendo, miraré el correo o Facebook, y sé que habrá algún mensaje. Creo que a pesado nadie le gana.

Ya es miércoles, no me puedo creer que aún no haya mirado el pc, y me molesta decirlo pero cuando me he masturbado esta mañana he pensado en el pirado. Me estoy trastornando. Si lo supiera… se creería el Batman o el Spiderman de la estimulación.  Ahora sólo quiero que llegue la noche para acostarme y dormir, ojalá mi marido no llegue antes de las diez así podría simular que duermo.
Hoy no correré esa suerte. Llegó.
-Hola- me saluda como si nada, es increíble el tío.
-Hola- le contesto, no quiero iniciar nada, además los niños están en el comedor.
-No piensas dirigirme la palabra, no es para tanto, tampoco te he roto nada.
-Te dejo la cena en la mesa, recojo y acuesto a los niños que están cansados, vale- me acerco y le doy un beso, aunque él diga que le dan asco, no quiero echar más leña. El cabrón se siente complacido con mi gesto y sonríe. Me encantaría gritarle, insultarle y borrarle esa sonrisa estúpida de la cara, pero me contengo.
-¡Mama!- grita llorando mi peque- ¡El tete pum!
-¡No es verdad, ha empezado él me ha tirado el muñeco a la cara!- grita el mayor. Corro al comedor pero llego tarde, su padre le ha dado un guantazo en la espalda y lo ha enviado escaleras arriba insultándolo, insultándome a mí y tirando cosas.
-¡Mama me duele! –me grita. Le miro la espalda y le ha dejado una marca, pero lo tranquilizo y enseguida se duerme. Mientras el peque no para de llorar, por suerte no tarda en dormirse también. Me acuesto llorando, odiando…
Lo he decidido, a la mierda todo, voy a contestar al pirado, además si soy sincera me pone. No sé si todo lo que me ha contado es verdad, pero intentaré averiguarlo.

Jueves. Ahora que estoy sola con mi peque voy a conectarme. Ni un minuto y ya me está escribiendo, ¡tío estás desesperado!
-Hola guapa- otra vez con lo de guapa…
-Cómo estás? Me parece que no te sentó muy bien que te dijera que me gustabas, no?
-No es eso, no me lo creo, no me conoces, no sabes nada de mí- le contesto.
-Por eso, quiero conocerte, saber más de ti.
-Ok, escupe, qué quieres saber?
-Por lo que me diste a entender tu relación no es buena.
-No.-voy a por todas, lo de anoche no se lo voy a perdonar, y si el pirado me ayuda…
-Podríamos vernos, tomar un café, en el lugar que tú quieras, cuando quieras, ya sabes jajaja.
-No sé por qué te ríes, realmente creo que eres un mentiroso, y que me estás gastando una broma.
-No, lo siento, no quiero que parezca que me río, sólo quiero ser simpático.
-Está bien, mañana en la cafetería de Ikea, a las diez, te va bien?
-Siiiiii-  Está más contento que un crío el día de Reyes.
-Si eres el de la foto, no me será difícil reconocerte, sino deberás ser tú quién me busque, yo sí soy la de las fotos.
-No te miento, lo prometo.
-Ok, hasta mañana.
-Hasta mañana, que sepas que me has hecho muy feliz. Un beso guapísima.- Otra vez con lo de “guapísima”.
Desconecto e inexplicablemente me siento contenta. Voy a hacer algo malo, y me siento bien. Bueno malo no. Sólo un café, sólo eso, no?
hada23


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Mensaje por hada23 el Vie 15 Nov 2013 - 10:10

CAPITULO 2

Estoy muy nerviosa. Dejo a los niños en el cole y camino hacia  Ikea, tardaré como quince minutos, pero me irá bien. Me calmará los nervios y además me gusta caminar. No quiero pensar en lo que me voy a encontrar, estoy aterrorizada.

Entro en la cafetería, he llegado pronto. Me tocará esperar. Cuando echo un vistazo a la sala, está ahí sentado, me mira y se levanta. Vaya es alto, calculo metro ochenta metro ochenta y cinco. Viste tejanos desgastados y una camiseta de manga larga de color negro. Bambas negras, desde aquí no puedo ver la marca. Estoy clavada al suelo, no puedo moverme, mierda viene hacía mí. ¿Corro a la salida o espero? ¡No! Estoy aquí porque quiero. Le sonrío y cuando se acerca más a mí me mira y no dice nada. Vaya estará dándose cuenta de su error, mejor ahora antes de que sea más tarde.
-Por fin… -me suelta con su voz grave, sin saludo, sin dos besos, sin presentaciones.
-¿Cómo? –le pregunto totalmente desubicada.
-Perdona, pero las fotos no te hacen justicia- me contesta. No me jodas este tío está zumbado. No ha visto a una mujer en su vida o qué. Después de unos segundos reacciona y me dice -Lo siento, soy un maleducado soy Álvaro- se acerca y me da dos besos. ¡Guau! huele increíble, le perdono todo sólo con poder olerlo otra vez.
Nos sentamos en la mesa y me pregunta qué quiero tomar. Un café con leche o un cappuccino, mi preferido, le contesto. Me trae un cappuccino. Me mira y no deja de hacerlo, qué busca.
-Por qué me miras tanto.
-No estás maquillada, las mujeres se arreglan cuando van a conocer a alguien, pero me gusta, te ves guapa igual. –este tío es imbécil.
-Vale, si quieres que esto vaya por el buen camino, nada de guapa, guapísima, preciosa… me hacen sentir incómoda. – le advierto y sin más se echa a reír, el sonido de su risa agradable, cálida, mezclada con su olor y sus ojos, que no paran de mirarme, hacen que algo dentro de mí se disuelva. Me ha desmontado por completo. El pirado está volviendo mi mundo del revés.
-Es la primera vez que una mujer me dice eso. –me confiesa aún con una sonrisa en los labios.
-No soy cualquier mujer.
-Lo sé, no sabes cómo deseaba encontrar a alguien como tú.
-Podría ser tu hermana, tu prima, tu tía, joder eres un crío a mi lado. No sé qué puede ser tan interesante. Mírame. Eres modelo no? La de mujeres que conocerás, perfectas…
-No busco a nadie perfecto- pone sus manos encima de la mesa con las palmas hacia arriba en señal de sinceridad. Sus manos son grandes, cuidadas, con dedos largos y finos. Qué diferente es de todo lo que he conocido hasta ahora. ¿Cómo será ser acariciada por esas manos? Por ahí no Alma, no pienses, reacciona. Decido atacarlo, abrirle los ojos a la realidad que es él y soy yo. Sólo es amistad, pero quiere algo más… y no logro entender por qué
-Pero te cuidas, a la vista salta. Hace años que no piso un gimnasio. He tenido dos hijos. Mi cuerpo no es joven, mi piel… tengo celulitis, mi culo es grande
-Es perfecto.
-¿Qué?
-Que me pareces perfecta, estoy harto de la perfección, de las mujeres inmaduras y que no saben lo quieren, de las mentirosas, de las falsas. Tú eres de verdad, auténtica.
El tío sabe hablar. Me mira. Espera una respuesta, pero no la tengo. Cuando se da cuenta de que no voy a contestar me pregunta si me apetece dar un paseo.
-Sí claro. –le contesto, necesito algo de aire.
Paseamos por las calles de alrededor, hablando de cosas triviales, que vive solo, cocina, plancha… Es todo una joya. El hijo que cualquier madre desearía tener. Me cuenta de sus anteriores relaciones, dos fracasos, según él. De su familia. Y de pronto deja de caminar y se para. Me mira y me señala hacia un coche. Un Audi rojo.
-Mi coche, es un Audi A3 Sedan. ¿Te gusta?
-Sí, nada llamativo.-le contesto con sarcasmo.-No soy muy fan de los coches caros, prefiero los prácticos.
-Me ha costado mucho tenerlo, lo cuido. No lo menosprecies.
-No me interesan las cosas materiales soy más… bohemia.- Y suelta una carcajada profunda que me llena por dentro, y vaya creo que mis bragas están mojadas. No puede ser, es el olor de su perfume y esa voz. Me gustaría tocarlo, pero no, mejor no. Estoy confundida, tanto tiempo sin sexo con un hombre que me guste y me vuelvo una perra en celo. Cuando deja de reír vuelve a mirarme de esa manera y dice que se tiene que ir, tiene una sesión de fotos en una hora. Me quiere acercar a casa, pero me excuso con él. Quiero caminar. Madre mía, este tío de dónde ha salido. Se marcha pero me pide que me conecte esta noche, quiere hablar conmigo, quiere volver a quedar.

