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Estrella Fugaz

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Estrella Fugaz

Mensaje por debora86 el Lun 8 Jul 2013 - 21:27

Estrella Fugaz

Sinopsis

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.


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Re: Estrella Fugaz

Mensaje por Leluli el Lun 8 Jul 2013 - 21:29

Mmm que intriga!!! Bienvenida debora!!

besossssssssss


"Los libros son el entretenimiento perfecto: sin publicidad, sin baterías y con horas de disfrute por cada dólar gastado. Lo que me pregunto es por qué todo el mundo no lleva un libro para esos inevitables tiempos muertos de la vida".
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Estrella Fugaz, Capitulo 1.

Mensaje por debora86 el Lun 8 Jul 2013 - 21:42

Capitulo 1
Deseo


Esa noche, como siempre, estaba sentada en mi casa, a decir verdad sobre el techo de esta, escuchando a mi madre ebria buscándome para regañarme por no comprar más cerveza.
Suspirando profundamente me recosté mientras cerraba los ojos y apoyaba mis manos bajo mi cabeza.
En este punto de mi vida, a mis largos 22 años, deseaba con todo mi corazón un cambio, un milagro, una aventura.
Mi vida no siempre había sido así. No hace más de 7 años en esta misma casa, vivíamos mi padre, mi madre, mi hermano pequeño y yo. Éramos como todas esas familias de comerciales, sonrientes, felices, una “familia”.  En ese tiempo mi madre era amorosa y comprensiva, graciosa, dulce y sobre todo sobria. Mi padre era doctor, pediatra, muy reconoció entre sus colegas. Mi hermano estaba por ingresar a su primer año de escuela y yo era la mejor de mi clase. Un día todo eso desapareció en solo un segundo.
Ese día salía tarde de la escuela, llamé a mi padre por celular para que me recogiera y como siempre, me dijo que no tenía problemas. Riendo me informó que iría a buscarme con mi hermano.
Esperé cerca de 30 minutos antes de comenzar a preocuparme, cada poco tiempo observaba mi reloj y miraba a ambos lados de la calle, fue segundos después que decidí llamarlo. Al segundo toque mi padre contesto diciéndome que lo lamentaba y que llegaría en seguida a por mí. Tranquila y molesta le dije que se apresurara, que estaba haciendo frio y él me  respondió  “voy a toda velocidad, llega…”. Eso fue lo último que le escuche decir antes de que la línea se cortara.
Luego de eso corrí a mi casa, sí, corrí. Llegue cerca de una hora después sin aire y adolorida solo para descubrir que no había nadie, entre y esperé. Tres horas después apareció mi madre con esa mirada que nunca más ha dejado de tener. Lo único que me dijo fue que mi padre y hermano habían muerto en un accidente automovilístico, que al parecer mi padre no se detuvo a tiempo en una luz roja por ir hablando por teléfono, un autobús chocó con su auto por el costado.
Luego de eso todo a mi alrededor cambio, y para peor. Mi madre comenzó a observarme como si fuera la culpable de ese accidente, como si yo hubiera estado manejando el autobús, y sé que tiene razón. Si yo no lo hubiera llamado, si no hubiera dicho que se apresurara, aun estarían aquí.
—Baja de una vez—gritó mi madre—sé que estas en el techo, ven de una maldita vez aquí.
Me puse de pie y sacudí mi ropa,  di una última mirada al cielo y de nuevo deseé con todo mi corazón que las cosas fuera diferentes.
En ese momento una estrella comenzó a moverse, mi mente no fue capaz de procesar lo que pasaba, pero por suerte, antes de que desapareciera de mi vista, le pedí mi deseo a esa estrella fugaz. Deseé ser otra persona, vivir en otro lugar, ser lo que todas desean. Cerré mis ojos con fuerza y cuando comenzaron a dolerme los abrí, mire hacia el cielo y la estrella ya no estaba. Suspiré y me puse en camino, a ver que querría mi madre.
—Necesito que vayas a comprar—dijo afirmándose de una silla, apenas se podía mantener en pie, suspiré.
—¿Qué cosa?— pregunté.
Ella considero mi pregunta una ofensa porque se abalanzó contra mí y me abofeteo. Como estaba sin fuerza solo roso mi rostro, pero eso no quitó que me alejara de ella molesta y herida. La mire odiando cada célula de mi cuerpo, no a ella, no merecía eso, me odiaba a mi misma porque sabía que todo esto era mi culpa, si yo no…
—Ve rápido, y no te quedes hablando con ese chico—asentí, tomé el dinero de la mesa y salí de la casa.
No me tomó mucho llegar a la tienda del barrio, en cuanto puse un pie dentro el aire cambio, me detuve sorprendida y mire a mí alrededor. No había nadie, nada raro, lo mismo de siempre, solo León sentado delante de la pequeña televisión comiendo papas fritas. Al acercarme me miró y suspiró.
—Lo mismo de siempre—asentí—hasta cuando vas a soportar esto, deberías largarte.
—No puedo dejarla sola.
—¿No?—me dijo dándome la botella—trabajas como burra para pagar las cuentas de tu casa y tu madre se gasta lo que queda o lo que no logras esconder en esto—agitó la botella y la puso en una bolsa de papel.
Suspiré, le pagué y me fije que llevaba ropa nueva.
León era más bajo que yo, de cabello negro profundo y ojos cafés, tenía algunas cicatrices pequeñas en su cara debido a sus peleas callejeras, estaba un poco pasado de peso pero él decía que jamás haría deporte. Era un genio en eso de la computación, pero trabajaba en la tienda de su padre debido a que este estaba enfermo, él y su madre lo cuidaban. Nos habíamos conocido en la escuela, y desde ese día éramos los mejores amigos.
—Tú también podrías irte—le dije, él se encogió de hombros.
—Nunca dejaría a mi padre solo—sonreí, era la persona más amable que conocía, dejando de lado su carácter explosivo.
—Bien, es mejor que me vaya—le dije y él negó con su cabeza, tomé la bolsa y salí del lugar, antes de llegar a fuera él me grito.
—¿Cuándo vas a salir conmigo Maya?—me reí suavemente. Solo él me llamaba así, decía que me parecía a un dibujo animado.
Regresé a mi casa, mire alrededor y vi a mi madre acostada en el sofá, durmiendo. Cansada fui por una manta y la cubrí, deje la botella a su lado. Una parte de mi deseaba tirarla pero eso solo causaría una discusión cuando regresara del trabajo. Antes yo también le gritaba, ahora solo me quedaba callada dejando que se desahogara.
Un segundo después fui a mi habitación y tomé mi mochila, me iría temprano al trabajo.
Era camarera en el único club del lugar, el trabajo era un asco pero pagaban más que otros, lo suficiente como para no deberle a nadie. Mi madre no lo sabía, incluso me alcanzaba para guardar en una cuenta de ahorros.
Mi sueño era ser doctora como mi padre, no me importaba nada más que eso y estaba juntando dinero para ello, ya tenía suficiente para pagar dos años de carrera, pero aun debía trabajar más, necesitaba el suficiente dinero para, además de pagar la universidad, costear los materiales.
Salí de mi casa y caminé hasta la parada de taxis, me subí a uno pero no pude cerrar la puerta, alguien me empujo hacia un lado.
—Ponte en marcha—dijo una mujer y me moleste.
—Este es mi taxi, espera el tuyo.
—No te importara compartirlo un poco—dijo ella mientras el taxista conducía.
—¿A dónde?—pregunto él.
—A la 64 con San Francisco—le dije antes de que ella volviera a hablar, el hombre asintió. Luego de eso mire a la mujer, y cuando esta giró su rostro en mi dirección, solté aire con fuerza.
La chica era idéntica a mí, de cabello castaño claro, piel blanca, aunque la suya tenía varios cortes y moretones. Calculé que tenía mi misma altura, y como yo, tenía el cuerpo delgado. Por el vestido que traía se podía decir que ella hacía más ejercicio que yo, algunos músculos se le marcaban con cierta elegancia.
La mire de nuevo a la cara y me relaje al ver que a diferencias de los suyos mis ojos eran castaños, los de ella azules.
—¿Quién eres tú?—le pregunte, ella me tomó de mi brazo haciéndome daño—hey—le dije.
—Me gustaría saber qué clase de juego es este—murmuró molesta, su voz era más profunda, y hablaba sin acento, neutral— siempre me sorprende—apretó con más fuerza.
¿Qué? Pensé.
—Suéltame—dije, la empujé y ella se quejó, me congelé. Ni siquiera la había empujado tan fuerte.
La observé mejor y noté que había una mancha oscura que cubría todo el costado izquierdo de su vestido, olí el aire y supe que no era una mancha cualquiera, sangre. No fui la única en notarlo, el taxista se detuvo y la miró.
—Bájense de mi auto, no quiero problemas— gritó molesto.
—Cállate—le dijo la chica, sacó un arma y le apuntó, retrocedí lo más que pude hasta pegarme a la puerta del vehículo—conduce en silencio hasta la dirección que te dio ella— el tipo asintió y se puso de nuevo en marcha.
—¿Qué quieres?—dije despacio y ella me miró.
—Solo cállate—dijo y me examinó de pies a cabeza— ¿cómo te llamas?
—Maya—solté sin pensarlo, ella sonrió.
—Chica lista, yo soy Sofía—dudaba que ese fuera su nombre, ella se recostó en la silla sin dejar  de apuntar al taxista.
—Él está conduciendo, puedes guardar eso—ella me miró y arrugó la frente.
—Podría matarte—dijo— te pedí que guardaras silencio.
—No  me pediste—murmuré—me ordenaste, y que lleves un arma no te da derecho a ordenarle nada a nadie— rio un poco antes de quejarse.
—No te preocupes, no estoy de humor para matar a nadie— eso no me relajo— no voy a asesinar a alguien el día de mi muerte—la mire abriendo los ojos sorprendida—sí, voy a morir—apunto su herida.
—Deberías ir al hospital—le dije, ella se encogió de hombros.
—He visto demasiado para desear seguir viviendo—murmuró y cerró los ojos, aunque sin dejar de apuntar, me sentí triste por ella.
—Pero alguien podría ayudarte— me miró sorprendida.
—¿Tú lo harías?—preguntó, asentí—vaya, me sorprendes— me miró largo rato—tienes un teléfono celular—asentí dudando—dámelo.
—¿Qué?—miré mi mochila.
—Te lo devolveré—dijo, aunque no le creí saque el teléfono y se lo di, este era uno de los más viejos, no podía permitirme más, ella alzo una ceja.
—Ya llegamos—dijo el hombre con voz baja, lo mire.
—Te lo regresare— dijo ella al ver que observaba mi celular, me apuntó a la cabeza con el arma y mi corazón se detuvo, miró hacia la calle—sal.
Temblando baje del auto y cerré la puerta. La vi llamar a alguien mientras el auto se puso en movimiento, este doblo una esquina y lo perdí de vista.
Aun temblando entre corriendo al bar, llegue al baño, entre a un cubículo y vomite. Cuando acabe alguien golpeo la puerta.
—¿Estas bien?—me preguntaron, era Maggi, otra camarera.
—Sí—le grite— no es nada— ella dijo que me apresurara—no es nada—me susurré.
Salí del lugar y me dirigí al camerino para cambiarme. El uniforme solo consistía en una mini falda de color  azul metálico y una blusa apretada negra, por suerte podía llevar zapatillas de lona negras, no soportaría llevar zapatos de tacón.
Me amarre el cabello y antes de salir me observe largos segundos en el espejo. Estaba levemente pálida, negando un poco me aleje y camine hacia la pista de baile. La música me golpeo como siempre, rodeé el lugar y llegue a la barra, Toni, mi jefe, estaba ahí, me miró y volteo los ojos.
—Te ves como si hubieras visto al diablo—bastante cerca, pensé. Me encogí de hombro y me aleje de él.
El hombre era una molestia, lo único bueno era que no molestaba a las chicas del lugar y si alguien se ponía gracioso, lo sacaba enseguida.
Pasaba que algunas chicas  salían con tipos, eso era problema de ellas. Algunos hombres me hacían ofertas, uno me sorprendió con el dinero que me ofreció por una noche, con eso hubiera pagado un año completo de mi sueño, pero por la sorpresa me negué. Me hubiera arrepentido por el resto de  mis días.
Me puse a trabajar enseguida, atendí mesas, evite a algunos clientes, me negué a beber con otros y después de 7 horas de lo mismo, cerraron.
Me senté en una mesa y cerré los ojos, la música seso, alguien se sentó a mi lado pero solo lo ignore.
—Quiero un whisky—dijo una voz baja, profunda y varonil, me levante asustada y lo mire.
El hombre sentado a mi lado era hermoso, no había otra palabra. El color de sus ojos era de un profundo verde, su cabello rubio, y una minúscula cicatriz adornaba una de sus cejas. Él vestía de negro, con una chaqueta de cuero y pantalones de tela, zapatos del mismo color. Tenía un brazo en la mesa de forma relajada. Cuando otra vez observé su rostro el peligro en sus ojos me dejó sin aliento pero, lo más extraño no fue él, sino que todo a su alrededor desapareció, no oí ni vi nada más que él por un segundo, mas que esas ojos que me examinaban con una perturbadora intensidad.
—Está cerrado—dije luego de recuperarme, él me mostro una sonrisa blanca y sexy.
—Eso no importa—movió su mano apuntando hacia la barra— aun lo quiero.
Miré alrededor buscando a Toni. Él nos observaba mientras limpiaba los vasos, el tipo a mi lado lo saludo con la mano y mi jefe le respondió el gesto de igual manera, luego lo vi poner un vaso con el licor sobre la barra.
Camine hasta ella y tomé el vaso, Toni no me dijo nada, solo me miró de forma extraña. Camine de regreso y me di cuenta que el tipo no estaba solo, otro hombre lo acompañaba, era igual de guapo que él, solo que de cabello negro, creo que en un poco más bajo y mas musculoso, sus ojos eran cafés. Me miró y como el otro sonrió.
—Tienes razón—le dijo y su voz sonó rasposa, quizá por cigarrillos imaginé.
—Aquí esta—le dije.
—¿Qué haremos?—le pregunto extraño uno al dos sin siquiera agradecer, voltee mis ojos y comencé a caminar de regreso a la barra, no alcance a dar ni un paso antes de que me detuvieran.
—Yo quiero un martini—dijo extraño número dos, me voltee y lo mire, sonreía. Tomé aire para calmarme, fui al bar y ahí estaba la copa.
—Nada más—le dije a Toni—me largo después de esto.
—No a menos que yo lo diga— me envaré molesta.
—Mi turno termino hace—mire mi reloj— 20 minutos, y tu no pagas horas extra.
—No hasta que ellos se vayan—al ver que no me movía agrego—a menos que quieras perder tu trabajo.
Maldito hijo de p…pensé.
—Solo ellos, nadie más— me rendí y lleve la copa al hombre, la puse en la mesa— ¿algo mas?— les pregunte, me ignoraron mientras bebían.
—Será un problema—murmuró extraño número dos.
—No lo sé—dijo extraño número uno, me miró— otro—me tendió el vaso.
Lo tomé molesta y fui por otro trago.
—No tiene el carácter— le oí decir, aunque sentía que me miraban los ignore lo mejor que pude, regresé a la mesa con su vaso y ya cansada comencé a alejarme de ellos.
—Te tenemos un trabajo—me dijo extraño número uno, me gire y alce una ceja.
—Lo lamento—les dije— pero no soy de esas, pregúntele a otra, quizás alguna de ellas quiera—me encogí de hombros y me aleje de ellos, cuando llegue cerca de Toni los oí reír.
—Me voy—le dije a mi jefe.
—Aun están aquí—me dijo limpiando una copa.
—No me interesa—murmuré—me voy, estoy cansada, y esos hombre—los mire, hablaban y me miraban—son raros.
—Raros—repitió él.
—Sí, no me dan buena espina—suspiré—me voy.
Me aleje de él mientras lo escuchaba refunfuñar que era una mala agradecida y que debería despedirme. Yo sabía que no lo haría, llevaba 3 años trabajando en ese lugar y siempre me amenazaba con lo mismo. Sonreí, me cambie de ropa y salí del lugar.
Eran más de las 7 de la mañana, estaba tan cansada que me senté en una piedra al lado del paradero de taxis, esperé.
—No quería hacer esto—dijeron y me estremecí al reconocer la voz del extraño número uno, lo miré. Llevaba lentes oscuros. Al frente de mi estaba apareció numero dos y una camioneta negra con cristales polarizados.
—Que…—comencé a preguntar pero me callaron poniéndome algo en la boca. Ambos me afirmaron, golpee a uno en la pierna con una patada y se quejo, lo intente de nuevo pero me golpearon en la cabeza.
Caí inconsciente sintiendo que todo esto era extrañamente ridículo.


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Capitulo 2, Prisión.

Mensaje por debora86 el Jue 11 Jul 2013 - 22:11

Capitulo 2
Prisión


Desperté sin saber dónde estaba, completamente desorientada en cuanto a tiempo y lugar. Me dolía la cabeza como si hubiera estado bebiendo y me encontraba levemente mareada. Intente moverme pero descubrí que tenía las manos atadas y que todo a mi alrededor estaba oscuro, ahí note que tenía un capucha puesta sobre mi cabeza.
Intente gritar pero tenía algo pegado en la boca. Comencé a asustarme, las manos me sudaban, y mi respiración se hizo dificultosa. Me moví inquieta cuando comprendí en la posición en la que estaba, había sido secuestrada por dos hombres y estaba amarrada a una silla. Comencé a tener pánico enseguida y me costó respirar correctamente, las esposas sonaron contra la silla cuando comencé a revolverme. Dios mío, pensé moviéndome inquieta, por favor que esto no sea real, por favor no permitas…alguien me quitó la capucha cegándome.
—Esta azul—gritaron y me quitaron de un tirón la cinta de mi boca, me queje de dolor, cerré los ojos y tosí. Ho, Gracias, casi susurre pero mi garganta adolorida no permitió salir ningún sonido de mis labios.
—¿Estas bien?—me preguntó un hombre preocupado, abrí los ojos suavemente y me encontré de frente con extraño numero uno.
—Aaahg—le grite molesta, él se alejó de mi sorprendido.
—Y tú preocupándote de ella—dijeron y vi aparecer a extraño número dos.
—¿Qué es esto?—les dije—suéltenme enseguida.
Se miraron entre si un segundo y luego a mi.
—No vamos a hacer lo que tú quieras—me dijo extraño número dos.
—¿Por qué me están haciendo esto?—me quejé—porque no quise unirme a sus perversiones.
¿Por qué tenía que pasarme esto justo a mi? Me pregunte internamente.
—Perversiones—dijo extraño número uno arrugando la frente.
—Sí—dije molesta.
—Cuando te ofrecimos un trabajo no nos referíamos a ese tipo de trabajo.
—¿A no?—ambos negaron enseguida— vaya, he oído de todo en ese lugar que me pareció que ustedes deseaban…—me calle al ver que sonreían—bien suéltenme—demande, esto ya era demasiado incompresible.
—Señorita, usted esta arrestada por tráfico de drogas y el asesinato de Marcus Alebran—dijo extraño número uno, lo mire sorprendida y  observé a mi alrededor.
Estaba en lo que parecía una celda, que solo poseía una puerta y un espejo.
—Sin contar los crímenes que ha hecho su madre.
—Mi madre—repetí.
—Sé— él tomó un papel y leyó— robo a mano armada, amenaza de muerte, pelear en la vía pública, maltrato físico a la autoridad, etc., etc., etc. Esta en serio problemas.
—Mentira—les dije—acaso esto es una broma.
—A usted le parece una broma—me dijo él sacando una silla de detrás y sentándose a mi lado.
—Se equivocan, yo no he hecho nada de lo que me acusan— no estaba segura por mi madre— tampoco mi madre.
—Su madre es una alcohólica, señorita— lo mire molesta  y herida, era cierto pero eso no le daba el derecho a hablar así de ella.
—Esto es mentira, ustedes son unos embusteros, suéltenme—me retorcí en la silla.
—Basta—gruño el tipo a mi lado, me congele y lo mire— no es un juego, está en serios problemas, la hemos seguido por meses, tenemos fotografías suyas— me mostraron fotos de mí, bien, no de mi sino de esa chica parecida a mi vestida de cuero y bebiendo algo con alguien.
—Esa no soy yo— jadee sorprendida y lo mire rogando que me creyeran— no es…
—No me va a decir que es su hermana gemela la de la foto.
—No yo…—mire al extraño numero uno— no soy yo— él negó suavemente.
Pusieron la mesa delante de mí y el otro tipo se sentó a mi lado en otra silla, dejaron todas las fotografías de la supuesta yo sobre la mesa, mostrándome todo lo que ella había estado haciendo. Bebiendo, con un arma, hablando con alguien, subiendo a un auto, con una bolsa en la mano, y más, pero no podía ser posible, no era yo, esto era un error.
—No soy yo—susurre.
Ambos negaron.
—No es la primera que nos cuenta esa historia— me dijeron, los mire muy cansada.
—¿Quiénes son ustedes?— ambos se miraron, extraño numero dos hablo.
—Somos de FBI, mi nombre es Jonathan y él es Daniel.
—FBI— repetí— esto es un error, por favor, no soy yo.
—Basta— dijo Jonathan— no crea que podrá engañarnos Sofía, la hemos seguido por suficiente tiempo para saber de lo que es capaz, y estos crímenes que ha hecho no son ni el 1% de todo lo que ha realizado, más le vale cooperar.
—Cooperar—mi cerebro no funcionaba correctamente, me sentía cada vez mas cansada.
—Si, cooperar—él me miro.
—Yo…
—Es bastante fácil — dijo Jonathan — necesitamos información… —comencé a negar antes de que terminara, yo no podía darles ningún tipo de información.
—Es que no entienden, esa chica—apunte con mi cabeza las fotografías—no soy yo—ambos tipos suspiraron.
—Suficiente—dijo Jonathan y se puso de pie, lo mire pero él observó hacia otro lado— llévenla a una celda.
—Que…—comencé a decir, me quitaron las esposas, intente moverme pero estaba muy cansada.
Me arrastraron por pasillos y escaleras, bajamos no sé cuantos pisos, al llegar al final me llevaron a unas celdas, habían otras personas ahí, solo que ellos lucían como verdaderos asesinos, con solo mirarlos sabía que tenía que mantenerme lejos de ellos.
Me arrojaron a una celda, intente no caer y lo logre.
—Estarás aquí hasta tu juicio o hasta que decidas cooperar—dijo Jonathan, mire a Daniel pero él miraba hacia otro lado.
—No pueden…—comencé pero Jonathan negó— tengo derecho a una llamada, a un abogado—dije lo primero que se me vino a la mente, él sonrió.
—Tonterías, estarás aquí hasta que yo lo quiera— se fueron  como si nada dejándome allí. Me senté contra la pared e intente acallar los gritos de los demás presos.
—Qué hiciste dulzura…
—Por qué no vienes conmigo…
—Estarás aquí mucho, mucho tiempo….
Cerré los ojos y apoye mi frente sobre mis rodillas. ¿Qué hice yo para merecer esto? Murmure mientras una lágrima caía por mi mejilla.


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Capitulo 3, Rendirse Nunca...

Mensaje por debora86 el Vie 12 Jul 2013 - 18:18

Capitulo 3
Rendirse nunca…


Ya no podía mas, no sabía cuánto tiempo llevaba entre esas paredes frías. Me perecían que llevaba años observando las mismas rejas, escuchando las mismas voces, oyendo las mismas preguntas y dando las mismas respuestas.
¿Quién es tal persona? ¿Quiénes son tus contactos? ¿Dónde  reúnen? Etcétera, etcétera, etcétera.
Estaba más delgada, la ropa que llevaba apenas me quedaba aunque no era la mía. Suspiré al recordar que en algún momento de mi vida había querido bajar de peso, ahora esto era una exageración.
Como siempre alguien apareció delante mío pero ni  siquiera lo mire, si estaban allí solo era por dos razones: para dejarme salir a caminar o para mis necesidades básicas.
—Sal—dijo una voz que reconociera en cualquier parte, Daniel. Lo mire.
Hacia semanas que no lo veía pero, podía recordar claramente en sus interrogatorios. Intentando obtener información que no poseía, conocía sus rostro, su forma de hablar, de pararse para parecer intimidante. Si no lo hubiera visto por mi misma y si no hubiera sentido el miedo que él puede provocar simplemente con una mirada, jamás habría creído que alguien podía ser así.
—¿Qué?—pregunte sorprendida.
—Puedes irte—dijo dando una paso hacia atrás. No me moví, ¿acaso esto era producto de mi imaginación?
Como él seguía sin moverse me puse de pie lentamente y me acerque a la reja, dude un segundo.
—Acaso quieres quedarte aquí—dijo, no habia ninguna emoción en su mirada.
—No—susurré y salí.
La sensación de libertad me embargo de tal manera que hubiera llorado ahí mismo, pero ahora ya no tenía lagrimas, nada. Lo mire un segundo antes de que comenzara a caminar, lo seguí lo mejor que pude pero la poca movilidad que había tenido causo que en vez de caminar como él, con energía y firmeza, prácticamente me arrastrar afirmada a la pared.
Subí las escaleras apoyándome en el pasamano, mis músculos se quejaron y quemaron. Daniel ni siquiera se volteo a mirarme.
Llegamos a un pasillo y me llevo hasta una puerta, la atravesó como si nada y la mantuvo abierta para mí. Quede ciega a apenas atravesé la puerta, la repentina y brillante luz quemo mis ojos enseguida. Me detuve y lleve mis manos a mi ojos por la sorpresa.
Cuando por fin logre ver a mi alrededor abrí mi boca por la impresión. Estábamos en la parte trasera de un edificio, al ver algunos automóviles deduje que era un aparcamiento. Me gire lentamente para observar a Daniel.
—Vete—me dijo y arrugue mi frente.
No me moví.
En verdad el acababa de decirme solo eso. Vete.
—Así como así—le dije molesta—vete, ¿qué crees que soy? un perro— él me miro sin sentimientos o culpabilidad, no había nada en sus ojos verdes—claro, probablemente eso crees que soy, vete—repetí, di dos pasos lejos de él pero me detuve y gire para mirarlo, aún estaba afirmando la puerta— han arruinado mi vida y lo que único que dices es vete—me sentí llena de energía, regresé con él y lo abofetee con todas mis fuerzas.
La rabia dentro de mí se sentía tan grande, me deba poder. Él mantuvo su rostro hacia un lado y note la marca roja, igual que mis dedos, aparecer su mejilla. No me importo
¬—Jamás en mi vida he odiado a alguien—me acerque a él hasta que casi lo tocaba, le susurre— ni siguiera  a mi madre —apreté mis puños—alégrate de saber que tú como tu amigo han despertado ese sentimiento en mi— me aleje de él y antes de llegar a la esquina le grite, me miraba— hazle un favor al mundo quieres, muérete.
Camine molesta por varias calles, ni siquiera sabía dónde estaba y no tenía dinero para pagar un taxista. No tenía absolutamente nada, ni siquiera la ropa que usaba me pertenecía. Al ver un parque cerca me acerque y me senté en una banca. Observé a la gente pasear, a los perros y los niños correr, a la gente a mi alrededor reír. Por Dios, pensé, como es posible que el mundo sigua como si nada, he pasado por mi propio infierno y a nadie le importa.
Cerré mis ojos y me apoye en la banca con la cara al sol, intente ordenar mis pensamientos y solo cuando ya no me sentía tan cansada, continúe mi caminata. Luego de ubicarme tome la dirección correcta a mi casa.
Me tomó bastante tiempo llegar pero, cuando estuve justo frente a la puerta de mi casa tome aire e intente atravesar la puerta. Solo que esta no se movió.
—Que—murmuré e intente hacer girar la perilla, empuje al mismo tiempo pero solo termine chocando con la puerta, esta no se movió ni un centímetro. Molesta mire alrededor, no había nadie— hey, mamá—llamé, nadie respondió.
—Maya—dijeron de repente y me gire para mirar a León de pie a dos metros de mi. Abrí mi boca pero no pude decirle nada, se veía tan delgado.
Corrí hacia él y lo abrace, sorprendido me abrazo de regreso y le agradecí en silencio el gesto. Como había extrañado el contacto con otros. Luego de un momento me alejo suavemente.
—Pero ¿cómo es que estas aquí?—dijo mirándome de pies a cabeza— ¿qué te paso? te ves tan…
—Yo…—comencé pero mire mi casa— ¿dónde esta mi madre?—le pregunte, él miro hacia otro lado—León—pedí.
Hizo una mueca antes de responder.
—Se fue—negué antes las palabras, no podía ser.
—Repítelo—dije.
—Se fue—repitió mirándome con pena, como me sentí mareada me senté en la cuneta, todo daba vueltas a mi alrededor—lo siento—dijo él y se sentó a mi lado— luego de que te fueras se volvió como loca—lo mire— tuvo muchos problemas hasta que un día desapareció.
—De que me fuera, desapareció— repetí confundida, negué— a lo mejor le paso algo—él negó.
—La vi llevarse sus cosas en un auto.
—No—dije y me tape la cara con mis manos, aunque no lo creía lagrimas cayeron por mi rostro— ¿por qué me hizo esto?
—Decía que tú la abandonaste—me queje con tristeza— yo sabía que no era cierto, pero no regresaste, fue tanto tiempo—lo mire.
—Yo… ¿cuánto tiempo?—le pregunte con miedo.
—4  meses—dijo, arrugue mi frente. Bien, no era tanto, para mi había sido como años, o décadas o siglos, demasiado—pero qué paso, dime—me tomó del brazo y lo mire. ¿Debía decirle? ¿Qué pasaría si lo hacía?, lo buscarían a él, no, grito mi mente, no podía hacerle eso.
—Yo…no importa—dije al fin, mire mi casa— ¿por qué está cerrado?
—Ella vendió la casa—ho Dios mío.
—No—me puse de pie molesta, debía admitir que este sentimiento me estaba acompañando más que mi sombra— ¿qué hare ahora?—se paró a mi lado.
—Cálmate, puedes quedarte en mi casa hasta que encuentres un lugar—lo mire agradecida.
—¿No le molestara a tu padre?—pregunte, la tristeza asomo por su rostro— ho Dios…—comencé y el asintió.
—Murió hace 1 mes—susurro.
Me aleje molesta, con todos, odiando al mundo por su injusticia, acaso la había emprendido conmigo, con los que quería, porque me hacia esto, que hice mal.
—Vamos—murmuro él y lo seguí sin antes darle una mirada a la que fue mi casa.

León me presto un cuarto y regresé a mi trabajo ese mismo día, pero claro, ya no lo tenía, Toni ni siquiera me recibió. Ya habían pasado dos días de mi liberación y estaba peor que antes, sin casa, dinero, trabajo, nada. Ahora me encontraba sentada en el suelo, a los pies de la cama con mi cabeza entre mis piernas, pensando en mi propia miseria hasta que abrieron la puerta. No me moví.
—Vas a quedarte aquí hasta que el infierno se congele—me dijo León desde la puerta, lo mire.
—No—murmure, no podía. Me puse de pie y tomé una chaqueta—veré si encuentro trabajo—le dije y también iría al banco tenía ahorrada dinero, y aunque me dolía debía utilizarlo, el asintió y me dejo pasar.
Camine por las calles hasta llegar a un banco, llegue al cajero automático, ingrese mi código y espere, nada, qué. Otra vez lo hice y nada. Mire el teléfono de consulta y llegue a él, llamé.
—Buenas tarde—me dijeron.
—Necesito consultar por una cuenta corriente—esperé.
—Por favor dígame su nombre, identificación y número de la cuenta—se la dije y ella me hizo esperar— la cuenta por la que consulta fue cerrada hace tres meses.
—Qué—grite al teléfono—quien hizo esto, yo no…
—Señorita, según el informe que poseemos la dueña de la cuenta la cerro sin antes sacar todos los fondos—me callé, estaba aturdida, ella interpreto mi silencio como que no deseaba hacer más preguntas—gracias por llamar—colgó.
Estuve largo rato con el teléfono en la mano, sentía a la gente entrar y salir del lugar, cuando me di cuenta de que no podía seguir allí, salí del lugar huyendo.
Camine sin rumbo, tan cansada, agotada de todos, de todas las cosas.
Doble en una calle de mala muerte y sonreí un poco. Antes jamás me hubiera metido en un lugar así, ahora, me encogí de hombros, no me importaba en lo más mínimo. Las calles eran un asco, estaban llenas de basura y olían a podrido. Camine por los callejones ignorando a todo el que pasaba cerca de mí, uno que otro tipo me miro un segundo pero al ver mi mirada decidían dejarme en paz, doble en una esquina y lo vi.
Él, uno de mis demonios en persona, a quien le desee la muerte, salió dando un traspié de una puerta. Daniel resbalo un poco y alcanzo a apoyarse en la pared. Me oculte detrás de un basurero y  lo observe.
El tipo le sonrió a alguien por un segundo pero su cara cambio al ver algo, la sorpresa sustituyo la sonrisa. Llevo su mano a su chaqueta y antes de llegar a ella le dispararon. No pude cerrar los ojos, me congele en mi sitio y grave en mi mente cada cuadro, todo lo sucedido.
La bala choco en su pecho mandándolo hacia atrás, chocó contra la pared, miro su herida un segundo y luego a su verdugo. Algo quiso decir pero no fue capaz y resbalo hasta sentarse en el suelo. La luz que salía de la puerta me mostro cada expresión en su rosto, desde la sorpresa hasta la aceptación, y me sorprendió ver eso. Aunque estaba lejos de él vi que algo de paz llegaba a sus ojos, como si lo que le pasara fuera mejor.
—No todos llegan tan lejos como tu—le dijeron, una voz aguda, de mujer.
Cerraron la puerta y lo dejaron allí, en el suelo, desangrándose como si nada. Él tosió algunas veces pero no intento moverse, solo se quedó allí.
Lo sentí tan desvalido, frágil, que me golpee mentalmente por sentir compasión por uno de mis demonios. Lo seguí mirando, largo rato si saber qué hacer. Podía irme y dejarlo, no tendría por qué sentirme culpable, él se lo merecía, fui yo quien le dijo que se muriera.
Él miro el cielo como si esperara algo, una luz paso a lo lejos y me mostro sus ojos, la extraña expresión que mantenía en un momento así. Y fueron sus ojos, lo que su rostro me decía, los que me hicieron tomar una decisión.
Nadie merecía morir así, pensé un segundo, en la calle, como un perro, por lo menos lo llevaría donde alguien pudiera ayudarle.
Camine despacio hacia él, me miro enseguida y sonrió. Qué, pensé y me detuve confundida. ¿Por qué sonreía? ¿Por qué a mí? Sus ojos estaban perdiendo su brillo pero aún si mantenían su fuerza.
—Mmm—dijo antes de toser—vienes a asegurarte de que se cumpla tu deseo—volvió a toser y esta vez sangre salió de su boca, me agache delante de él y lo mire a los ojos.
—Te llevare a un hospital—levante mis manos para ayudarle a pararse.
—No—se quejó deteniéndome— ningún hospital—me miro riéndose un poco—déjame morir—tosió.
—Que les pasa a ustedes y la muerte—murmure, él intento arrugar su frente al oírme y no pudo. Bien, si no quería ir a un hospital lo llevaría a su casa, por lo menos moriría en un lugar conocido.
Me acerque y metí mis manos en sus bolsillos, con dificultad claro, él ni siquiera se levanto un poco, pesaba como 100 kilos, y logre sacar su billetera.
—Ángel mío—susurró—me vas a robar—lo mire y voltee mis ojos, ángel. Probablemente estaba en las últimas de su vida y alucinaba.
Abrí la billetera y en su carnet de conducir vi una dirección, tomé otro papel y había otra, y en su pasaporte que estaba también ahí tenía otra.
—Pero que…—le dije— ¿Cuántas direcciones tienes?— él sonrió y una gota de sangre cayó por su boca.
—Las necesarias—susurró.
—Bien—dude—dime cual es la real—esperé.
—Y que ganare con eso— tosió y sangro, suspire.
—No morir—dije, él siguió sonriendo.
—Eso es algo que pasara de todos modos—me miro a los ojos y luego de pies a cabeza—un beso por mi dirección—me congele, en serio este tipo estaba loco.
—Debería irme y dejarte aquí—le dije, él cerro los ojos.
—No—pidió—no me dejes aquí llévame contigo, mi ángel de la muerte—sonreí aunque no quise ante sus desvaríos. Mmm, vaya. En serio deseaba morir, debería permitir que cumpliera su deseo. Apenas pensé en seso me arrepentí.
—Bien—suspiré— un beso por tu dirección— él abrió los ojos y sonrió de forma picara, mi corazón salto un latido.
—Ven entonces—me pidió, lo mire y me acerque, pero lo hice apoyando una mano en el piso y la otra en la pared al lado de su cabeza. Me acerque a él y lo mire a los ojos antes de tocar sus labios, me aleje un poco al sentir su suavidad, pero regrese en seguida y apoye mi boca en la suya.
—Mmm — gimió él y sonreí, sentí su lengua chocar con mis labios y aunque la duda me embargo, fue por tan poco que la curiosidad le ganó y le permití invadir mi boca.
Varias cosas sentí, su lengua chocar con la mía, su empuje, su sabor, aunque lo disfrute unos pocos segundos el sabor de su sangre me conecto con la realidad, dándole un último empuje a su lengua con la mía me aleje de él, él se quejó pero no me detuvo, o no fue capaz. Lo mire y sus ojos habían recuperado un cierto brillo, me miro un segundo antes de susurrarme una dirección. Arrugue mi frente. No era ninguna de las que tenía en su billetera. Me acerque y cerré su chaqueta negra de cuero ocultando su herida, limpie su rostro, ahora solo se veía como si hubiera bebido más de la cuenta.
—Bien—le dije, lo tome del brazo y aunque se quejo con dificultad lo puse de pie— vamos— dije, llegué a la esquina bajo su peso. Un taxi paso cerca, lo llamé y se detuvo a unos metros de mi, maldije y llegue a él, le ayude a entrar y me senté a su lado, él se quejo, lo mire y tenía los ojos cerrados.
—Que no vomite—me dijo el conductor, lo ignore.
Le di la dirección y se puso en marcha en seguida. Volví toda mi atención hacia Daniel, se veía peor que antes, más pálido y demacrado.
—En serio, si vomita tendrán que pagármelo—lo mire molesta, él aparto su mirada.
—Entonces es mejor que se apresure—le dije—no queremos que su precioso auto se ensucie.
Él me miro con fastidio pero condujo más deprisa, escuche a Daniel reírse.
—Mi ángel tiene carácter—canturreo un poco y otra vez encontré que no pude evitar sonreír.
Nos tomó cerca de 20 minutos llegar al lugar, no podía dejar de mirar el edificio, era lujoso, probablemente de 50 pisos o más, quien sabe. Mire a Daniel y me baje del auto, lo ayude a bajar pero por suerte el conserje corrió a ayudarme. Lo mire agradecida y  le page al taxista que me miraba con cara de odio.
El hombre tomó a Daniel y entro en el edificio.
—Otra vez el señor se extralimito—me dijo el conserje, lo mire y sonreí dudosa.
—Siempre pasa esto—pregunte mientras llegábamos al ascensor.
—Debes en cuando—me dijo, me miro de pies a cabeza—usted no se ve como las otras.
—Otras—repetí y él se encogió de hombros. Qué demonios pasaba aquí, que gustos tenían este hombre, suspire y vi al tipo marcar el último piso pero el ascensor no se movió.
—La tarjeta—me dijo el conserje, di un brinco y saque de mi bolsillo su billetera, encontré dentro una tarjeta que parecía de banco pero solo tenía un número. La ingrese en una ranura del lugar, el ascensor se puso en movimiento en seguida. No tardamos mucho en llegar a arriba, las puertas se abrieron y abrí mi boca sorprendida, como escuche reírse al conserje, cerré mi boca y le ayude a sentarse.
El conserje me miro esperando, me pregunte si acaso quería propina.
—Necesita algo mas—me pregunto, negué y seguí mirándolo, él se encogió de hombros y se fue, dejándome sola con él ahí, en ese departamento lujoso.
—Hoooouu—se quejo él y me acerque, le abrí la chaqueta. La sangre estaba en toda su camisa negra, bien a trabajar.
—Baño—dije e inspeccione el lugar, lo encontré, regrese por él y lo lleve.
Luego de sentarlo en el suelo, ya que probablemente si lo sentaba en otro lado terminaría cayéndose, le quite la chaqueta de cuero. Luego la camisa y me sorprendió su piel morena, claro cubierta de sangre, tome una toalla y lo limpie completamente, apoye otra sobre la herida y él se encogió de dolor.
—Necesito quitar la bala—susurre, él apunto algo detrás de mí, me acerque a un mueble y me sorprendió ver una caja llena de instrumentos médicos. Temple suavemente. Bien, esto será como una práctica para el futuro, me dije dándome valor, regrese donde él.
—Dios ayúdame— pedí y él abrió los ojos, me miro, ya no había brillo en ellos estaban tan vacío, de cierta manera pálidos.
Procedí a quitarle la bala, primero la busque con unas pinzas, luego le saqué y deje sobre la tapa del baño. Como templaba tomé aire para calmarme. Observé a Daniel unos segundos, él no se había quejado en ningún momento, solo mantenía sus ojos cerrados.
Limpie la herida otra vez y la cerré haciendo unos puntos, no sabía si se hacía esto o no, por ultimo puse una venda sobre la herida, al acabar me senté frente a él, sudaba y temblaba levemente.
Luego de descansar un minuto lo levanté de nuevo y lo lleve a su cama, lo acosté de espaldas y observe su cuerpo largo y firme por largos segundos. Al llegar su pecho, note varias heridas, cicatrices y cortes diversos. Suspiré y regresé al baño para limpiar todo, eche a la basura las toallas y guarde todos sus instrumentos luego de limpiarlos. Regrese con él y note que dormía.
—¿Qué debo hacer?—murmure mientras lo examinaba.
Bien, no nada mejor que hacer que quedarme allí y asegurarme de que se recuperara pero, ya lo había ayudado suficiente, no merecía mi ayuda, solo que no podía abandonarlo, pero no tengo por qué cuidarlo, y si muere por alguna infección, y si no. ¿Qué más da? me dijo algo dentro de mí. No puedes dejarlo solo, dijo la otra y las calle.
Seguí observándolo dormir por largos minutos.
Él no merecía mi ayuda, no había nada que me atara a él y lo que le sucediera. Me queje. A quien quería engañar, si no hubiera querido ayudarle solamente debía haberlo dejado solo en ese callejón.
—Solo  hasta que sea capaz de comer solo—murmure y eso sería dentro de un día.

Llevaba tres días con Daniel, él estaba en su cama, dormido profundamente. Hacía poco que había pasado una de sus etapas febriles, la herida se había infectado, y no sabía si era mi culpa o no. Suspire y me sentí culpable. Debí llevarlo a un hospital, pensé.
Me senté en la silla que había puesto al lado de su cama para seguir vigilándolo, yo no había dormido más de un par de horas desde que había llegado a este departamento. Suspire y observe un segundo el plato de sapo a un lado, por suerte él ya comía, claro, a duras penas. Como se movió inquieto me acerque a él.
—Papá—llamó, me senté cerca y pase mi mano por su cabello.
—Shhh—murmuré— calma, todo está bien.
—No quiero ir—susurró girándose en mi dirección, acaricie su rostro intentando calmarlo.
—Entonces no iremos—le dije. Aunque era uno de sus ataques debido a la fiebre, esta había disminuido, había aprendido mucho de él debido a esto. Al parecer creció con su padre, un idiota que lo maltrataba física y emocionalmente, siempre hablaba con alguien rogando que lo dejara. Me sentí mal por él. A veces gritaba y tenía que calmarlo, dos veces se había abrazado a mí, apretándome con fuerza, lo dejaba hasta que se calmaba y se dormía.
Ahora, otra vez esos recuerdos llegaban a él.
Se estremeció como si soportara algo, suspire y me acosté en la cama, lo atraje hacia mí. Desde cuando necesitara cariño, pensé, un abrazo, compañía. Lo abrace de vuelta, acariciando su cabello con calma. Ya conocía de memoria su fuerza y su olor, incluso la textura de su piel. Como note que hablaba, preste atención, eran cosas sin sentido mayoritariamente, hablo sobre alguien que murió, él decía que por su culpa. Yo debí morir ese día, repetía una y otra vez.
—Nooo—susurré cerca de él, suavemente se calmó. Recordé una canción que mi madre cantaba a mi hermano, así que la cante. Me sentí tonta al principio pero él se calmó completamente, me puse roja como un tomate cuando apoyo su rostro sobre mi pecho, aun así no me moví. Al acabar y como roncaba suavemente, lo moví y me puse de pie.
—Diablos—dije mirándolo.
Él no llevaba la misma ropa que hace unos días, ya se la había cambiado cuatro veces para que la fiebre bajara un poco. Lo había visto desnudo completamente y solo con recordar su cuerpo me sentía incomoda. Mire hacia otro lado borrando su imagen de mi cabeza, suspire y me senté en el sofá de nuevo, me dormí mientras lo vigilaba.

Desperté mucho después, me estire y acomode para volver a dormir, mire hacia la cama. No había nadie, bien, pensé, cerré los ojos y me relaje.
—¿Qué?— nadie. Mire alrededor confundida y me puse de pie.
Una manta cayó al piso, la observe un rato. Como escuche pasos al otro lado de la puerta me tense. Qué haría ahora, había despertado, debía largarme de allí antes de que decidiera encerrarme de nuevo por estar en su casa.
Me moví suavemente hacia la puerta y cuando ya no escuche nada la abrí, mire hacia todos lados, nadie, hora de partir.
Camine lo más rápido que pude al ascensor, lo llame pero nada paso.
—Necesitas la tarjeta—me dijeron de repente y salte por culpa de la impresión. No voltee a ver. Tarjeta pensé, mmm, metí mi mano en uno de mis bolsillos y la tome triunfante antes de meterla en la ranura. Antes de que pudiera volver a llamar siquiera al ascensor, me encontré aplastada contra la pared. Lo peor de esto no fue la acción, lo peor fue que él estaba pegado a mí, apretándome con su cuerpo, manteniéndome prisionera contra la muralla.
—Chica lista—murmuro Daniel en mi oído, logre detener el estremecimiento. Quito la tarjeta del ascensor— esto se quedara conmigo— no se movió.
—Existe algo llamado espacio personal—me queje y él rio— te salve la vida.
No se movió, continuo apretándome como si nada.
—Hubieras muerto si no te ayudo—susurre nerviosa, se alejó de mí y arrugue mi frente al sentirme abandonada, extraño.
Me gire lentamente para verlo caminar hacia su comedor, llevaba otra ropa, aunque negra. Mire el ascensor y busque otra salida, debía de haber una escalera.
—No la encontraras—dijo él sentándose y me miro. Con el cuchillo que tenía en la mano me indico que me sentara delante de él, me pregunte si lo había tomado recién o lo tenía cuando me ataco.
Llegue frente a él, pero antes de sentarme saque un vaso de un mueble y luego jugo del refrigerador, me senté frente a él.
—Sírvete—dijo y le sonreí.
—Déjame ir—siguió comiendo como si nada—como es posible que teniendo fiebre y alucinaciones seas más amable que despierto — él me miró alzando una ceja.
—No te pedí que me ayudaras—negué.
—No, no lo hiciste, todo lo contrario, me pediste que te dejara morir—arrugó su frente.
—Recuerdo perfectamente que me dijiste, muérete—esperé— ¿por qué no me dejaste morir?
—No podía—me encogí de hombros—quizás si yo hubiera estado en tu posición me hubieras dejado morir, pero yo no soy así— bebí jugo, él me observo intensamente.
—Tienes razón, te habría dejado morir—me estremecí—¿eres doctora?— pregunto, voltee mis ojos.
—Según tú y tu amigo soy una narcotraficante peligrosa y asesina—no dije nada más.
—¿Cómo te llamas?—pregunto, sonreí.
—Tú eres el policía, dímelo—arrugo su frente.
—No lo recuerdo—dijo como si nada. Que amable, pensé.
—Maya—le dije, prefería que me llamara así, no con mi nombre real.
—Maya—repitió—como el dibujo animado—asentí. Termino de comer y se levanto para dejar las cosa en el lavaplatos, al moverse vi que hacia una mueca.
—Hay que cambiar la venda—recordé de repente, él me miro.
—Ya que pareces interesada hazlo tu—  no se movió ni un centímetro más tampoco yo. No soy su criada, pensé, pero al ver su expresión me rendí y fui al baño, tomé todo lo que necesitaba y  regresar. Ahora estaba en una silla, sin camisa y mirando por la ventana.
Cambie la venta, la limpie y todo. Daniel solo se movió para levantar sus brazos y permitirme trabajar mejor, no hizo nada más. La herida se veía mucho mejor, sabía que tardaría un tiempo en curarse completamente pero ya estaba bien.
Ahora yo era libre, pensé, me sentí extrañamente triste por eso.
—No nos hemos acostado—me pregunto Daniel de repente, lo mire sorprendida y sabiendo que mi ostro estaba completamente encendido.
—Para nada— aseguré, él arrugo su frente, me atrajo hacia si de un abrazo y me susurro al oído.
—Debemos cambiar eso—me estremecí e intente alejarme.
—No gracias—murmuré mientras lo empujaba, ni siquiera se movió, paso su nariz por mi cuello y respiro sobre mí, cerré los ojos un segundo y recordé al conserje, usted no es como las otras…
—Acaso tienes un serio problema de adicción al sexo—me miro sorprendido.
—Acaso no todos los hombre lo tienen—ha, se burlaba de mi.  
—No que yo sepa—dije y lo empuje de nuevo. Él me soltó.
—Eres lesbiana—me pregunto examinándome, abrí mi boca sorprendida.
—Primero que todo, porque no quiera acostarme contigo no quiere decir que no me gusten los hombres, segundo, eso a ti no te interesa y tercero, sabias que los que siempre pregunta eso son los que salen del closet tiempo después –él se puso a reír —quiero irme—le dije, miro por la ventana.
—Como quieras—dijo, se levantó y fue al ascensor, lo llamo. Antes de irme recordé algo.
—Podrías devolverme mi dinero—esperé.
—Qué, qué dinero—pregunto confundido.
—El que ustedes sacaron de mi cuenta corriente—arrugó su frente.
—Nosotros no hemos sacado dinero de tu cuenta corriente— me miro aun con su frente arrugada.
—Pero alguien saco dinero  de mí…— mi madre, pensé. Pero como supo del dinero, y cómo lo saco. Suspire molesta, como no lo había visto antes—no importa—le dije notando que aun me miraba, me acerque al ascensor.
—Espera—me llamó—quiero pedirte un favor—lo mire.
—Favor—repetí y alce una ceja. Él quería pedirme un favor, en qué clase de mundo había llegado a caer me pregunte.
—Ya se arregló la confusión que tuvimos contigo—confusión, pensé. Me mantuvieron encerrada 4 meses y me dice que solo fue una confusión, lo mire sorprendida—siéntate—me ordeno, suspire y lo seguí a unos de sus sofás, me senté en frente de él.
—¿Qué quieres?— le dije.
—La chica con que te confundimos murió hace 4 meses—abrí mi boca sorprendida— la encontramos no hace mucho en un edificio abandonado— esperé y me miro— el problema es que ella había prometido ayudarnos a obtener información sobre un grupo de terroristas con el cual ella hacia negocios.
— ¿Qué quieres?—repetí y entrecerré mis ojos, deseaba que fuera al grano.
Daniel pasó su mano por su cabello.
—Nadie sabe que está muerta— no me podía estar pidiendo…—quiero que te hagas pasar por ella.
—Qué—me puse de pie en seguida— quieres que me haga pasar por esa chica, yo no sé nada…
—Sé que no conoces ese mundo—se acercó a mi—pero nosotros podemos explicarte las cosas, enseñarte a defenderte, todo.
—Por qué yo…—susurré—acaso no tienes a gente que pueda hacer esto.
—Sí, las hay, pero solo tú podrías ayudarnos en esto—lo mire a los ojos— estos tipos no confían en nadie más, el negocio solo lo harán con ella y si se enteran que está muerta se irán a otro lado a vender sus armas a otro grupo, tenemos que atraparlos ahora, antes de que le hagan daño a alguien—mantuve mi boca abierta, más aun al observar la expresión seria que mantenía.
¿Por qué? ¿Por qué me hacía esto? me pedía algo imposible, que pusiera en peligro mi vida.
—Si lo haces le salvaras la vida a cientos de personas—murmuro más cerca de mí, lo mire.
Vidas, repetí, y que pasaba con la mía, con mi vida. Ya había perdido 4 meses por una confusión.
Como siguió observándome intensamente hice una mueca interna. Qué le pasaba a este hombre conmigo, me pregunte. Suspire luego de unos segundos. Él sabía que no podía negarme  si podía ayudar a otros, que iba a intentarlo siquiera, además ya estaba en un hoyo, más abajo no podía caer.
—Está bien—le dije, él cerro los ojos un segundo— pero deberás enseñarme todo, entiendes, nada debe quedar al azar—asintió.
—No permitiré que nada malo te pase—voltee mis ojos pero asentí.
—Está bien—le dije y sonreí—con que no termine en una prisión por 4 meses, está bien— él sonrió suavemente y mi corazón volvió a  saltarse un latido.
—Te llevare a la central para que comencemos con el entrenamiento.
—Mm—solo tenía una duda— ¿me pagaran por esto?— él se rio un rato—vamos, lo digo en serio, no me alimento del aire—arrugue mi frente.
—Sí—logro decir luego de un rato— hablare para que te paguen por esto.
—Gracias—eso me tranquilizo bastante.


D. H. Araya

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Capitulo 4, Doble Identidad

Mensaje por debora86 el Mar 16 Jul 2013 - 22:01

   Capitulo 4
Doble identidad



Lo seguí fuera del edificio y luego a un auto negro, de lujo. Cuando llegamos a la central, como la llamo él, me abrió la puerta al bajar y me condujo por el lugar hasta una pequeña oficina, me indico que me sentara antes de salir.
Cuando regresó lo hizo con dos hombres, uno era su compañero y el otro uno muy viejo, de cabello negro y barriga redonda.
—Buenas tardes—me dijo este último y me levante para darle la mano— Daniel nos conto que ayudarías en el caso—asentí— me alegro de eso, estamos en un asunto bastante urgente— volvimos a sentarnos, él delante de mí y Daniel a su lado, Jonathan estaba apoyado en la pared— debes entender que esto será peligroso— mi garganta se seco un poco al oírlo, claro ya lo sabía pero que te lo dijeran así como así era un tanto sorprendente.
—Lo sé.
—Te informaremos de todo el caso—miro a Daniel y Jonathan— ellos se encargaran de tu seguridad, aunque a veces debas actuar sola no lo estarás— volví a asentir—bien—se puso de pie— es mejor que los deje solos para que puedan hablar, Daniel encárgate de todo lo necesario para esto— el sintió, observe al hombre irse, cuando la puerta se cerró mire a Daniel.
—¿Quién es él?—le pregunte.
—Mi jefe—dijo, asentí.
Note que Jonathan se sentaba a mi lado, lo mire y alce una ceja, él sonrió.
—Así que trabajaras con nosotros—me dijo sin dejar de sonreír.
—Por un corto tiempo— le dije, el suspiro y apoyo su cara en su mano, no dejaba de mirarme, me hacía sentir incomoda.
—Daniel me conto que le salvaste la vida—escuche a Daniel suspirar.
—Y—pregunte, él sonrió.
—Yo creía que nos odiabas—aunque dijo esto jamás la sonrisa se borro de su rostro.
—Claro—le dije y me apoye  en la silla—eso no ha cambiado— con el no, no podría decir lo mismo de Daniel, con él tenia más bien unos pensamientos confusos. Mire al susodicho, que solo miraba hacia una ventana con los brazos entrecruzados.
—¿Quieres ir a comer?—me pregunto de repente Jonathan, tanto Daniel como yo lo miramos, yo un tanto sorprendida.
Me puse de pie y camine hasta ponerme a unos pasos de Daniel.
—No gracias— le dije, él arrugo su frente en seguida.
—¿Qué necesito hacer para que cambies de opinión?— de reojo vi que Daniel se tensaba.
—Nada—suspiré—no estoy de humor.
—Pero piénsalo…
—Basta—dijo Daniel y se acercó a la mesa—trabajemos.
Paso el resto de la tarde hablándome sobre la chica que al parecer era lo peor de lo peor. Ella había trabajo para cualquiera que pudiera pagarle, lo que la hizo desde asesina hasta vendedora de casas, pero lo último en lo que había estado trabajando era con un grupo de  terroristas en la venta de armamento, ella hacia de contacto con otro  grupo, era un agente de ventas, y ese seria mi trabajo, ponerme en contacto con los compradores y los vendedores. La idea era que se reunieran en un mismo lugar que realizaran la compra, después ellos entrarían en acción arrestando a ambos grupos. Cuando Daniel termino de explicarme todo, dijo que me entrenaría desde mañana, debía aprender a moverme como la chica, ha hablar como ella, casi a pensar como ella.
Cuando acabo me despedí de ambos y regresé a la casa de León, me fui derechito a la habitación que  me había prestado, me tire en la cama y me dormí.

—Maya—gritaron y desperté de un salto cayéndome de la cama.
—Que, que— dije y vi a León aparecer a mi lado.
—¿Dónde estabas?—me pregunto mientras me ayudaba a ponerme de pie. Me sobe la espalda con mi mano para disminuir el dolor de la caída.
—Encontré trabajo—le dije y bostece.
—Qué…dónde.
—Mmm, ayudando a alguien—no deseaba mentir pero tampoco podía contarle lo que iba a ser.
—Ayudando—dijo— ¿Cómo?
—Mmm, cuidando a alguien, feliz— suspiré y me metí en la cama, me cubrí completamente con la sabana, él me destapo.
—¿Qué tramas?—me dijo y tiro de la sabana hasta mis pies.
—Nada—murmure y me volví a tapar, el suspiro.
—Tomate las cosas con calma— dijo.
—Sí— dije molestándome un poco, él se rio pero me dejo sola.
Ya temprano me fui a la central, hablé con un hombre y pregunto por Daniel, él me llevo a una oficina y me hizo esperar, me senté un segundo. La sala en la que estaba era de interrogatorios, apoye mis pies en la mesa y cruce mis brazos, mire el espejo en la pared y me pregunté si habría alguien al otro lado, observándome. Como paso el tiempo, caminé por el lugar, y cuando comenzaba a aburrirme Daniel y su compañero llegaron, los observe y me puse de pie.
—Siéntate—me ordeno Daniel y obedecí, él suspiro— no te explicamos ayer como era la chica— asentí, la mujer era un problema, no obedecía a nadie y nadie la engañaba, ha, pensé, no debí haber obedecido
—Que quieres—le dije molesta— 4 meses de escuchar todo tipo de amenazas causan una costumbre— él hizo una mueca y miro hacia otro lado.
—No lo hagas otra vez.
—Está bien.
Pasamos el resto de la mañana ahí, me explico cómo tenía que hablar, el tono, la forma, como maldecir, palabrotas que me hicieron sonrojarme, me obligo a repetirlas y cuando estuvo satisfecho por la forma de hablar, decidió traer comida. Cuando acabe continúe, hablando como matona, cada vez que me ordenaba algo. Luego pasó a enseñarme el nombre de todos los narcotraficantes que conocía, a hablarme de ellos, donde vivían, como eran, todo, tanta información me mareaba. Y solo cuando se hizo de noche, me dejaron partir, llegue a casa y me acosté en seguida.
El siguiente día fue igual, hablar, conocer, aprender, ya cuando aprendí todo, decidió enseñarme a actuar como ella, a pararme como ella. Me llevo a lo que creí era un gimnasio, no había nadie, nos acercamos a una mesa, él se sentó en frente y Jonathan nos observó.
—Siéntate—dijo y lo mire un segundo antes de moverme, esperé— Sofía también trabajo como compañera de fiestas para ricos, era buena pasando por elegante.
—Una puta cara—dije sonriendo y Jonathan se rio.
—Algo así.
—Entonces debo aprender a comportarme como…— él asintió y suspiro.
Ahora las clases fueron de cómo sentarme, parame, tomar los cubiertos y hablar correctamente, extraño pensé, paso otra semana y cuando estuvo satisfecho decidió que tenía que aprender a caminar.
—Se caminar—le dije, él negó.
—No como ella— me apoye en la silla y me gire cuando la puerta se abrió, una mujer muy bonita apareció con un bolso, se acercó a nosotros y me miro.
—¿Es ella?—pregunto y Jonathan asintió—mmm, tengo algo que servirá— miro el bolso— toma—dijo y me tendió un paño minúsculo.
—Y esto es...
—Un vestido.
—Ha—dije.
—Póntelo—ordeno Daniel y le saque la lengua, él arrugo su frente, suspire y me puse de pie.
—¿Dónde vas?—dijo Jonathan.
—A cambiarme—le dije— no me desvestiré delante de ti— él se rio.
—Maya—dijo Daniel— debes acostumbrarte a hacerlo.
—Qué.
—Como dijiste era una puta cara, crees que se intimide por tener que desvestirse ante otros— lo estudie.
—Es una broma.
—No—dijo él esperando.
—Vamos—dijo la mujer— permítanle hacerlo como ella quiera ahora.
Salí del lugar y llegue a un baño, mire el vestido extrañada, me lo puse, y cuando me mire en el espejo mi cara se encendió. Era de color negro, apretado y corto, tanto que casi se me vería la ropa interior, por suerte era de cuello alto, aunque mi busto se mostraba intensamente, solté mi cabello intentando ocultar esto pero no resulto.
—No puede ser—dije y temblé, me puse mi chaleco y regresé lo más rápido que pude al gimnasio, varios hombres me miraron, o mis piernas, parecía que solo llevaba el chaleco y mis zapatillas. Avergonzada entre y cerré la puerta, suspire y enfrente al trio, me miraron y me acerque a ellos, me pare cerca de la mujer.
—Tu sales a la calle con esto— ella rio.
—Claro, llama bastante la atención.
—Claro—dije y negué.
—Bien—dijo Jonathan.
—Bien que— él sonrió y apunto mi chaqueta.
Hice una mueca y los mire a todos, la que mas sonreía era la mujer. Incomoda me quite la chaqueta, cuando la deje en la mesa cruce mis brazos delante de mis pechos, nadie dijo nada, los mire.
—Ahora puedo taparme.
—No—dijo Daniel y se limpio la garganta— tienes que acostumbrarte a ellos.
—Deberé vestir siempre así.
—Casi—dijo él, suspire.
—Por cierto yo soy María—dijo la mujer, la mire y sonreí.
—Maya.
—Como el dibujo animado—asentí— bien, me voy, quédate el vestido, si necesitas otro dímelo.
—Mmm, gracias—lo mire— a decir verdad no tengo ninguno.
—En serio—dijo ella, sentí— eso lo arreglaremos después y mañana te traeré  zapatos— me reí y ella me miro fijamente.
—Creo que con eso necesitare bastante ayuda.
—Pues para eso estoy— se despidió de todos y nos dejo.
Observe a los hombres, Daniel observaba la mesa pero Jonathan miraba mis piernas detenidamente, incomoda tome el borde de vestido y me senté. Dios si sentía mi trasero contra la fría silla.
Las clases continuaron, debían ponerme de pie y sentarme sin tirar el vestido, irritada por esto, pasamos a caminar. Sentía la mirada de los hombres en mí, o en mi trasero.
—Basta—dijo Daniel irritado, lo mire— caminas como si temieras que el vestido se subiera hasta tu estomago.
—Pues es eso lo que temo— le dije y acomode el paño sobre mi cuerpo.
—Quieres por favor hacerlo bien.
—Si lo hago puedo irme a descansar— él asintió— está bien.
Respire lentamente para calmarme, me pare derecha y acomode mi cabello. Como estaba lejos de él lo mire directamente a los ojos y camine en su dirección cruzando las piernas suevamente, moviendo mi cadera sin exagerar y utilizando una seguridad que no sentía, cuando llegue a él, le pregunte fríamente.
—Feliz— él solo asintió— gracias — dije me cubrí con mi chaleco y hui al baño, ya dentro me sonroje intensamente y cambie de ropa.

Al otro día María trajo mas vestidos y zapatos, por suerte me puse un traje de baño que conseguí y no ropa interior, María se rio pero los hombres me exasperaron. Ese día me probé ropa y zapatos, María me enseño a caminar, me prestó unos para practicar en mi casa y decidió al otro día cortar mi cabello.
El corte fue extraño y radical pero sabía que era el de la chica, rápidamente pasó esa semana y me encontré que sabía caminar, vestir y hablar como otra, ahora Daniel comenzaría con un poco de defensa y armamento, tenía dos semanas para aprender esto, después debería salir a trabajar.
Las prácticas fueron dolorosas, Daniel no tenía compasión y Jonathan me molestaba apropósito. El primero peleaba conmigo y su compañero me enseñaba sobre armas, extrañamente me sentía más cómoda con Daniel que el otro, sobre todo porque siempre terminaba con Jonathan sobre mi apretándome íntimamente, Daniel por lo menos me daba espacio.
Paso el tiempo, una semana más y llego mi pago, mi boca se abrió por la sorpresa. Me pagaban tres veces más que en la discoteca, pero me sorprendió más que Daniel dijera que no era mucho. Temblé ligeramente cuando me informaron que el día siguiente comenzaría a trabajar.


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Re: Estrella Fugaz

Mensaje por Leluli el Miér 17 Jul 2013 - 15:44

vi que salio publicada!!!! te felicito!!!!!!!!!!! por muchas mas!!!!!!!!!!! kiss kiss kiss 


"Los libros son el entretenimiento perfecto: sin publicidad, sin baterías y con horas de disfrute por cada dólar gastado. Lo que me pregunto es por qué todo el mundo no lleva un libro para esos inevitables tiempos muertos de la vida".
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Capitulo 5, Bello Comienzo.