Sábado. Me levanto creyendo aún que el día de ayer fue un sueño, uno de los buenos, pero un sueño. Me espabilo mi hijo juega un partido, no quiero llegar tarde. Después iremos a comprar. Por la tarde iremos a merendar al centro comercial. Al final anoche me conecté, pero Álvaro no. Se habrá dado cuenta de su error, esto no acabaría bien nunca. Somos demasiado diferentes.

Después del partido y de comprar estamos de vuelta en casa, mi marido no está, iba a no sé qué cosa, ni me importa, como si se tira por un precipicio, o se corta las venas. Mis niños están viendo una peli de Doraemon, decido encender el portátil, tengo tres mensajes de Álvaro. Me pide perdón, estuvo muy liado. Ya, con cualquier tía perfecta de las que dice no le interesa. Quiere verme hoy. Me conecto y apenas pasan unos segundos y ya me está saludando, volviendo a pedirme perdón y que necesita verme. Le cuento mis planes, que estos incluyen a mis hijos. He quedado con una amiga y sus hijos. Insiste en verme y decide ir al centro comercial. Me pide mi número de móvil para hacerme una llamada cuando llegue y así reunirse conmigo. Accedo.
Cuando estoy en el centro comercial mi amiga no para de hablar de cosas que ni siquiera escucho, estoy pendiente de mi móvil, mirando a todos lados. Dónde estará. Nos sentamos en un McDonnald, los niños quieren un Happy Meal. Mi teléfono suena. Es Álvaro. Me espera a la entrada del salón de juegos. Me excuso con mi amiga, le digo que voy al baño, y que aprovecharé para mirar unos juguetes para los niños mientras meriendan. Me contesta que no me preocupe, que ella se encarga.
Llego a la entrada y Álvaro me coge de la mano y me hace entrar al salón de juegos, me mira y me lleva hasta un pasillo. Abre una puerta y entramos en una habitación con tres o cuatro máquinas, me explica que están estropeadas. Y me mira. Empiezo a ponerme nerviosa, me pongo roja, me muerdo el labio. Quiero marcharme, sin soltar su mano, me giro para salir de allí, pero tira de mí y me besa. Muerde mis labios con suavidad, los lame y yo los abro para él. Sus manos acarician mi espalda y mi cadera mientras su lengua invade mi boca, acaricia mis dientes y por fin encuentra mi lengua. Sabe a café, dulce. Mis manos vuelan a su nuca, acaricio su cuello, su espalda, su pecho. Juega con mi lengua mientras sus manos me cogen del trasero y me aprieta contra él, contra su enorme erección. Siento a mis espaldas la pared, me apoya contra ella. Mi cuerpo arde, estoy mojada y lo único que quiero es que sus manos me toquen, que me arranque la ropa, que me penetre. Mis manos están debajo de su camisa acaricio sus pezones y lanza un gemido. Su mano izquierda acaricia mi pecho y la otra está dentro de mi pantalón, iniciando el descenso hacia mis bragas, menos mal que me puesto las cullottes de encaje de color salmón. Aguanto la respiración mientras siento sus dedos acariciando mi pubis, y suena mi móvil. Es mi amiga. Álvaro no deja de besarme el cuello, de acariciarme, apenas puedo hablar, pero consigo decirle que ya voy para allí. Mi corazón late furioso, mis bragas están completamente mojadas, mis pezones me duelen. Álvaro no está mucho mejor: respira agitadamente, su erección es más que evidente y aún no me ha soltado del todo, apoya su frente en la mía y vuelve a besarme, pero de la misma forma que inicia el beso lo rompe, y me dice que me vaya a buscar a los niños. Me promete que se conectará esta noche, pero no me deja salir y vuelve  a besarme con pasión, buscando mi lengua y acariciando mi rostro. Salgo de la habitación mareada, excitada y frustrada. Me dirijo al baño. El espejo me devuelve el reflejo de una mujer ruborizada, con los labios hinchados, el cuello marcado. ¿Y ahora qué? Me mojo la cara y pinto mis labios con un poco de brillo para disimular la rojez, el resto espero que no se vea. Mi amiga me hace señas desde la otra punta. Recojo a los niños después de darle las gracias y nos vamos a casa.

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Re: LIBRE

Mensaje por vickyra el Vie 15 Nov 2013 - 14:53

Oooohhhhh pero que esta muy bien esta historia corta!!!!!! La has escrito tu????? Como sigue????   



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Re: LIBRE

Mensaje por hada23 el Vie 15 Nov 2013 - 15:35

Si la he escrito yo, y muchas gracias. Es la primera vez que me atrevo a publicar algo. Iré subiendo el resto de capítulos. Muchos besos!!!!!!


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LIBRE CAPITULO 3

Mensaje por hada23 el Vie 15 Nov 2013 - 15:56

CAPITULO 3

De camino a casa no puedo dejar de pensar. Qué me está pasando, no soy así. Jamás busqué nada, por qué no he podido resistirme. Un hombre del autobús me mira, qué mira, tendré escrito en la cara lo que acabo de hacer o lo que me hubiera gustado hacer. Me sonríe, pero qué pasa, los tíos se han vuelto locos, o soy yo. Tendré marcas en el cuello. Tiro mi pelo hacia delante, menos mal que me ha crecido desde la última vez que me lo corté, sino ahora no me taparía el cuello. Ojalá cuando llegue a casa mi marido haga como siempre, me ignore.
-Buenas ya estamos aquí. –saludo.
-¡Ya era hora! –me chilla.-¿Lo habéis pasado bien?¿Con quién habéis estado?-pregunta.
Los niños hablan en tropel y le explican todo. Dice que se alegra, que él ha estado viendo el fútbol desde que ha llegado hace media hora. Se acerca a mí y me dice:
-Tranquila, si ya habéis cenado puedes ir arriba con los niños yo estaré un rato más aquí.
No le contesto, afirmo con la cabeza y subo a las habitaciones. Cambio a los niños y estoy deseando terminar todo para poder encender el portátil.
Álvaro me ha mandado tres correos. En seguida me conecto y hablamos.
-¿Cómo estás?- me pregunta.
-¿La verdad?
-Sí.
-Caliente y frustrada.
-Yo ya me he aliviado, aunque me hubiese gustado que estuvieras aquí, para poder abrazarte, besarte, tocarte… -me explica. Si no para, creo que empezaré a echar humo de un momento a otro.
-Yo no puedo, tengo público. Pero no te preocupes, encontraré el momento.
-¿Pensarás en mí, cuando lo hagas?- me pregunta. Si supiera que llevo la última semana haciéndolo sin saberlo ni yo misma.
-Sí.
Mis hijos empiezan a discutir y mi marido sube a acostarse con el móvil en la mano y exigiendo que los niños se vayan a su cama. Cierro el pc sin despedirme y acuesto a mis hijos.
Al cabo de una hora están los dos dormidos. Me siento en mi cama y me meto debajo de las sábanas, girándome hacia el lado contrario al que está él. De repente siento una mano que me toca la cintura y el culo. Me pongo en tensión. Después de tanto tiempo ahora no quiero. Lo nota y me espeta:
-¿Qué pasa, no quieres follar conmigo?
Cómo lo odio cuando me habla así. Me hace sentir una vulgar puta. Le contesto que estoy cansada.
-Cansada de qué, de pasearte de arriba a abajo con tu amiguita. Que pasa, que te has vuelto lesbiana como la panadera de la calle. O tienes a alguien.
-No digas tonterías, siempre estoy en casa y con los críos, de dónde voy a sacar tiempo. Además sabes que no soy así.-le contesto rápidamente, aunque por dentro sé que es verdad, que me estoy volviendo una cualquiera.
Me gira con brusquedad y se echa encima de mí. Me aplasta. Son ciento tres quilos y su enorme barriga descansa directamente sobre mi diafragma. Intento moverme pero no puedo y empieza a manosearme. A restregarse contra mí. Quiero llorar. Cómo puede ser tan diferente a Álvaro. Se baja el pantalón del pijama y empieza a bajarme el mío. Qué asco. Su pene está fláccido, por más que se toca y se restriega no consigue tener una erección plena, intenta meterla dentro pero no puede, me ahogo con su peso y mis lágrimas reprimidas. Cuando se da cuenta de que no lo logrará, se aparta y me dice que es culpa mía, que soy frígida. Intento consolarlo falsamente diciéndole que no pasa nada, que otra vez será. Me levanto y le digo que voy a ducharme porque me ha dado frío y me ayudará a dormir mejor.
Con el ruido del agua caliente cayendo rompo a llorar. No puedo más. Me lavo con la esponja tan fuerte que me dejo marcas rojas en la piel, aprieto fuerte, echo más jabón no quiero que ninguna parte de mi cuerpo quede sucia. Me siento en el suelo del plato de ducha y me abrazo a mí misma. Y lloro.