Mensaje por debora86 el Miér 17 Jul 2013 - 22:08

   Capitulo 5
Bello Comienzo


—Calma— dijo Daniel poniendo una mano  en mi brazo, lo mire. Estábamos fuerza de un club nocturno para caballeros, al parecer la reunión se realizaría allí— recuerda, diles donde será la venta, y asegúrate de que acepten— asentí y tome aire para tranquilizarme.
Me baje del automóvil tranquilamente.
Es noche usaba un vestido negro hasta las rodillas y zapatos altos, mi cabello estaba recogido en un moño.
—Me escuchas—dijeron en  mi oído, Daniel— recuerda que te encontraras con Vladimir.
—Dios, eres tú—dije suavemente, fingiendo que me arreglaba el cabello.
—Sí—dijo otra voz— te hablo hija mía para decirte que aceptes salir con el buen Jonathan.
—El buen Jonathan —repetí— no lo conozco— camine segura y derecha a la puerta.
—Claro que sí, es que tipo más atractivo de los…—se cayó— lamento eso, pero Dios ha dejado la línea— Daniel— cálmate, te mantendremos vigilada, solo entra y siéntate.
—Nombre—dijo el guardia y lo mire a los ojos, si soy importante debería conocerme, pensé.
—Tu nombre—Daniel dijo—Sofía— pero no hablé.
—Déjala pasar—dijeron desde dentro, el hombre se movió y entre, un tipo alto y de piel oscura estaba esperándome con una sonrisa.
—Pero si no es la dulce Sofía— me acerque a él pero me detuve a un metro— siempre tan seria.
—No estoy aquí por diversión—qué rayos me pasaba, él rio.
—Lastima, te la hubiera dado— me indico que lo siguiera— y cuando vendrás por diversión— me miro— de nuevo— bufe y el soltó una carcajada— te vez distinta— se detuvo, mi corazón comenzó a saltar rápidamente.
—Cálmate—dijeron en mi oído— él es Joan, el dueño del lugar, al perecer tuvo una aventura contigo— claro, dijo mi cerebro, conmigo, en otra vida.
—Y tú no has cambiado nada, sigues igual de…—deje la frase sin terminar y él rio entre dientes.
—Lo sé—dijo—pero recuerda que fuiste tú quien me enseño sobre esas diversiones— me reí un poco, el mostro una mesa y mire alrededor.
—¿Aquí?—dije mientras observaba a las mujeres bailar sobre mesas y sillas.
—No te agrada—lo mire.
—Para hacer negocios, no— Maya, me advirtieron. El tipo suspiro.
—Está bien—dijo y me llevo a un segundo piso, ahora estaba en una habitación con mesas y sofás— deseas diversión mientras esperas— entre al cuarto.
— De cual de todas ella—pregunte mirando el lugar.
—Solo de las que implican un problema hepático— me encogí de hombros.
—Está bien.
—Entonces las demás para después— pregunto sonriendo intensamente.
—Claro—dije sabiendo que no podía negarme, él asintió satisfecho. Cuando me dejo sola me senté en el sofá.
—¿Debo beber?—pregunte, pero no hubo respuesta— vamos, hablen— nada, solo una interferencia suave, rayos pensé, donde me metí.
La puerta se abrió y una mujer medio desnuda entro y dejo varios tragos en una mesa, antes de irse me sonrió como si la conociera, observe los vasos y tome el que me parecía más normal, pero no bebí simplemente lo deje a un lado.
Debía irme, debía esperar, ver qué pasaba, no podía ser tan malo, me arrepentí cuando cuatro hombres entraron. Eran del tamaño de árboles, robustos y enormes. Ellos se acercaron y otro apareció de tras de ellos, seguido de dos más. Estos me miraron y sentaron en el sofá. Los observe, los conocía, a cada uno, eran todos terroristas pertenecientes a un grupo que no recordaba el nombre, pero faltaba alguien. Me gire justo para ver  al hombre entrar, se paró  a mi lado y me observo
—Te ves diferente—dijo con su acento ruso.
—Me corte el cabello— conteste y él asintió como si eso aclarara todo.
—Comencemos— nos sentamos a los extremos del sofá.
Pasaron a hablar de lo que querían, armas de todo tipo, me dieron una lista, pero no la mire, además no entendería nada.
—Eso—dijo él y esperé, se supone que ellos querían una bomba no armas que podían conseguir con cualquiera.
—Puedes conseguir esto— lance la carpeta en la mesa— con cualquiera, ni siquiera necesitas a un intermediario— me puse de pie y camine a la puerta.
—Te vas—me pregunto y lo mire.
—Yo estoy aquí por negocios no por juegos de niños— retome mi camino, quería salir de ahí, no entendía que pasaba y ahora ya no quería ser parte de todo esto.
—Espera—dijo él y me detuve, hice una mueca interna— siéntate—ordeno pero no me moví— por favor—agregó y sonreí como si nada, regresé a mi asiento— está bien—dijo – lo que quiero es esto—me dio otra carpeta y esta si la mire. Tenía un plano de lo que creí era un cohete, y varias especificaciones.
—Lth— leí al reconocer la palabra, lo mire, solo debería ser sobre bombas, no, esto cambiaba las cosas, esto era aun mas grave.
—No sabía que conocidas la jerga medica— Lth era un virus carnívoro, aunque se supone fue eliminado hace un siglo, era conocido por otros similares, como la gangrena, si alguien se enfermada en miembro infectado debía ser amputado inmediatamente.
—Leo de vez en cuando—dije como respuesta.
—Aparte de todo eso, incluido lo de aquí—me dio la otra carpeta— quiero que consigas Lth.
—Eso será difícil— él sonrió.
—Caro—quieres decir.
—No te imaginas cuanto— me apoye en el sofá, mirando la otra carpeta.
—Acordamos que te pagaría el 10 % de la compra si lo hacías— bufe y lance las carpetas a la mesa.
—No me jodas—le dije, podía ser mucho, pero nadie trabajaba solo por ese porcentaje.
—Está bien— dijo él molesto— el 20.
—40—dije
—No.
—Me pides un virus desaparecido— me encogí de hombros.
—25— dijo él.
—40—repetí.
—30— murmuro molesto.
—40—continúe, esto era un poco divertido.
—La idea es que rebajes, no que lo mantengas— agregó irritado, me encogí de hombros.
—Te pagare el 32% nada mas— se encogió de hombros y lo observe— además sé que les cobraras a los vendedores también.
—Negocios son negocios—dije— y acepto, será el 35.
—32—dijo irritado y sonreí.
—Está bien, 32— suspiré— no sé cuánto me tome conseguir todo.
—Llámame donde siempre— negué.
—No,  ahora las cosas cambiaron— me estudio— conoces el hotel central—asintió— deja un nuevo numero hay, no se lo des a nadie, solo yo te llamare.
— ¿Por qué?
—Porque si otro lo hace sabrás que algo salió mal— él asintió.
—De donde sacaste la idea.
—De una película— dije rápidamente, se rio entre dientes al oírme. Arrugue mi frente un segundo, en verdad estos tipos trabajaban en algo así. Sí, parecían matones, pero aparte de eso eran bastante tranquilos.
—Está bien, ahora basta de negocios, vamos a divertirnos.
Como si hubieran estado esperando un grupo de mujeres entro bailando y sonriendo.
—No tengo tiempo—dije y me puse de pie.
—Vamos, diviértete— dijo él mientras miraba a una chica, que más bien parecía una niña.
—No mesclo el trabajo y el placer— todos me miraron como si estuviera loca— vamos—dije— tengo que hacerlo aunque sea una vez, si me quedo mañana no seré capaz de recordar que tengo que hacer— él tipo asintió.
—Está bien—dijo y todos se olvidaron de mí en seguida. En cuanto salí de la habitación la voz de Daniel perforo mi oído.
—Dios—susurré— no estoy sorda.
—Maya—dijo él intranquilo— hemos intentado hablar contigo desde hace rato, ¿Qué paso? ¿Por qué no podías escucharnos?
—Luego—dije al ver que Joan se acercaba a mí.
—Ya te vas—dijo.
—La reunión acabo, para mí—agregue al recordar a los tipos.
—Qué querían.
—No es asunto tuyo—dije molesta y él se encogió, luego sonrió.
—No te pasas por mi oficina para relajarnos un poco.
—Mmm— fingí pensarlo, ni lo pienses, dijo Daniel, mi nueva conciencia, sal de ahí y camina al auto—no—dije al fin— tengo cosas que hacer, no tengo tiempo— pase a su lado pero él me agarro y me aplasto contra la pared de frente, igual que Daniel una vez, solo que él era posesivo e invasivo, me apretaba dolorosamente mientras se restregaba contra mí.
—No hagas nada estúpido—dijo Daniel en mi oído— recuerda que ellos fueron amantes— acaso pretende que me acueste con él.
—Solo será un revolcón—dijo él en mi oído, su mano vagó por mi trasero, tenía ganas de vomitar.
—Nunca es así—logre decir y él se rio— déjame— ordene pero no se movió, escuche a Daniel hablar con alguien pero no entendía lo que decía— ahora— agregue, el tipo suspiro y me dejo, me gire en seguido y lo mire.
—Vamos—dijo él, acomodando su ropa, al parecer se la estaba quitando— ya veo que no estás de humor—me tendió una tarjeta— sé que lo estarás dentro de una hora, para que vayas a verme.
—Como…—pregunte, él se rio.
—Bebiste Virgen María—dijo divertido y recordé el licor que tome junto con los terroristas para celebras el trato, no fue más de dos sorbos— tu jamás bebes nada de aquí.
—Estaba pensando en  otra cosa—dije sinceramente.
—Por eso sé que iras a verme para que calme tu…—miro mis pechos—dolor—dijo antes de alejarse y dejarme sola, pero no me sentía mal ni nada, me encogí de hombros y salí del lugar, camine al auto estacionado a solo metros y entre como si nada.
Daniel me agarro del brazo obligadme a sentarme frente a él, todos me miraron.
—¿Estas bien?—pregunto tenso, asentí y le tendí las carpetas pero Jonathan las recibió, Daniel no dejo de mirarme.
Mientras su compañero leía, saque un bolso de un lado y me puse un chaleco grande que había traído, luego me acomode y me rasque el brazo de forma distraída, me picaba.
—Lth—murmuró tenso Jonathan—¿qué demonios eso?—todos lo miramos, como nadie hablaba decidí contarles lo que sabia.
—¿Cómo lo sabes? —me pregunto el.
—No importa—dije y mire hacia otro lado, no le explicaría mis sueños a alguien como él.
—Esto cambia todo— dijo Daniel y miro a su compañero—por qué quieren una bacteria extinta y carnívora.
—Estos tipos cada vez están más locos— continuaron hablando del asunto mientras se ponían en camino.
—¿Que es la Virgen María?—pregunte y todos se callaron.
—Bebiste algo—me pregunto Daniel, asentí culpable. Él levanto las manos exasperado, Jonathan comenzó a reírse.
—Vamos que podía hacer, todos bebieron, no podía ser la única— Daniel me mando una mirada molesto.
—¿Por qué no puedes recordar una simple orden?— bufe, él  miro a Jonathan que seguía riéndose.
—Vamos, ¿qué es?— Daniel me miro.
—Yo me haré cargo—dijo Jonathan.
—No—soltó en seguida Daniel— vamos a mi casa.
Pero qué, pensé irritada. Volví a rascarme pero esta vez mi piel se sintió rara, como si no dejara de picar, arrugue mi frente y me acomode la ropa.
Cuando llegamos al edificio de Daniel, me ayudo a bajar de auto, mire a Jonathan.
—En serio puedo ayudarte—me dijo sonriendo, pero Daniel me arrastro con él hasta el ascensor.
Ahora me sentía acalorada, apoye mi frente en el frio espejo del ascensor mientras subíamos, sentía la mirada de Daniel en mi. Llegamos arriba y entre en su sala, me rasque otra vez el brazo, pero ahora ya no era agradable, necesitada poner algo frio sobre mi piel, lo mire.
—¿Qué me pasa?—pregunte en un susurro, ¿por qué hablaba así? pero no podía hacerlo normal, hasta mis labios picaban, era demasiado.
—El Virgen María es una droga, un afrodisiaco—lo mire con mi boca abierta.
—Bromeas—jadee.
—No—dijo él y suspiro.
—¿Cuánto durará?—pregunte incomoda con las sensaciones que me causaba esto, quería lanzarme sobre él.
—Depende de cuánto hallas bebido, puede que sean solo minutos o hasta horas, si se toma en exceso puede causar un paro cardiaco.
—Pero solo bebí dos sorbos— él asintió
—No creo que más de 1 hora— otra vez mi boca se abrió ante la idea, una hora de eso, y con l cerca, ya mi cuerpo dolía, esa era la palabra que Joan había utilizado.
—Como, como acabo con esto—le pregunte pero sabía su respuesta.
—Es un afrodisiaco—me miro— como crees que se quita— lo mire y me queje.
—Esto es horrible—le dije irritada.
—Date una ducha—recomendó el— te ayudara en algo— asentí y camine a su cuarto, cerré las puertas y en el segundo en que lo hice pasé mis manos por mi cuerpo pensando que eso calmaría algo del dolor, pero solo empeoro el asunto. Gemí antes las sensaciones que me embargaron, me quede quieta esperando que pasara pero no fue así, mi cuerpo se sintió peor.
Tenía que quitarme el chaleco pero cada vez que me movía un gemido salía de mi boca, no podía, era demasiado para mí.
—Daniel—llame,  pero obviamente no me oyó— Daniel—dije más fuerte, él apareció luego de unos segundos.
—¿Qué pasa?— dijo al verme quieta y con los brazos levantados.
—Ayúdame—dije— no puedo quitarme el chaleco— él me observo un rato, suspiro y se acercó a mí.
Cuando puso sus manos sobre mi gemí, todos los nervios de mi cuerpo temblaron, él se detuvo.
—No te detengas—le dije, pero esto salió mas una súplica que una orden, me sonroje pero continuo. Cuando acabo me aleje de él, solo cuando ya no me sentía sonrojada lo mire, él no se movió y faltaba mi vestido, me acerque  a él y le di la espalda, mostrándole el cierre, no se movió.
—Podrías bajar el cierre—le pedí, otra vez suspiro pero sentí sus manos en mi espalda. Lentamente bajo el cierre y mi piel quemo, cuando llego al final respiraba agitadamente, cerré los ojos y él no se alejó.
Por qué estaba ahí, quieta, si mi cuerpo me pedía a gritos tenerlo, y lo deseaba, podía usar la escusa de la droga y acabar con mi celibato auto infligido a mis 22 años. Deseaba tenerlo a él, desesperadamente, y aunque eso me hacia sentir levemente enferma no quitaba ni un poco  lo que sentía, ni siquiera tenia que pensarlo, además mis células gritaron animándome.
Me gire y lo enfrente, sus ojos se veían más oscuros, estaba tenso, quieto, como si temiera algo. Deje que el vestido cayera al suelo, cerró los ojos un segundo.
Me acerque a él hasta que mi respiración acaricio su pecho, mis manos se apoyaron en su estomago y él se estremeció, lo mire.
—Esto no está bien—dijo con voz ronca.
—¿Por qué?—pregunte mientras me acercaba a su boca, me levante en las punta de mis pies.
—Estas drogada, no quiero que hagas algo por…
—Te deseo—le susurre, se calló— desde que te vi sentado en la disco—a pesar de lo que me había hecho. Daniel gimió pero sucumbió a mi cercanía, me beso con fuerza, aplastándome contra él, me llevo a la cama y termino de desnudarme.
Él se alejó un poco para mirarme intensamente, sus ojos barrieron mi cuerpo, deteniéndose en la unión de mis piernas y mis pechos, su lengua vago por su boca y gemí.
Se quito la ropa rápidamente, me senté en la cama para observar su cuerpo bronceado y musculoso, sus piernas fuertes, los músculos que se marcaban en todo su cuerpo, la elegancia y seguridad que irradiaba, de pie allí, completamente desnudo.  Otra vez me encontré respirando con dificultad.
—Espera—me dijo y desapareció en el baño, cuando regresó traía un envoltorio de aluminio, lo abrió con los dientes y saco un condón, se lo puso en seguida. Trague nerviosa ante su tamaño, pero estaba más ansiosa, mi cuerpo quemaba.
Él llego a mi lado, se puso sobre mí y me beso, mantuvo su cuerpo levantado a centímetros del mío, sentía su calor, su olor, pero me moría por tocarlo. Y lentamente, mientras su boca exploraba la mía, mientras su lengua me tentaba, se apoyó sobre mí. Gemí ante las sensaciones, al sentir su cuerpo duro y caliente sobre el mío, fue como si toda mi piel, cada parte que estaba en contacto con el recibiera una descarga eléctrica.
—Ho Dios—jadee cuando bajo por mi cuello hasta mi pecho, cuando se quedó allí, lamiendo, chupando, mordiendo, haciendo gemir, llamarlo de deseo.
Su mano bajo por mi vientre y se encontró en mi centro en seguida, jadee y me arquee en su dirección. Él me torturo dulcemente jugando con mi nudo, me atormento rozándome un vez para luego alejarse. Su boca siguió jugando con mis pechos, moviéndose de un a otro, sin ningún ritmo, como si solo le apeteciera. Y cuando ya no pude más, se posiciono entre mis piernas y con un movimiento certero entro en mí, me congele ante el dolor y como yo se quedó muy quieto.
Nos miramos a los ojos.
—Yo…lo siento—murmuro sorprendido, se veía muy preocupado —no lo sabía, no creí que eras…— me moví un poco y él se dejo de hablar.
El dolor solo había durdo un segundo, incluso ya no sentía nada, solo mi piel estirándose y tomándolo, era extraño tenerlo así, volví a moverme y él gimió, jadeo cuando volví a hacerlo.
—Maya—susurró, me miro y beso. Pero esta vez fue más amable, más dulce, me acaricio lentamente, y solo se sintió peor que antes. Sus dedos recorrieron mis brazos, pecho y vientre, bajaron por mi cadera hasta mis muslos y volvieron a subir, su boca se dedicó a depositar besos suaves y delicados en mi cuello, mandíbula y mejilla, solo me estremecí por sus caricias, y ya no quise que hiciera esto, que se diera el tiempo de acariciarme como si le importara, eso solo causaría que en la mañana me sintiera peor de lo que ya sabía me iba a sentir.
Solo que él no me dejo hablar, me beso y comenzó a mover su cadera al mismo ritmo de sus caricias, tan suave, tan despacio que me era desesperante y delicioso, a pesar de todo me arquee ante las sensaciones, y acaricie su cabello, sedoso y suave. Sentí su boca en mi cuello, su lengua acariciar mi piel y sus dientes piñizcar. Moví mi rostro en su dirección y volvió a besarme, casi con ternura. Él inclino su cadera y gemí, tomó una de mis piernas y la levanto levemente solo para aumentar su velocidad, para empujar hacia mi  más rápido y profundo.
—Daniel…—lo llamé, había algo dentro de mi que quería explotar, algo que no entendía y todo dentro de mi me decía que solo él podía ayudarme.
Daniel dejo de besarme y bajo por mi cuello, tomó mis brazo y los puso sobre mi cabeza, me miro un segundo antes de lanzarse hacia uno de mis pechos, con más urgencia y necesidad. Chupo y mordió, y yo solo me queje. Que torpe me sentí por un segundo, sin saber qué hacer, con mis manos sobre mi cabeza sin poder devolverle un poco lo que me hacía. Olvide rápidamente eso cuando una de sus manos bajo por mi vientre y encontró mi nudo, lo toco con confianza y casi grite por la sorpresa, mi cuerpo se tenso y mi cabeza exploto, jadee por are y él aumento el ritmo, lo sentí correrse luego de unos empujes.

Cuando desperté estaba acostada sobre su pecho y suspire al recordar la noche anterior, Daniel dormía con un brazo en mi espalda, como si me afirmara a su cuerpo. Sonreí ante su semblante relajado, de todas las veces que lo había visto dormir esta era la primera vez que él no tenía pesadillas.
Fue solo una noche, dijo un aparte en mi cabeza, nada más.
No es como las otras, recordé al conserje y me tense. No puedo exigir nada, solo fue una noche me recordé, nada más, apoye mi cabeza en su pecho y suspire con tristeza. Yo quería más noches como estas con él, pero como algo serio, sabia que esto no se volvería a repetir. No podía volverse a repetir, que clase de persona seria si eso pasaba, si lo permitía. Y por qué a pesar de todo  un lo quería.
Cuando él se movió cerré los ojos, no me moví, tenía un poco de miedo.
Daniel me abrazo con fuerza un segundo antes de relajarse, lo sentí moverse al mirar alrededor, suspiro mientras su mano acariciaba mi espalda de arriba hacia abajo una y otra vez. Su otra mano vagó por mi brazo y como ya había pasado un rato me moví suavemente y abrí los ojos, mire su pecho musculoso y luego a él.
Tenía una mirada tranquila y despejada. Solo me observo y no dijo nada, tampoco yo, un segundo después aparte la mirada nerviosa y me puse de pie. Daniel me imito y se levantó igual que yo, solo que camino a la ducha como si nada, escuche el agua caer luego e hice una mueca, mi pecho dolió por su indiferencia. Me puse mi ropa rápidamente y salí del lugar, el conserje me miro alzando una ceja, lo ignore y llame un taxi.
Mientras el vehículo se movía por las calles recordé cada detalle de la noche anterior, cada caricia y beso, cada suspiro. Temblé levemente al saber que aún lo deseaba. En ese segundo quise ser como la mujer que suplantaba, quise tener su capacidad para ignorar las cosas, para hacer y deshacer como si nada. El taxi se detuvo de repente y observé a alrededor. Solo es trabajo, me dije, solo trabajo.


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Re: Estrella Fugaz

Mensaje por debora86 el Sáb 20 Jul 2013 - 1:21

Hola, esta historia esta publicada en el foro, completamente, pero no significa que no lo siga publicando aquí, así de esta manera si lo desean pueden dejar su opinión sobre este y sus capítulos.
saludos.
 


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Re: Estrella Fugaz

Mensaje por debora86 el Miér 24 Jul 2013 - 20:33

Capitulo 6
¿Quién dijo que seria fácil?


Apenas entre a mi apartamento nuevo me duche sin poder quitar ese sentimiento dentro de mí.
Era una tonta, solo fue una noche, nada más, nada más, intente gravar las palabras en mi cerebro.
Cuando me secaba recordé que tenía que ir a buscar el número de teléfono del comprador al hotel. Me vestí, como creí que lo haría la chica y salí de mi casa. Me tomó 30 minutos llegar al hotel, un hombre me atendió y pregunté por un paquete para mi, él asintió y me lo dio mientras apuntaba un papel donde debía firmar por el. No lo hice, solo me fui ignorando las quejas del tipo.
Camine un rato y llegue a un restaurant, decidí desayunar allí, solo cuando acabé, 20 minutos después, abrí el paquete. Dentro había un teléfono, arrugue mi frente, se supone que dejaría un número no esto, lo encendí y a los 5 minutos recibí una llamada.
—Viste mi regalo—dijo la voz con acento ruso.
—Esto no es lo acordado—dije después de beber café.
—Lo sé—dijo él— pero no es mejor.
—No—dije— ahora dime un número de teléfono donde pueda llamarte sin complicaciones— me lo dio y anote en una servilleta— no vuelvas a hacer esto, si yo te digo que hagas algo de una manera es por una razón— mire el reloj en la pared, era bastante tarde— te llamare cuando necesite algo— colgué y apague el teléfono.
Lo observe largo rato, me estaba volviendo paranoica, tenía la sensación de que debía deshacerme de él así que lo hice. Fui a un parque, encontré un árbol y cuando nadie me veía lo metí en un hueco, el teléfono cayó un poco antes de tocar fondo, sonreí.
Llegue a las oficinas 1 hora después, ya eran más de las 11 de la mañana. Camine hasta la oficina de Daniel, pero me encontré con Jonathan, él sonrió.
—Pero si  no es la desaparecida.
—Desaparecida—dije dudando.
—Daniel te está buscando— voltee mis ojos.
—Y eso por qué— se encogió de hombros y me indico que lo siquiera, llegamos a una de las oficinas, no había nadie más. Él llamó por teléfono indicando que estaba con él y luego de acabar me miro.
—¿Qué?—pregunte, este hombre no me agradaba ni un poquito.
—Nada—dijo sonriendo.
—Este es el número de Vladimir—dije dándole el papel, él lo observo— ayer se lo pedí.
—Ya veo—dijo sin dejar de mirarme— ¿cómo estuvo la noche?— arrugue mi frente.
— ¿Por qué preguntas?—le dije  tratando de sonar indiferente.
—Mm—dijo él— no sé, creo que ya sabes que es El Virgen María.
—¿Tú la has usado?—pregunte.
—No la necesito—dijo haciéndose el ofendido— puedo demostrártelo.
—Como no—murmure y alguien abrió la puerta.
Daniel apareció con una cara de pocos amigos, al verme me mando una mirada asesina y aun así no me moví de la silla, qué rayos, pensé.
— ¿Dónde estabas?— me pregunto serio, como diciendo que cuidara mis palabras.
—Desayunando—dije dudosa.
—No juegues— contesto él irritado
—Para nada—conteste y arrugue mi frente, él se sentó al lado de su compañero molesto.
—Y dime que paso anoche— pregunto Jonathan, procedí a explicarles lo sucedido, sobre el pago y todo, ellos se miraron al acabar.
—Bien—dijo Daniel con un suspiro— ahora deberás hablar con los vendedores de armas.
—¿Qué pasa con la bacteria?
—Eso es algo que se está viendo— dijo Jonathan, suspiré.
—Cuando tendré que hablar con los vendedores de armas—pregunte tratando de imaginar a unos hombres vendiendo armas.
—Hoy—dijo Daniel aun  molesto, suspire internamente y trate de pensar que era lo que le pasaba. Quizás estaba arrepentido de lo que pasó entre nosotros, quizás él quería decirme que olvidara lo de anoche y al no verme se molesto, me moví inquieta en la silla.
—Tendré que ponerme otra vez con un vestido—pregunte tratando de pensar en otra cosa, Jonathan se rio.
—No— dijo— la reunión se realizara en otro lugar.
—Está bien—suspire y me recosté en la silla.

Otra vez estaba bajándome de un auto, solo que ahora llevaba puesto unos pantalones negros y apretados junto a una blusa azul con un escote exagerado, llevaba una chaqueta de cuero negra y abajo una pistola cargada, me sentía más nerviosa que ayer, era por el arma, y más aún el lugar, olía a rayos, suspire.
Me aleje del vehículo y mire al frente, al edificio casi en runas.
—No encontraron algo mejor— murmure mientras quitaba unos cabellos de mi rostro.
—Cálmate Maya—murmuro Jonathan en mi oído— te vez peor que ayer.
—Peor—repetí, él se rio.
—Sí, más nerviosa, tensa, recuerdas que este es tu mundo— suspire y mire otra vez el viejo edificio.
—Ok—murmure y me puse en movimiento.
Al llegar a la puerta mire hacia los lados, no había nadie cerca. Mire hacia atrás y el auto en que había llegado sola estaba ahí, sabía que los demás estarían cerca vigilándome. Empuje la puerta y entre, fui cuidadosa con mis pasos, como me enseño Daniel, el primer piso estaba vacío, subí las escaleras y llegue al segundo.
—Este es el lugar—dije, como si hablara conmigo misma.
—Sí, lo es, cálmate, solo revisa el lugar.
Continúe caminando hasta que llegue al tercero, era el último, como había una puerta cerrada llegue a ella, me detuve a esperar y escuche voces al otro lado, arrugue mi frente, conté hasta tres y me metí en el papel antes de abrirla de golpe.
En el cuarto hacían 6 hombres, todos se callaron al verme, luego se miraron entre sí.
—Llegas tarde—dijo él que estaba sentado detrás de una vieja mesa, lo mire molesta.
—Llegue ligeramente tarde— replique, él apunto la silla, camine alrededor, pero como esta me dejaría de espaldas a todos sus hombres la tome y puse en otro lado, quedaba dándole la espalda a la pared, mirando la ventana y la puerta y a todos sus hombres. Mire al tipo, he intente recordar su nombre.
—Luis—dijeron en mi oído, voltee mis ojos mentalmente.
—Y—me pregunto Luis, levante una ceja— que es lo que quieres ahora, lo de siempre.
—Casi—dije y me apoye en la silla, cruce mis piernas, saque un papel de mi bolsillo y se lo di, él lo leyó detenidamente, cuando llego a la parte de la bomba arrugo su frente, me miro.
—Esto será complicado.
—Lo tienes—pregunte, mire a mi alrededor, uno de los tipos me miraba detenidamente—qué—le pregunte molesta, él se encogió de hombros pero no dejo de mirarme, mire a Luis.
—Puedo conseguirlo, pero te saldrá caro.
—Desde cuando es barato este negocio—murmure, él también se apoyó en su silla, paso su mano por su barba vieja, él miro al tipo que me seguía observándome, sus ojos cambiaron.
—No te he presentado a Edward—dijo Luis, mire al tipo que se había tensado.
—Presentado—repetí, el tipo me miro como si me dijera algo—qué idioteces dices— él me miro y sonrió.
—Nada—dijo— solo jugaba, sé que se conocen y bastante bien— alce una ceja, él miro otra vez la lista, mire al tipo un segundo antes de regresar al negocio.
De donde se supone que lo conocía, espere que Daniel dijera algo, pero no fue así, descruce mis piernas y apoye una sobre la mesa mientras jugaba con la silla. Se supone que soy impaciente, grosera y volátil, era tiempo de que me molestara.
—Lo harás o no—dije y mire a los otros tipos, uno tenía un arma en su mano, la limpiaba detenidamente, me miro y sonrió, le devolví el gesto.
—Deja de flirtear con mis hombres—me dijo Luis, lo mire y espere.
—Es asunto mío lo que haga o deje de hacer—dije, él cruzo sus brazos.
—¿Cuánto ganaras por esto?
—Cuanto te cobrare a ti, mejor dicho—dije y él sonrió.
—Exacto— fingí pensar.
—El 30% de la venta— él alzo una ceja.
—Escuche decir que les cobrarías a ellos más que eso— maldije en voz alta.
—Ya nadie respeta la privacidad del trabajo— él se encogió de hombros.
—Como si tú no me recomendaras hombres para que me vigilen —miro al tipo, Edward, lo mire detenidamente. Era guapo, me recordaba a Daniel y Jonathan, solo que un poco más delgado, se veía más peligroso, tenía el cabello largo, hasta los hombros y negro, tanto como su chaqueta de cuero, sus ojos eran del mismo color.
—No sé a qué te refieres—le dije, él se rio.
—Si claro—murmuro.
—Cualquier cosa que digas la negare hasta la muerte— él estallo en risas y asintió.
—No lo dudo, solo para ganar, sé que serias  capas de algo así, pero no me quejo, es bastante bueno en su trabajo.
—Bien por ti—murmure, estas ahí por negocios, dijo Daniel, concéntrate. Mire a Luis— y—apunte el papel—cuanto tiempo te tomara.
—Las armas no más de una semana—me trague mi sorpresa, ¿Cómo encontraban armas así de fácil?— la bomba será más tiempo, quizás un mes—me congele, se supone que solo estaría metida en esto unas semanas, no meses.
—Demasiado tiempo—dije, saliéndome de mi papel un segundo, él me miro.
—Sabes lo difícil que es conseguir esto—dejo el papel en la mesa— tenemos que buscar vendedores extranjeros, y por culpa de los malditos policías es más difícil.
—No me interesan esos idiotas—replique, me incline en la mesa, mirándolo a los ojos— podrías decirme a quien le compras, así adelantaría trabajo— él se tenso en seguida, todos se quedaron muy quietos.
Rayos, rayos, rayos, pensé, yo y mi bocata.
—Tú nunca te rindes, cierto—me pregunto— ya te he dicho que jamás te rebelare mis fuentes—él movimiento regreso al lugar— deja de joderme la paciencia— me encogí de hombros.
—Como quieras—dije— además no tendría la paciencia para tratar con un grupo de idiotas adoradores de una estúpida religión tratando de conseguir dinero para su guerras santa— me volví a apoyar en la silla—terminaría matándolos a todos.
—He oído un rumor—lo mire y espere— hace tiempo escuche que salías con un policía— me tense— era él quien te daba información –me miro de pies a cabeza –gratis.
—Nada es gratis — le dije.
—Claro que no — corroboro él — pero sabes a lo que me refiero, es verdad o no, o más aun, es verdad que mataste a su esposa cuando se entero de esto y un día te hizo un escáldalo por eso— lo mire detenidamente, acaso yo, ella era capaz de algo así.
—Rumores, rumores, rumores —dije —para lo único que sirven es para mantener alejada a mujeres celosas— él suspiro y saco un cigarrito de una caja, me ofreció y negué, luego de que lo encendiera me di cuenta que no era un cigarrillo común. Luego de su tercera calada, continuo.
—Eres más cruel que yo.
—No puede ser — dije — nosotros aquí hablando de nuestra vida y se me olvido traer galletitas y café, si quieres puedo ir por algunas para que esta reunión sea más amena— algunos hombres rieron, él no.
Estuvimos en silencio cerca de 10 minutos antes de que hablara.
—30 días—dijo, suspire— es lo que me tomara, y dejare que me cobres el 25% de la venta— arrugue mi frente.
—Eso no ayuda a mi plan de retiro— me queje.
—Es eso o te vas a buscar a otro— se cruzo de brazos.
—Eres un maldito brabucón— él sonrió.
—Brabucón—repitió—lo soy acaso—pregunto sin dejar de sonreír.
—Lo eres cuando abusas de los más débiles— el volteo sus ojos.
—Desde cuando tú eres débil.
—Desde que no puedo ponerte una bala en tu cerebro por cambiar mis planes—alzo una ceja.
—Me siento honrado de que no puedas matarme— bufe.
—Y con quien haría negocios si lo hiciera—le dije.
Daniel me dio la dirección y lo que tenía que decirle a Luis sobre la venta.
Me puse de pie y camine a la puerta pero, una idea se me vino a la cabeza y me voltee, él me miro.
—Por casualidad no conoces a algún idiota que venda material biológico, como virus, bacterias, cosas por el estilo—inclino la cabeza como si pensara.
—Sabes que no trabajo con ese tipo de cosas— me encogí de hombros— pero conozco a un tipo—esperé, él miro a Edward— acompáñala y dale la dirección— él tipo asintió.
Salí del lugar con Edward, lo sentía observarme detenidamente, llegamos a mi auto pero en el segundo que me voltee él se abalanzo contra mí.
Lo primero que sentí fue su boca sobre la mía, luego su cuerpo apretándome contra el auto. No sabía qué hacer, alejarlo por esto, pero y si se supone que ellos eran amantes, o dejarlo continuar, solo que no era mi amante. Cuando se alejó lo suficiente, no demasiado, algo frio se apoyó contra mi estomago, baje mi mirada y me encontré con el arma que se supone que yo cargaba, me la había quitado, él me estudio detenidamente.
—Subirás al auto conmigo—susurró— conducirás hasta que te diga que te detengas, sin preguntas o comentarios— abrí mi boca para hablar pero apretó el arma contra mi estomago— en absoluto silencio, comprendes— asentí.
Luego de subirme al auto, él lo hizo a mi lado, sin dejar de apuntarme, yo temblaba suavemente. Cálmate, me dije, Daniel te ayudara, él te sacara de esto, él lo hará.
Mire de reojo al tipo, que seguía estudiándome detenidamente, pero a causa del miedo no fui capaz de preguntar qué rayos pasaba aquí. Llegamos a un edificio abandonado, incluso las casas a su alrededor lo estaban. Me hizo entrar.
Daniel, llame en mi cabeza, por qué no me ayudas.
Nos detuvimos en el centro del lugar. Me voltee a mirarlo, él seguía apuntándome.
—¿Quién eres?—me pregunto, lo sabía, sabía que no era ella.
—Sofía— mentí— ¿quien crees que soy?— él disparo hacia un lado, haciéndome saltar.
—Solo limítate a contestar — esperé— ¿Quién eres? ¿Por qué te pareces a ella? ¿Por qué llevas lentes de contacto?— rayos, pensé, donde rayos estaba Daniel, o Jonathan, que carajo estaban haciendo— cirugía plástica—dijo como si eso lo aclarara.
—No—dije— no he pasado por un quirófano—me miro de pies a cabeza.
—Quien eres tú, acaso Sofía tenía una hermana gemela— ahí estaba mi salida.
—Sí—dije, él espero— lo soy— arrugue mi frente— ¿como lo supiste?— se encogió de hombros —estabas enamorado de ella—dije, pero como podían alguien amar a una persona así, él no dijo nada.
— ¿Por qué estás aquí haciéndote pasar por ella?— no dije nada— habla o la siguiente bala estará en tu trasero.
—Quiero saber quien la mato—mentí como si nada, el abrió su boca sorprendido, incluso bajo su arma un poco.
—Está muerta—repitió y asentí, como sabia su causa de muerta agregue.
—La apuñalaron hace meses, murió por eso.
—¿Por eso todo este disfraz?—pregunto.
—Quiero saber quien lo hizo— nadie sabía, era la verdad, ni siquiera la policía.
—¿Buscas venganza?—pregunto, mire hacia otro lado, luego a él, debía mentir, pero no tanto.
—Era lo único que tenia—le dije, recordé a mi hermano pequeño, él asintió luego de un segundo.
—No eres 100% ella, te pareces en algo, pero probablemente todos han notado algo en ti que no es normal.
—Me ayudaras entonces—pregunte, debía convencerlo de mi supuesta venganza— si la amabas debes también querer saber quién la mato— él arrugo su frente y negó— entonces me mataras, o peor, me delataras ante los demás.
—¿Por qué me arriesgaría por ti?— di un paso adelante, él me detuvo apuntándome.
—Quiero saber quien lo hizo, esto no puede quedar así.
—No sabía que tenía una hermana—dijo.
—No confiaba en nadie—dije.
—Cierto— lo mire.
—Yo le dije que la odiaba, que no quería nada con ella, que me avergonzaba lo que hacía— mire el suelo— probablemente por eso, nunca hablo de mi a nadie—lo mire— solo quiero la verdad, se lo debo.
Me estudio por largo rato, hasta que bajo el arma, suspiro y me la regresó, la guarde sin dejar de mirarlo.
—Está bien, te ayudare, por lo menos a lucir más como ella— asentí.
—Se lo dirás a alguien—negó— gracias—dije y mire el lugar.
—Pero deberás hacer algo antes—lo mire— quiero que mañana me acompañes a un hospital— alce mi cejas sorprendida.
—Qué—pregunte.
—Quiero que te hagas una prueba de ADN— o rayos, pensé, esto sí es un problema —mañana te estaré esperando en el hospital del centro, llega temprano— se dio la vuelta pero se detuvo antes de salir y me miro— si no estás asumiré que todo es una mentira, no te delatare pero sí te matare yo mismo, y si las pruebas revelan que me mentiste, te delatare y te entregare a los hombres de Luis, te aseguro que la muerte es mejor a eso— sin más salió y me dejo completamente sola.
En ese segundo solté el aire que no sabía que tenía retenido, lentamente camine hasta la pared y me apoye en ella, pesadamente caí hasta sentarme en el suelo, apoye mi cabeza en mis rodillas.
—Dónde diablos me metí—susurre.
No pude evitar temblar suavemente por unos momentos, cuando logre calmarme salí del lugar. Ya en el auto me quite el arma, dejándola en la guantera, también el pequeño auricular de mi oído, los idiotas no me habían hablado ni una sola vez. Conduje hasta el único lugar que donde sabía que no estaría en peligro, o no pondría en peligro a nadie, mi casa. Al llegar me estacione rápidamente y entre en el edificio, al llegar a mi puerta la abrí, pero antes de cerrarla una mano me detuvo. Daniel entro seguido de Jonathan, ambos se veían serios y tensos, me aleje lo mas que pude de los dos.
Los mire molesta y herida, cuando cerraron la puerta y me miraron, comencé mi queja.
—Pero si no son los “te mantendremos segura” los que están aquí— Jonathan sonrió y se sentó en uno de mis sofás—no te pongas cómodo—le dije, él sonrió aun mas.
—Lo lamentamos—dijo Daniel.
—A si—dije— probablemente escucharon todo, no—asintieron— bien, con esto se acaba su juego –se miraron entre sí —no podré pasar la prueba de sangre, no seguiré con esto —camine hasta mi cocina —debí negarme desde un principio.
Luego de beber agua regrese a la sala, estaban donde mismo los había dejado.
—Cuando dije no seguiré con esto quería decir que se largaran— Jonathan suspiro molesto, Daniel me miro.
—Una prueba de sangre no será problema—dijo Jonathan, lo mire y arrugue la frente— no te preocupes por eso.
—Ho gracias— dije fingiendo estar feliz, me senté— eso lo mejora todo, qué más da que me disparen, total, pasare una estúpida prueba de sangre— él me miro irritado.
—Maya— dijo Daniel, lo mire— no puedes dejar esto hasta aquí, no existe nadie más que pueda ayudarnos, además estas demasiado involucrada en esto como para dejarlo— abrí mi boca sorprendida— solo cuando acabe podrás olvidarte de todo— me miro como si me dijera algo, cerré mi boca y me tense.
Lentamente me puse de pie, me miraron.
—Está bien—dije seria— seguiré con esto porque me comprometí, llegare hasta el final, pero nada más después de eso— mire mi puerta— ahora déjenme sola, se supone que mañana debo estar temprano en un hospital.
Se miraron entre sí, Jonathan se puso de pie y camino hasta la puerta, pero antes de que saliera, pregunte.
—¿Quién es Edward?—me miraron y luego entre ellos, Daniel abrió la boca, pero Jonathan se le adelanto.
—No lo sabemos—se encogió de hombros— pero intentaremos averiguarlo— asentí, él miro a Daniel— iré a la oficina para informar lo que paso hoy— Daniel asintió.
Luego que Jonathan saliera, mire a Daniel, no me moví de mi lugar. Que diablos quería, ya tenía las cosas demasiado claras para que él agregara algo más, arrugue mi frente mientras observaba su cruel y hermoso rostro, ¿y yo quería algo mas con él? no me basto acaso que fuera uno de los que me mantuvo encerrada por 4 meses, si le importara algo hubiera interferido, no hubiera permitido que estuviera a muy poco de tener una bala en mi cabeza.
—Yo…—comenzó pero me negué a escucharlo, estaba muy cansada.
—Ya lo dije Daniel— suspire— vete por favor— él me miro por largo rato, luego asintió y se fue.
Me deje caer al sofá luego de que se fuera, debía sentirse agradecido de que no tuviera que decir nada, ya todo había quedado claro. Ojala todo terminara pronto, quería comenzar con una nueva y mejor vida pronto. Cerré los ojos e intente dormir, lamentablemente aun resonaba el sonido de la bala en mi cabeza, me quejé y puse un cojín sobre mi rostro.