Domingo. Intento mantenerme lo más lejos posible de mi marido. No piensa salir en todo el día, yo le digo que he hecho planes. Le he mentido descaradamente otra vez. Anoche dormí con mi hijo pequeño en su cama, y mi explicación ha sido decirle que estaba todo el rato llorando y llamándome, que era mejor así para que no le molestase. Se lo cree.
A las ocho llego a casa agotada. Ducho a los niños y les doy la cena. Cuando se han dormido voy a ducharme. Al subir todos duermen y enciendo el portátil. Tengo veinte mensajes de Álvaro. ¿Qué voy a decirle? Le corté sin despedirme, y no me he comunicado con él. Tampoco me ha llamado al móvil, así que tampoco debía de estar tan preocupado. Lo ignoro, esto no va a parar a ninguna parte. Cortaré mi “relación” con él. O mejor dicho no habrá relación. Ahora no tengo ganas de nada, sólo quiero descansar.

Lunes. Empieza la semana de nuevo. Estoy triste y encima parece que me va a bajar la regla. Que coñazo. Entre los dolores y el mal humor… y no puedo masturbarme. Mierda.
Tengo la tentación de encender el portátil pero no lo hago. Se acabó. Borro el número desde el que me llamó el sábado. Es imposible, se terminó.

Martes, miércoles, jueves, viernes. Se pasan volando. Apenas me he dado cuenta y estamos a viernes, bueno son las seis y media de la tarde, para lo que queda…
Estoy con mi peque viendo el entreno de su hermano, hablando con las demás madres, riendo, relajada. Aunque sólo sea por este pequeño espacio de tiempo estoy en paz conmigo misma. De repente toda mi tranquilidad se evapora cuando veo que Álvaro entra en mi campo de visión. ¿De dónde ha salido? ¿Cómo sabe a qué hora entrena mi hijo? , se lo comenté inocentemente, no creí que fuera a aparecer por aquí. Mi corazón late a mil por hora, mis piernas  se niegan a moverse, estoy temblando, mi marido va detrás de él. Me levanto como accionada por un resorte y paso lo más rápido que puedo por el lado de Álvaro y le doy un beso a mi marido en la boca. Se queda sorprendido.
-Me has echado de menos, mama- me dice con socarronería.
-Iba de camino al lavabo y te he visto, te he saludado sólo es eso. –le explico. Y con las mismas salgo corriendo hacia el lavabo y me encierro en uno. Me cuesta respirar, me tiemblan las manos. Quisiera gritar. Salgo corriendo fuera del campo y sigo corriendo hasta el parque que hay a unos cincuenta metros. Y chillo, grito, saco toda mi rabia, ira y agonía en un potente grito que me deja sin fuerzas y de rodillas en el suelo llorando. Unos brazos me atraen, ese olor… Álvaro me consuela, me besa en la coronilla, me acuna, me acaricia los brazos. Sus manos suaves, sus dedos largos y finos acarician mi cara, peinan mi pelo. Me atrae hacia su pecho duro y suave a la vez, caliente. Entierro mi cara en él. Cómo lo he echado de menos.
-Tengo que irme, me estarán buscando… -susurro.
-Lo sé, pero tenemos que hablar. Quiero decirte tantas cosas…
No le contesto, me levanto y me dirijo al campo.
Cuando ya he acostado a los niños me conecto a Facebook. Apenas unos segundos y Álvaro me escribe:
-Estás mejor?
-Sí.
-Tenemos que hablar, en persona.
-Sabes que me es muy difícil, no hay manera hasta el lunes… cuando deje a los niños en el cole.
-De acuerdo el lunes, quedamos en el centro comercial a las nueve y media, te da tiempo?
-Ok. Nueve y media. Te dejo, estoy cansada. Buenas noches. – y sin dar tiempo a nada más cierro.