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Capitulo 7. Mentiras y secretos.

Mensaje por debora86 el Lun 29 Jul 2013 - 19:21

Capitulo 7
Mentiras y secretos



Era muy temprano y estaba sentada en una de las sillas del hospital, observando a Edward, que estaba sentado leyendo el periódico tranquilamente. Mire más detenidamente su rostro a la luz del día, tenía una mandíbula firme, una pequeña cicatriz en su labio superior, y una nariz recta. Su cabello caía un poco hacia adelante y eso solo lo hacía parecer más despreocupado. De repente arrugo su frente mientras leía y encontré divertida su expresión, claro, solo hasta que levanto la vista y me miro, sus ojos negros y penetrantes se clavaron en los míos, me sonroje en seguida y mire hacia otro lado.
Él no dijo nada, pero me observó un segundo antes de regresar a su lectura, suspire cansada.
—¿No te gustan los hospitales?—pregunto sin mirarme.
—No me gustan las agujas— y menos desde que había tenido que soportar, no hacía mucho, a un par tomando muestras de mi sangre cada poco tiempo, y no de una manera muy amable.
—¿Les tienes miedo?—pregunto y lo mire.
—Miedo —repetí, si, respondió mi cerebro, lo tenía, una costumbre aprendida. Solo me encogí de hombros.
—¿O nerviosa?
—Y por qué nerviosa— dije.
—Porque no salga lo que esperas y yo tenga que acabar contigo— cerré mis ojos sorprendida, luego lo mire, con qué facilidad hablaban de matar personas.
—No estoy nerviosa y nada que se le parezca, deja de preguntarme idioteces— me moleste por toda mi suerte, él sonrió.
—Es serio, no te pareces a ella— lo ignore, él me dejo en paz hasta que me llamaron. Mire un segundo a la enfermera antes de ponerme de pie y seguirla, Edward nos siguió, lo mire y él hizo lo mismo conmigo.
Recuerda que ya no estás en una celda, me dije, me estaba doliendo el estomago.
Me hicieron sentarme en una mesa un poco más alta de lo normal, tomé aire para calmarme mientras Edward me observaba detenidamente.
La enfermera regresó y me hizo poner mi brazo sobre una mesa, la observe limpiarme el brazo, luego amarrarme sobre el codo con una goma, por ultimo golpeo sobre mi vena un poco, trague aun asustada al verle tomar una jeringa
—A mi novia le asustan estas cosas—mire a Edward cuando dijo que era su novia, él me miro y sonrió, arrugue mi frente. La enfermera sonrió ante sus palabras, suspire.
—No me asustan—me queje, me miraron— solo que no he tenido muy buenas experiencias en esto— sabia que Jonathan y Daniel me escuchaban, quería que lo hicieran.
—Todo va en la forma en que se haga—dijo ella.
—Lo sé— la mire— las personas que lo hicieron eran muy malos— ella asintió.
—Probablemente recién estaban aprendiendo.
—Creo que más bien no les interesaba si me dolía o no— ella suspiro.
—Que mal— murmuro.
—Lo mismo pienso—dije de vuelta, ningún comentario en mi oído, lastima.
—¿Qué pruebas deseas?—me pregunto y en ese momento sentí la aguja perforar mi piel, cerré los ojos un segundo. Luego mire a Edward alzando una ceja, la enfermera lo miro.
—Pruebas de embarazo— la mire cuando lo dijo y  sentí mi rostro sonrojar, a la vez que escuche una tos por mi oído, luego de eso vino una risa.
—Embarazo — repitió Edward mirándome, abrí mis ojos molesta.
—No—dije, eso es algo que no podía pasarme, menos ahora, no, repetí en mi cabeza, rayos.
—No—repitió él —pruebas de ADN— ella lo miro arrugando su frente— le daré luego algo con que compararla.
—Buscas una relación— él asintió.
—Queremos saber qué relación tiene ella con esta persona.
—Claro—dijo la enfermera.
—¿Cuánto tardara?—pregunte.
—Este hospital se especializa en esto, así que no será más de dos semanas— suspire, demasiado tiempo.
Cuando ella acabo me quito la aguja y me puso un algodón, guardo la muestra y la etiqueto, observe como se la llevaba, mire al tipo.
—¿Feliz?—pregunte, dolida.
—Lo estaré cuando reciba los resultados— suspire.
—Por qué nunca las cosas son fáciles para mí—murmure, él inclino la cabeza mientras me miraba luego sonrió— qué —dije.
—Al parecer no te gusto la idea del embarazo— bufe molesta, no conteste— es el verdadero amor el que siento—lo mire y sonreía aun mas.
—No—dije simplemente, por qué tenía que preguntarme algo así, rio.
—Ha, molesta—dijo, se reía sin parar— por qué será, te engaño acaso— voltee mis ojos.
—No, y ni siquiera me importa, por favor deja de hacer preguntas estúpidas, que te importa a ti— él se encogió de hombros.
—A decir verdad nada— la enfermera regreso justo en ese momento, me entrego un papel que tuve que llenar y él le entrego un sobre, la enfermera asintió. Edward se acercó a mí para ver como llenaba el papel, cuando llegue al número de teléfono me quito el lápiz y anoto otro, lo mire y él me ignoro, suspire y entregue el documento.
—Todo listo, en cuanto se tenga en resultado se le llamara.
—Gracias—dije y salimos del lugar.
Ya fuera del hospital mire alrededor, luego a él.
—Mientras tanto puedo seguir con mi investigación o no lo permitirás —alce una ceja, él me miro.
—Primero tendremos que ver eso de tu actuación— sonrió— eres un tanto exagerada— arrugue mi frente.
—Acaso tu me enseñaras—asintió, saco unos lentes oscuros de su bolsillo y se los puso.
—No quiero que arruines mi trabajo, si te descubren pensaran que te ayude,  no quiero eso.
—Que amable— le dije, él me tendió un papel, lo mire.
—No creo que quieras que nos reunamos en tu casa— negué— y tampoco te quiero en la mía, es otro departamento que tengo, no lo uso mucho, servirá, ve hay mañana— con eso se alejó.
—Qué fácil es dar órdenes— dije, me respondieron.
—Tú nunca las sigues— Daniel.
—Tengo entonces que ir a la central.
—No—dijo Daniel— es peligroso que vayas, ahora que estas más expuesta será extraño, esta será nuestra única conexión.
—No pudiste darme una mejor noticia— otra risa.
Camine hasta el auto que me habían entregado, subí y conduje a mi casa.
—Te mantendremos siempre vigilada— por qué él siempre me sonó más extraño.
—Claro—dije mientras conducía, claro que si, repetí en mi cabeza.
—Ve a un parque a dos cuadras de aquí— dijo Daniel, suspire y lo hice.
Al llegar baje del auto y camine al parque, me senté y espere. Mientras tanto observe a los niños jugar, a sus madres hablando entre ellas, a parejas paseando, todo tan normal que me era sorprendente, cuando alguien se sentó a mi lado lo mire, Daniel.
Nos observamos a los ojos antes de que él me atrajera con un abrazo  hacia su cuerpo, abrí mis ojos sorprendida, no podía ser, intente mirarlo pero él me apretó contra su pecho.
—Otros te estarán vigilando— me tense y apoye una mano en su pecho— ya no podremos reunirnos como antes, por eso fingiremos que somos pareja— cerré los ojos un momento, así que era eso, por un segundo pensé…—  nos veremos de esta forma, seré tu enlace con nosotros, te seguiremos escuchando, apoyando.
Me aleje de él y apoye en la banca, él tomó mi mano y entrelazo sus dedos con los míos, al mirarlo me sorprendió, me observaba de una forma intima, como debían hacerlo los amantes, si no fuera por sus ojos vacíos hubiera creído que era así.
—Es necesario el fingir esto—pregunté y trate de relajarme, de mostrarme como era debido, me senté en dirección a él, apoye un brazo en la banca y mi cabeza en ella, él no dijo nada.
—Será menos extraño que vaya a tu casa— se encogió de hombros y observo a su alrededor— solo será por un tiempo.
—Si me preguntan por ti, que debo decir—lo mire y sonreí— que te utilizo para obtener información— él sonrió de vuelta, aunque la molestia  era evidente en sus ojos.
—Sofía es capaz de algo así, pero no sé si va por ahí contándole a otros— asentí, mire a mi alrededor y por último a él.
—Entonces iré a ese gimnasio que me recomendaste— alzo una ceja— debo seguir entrenando, no— él suspiro  y miro nuestras manos entrelazadas.
—Yo…— comenzó pero algo dentro de mí se movió inquieta, metafóricamente hablando, así que me adelante, me acerque a él y levante su rostro con mi mano, luego junte mis labios con los suyos en un simple beso, me aleje y él me miro. Solté su mano y me puse de pie.
—Nos vemos— con eso me aleje.
No me detuvo o hablo otra vez, pero podía sentirlo mirarme, al llegar al auto mire hacia la banca, se había ido, y como él también lo hice.


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Capitulo 8, Entrenamiento.

Mensaje por debora86 el Sáb 3 Ago 2013 - 1:00

Capitulo 8
Entrenamiento

El gimnasio que Daniel me recomendó era oscuro, un tanto viejo, tenía un ring en el centro del lugar, que en ese momento estaba siendo ocupado. Mire alrededor sorprendida hasta que un hombre de piel negra, alto y musculoso, pero de edad avanzada, se acercó a mí.
—Tú debes ser Maya— lo mire y arrugue mi frente— tenemos un amigo en común— bufé.
—No es mi amigo, pero se dé quien habla— él sonrió suavemente, y su sonrisa si llego a sus ojos.
—Bien, de todas maneras me dijo que vendrías.
—A si—dije, él apunto hacia un lado, a un saco de arena.
—Te enseñare a defenderte de casi todos los ataques—me miro— vendrás todas las mañana a las 6— abrí mi boca para protestar— eso o buscas otro lugar— la cerré y asentí.
—Está bien— algo me decía que debía quedarme aquí.
—Trotaras también todas las mañanas, antes de venir aquí— suspire y lo seguí por el lugar, aunque había más hombres que mujeres, las que estaban me ignoraron y siguieron entrenando.
—Esto –apunto una bolsa— será tu amigo de ahora en adelante— asentí— bien, puedes venir mañana.
—Está bien entonces, hasta mañana— salí del lugar y cuando por fin estuve en mi casa me apoye en la puerta. Cada día me metía mas en esto, como lograría salir, hasta donde tendría que llegar.

Un día después estaba delante del edificio de Edward, este era una porquería de lugar, y no creía que el departamento fuera mejor. Suspire y golpee su puerta sin ánimos, él abrió segundos después.
—Puedo entrar—le dije como saludo, no estaba de humor. Había ido al primer entrenamiento del viejo, Don Luí, se hacía llamar, y luego de correr, me hizo golpear esa bolsa de arena hasta que dijo que lo hacía más o menos bien. Me dolían los nudillos como si los hubiera puesto en fuego.
Él arrugo su frente y me dejo pasar.
Observé a mi alrededor, el lugar no estaba tan mal, solo había un sofá, una mesa y dos sillas, y una cama a lo lejos, apoyada en un rincón.
—Lindo lugar—dije, paso a mi lado y se sentó en una de las sillas, me indico que me sentara, lo hice enseguida. Ya no podía ni mis piernas, él me miro.
—Te vez de mal humor—dijo como si nada, hice una mueca.
—Cambie de gimnasio y mi nuevo entrenador es… estricto—volteo sus ojos —y para que me quieres aquí— suspiro.
—Ya lo sabes— miro alrededor— te ayudare para que no arruines mis planes.
—Está bien—dije cansada.
—Entonces comenzaremos con lo básico—dijo él, esperé— Sofía se consideraba la mejor en esto, y lo era, no andaba con juegos ni dobles sentidos, nada, no amenazaba o perdía el tiempo— arrugue mi frente— iba directo al grano.
—Entiendo—le dijo.
—No—refuto— no creo que lo entiendas, ¿cómo eres negociando? — me miro esperando.
—Creo que buena—le dije, suspiro y se puso de pie, tomó una chaqueta de su silla.
—Vamos –me dijo y lo seguí.
—¿A dónde? –le pregunté.
—A ver cómo eres negociando —con eso salimos del lugar y llegamos  una motocicleta negra y elegante.
Me hizo subir detrás y me afirme con un abrazo a su cuerpo. Me llevo por calles que no conocía, hasta que se detuvo delante de un galpón escondido y oculto, cuando me baje pregunte.
—¿Qué es este lugar?— me miro.
—Se supone que conoces este lugar— abrí mis ojos sorprendida— es un mercado negro.
Observé de nuevo todo a mí alrededor, pues si, lo parecía, incluso algunas personas pasaron a mi lado y me miraron fijamente, mire a Edward.
—Se supone que conozco a todo el mundo—negó y me relaje.
—Siempre hay personas nuevas así que no te preocupes por eso.
—Pero por qué estamos aquí—pregunte, caminamos dentro del lugar, tuvimos que esperar a que nos dejaran entrar.
—Quiero ver que tan buena eres negociando, te lo dije— cuando entramos  mire aun mas sorprendida.
El lugar era enorme, estaba dividido en cuartos pequeños, note que la mayoría estaban vacíos, pero dentro había más gente de lo que creí posible. Lo seguí por los puestos hasta que se detuvo delante de un vendedor de antigüedades, que sabía que debían ser robadas, me miro y alce una ceja, cuando no hizo nada suspire y me puse manos a la obra.
Observé cada cosa, buscando algo que conociera o que quisiera llevar, lo sorprendente era que el hecho de que fueran robadas no me molestaba, por un segundo me pregunte como seria para mi vivir después lejos de todo esto, suspire.
Encontré un pequeño marco de plata, lo tomé y observé detenidamente, hasta que el vendedor me miro y me dijo un precio, deje el marco en el lugar sin siquiera inmutarme y continúe observando otras coas. Pero, quería el marco, y planee una estrategia, debo ir directo al grano, no.
—¿Cuanto menos?—le pregunte mirándolo a los ojos, el tipo arrugo su frente.
—50.000—dijo como si nada, bueno era un cambio, antes estaba cobrando cerca de 60.000, me rasque el rostro de forma distraída.
—No, es mucho—le dije— no vale eso.
—Es original del siglo 16—dijo él mientras se iba a atender a otras personas, tomé el marco y lo observe más detenidamente. Pues a mí me parecía del siglo 21, pero algo me decía que conocía este diseño, pero no sabía de dónde, el vendedor regreso a mi.
—Si lo quieres cómpralo y si no vete, me espantas a la clientela—mire alrededor, era verdad, todos se alejaban al verme.
—Eso no es culpa mía—me queje, apunte el marco— te doy 20.000— él abrió los ojos sorprendido.
Así me pase el resto de la hora discutiendo con él, extrañamente llegaron más personas a observar el cambio de palabras, mientras el argumentaba algo yo decía otra cosa. La gente cambiaba de parecer con cada nuevo argumento, pero al final estaba saliendo del lugar con el marco en una bolsa. Sonreía feliz, jamás había negociado nada de esa forma, mire a Edward cuando  llegamos a su moto.
—Bien—dijo— en eso te pareces a tu hermana, ambas obtienen lo que quieren— arrugue mi frente, no me gustaba que me compararan con ella, pero bueno.
—¿Estuvo bien?—le pregunte.
—Relativamente, obtuviste un buen descuento por el— apunto el cuadro, pues si, al final de 50.000 había pagado 22.000, bastante bien, pensé— por lo menos en eso no necesitas mucha ayuda, asentí.
Regresamos a su departamento y cuando me senté en una silla para observar mejor el marco, caí en cuanta, no tenía ninguna fotografía, para que lo quería, lo deje en la mesa molesta. Edward apareció con un vaso de vino, me lo tendió y se sentó frente a mí con otro, deje mi vaso.
—No bebo—le dije y entrecerró los ojos en mi dirección.
—Pues tu hermana si— hice una mueca, tomé solo un poco de vino, este calentó mi sistema en seguida y deje el vaso en su sitio.
—Otra cosa—dijo él, esperé —a ella no le interesaba nadie más que ella.
—Qué triste—le dije, me miro molesto.
—Por ende no debes preocuparte por nadie jamás.
—No mientras dure esto, luego regresare a mi vida—me miro detenidamente, eso espero, pensé.
—Pues mientras esto dure será así— dijo él.
Pasamos cerca de 4 horas hablando de ella, de que le gustaba, de que no le gustaba, de cómo comía, dormía, bebía, leía, todo, cuando me dolía la cabeza por tanta información decidí que era tiempo de irme, me despedí de él y regrese a mi casa.
Me senté en mi sofá y apoye mi cabeza en el respaldo, me dormí en seguida.


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Capitulo 9, No siempre es mejor.

Mensaje por debora86 el Lun 12 Ago 2013 - 18:27

Capitulo 9
No siempre es mejor.



Los días pasaron con rapidez, mi entrenamiento me mantenía ocupada siempre, entrenaba mi cuerpo en la mañana y entrenaba con Edward en la tarde, llegaba la noche y tenia pesadillas sobre quien era en realidad, si ella o yo, Sofía o Maya, ¿Quién? Me costaba diferenciarme de ella.
Dos semanas completas pasaron hasta el día en que Edward tuvo el famoso resultado en sus manos. Estábamos en su departamento, sentados uno frente al otro, mirando el sobre blanco, sin movernos o hablar. En ese segundo me pregunte por qué había tardado tanto en llamarme.
—¿Qué esperas?— pregunte ocultando mi nerviosismo, no sabía porque estaba así, era obvio que Daniel y Jonathan arreglarían el examen pero, aun así estaba nerviosa, él me observo unos segundos.
Cuando abrió el sobre mi corazón latía muy rápido, mientras leía el papel detenidamente sentí la urgencia de correr fuera del lugar. Luego de un momento me tendió el papel y lo tomé, como no se veía molesto me relaje un poco, solo siguió observándome detenidamente.
Leí, y de lo que entendí era que yo era un 97% idéntica a Sofía. Me congele, 97%, eso era increíble. Claro, es mentira me dijo una parte de mi cabeza, pero por qué me molestaba, por qué arrugue el papel y lo deje en la mesa, por qué cruce mis brazos sobre mi pecho para evitar que él viera mi molestia, de cómo temblaba.
Y sabía el porqué.
Porque si el papel hubiera dicho que no era igual a ella, yo hubiera tenido una oportunidad de salir de todo esto, de regresar a mi vida, claro de que también me mataran, pero era mi única oportunidad y se había esfumado, porque aunque después saliera de toda esta mentira, aun otros creerían que era su hermana, o que era ella. La odiaba, con todo mi ser.
Mire a Edward.
—¿Y bien?—le pregunte, no dijo nada— con esto ya estarás más tranquilo— seguía sin hablar, me puse de pie— es mejor que me vaya.
Alcancé a llegar cerca de la puerta antes de que él me detuviera, me agarro de un brazo y me arrastro a una silla, luego se sentó delante de mí, tan cerca que nuestras rodillas se tocaron. Otra vez cruce mis brazos y en ese punto note que tenía una pistola en su mano, la dejo en la mesa, lejos de mí.
—¿Qué esperas obtener de esto?—pregunto de repente, lo mire.
—Saber quien la mato—se supone que eso quería, negó.
—¿Qué esperas?—repito, solo lo mire.
—Ya lo dije—llevo su mano a mi cuello tan rápido que me sorprendí y no fui capaz de moverme, pensé que apretaría, que me quitaría el aire, pero solo me sostuvo ahí, sin dejar de observarme.
—Y cuando lo averigües—pregunto, me obligaba a mirarlo— ¿que harás?—lo pensé, que haría. La voz de Daniel me decía que me calmara, sabía que podían ver todo, porque se habían encargado de eso, me decía que no reaccionara, muchas cosas que deje de escuchar luego de un momento.
—No lo sé—solté cansada, espero— no sé qué hare luego— no dijo nada— suéltame—le dije, lo hizo y se inclino en su silla, solo me observo.
—No te entiendo—murmuro— ¿por qué dejas tu vida por algo así? ¿Por qué no solo te vas y olvidas todo? no podrás salir luego de esto— lo mire a los ojos— estarás tan metida que aunque quieras no podrás dejar esta vida.
En ese punto supe la verdad de sus palabras, yo ya sabía que me sería difícil, pero que de algún modo lograría salirme, que cuando arrestaran a los terroristas y vendedores, continuaría con mi vida, pero no era así. Porque no solo los que ayudaría a arrestar me conocerían, si no otros, que se enterarían de esto, de lo que hice, y que no les gustara que alguien que se parece a uno de ellos ande por ahí, ayudando a los policías. Todos querrán deshacerse de mí aunque ya no les haga daño, aunque sea demasiado insignificante, y claro estaban los que buscarían venganza. La policía no podría protegerme siempre y, en algún momento, alguien se cobraría. Jamás podría regresar a mi vida, nunca sería igual.
Mire por la ventana sin saber que decir, nadie decía nada por mi oído, estaba sola y sin apoyo.
—Incluso ahora no puedo salirme—le dije y lo mire, asintió— dije…—comencé, me retracte— me dije que lo haría, no puedo echarme atrás, menos ahora, que ya no lograría nada.
—No te entiendo—me dijo él— odias esto, lo veo cada vez que te explico algo, cuando vamos al mercado, odias todo sobre esto, pero aun así continuas aquí.
—Ya te dice, es algo que debo hacer—me puse de pie, camine por el lugar.
—¿Por qué debes hacerlo? ¿qué ganaras?— no lo mire, no podía decirle que quizás muchas vidas se salvarían, no, no podía, aunque él se hubiera convertido en un amigo dentro de toda esta locura, el único porque ni siguiera León lo sabía, y no lo metería en algo así. Negué.
—Tú lo dijiste, ya no puedo dar marcha atrás, entonces es lo único que puedo hacer, seguir con todo, veré que pasa cuando llegue al final—me miro molesto.
—Pues no entiendo, deberías salir de esto ahora, que aun no has molestado a demasiados, después…
—Qué carajo te importa a ti—le dije molesta, me tenían harta, todos diciéndome que tenía que hacer.
Se molestó aún más, poniéndose de pie y caminando en mi dirección, no hui, no me moví.
—Tu hermana hubiera salido de todo esto si hubiera podido, tu desaprovechas tu vida— su tono de voz aumento, por ende el mío también.
—No me hables de ella—le dije más fuerte, estaba harta de ella también, la odiaba cada días más. Me aleje de él, pero me tomó del brazo, sacudiéndome con fuerza.
—Por qué rayos haces esto, si la odias tanto— lo mire.
—Tú no sabes nada—le dije.
—Es tan obvio lo que piensas—me dijo— has tenido una buena vida, no sabes porqué terminamos trabajando en esto— me sacudió— lárgate y no regreses, vete a tu bonita vida—sentí como si me abofeteara.
—Idiota—le grite—no sabes nada de mí— intente alejarme de él, pero me afirmo del otro brazo.
—Y tú crees que esto es miel sobre hojuelas—me grito— nadie te protegerá aquí, a nadie le importara si vives o mueres.
Lo mire a la cara y sus palabras me golpearon, era la pura verdad, ni a mi madre le importe, pero estaba tan llena de rabia que libere una de mis manos y lo golpee de lleno en su cara, él se tambaleo y me soltó. Con eso hui hasta la puerta pero, me agarro de mi chaqueta y me hizo caer al suelo, como si nada estaba sobre mí y me volteo.
Intente golpearlo de nuevo pero él me golpeo en el estomagó sacándome el aire. Tosí un largo rato. Edward respiraba agitadamente pero mi molestia no se había ido, así que levante mi pierna e intente golpearlo, me detuvo.
Pelee con él un rato, pero siempre me detenía, era demasiado fuerte, demasiado rápido. Daniel hablaba con Jonathan sobre algo pero no escuchaba bien, solo a alguien negando algo. Edward puso mis manos sobre mi cabeza deteniéndome, como me removía aun pego su cuerpo al mío.
—Los odio—le dije a él y quien me escuchaban— los odio— él no dijo nada, solo me permitió hablar un rato hasta que me calme, me miro.
—Ya—dijo, asentí y soltó mis manos, solo que no salió de sobre mí, aun me aplastaba y yo solo lo miraba.
Era extraño, no quería que se alejara de mi, luego de acostarme con Daniel había estado más pendiente de mi, de lo que quería, o como lo quería, y por estas semanas de tenerlo cerca fingiendo que sentía algo por mí, habían causado estragos en mi cuerpo, y por Dios quería a Edward ahora.
Él me miro a los ojos y como si lo hubiéramos planeado ambos nos acercamos al centro y nos besamos. Este beso fue con fuerza, necesitado, no había cariño en el, solo deseo. Sus manos se movieron por mi rostro, su boca se apretaba contra la mía, se movía, me empujaba contra el suelo, y yo no me quede atrás, porque mis manos también se movieron por su rostro, por su cabello y su espalda. Con empujes saque su chaqueta dejándola a un lado, él movió sus manos por mi cuerpo haciéndome estremecer, pero ponía fuerza en sus acciones y cuando se lleno una mano con uno de mis pechos yo enrede mis dedos en su cabello imitando su fuerza, me miro y sonrió para volver a besarme.
Solo por un minuto estuve perdida con su cuerpo sobre el mío, oliendo ese característico olor a cuero y hombre, algo que también había notado en Daniel, solo que diferente en esencia. Sus manos eran duras y calientes, su boca exigente y hambrienta. Y su cuerpo duro y cómodo. Pero solo lo disfrute por un minuto, porque luego escuche la voz de Daniel preguntarle a alguien.
—No se ve nada.
Me congele.
Como estaba distraída Edward movió su mano hasta mi sexo para apretarme justo en mi nudo, gemí en consecuencia y él continuo con su caricia. Me mordí el labio ya que sabía que me oirían, que podrían estar viendo, y no sabía qué hacer. Edward seguía atormentándome con sus manos, yo no quería detenerme pero no quería que ellos supieran esto.
Cuando Edward me beso y olvide de nuevo de todo lo demás, me quite la chaqueta, donde sabia que tenia la pequeña cámara de Daniel, él la tomó y arrojo lejos de ambos. No me preocupe mucho donde.
Un segundo después estaba sobre él, a horcajadas sobre sus muslos. Edward se sentó y me beso mientras le quitaba su camiseta, solo se alejó de mi para quitársela por su cabeza. Me maraville de su pecho firme y musculoso, pase mis dedos por las cicatrices en el, algunos círculos, balas imagine y seguí su línea en su pecho, él beso mi cuello y metió sus manos en mi blusa, tocando mi piel. En ese momento Jonathan hizo acto de presencia sorprendiéndome, normalmente Daniel era el único que me hablaba.
—Ha—dijo él en mi oído— ahí estas— me congele un segundo, Edward pareció notar mi cambio porque me miro— no se detengan, por favor, no he visto una buena película en años— apreté mis labios molesta, no quería que viera esto. Mire a Edward, preguntándome por qué Daniel no decía nada.
—Debo irme—dije, él arrugo su frente, pero asintió, no me aleje de él así que levanto una ceja, sonreí y lo bese— continuaremos con esto es otro momento—sonrió.
Me puse de pie y arregle mi ropa, cuando salí del departamento y llegue a  mi auto arroje  la chaqueta en la silla del copiloto.
—Aguafiestas—me acuso Jonathan, me reí.
—Mirón—lo acuse yo, él se rio.
—Arruinaste mi diversión—se quejo.
—Y tú la mía— respondí.
—Ha—dijo él— quiere decir que si no digo nada ahora estaríamos en plena acción.
—Probablemente—murmure, quizás ahora estaría con él dentro de mí, suspire. Me estaba comportando como una zorra.
—La próxima vez entonces no interrumpiré y claro, no dejare que nadie lo haga.
—¿A si?—pregunte, pero estaba más concentrada en llegar a mi casa.


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Capitulo 10, Amargas verdades

Mensaje por debora86 el Lun 12 Ago 2013 - 18:32

Capitulo 10
Amargas verdades


Cuando llegue a mi casa me fui directo al baño, necesitaba una ducha.
Luego de calmarme un poco salí en vuelta en una toalla y camine hasta mi cocina. Di un grito cuando vi que Daniel estaba sentado en mi sofá, mirado por la ventana. Lleve mi mano a mi corazón ante la sorpresa.
—¿Qué demonios haces?–le reproche, me observo un segundo a los ojos y luego a mi toalla— ¿cómo entraste aquí?
Di un paso hacia atrás sorprendida cuando camino en mi dirección sin detenerse y, cuando me beso, no pude cerrar los ojos por la sorpresa ni él lo hizo. Chocamos con la pared un segundo después mientras continuaba besándome de tal manera que lo desee en seguida. Cuando vagó por mi cuello, besando, mordiendo, oliendo, pensé en lo que hacía, pero no hallé respuesta.
—¿Por qué estás haciendo esto?— pregunte, su boca se congelo en mi cuello.
—No lo sé—dijo contra mi piel— no sé porque estoy aquí, o porque te deseo tanto.
Deseo, pensé, era solo eso. Lo que pasaba era que se sentía dueño de mi, nada más.
—¿Me viste con Edward?—pregunte, no dijo nada pero continuo depositando besos en mi cuello, hasta el otro lado— sí, me viste—continúe— ¿por eso estas aquí?— se detuvo por completo y me miro.
—¿Qué quieres decir?—dijo.
—Solo estas aquí porque otro me beso, porque otro está interesado en mí, nada más. Te crees que soy de tu propiedad— su frente se arrugo por su molestia, luego dijo algo que me hirió completamente.
—Tú crees que le interesas a Edward— esperé— acaso crees que le importas siquiera— llevo su mano a la toalla de mi cabello, la quito y este cayó húmedo y pesado contra mis hombros, tomó un mechón entre sus dedos.
—Acaso no—le dije— crees que yo no puedo inspirar interés en otro—me estudio intensamente.
—Él solo quiere acostarse contigo, sexo por una noche— arrugue mi frente.
—Y acaso eso no quieres tu—dejo de acariciarme— fue sexo de una noche, nada más, ¿por qué estás aquí?— tome aire—  solo porque no te he rogado otra noche, porque no he estado a tus pies pidiendo tu atención, te molesta que yo quiera sexo por una noche con otro que no seas tú, te molesta que me sienta atraída por otro, o te molesta que tú me interesaras solo por una noche— respire al terminar mi discurso. Observe sus ojos entrecerrados.
—Uno no besa de la manera que tú me besaste si solo fuera por una noche—dijo y supe que tenía razón.
—No lo sé—murmure, estaba más que molesta, de nuevo— era la primera vez que estaba con alguien, pero tú tienes mucha experiencia en esto, yo también la tendré—lo mire a los ojos— y Edward es una interesante forma de aprender.
Solo me estudio y yo me arrepentí de mis palabras enseguida porque soné igual que ella. Se me estaba metiendo en los huesos, cambiando mi forma de ser.
Cerré los ojos con tristeza y apoye mi frente en su hombro, él no se movió.
—Tú no eres ella—me dijo, no me moví— no te conviertas en algo que te desagrada.
Lo mire, estaba tan triste, dolida, no sabía que decir, y ya no quería decir nada.
—Ven—dijo y me llevo a mi habitación, me hizo acostarme y me tapo con la sabana, observe como se iba por la puerta y suspire. Que bien, otra vez sola, quite la toalla de mi y la arroje al suelo, no me importo que mi cabello aun goteara, pero al parecer a otro sí, porque Daniel regreso con una toalla, me miro.
Llego a mi lado y me senté, se acomodó detrás de mí y comenzó a secar mi cabello, lo hacía lentamente, con mucho cuidado, sonreí.
—Me tienes lastima—dije, sabía que era verdad.
—Y tú me odias—contesto él, también era verdad, pero no demasiado, porque también lo deseaba, casi siempre.
—Como podrás seguir con esto si me tienes lastima—le dije, no se detuvo ni un segundo.
—Yo…—comenzó— no te tengo lastima—dijo— solo es que…
—Te crees responsable de mi—termine, se detuvo y dejo la toalla en el piso, pensé que se alejaría pero me gire cuando sentí un cepillo en mi cabello.
—No te gires—dijo él y regrese mi mirada al frente, me peino con más cuidado aun.
—Creo que sí—dijo luego, sabía que continuaba con nuestra conversación— yo fui uno de los que te mantuvieron encerrada tanto tiempo.
—No quiero hablar de eso—le dije tensa.
—Pero es necesario—dijo él— porque es la verdad— se detuvo y escuche el cepillo ser puesto en el mueble.
Sus manos me rodearon, me abrazo y atrajo a su cuerpo, apoye mi espalda en su pecho.
¬—Te oí —dijo— cuando dijiste que nos odiabas, fue con tanta fuerza, tanta tristeza que por primera vez me arrepentí de hacer algo así, he causado mucho daño.
—Has salvado vidas—le dije.
—Pero a costa de qué— estaba tenso— de dejar a hijos huérfanos, madres viudas, familias sin sus seres queridos, no me arrepiento de lo que hago, pero sé que algunas veces no era necesario tanta fuerza, tanta destrucción.
Apoyo su cabeza contra la mía.
—Cuando te encerramos, creía que tu sí sabias quien era Sofía, que tenias una relación con ella. El tiempo se nos acababa y no teníamos muchas alternativas.
Me apretó un segundo antes de suspirar.
—Te veía cada día, a través del cristal, de una cámara, veía como con el tiempo decaías. Te veías tan frágil cuando te interrogaba Jonathan o yo, pero tan fuerte a la vez, no dudabas en contestar, te molestabas, nos gritabas, pero jamás aceptaste nada, muchos no soportan estar encerrados y al final terminan aceptando cualquier cosa de que los acusan solo por ir a un lugar mejor— me abrazo con fuerza— pero tú no, te mantuviste, contra nuestra crueldad, contra el hambre, veía en tus ojos como te llenabas de odio contra nosotros, pero me sorprendió ver también sentías compasión, por mi— era verdad, la sentía, pensaba en como debió haber sido sus vidas para que terminaran siendo así— y era peor que el odio, ya no pude seguir interrogándote, temía que si lo hacía terminaría liberándote y sacándote de ahí sin autorización.
—Por eso Jonathan…
—Sí—murmuro él — por eso al final solo lo veías a él— suspire— y luego de que supiéramos lo de tu sangre— me tense y él también se calló como si se hubiera dado cuenta de que había hablado de mas.
—¿Qué?—pregunte— ¿qué supieron?— afirme sus manos cuando inatento alejarse de mi— Daniel—lo llame— ¿qué sabes de mí? ¿Qué pasa?— permaneció largo rato en silencio, hasta que maldijo suavemente.
—Vez—murmuro— esto me pasa cuando estoy cerca de ti, hablo más de lo debido— no dije nada— no lo puedes dejar pasar cierto— negué, suspiro— no quería que los supieras.
—Deja de dar vueltas y dime.
—Tomamos muestras de tu sangre.
—Lo sé—murmure.
—Y descubrimos que sí tenías una relación con Sofía— me gire para mirarlo, aunque no me soltó.
—¿Qué quieres decir?
—Tomamos mas muestras para estar seguro—continuo— pero siempre era igual— me miro a los ojos y tuve miedo— ella era tu hermana—era extraño, sabía lo que había dicho pero las palabras aun no entraban en mi— Sofía era tu hermana—continuo— descubrimos que fueron separadas al nacer, a ti te adopto tu familia, ella no tuvo esa suerte y creció en orfanatos, sin saber que existías, ni tú de ella— mire a mi alrededor, esto no podía estar pasando, él me apoyo contra su pecho— puedes hacerlo—susurro— puedes llorar, no te dejare— y así lo hice, llore, como hacía tiempo no lo hacía.
Lloré por ella, que había sido mi hermana y solo la había conocido el día de su muerte. Lloré por mí, que había terminado ocupando su lugar. Lloré por mi padre, que no lo era, por mi hermano, que tampoco lo era, por mi madre que me odiaba, llore porque yo le había quitado su verdadera familia. Lloré por solo llorar, incluso lloré por él, por quien me abrazaba con fuerza contra su pecho, y por ultimo lloré por rabia y odio, porque ya no sabía quién era, porque no tenía nada real.
Cuando me calme continúo.
—Te soltamos luego de eso—dijo suavemente, acariciando mi cabello— habíamos averiguado que todo lo que decías era cierto, aunque ya lo sabíamos— suspiro— ese día me dijiste que querías verme muerto. Fue extraño, porque por días intente que me mataran, hasta que me dispararon y tú me encontraste— se rio un poco— en serio creí que venias a cobrarte contra mí, a asegurarte que muriera, pero me sorprendiste al ayudarme y no pude evitar querer besarte. Solo una vez, pensé ese día, solo para saber cómo era besar a alguien bueno. Me llevaste a mi casa, no recuerdo nada después de eso, solo que desperté y tú estabas en mi sillón, durmiendo tranquilamente, te observe dormir mucho rato, hasta que comenzaste a moverte y supe que despertarías, me fui a la cocina a fingir que no me importaba que estuvieras ahí— se rio de nuevo— pero me sorprendiste de nuevo cuando aceptaste mi estúpida idea de tomar el lugar de Sofía, me sorprendiste en ese vestido pequeño, tu incomodidad, tu rostro sonrojado, todo— acaricio mi espalda— me sorprendiste esa noche que fuiste mía, cuando me di cuenta de que eras virgen, cuando me di cuenta que fui el primero para ti— suspiro— jamás había dormido tan tranquilo, tan en paz como cuando estuviste en mis brazos, y cuando desperté tuve miedo de que fueras un sueño, pero ahí estabas, sobre mi pecho, fingiendo que dormías— me queje por sus palabras, se rio— y luego me sorprendiste cuando salí del baño y no estabas. Siempre es así, me sorprendes con tus acciones, hoy me sorprendiste cuando besaste a Edward, cuando te vi en sus brazos — me limpie el rostro y lo mire, él acaricio mi mandíbula— para bien o para mal siempre terminas sorprendiéndome, incluso ahora lo haces al no reprocharme el no decirte sobre esto, sobre Sofía— negué.
—Estoy muy cansada para molestarme—suspiro— pero no me importa, si me lo hubieras dicho quizás estaría intentando averiguar que paso con ella, quien la hirió— él asintió.
—Te creo, sé que eres capaz de algo así, no dejarías oportunidad para hacer  lo correcto.
—¿Por qué no dijiste nada cuando me viste con Edward?— él miro hacia un lado antes de responder.
—¿Qué podría decir?— murmuro— que no te atrevieras a desear a otro, que me moría de celos con solo saber que estabas con él— arrugue mi frente.
—Celos—repetí— ¿por qué?— él sonrió.
—A veces eres bastante ciega— me aleje de él un poco— Edward tiene razón en que hay algo dentro de ti que te diferencia de Sofía— espere y él paso su mano por mi rostro— es la forma en que ves el mundo, en que miras a los demás.
—¿Qué dices?—pregunte molesta.
—Eres demasiado amable—dijo él— y claro, está tu constante esperanza y fe— voltee mis ojos.
—Como se puede ver eso en una persona.
—Pues en ti se nota, no puedes odiar a nadie completamente— él sonrió suavemente— tus ojos tienen un brillo especial.
—Y ese brillo no se oculta por los lentes de contacto—le dije divertida.
—Pues no –dijo tomándome de la mandíbula y moviendo mi cabeza suavemente, golpee su mano para quitarla, con la otra afirmaba la sabana alrededor de mi, sonrió.
Suspire y arrugue mi frente por lo que dijo.
—No lo hagas—pidió y lo mire— no te conviertas en una copia de ella, la vi a través de grabaciones  y su mirada era vacía, sin vida, no quiero ver eso en ti.
Me encogí de hombros, no dispuesta a revelarle que creía sinceramente que me estaba convirtiendo en ella, sentí la mirada de él intensamente sobre mí.
—Qué—pregunte, él negó.
De un solo movimiento se deshizo de sus zapatillas y chaqueta, se acostó sobre la cama, me empujo sobre su pecho y me abrazo.
—Duerme—ordeno, sonreí por esto, solo era una orden, pero funciono porque caí en un sueño en seguida.


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Capituo 11, Dulce Día 1

Mensaje por debora86 el Miér 14 Ago 2013 - 0:54

Capitulo 11
Dulce Día I


Lo siguiente que supe era que tenía que levantarme, debía ir a correr y luego a entrenar con Don Luí. Daniel, aun estaba dormido bajo mio con su semblante relajado y su boca levemente separada. Sonreí, solo habíamos dormido juntos, nada más y me pareció excelente, porque no me sentía culpable de nada.
Me levante suavemente y vestí, antes de salir le deje una nota.
Regreso en tres horas, no te vayas, duerme.
No espíes.
Corrí hasta el gimnasio de Don Luí, me tomaba cerca de 30 minutos así que estaba bien. Como siempre me hizo golpear una bolsa hasta que me dolieron los nudillos, continúe con otros ejercicios, y ahora sí que me hizo moverme. Llego un punto en que me hizo descansar porque mis manos estaban rojas y la piel debajo de ella me dolía.
Al acabar regresé a mi departamento, cuando entre el teléfono comenzó a sonar, conteste.
—Acabando con tu ejercicio—dijeron como saludo, Edward.
—Por suerte—le dije y me senté en el sofá— creo que tengo los nudillos hechos puré—se rio.
—En serio conozco un gimnasio mejor.
—No gracias—le dije— este está bien.
— Aja –dijo –estás loca.
—Claro —murmure —pero por qué llamas.
—Para saber cuándo continuaremos nuestra reunión –me reí.
—Si claro —le dije —lo que pasa es que no puedes olvidarte de mi habilidad para besar— un silencio se hizo en la línea, arrugue mi frente hasta que él se rio en serio un buen rato.
—Tienes razón —dijo al fin y voltee mis ojos.
Me puse de pie y camine hasta mi cuarto, estaba vacío, mire alrededor y no encontré a nadie, suspire.
—Ni siquiera me oyes—me dijo él.
—Qué—pregunte— repite lo que dijiste— suspiro.
— Ya no falta mucho para que se realice la venta— me detuve cerca de la ventana.
—Oye—lo llame.
—Qué— dijo él enseguida.
—Aunque he estado en esto desde hace tiempo no he podido averiguar nada de mi hermana— ahora si quería saber que le había pasado.
—Te va a ser difícil averiguar algo.
—Pero tú debes conocer a alguien, una persona que sepa que paso o me pueda poner en el camino correcto, solo claro que sin delatarme.
—Porque se supone que no moriste o murió ese día.
—Aja— suspire y me gire cuando se abrió mi puerta. Daniel hizo acto de presencia con una bolsa en sus manos, había salido de compras, me miro y sonrió, le devolví el gesto.
—Oye tu ahora— me dijo él— he oído un rumor por aquí.
—Ustedes parecen un grupo de viejas chismosas alrededor de una mesa tomando té y hablando— se rio y Daniel dejo sus cosas en una mesa, se acercó a mí, lo observe — pero cuál es ese rumor.
—Que sales con un policía— primero arrugue mi frente y luego me reí, porque que me preguntara eso era extrañamente gracioso.
—Y— dije, Daniel llego a mi lado y paso una mano por mi rostro, apoye este en ella, era muy cálida.
—Pues que es extraño para Sofía— hice una mueca y Daniel arrugo su frente.
—Entiendo el punto.
—Él sabe lo que haces.
—Crees que si lo supiera habría permitido esto— lleve a Daniel al sofá y nos sentamos, me apoye en él.
—Si le importaras no, pero si no…—pude ver en mi mente como se encogía de hombros.
—Pues no lo sabe—dije y cerré los ojos— de todas maneras gracias por el aviso— Daniel me abrazo y lo mire— porque me lo dices, acaso ella no salía con policías— Daniel me miro detenidamente.
—Cuando buscaba información sí, pero me es interesante el hecho de que aparecieras luego de la muerte de Sofía, más aun saliendo con un policía y vendiendo armas— me quede pasmada, mire a Daniel, pero sabía que estaba esperando que dijera algo.
—Pues una idea interesante esa, aunque falsa, ya que si fuera cierto ahora tendría que matarte, pero no puedo— él se rio.
—Y por qué.
—Porque no conozco a nadie más que pueda ayudarme, como tú dices, si le digo al policía con quien salgo— Daniel se tenso— me sacaría de esto en seguida y no podría averiguar lo que quiero.
—Pues entonces sácale información que le sirva a otro, ya que Sofía vendía esa información.
—Como se saca eso en una conversación, que le digo, oye, por qué no me cuentas algo que nadie más sepa para vender esa información.
—Usa métodos más íntimos y discretos.
—Pues eso es peor, pero veré que puedo hacer— sonreí— acaso quieres que averigüe sobre ti y todo esto fue una sutil manera de pedírmelo— suspiro.
—Claro, me atrapaste— me reí.
—A qué hora vendrás—pregunto.
—No hoy— me queje— quiero un día libre.
—No puede ser, me pides permiso— se rio.
—Como han estado las cosas al parecer si— suspire, Daniel me movió para llamar mi atención, lo mire— pero me acabo de dar cuenta que no la necesito, así que hasta mañana— se rio y colgué. Deje el teléfono a un lado, mire a Daniel.
—Edward—pregunto, asentí.
—Me dijo que algunos sabían que salgo con un policía— asintió— y que consideraba demasiado extraño todo esto.
—Qué.
—Que saliera con un policía, que apareciera luego de la desaparición-muerte de mí…hermana—acabe— que vendiera armas, todo— él se apoyó en el sofá.
—Sospechaba que podía pasar esto, que alguien notara algo raro.
—No creo que me delate, o que piense otra cosa de mí, solo me decía su idea.
—¿Confías en él?—pregunto incrédulo.
—Pues si— confesé.
—No puede ser esto—dijo molesto, tomó mi rostro entre sus manos— no puedes confiar en nadie.
—Ni siquiera en ti—le dije, se quedo quieto.
—Ni siquiera en mi—dijo luego de un rato, me abrazo— menos en mi.
—Lo sé—dije, porque era él que más me podía hacer daño.
—¿Lo sabes?—pregunto, me hizo mirarlo.
—No importa—sonreí— tengo el día libre— alzo una ceja.
—Y quien te lo dio— me pregunto sonriendo, me gusto su sonrisa, porque llego a sus ojos.
—Pues si me lo dan los malos también tienen que dármela los buenos— arrugue mi frente— debería llamar a Jonathan— él soltó un bufido.
—Me alegro que me consideres en esto.
—Lo llamo o no— dije y él volteo sus ojos.
—No—dijo —creo que con mi autorización es suficiente—sonreí aún más.
—Pues entonces primero desayunemos, tengo hambre— se rio.
—Me imaginaba que llegarías con hambre, tu mensaje era muy esclarecedor— lo mire.
—No espiaste—pregunte.
—Acaso temes que encuentre algo malo— me encogí de hombros, no tenía nada que ocultar, pero aun así la idea de que espiara me molestaba.
—Pues quien sabe—dije y me puse de pie, él tomó la bolsa de la mesa y nos fuimos a la cocina.
Pase un día muy divertido con él, también se tomó el día libre conmigo, cocino incluso, algo que me sorprendió.


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Capitulo 12, Dulce Día II

Mensaje por debora86 el Lun 19 Ago 2013 - 18:56

Capitulo 12
Dulce día II


Luego de comer nos sentamos en mi sofá para hablar de todo. Me pregunto sobre mi familia y le conté sobre mi hermano y padre, incluso sobre León, quien era mi mejor amigo, y no lo veía desde hacía mucho. Cuando acabe comencé a interrogarlo.
—Y tú—pregunte.
—Yo qué.
—Te he contado mi vida y no sé nada de ti, solo que te llamas Daniel, que eres del FBI, y que no te gusta el café— lo acababa de averiguar.
—Pues sabes de mi más que nadie—dijo, pero nada más.
—Voy a tener que obligarte—alzo una ceja.
—¿Cómo harías eso? estoy intrigado— sonreí e  hice lo único que se me ocurrió o quería, me puse sobre él a horcajadas. Al verme levanto sus cejas y lo bese, muy lentamente, tan lentamente que lo escuche quejarse, cuando intento ahondar mi beso me aleje.
—Debo continuar o hablaras—pregunte.
—Mm, no lo sé—dijo despacio, así que lo bese más despacio aun, casi tocándolo, casi— eso es tortura—se quejó y sonreí, pero me aleje de él y lo mire— ¿qué quieres saber?
—¿Dónde creciste?
—En el sur—dijo— en una granja— levante una ceja.
—¿Tienes familia?
—Mis padres están muertos.
—Lo siento—le dije y negó.
—Murieron hace mucho, no te preocupes.
—Háblame de tu padre—se tenso —Daniel, no te estoy pidiendo que asesines a alguien, cálmate—suspiro.
—No me llevaba bien con él y las cosas empeoraron cuando murió mi madre.
—Ya veo—dije y pase mis dedos por su mandíbula— ¿cómo es que terminaste siendo policía?— rio.
—Fue más coincidencia que otra cosa, estuve en el ejército y luego del servicio no hallaba que hacer así que entre a la policía.
—¿Cuánto tiempo llevas en esto?
—Mm— pensó— 4 años van a ser.
—¿Nunca quisiste hacer otra cosa?— arrugo su frente.
—Es extraño, pero cuando me convertí en policía me olvide de lo que me gustaba.
—¿Qué?—pregunte intrigada, me miro.
—Cocinar— abrí mis ojos más que sorprendida ahora.
—Eso explicaría que lo hagas tan bien.
—Y tú eres pésima—me dijo.
—Oye—me queje— ahora vez porque siempre compro comida congelada— asintió— un cocinero—le dije, sonreí suavemente — quien lo diría, el chef Daniel.
—Mm, te burlas de mí—alzo una ceja y me comenzó a hacerme cosquillas.
—Te gusta hacer pastelitos con flores y adornos—le dije mientras me reía.
—Así—dijo él y me afirmo contra su cuerpo sin dejar de hacerme reír.
—Basta—le dije revolviéndome en su regazo.
—Discúlpate—dijo él y también se reía.
—Nooo—dije y comencé a imitarlo, hasta que encontré su punto sensible, casi en su espalda, que causo que riera e intentara huir de mi.
—Para—dijo riéndose, me negué.
—Claro que no— continúe molestándolo— conozco tu debilidad Daniel— me reí, pero me agarro de las manos y me las afirmo en mi espalda.
Tomó aire un rato para calmarse hasta que me miro.
—No vuelvas a hacer eso— me encogí de hombros.
—Lo lamento pero a veces pierdo el control de mis manos, así que no te puedo asegurar nada— él gruño molesto, solo un poco.
—No voy a ser capaz de sobrevivir a otro de tus ataques— sonreí.
—Eso hay que comprobarlo, tu hipótesis necesita ser confirmada— volteo sus ojos.
—Con mi palabra basta y sobra—dijo, me miro un segundo antes de soltar mis manos, las moví un poco y las agarro de nuevo— quieta—dijo.
—Ya te dije que no las controlo, no sabes la de problema que me dan.
—Así—murmuro y asintió— vamos a tener que enseñarles a obedecer— me acerque un poco más a él.
—Considero que tienes razón, ¿qué planeas?— se acercó a mí.
—Si las mantenemos ocupadas se comportaran.
—Mm—dije asintiendo— es una buena idea, pero debemos distraerlas con algo muy interesante— fingió pensar mis palabras, sonrió.
—Tú solo sígueme la corriente— asentí.
Él puso una de mis manos en su hombro, la otra la llevo a su pecho, donde la dejo apoyada.
—Esto nos la distraerá mucho tiempo—susurre.
—Lo sé, para eso tengo un plan.
Cuando me beso olvide donde estaba, o porque estaba ahí, solo me concentre en sus labios, suaves al principio y firmes después. Su beso no fue tan urgente como el de Edward, se tomó su tiempo, lentamente y luego con pasión, continuo besando hasta mi oído
—¿Esto las distrae lo suficiente?—pregunto, negué y comencé a sacarle su chaqueta.
—Ya no les gusta esta  ropa que llevas, es mejor que te la quites—rio suavemente haciéndome cosquillas.
—Claro—susurro— debemos mantenerlas distraídas.
Deje caer su chaqueta caer al suelo y pase mis manos por su camisa hasta los botones. Uno a uno los fui abriendo, hasta que su pecho quedo expuesto, deje de besarlo y me entretuve en su cuello, baje por el hasta su pecho y lo bese. Él me tomó del rostro y me hizo mirarlo, me beso y sus manos se movieron por mi camiseta, comenzó a levantarla pero se detuvo cuando la puerta se abrió, ambos nos giramos para ver a un Jonathan sonriente entrar.
—No se detengan por mi—dijo sin dejar de sonreír, arrugue mi frente.
—Voy a cambiar la chapa— dije y Jonathan se sentó en frente de nosotros, me moví y senté al lado de Daniel mientras me arreglaba la ropa, él se abotono su camisa levemente molesto, ambos miramos a su compañero.
—¿Qué pasa?—dijo Daniel, Jonathan se rio suavemente.
—Hay una misión hoy en la noche—me miro, levante mis cejas.
—Ya no tengo un día libre—dije, él arrugo su frente.
—¿Dónde?—pregunto Daniel, lo mire.
—En el puerto—arrugue mi frente, Daniel también.
—¿Por qué ella?—pregunto, Jonathan se encogió de hombros.
—Es idea del jefe.
—¿Qué pasa?—dije, Daniel suspiro.
—Esto no tiene que ver con Sofía— dijo Jonathan.
—Entonces por qué debo ir yo.
—Porque tú puedes entrar sin causar revuelo, no es raro que te vean por allí.
—Y que pasara en ese puerto.
—Se realizaran algunas ventas de armamento— alce una ceja— debes en cuando los vendedores se congregan para hacer una tipo de reunión donde ofrecen lo último que han conseguido, queremos que vayas y simplemente te pasees por allí, con la cámara que tienes vas a gravar todo lo que puedas— lo mire detenidamente, me encogí de hombros.
—Bien—dije
—No—dijo en seguida Daniel, lo mire— no puedes ir a un sitio así, siempre matan a alguien— mire a Jonathan, él volteo sus ojos.
—Solo debe pasearse por el lugar, no intentar comprar algo, no es muy difícil.
—Pero ya dije que sí— iría, puede que aprendiera algo de todo eso, y solo debía mirar, no debería haber ningún problema.
—No—repitió Daniel, lo mire alzando una ceja— no vas a ir a un lugar así.
—Ya dije que sí—repetí— tu jefe lo ordeno— él miro a Jonathan, este levanto las manos como defensa.
—No fue idea mía—se defendió, Daniel se quejo molesto.
—A qué hora debo estar ahí.
—No puede ser— gruño Daniel molesto.
—A las 9, es buena hora— asentí.
Daniel se levanto y lo mire, agarro su chaqueta y salió molesto de mi casa, mire a Jonathan, él sonreía, extendí mi mano y arrugo su frente.
—La llave—le dije, suspiro.
—No sé de qué hablas.
—No juegues conmigo, este no es un centro comunitario para que se paseen como Pedro por su casa.
—Tú crees que necesito una llave para entrar a un departamento— cerré mi mano.
—Eso es terrorífico, como dormiré por las noches ahora— él sonrió.
—Cariño, si quisiera meterme en tu casa de noche, lo sabrías— se puso de pie— nos vemos luego— se despidió y también se fue.
Necesito cambiar la chapa, pensé y luego suspire, Daniel se había ido, y al parecer no regresaría.


D. H. Araya

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Capitulo 13, Una noche con suerte.

Mensaje por debora86 el Lun 19 Ago 2013 - 19:01

Capitulo 13
Una noche con suerte


Estaba de pie al lado de mi auto mientras observaba el barco, era un crucero enorme. Lleve mi mano a mi rostro.
—¿Esto es? –pregunte un tanto inquieta.
—Sí—dijo Daniel, aún seguía molesto— solo camina hasta la entrada.
Lo hice, camine muy tranquila hacia el crucero. Cuando llegue al puente que lo unía al puerto, un tipo que parecía un gorila apareció para bloquearme el camino, lo mire.
Este me estudio de pies a cabeza como si nada, me crucé de brazos hasta que dio un paso hacia un lado, como no dijo nada solo continúe caminando.
Entre al lugar y quedé segada por las luces, no sabía cómo era eso de vender armas y esto solo se veía como una fiesta más o menos normal, si no fuera por la cara de los invitados que decía cuidado, nunca hubiera creído que aquí se realizaban negocios turbios.
Camine por el lugar mirando a todas las personas, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, una gran variedad, también observado. Algunos hablaban sobre armas, otros sobre guerras y como se estaban acabando, lo que les molestaba. Llegue a la barra y me senté, me dieron un vaso de vino sin siquiera pedirlo. Mire al cantinero con la frente fruncida pero este siguió en su trabajo, solo tome la copa entre mis dedos y la observe un rato. Parecía que nadie me conocía, nadie se acercaba a mi, incluso me eludían, sonreí, Sofía debía ser muy poco sociable.
Mire alrededor buscando algo que hacer, pero nada me llamaba la atención, suspire y me pregunte si Edward estaría por ahí, debía de a verle preguntado si vendría, hubiera tenido con quien conversar.
Salí del lugar hasta que llegue cerca de la piscina, como estaba sola que me apoye en la baranda y mire hacia el mar, estaba muy oscuro.
—¿Qué divertido es esto?—murmure.
—Nadie dijo que debía ser entretenido— me respondieron por mi derecha y me gire para ver a Joan sentado en una de las sillas, arrugue mi frente.
Él se puso de pie y camino hasta pararse a mi lado, vestía de blanco por completo, alce una ceja cuando me miro.
—No pensé que vendrías—dijo, me encogí de hombros.
—No tenía mucho que hacer— él sonrió y llevo una de sus manos a mi cabello, tomó unos mechones sueltos y los puso detrás de mi oído.
Arrugue mi frente, pero no me moví, mire hacia el mar.
—Has estado tranquila últimamente— voltee mis ojos.
—¿Por qué lo dices?—lo mire, se encogió de hombro.
—Ya no vas al bar o al Laguna, pasabas ahí todo el día.
—Todo aburre—lo mire significativamente— luego de un tiempo— se rio.
—Me lo imagino.
—Ya está por comenzar—dijo un tipo apareciendo por una puerta, lo miramos, él se giro y comenzó a irse.
—Adelante—dijo Joan, dejándome pasar primero.
Seguí al hombre por pasillos hasta que llegamos a una sala inmensa, nos sentamos en un rincón, y observé el centro, donde un pequeño escenario se alzaba. Arrugue mi frente, esto era como un show, un tipo anciano se detuvo delante, todos se callaron.
—Compañeros—dijo.
—No puede ser—dijo Daniel en mi oído, quería preguntarle qué pasaba.
—Hoy nos hemos enterado de que uno de nosotros es un traidor— me estremecí suavemente, fue como si las palabras me llegaran directamente— y nosotros aunque somos ladrones, asesinos y muchas cosas, no nos traicionamos con la policía— me apoye suavemente en la silla, como no queriendo la cosa mire alrededor, Joan se veía aburrido, me fije que no había ninguna puerta abierta, estaba atrapada ahí, encerrada.
—Cálmate—dijo Daniel— no hagas nada— como huir despavorida, pensé.
—Pero algunos ya saben quién es—dijo y miro en mi dirección, me congelé, con todo y mi expresión de “no me importa” que había ensayado. Tres tipos caminaron hacía mi, pero sorprendentemente pasaron por mi lado y tomaron a un hombre de al lado, este lucho y lo golpearon en su cabeza, lo arrastraron al centro del escenario.
Mire alrededor, algunos ni siquiera prestaban atención, otros se veían aburridos, pero nadie parecía querer ayudarle, los que se veían incómodos solo ignoraban el hecho. Tenía ganas de correr del lugar, pero sabía que no debía.
Dejaron al hombre en el centro, arrodillado, el anciano llego a su lado lentamente. Uno de los guardias se detuvo detrás y puso un arma en su cabeza, lo iban a matar. Qué rayos, pensé.
—Este es el justo castigo por esta traición—dijo el anciano, hable antes de siquiera pensar.
—Matarlo no será el justo castigo—me congele.
—Maya—dijo Daniel, el anciano me miro.
—Consideras que se debe hacer otra cosa— me encogí de hombros, no sabía que decir.
—Matarlo no significara nada— lo mire a los ojos— eso no detendrá al siguiente— él llevo su manos a su cabello blanco.
—Me dices entonces que lo deje como lección— una mueca de pánico apareció en la cara del hombre arrodilladlo, me encogí de hombros, al parecer el tipo prefería que lo mataran— no es mala idea—dijo luego de un rato.
—Sofía y sus ideas—dijo Joan, lo mire y él sonrió— nunca te quedas calladas.
Salte suavemente cuando oí un disparo y luego un grito, mire incrédula hacia el escenario, le habían disparado al hombre, se sujetaba la mano contra su cuerpo. imagine que allí le habían disparado.
Lo arrastraron fuera del lugar, dejando una mancha de sangre en su camino, cruce mis brazos, tenía el estomago revuelto.
—Te vez pálida—dijo Joan y lo mire, se reía de mi— que comiste o te puso así que le dispararan— arrugue mi frente, se supone que no me importaba, no me importaba, cálmate, me dije.
Pero no pude evitar ponerme peor, lo malo fue que comenzaran a ofrecer armas, una tras otra, diciendo lo buena que era, como funcionaba, el precio, sobre la mancha fresca de sangre.
Estaba tan mareada que solo por suerte vi que un hombre delgado y pálido ofrecía sus experimentos con virus y bacterias, nadie pareció prestarle atención, cuando salió del lugar me puse de pie y lo seguí, necesitaba hablar con él, además de salir de allí.
Lentamente llegue a la puerta. Daniel hablaba con Jonathan sobre las armas, no me prestaban atención, me apoye en la pared cuando nadie me veía, me sentía mal, habían disparado a alguien por mi culpa.
—Daniel—llame.
—Sí—dijo él— ¿dónde estás?
—Uno de ellos vendía bacterias, lo seguiré.
—Qué, espera—dijo pero lo ignore—Debes regresar — continúe por el pasillo hasta que llegue a la supuesta puerta del científico, golpee y el hombre, no, un chico, abrió la puerta, arrugo su frente.
—¿Me dejas pasar?—le pregunte, él asintió y entre, me senté en una silla cerca de la única mesa, el chico me observó.
—Jamás nadie había venido a verme—lo mire. Debía tener 18 años, era delgado y pálido, de cabello oscuro, se veía enfermizo.
—¿Cuántos años tienes?—le pregunte, él volteo sus ojos pero se sentó a mi lado.
—20—dijo, arrugue mi frente, era más o menos de mi edad.
—Te ves más joven—le dije.
—Yo sé quién eres.
—Así—le dije, porque yo no, pensé.
—Sí, eres esa chica que todos le tienen miedo, no le agradas a nadie— abrió sus ojos como si se hubiera dado cuenta de lo que había dicho, me reí— no…yo…
—Cálmate—le dije— con que no lo repitas, no me importa— suspiro y miro alrededor, por último a mi.
—¿Qué quieres?—dijo.
—¿Cómo te llamas?—respondí de vuelta.
—Jesús—murmuro.
—Entonces Jesús, vendes armas biológicas—le pregunte, él suspiro.
—No—dijo, arrugue mi frente— nadie compra— sonreí— ¿quieres comprar?— borre mi sonrisa.
—No lo sé—dije.
—Dile que te de información sobre lo que vende, trabajaremos con eso— dijo Daniel, repetí la información, evitando cosas.
—Puedo hacerlo si quieres— se apoyó en el escritorio.
—Bueno—dije, lo mire— en serio nadie te compra tus experimentos.
—Algunos vienen, pero yo…—no termino.
—No les vendes—me miro y asintió.
—No sé por qué— sonreí internamente, el chico ya me caí bien.
—Bien, solo dame la información que necesito— asintió, parecía feliz de hacer algo.
Me puse de pie, tocaron a la puerta y fue a abrir. Cuatro tipos entraron empujándolo, lo tomaron del cuello de su chaqueta y lo estrellaron en la pared, intervine en seguida.
—Basta—dije y empuje al tipo lejos de él, Jesús cayó al suelo tosiendo.
—¿Estás bien?— me miro, asintió y miro detrás de mi alarmado.
Sentí que me agarraron de mi chaqueta y me empujaron lejos de él, arrojándome al suelo.
—No intervengas—me dijeron, Daniel y el tipo.
—Hago lo que me da la gana—le dije a ambos y me pare— que rayos están haciendo.
—Cobrándonos lo que nos debe—dijo y se movió hacia el chico, los demás tipos lo imitaron e intervenir.
Jamás había defendido a nadie, pero lo hice, golpee al que tenía más cerca, esto causo que los demás se lanzaron contra mí.
—Vete—le grite a Jesús y el corrió en seguida. Por un segundo encontré esto triste, pero por lo menos no lo golpearían, en cambio lo harían conmigo, porque un puño se  encontró con mi estomago, también lance golpes, y agradecí no estar armada, me estrellaron contra la pared y vi luces, otro tipo me golpeo en la cara, rompiendo mi nariz, sangre cayó a borbotones. Perdí el sentido de lo que pasaba luego de eso, solo era consciente de que me golpeaban, de que intentaba defenderme. Me cubrí el rostro protegiéndolo como me enseño Don Luí.
Escuché la voz de Daniel que me decía algo, solo entendí unas pocas palabras. Alguien los detuvo.
—¿Qué hacen?— era el anciano, tosí sangre hacia un lado, intente ver pero apenas podía.
—Intervino por el chico—dijo uno de los matones.
—Déjenla fuera de aquí, y limpien, busquen al chico luego.
Me agarraron de los brazos y me arrastraron fuera del barco, me dejaron tirada en un callejón no muy lejos. Cuando se fueron intente sentarme, no pude, apenas podía respirar.
Como estaba sobre mi estómago me giré y mire hacia el cielo.
—Sofía—me llamaron, Jesús apareció en mi foco, lo mire— lo siento—dijo y me ayudo a sentare.
—Por qué…—intente preguntar, tosí hacia un lado.
—No quise darles información sobre un arma biológica, querían cobrársela.
—Ya veo—susurre.
—Tengo que llevarte a otro lado— dijo él.
—Ve a mi casa— dijo Daniel.
—No— dijo Jonathan en seguida— esta con el chico, como le explicaras esto a él.
—No me interesa ahora esto—gruño Daniel.
—Edward—murmure, se callaron.
—Sí, ve con él— dijo Jonathan.
Jesús me ayudo a ponerme de pie y le di la dirección del departamento de Edward, cuando llegamos llame a la puerta, no sabía si estaría, pero si, ya que abrió la puerta, miro al chico, luego a mí y maldijo.
Me tomó en brazos y me llevo a la sala, me acostó en el sofá.
—Maya —dijo Jonathan— que no vean tu audífono, la cámara, ten cuidado.
Me queje cuando él me subió la blusa, paso sus manos por mi vientre hasta mi espalda.  Volví a quejarme.
—Creo que tienes algunas costillas rotas—dijo él, miro al chico— ¿quién eres tú?
Jesús le conto lo sucedido, detalle a detalle, de cómo vio como me arrastraron fuera y me dejaron a mi suerte, todo.
Edward pasó sus manos por mi cuerpo, revisándome, cuando llego a mi cara, tome sus manos quitándolas de mi rostro, no insistió.
—Debo quitarte la ropa—me dijo, lo mire— creo que no quieres ir al hospital— negué y asintió, llamó al chico y le pidió ayuda.
Entre los dos me quitaron parte de mi ropa, Edward le ordenó al chico ir a comprar vendas, cuando este salió, comenzó a quitarme lo que me quedaba de ropa, lo empuje.
—Agua—pedí, él me miro y asintió.
Cuando me dio la espalda, me quite el audífono, era muy pequeño, y lo metí en uno de los bolsillos de mi chaqueta. No pude hacer más. La cámara no se veía, apenas se notaba, regreso y me dio de beber, cuando acabe, me levanto y llevo al baño. Me desnudo y me metió bajo la ducha, lo mire, se veía muy concentrado, reí y me miro.
—No sé que de gracioso hay en esto— dio el agua y me estremecí— estas llena de sangre, moretones y huesos rotos, no debes ayudar a todos el mundo, ella no lo haría— la puerta del baño se abrió y vi a Jesús entrar, al verme se sonrojo y aparto la mirada.
—Las…las vendas—dijo.
—Por Dios—se quejó Edward— pásame la toalla—le ordenó y el chico se la acerco. Me envolvió y me llevo a la sala de nuevo, me acostó en la cama del lugar.
Llevo sus manos a mi nariz.
—Sabia que te tendría en mi cama, pero nunca de esta manera—dijo él, reí y luego me queje— tengo que ponerla en su lugar—me aviso y asentí.
Lagrima cayeron por mi cara cuando la puso en su lugar, él me afirmo suavemente.
—Ya paso—murmuro, cerré los ojos, estaba muy cansada, Edward me sacudió— no te duermas—dijo, lo mire y me vendo mientras Jesús miraba por la ventana. Cuando acabo se sentó a mi lado y me cubrió con la manta.
—No puedo hacer más—dijo y quito mi cabello húmedo de mi cara— creo que estarás bien, por ahora, te daré algo para dormir— asentí y se fue, Jesús regreso a mi lado, me miraba intensamente.
—Lo siento—repitió— no sé porque todos te evitan, eres muy amable— Edward regresó.
—Por eso quizás—se quejo él y me dio una pastilla, la pase con agua, luego me acosté.
—Lo buscaran—susurre, él miro al chico, asintió.
—Conozco a alguien que puede ayudarle, estará bien— asentí y suspire.
—Duerme—me dijo él y me beso.
—No espíes—le dije y se rio.
—Como podría—luego susurro— además, ya te vi completamente desnuda— caí inconsciente luego.