Lunes. Estoy nerviosa, me he pasado el fin de semana sin comunicarme con Álvaro, sin salir de casa, apenas he comido, apenas he hablado, apenas he vivido…
Entro en el centro comercial y Álvaro me espera sentado dentro de una cafetería, se levanta en cuanto me ve. Me acerco despacio y cuando llego a su altura me da dos besos. Me ofrece tomarme un cappuccino, pero declino su ofrecimiento. Paga su café y me dice que nos vamos, me ofrece su mano para que se la coja. Miro esa mano extendida hacia mí, esa mano suave, que huele a él, esa mano que es parte de un hombre hermoso que no tiene nada que ver conmigo y que a la vez siento tan cercano.
-¿Confías en mí? -me pregunta. Lo miro a los ojos, marrones, dulces pero profundos, su boca de labios cálidos que derramaron besos ardientes en mi boca, a su expresión de súplica, y armándome de valor cojo su mano. Me lleva a su coche, acciona el mando y abre la puerta del copiloto para que me siente. El coche es muy bonito por dentro, he de reconocerlo. La tapicería de los asientos es de piel color beige, tiene el cambio de marchas de aluminio y el salpicadero con unas líneas muy elegantes en color negro y plateado, con un espacio interior muy amplio. No me extraña que lo cuide, debe costar un pastón y no creo que este tío esté forrado, conoce demasiado bien la zona, viste bien, de Zara o Massimo Dutti, tampoco entiendo mucho de moda masculina pero es asequible, a excepción de su perfume, este sí debe ser caro, huele a… hombre, sexo, pasión. ¿Cuál será?
-Preparada. –me pregunta muy serio.
-Sí. –musito.
Me lleva por algunas calles que conozco, y cuando lleva circulando como diez minutos aparca el coche en la calle.
-¿Lo dejas en la calle? –pregunto incrédula.
-No, tengo parquing, pero he olvidado la llave en casa. Espera un momento, voy a cogerla.
Entra en una portería con barras de aluminio y desaparece de mi vista. Apenas un minuto más tarde baja, sin que apenas me haya podido fijar ni en qué calle estoy ni tan siquiera en la fachada de los edificios que tengo alrededor. Arranca el motor y conduce un par de calles, frena y acciona el mando, una puerta batiente se abre y el coche desciende por una pendiente hasta un aparcamiento donde pueden caber unos 25 coches. En la tercera plaza de la derecha lo estaciona. Nos bajamos y me coge de la mano, me lleva hasta la puerta de salida y estamos en la calle. Tira de mí y en un par de metros estamos de nuevo delante de la puerta de barras de aluminio. Abre la puerta y entramos en una portería pequeña, limpia e iluminada por un fluorescente. Subimos unos peldaños, no sé ni cuántos, ¿había ascensor?, no me he fijado en nada. Sólo miro nuestras manos entrelazadas, las de él grandes, las mías pequeñas más morenas que las suyas, hacen un bonito contraste.
Se para delante de una puerta que tiene el número dos encima y entramos en un recibidor sobrio, carente de adornos, un pasillo nos conduce a un salón comedor pequeño pero cálido. He creído contar tres puertas en el pasillo, todas cerradas, pero la del fondo del salón está entreabierta. El dormitorio. Mi vientre se contrae, me humedezco sólo de pensar en esa habitación.
-Aquí vivo –anuncia- no es gran cosa, pero el alquiler es barato y no está lejos de la ciudad, tengo comercios cerca y hay pocos vecinos.
-Está muy bien –miento como una bellaca. Es impersonal pero funcional, poco mobiliario, pero con una buena tele. Es lo que es, el piso de un soltero que no pasa mucho tiempo aquí.
-Deja de morderte el labio – me exige.
-¿Qué?
-No te muerdas el labio, sino todo lo que quiero decirte no te lo podré decir. Ya casi no puedo aguantarme las ganas de tocarte, y si me tientas así, no podré controlarme.
Me quedo callada, sólo oigo el sonido de mi corazón y miro nuestras manos que siguen entrelazadas. Levanto mis ojos y me encuentro con los suyos. Me acerco, me pongo de puntillas para alcanzar su boca y lo beso, él responde con pasión, con necesidad. Nuestras manos vuelan. Nos quitamos la ropa mutuamente, hasta quedarnos en ropa interior. Su piel es suave, sin vello, se depila. Se separa de mí unos centímetros y me observa. Llevo mis cullottes transparentes con encajes rosas pálidos y un sujetador a juego, con unos lacitos en los tirantes. Sus ojos se oscurecen. Yo miro su cuerpo lleva unos slips Calvin Klein, vaya cuerpo, joder es modelo, cómo va a ser. Esto no puede ser. Dudo y doy un paso atrás, pero antes que pueda articular palabra, me besa. Me coge en brazos y entrelazo mis piernas en sus caderas, me lleva así hasta la puerta entreabierta del dormitorio y se sienta en la cama conmigo encima. Sus manos alcanzan el cierre del sujetador, y deja mi boca para lamer mis pezones erectos, primero uno después el otro. Los muerde con suavidad, los besa, los engulle. Mientras una de sus manos acaricia mi sexo por encima del encaje. No hago más que gemir, me aprieto contra él y acaricio su pelo castaño, suave y con ese olor… En un rápido movimiento me coloca sobre la cama con mis piernas colgando. Me besa, muerde con suavidad mi labio inferior y tira de él. Jadeo. Sus manos suaves bajan a lo largo de mi cuerpo hasta llegar a mi cullotte y me lo quita. Sonríe. Me besa el ombligo, mientras acaricia mi sexo. Su lengua lame mi tatuaje, el que me hice para disimular la cicatriz de la cesárea, y baja a mi clítoris arrancándome un gemido, e introduce un dedo dentro de mi vagina. Extasiada levanto la cabeza y veo una cabeza morena moviéndose entre mis piernas, una de mis fantasías… Gimo y siento que se acerca el momento del orgasmo, cierro mis piernas pero Álvaro las mantiene abiertas para él, y exploto. Mi cabeza cae hacia atrás, pero apenas cojo aire lo siento  entre mis piernas, se ha quitado el slip, ¿cuándo? Lleva un tatuaje en la parte superior de la ingle derecha, es un dragón con el símbolo del yin yang como cuerpo, es bello, me besa. Cómo me gusta que me bese, su lengua acaricia la mía, apoya los codos a los lados de mi cara y me acaricia con las yemas de los dedos. Toca mis ojos, mi nariz, mis labios, mi barbilla, mis mejillas. Su boca sigue el mismo recorrido de los dedos, se detiene en mi cuello y me mira. Con sus rodillas se hace más espacio entre mis piernas, acaricia mis caderas e introduce su pene dentro de mí en un solo movimiento. Me siento llena, increíble, me muerdo el labio incapaz de controlar mi deseo. Coloco mis piernas alrededor de su cintura para que entre más profundo. Nos movemos acompasados, despacio primero. Pero el deseo es más fuerte y acabamos acelerando el ritmo hasta que el orgasmo nos envuelve, primero a mí, segundos más tarde a Álvaro. Nos quedamos tumbados, él encima de mí, qué placer sentir su peso, su cuerpo, su piel, su olor. Levanta la cabeza y me mira con esos ojos marrones oscurecidos por lo que acabamos de compartir y me besa. Adoro a este hombre. Se tumba a mi lado y acaricia mi mejilla con su mano. Sonrío. Sonríe. Se quita el preservativo. Me besa y dice que ahora viene. Irá a tirarlo. Recojo mis piernas y me tapo con la sábana. Me avergüenza que me vea desnuda. Es una estupidez después de hacer… ¿de hacer qué, el amor, sexo, un polvo…? Pero antes de poder pensar más en ello Álvaro entra en la habitación. Dios mío qué cuerpo, no tiene ni un pelo, es un pecado, su sexo aún no está fláccido del todo, sus piernas musculadas y sus pies me gustan. Me inclino por encima de cama para mirarlos mejor. Sorprendido me pregunta:
-¿Qué miras, ocurre algo?
-Te miro los pies, me gustan. Normalmente me fijo en los pies de las personas. Pies cuidados, persona aseada. A mis hijos no paro de besárselos y acariciárselos. Soy rara, no?
-No, especial diría. Y los míos ¿qué te parecen?
-Me gustan. –le contesto aun mirándolos, son grandes pero no demasiado, quizás 43 o 44, uñas muy cuidadas y piel hidratada. Los toco, son suaves.
Me sonríe. – A ver los tuyos.
-No -contesto horrorizada.-Todo aquel que conozco dice que son feos, pequeños y con dedos enanitos. –le digo aunque en realidad sé que el único que me dice eso es mi marido, ¿habrá algo que le guste de mí?.
-Da igual quiero verlos.
-Si te burlas de ellos, la próxima vez llevaré calcetines. –le advierto riéndome.
-¿Habrá una próxima vez? ¿Quieres volver a verme?
-Sí.- le contesto sin pensar.
Aparto la sábana y se los enseño. Coge uno y me lo besa, coge el otro y besa cada uno de mis dedos. Instintivamente le acaricio la mejilla. Y nos miramos, se acerca y me besa. Me aparto de él, necesito poner distancia, saber qué hora es. A veces el tiempo se me pasa muy rápido, y he de volver a casa, con mis hijos.
Son las once y media, tengo que irme. Álvaro me ayuda a encontrar mi ropa. Me encierro en el lavabo, me visto rápido y salgo disparada hacia la puerta. Álvaro insiste en acompañarme pero lo digo que no, me despido con un beso rápido y salgo corriendo de la escalera a la calle. Camino deprisa, necesito aclarar qué ha pasado ahí arriba. En qué estoy pensando. No puedo volver a hacer esto. ¿O sí?
Llego a casa, meto la ropa en la lavadora y me ducho. Su olor aún está en mí. No quiero oler a él. No cuando mi marido puede aparecer de un momento a otro y he de ir a recoger a los niños.
Después de esto, cómo voy a conseguir olvidarlo. Mierda. Es sexo. No tiene por qué enterarse nadie. Mi primer secreto. Mi primera sesión de sexo de verdad. Mis primeros verdaderos orgasmos. Aún si acabara aquí, habría valido la pena. Sé que no durará mucho.
Por la tarde conectada, hablo con Álvaro, me cuenta sus ilusiones, sus decepciones, cosas de su vida… Yo contesto a lo que puedo. Me doy cuenta de que él es libre. Acaba de llegar del gimnasio. Cenará y ha quedado con un amigo. Jamás podré compartir nada con él, nada de esto. Me despido, no puedo seguir. Es un callejón sin salida.

Martes. Miércoles. He decidido esperar unos días para calmarme, no me he conectado, no quiero. Mi marido está raro, desde el gatillazo, está triste. Pues que le jodan llevo años así. Frustrada y humillada. Lo que no mejora es el trato a los niños. Detesto cuando los insulta y los avasalla.

Mis hijos están en el cole, mi marido llegará tarde de trabajar, sobre las nueve o así. Tengo dos horas. Voy a por “mi chico rojo”. Simplemente con cerrar los ojos, veo a Álvaro entre mis piernas y apenas un par de empujones y llego al orgasmo. Quería que durara más, pero qué se le va a hacer. Me tumbo desnuda en mi cama recordando sus ojos marrones, sus manos hermosas, su boca caliente… Tengo ganas otra vez. Estoy mojada, excitada. Voy al lavabo y me miro en el espejo mientras introduzco el consolador dentro de mi vagina, me excita verme así, pero quiero que me mire Álvaro. Y mientras el placer me invade, decido que quiero repetir. No voy a evitarlo más. Quiero sexo con él. Y llega mi orgasmo.
Sigo nerviosa, conecto mi ipod y bailo desnuda. Me libero, me contoneo, veo mi reflejo en la ventana de mi habitación, y me gusta, es lascivo. Me encanta bailar hace años que lo hago así, algo es algo, sin público pero en libertad. Aunque me gustaría salir de noche e ir algún sitio a bailar. Sé que no es posible, pero por soñar… Esta canción de Shakira, Rabiosa, me encanta. Bailo dándolo todo. Cuando acaba la canción estoy agotada, miro el reloj. Son las cuatro y media. Me quedan quince minutos para ducharme y vestirme. Mis hijos salen a las cinco. De prisa Alma. Espabila.
Después de una tarde y una noche más tranquila de lo que esperaba, conecto mi portátil, miro mi correo pero no tengo ningún nuevo mensaje de Álvaro. Me conecto a Facebook, y por una vez, soy yo la que me pongo en contacto con él. Espero y nada. Después de una hora decido apagar el pc. Me tumbo pero el sueño no me viene. Esto quiere decir que se acabó. Después de acostarse conmigo… Tenía razón sólo fue una broma o una apuesta. Y lo consiguió. Derrotada por fin consigo conciliar el sueño.

Domingo. Llevo tres días recluida en mi mente. Esto demuestra lo que siempre pensé, no lo pedí, tampoco es una relación seria, sólo buen sexo. Aunque sólo fuera una vez valió la pena. Lo que me preocupa es saber cómo se estará riendo de mí. Qué vergüenza. Ahora sí. Enfurecida me conecto a Facebook y borro su contacto de mi lista de amigos. Que se vaya a la mierda. Ya sé que nunca me prometió nada. Yo tampoco lo hice, tenía que resolver mi situación antes.
hada23


Femenino

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Re: LIBRE

Mensaje por Invitado el Vie 15 Nov 2013 - 16:55

Me he leído los 3 capis de un tirón, está muy interesante!!  Gracias por compartir tu escritura con nosotras!!  guiñar 
Invitado


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Re: LIBRE

Mensaje por pernaute el Vie 15 Nov 2013 - 19:10

Acabo de leerlos son estupendos, espero que sigas escribiendolos quiero saber como termina. Gracias por compartir besos
pernaute


Femenino

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LIBRE CAPITULO 4 - 5 FINAL

Mensaje por hada23 el Vie 15 Nov 2013 - 21:47

CAPITULO 4

Los días se suceden y vuelve mi normalidad, la de siempre. La de reprimir a mis hijos la de reprimirme yo, porque aunque siga masturbándome ya no es igual. Su recuerdo y su olor me persiguen.
Ha pasado un mes desde aquel día, no he vuelto a encender el portátil. Mejor. Sería difícil si supiera que anda por ahí.

Hoy es el cumple de mi hijo mayor, cumple 8, lo voy a llevar al zoo, allí le daremos los regalos y la tarta. Iremos con mi madre y unas tías y primos. Al menos su padre no viene, no sé qué cosa tiene que hacer, ¡ni que me importara! Estaré relajada, y mis hijos libres.
El cumple ha salido perfecto. Los críos han corrido, saltado y  jugado como descosidos. En casa reina la paz, no hay nadie. Ducho a los niños y después lo hago yo. Están tan cansados que mi peque se ha quedado dormido. Los meto en la cama y los arropo. Conecto mi ipod y escucho música, sobretodo necesito música triste, no tengo ganas de llorar, sólo quiero sentirme así. No tuve tiempo de preguntarle por su música favorita, ni tan siquiera sé qué perfume llevaba. Con los acordes de la canción Impossible de James Arthur me quedo dormida.

Lunes. Necesito caminar, liberar energía. Después de dejar a los niños en el cole. Camino por la zona industrial, por allí van mucha gente mayor, me siento segura. Cuando llevo tres cuartos de hora, doy media vuelta. Sigo caminando mientras mi ipod suena. Veo una sombra y me giro un poco asustada, ahora no se ve a nadie por la zona. Camino más deprisa. Mis pies me llevan hacia la zona de Ikea, por qué. Soy masoca. Lo bordeo y sigo el camino hacia mi casa, entre las calles de los alrededores, cuando vuelvo a tener la misma sensación de que una sombra se ha cruzado. No me giro y empiezo a correr. Cuando llevo unos metros y creo que mis pulmones explotarán, me agarran del brazo. Pego un grito, totalmente aterrorizada, cuando me asalta un olor. Ese olor. Álvaro.
-¡Suéltame! –exclamo enfurecida.
Me sujeta con más fuerza cuando quiero soltarme. Me mira y sin mediar palabra entramos en una panadería con cafetería y exige que me siente. No quiero y no lo hago. Quiero marcharme, pero me cierra el paso hacia la salida. Así que me voy al lavabo, a refrescarme un poco. El lavabo es pequeño y con un solo WC, así que voy a poner el cierre cuando un pie se interpone y Álvaro entra conmigo.
-Pero qué estás haciendo. –me sale humo por las orejas.
Y sin decir ni una palabra me besa, me resisto, me agarra la cabeza para mantenerme quieta y aprieta su cuerpo contra el mío. La repisa del lavabo se me clava en el trasero. Poco a poco voy cediendo, mi cuerpo me traiciona. Cuando nota que me relajo, empieza a acariciarme, ahora ya no tengo voluntad. Mis manos vuelan para tocar todo su cuerpo. Su erección estimula mi clítoris con el simple roce. Mete las manos debajo de mi camiseta acariciando mis pechos, mis pezones, bajan por mi espalda mientras no deja de besarme, de mordisquearme. Acaricia mi cintura y una de ellas se introduce dentro de las bragas.
-Estás mojada, eres increíble. –me dice entre jadeos.
Me caliento más, mis manos van a sus pantalones de chándal y acaricio su pene, primero a través de la tela, después meto mis manos. Gime, le gusta. Empieza a bajarme el pantalón, bragas incluidas, le dejo hacer. Lo necesito. Hago lo mismo con su pantalón, me sube encima de la repisa del lavabo y me penetra con fuerza. Me gusta. Sigue empujando, parecemos animales, mientras nuestros cuerpos buscan liberarse. Nuestros jadeos llenan mis oídos, no existe nada más. Un orgasmo salvaje atraviesa nuestros cuerpos. Cuando vuelvo a la realidad y me doy cuenta de lo que he hecho, me invade una gran vergüenza. Lo aparto haciendo que salga de mi interior, sintiéndome vacía al momento. Me bajo de la repisa y arreglo mi ropa. Álvaro me mira y acaba por imitarme. Me lavo la cara y me miro al espejo. Cierro los ojos, no quiero ver lo que refleja, a mí con los ojos brillantes y la piel sonrosada, a él con los ojos oscurecidos suplicándome con su mirada. ¿Qué pensará la gente de fuera? ¿Habrán oído nuestros jadeos? No quiero salir de allí. Álvaro toma la iniciativa y sale con la cabeza muy alta. Se sienta en una mesa desde la cual vigila la puerta del lavabo que ha dejado entreabierta. ¿Qué ha sido esto? No me lo puedo creer, en un lavabo.
Salgo del lavabo dispuesta de decirle tres verdades en la cara. La gente de la cafetería apenas se fija en mí, están enfrascados en sus propias conversaciones. Me siento y le miro fijamente, espero una explicación. Ha pedido unos cafés, la camarera nos los trae. Tras dar un sorbo al suyo, empieza a hablar. Me cuenta que tuvo que salir de España, no me dice a qué, que cuando volvió intentó ponerse en contacto conmigo y que lo había borrado de mi lista de amigos. Que donde estaba no podía ponerse en contacto conmigo. No tenían cobertura. Que se había pasado una semana buscándome por los lugares en los que habíamos estado. Que estaba desesperado, y hoy se había acordado que me gustaba caminar por la zona industrial. Que había tenido suerte y me había encontrado, pero que no esperaba mi reacción. ¿Qué reacción? ¿Qué esté enfada,  furiosa o que me haya entregado a él en el lavabo?
-No te creo. –le respondo. Me levanto y me marcho dejándolo solo.
En casa me ducho, meto la ropa en la lavadora, aún huele a él.
Dudo si conectar el portátil, tengo miedo a lo que me voy a encontrar. Lo hago. Tengo siete solicitudes de amistad de Álvaro. Desde hace una semana me envía una al día. Vuelvo a admitirle, le daré el beneficio de la duda. Además he echado de menos nuestras conversaciones a veces de temas absurdos y otros tan íntimos. Pasados unos minutos me escribe:
-Hola.
-Hola.-le respondo.
-Siento lo que ha pasado, bueno no lo que ha pasado, sino el cómo y el dónde. Me hubiera gustado más en casa, con tranquilidad.
No sé qué contestarle, a mí me ha gustado, y mucho. No sé si decírselo.
-Acepto tus disculpas. –contesto finalmente.
-Quiero estar contigo a solas, en mi casa, pero sin que salgas huyendo, quedándote conmigo hasta el final. Me quedé con ganas de más el otro día.
-Yo también. –le digo sin pensar. Estará sonriendo con cara de suficiencia, seguro. Soy demasiado sincera, necesito un psicólogo que me ayude a controlarlo.
-¿Cuándo volvemos a quedar? Quiero tenerte más tiempo.
Dudo. Pienso. No sé qué decirle. Diez minutos después le contesto
-El miércoles, mañana no puedo. En Ikea.
-Vale, lo que tú quieras. ¿Cómo estás?
-Lo siento, en otro momento. Voy a buscar a mis hijos. Adiós.
Desconecto rápido.
Esta noche quiero tranquilidad sino mis nervios van a explotar, pero parece que la situación empeora por momentos. Los niños no paran de pelearse, de chillar y mi marido está a punto de perder la paciencia. Decido acabar con todo y les quito el objeto de su disputa: la Tablet. El mayor se queja y el peque llora y grita todavía más. Su padre se levanta y agarra al mayor por el cuello, le aprieta y le chilla:
-¡Todo esto es por tu culpa!
Me meto por el medio, por suerte lo suelta, pero soy yo la que recibe. Mientras el peque está escondido en un rincón llorando y cuando ve que su padre se marcha viene hacia mí corriendo.
-Mama, el papa pum-pum. –y llora abrazado a mí. Esto está yendo demasiado lejos.
Preparo la cena rápido, cenan y los acuesto, los acuno, los beso. Es mi culpa. Jamás debí traerlos al mundo. Sufren porque yo los quise. Ahora pagan por algo de lo que ellos no tienen la culpa. No sé cómo salir de ésta.
Cuando por fin todos duermen, conecto el portátil pero sólo para decirle a Álvaro que no puedo hablar con él, que tengo problemas en casa. Me despido con un buenas noches y lo apago.