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Capitulo 14, Heridas de guerra.

Mensaje por debora86 el Mar 27 Ago 2013 - 0:26

  Capitulo 14
Heridas de Guerra



Cada vez que despertaba Edward me daba algo de comer y luego me dejaba descansar. No sé cuánto tiempo estuve así, pero cuando desperté más o menos bien, me senté en la cama, y mire alrededor. Estaba sola.
Encontré mi ropa doblada a los pies de la cama, me congele un segundo al recordar algo, me arrastre hasta ella y busque el audífono, no estaba. Busque en la otra ropa, nada.
—No puede ser—murmure, ¿acaso la encontró Edward?
Cuando me puse de pie, me queje, me dolían las costillas como si hubieran dado una paliza, dado que eso era, volví a quejarme. Me vestí lo más rápido que pude y al acabar camine hasta el sofá, me senté agotada y mire alrededor, nada, busque en el piso y lo encontré entre dos tablas, lo tomé y observé.
La puerta se abrió y cerré mi puño en seguida, mire a Edward ingresar, me observó detenidamente.
—Me alegro de que estés mejor—dijo y llego a mi lado, como si nada lleve mi mano cerca de mi estómago.
Me puse de pie.
—Gracias por ayudarme—le dije, tenía que ocultar el aparato.
—Ven aquí—me pidió y camino hacia la cocina. Lo seguí y guarde el audífono devuelta en  mi bolsillo, se sentó en una silla al lado de la mesa, lo imite lentamente y suspire cansada.
—¿Cuánto tiempo he dormido?— me miro.
—Tres días— lo mire sorprendida, luego me queje y eso causo que riera suavemente.
—Qué, tenías una cita— bufe molesta.
—Y Jesús—pregunté.
—Ha, el chico, lo deje donde un amigo, él lo vigilara hasta que sepa qué hacer con él— arrugue mi frente.
—¿Lo entregaras?— pregunte nerviosa.
—Te entregue a ti acaso— negué— no preguntes idioteces.
—Cómo es que trabajas en esto si ayudas a cualquiera— él volteo sus ojos.
—No a cualquiera— me dijo y sonreí.
—Te quejas de que yo ayudo a cualquiera y tú eres igual— me reí y luego me queje, él negó suavemente.
—¿Qué harás ahora?— lo mire.
—¿Qué quieres decir?
—Fue el viejo quien ordeno que te dejaran, no creo que quieran volver a verte por un tiempo.
—¿Quién es él?—pregunte.
—Francisco de Prou, según él, dueño de esta ciudad y todo lo que pase aquí, él recibe un porcentaje de todo lo que se transe de forma ilegal.
—¿Si no pago?—pregunte.
—Mueres—dijo— así que cuidado, él controla todo.
—Quien diría que ustedes tienen tantas reglas—me miro detenidamente.
—En todos lados es así— suspire y asentí, me puse de pie.
—Debo irme—dije, asintió.
—Ven aquí—pidió y me pare delante de él. Sus manos llegaron a mi cintura y vagaron sobre la venda, lo hizo detenidamente.
—Estas mejor—sentencio.
—Deberías haber sido doctor— me miro y sonrió.
—Nunca.
—¿Por qué?—pregunte.
—No era algo que podía pagar, y ahora  ya no puedo hacer algo así.
—¿Por qué?—insistí.
—Porque las cosas son así, deja de preguntar.
—Tú podrías salirte de esto si quisieras, tener otra vida— me miro, negó y me empujo suavemente, me queje por el dolor.
—Vete—dijo — y no regreses si te vuelven a darte una paliza.
—Oye—me queje— fue mi primera paliza.
—Debes celebrarla luego entonces— asentí.
—Te aseguro que lo hare, beberé hasta no poder pararme— se rio.
—Sí claro.
—¿Qué quieres decir?
—Nada, vete— insistió y salí de la casa.
Legue a mi auto y conduje a casa. Al entrar fui directo a mi habitación, me congele. Allí estaba Daniel dormido sobre mi cama, completamente vestido, con un brazo sobre sus ojos.
Los observé unos segundos antes de suspirar y caminar hacia el baño.
Me quite la ropa y me mire al espejo. Lentamente me quite las vendas. Mi brazo solo tenía un hematoma, nada grave, los demás moretones eran igual, se curarían con el tiempo, pero el costado derecho de mi tórax era otra cosa, tenía un moretón gigantesco, estaba hinchado y dolía. Si me estiraba me dolía, si respiraba me dolía, en serio debía ir a ver a un doctor.
Me metí bajo la ducha y di el agua, esta me relajo y cerré los ojos.
Mi primera paliza, había que celebrarla, pensé. Jamás me había pasado algo así, pero desde que había conocido a dos miembros del FBI me pasaba de todo. Suspire y me llene la mano de jabón líquido, lo pase por mi cuerpo, excepto el moretón gigante.
Cuando cerré la llave para enjabonarme bien, la puerta de la ducha se abrió y levante la vista. Ahí estaba él, Daniel, con ojeras bajo sus ojos verdes, mirándome directamente a los míos. Pude contar hasta 10 antes de que entrara a la ducha como si nada y me abrazara. Le devolví el gesto y apoye mi cabeza en su pecho.
Solo cuando el dolor en mi costado se hizo insoportable me aleje de él, tomó mi rostro entre sus manos.
—No vuelvas a hacer algo así.
—¿Qué? —pregunte— recibir una golpiza, ir donde Edward, ayudar a alguien, se mas especifico— cerro los ojos molesto.
—No juegues con esto— suspire— no vuelvas a poner tu vida en peligro, si eso significa dejar que maten a otro, lo harás, me entiendes.
—No digas esas cosas—murmure y tomé una de sus manos con las mías— no puedo dejar que hagan algo así, tú me dijiste que no me convirtiera en ella, en Sofía, y quizás eso es lo único que me diferencia de ella, yo sí ayudare a otro— negué— el chico no podía defenderse, no podía quedarme solo mirando…— no hubiera podido vivir con eso, pensé.
—No sabes lo que he pasado estos días, no sabía cómo estabas, rompiste el audífono— lo mire.
—Fue sin querer—me queje— solo me lo quite.
—No importa— negó — solo…— suspiro —intenta no ganarte otra golpiza.
—Lo intentare —murmure y ahora él me miro de pies a cabeza. Comencé a sonrojarme, cuando se detuvo en el moretón en mi costado arrugo su frente.
Como quería que se olvidara de eso levanté su rostro y lo bese, me respondió en seguida, con intensidad, comencé a quitarle la ropa.
Cuando llegue a su pantalón tomó mis manos.
—¿Qué haces? –pregunto suavemente.
—Celebrando mi primera paliza — dije, se quejó y me reí.
Volví a besarlo, tome su rostro entre mis manos y lo mire.
—Te deseo—susurré— y ya no quiero seguir solo deseándote— roce sus labios con los míos— quiero sentirte Daniel— lo bese y gimió contra mi boca, y aunque lo sentí dudar un segundo se quitó el resto de su ropa.
Gemí cuando sentí su cuerpo junto al mío, se alejó y me miro.
—Estas resbalosa—susurro, me reí.
—El jabón— sonrió suavemente.
Me empujo hasta la pared y pasó sus manos por mi cuerpo, se detuvo en mis pechos, prestándoles especial atención, sentí sus dedos resbalarse por mi piel caliente, subir y bajar con parsimonia.
Luego de unos segundos se llenó las manos con cada pecho, masajeando y apretando, suspire por su toque y me beso con pasión.
Lleve mi mano a la llave y di el agua, se alejó sorprendido y sonreí. Él regulo el agua antes de continuara tocándome y besándome. Beso mi cuello, y observé como el agua recorría su cuerpo, era atrayente como las gotas de agua viajaban por su piel, él debió pensar en lo mismo porque permito que el agua me bañara y observo interesado como recorría mi cuerpo. Seguí su mirada hasta mis pechos, donde el agua formaba un riachuelo, gotas se formaban en las puntas antes de caer.
Él se agacho y se adueño de un pecho con su boca, su lengua creo círculos en el, me arquee por el deseo y observe maravillada como chupaba y mordía suavemente.
En un momento me miro, se adueño del otro seno sin perderme de vista, su lengua apareció para saborearme, me mordí el labio y se levanto para besarme y enterrar su lengua en mi boca. Sentí su erección apretarse contra mi vientre, lo tome con mi mano y acaricie su longitud, gimió contra mi boca y continúe.
Deje su boca y bese su cuello, saboree su piel y vagué por su pecho, con mi mano libre acaricie su vientre hasta que baje hasta tomar el peso de sus testículos. Acaricie uno suavemente, él apoyo una mano en mi hombro y gimió contra mi oído, movió sus caderas contra mi mano y seguí su suave ritmo.
El baño se lleno de nuestros gemidos, era una sensación sorprendente el tenerlo así, gimiendo mi nombre, suspirando contra mí, levanto mi rostro y lo bese. Se alejó de mi y mire sus ojos verdes y profundos, sólidos y brillantes, apreté mi mano en su sexo y se quejo.
Paso su mano por mis labios.
—Quiero sentirte—me dijo— quiero estar dentro de ti— lo bese.
—No tengo quejas sobre eso— gimió suavemente.
—No tengo condones— me mordí el labio— no soy de los que andan trayendo en su billetera— sonreí, eso era importante para mí.
—No lo necesitas—susurre y me moví, como lo tome de improvisto no me detuvo cuando caí de rodillas frente a él.
—Maya—me llamo pero lo ignore.
Tome su sexo con ambas manos y acaricie, lo mire y observe que tenía ambas manos apoyadas en la pared, me miraba detenidamente. Sonreí y lo puse en mi boca.
Lo acaricie con mi lengua, por toda su longitud, por esa piel suave y caliente. Lo tome lo mas que pude y a la vez lo acaricie con una mano, con la otra acaricie sus testículos. Gimió por mi caricia y se movió lentamente, imite sus movimientos hasta que supe lo que le gustaba, el punto donde hacía que gimiera mas, donde me llamaba con deseo. Luego de unos momentos sentí los cambios en él, intento alejarse pero lo detuve y cuando se corrió lo recibí sin dejar de acariciarlo, alargando su placer lo más posible.
Al acabar mire hacia arriba y pase mi lengua por mis labios. Tenía su rostro apoyado en uno de sus brazos, con los ojos cerrados, me miro y sonreí. Me ayudo a pararme y me beso intensamente, suspire en su boca.
—Me vas a volver loco— susurro, cerro la llave y salimos del lugar. Con una toalla me seco y yo a él, caminamos a mi cama y me acosté suavemente.
Daniel se acostó a mi lado, paso sus manos por mi rostro y lo mire, continuo por mi cuello hasta mi pecho, donde acaricio la punta. Suspire y continuo más abajo apenas tocando mis heridas, hasta que llego a mi nudo, hizo circulo a su alrededor, sin acercarse, me estremecí.
—Creíste que no te vería correrte para mí— me beso y mordió mis labios— esto no ha acabo –susurro.
Me estremecí cuando su mano acaricio más abajo, cerca de mi entrada, él se levanto y se posiciono entre mis piernas, las separo suavemente y lo mire, deposito besos por mi estomago y sus manos acariciaron mi sexo, una se detuvo en mi nudo y la otra en mi entrada, apenas tocándome, me torturaba, incitaba cruelmente.
—Daniel—lo llame y me miro, sonrió suavemente.
Un dedo entro suavemente en mi y gemí, me acaricio un momento antes de que otro entrara, cuando un tercero siguió a los demás, cerré los ojos, el placer era inmenso. Salte cuando su boca llego a mi nudo y lo mire, su cabeza se movía por entre mis piernas, su cabello brillaba suavemente y una de sus manos me afirmaba.
Él aumento la caricia, moviéndose dentro de mí y acariciando mi nudo con su lengua, me perdí luego de eso y solo sentí. Era sorprendente, demasiado. Podía sentir el calor de su boca, su lengua húmeda, sus dientes, y sus largos dedos. Todo dándome placer.  
Cuando el orgasmo llego arquee mi espalda y tome la sabana con mis puños, donde enterré mis dedos, jadee sorprendida. Él no se detuvo ni un segundo, solo cuando deje de temblar subió por mi cuerpo depositando besos como mariposas. Beso mis parpados cerrados, mis mejillas, mi nariz hasta mi boca muy suavemente, quito mi cabello de mi cara y lo mire.
—Increíble—susurre, sonrió.
—De nada—dijo.
—Algún día será tan buena como tu— él sonrió aun mas.
—Ya lo eres—me dijo y se acostó a mi lado.
Con mucho cuidado me acosté sobre él, y mientras me quedaba dormida acaricio mis espalda, lentamente caí en el sueño


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Capitulo 15, La familia

Mensaje por debora86 el Mar 27 Ago 2013 - 0:31

Capitulo 15
La familia


Cuando desperté en la mañana, que no era tan mañana porque había bastante luz, me queje suavemente. No por el dolor sino porque Daniel tenía uno de mis pechos en su boca, me miro.
—Ya sabía que esto te despertaría— me beso— no lo hizo el que me levantara y saliera a comprar, sospechaba que esto si.
—¿Saliste a comprar?—pregunte y me moví suavemente, no pude evitar la mueca de dolor. Al verme, Daniel arrugó su frente antes de suspirar.
—Vendas y algo para comer— tomó una caja y me la mostro—también esto— la tome y observe detenidamente, sonreí, una caja de condones.
—Una caja—murmure divertida— no te basta con uno—rio.
—Jamás me va a bastar solo con uno—dijo y volvió a besarme, me quito la caja y la dejo a un lado— llame a un amigo— alce una ceja.
—No tengo esos gustos—me miro sorprendido y me reí de su expresión.
—Graciosa—dijo antes de reír suavemente— pero me refería a otra cosa, es doctor, debe estar por llegar.
Asentí y él me ayudo a vestirme, luego de comer su amigo llego, al parecer era médico de urgencia en el hospital. El hombre era tan alto como él, solo que de cabello negro y ojos igual de verdes, al verme sonrió.
—Hola—dijo— soy Marcus.
—Maya— arrugo su frente.
—Como el dibujo animado— asentí.
—Por qué no la revisas—dijo Daniel, lo mire— luego se podrán conocer.
—Siempre tan impaciente—dijo Marcus, asentí de acuerdo.
Me reviso detenidamente, no le tomó mucho rato, al acabar me puso la venda y regresamos a la sala.
—No están rotas—me dijo— solo lesionadas pero se están recuperando, tomara su tiempo, así que cuidado con los movimientos bruscos— él miro a Daniel— estará bien—le dijo— la próxima vez llévala a un hospital en cuanto pase algo— Daniel suspiro.
—Lo hare—le dijo molesto.
—¿Desde cuando se conocen?— le pregunte a Marcus, arrugo su frente al oírme.
—Desde siempre—dijo— somos hermanos— abrí mi boca sorprendida, mire a Daniel quien se encogió de hombros.
—Me dijo, llame a un amigo— Marcus miro a Daniel.
—Yo también lo presento como un amigo— me miro y sonrió— no es agradable que te familiaricen con un burro como él.
Me reí con ganas, jamás había conocido a nadie que lo llamara así, Daniel se quejo molesto. Marcus me tendió un papel.
—Tomate una de estas antes de dormir, te ayudaran— asentí — por cierto, te gustaría ir a una cena— abrí mis ojos sorprendida, mire a Daniel un segundo, luego a su hermano.
—Claro — le dije.
—No puedo ser— se quejo Daniel y se sentó en un sofá, Marcus se rio.
—Es el cumpleaños de mi esposa— continuo él— y creo que le agradara conocerte, de paso quizás él vaya a alguna reunión familiar de vez en cuando— apunto a Daniel.
—Lo llevare— Daniel bufo.
—Ojala lo logres, si lo haces serás un genio— me reí— bueno es mejor que me vaya si no va a terminar sacando su arma y  disparándome en una pierna.
—Jamás haría algo así—se quejo Daniel, lo mire.
—No, porque Anna es capaz de devolverte el gesto.
—Pues si—dijo Daniel.
—La cena es hoy en mi casa, mmm—dijo— sé que es mucho pero podrías obligarlo a que te acompañe al cumpleaños de sus sobrinas.
—Sobrinas—dije, asintió.
—Cumplen 6 años, el sábado, estas invitada.
—Gracias— sonreí.
—De paso invítala a la cena de navidad y año nuevo— dijo Daniel molesto, me reí, era como un niño grande.
—No es mala idea  —dijo su hermano.
—Basta— Daniel se puso de pie— gracias por venir— lo tomó de un brazo.
—Daniel—lo llame molesta, estaba empujando a su hermano hacia la salida.
—Qué—dijo el— ya se iba— su hermano me sonrió.
—No te preocupes, estoy acostumbrado— los acompañe hasta la puerta. Marcus me dio un beso en la mejilla antes de irse causando que Daniel gruñera molesto, cuando cerré la puerta, él camino hasta el sofá y se sentó. Me senté a su lado.
—Me cayó bien tu hermano— me miro alzando una ceja.
—Pero yo soy más guapo— dijo él, voltee mis ojos.
—No puedo negar eso—paso un brazo sobre mis hombros atrayéndome hacia él— por qué no me dijiste que tenías un hermano.
—No lo sé, no tiendo a hablar mucho de mi familia.
—Sí, lo note—le dije, suspire— debo comprarme un vestido— me miro detenidamente— para la cena, no tengo ninguno que sirva— volteo sus ojos.
—Vas a ir.
—Vamos—le corregí— iras conmigo.
—No quiero—se quejo suavemente.
—Pues si iremos— me miro alzando una ceja.
—Qué ganare con esto— sonreí.
—Usar la caja de condones—  arrugo su frente, me mordí los labios
—Entonces si voy a esa reunión esta noche usaremos unos cuantos condones— asentí, aunque había pensado en uno, no es unos cuantos— es injusto—dijo.
—¿Por qué?
—Me estas chantajeando— negué.
—Chantajear es obligarte a hacer algo sin ganar nada a cambio, bien podría ir sola y tu tendrías que irte para tu casa o esperar aquí solo, lo demás solo es un incentivo— sonrió suavemente.
—Y cómo voy a permanecer en un lugar sabiendo el incentivo que voy a recibir.
—Con mucho esfuerzo, igual que yo— lo bese suavemente— vamos a comprar.
—De compras— se quejo aun mas, voltee mis ojos.
—Tengo que comprar esto— le mostré la receta— de paso un vestido, no me tomara mucho tiempo, no me gusta eso de las compras— suspiro.
—Está bien—dijo.
No me tomó mucho rato el elegir un vestido correcto, encontré uno negro y elegante, no demasiado formal, que llegaba a las rodillas. A Daniel pareció gustarle, aunque estuvo más inclinado por uno rojo, corto y ajustado, me dijo que era mejor para quitar con los dientes delante de la vendedora, causando que ella mirara hacia otro lado y yo me sonrojara, de todas maneras lo compre, por la idea que él puso en mi cabeza y para salir rápido de ahí. Aun se reía de mi expresión molesta cuando llegamos a casa.
Me vestí y puse unos zapatos simples y elegantes, bajos y cómodos, deje mi cabello suelto con un pequeño moño, tome una de los chalecos de lana que había comprado hacia tiempo, le quedaba a la perfección, sonreí satisfecha cuando me mire en el espejo. Me sorprendí de que ya no me veía como la chica que se subía al techo de su casa para huir de su madre, ahora era una mujer que sabia pelear, suspire y salí a la sala. Daniel me estaba esperando, su ropa semi-formal lo hacía ver deseable.
—Tarde mucho—pregunte y me miro, arrugo su frente— está mal— llego a mi lado en seguida.
—No vamos a ir—me dijo, lo mire.
—¿Por qué?— me abrazo y beso mi cuello, su mano levanto mi vestido hasta alcanzar mi ropa interior, metió sus dedos por él, lo detuve— ¿qué haces?
—Adelantar mi incentivo—murmuro contra mi piel, me aleje de él, arrugo su frente.
—Vamos—lo tome de la mano y arrastre para que caminara.
Condujo a la casa de su hermano en completo silencio, perdido en sus pensamientos. La casa esta estaba en la zona residencial, un lugar lleno de arboles y jardines inmensos.
—Son hermosas—le dije a Daniel mirando las casas, me miro y asintió.
Se detuvo delante de una casa y me abrió la puerta del auto, me tomó de la mano para caminar, al llegar a la casa me miro.
—Espero que sepas lo que haces— arrugue mi frente y toco el timbre, nos abrieron en seguida.
Una mujer apareció detrás de la puerta, tenía el cabello castaño y enrulado, además de un vientre enorme, estaba embarazada. Miro a Daniel y luego a mí, sonrió.
—Anna—dijo Daniel como saludo, ella volteo los ojos.
—Pasen—dijo y entramos a la casa,  me extendió su mano, la estreche. — Yo soy Anna, la esposa da Marcus.
—Maya—le dije, asintió.
—Lo imaginaba— sonrió y miro a Daniel— Marcus me hablo de ti, no creíamos que fueras capaz de hacerlo venir— mire a Daniel.
Como Anna se movió para dejarnos pasar Daniel aprovecho para susurrarme.
—Tu eres bastante capaz de hacerme venir—abrí mi boca sorprendida y me sonroje intensamente. Sonrió abiertamente ante mi reacción.
Cuando mire a Anna y note que nos observaba con una ceja levantada me limpie la garganta.
—Por poco no viene—sonreí suavemente— por cierto, es para ti— le tendí el paquete.
—Ho, gracias—dijo— puedo abrirlo— asentí— es hermoso— murmuro al ver el marco de plata que había comprado en el mercado negro.
—Interesante—dijo Daniel, sabía que él conocía  su procedencia. Evite mirarlo y solo le preste atención a la mujer.
—Muchas gracias—dijo, sonreí.
Le tendí mi chaleco y lo guardo, nos llevo a la sala, hay estaba su esposo, Marcus y algunas personas. El doctor me saludo y sonrió.
—Te felicito— me dijo en un momento dado, sonreí. Daniel se quejo suavemente.
—Dejen de reírse de mi—dijo, aun así ambos nos reímos y él negó.
Mientras conocía a los amigos de Marcus, algunos doctores y otros profesores, amigos de Anna, que también lo era, ella llamo a Daniel para que le ayudara en la cocina. Sonreí ya que él se puso de pie enseguida para seguirla. Luego de unos minutos camine por la casa, mirando las fotografías, desde el matrimonio de la pareja hasta sus hijas, dos niñas completamente rubias y pequeñas, tan adorables que me hicieron sonreír. Vi en una fotografía a Daniel sosteniendo a una de ellas, se veía serio he inseguro, miraba detenidamente al bebe, como si temiera que algo malo pudiera suceder en cualquier momento. Me estaba riendo cuando  Marcus llego a mi lado.
—Tuviste que obligarlo—dijo.
—No tanto—confesé, apunte la fotografía— parece que le va a dar un ataque— volteo sus ojos.
—Es la única que tenemos, no se atrevía a cargarlas— sonreí— así que cuando lo hizo tome una fotografía para el posteridad.
—Tú eres mayor que él— asintió.
—Por tres años—dijo, suspiro— aunque la vida fue más difícil para él— lo mire— no le digas que te dije, pero jamás se llevo bien con nuestro padre.
—Sabía algo de eso—le dije— pero no por qué.
—Deberás preguntarle eso a él, te puedo decir que mi padre era cruel con él y eso empeoro por la muerte de nuestra madre.
—¿Qué edad tenían?— me miro.
—13 y 10— asentí— éramos niños, más aun Daniel— mire las fotografías, hasta que lo sentí mirarme detenidamente.
—Qué—le pregunte.
—Estas enamorada de él— me sonroje y sonrió.
—Yo…—dije.
—Solo quería decirte que debes tener paciencia, él tiende a negarse a querer a otros, se ve que eres una buena persona, ideal para él, sobre todo en el mundo donde trabaja— miro alrededor—  pero nunca dudes de lo que siente.
—No sé lo que siente—le dije.
—Está enamorado de ti— me congele en mi puesto— cuando me llamo por teléfono estaba sumamente preocupado, jamás me había llamado, ni siquiera cuando él está herido,  y cuando me despedí de ti vi los celos en él— asintió— yo sé lo que te digo.
Lo observe unos segundos sin saber que decir, no podía creer que Daniel estuviera enamorado de mí, o aceptar que yo lo estaba de él. ¿Lo estaba?
—¿Qué paso con su padre?— cambie de tema y miro una fotografía.
—Murió en un accidente—dijo.
—No sabía eso—dije yo, me miro.
—Fue hace mucho, yo estaba en la universidad y él estaba por salir de la escuela— asentí y mire las fotografías.
—Me gusta esta—le dije, era donde estaba Daniel y él sentados en un tronco, debían tener 17 o 18 años— sonrió.
—Fue en un campamento, el ultimo año que yo fui, ese año partía a la universidad— arrugo su frente, como si recordara algo— Daniel tenia 16 años…— no dijo mas, solo observo la fotografía, yo mire las demás.
—Aquí están—dijo Daniel apareciendo por un pasillo, su hermano lo miro.
—Estábamos hablando del pasado— Daniel arrugo su frente.
—Me gusta esa—le mostré la fotografía, él ni siquiera la miro, solo observaba a su hermano, los mire a ambos— hola—dije moviendo mi mano entre ellos.
—Vamos, la cena está servida—Daniel me tomó de la mano y me obligo a seguirlo por el lugar.
Luego de comer hablamos de diferentes cosas, todos contaban historias graciosas sobre Anna, ella solo sonreía. Me reí cuando Marcus me conto sobre él y Daniel, sobre cuando se disfrazaron de conejos una pascua, cuando eran muy niños y como Daniel no había querido quitarse el disfraz por días hasta que lo obligaron, mire a Daniel, él solo negaba molesto.
Al acabar me despedí de todos, Anna me hizo prometerle que iría al cumpleaños de sus hijas, accedí encantada.
Al llegar a mi casa, Daniel dejo su chaqueta en una silla y yo mi chaleco en el sofá, camino hasta la cocina molesto, lo seguí.
—¿Qué pasa?—pregunte— estas molesto por haber ido, porque contaron una historia sobre tu niñez— mire su espalda tensa— o porque hable con Marcus sobre el pasado, como dijo él y temes o sabes que te preguntare— se volteo más molesto aun y paso a mi lado, tomó su chaqueta y antes de que saliera le dije— no servirá que huyas— se detuvo y me miro, no dijo nada. Se fue dando un portazo, suspire y mire la puerta.
—No habrá incentivo—murmure.
Me sentí triste enseguida por su reacción, quería saber de él porque me interesaba, porque me preocupaba por él. Incluso, aunque me costara aceptarlo, porque como dijo Marcus, estaba enamorada de él. De lo cariñoso que era conmigo, como me cuidaba, de cómo me tocaba, solo que dudaba de que él lo estuviera de mí, yo solo era su responsabilidad.
Me sorprendió que ya no me molestara lo que había pasado hacía meses con él. Ahora sabía que si hubieran querido hacerme daño me hubieran tratado como los matones, ellos jamás me tocaron, eran descuidados, si, pero solo eso.
Me quite el vestido y cambie la venda, tome una pastilla antes de acostarme, espere un rato por si acaso él regresaba pero no fue así, me quede dormida con la sensación de vacío dentro de mí.


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Capitulo 16, recuerdos Dolorosso.

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 17:50

[center]Capitulo 16
Recuerdos dolorosos[/center]



Cuando desperté Daniel estaba sentado en una silla, observándome. Permanecimos en silencio unos segundos hasta que solo extendí mi mano hacia él. Se puso de pie enseguida y  se quitó su ropa, cuando se metió en la cama conmigo apoye mi cabeza en su pecho. Sentí sus dedos acariciar mi cabello.
—¿Qué has hecho conmigo?—pregunto suavemente. No supe que decir, tomó aire antes de continuar.
—Mi madre murió cuando tenía 10 años— me congele— estábamos jugando en la calle con Marcus, fue un accidente, yo corrí a la calle a recoger una pelota cuando el auto apareció, me congele en mi sito, sin saber qué hacer pero, mi madre si supo, porque me empujo— esperé— yo solo me raspe una rodilla, ella murió dos horas después de eso— lo abrace con fuerza. Pobre, debía sentirse culpable— mi padre me odio después de eso, me culpo abiertamente de su muerte, me despreciaba y no le importaba ocultarlo. Discutíamos siempre, por todo o nada, una mirada, algo fuera de lugar, siempre había motivos, por años fue así, siempre mal. Cuando Marcus se fue a la universidad fuera de la cuidad, dejamos de hablarnos, aunque vivíamos en la misma casa, hasta ese día…— se tenso y acaricie su vientre, él tomó mi mano y cruzo sus dedos con los míos— en una de las muchas borracheras de mi padre se armó una discusión, intento golpearme y lo esquive, cayó al piso, asqueado con él lo deje y salí a vagar como siempre lo hacía, cuando regresaba vi el humo— tomó aire suavemente— corrí a la casa pero era tarde, el fuego la estaba consumiendo por completo, se necesito de cuatro compañías de bomberos para apagarlo, solo por suerte no se quemo otra casa del lugar— me abrazo con fuerza— tarde, después de eso supe que en su borrachera, al parecer, había intentado cocinar algo para comer, así comenzó el incendio.
Lo mire, él observaba hacia un lado, su rostro estaba lleno de tristeza.
—Yo debí de morir ese día, no mi madre, siempre me lo dijo— me miro— si hubiera muerto yo, mi madre estaría viva, mi padre lo estaría, incluso tu estarías mejor, a salvo de todo esto— acaricio mi rostro— pero no es así, sigo vivo, no sé por qué, me han disparado varias veces, muchos quieren verme muerto pero nadie logra…
Lo callé con un beso, no podía soportar escucharlo hablar sobre su muerte, la de nadie. Se relajó y cuando me aleje suspiro.
—No puedes controlar todo Daniel, tu madre murió salvándote la vida— cerró los ojos suavemente— no es tu culpa, nunca lo fue, tu padre se equivoco al desquitarse contigo por eso.
—Tú te echas la culpa de que tu padre y hermano murieran— dijo él— aunque no hubieras podido hacer nada para evitar algo así— arrugue mi frente. Era cierto, las cosas pasaron y no se podía cambiar el pasado, solo intentar superarlo, lo mejor posible.
—Tu tampoco hubieras podido cambiarlo—le dije, suspiro.
—Vaya par que somos—dijo y sonreí.
—Entonces asumamos que no sirve de nada quejarse sobre ello, porque no podemos cambiarlo, solo paso, hay que dejarlo atrás— acaricie su cabello— y la muerte de tu padre fue su responsabilidad, tu no tuviste nada que ver con eso, él es el único culpable del incendio— asintió y suspiro.
—Tienes razón, es extraño que cuando te lo dice otro suena más lógico que cuándo te lo repites tu mismo siempre— asentí.
—Lo sé, me acabo de dar cuenta— me acerque más a su rostro— y no te arrepientas de a verme conocido, yo no lo hago.
—Ahora—dijo él.
—Ahora—coincidí— probablemente aun estaría trabajando con Toni en la disco, evitando día tras día a los mismo hombres y sus proposiciones— sonrió suavemente.
—¿Tenías muchas?—pregunto.
—Ni te lo imaginas, habían algunas que sonrojaría hasta a una prostituta.
—Estoy intrigado— sonrió— dime una— me reí suavemente y me acerque  a su oído, se la dije, cuando lo mire tenía los ojos muy abiertos.
—Eso es sorprendente, incluso físicamente imposible— me encogí de hombros.
—Pues imagínate como era para mí— me subí a él con las piernas abiertas— acaso tú te arrepientes de a verme conocido—pregunte, tomó mi rostro entre sus manos.
—Nunca—dijo y sonreí ante su seguridad, me beso y lo desee enseguida.
Bese su cuello y baje por su pecho, ignore la punzada de dolor de mi costado y solo me concentré en él. Daniel enredo sus dedos en mi cabello y me acerco a él, su lengua invadió mi boca y la saboree lentamente, sonreí cuando tuve una idea.
Lo mire mientras me mordía el labio, alzo una ceja y sonreí, bese un camino hasta su oído.
—Haz lo que te diga— susurre y se estremeció.
—Me quieres tener bajo tus ordenes— asentí y sonrió.
—Una venganza por todas esas semanas de entrenamiento— le dije, se quejo suavemente.
—Creo que ya fui castigado por eso— alce una ceja— sabes lo que era para mí tenerte tan cerca sin poder tocarte— sus manos se posaron en mis pechos, los apretó suavemente.
—Si me tocabas—le recordé. Negó.
—Eso no cuenta— me reí.
—Que me aplastaras contra las colchonetas no cuenta— me miro y  sonrió con picardía.
—Eso solo era un momento de libertad y era más una tortura— bufe y me senté más cómoda, lo mire detenidamente— ¿qué piensas? –dijo.
Me acerque y lo bese rápidamente.
—No te levantes— me baje de la cama y fui al baño, cuando regrese me volví a subir sobre él, alzo una ceja mientras le mostraba una bufanda de seda, de color negro, sonrió.
—Me vas a amarrar, no sabía que tenías esos gustos— negué y me incline hacia adelante, lleve el trozo de tela hacia su rostro pero me detuvo.
—Vamos—le dije— o me tienes miedo— sonreí y volteo sus ojos.
—Está bien—aceptó— pero luego yo me tomare ciertos permisos— voltee mis ojos.
Lo bese antes de vendar sus ojos, dejándolo en la oscuridad.
—¿Cómo te sientes?—pregunte mientras lo miraba, él llevo su mano a su cabello.
—Creo que bien.
—Nervioso—dije y suspiro, puso sus manos en mis piernas— haha— dije y las tome, puse sus manos sobre las almohadas— tus manos se quedaran aquí— se quejo— si las mueves las atare— se rio un poco— así que quieto, está bien.
—Claro—dijo riéndose.
Me aleje de él y lo mire detenidamente. Me gustaba mirarlo, era tan elegante de cierta manera, fuerte y letal. Tome la sabana y la quite lentamente hasta dejarla en el suelo, mire su entrepierna y sonreí abiertamente al ver lo excitado que estaba.
—Por lo que veo te gustan estos juegos—le dije y bufo.
—Eso ha estado así desde que me metí en la cama— me reí suavemente.
—Entonces vamos a hacer algo para liberar tanta tensión— llegue a su lado y lentamente le quite el calzoncillo, lo deje caer al suelo y observe su pene, tieso y duro, clamando atención, me quede  mirándolo un rato.
—Maya—llamo él.
—¿Si?—dije.
—Me estas matando— negué suavemente.
—Y aun no comienzo— él trago nervioso.
Me quite mi ropa y me subí a la cama, me senté sobre mis rodillas y comencé mi juego. Primero pase la punta de mis dedos por su piel, su cuello, su pecho, cada musculo en el, baje hasta su cintura y seguí la línea de su cadera, salte olímpicamente hasta sus pies y acaricie su pantorrilla, sus rodillas, sus muslos torneados, moví mis dedos por la maraña de cabello que creaban un marco para su sexo pero no lo toque. Mire su rostro mientras lo hacia y vi la tensión de sus brazos, se esforzaba por no mover sus manos, sonreí.
Me acerque a su cara y acaricie sus labios con los míos, él intento besarme y me aleje.
—Quieto—le recordé y murmuro algo ininteligible.
Mordí suavemente su labio inferior y se quejo, baje dando besos por su cuello hasta su pecho donde saboree con mi lengua sus pezones, continúe por su vientre y llegue a su cadera, él movió un poco sus piernas pero se quedo quieto en seguida.
—Esto es cruel—susurro.
Cuando tomé su sexo con mi mano suspiro tranquilo. Lo acaricie lentamente desde arriba hasta su base, con la otra mano acaricie sus testículos tomándoles el peso y sorprendiéndome de su suavidad. Pase mis dedos por la gota anticipada que salió de él, la esparcí por su punta y lo mire.
—Daniel—lo llame suavemente.
—Mm—soltó él con voz ronca.
—Quieres que lo ponga en mi boca— me mordí el labio al ver la tensión de su cuerpo.
—Sí—suspiro— me encantaría— sonreí y lo hice.
Lo acaricie con mi lengua y manos, humedeciéndolo con mi saliva, gimió y lleve su punta a mi boca donde la chupe, seguí haciéndolo mientras acariciaba su longitud de arriba abajo con un ritmo lento.
—Ho Dios—dijo él y vi que sus manos bajaron para agarrar la sabana, sus caderas se movieron suavemente, pero quería que me viera, quería ver el placer en sus ojos, me aleje y se quejo.
—Maya—dijo con voz suplicante, me acerque hasta su rostro y tome un cojín.
—¿Quieres ver?—le pregunte.
—Claro que sí—dijo rápidamente, le quite la venda y sonreí cuando me miro, tenía los ojos vidriosos— levántate un poco— miro el cojín y lo hizo, lo puse tras de él y se apoyó, ahora quedaba en una posición que le permitía ver todo.
Regrese a su sexo y continúe acariciando, chupando y lamiendo, se acercó a mí y movió mi cabello fuera de su vista, no me detuve ni un momento y cuando se tenso y corrió lo recibí completamente. Luego lo mire y me reí. Estaba apoyado en el cojín muy quieto y con una expresión de placer y paz increíble. Me miro y suspiro.
—Ven aquí—dijo y me acerque a él, me beso con suavidad— ha sido increíble, creí que moría.
—Y yo solo quería torturarte— dije y sonrió.
—Cada día señorita está más atrevida—sonreí.
—Pues eso es debido a ti— alzo sus cejas— no eres el único que se excita con solo ver al otro— tomó mi rostro con una mano y sonrió con malicia.
—Ahora es mi turno—dijo, lo mire sorprendida— deberás hacer lo que yo diga— no fui capaz de negarme, no sabía si por cómo me miraba o solo por curiosidad.
—Bien—dije despacio, me empujo fuera de su cuerpo.
—Ponte sobre tus rodillas y manos—me ordeno, abrí mis ojos— hazlo—dijo y me moví hasta el centro de la cama, lo mire antes de ponerme como decía. Trague nerviosa al notar que él seguía sentado observándome.
—Daniel—lo llame, me avergonzaba la situación, me miro.
—No sabes lo hermosa que eres—voltee mis ojos.
—Sí, sobre todo en esta posición—dije con ironía, él se acercó a mí.
—Acaso te asusta el estar así— paso sus dedos por mi sexo y me estremecí.
—Asustarme no—jadee y acaricio mi espalda— solo me avergüenza—lo mire— sabes que nunca había estado en esta posición— me miro a los ojos y pareció pensarlo.
—Lo sé—dijo— y eso causa que me sienta aun más excitado.
—Es posible eso—dije riendo suavemente.
—Desde que te conocí descubrí que si—murmuro y continuo su caricia, introduciendo lentamente uno de sus dedos dentro de mí. Suspire y cerré los ojos. Él separo más mis piernas con su rodilla e introdujo un segundo dedo, lentamente comenzó a moverse mientras acariciaba mi nudo, cuando mis brazos comenzaron a temblar hable.
—Daniel—lo llame— no puedo sostenerme.
—Shhh—dijo suavemente sin detenerse— deberás hacerlo.
Introdujo un tercer dedo causando que gimiera, apreté la sabana bajo mis dedos obligándome a permanecer en esa posición.
—¿Te gusta?—pregunto, asentí y aumento su ritmo, mas rápido y profundo— y a mí me gusta verte así— sentí que mi cuerpo se tensaba, mi cabeza quería estallar.
—Daniel— gemí y él suspiro.
—Dilo de nuevo—dijo con voz ronca— quiero que te corras diciendo mi nombre— y así lo hice casi en seguida llamándolo.
Al final me derrumbe sobre la cama, él acaricio mi cuerpo dejando una huella húmeda donde tocaba. Cuando apenas me estaba recuperando me puso de espalda y abrió mis piernas, me miraba detenidamente, no tenia energía para quejarme de eso.
—Dios—dije cuando lo sentí entrar en mi de un solo empuje, ni siquiera había notado que se había puesto un condón. Comenzó a moverse lentamente pero con fuerza, empujándome hacia arriba, él solo me observó mientras se sostenía con sus brazos. Yo observaba sus ojos verdes, su cabello moverse junto con él, no hubo otro contacto que el de nuestros sexos chocando, sonando, el sonido que producía nuestra respiración acelerada, no dejo de mirarme ni yo a él, solo se acercó a mi cuando se tenso y puso su mano en la parte de atrás de mi cabeza, su frente sobre la mía y nuestros alientos mezclándose.
Aumento el ritmo, más rápido, mas desesperado. Jadee y cerré los ojos. Mi cadera se movió contra él, encontrándose con la suya. Alejo su rostro del mío y lo mire, seguía observándome. Sentí mi vientre contraerse, apretarlo dentro de mí, y cuando me corrí deje de respirar y me obligue a no perderlo de vista. Así pude ver su rostro contraerse, la gota de sudor que resbalaba por su frente,  sus labios separar apenas un centímetro mientras intentaba respirar. Gemí al verlo acabar y escuche como me llamaba.
Luego cayó sobre mi, estuvo unos momentos así mientras recuperaba el aire, acaricie su espalda y cabello suavemente. No me molestaba su peso, estaba más sobre la cama que sobre mí, y era agradable el tenerlo así, su rostro en la curva de mi cuello, su respiración haciéndome cosquillas. Cuando se levantó y fue al baño, me moví en la cama y acosté correctamente, regreso y sonrió al verme. Abrí mis brazos y él volvió a apoyarse en mí para volver a abrazarme, continúe acariciando su cabello.
Suavemente se quedo dormido y lo observe.
¿Qué voy a hacer? pensé, ¿qué haría cuando esto acabara?, ¿él me seguiría queriendo cerca?, ¿yo podría vivir lejos de él? en un mundo donde sabría lo que pasaba en secreto, ¿cómo lo haría?, suspire y acaricie su cabello mucho rato antes de poder dormir.


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Capitulo 17, Descubierto.

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 17:51

Capitulo 17
Descubierto



Era temprano cuando me despertó un teléfono al día siguiente, sentí a Daniel levantarse para tomarlo de su pantalón.
—¿Qué pasa?—preguntó y se sentó a los pies de la cama, llegue a él y lo abracé, apoye mis manos en su vientre y mi frente en su espalda, él acaricio mis manos con la suya— ya veo, está bien entonces, ya había pensado en eso— dejo de acariciarme— sé que es necesario— dijo molesto, levante mi cara y lo observé— ya entendí, le diré— con eso colgó.
Me senté a su lado cuando no se giro, tenía los ojos cerrados.
—¿Qué es?—le pregunte, me miro.
—Debemos acelerar la compra de armamento, vas a tener que llamar a Luis y decirle que se apresure— asentí. Estaba bien, quería salir de eso lo antes posible.
—Comprendo—dije— ¿Cuándo debo llamarlo?
—Hoy— acaricio mi rostro— habla con él y has una cita— asentí.
Luego de ducharme y desayunar, al quien primero llame fue a Edward. Le pregunte sobre Luis y cómo iba la cosa, dijo que más o menos bien, además, quería hablar conmigo sobre lo que había averiguado de la muerte de Sofía, le dije que no podía verlo hasta el domingo, era viernes así que acepto. Llame a Luis y hable con él, me dijo que lo viera en un bar que se encontraba fuera de la cuidad a eso de 11 de la noche, acepte y me despedí.
Daniel salió a buscar un nuevo equipo y cuando regreso era tarde, así que me puse el nuevo audífono y partí en el auto, me tomó cera de 2 horas llegar al lugar.
Este era un bar viejo y de mala muerte, según Daniel, y al parecer no se había equivocado. Entre en el lugar y me senté en el bar, Luis apareció a los minutos.
—¿Qué quieres?—dijo y lo mire, tenía un ojo morado.
—Y a ti que te pasó—le pregunte yo, se encogió de hombros.
—Problemas como siempre, la policía me seguía, pero los mate— me encogí por dentro.
—Aja—dije fingiendo que no me importaba— ves porque quiero adelantar mi plan de retiro, cada día es más difícil trabajar aquí— él volteo sus ojos— pero lo que quiero es te apresures con lo que te pedí.
—No puedo hacer eso— se quejo.
—Vas a tener que intentarlo— arrugue mi frente— los compradores me están presionando, sin mencionar, que quiero acabar luego con esto.
—¿Te ponen nerviosa?—pregunto, negué.
—No es eso, pero no me gusta estar tanto tiempo con lo mismo— suspiro y bebió su trago de una vez.
—Veré que puedo hacer— dijo, ahora yo voltee mis ojos.
—Ya llevas varias semanas, acaso necesitas más tiempo— dije molesta, arrugo su frente.
—Sabes lo difícil que es esto— me queje.
—Solo apresúrate, quieres— mire hacia otro lado.
—¿Qué harás luego de esto?—lo mire.
—Probablemente irme a otro lugar, no lo sé, ¿por qué preguntas?— se encogió de hombros.
—Si vas a cambiar de negocios, sabes que otros pagarían muy bien por tus servicios—sonrió. Diablos, pensé.
—¿Te incluyes?—pregunte, rio un poco.
—Claro que no, te conozco demasiado— suspiro.
—Y tú, ¿qué harás luego?— se encogió de hombros.
—Como si te lo dijera— ahora yo me reí.
Se despidió y se fue, jugué un rato con el tragó que había pedido.
—Puedes irte— me dijo Daniel por el audífono. Suspire y lleve mi mano a mi oído como si moviera mi cabello y apague el aparatito, terminaría el trago en silencio.
Estuve sentada un rato  hasta que sin querer escuche una conversación de dos borrachos a mi lado.
—Dicen que lo van a matar — bebí— no confían en él, al parecer ha vendido información a la policía.
—Idiotas—dijo el otro tipo— nunca aprenden.
—Sabes cuándo lo harán.
—No— el tipo bebió— solo que lo están vigilando.
—Pobre Edward— me tense— por qué vendería información.
—¿Quién sabe?—murmuro el otro tipo.
Ha, carajo, pensé. En que rayos se metió Edward. Me bebí el trago de una vez y pedí otro, aunque el alcohol quemo por mi garganta me bebí el otro de una vez, con eso salí del lugar y conduje hasta la casa de Edward. Me detuve a unos kilómetros, si lo vigilaban me verían llegar, suspire.
Baje del auto y camine un rato, como me encontré con una tienda de ropa, compre una chaqueta diferente, negra y con capucha. Me la puse y cubrí mi cabeza,  de paso compre una botella de vino, la puse en una bolsa de papel y me mire en una vitrina. Desordene un poco mi ropa y cabello, ahora solo parecía una ebria más en la calle.
Me metí por callejones acercándome a la casa de Edward, solo a 10 minutos, en una calle oscura dos tipos aparecieron. Me apoye en la pared y luego senté en el suelo, cerca de un basurero, me quede muy quieta esperando que se fueran.
—Me estaban siguiendo— reconocí la voz, Edward. Mire de reojo, estaba igual que yo, con una capucha, se ocultaba.
—Ya sospechan de esto— dijo la otra voz de hombre, Edward suspiro.
—Entonces voy a tener que apresurar el asunto— el otro tipo pateo una lata que paso por mi lado
—Ya tienes pruebas suficientes para encerrar al viejo, no sé que esperas— Edward suspiro— por cierto averigüe lo que me pediste.
—¿Qué es?—pregunto Edward.
—La chica vivía con su madre hasta no mucho— me tense— la arrestaron, los del FBI, aunque no lo reportaron.
— ¿Por qué no?—pregunto Edward.
—No pude averiguar eso, pasó cerca de 4 meses encerrada.
—Mucho tiempo.
—Sí— dijo el tipo, ¿hablaban sobre  mí?— lo raro es que luego de eso se le vio en una de las centrales de FBI, averigüe que está ayudando en una investigación.
—¿Estás seguro?— vi al tipo asentir— ya me imaginaba que había algo detrás de esto, sabes con quién trabaja
—Sí—le paso un papel, Edward lo observo— he visto a estos dos antes.
—Han estado en el cuartel, hace unos meses, recuerdas que liberaron a un tipo, el drogadicto.
—Ha, ya me acuerdo.
—Al parecer les daba información, por eso lo liberaron.
—Malditos agentes de FBI—murmuro Edward— siempre se meten en nuestro trabajo.
—Y de lo otro, solo oí rumores— Edward lo observo— al parecer la otra chica, Sofía, estaba ayudando a los del FBI para que arrestaran a unos compradores de armas, algo salió mal. Luego de eso todo es confuso, recibieron un cadáver en la morgue central con su identificación, pero se lo llevaron en seguida y borraron los registros.
—¿Policías?— dijo Edward.
—Obviamente— suspiro— pero no pude averiguar quién lo hizo, o dónde se la llevaron.
—Tienes idea de quién la mato.
—En las calles se dice que un tipo del FBI la hirió en una pelea, que discutían por algo, pero solo eso.
—Qué rayos pasa aquí, cómo no sabía de esto.
—Creo que esto es más de lo que aparenta.
—¿Por qué uno del FBI la mataría si los estaba ayudando?—pregunto Edward.
—Porque uno de ellos es…— dijo su amigo.
—Un traidor—termino él— interesante.
—Malo—el tipo se acercó a él— debes tener cuidado con eso, no te metes en sus asuntos.
—No es eso lo que me preocupa— dijo Edward.
—Se quien te preocupa— Edward miro al tipo.
—¿Dónde fue la pelea?
—Cerca de una de las casa del norte, por la avenida, espera—el tipo leyó un papel— ha, es en la avenida alegría, numero 332— lleve mi mano a mi boca, yo vivía cerca de ahí, conocía la casa, pero se supone que alguien la había arrendado aunque ya hacía meses de eso.
—Bien—dijo Edward— veré que hago, intenta averiguar dónde se llevaron el cadáver, o más bien quién se lo llevo.
—Veré que puedo hacer.
Con eso se fueron del lugar pero, yo me quede sentada.
—¿Qué está pasando?—susurre. Edward era policía, pero por qué no me dijo nada, y por qué estaba buscando información sobre mí, sobre Sofía, y alguien de FBI nos estaba traicionando, pero quién, quién había sido capaz de matarla. Debía ir a la casa, ver si podía averiguar algo, y debía ser antes de que Edward fuera, si encontraba algo se lo llevaría.


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Capitulo18, Intento de Homicidio,

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 17:54

Capitulo 18
Intento de Homicidio



Corrí de regreso a mi auto y deje la botella en el asiento. Conduje de prisa por las calles hasta que llegue a la casa. Estaba oscura y vacía. Apreté las manos en el volante mientras intentaba controlar el suave temblor de mi cuerpo. Aun así baje del vehículo y rodee la casa, me colé por el patio y mire alrededor, nada. Como estaba tan oscuro maldije y regresé a mi auto, debía tener una linterna por allí. Solo por suerte encontré una en la parte de atrás, con pilas y todo.
Regresé a la casa e inspeccione.
Esta estaba completamente cerrada, mire por una ventana y dude un segundo pero aun así la rompí con mi codo. Esperé por si alguien venia a ver qué pasaba, pero nadie apareció. Entre en la casa por la cocina, estaba llena de polvo, y camine por el lugar hasta que llegue a la sala, ahí, en la pared había manchas oscuras. Me acerque lentamente, se veía como sangre seca, pero no estaba segura, suspire y mire alrededor. Luego subí al segundo piso, igual de vacío, me senté en la cama de la habitación y mire alrededor.
¿Por qué no encontraba nada? me pregunte frustrada. No se veía como si alguien hubiera estado allí, suspire molesta y me fui al ropero, nada. Cuando regrese a la habitación una pequeña cosa me llamo la atención. Había algo bajo de la cama, trague nerviosa y me acerque.
Lo que había eran dos cosas, una pequeña maleta y un botón a los lejos, tanto el botón como la maleta las tome con un pañuelo y los deje en la cama. El botón se veía normal, me encogí de hombros, la maleta llamo mi atención y la abrí con cuidado.
Tenía ropa, algunos vestidos y blusas, fui dejando todo a un lado. Debajo de esto había papeles, leí un poco pero no había nada que me pudiera servir, aunque ni siquiera sabia que me podía servir. Observé varios recibos de pago de la renta del lugar, ella estuvo varios meses viviendo en esta casa, suspire, no había nada más. Me quede viendo la maleta, era pequeña para su tamaño, se veía más grande, alto, más grande.
Nerviosa busque por el borde hasta que encontré una forma de tirar el doble fondo, ahí apareció lo bueno. Había un arma, una pistola pequeña y bonita, y un cargador, los moví sin tocarlos con mis dedos usando las puntas de mi chaqueta, también había una carpeta pequeña, amarrada con lazos. La tomé y observé, nada a primera vista, en una papel suelto está escrito unos números a mano, parecía un teléfono, aunque era muy largo para serlo, una cuenta de banco, quizá. En un paquete había una fotografía, la tome y mire fijamente, abrí mi boca sorprendida y me deje caer en el piso.
Era yo la de la fotografía, no Sofía, estaba yo con mi hermano hacia años, debía tener no mas 15 años, ¿por qué Sofía tenía una foto mía? la observé detenidamente. Cuando salí de mi asombro seguir hurgando en la maleta pero ya no había más.
—¿Qué es esto?—susurre y mire la fotografía.
Escuche un raro sonido y me congele. Ruido, en el piso de abajo, había alguien mas en la casa. Guarde las cosas en seguida, bien solo puse el doble fondo y la ropa en cima, metí el arma en mi cinturón con el cargador puesto, la foto la doble y guarde en mi bolsillo, cerré la maleta y devolví a su lugar, tomé el botón que estaba en el pañuelo y lo guarde en mi otro bolsillo, tome los papeles y me moví en silencio hacia la puerta, me detuve. Alguien subía las escaleras y yo estaba entrando en pánico, mire hacia la ventana y mi única salida, el balcón.
Corrí hacia ella y salí, deje cerrado y me oculte.
Respiraba agitadamente, apreté los papeles contra mi pecho y me lleve una mano a la boca. El intruso estaba en la habitación, buscando algo, mire de reojo y lo vi sacar la maleta de debajo de la cama, él la abrió y tiro la ropa lejos, saco el doble fondo y como no encontró nada tiro la maleta hacia un lado molesto, ¿cómo sabía que estaba ahí?
De repente saco algo de su bolso, era como un celular, una pantalla se encendió pero no pude verle la cara, la tenia cubierta por una máscara. El intruso miro y casi en seguida me miro a mi, me congelé, ¿qué rayos? Pensé.
Nos miramos un segundo, o creo que me miraba a la cara, hasta que reaccione y hui del lugar hacia el único lugar posible, arriba. Subí al techo y escuche la ventana abrirse, no me detuve, de reojo capte que mi casa, mi antigua casa se veía a la perfección, sobre todo el techo donde yo pasaba casi siempre.
Me moví hacia un lado y escuche que algo paso cerca de mí como un zumbido pero más rápido. Al descubrir que me disparaban corrí más rápido de lo que creí posible, llegue al otro lado, por donde podía bajar sin problemas y me deje caer, me arrepentí en el segundo que choque con el suelo, aplastando mi brazo contra mis costillas. Tomé aire con fuerza y me puse de pie, corrí a mi auto, por instinto me moví hacia un lado y otra vez el ruido, maldije. Rápidamente me subí al auto, lo encendí y partí.
Estuve conduciendo por casi 20 minutos antes de detenerme en una plaza, temblaba descontroladamente.
¿Qué fue eso? Pensé.
Me siguieron, ¿alguien sabía que estaba ahí o fue coincidencia? pero sabía de la maleta, y si sabía ¿por qué no fue antes? y ¿como supo que me ocultaba? El intruso era un hombre, lo deduje por su tamaño, muy parecido a Edward, Daniel y Jonathan, bueno, muchos eran así.
El hombre observó esa pantalla antes de mirarme, ¿acaso era una cámara de vigilancia? pero no vi nada en la casa. Instintivamente lleve mi mano al broche donde estaba la cámara que me dio Daniel, no puede ser, pensé, lo mantuve tapado.
Me encontraron por él, alguien me espió, el traidor,  no podía ser, ¿uno de ellos era el traidor? Daniel o Jonathan, ¿Quien más tiene acceso a mi cámara? ¿Quien más me ve? debía estar mal, no podían ser ellos, pero y si lo eran, ellos trabajaron con Sofía, quizás ella averiguo algo y la mataron, uno de ellos lo hizo, pero ¿Quién?, ¿qué se supone iba a ser ahora?
Me apoye en el volante y mire los papeles en el asiento, debía ocultarlos, pero ¿Dónde? además tenía el arma también, arrugue mi frente. Como si no lo hiciera apropósito tape la cámara, tome los papeles y los puse debajo de mi pero, saque otro manojo de papeles de mi guantera y los amarre con la misma cinta, se veía igual. Me senté sin tapar la cámara y observe el sobre, también mi reloj. Era cerca de las 3 de la mañana. Metí los papeles en la guantera hasta el fondo donde los tape con otras cosas. Tome la botella de vino y la abrí como pude, aunque me costó bastante, bebí un buen trago de ella y luego otro y otro. El vino calentó mi cuerpo, me relajo en seguida, tape la botella y la deje a un lado.
Esperaba que eso distrajera a quien me observaba.
Regresé a mi casa, no estaba tan lejos, y por suerte, porque con lo que bebí en el bar y el vino ya estaba mareada.
Cuando llegue a mi puerta me apoye en la pared, tenia los papeles en mi espalda, los puse ahí, afirmándolos con el pantalón, los tape con la camiseta y la chaqueta, tomé aire y saque mis llaves.
Extrañamente no podía meterla en la cerradura, la puerta se movía. Apoye mi mano en ella y lo intente de nuevo, arrugue mi frente al no poder hacerlo, pero cuando logre insertarla la puerta se abrió y caí hacia adelante, choque contra alguien, me pararon y mire hacia arriba, Daniel. Tenía su frente fruncida, me encogí por dentro al recordar que casi me matan, y no sabía si era él mi atacante.
Me estabilice sola, Dios, estaba ebria.
Él me miro de pies a cabeza y sonrió.
—Esta borracha—dijo como si fuera algo gracioso.
—No…—comencé a decir pero lleve mi mano a mi boca, quería vomitar, pasé a su lado como pude y llegue al baño, me encerré. Devolví lo que había comido en seguida.
—Maya—me llamó Daniel desde el otro lado de la puerta— déjame entrar.
—No—me queje.
—Vamos—dijo él— no es la primera vez que veo una mujer ebria, abre—arrugue mi frente.
—Eso debería consolarme—le dije— idiota— lo escuche reír.
Me senté al lado del inodoro, como me apoye en la pared recordé que tenía mi espalda llena de cosas, me saque la chaqueta y la arrugue, la deje en la ropa sucia y luego saque todas las cosas, un arma con un cargador y un manojo de papeles desordenados, suspire, debía ocultarlos.
Había visto esto en una película, busque una bolsa y metí todo ahí, me asegure de que quedara bien cerrada, luego la metí en el estanque del inodoro, afirmada a un lado, devolví la tapa, sonreí. Esperaba que mi plan funcionara, vería los papeles en otro momento.
—Maya—me llamó de nuevo Daniel, me estremecí. Como podría estar con él ahora, deseaba que se fuera, pero me preguntaría por qué y no podría decirle, pero si era él mi atacante, me queje y lleve mis manos a mis ojos— te prepare café, sal.
—Está bien—dije y me levante con cierta dificultad.
Volví a hacer una mueca al notar que estaba ebria, jamás me había emborrachado y tuve que hacerlo justo ahora. Cuando me mire en el espejo, era un desastre, me lave el rostro y salí.
Ahí estaba él, apoyado en un mueble con sus brazos cruzados sobre su pecho esperando. Me miro apenas di un paso fuera del baño y alzo una ceja, tuve la urgencia de regresar al baño y encerrarme hasta que todo pasara, me contuve.
—Ven—pidió y extendió una mano, la observé y luego a él, como no me acerque volteo sus ojos— no me molesta esto—dijo, se acercó a mí y tomó mi mano, me llevo a la cocina.
Él creía que pensaba que le molestaría que bebiera, me miro.
—¿Cuántas veces te habías emborrachado?
—Nunca—dije, rio suavemente— solo bebí un poco, parece que no soy muy resistente al alcohol.
Me senté y él me trajo una taza de café, lo mire un segundo antes de beber de apoco. Rayos, ahora me lo imaginaba poniéndole veneno. Arrastro la otra silla y se sentó a mi lado, me observó.
—Es gracioso todo esto— llevo su mano a mi rostro, me moví sin pensarlo y él se congelo, lo mire.
—Apesto a vomito—dije para explicar mi reacción, debía controlarme, una parte de mi quería que me tocara, la otro quería salir corriendo de ahí. Volteo sus ojos y afirmo mi mandíbula.
—Te dije que no me importaba— arrugo su frente y miro hacia otro lado.
—¿Qué?—pregunte, me miro.
—Nada, solo pensaba en algo, no importa— bebí más café y él solo me observo en silencio.
Cuando acabe me levante y me siguió, nos fuimos a la habitación, me quite el audífono y lo deje en la mesa de noche, lo mire y vi que se estaba quitando la ropa. Ahora pasaba más tiempo en mi casa que en la suya, adiós a la idea de leer los papeles. Me quite la camiseta, cuando lleve mis manos a mi pantalón y toque el pequeño bulto recordé el botón, me quite el pantalón rápidamente y lo deje en el suelo, mire Daniel y cuando me dio la espalda lo patee bajo de mi cama.
No usaba piyama, él tampoco, hasta ahora había dormido desnuda con él, así que solo me quede con la ropa interior y me metí bajos las mantas, suspire cuando él me imito, me tomó de un brazo y me hizo acercarme a él. Apoye mi cabeza en la curva de su cuello y Daniel depositó un beso en mi cabello.
No podía evitar imaginarlo a él en la casa, lo rodee con una abrazo, lo apreté un segundo antes de relajarme, no quería que fuera él, pero parte de mi lo consideraba culpable, ¿qué iba a hacer?
Tuve una pesadilla, reviví todo lo que paso en la casa y cuando la pantalla ilumino a mi atacante fue el rostro de Daniel el que apareció, fue él quien me disparo cuando corrí por el techo, pero esto cambio cuando Sofía apareció, deje de correr en el instante que mis ojos se encontraron con los de ella. La chica estaba sentada en su techo mirando hacia mi casa con interés, seguí su mirada y me vi a mi misma acostada ahí, arrugue mi frente y luego salte cuando sentí algo golpearme, mire hacia mi vientre y vi que sangraba, a levantar la vista observé a Daniel apuntándome con su arma, me había disparado, desperté asustada.
Unas manos me tocaron, brinque aterrada.
—Maya, soy yo—Daniel— fue una pesadilla— me atrajo a su cuerpo, intente relajarme— estas a salvo— dijo y me contuve de soltar una carcajada. Si claro, pensé.
Luego de unos minutos, cuando por fin deje de temblar lo llame.
—Daniel.
—¿Si?— dijo y lo mire.
—¿Qué paso con el cuerpo de Sofía? ¿Dónde la enterraron?— me miro, tenía su frente fruncida.
—Bueno, eso es extraño— suspiro— no te había dicho pero desapareció— me tense— alguien se llevó el cuerpo de la morgue.
—¿Quién?—pregunte, negó.
—No pudimos averiguarlo, quien lo hizo no dejo rastro— suspire y me volví a apoyar en su pecho.
—No has investigado.
—No, con todo esto lo había olvidado, pero lo hare— suspire— ¿cómo te sientes?
—Como si me hubieran aplastado la cabeza— rio mientras acariciaba mi espalda.
—¿Qué hora es?—pregunte, se movió suavemente.
—Las 9, ¿por qué?
—Debemos prepararnos para ir al cumpleaños de tus sobrinas— se quejo.
—Vamos a ir, no lo sabía— me abrazo— cuando fue que lo decidimos, recuérdamelo.
—Nunca—suspire— yo lo decidí, pero si no quieres ir, puedo ir sola— me empujo suavemente hasta ponerme de espaldas en la cama y se puso sobre mí, con cada brazo al lado de mi cabeza, lo mire, su cabello rubio caí sobre su frente y sonreía.
—¿Cómo lo haces?— pregunto, arrugue mi frente.
—Qué—dije y lleve mi mano a su cabello, tocándolo.
—Esto—murmuro mientras cerraba los ojos, disfrutaba de mi caricia, aproveche de mirar fijamente su rostro— el volverme loco, el sorprenderme—levante mi otra mano y pase mis dedos por su rostro, apoyó su rostro en mi mano y abrió sus ojos suavemente.
Me encogí por dentro, en su mirada se veía todo el deseo que sentía por mí, y ahí también había cariño. Se acercó a mí y rozó sus labios con los míos, su cuerpo me mantenía prisionera contra el colchón, su calor me calentaba, su erección se apretaba contra mi muslo, su respiración acariciaba mi mejilla.
¿Qué hacer? me pregunte un segundo, lo quería pero le temía, no a él, si no a lo que podía resultar de todo esto. Me rendí al impulso y deseo, les permití ganar solo para olvidarme de todo lo que me había pasado, solo para sentirlo a él.
Cuando me beso me olvide del mundo, como lo hacía “él” me pregunte.
—¿Cómo lo haces?—repetí.
Él me quito mi ropa interior con cuidado, lentamente.
—¿El qué? —pregunto, me miro mientras se desprendía de sus calzoncillos, lo observe desde sus muslos hasta su cabeza, era hermoso, todo y su masculinidad.
Al terminar de desvestirse no se movió permitiéndome observarlo un rato.
—El qué—repitió con voz ronca, lo mire.
—El hacerme olvidar todo— sonrió— provocas que mi cuerpo te desee con solo un beso— separo mis piernas con sus manos, abriéndolas para él, dándole una vista perfecta de mi sexo.
—Lo veo— suspiro y acaricio mi centro con sus dedos, esparciendo mi humedad— ya estas húmeda para mi, lista y deseándome— metió un dedo dentro de mí, gemí.
Se movió hacia la mesa de noche y tomó un condón, vi como se lo puso, como envolvía su dureza, cuando acabo se sentó sobre sus piernas y me empujo hasta estar sobre ellas. Luego tomó su sexo levantado y lo puso en mi entrada, gimió por el contacto, sus brazos se flexionaron por el esfuerzo de moverme más cerca de él, hasta que estuvo por completo dentro de mí. Observe su rostro trasformado por el placer, su lengua salir de su boca para pasar sobre sus labios, con un poco de esfuerzo me senté y ahonde la penetración, puso sus manos en mi trasero, afirmándome, lo abrace y llegue a su boca.
Nos besamos un largo rato, solo así, unidos por nuestros sexo, piel contra piel, boca contra boca, lengua contra lengua, me moví un poco y se quejo suavemente, lo mire a los ojos, respirábamos rápidamente, volví a moverme y gemí.
—Esto es lo que me provocas—susurro en mi oído mientras me movía— el desearte siempre, te veo dormir y te deseo, no puedo pensar claramente cuando te tengo cerca— llegue a su oído y mordí suavemente su lóbulo, gimió— no es solo eso, es… tu forma de ser la que me hacen desearte, me provocas con solo mirarme, me vuelves loco— lo bese y su lengua entro en mi, nos movimos juntos, ambos saliendo al encuentro de otro, hasta que el placer se hizo demasiado y lo escuche llamarme.
—Maya— susurro— Maya — gimió.
Alcance el orgasmo y él junto conmigo, lo abrace con fuerza, temiendo que fuera solo un sueño. Cuando logramos tomar el control, estábamos acostados en la cama, yo sobre él y él aun dentro de mí, se rio suavemente al principio y luego con más fuerza, lo mire.
—En serio—dijo— vas a volverme loco.
Voltee mis ojos y me moví.
—Ven—dijo suavemente y nos levantamos.
Lo seguí a la ducha y suspire suavemente detrás de él.
¿Qué voy  hacer? me pregunte internamente antes de seguirlo dentro de la ducha, esa pregunta no me dejaba descansar.


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Capitulo 19, Fiesta de cumpleaños.