Martes. Son las cuatro de la mañana del martes, él ya se ha ido a trabajar. Intento volver a dormirme pero no puedo. Doy vueltas en la cama. Ayer pasaron demasiadas cosas. Mi cabeza se llena con escenas de Álvaro mezcladas con la brutalidad de mi marido. Qué diferentes. Me vuelvo de costado para dormir un poco, pero no puedo. Las imágenes de lo que pasó en el lavabo acuden a mí. Mi vagina se contrae, estoy mojada, necesito masturbarme. Los críos duermen, de todas maneras cierro la puerta de mi habitación y saco de mi escondite mi consolador rojo. Me quito el pijama, tengo las bragas muy mojadas, el consolador entra solo. Con cada embestida que me doy veo sus ojos, sus manos, su pelo, siento su lengua en mi boca. Pronto me llega el orgasmo y caigo boca abajo en la cama. Me quedo un rato así esperando a que pasen los espasmos del orgasmo y pueda recuperar el aliento. Voy al baño, lavo el consolador y me lavo yo. Ahora espero poder dormir aunque sólo sean un par de horas.

Estoy agotada pero tengo que seguir el ritmo, otra noche más así y creo que me caeré en cualquier lado dormida. Aunque no sé si podré dormir mejor esta noche. Saber que mañana estaré con Álvaro me pone nerviosa. Ya sé que no será la primera vez, pero esta vez sé a lo que voy. Sexo.

Miércoles. Me levanto antes de la hora a la que acostumbro, me ducho, no sé qué ponerme. Saco mi lencería negra, el sujetador tiene unos brillantitos donde se unen las dos copas y me eleva el pecho. Las bragas a conjunto y ya está. Vaqueros, botas, la camiseta de tirantes y el suéter negro transparente de manga larga. No quiero dar la imagen de buscona, contra más tapada mejor. Mi chaqueta de punto negra más larga por los lados que por detrás y mi bolso. Todo preparado. Me maquillaré un poco, sólo rímel y brillo de labios. Así sencillo. Mi perfume Quizás, Quizás Pasión de Loewe y ya está. Los pendientes largos, los que brillan. Ahora a despertar a las fieras. Y al cole.

Nos encontramos en Ikea, me recoge en su coche y vamos hacia su casa. Lleva música puesta, ¿El Barrio? ¿De veras le gusta esta música? Me sorprende. No me lo imaginaba. De todas formas me gusta, aunque sólo un rato. La variedad es lo mío.
Entramos en el parquing, lo sigo hasta la entrada de su casa, ahora sí me fijo dónde estoy. El nombre de la calle, el número de la portería, la planta en la que está su piso y la puerta, el 2, en eso sí que me fijé.
Mi corazón retumba dentro de mi pecho, estoy muy nerviosa. Le miro, creo que desde que me ha recogido es la primera vez que lo miro. Lleva vaqueros, sus bambas negras y una camiseta blanca con botones en el cuello, los lleva abiertos. Se le ve un poco el pecho. Me muerdo el labio, quiero tocarlo. Este hombre es hermoso.
-Puedes dejar aquí tus cosas.
Asiento. Me descuelgo el bolso y me quito la chaqueta. Me abraza. Su olor es increíble, su calor. Respondo a su abrazo. Muy despacio empezamos a desvestirnos sin dejar de mirarnos. Es excitante. Sabe que me gusta, y sonríe. Descarado. Cuando quiero quitarme mi ropa interior me lo impide. Él la lleva puesta, hoy son boxers negros. Le quedan de miedo y marcan su erección. Humedezco mis labios y vuelvo a morder mi labio inferior. Lo deseo.
Me acaricia el brazo, coge un mando de encima de la mesa y pone música. Nos besamos, primero dulcemente, pero nuestra pasión nos consume. Nos devoramos.
Caemos al suelo del salón en una maraña de brazos, manos y piernas. Tocándonos por todas partes. Nuestra ropa interior está en algún lugar del suelo. Coloca mis piernas en sus hombros y me penetra suavemente.
-Por favor…- le ruego. –Más rápido…
Y con una energía increíble me penetra una y otra vez, rápido, fuerte. Y con un grito explota mi orgasmo, él me sigue segundos después. Álvaro me baja las piernas de sus hombros y me arrastra con él en un abrazo. Acaricia mi espalda y mi pelo. Aún no ha salido de dentro de mí, me gusta esta sensación, tenerlo dentro.
-¿Bien? –me pregunta.
-Sí. –le respondo quedamente, cuando realmente quiero gritarle ¡¡FENOMENAL!!.
Cuando el frío empieza a calar en nuestros cuerpos desnudos, nos levantamos del suelo y nos metemos en la cama. Me ofrece tomar algo, pero no quiero. De fondo sigue escuchándose música, no sé quiénes son. No los reconozco.
-¿A qué hora debes volver? –me pregunta de repente.
Instintivamente miro buscando algún reloj que me diga la hora, encima de la mesita de noche: las diez y veinte.
-A las doce. –le respondo. Lo miro y le sonrío. Me sonríe.-Te he traído un regalo.
-¿De veras? No tengo ninguno para ti.-me responde sorprendido.
-No importa. Voy a buscarlo está en mi bolso.
-No, espera te lo traigo yo.
Me da el bolso y de dentro saco un paquete del tamaño de una caja de pañuelos y se lo doy. Emocionado lo desenvuelve y comienza a reírse. Su risa fresca me llena el alma. Se acerca y me besa.
-Gracias, nadie me había regalado tantas chuches juntas.
-Dijiste que te gustaban, que eran tu debilidad.
-Me tientas más de lo que crees.
Me río. Abre la caja y coge una nube, me la acerca a la boca para que la muerda y luego me besa. Compartimos la nube. Después una fresa gigante que mete en su boca y yo lamo hasta que desaparece entre nuestras lenguas entrelazadas.
-Esto para después. –me dice mientras aparta las caja.
Se tumba entre mis piernas, mientras yo sigo reclinada en las almohadas. Con su barbilla acaricia mi cuello, mis pechos dejando marcas de deseo a cada paso que da. Por mi ombligo, mi pubis. Coge mi pierna derecha y besa la cara interna de mi muslo, luego la otra. No deja de mirarme. Me vuelve loca. Besa mi hinchado clítoris, lo lame, gimo. Me levanto y tiro de él hacia mí. Le digo que se siente. Es mi turno.
Recorro con mis manos su pecho, sus abdominales marcados, acaricio su bello tatuaje, paso por encima de su erección y acaricio sus testículos y bajo acariciando sus piernas musculadas y sin vello. Los pies siguen siendo suaves, se los beso. Él sonríe nervioso. Comienzo a besar cada parte de su cuerpo que antes han tocado mis manos. Sus piernas, me salto a propósito su pene erecto y paso a su tatuaje, a su abdomen, suelta un bufido. Me río. Acaricio con mi lengua su ombligo y subo hacia sus tetillas, para acabar en su boca. Me separo de su boca y bajo hacia su erección. Lamo su punta suavemente, dándole pequeños besos. Introduzco su pene en mi boca, hasta donde puedo. Lo escucho gemir. Eso me pone más caliente. Chupo con avaricia su pene y acaricio sus testículos con mis manos, cada vez más rápido. De repente me coge y hace que me ponga encima suyo, él sentado yo a ahorcajadas. Nos miramos con pasión mientras me penetra, me muevo suavemente. Quiero recordar este momento. Él debajo de mí, besando mi barbilla, mis labios entreabiertos, acariciando con sus manos mi espalda para acabar empujando contra mis glúteos. Siento cómo entra y sale de mí, es maravilloso. Pero nuestro deseo crece y por más que quiera controlarme no lo consigo. Subo y abajo mientras él mueve sus manos por mis caderas. Aceleramos el ritmo y el orgasmo nos llega a la vez. Nos besamos con dulzura. Acaricio su pelo suave. Su nuca. No olvidaré este momento nunca, de fondo se oye una canción. Le pregunto cuál es, me responde que es “Acariciándote” de Fondo Flamenco. Decididamente le gusta el flamenco. Rara combinación.
Nos tumbamos en silencio mientras acaba la canción y empieza otra. Me apoyo en su pecho, oliendo su aroma.
-¿Qué perfume llevas? Te lo he querido preguntar muchas veces, pero nunca he tenido la oportunidad.
-Aqua di Gio. Es de Armani. Cara pero dura bastante.
-Huele de maravilla. –y le beso el cuello. Nos quedamos así abrazados.
¡Nos hemos quedado dormidos!. Mierda. Qué hora es. Empiezo a moverme, Álvaro me aprisiona con sus brazos. Se despierta y se da cuenta de mi alarma. Miramos el reloj. Las doce menos cuarto. Tengo tiempo para vestirme.
Álvaro me deja un par de calles más atrás de mi casa, para no llamar la atención. Subo a mi casa dejo la ropa en la lavadora y me ducho rápidamente. La comida ya está hecha. Subo a buscar a los niños. Todo controlado.
Por la noche, cuando todos duermen, conecto mi portátil. Álvaro me estaba esperando.
-Guapa, cómo estás.
-De maravilla. ¿y tú?
-Qué crees, genial. Ha sido increíble. Me he comido casi todas las chuches. Riquísimas, como tú.
-jajajaja
-Me encanta comerte.
-Esto se pone interesante… a mí también me encanta comerte.
-Nena, estoy muy caliente.
-Y yo. Mejor dejémoslo. Te recuerdo que tengo público.
-Están despiertos?
-No, todos duermen.
-¿Cuándo repetimos?
-Me iría contigo ahora mismo. Pero no lo sé, mañana no. Si puedo el viernes.
-Cuando me digas. Yo también iría a buscarte.
-Lo sé. Voy a dejarte. Estoy cansada. Me has destrozado jajajaja.
-Me encanta destrozarte. Un beso. Que descanses.
-Buenas noches. Un beso.
Corto la comunicación y cierro el portátil, y después de casi dos meses de insomnio duermo en paz toda la noche hasta que suena el despertador.


CAPITULO 5
Sigo encontrándome con Álvaro cada vez más seguido. Hemos llegado a estar juntos de lunes a viernes, e incluso nos hemos encontrado los sábados en algún rincón del centro comercial. Esto es adictivo. Mis piernas se doblan cuando lo veo. Mi vagina se humedece. Siento cada poro de mi cuerpo vibrar cuando me toca. Pero algo me esconde, lo sé. No quiero sentirme tan dependiente de él. No lo puedo evitar. Cuando me busca corro a su encuentro. Tengo el presentimiento de que esto no va a durar.

Miércoles. Mis hijos se van de excursión, pero mi marido no trabaja, tiene el día personal. Había planeado estar con Álvaro, ahora no puedo. Estoy enfadada. Este imbécil tiene que elegir precisamente este día.
-¿Quieres que vayamos a comer los dos solos cariño, como una pareja de enamorados?- me pregunta.
Me pilla tan desprevenida la pregunta que me giro y pongo cara de sorprendida. Pero este tío qué dice, ¿enamorados?, nosotros. Me da asco. No sé qué decirle.
-Te estoy invitando a comer preciosa – se acerca a mí y me abraza. Me da un beso en la boca e intenta meter su lengua en mi boca. Me aparto y le digo que no.
-Vamos a comer, pero dejamos estos jueguecitos, no me gustan.
Agacha la cabeza y quedamos en comer cerca de casa.
Al volver sigue diciéndome cosas como cariño, preciosa… éste está buscando algo. No puedo. Qué le digo. Lo primero que se me ocurre.
-Me voy a tumbar, me duele la barriga, me tiene que bajar la regla, y sabes que no me encuentro bien…
-No será una excusa. –me espeta.
-No, por qué habría de hacerlo.
-Porque tienes un lío con otro. Tu pañuelo huele a colonia de hombre. – se encara conmigo.
-Eso no es cierto, será de la tuya o el olor del suavizante. Qué tonterías estás diciendo, va déjame tranquila. Hemos tenido un buen día, sigamos así, ¿vale?. No quiero broncas.
Me coge fuerte del brazo y me dice:- Sal de mi vista, frígida.
Mi corazón se me va a salir del pecho. El brazo me arde. Cabrón. Me saldrá un moretón. Tengo tanto miedo de que aparezca que no me conecto con Álvaro. Mejor dejar las cosas como están.

Viernes. Ayer estuve hablando con Álvaro hemos quedado. Lo veo a lo lejos, esperándome. Se baja del coche y cuando llego a su altura me besa con pasión. Cuando acaba de besarme me acaricia la cara con suavidad. Le sonrío.
-¿Todo va bien?- le pregunto.
-Sí, vamos. Te he echado de menos. –responde. No me lo creo, aquí hay algo, nunca me recibe así, siempre son dos besos.
Me monto en el coche, me coge de la mano y la besa. Arranca y nos dirigimos a su casa.
Nada más entrar en su casa, tira las llaves al suelo y me coge en brazos besándome. Acariciando con su lengua la mía. Comienza a quitarme la ropa con desesperación, yo intento quitársela a él, pero me es difícil. Con la ropa desperdigada por el suelo, sólo me quedan los calcetines y el cullotte negro de licra, no llevaba sujetador. El lleva unos boxes grises con las costuras rematadas en negro. Apoyada contra la pared del pasillo me besa el cuello, mientras aprieta su erección contra mí. Levanto mi pierna para que estemos más cerca. Necesito a este hombre que apareció en mi vida de la nada. Besa mis pechos, chupa y muerde con suavidad mis pezones. Me arrastra con él hasta el sofá de su casa, me quita el cullotte y se coloca a mi espalda. Introduce dos dedos en mi vagina mojada. Se me escapa un gemido. Me besa el cuello y la nuca. Noto su erección contra mi trasero. Por un momento deja de tocarme. Me abre las piernas y me hace reclinarme contra el sofá. Me penetra y nos movemos al compás, rápido con necesidad. Acaricia mi clítoris y mi orgasmo llega como una explosión. Álvaro acaba después que yo
y se apoya en mi espalda, abrazándome con posesión. Nos sentamos en el sofá con todos nuestros miembros entrelazados. Besa mi coronilla.
Se levanta para quitarse el preservativo. Me trae una manta y me pregunta si quiero algo de tomar: café, infusión…
-Café con leche, gracias.-me besa mientras me envuelve en la manta, y desnudo, se va a la cocina. Veo su trasero desde aquí moviéndose entre los muebles. Cuando ya lo tiene todo viene hacia mí. Me fijo en su tatuaje le queda de miedo, es super erótico. Madre mía qué pedazo de hombre.
-¿Te gusta lo que ves? –pregunta el descarado.
-Por supuesto –le respondo con una sonrisa en los labios.
Tomamos el café con leche en silencio. Hoy no ha puesto música.
-Compartimos la manta si quieres.
-No, estoy bien así. –me atrae hacia él y me abraza.
-Mañana salgo fuera a trabajar, estaré un par de semanas.
-Está bien. –le contesto alegremente, como si no me importara, pero sí me importa. Me voy a sentir terriblemente sola, pero volverá… Lo esperaré.
-Te voy a echar de menos, contigo todo es fácil -me besa y yo respondo con pasión, quiero tenerlo todo de él, todo el tiempo que pueda estar con él.
Me pongo encima de él y lo beso, mi lengua roza sus dientes, exploro su boca, me rozo contra su erección, coge mis glúteos, los aprieta y los abre con dureza. Estoy muy excitada. Lo quiero dentro de mí. Con un solo movimiento me penetra, me muevo enloquecida, él no para de besar mis pechos, de succionar mis pezones, me está volviendo loca. Y llega nuestro orgasmo salvaje, con un grito ronco, desesperado. Lo abrazo, y me niego a llorar. Desde que lo conozco es la primera vez que de verdad temo perderlo. Y no quiero que lo sepa.
Me abraza y me lleva a la cama, nos quedamos tumbados mirando el techo. Veo las grietas y las cuento, así no pienso en la despedida.
¿Durante cuánto tiempo he estado así? No lo sé. Me giro y veo que me está mirando. Le sonrío.
-Eres muy bonita.
-No digas tonterías –me río.
Me quita un mechón de pelo que me ha caído sobre la cara. Sus manos suaves, con esos dedos largos acarician mi cara. Me atrae hacia él. Vuelve a besarme con dulzura.
-Espera voy a poner música.
Segundos después regresa, vuelve a tener una erección. Es un máquina. Suena una canción del mismo grupo del otro día.
-¿Cómo se titula la canción?
-Lo Nuestro, te gustará.
Mientras escucho los acordes de un piano Álvaro me acaricia, besa mis labios con ternura. Sus manos cálidas resbalan por mis caderas. Se coloca entre mis piernas. Me besa. Acaricio su nuca, absorbo su olor. Me posee poco a poco, suavemente sin perder la calma. Controlándose. Sé que esto es la despedida. Sus ojos buscan los míos. Escucho sin querer la canción. Habla de perder trenes… Evito sus ojos.
-Mírame, por favor, mírame.
Y lo hago. Sus movimientos se intensifican, él lleva el mando. Siento la llegada de mi orgasmo, suave, dulce, duradero. Álvaro no ha dejado de mirarme. Me besa. Un beso dulce, de cariño. Y me atrae a su regazo, nos quedamos así hasta que suena la alarma del reloj avisándonos que son las doce. Me separo de él sin mirarlo. Recojo mi ropa y me encierro en el baño. Me visto deprisa, no quiero que me acompañe. Necesito caminar y me da igual si su olor está en mí. Salgo fuera y me dice que va a sacar el coche, que lo espere en la puerta. Le digo que ahora bajo que tengo sed.
-Sírvete tú misma. Me adelanto. Espérame.-me da un beso y sale por la puerta.
Arranco una hoja de papel de una libreta que hay encima de la mesa y escribo:
NO PUEDO ESPERARTE. SE QUE ESTO ES UN ADIOS. TE QUIERO.
ALMA.
Corro escaleras abajo, salgo por la puerta y voy en dirección al parque. Me siento en un banco lejos de las carreteras, alejada de la gente que pasa. Y lloro. Nunca prometimos nada, nunca nos dijimos nada. Esto era sólo sexo, pero mi corazón no lo sabía, mi corazón se ha quedado con él.