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 17:58

Capitulo 19
Fiesta de cumpleaños


Luego de ducharnos partimos a la casa de su hermano. Daniel solo levanto una ceja al ver la botella de vino en el auto, yo me encogí de hombros y la deje en el asiento de atrás.
Abrí mis ojos sorprendida cuando llegamos a la casa, el patio estaba lleno de juguetes, lo mire y él suspiro.
Aunque él no había pensado ir al cumpleaños si les compro un regalo a cada una, me reí de su expresión al ver el desorden en el jardín.
Toque el timbre y Anna nos abrió, sonrió.
—Sabia que iban a venir— entramos a la casa y mientras dejaba mi chaqueta en el ropero dos manchas rubias aparecieron de la nada gritando y lanzándose sobre Daniel.
—Tío—gritaron las niñas, eran igual de rubias que él, podían pasar por sus hijas.
—Hey—dijo él tomando a cada una en brazos.
—Sí vino—dijo una de ellas mirando a su hermana— gané— la otra se encogió de hombros.
—Para que veas—le dijo Anna a Daniel— apostaron si venias o no— él volteo sus ojos y yo me reí, las niñas me miraron, no muy amablemente.
—¿Quién eres tú?—dijo una, hablaban bastante bien para su edad.
—Maya—le dije— y tú— la niña abrazo a Daniel, claramente diciendo que era de ella, sonreí.
—Ella es Johann—dijo Daniel apuntando a la que me había hablado— y ella es Susana—  apunto a la otra, esta solo me miraba.
—Un gusto conocerlas—les dije— y ¿cuántos años cumplen?
—Pues 6—dijo Johann— y tú, ¿cuántos años tienes?— sonreí.
—Pues 22, pero estaré de cumpleaños muy pronto.
—¿Harás una fiesta?—pregunto ella.
—Mm, no lo sé, quizás.
—¿Podemos ir?—pregunto Johann a su madre.
—Lo veremos—dijo ella y Daniel las dejo en el suelo, luego les paso a cada una un paquete, las niñas gritaron por la emoción.
—¿Podemos abriros?—dijo Johann.
—Luego—dijo su madre— déjenlos con los demás— las niñas salieron corriendo a una velocidad que considere increíble, mire  a Anna.
—Increíble— repetí para ella.
—Dímelo a mí—dijo y nos reímos.
—Bien, dime en que puedo ayudarte.
—¿En serio?—pregunto, asentí.
—Debes estar muy ocupada.
—Sí— suspiro— los padres que están aquí parece que solo quieren que los atienda.
—Ya me lo imagino.
—Pero acepto tu ayuda.
—Como es que pase al olvido tan rápido—dijo Daniel, lo miramos, sonreí.
—Porque no vas con tu hermano a vigilar a los otros niños— dijo Anna, él volteo sus ojos.
—A sus ordenes comandante—le dijo parándose derecho, Anna lo regaño y me reí— no vemos luego— se despidió y antes de irse me beso suavemente.
Mire a Anna y ella sonrió abiertamente, no dije nada. La seguí hasta la cocina.
—Hay otras madres que me ayudan— me dijo— pero siempre es bien recibido más manos, ¿cómo eres para cocinar?— me queje y me miro.
—Pésima— me disculpe— pero puedo ayudarte en cualquier otra cosa— sonrió.
Cuando llegamos a la cocina me presento a las demás mujeres que eras cuatro, yo no recordé el nombre de ninguna así que solo las enumere.
—Ella es Maya, mi cuñada— dijo Anna como si nada y la mire sorprendida, se encogió de hombros.
—El hermano de tu esposo está aquí— dijo mamá número tres, una rubia platinada y esbelta, la mire.
—Sí—dijo Anna—  está afuera con tu esposo probablemente — le dijo a ella, la mujer me miro y luego siguió con lo que hacía, mire a Anna y ella negó suavemente.
Pase el resto de la tarde ayudando a poner la mesa para los niños. Cuando estuvo listo los llamaron y se sentaron alrededor, luego de cantar el feliz cumpleaños dos veces y apagar las velas de las dos tortas, las niñas abrieron los regalos. Daniel se paró a mi lado y me abrazo mientras observaba a las niñas, me apoye en el.
Llego el turno de los regalos de Daniel, cada niña los abrió, eran dos libros, diferentes entre sí.
—Gracias tío—dijo Johann llegando a su lado, tuve que salir de su abrazo para que la niña se acercara.
—De nada—dijo él desordenándole en cabello.
—Gracias—dijo la otra suavemente, la mire, era la mas tímida.
Como si nada me encontré imaginando que probablemente yo era así cuando niña, y que quizás Sofía era como Johann, ¿Cómo hubiera sido nuestras vidas si hubiéramos crecido juntas? ¿Dónde estaríamos ahora?
Luego de limpiar la mesa y botar los papeles de regalos todos estábamos en el patio, Anna se había sentado por fin, me dijo, y yo observaba a las niñas. Una de ellas estaba sentada a lo lejos con el libro que le regalo Daniel entre sus pequeñas piernas, no creí que supiera leer así que debía estar viendo los dibujos, jugo con su cabello hasta que su moño se desarmo e intento amarrarlo, sonreí. Busque a Daniel y él estaba con su hermano y otras personas hablando, la mujer que pregunto por él estaba a su lado intentando entablar una conversación, al parecer no lograba mucho ya que Daniel solo asentía o negaba. Mire a la niña que luchaba por ordenar su cabello, camine en su dirección y al llegar me miro.
—Puedo ayudarte — le dije — no lo dejare igual, pero sé hacer una trenza francesa — me miro detenidamente, tenía los ojos verdes de su padre y tío, sonreí suavemente. Ella asintió aunque no dijo nada.
Me senté a su lado en el pequeño tronco y la tomé de sus brazos, la senté en mis piernas, me miro y sonreí, miro hacia a delante. Desenrede por completo su pelo y suavemente comencé a trenzarlo, ella observo su libro y note que era sobre animales, tenía muchas fotografías.
—¿Te gustan los animales?—pregunte, asintió, mire alrededor al sentir que me miraban, era Daniel, sonreí y él me devolvió el gesto. Al acabar con la trenza lo amarre con la misma cinta que tenia— ya esta— dije y ella paso sus manos por ella— te gusta.
—Sé—dijo suavemente— gracias.
—De nada — conteste yo, se sentó a mi lado y ambas observamos el libro, cuando llego donde las mariposa le indique una que me gustaba, ella me mostro otra, sonrió.
—¿Qué hacen?—preguntaron y ambas vimos a Daniel sentarse al lado de la niña, dejándola entre nosotros.
—Susana me está mostrando su libro— ella le mostro una imágenes.
—Ya veo—dijo él y sonrió.
Pasamos un rato mirando las fotografías del libro con ella, logramos que hablara al final, Daniel le hablaba sobre animales y ella se reía de algunas historias, al igual que yo, esto causo que la otra niña se nos acercara para ver que hacíamos, la senté entre mis piernas y ambas miramos a Daniel.
—A Susana le gustan mucho los animales—dijo Johann y ambas se tomaron de las manos, sonreí. Se querían mucho, se protegían entre sí, me sentí triste por no haber tenido eso, por saber que si las cosas hubieran sido diferentes quizás yo hubiera tenido esa relación con mi hermana.
Cuando acabo a fiesta ayude a limpiar al igual que Marcus y Daniel, cuando todo estuvo en su sitio los tres nos sentamos en el sofá de la sala, conmigo al centro. Los tres suspiramos.
—Espero que esto mejore con el tiempo—dijo Marcus, lo mire.
—Lamento decirte que no, se hará peor y peor, cada año— se quejó y me reí.
—No lo tortures—me dijo Daniel, lo empuje suavemente y se rio.
—Aquí están—dijo Anna mirándonos— solo falta que guarden una mesa y será todo.
—¿Cual mesa?—pregunto Marcus quejándose.
—La de la cocina, la armaste para tener donde poner todo— puso sus brazos en jarra— ustedes vayan a guardarla— Daniel se quejo con su hermano, pero se pusieron de pie y salieron de la sala, me reí y Anna se sentó a mi lado, solo que luego de un rato se puso de pie— iré a ver que hacen— dijo y la vi seguir a los hermanos, sonreí, cerré los ojos un momento. Estaba  cansada.
Pequeñas manos se apoyaron en mi y abrí los ojos, las gemelas estaban ahí, se subieron sobre mí, una a cada pierna y se acomodaron. Como yo cerraron los ojos, sonreí, las afirme con mis brazos, cada una se apoyó en mi, lentamente se quedaron dormidas o eso creí por que Johann hablo.
—¿Eres la novia de mi tío?— me miraron, dude, no debía hablar de esas cosas con ellas, pero tampoco podía mentir.
—Más o menos—dije y arrugaron sus frentes.
—¿Cómo?—pregunto Susana, la mire.
—Bien, somos buenos amigos— ni siquiera estaba segura de eso.
—¿Te gusta?—me pregunto Johann la mire— como mi papá y mamá— arrugue mi frente.
—Algo así—dijo— no deberían preguntarme esas cosas.
—¿Por qué?—pregunto.
—Porque es cosas de adultos—dije.
—A nosotras no nos importa si eres su novia—dijo Johann.
—¿No?— negaron.
—Solo hasta que seamos adultas—continuo ella.
—¿Qué pasara cuando sean adultas? —les pregunte.
—Nos casaremos con él—dijo Susana, la mire y sonreí.
—Entonces solo tengo permiso de ser su novia hasta que ustedes sean adultas— asintieron, las imite— entiendo, y si me quiero casarme con él—pregunte ocultando mi risa, arrugaron su frente.
—Tenemos que darte permiso—dijo Johann.
—Comprendo, entonces si yo quisiera casarme con él primero les pediré permiso a ustedes.
—Sí—dijeron las dos satisfechas.
—Bien—dije— están cansadas, duerman— asintieron y se apoyaron de nuevo en mi, ahora sí se quedaron dormidas, me reí suavemente y negué, las cosas que se les ocurren a los niños, cerré los ojos.
—Ya sabes—dijeron en mi oído, salte, Daniel estaba detrás de mí, lo mire y sonreí— si quieres algo más serio conmigo debes hablar con ellas primero— levante una ceja.
—¿Ya sabias de esto?—pregunte.
—Que me consideran su marido en un futuro— asentí— sí, me lo habían dicho— me reí, él se sentó a mi lado.
—Y como te hace sentir eso— volteo sus ojos.
—Cansado—dijo— muy cansado.
Marcus apareció  y tomó a una de las niñas, Daniel tomó a la otra y los seguí por la casa, llegaron a una habitación. Cada uno acostó a las niñas en su correspondiente cama, Anna apareció a mi lado, la mire y sonreí.
—Quieren una café y claro un té para Daniel— asentí y los cuatro nos fuimos a la cocina.
Ayude a poner la mesa y me senté al lado de Daniel cuando todo estuvo listo, él bebió de su té, lo mire y sonreí. Mire a Anna.
—¿Para cuando nace?—pregunte apuntando su vientre, suspiro.
—Todavía falta un mes—dijo y se acarició el vientre.
—¿Sabes lo que es?
—Niño— dijo — se llamara Pedro— Marcus se quejo.
—Aun no llegamos a un acuerdo por eso—dijo él y la mire, ella volteo sus ojos, me reí.
—Y ustedes—pregunto ella, arrugue mi frente— ¿qué son?— bebí café para evitar contestar.
—Anna—dijo Marcus — déjalos en paz— mire a Daniel, tenía su cabeza apoyada en su brazo, me miro, pero no dijo nada.
—El jamás había traído a nadie aquí.
—Y quizás yo no hubiera venido si él no me invita—dije apuntando a Marcus.
—No hablen de mi como si no estuviera aquí—dijo Daniel,  lo mire y me encogí de hombros.
—Por eso siento curiosidad—continuo Anna, la mire, yo también la sentía.
—¿Cómo se conocieron?—pregunte, me miraron.
—Bien, fue en una urgencia—dijo Anna, abrí mis ojos sorprendida— nada grave, estaba dando clases y un chico tuvo un ataque de asma, llamamos a una ambulancia y él llego ahí— miro a Marcus— fue como amor a primera vista— Marcus se rio
—Yo apenas la había visto, estaba más pendiente del niño— ella asintió
—Fue después cuando fui a ver al pequeño al hospital que el quedo prendido de mi—dijo Anna haciéndome reír.
—La pura verdad—dijo Marcus— fue como si todo lo demás desapareciera y solo estuviera ella— extraño, pensé. Porque cuando conocí a Daniel fue como si toda la disco desapareciera y solo quedara él, me guarde esa información para mi, dudaba que a él le hubiera pasado algo así — luego de eso salimos por un tiempo, hasta que le pedí que se casara conmigo y ella me dijo que no.
—No—repitió Daniel, mire a Anna, se encogió de hombros.
—Es que era demasiado, pensaba en ese entonces, él, un hombre que causaba que las enfermeras se voltearan a mirarlo quería casarse conmigo, me sentía insegura— mire a Marcus mas detenidamente, no lo había notado pero era verdad, era igual de guapo que su hermano, era obvio que causaría inseguridad en ella.
—Te entiendo—le dije a Anna, asintió.
—Mujeres—dijo Marcus— que debí haber hecho en ese entonces para asegurarle que solo la quería a ella.
—Prestarle atención solo a ella—dije y me miraron.
—Exacto—dijo Anna— y lo hacía, aun lo hace, por eso después le dije que sí— sonreí.
—No te lo había preguntado—dijo Anna mirándome— qué es lo que haces, en que trabajas— la mire.
—No hago mucho—le dije— por ahora ayudo a alguien en un asunto, solo eso— asintió.
—Y que harás después de eso—pregunto, lo pensé.
—A decir verdad me gustaría estudiar medicina— sentí que Daniel me miraba.
—Pues si lo haces aquí tienes a alguien que te puede ayudar—dijo Marcus, se lo agradecí.
Luego de acabar el café nos despedimos y regresamos a mi casa.
Ya en ella me quite la ropa y metí enseguida en la cama, estaba agotada, Daniel se acostó a mi lado pero no se quito la ropa, lo mire.
—No me habías dicho que querías ser doctora.
—No me lo preguntaste—conteste, me beso.
—Voy a mi apartamento, debo trabajar para que terminemos con esto— asentí y volvió a besarme.
Observé como salía de la habitación y escuche la puerta al ser cerrada, conté hasta 10 antes de ponerme de pie y caminar hasta la salida, puse el seguro y corrí al baño, saque la bolsa y fui a la cama, deje el arma a un lado y tomé los papeles, estaba nerviosa.
Ya era tiempo de saber que pasaba aquí.


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Capitulo20, Confusion

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 17:59

Capitulo 20
Confusión



Lo primero que observe fue el papel y el número, como no sabía que era lo deje lado, después averiguaría que era. Continué  con las siguientes hojas y comencé a leer.
Estaba en la quinta hoja cuando arrugue mi frente.
—¿Qué es esto?—me pregunte, los papeles tenían cosas sobre mí, sobre cómo me vestía, que comía, incluso como caminaba y hablaba.
“Es amigo de León, averiguar sobre él” leí en uno, “no usa vestidos” leí en otro, “averiguar sobre sus gustos, todo”.
¿Por qué Sofía tenía esto sobre mí? me observaba al parecer, pero ¿por qué tomaba estas notas? era como si me estudiara, ¿para qué? Seguí leyendo y casi todo era sobre mí, dato tras dato tras dato, excepto lo último, donde hablaba sobre un hombre. Mensajes que al parecer solo le recordaban cosas, llamadas o la hora de algunas reuniones con él.
Lo que más me llamo la atención, aparte de lo escrito sobre mi, era que al parecer sí daba información a un policía, lamentablemente no lo nombraba, solo hablaba sobre el día de las citas o los lugares. Lo último que encontré fue una carta, abrí el sobre y leí.
“Esta listo, solo debes preparar lo último, ten cuidado con él, me ha estado preguntando qué pasa, tengo listo todo para el cambio, también lo del accidente, sé que te molesta hacer esto, pero es la única forma de que puedas salir.
Destruye esto con lo demás, y deja todo en mis manos, espero verte en la noche”
—Tengo todo listo para el cambio—volví a leer, qué cambio, quién era el que escribía, voltee la carta y leí.
“Llamar al banco para el cambio, el número de cuenta lo anote por ahí, debo alejarme de él.”
La letra era diferente del primer mensaje, el segundo era más ordenado y femenino.
Suspire, esto era tan extraño, iban a hacer un cambio, Sofía se estaba preparando en esa casa para él, pero algo no le gustaba, además quería alearse de quien le escribía. Me queje frustrada, no serbia para eso de la investigación.
Recordé el botón y lo saque de mi pantalón, lo mire. Debía averiguar de quién era, y el arma también, pero solo podía preguntarle a una persona, Edward. ¿Cómo le preguntaba sin delatarme? y ¿cómo lo hacía sin que los demás supieran?
Me puse de pie y vestí, solo tenía ese momento. Con el arma y el botón salí de mi casa, no me fui en mi auto llame un taxi, desde mi celular llame a Edward, tardo en contestar.
—¿Quién es?—pregunto con voz somnolienta.
—Necesito que me hagas un favor—dije enseguida.
—Maya— bostezo— ¿qué pasa? no podías esperar hasta mañana.
—Es importante, además creo que me vigilan— era una media verdad.
—¿Sabes quién?—pregunto mas despierto.
—No, conoces el motel cerca de tu departamento.
—Sí.
—Nos vemos hay en 15 minutos.
—Está bien— colgué.
Al llegar me senté en una piedra y esperé, tenía la chaqueta que había comprado puesta, la capucha me tapaba bastante bien considere.
Minutos después una mano apareció delante de mi y mire, Edward había llegado. La tomé y me guio dentro del motel, pidió una habitación y solo cuando la puerta estuvo cerrada le hable, no me quite la capucha.
—Puedes averiguar de quién es esto— le mostré el arma en la bolsa, la tomó.
—De dónde la sacaste.
—Eso no importa, creo que era de Sofía— arrugo su frente.
—Será complicado averiguar algo así— me miro— por qué no le preguntas a tu novio, el policía—suspire.
—No puedo simplemente mostrarle un arma y preguntarle— me senté en la cama y tuve que afirmarme, era de agua— y no somos novios— él se sentó a mi lado haciéndome saltar— no conocía a nadie más para preguntarle.
—Veré que puedo hacer.
—No hables con nadie sobre esto—volteo sus ojos.
—Lo sé.
—Ni siquiera conmigo—me miro alzando una ceja— solo si te pregunto, está bien— asintió.
—¿En qué estas metida ahora?— negué.
—Solo averigua eso.
—Claro—dijo y guardo el arma— por cierto averigüé algo de tu hermana.
—Mañana podemos hablar de eso— se calló y solo me miró.
—¿Por qué me buscaste a mí para esto?—pregunto de repente.
—No conozco a nadie más— él negó.
—No me refiero a eso—lo mire, me puse de pie y me apoye en un mueble, me miraba.
—No lo sé, está bien, que quieres que te diga, que en todo esto, eres el único en quien confió— cruce mis brazos molesta.
—Mientes—dijo.
—¿Por qué dices eso?— permaneció en silencio un buen rato, camine hasta parame cerca de él— ¿por qué dices eso? dime.
—No importa—soltó al fin.
—Ha—dije recordando el botón— no sé si se puede— le mostré el botón— como averiguo de quien es esto— tomó el pañuelo, lo examino detenidamente.
—¿De dónde lo sacaste?
—Lo encontré tirado por ahí— dije.
—¿Por qué me mientes?—pregunto irritado, mire hacia otro lado—puedo averiguar quien la fabrico—dijo, lo mire— es bastante moderna, no me costaría mucho.
—Fabricarla—dije, estaba confundida.
—La cámara—dijo él como si fuera obvio, abrí mi boca.
—¿Es una cámara?—pregunte asombrada, volteo sus ojos.
—Ni siquiera lo sabías—dijo incrédulo, la tomé con el pañuelo.
—Yo creí que era un botón— murmure, me observó un segundos antes de estallar en carcajadas.
—Y como iba a averiguar a quien pertenecía un botón— lo mire y me sonroje.
—Pues por eso dije que no sabía— se rio aun mas, suspire.
Si era una cámara esta lo llevaría probablemente al FBI, y si ellos sabían que él estaba investigando podían hacerle daño, cerré mi puño y guarde la cámara en mi bolsillo.
—¿No quieres que investigue?—pregunto, negué.
—Que sea una cámara cambia las cosas—dije y cruce mis brazos, podía llevarme esa cámara al traidor, quizás pertenecía al policía que le daba información, obviamente eran pareja, creía, si era así, Sofía era pareja o de Jonathan o de Daniel, o quizás de otro, pero lo dudaba.
Me estremecí internamente al imaginar que cabía la posibilidad de que ella hubiera estado con Daniel.
—Por cierto ¿dónde está Jesús? quiero hablar con él—le pregunte de repente a Edward, lo mire y note que me había estado mirando, me aleje de él.
—Con un amigo, por qué.
—Quiero hablar con él— le dije, suspiro.
—Mañana te daré la dirección— negué.
—Puedes dármela ahora— arrugó su frente.
—¿Quieres verlo ahora?—pregunto, asentí— te llevare—dijo.
—Solo dame la dirección—dije, él suspiro molesto pero me la dio, también un número.
—Llama antes de ir— asentí.
Camine hasta la puerta pero me detuvo, lo mire.
—Se supone que somos una pareja que esta en un motel— arrugue mi frente— pague por una hora, no llevamos mas de 20 minutos— suspire.
—Y por qué no puedo irme ahora—le pregunte, fingió ofenderse.
—Que crees que va a pensar el encargado de mi si nos ve salir tan pronto.
—No es pronto, llevamos 20 minutos aquí— se quejo.
—Querrías sentarte y esperar un poco mas siquiera— me rendí y me senté en la cama, me miro— podríamos aprovechar que estamos aquí— lo mire.
—¿Qué quieres decir?
—No fuiste tú la que dijo que continuaríamos con lo de la otra vez— otra vez me sonroje.
—Olvídate de eso—murmure, se rio suavemente.
Pase un largo rato sentada ahí, pensando en lo que había descubierto, aproveche de llamar a Jesús y le dije que quería hablar con él, acepto y quedamos de vernos cerca de donde estaba. Cuando pasaron 20 minutos mas no pude seguir esperando así que salí del lugar con Edward detrás de mi, ni siquiera mire al encargado, ya afuera me despedí de él y me fui en un taxi donde Jesús.
Encontré al chico sentado y bostezando en una plaza, al lado de un árbol, cuando me vio se puso de pie enseguida, llegue donde él y nos sentamos.
—¿Cómo has estado?—le pregunte.
—Bien—dijo— por lo menos no me han encontrado.
—¿Qué harás ahora?
—Salirme de esto— se encogió de hombros— no es que me fuera muy bien de todas maneras.
—Eso está bien.
—Y tú—dijo— ¿te saldrás de esto?
—En eso estoy—suspire— qué sabes sobre tecnología, sobre computación— arrugo su frente.
—Bastante—dijo— puede que sea uno de los mejores— le tendí el pañuelo.
—Una cámara—dijo al verla, ¿cómo no lo note? pensé yo.
—Necesito saber a quien pertenece—dije— pero no quiero que nadie sepa de esto.
—Quiere decir que es peligroso— asentí.
—Debes hacerlo de tal manera que no lleguen a ti— sonrió.
—Puedo hacerlo— le devolví el gesto.
—Eso creí— él guardo la cámara— solo háblame de eso si  te pregunto, si nos vemos de nuevo y si no lo hago no me digas nada.
—Entiendo—dijo él y asentí, mire alrededor— ¿cómo has estado tú?—me pregunto, un tanto despacio pensé y lo mire.
—Bien—dije— solo que esto es muy extraño.
—¿Qué cosa?—pregunto interesado.
—El intentar salir de todo esto—le aclare, era pura verdad.
—Debe ser más complicado para ti que para mí— murmuro, se veía como un niño pequeño, sonreí.
—Sabes—le dije— me recuerdas a mi hermano pequeño— me miro.
—Tenias un hermano pequeño—dijo, arrugue mi frente, rayos.
—Sí—dije— pero murió hace mucho— mire hacia otro lado de nuevo.
—Lo lamento—dijo y encogí mis hombros.
—No importa—dije— a lo mejor te vengo a ver mañana— sonrió.
—Veré si te tengo algo de esto para mañana—negué.
—No vendré por eso, necesito información sobre una bacteria— se tenso.
—Yo no vendo a cualquiera—dijo.
—Gracias por el cualquiera—le dije con ironía.
—Tú me entiendes—murmuro.
—Lo sé— lo empuje suavemente— pero es por algo importante, te aseguro que no caería en malas manos, y solo quiero información.
—Por ahora— dijo, lo mire detenidamente hasta que él se sonrojo.
—Ahora estoy trabajado en algo importante—le dije— y eso incluye una bacteria, me gustaría que hubiera un método de no dárselas o siquiera tenerla, pero para esto es necesario— arrugo su frente.
—Si es así, por qué no les das una falsa— lo mire sorprendida.
—Falsa—repetí, asintió.
—Sí, dales algo que no le haga daño a nadie.
—¿Se puede hacer eso?— paso su mano por su cabello.
—Bien, primero tendría que ver cuál es, y de ahí crear algo que se le pareciera.
—Debe ser tan parecida que si otro la revisa no dude— asintió.
—Lo imagino—dijo.
—Entonces esta hecho, mañana vendré a verte y te diré cual es.
—¿Por qué no me lo dices ahora?—pregunto.
—Porque tengo que hablar con alguien antes y quiero que te sorprendas de verdad cuando te la pida, claro, y no quiero que nadie sepa que esta la posibilidad de que me des una falsa.
—Será solo entre nosotros— asentí.
—Es mejor así, uno nunca sabe que puede pasar.
—Lo entiendo y no le diré a nadie.
—Ni siquiera a Edward— arrugo su frente— diga lo que te diga no le hables de esto.
—No confías en él—pregunto.
—No es eso, solo que no quiero que se involucre, llegara un momento en que te explicare todo y entenderás, pero si le dices no podre hacer esto, es muy importante— suspiro.
—Está bien, ni siquiera a él— miro alrededor— sabe que viniste a verme— asentí.
—Dile que quería saber cómo estabas, que te mostré la cámara pero no te la entregue— arrugo su frente— se la mostré a el primero.
—Bien—dijo, me puse de pie, me imito— mañana te llamaré y te diré donde reunirnos
—Hasta mañana entonces—me dijo y dudo un poco, sonreí y lo abrace, cuando me aleje de él estaba muy rojo, me reí y lo vi alejarse un tanto molesto.
Camine un rato antes de pedir un taxi, cuando por fin llegue a mi casa me acosté en seguía, claro, guarde los documentos en el mismo lugar, luego simplemente caí dormida en seguida.


D. H. Araya

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Capitulo 21, el comienzo del final

Mensaje por debora86 el Miér 28 Ago 2013 - 18:02

Capitulo 21
El comienzo del final


Daniel llegó temprano a mi casa, se veía que no había dormido mucho y cuando le pregunte que había hecho solo negó, eso me tranquilizo un poco, porque no era la única que guardaba secretos.
Le dije mi idea sobre Jesús y la bacteria, que quizás él podía encontrarla, aunque no estuvo muy de acuerdo aceptó. Luego de un rato llame a Edward para decirle que lo vería en su departamento, me despedí de Daniel y salí, como siempre me dio él audífono y la cámara.
Luego de un rato, casi cuando llegaba a su casa Jonathan me hablo.
—¿Me oyes bien?—pregunto.
—Claro—dije— y Daniel.
—Está trabajando en otra cosa—dijo— por ahora yo seré tu conciencia—voltee mis ojos.
En el departamento de Edward me senté en una silla, él me miro, se veía igual que siempre, como si lo de ayer no hubiera pasado.
—Querías saber que paso con Sofía— asentí.
—¿Qué averiguaste? —pregunté, se encogió de hombros.
—No mucho, rumores de la calle, lo claro es que su cuerpo desapareció de la morgue donde la dejaron— lo mire detenidamente, eso lo sabía, pero debía fingir.
—¿Cómo desaparece un cadáver de una morgue?— pasó su mano por su cabello.
—No lo sé— me miro— pero alguien con poder lo hizo.
—Crees que quien la mato la saco de ahí.
—Probablemente, pero no sabría por qué— asentí.
—Es muy extraño—murmure y cruce mis brazos, lo mire— ¿cómo conociste a Sofía?— me miro y se apoyó en la silla.
—Fue hace unos meses.
—Meses—dije, asintió.
—Ella me recomendó con Luis— fruncí el seño, recomendó a un policía para trabajar con Luis, qué diablos intentaba hacer.
—¿Qué hacías antes?— se encogió de hombros.
—Trabajaba en otra cuidad— levante una ceja— es mejor cambiarte de cuidad cuando dejas un trabajo— me reí un poco, imagine que yo tendría que cambiarme de cuidad.
—Exactamente—dijo él, lo mire— tendrás que hacerlo.
—No sabes lo que estoy pensando—le dije, sonrió.
—Pero acerté, cierto— voltee mi ojos— por cierto, Luis quiere hablar contigo por el trabajo— asentí.
—Mañana lo llamare—él alzo una ceja— dame el número de Jesús, tu sabes donde esta— por un segundo se vio confundido.
—Claro—dijo y se puso de pie, me tendió un papel— para que lo quieres.
—Tengo algo que pedirle, a decir verdad el día que lo conocí se lo iba a pedir.
Llame a Jesús y lo salude, le pedí que se reuniera conmigo en un restaurante,  acepto.
—Bien, nos vemos otro día—le dije, Edward solo me observó unos segundos.
—Has mejorado—dijo antes de que saliera por la puerta— cada vez te pareces mas a ella— lo mire alzando una ceja, luego le saque la lengua como una niña pequeña y se rio.
Llegue a mi auto, antes de partir mire la guantera y revise si los papeles estaban ahí, sí, los deje otra vez en su lugar. Me tomó una hora llegar al restaurant, Jesús ya estaba ahí, sentado en una mesa a parte.
Lo salude cuando legue con él.
—¿Cómo has estado?—le pregunte, me miro.
—Bien—dijo— y tú, ¿cómo están tus heridas?— suspire.
—Recuperándose—le dije y el asintió
—¿Por qué querías verme?
—La noche que te conocí quería pedirte que me consiguieras esto—le tendí el papel donde estaba el nombre de la bacteria, arrugo su frente al verla y luego me miro levemente alarmado.
—¿Sabes lo que es?—pregunto.
—Tengo una idea.
—No puedo—lo mire sorprendida— lo siento pero eso es mucho.
—Tienes que hacerlo—le pedí— considéralo una manera de pagarme el que te ayudara— me miro.
—No sabes el daño que puede causar esto—movió el papel, suspire.
—Ya te dije, tengo una idea— cruzo sus brazos.
—Para que la quieres, vas a venderla a unos terroristas— me reí.
—Es graciosos que me lo preguntes si tu eres el que ofrece sus conocimientos en esto, no yo— arrugo su frente.
—Está bien—se rindió— pero te saldrá caro— voltee mis ojos.
—Jamás creí que lo harías gratis—me miro— ¿cuánto te tomara? — suspiro.
—No más de una semana— lo mire incrédula, se encogió de hombros— soy uno de los mejores— sonreí.
—Si lo haces, serás el mejor— volteo sus ojos.
Comimos juntos después de eso, al acabar me despedí diciéndole que lo llamaría en una semana, asintió y se fue. Camine hasta mi auto.
—Bastante bien—dijo Jonathan— cada día mejoras.
Tomé el teléfono y marque un número que no llamaba hacia mucho, llame a Vladimir, contesto en seguida.
—¿Si?—dijo con su acento ruso.
—Casi tengo todo lo que quieres— le conté, suspiro.
—Y yo que creía que te habías olvidado de mi.
—Para nada—dije.
—Cuando será la entrega.
—Aproximadamente en 8 días más.
—Bien—dijo él—preparare el dinero— silencio— y lo de la bacteria.
—Encontré a alguien que la proveerá, pero será más caro de lo que creí.
—No importa—dijo él en seguida— si la consigues te pagare lo que quieras.
—Me gustaría oír esas palabras más seguidos— murmure.
—Entonces dentro de 8 días—dijo y colgué.
Suspire, dentro de 8 días acabaría esto y solo tendría que pensar en el traidor.

7 días después…
—¿Cuándo será?—pregunto Luis mirándome, estábamos en una galpón gigantesco de un edificio que vendía seguros de vida, el lugar estaba repleto de cosas, autos, un avión pequeño a los lejos, y cajas y cajas de armas, una me llamaba la atención de ves en cuando, era metálica y se veía muy gruesa.
—¿Conseguiste todo?—pregunte, él volteo los ojos y me pasó un papel, era el mismo que le había entregado hacia tanto tiempo.
—Revisa si quieres— se alejó de mi, Edward llego a mi lado y comenzamos a mirar las cosas.
Daniel me ayudo por el audífono a identificar algunos ya que yo no sabía qué era lo que tenía delante, luego de una hora regresé con Luis.
—Sí—dije— está todo.
—Lo sabia—dijo molesto.
—Mañana será— él me miro— a eso de las 3 de la tarde— alzo una ceja— qué—dije— que vengamos en la noche solo llamara más la atención, por lo menos no seremos los únicos caminando por aquí— asintió.
—Bien—dijo— no es mala idea, mañana estaremos aquí a las tres— asentí y me fui del lugar.
—Debes llamar a Vladimir—dijo Daniel, Edward me seguida, me pare en mi auto y lo mire.
—¿Qué pasa?— le pregunte.
—Espero que sepas lo que haces—dijo, arrugue mi frente.
—Has averiguado algo más sobre ella— negó.
—No— con eso se alejó de mi.
Tomé mi celular y llame a Jesús.
—¿Está listo?—pregunte en seguida.
—Sí—suspiro él— me tomó bastante pero ya esta, cuando debes entregarlo.
—Mañana a eso de las tres, pasare por el restaurant de la otra vez para que me lo des.
—¿Lo llevaras así como así?—pregunto, sabía que mentía.
—No tengo otra opción, ¿me lo darás sin ningún tipo de seguridad?—pregunte yo.
—Claro que no—dijo— estará en una maleta, te daré la clave.
—Vez, no es para tanto— suspiro.
—Hasta mañana entonces— dijo y colgó.
Uno menos, pensé. Ahora llame al ruso.
—Ya está listo—dije.
—A qué hora.
—A las tres, haremos la trasferencia en el mismo sitio— Daniel me había dicho que el dinero debía ser depositado a una cuenta nueva que yo había abierto.
—Bien—dijo él— revisare todo antes de hacerla.
—Perfecto—dije y colgamos.
Entre en mi auto que iba de dejar de pertenecerme mañana, lo mire unos segundos. No me importaba entregarlo, me recordaba mucho todo esto.
—¿Iras a mi casa?—le pregunte a Daniel.
—No hoy—dijo— nos prepararemos para mañana, debes tener cuidado, hacer todo lo que te dije.
—Lo sé—me había preparado para esto casi todos los días.
—Nos veremos cuando empiece todo— asentí y me despedí. Apague el audífono y la cámara.

Me senté en mi cama un rato, observé cada detalle en mi habitación. Mañana acabaría esto, y lamentablemente no había podido averiguar quién era el asesino. Definitivamente no era buena en eso de la investigación. Aunque había intentado hablar con Daniel sobre Sofía, sus respuestas eran tan vagas que no ayudaban en nada, y ni se diga de Jonathan, lo veía tan pocas veces y nunca en privado, que no tuve ni una sola oportunidad de averiguar algo con él.
Suspire y me acosté sobre las mantas, todo acabaría mañana. Volví a mirar a mi alrededor sabiendo que tendría que cambiarme de casa, y probablemente de ciudad. Me pregunte qué pasaría después, que haría con mi vida, con lo que sabía, con lo que sentía por Daniel.
Me dormí sin encontrar respuesta alguna a mis pensamientos.


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