Vuelvo a casa. A mi vida. Con mis hermosos hijos. Con mi marido.
Todo sigue igual: rutina, rutina y más rutina. Pero hay algo que se ha estado cociendo en mi interior. He tomado una decisión. Voy a dejarle. No soporto su presencia, sus modales, sus malos tratos, sus cambios de humor… No soporto ni un momento más. Con la ayuda de una amiga he conseguido realizar todos los trámites, sólo falta su firma. Él no lo sabe, pero se va a enterar muy pronto. Estoy preparando todas las cosas que me voy a llevar. Mañana por la mañana viene un camión de mudanzas, se llevará todo lo que le diga.

Estoy sentada en el sofá de la que era mi casa, hoy me voy para siempre. Mis hijos están con mi madre, en el nuevo piso de alquiler. Entra como siempre, sintiéndose el dueño de todo. Se queda asombrado cuando me ve sola, sin los niños. Se fija en que faltan cosas en el comedor.
-¿Qué significa esto?- pregunta
-Me voy. Ahí tienes los papeles. Los firmas por favor, para no darle más vueltas al asunto. Te puedes quedar el piso si quieres, renuncio. Los niños se vienen conmigo. Cuando los quieras ver me avisas, pero cuidado con hacerles daño. Te denuncio y no los ves más. Mírate los papeles, ya he hecho los traspasos que me ha aconsejado la abogada, la pensión es lo mínimo por niño, no quiero abusar. Las llaves las dejo aquí. He cogido sólo lo necesario, el resto haz lo que quieras con ello. Que te vaya bien. He tenido una aventura, te he engañado y no me siento culpable. He disfrutado de cada momento, ha sido el mejor sexo del mundo. Eres un cornudo. Y sabes ¿qué?, no le llegas ni a la suela de los zapatos.
Mi marido, pronto mi ex, se ha quedado sin habla. Que te jodan. Gano yo. Me doy media vuelta y salgo de mi casa, de mi anterior vida. SOY LIBRE.

Tres semanas después, ya instalada en mi nuevo hogar con mis peques. Conecto mi portátil. No he sabido nada de Álvaro en todo este tiempo, aun así le escribo:
Gracias. Por fin soy libre. Alma.

FIN
hada23


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Re: LIBRE

Mensaje por Julie el Vie 15 Nov 2013 - 23:00

Wao!!! pero eso es todo??? noway


Bien si vous me voulez, bien si n'est pas. Mais ne m'a jamais demander de ne pas rester à l'écart si vous êtes celui qui est absent.

Julie


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Re: LIBRE

Mensaje por Liilyana el Vie 15 Nov 2013 - 23:41

Oh no eso es todo??? enserio'???? Un Epilogo es necesario, porfa, me gusto tu historia, pero Oh necesito algo, porfavor!!! No no me dejes asi.

Gracias espero que enserio no termine asi, si si, mmmm lloro. Pero gracias espero de nuevo leer otra de tus historias.


Liilyana


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Re: LIBRE

Mensaje por Invitado el Sáb 16 Nov 2013 - 1:13

Eso, eso, apoyo la moción, no nos puedes dejar sin saber si se vuelven a encontrar o algo noway 

En cualquier caso, gracias por compartir esa historia con nosotras kiss
Invitado


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Re: LIBRE

Mensaje por vickyra el Sáb 16 Nov 2013 - 4:14

Muy buena tu historia, pero como mis compañeras quiero saber algo más!!!!!!!!!! OO   



vickyra


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Re: LIBRE

Mensaje por kitsia el Sáb 16 Nov 2013 - 5:39

Me ha gustado mucho la historia, se ve que tienes talento guiñar 


kitsia


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Re: LIBRE

Mensaje por cookiedjg el Sáb 16 Nov 2013 - 10:28

Tienes un talento enorme!! me encanto, pero como nos dejas asi, yo quiero mas necesitamos urgentemente una segunda parte!!!


cookiedjg


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Re: LIBRE

Mensaje por hada23 el Sáb 16 Nov 2013 - 15:11

GUAU muchas gracias a todas, no me esperaba que os gustara tanto. Estoy muy contenta. Y prometo que haré una segunda parte, esta vez acabará bien, pero que muy bien. kiss wiiii


hada23


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Re: LIBRE

Mensaje por pernaute el Sáb 16 Nov 2013 - 15:51

Gracias bonita historia ,pero tienen razon no nos puedes dejar asi falta un epilogo
pernaute


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Re: LIBRE

Mensaje por Liliana Glynn el Sáb 16 Nov 2013 - 16:01

Gracias por compartir tu historia con nosotros, pero quiero más.... coincido con las chicas, no puede terminar ahí!!!
Liliana Glynn


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Re: LIBRE

Mensaje por Angeles Rangel el Sáb 16 Nov 2013 - 18:32

Gracias Hada me gusta el tema.





Angeles Rangel


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Re: LIBRE

Mensaje por Lizzy M. el Sáb 16 Nov 2013 - 19:41

Me lo leí de un tirón, me gusto... me encataria que haya una continuación pero me quedo muy conforme con el final... Ella dejo a su marido y se siente realmente libre :)


Lizzy M.


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Re: LIBRE

Mensaje por cookiedjg el Sáb 16 Nov 2013 - 19:52

sii una segunda parte!!


cookiedjg


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Re: LIBRE

Mensaje por marielaoac el Dom 17 Nov 2013 - 17:58

Gracias Hada, coincido con todas, un gran talento el tuyo, gracias por compartirlo con nosotras y espero el epilogo o la segunda parte. Espero y te animes a escribir mas.
marielaoac


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Re: LIBRE

Mensaje por sisi bunny el Lun 18 Nov 2013 - 8:18

Llego al final, pero llegue.
Muy buena la historia y opino como las demás, esto no puede quedar asi u.u ...


sisi bunny


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Re: LIBRE

Mensaje por vickyra el Lun 18 Nov 2013 - 16:16

En realidad, si que puede quedar así, ya que es el titulo de la historía "LIBRE" que es lo ella quería ser, libre de su marido...
Pero, claro, me gustaría saber qué pasa después. Como a todas vosotras....guiñar 



vickyra


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Re: LIBRE

Mensaje por hiranyaka el Miér 20 Nov 2013 - 5:36

chiquito pero bonito... habra continuacion...
hiranyaka


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Re: LIBRE

Mensaje por xanath el Miér 20 Nov 2013 - 20:14

Siiiii chica tiene que haber un epilogo no nos puedes dejar colgadas con la historia "inconclusa" jajaja muy buena aportacion tienes talento y gracias por compartir ok kisses







xanath


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Re: LIBRE

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 6:01

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