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¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

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¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Miér 8 Mayo 2013 - 0:13

Sinopsis

A veces los problemas nos encuentran…

Nuestra protagonista es la típica estudiante estudiosa, trabajadora, con problemas familiares… Huir de ellos no es fácil y menos cuando se adentra en un mundo cuanto menos catastrófico.

Un piso de estudiantes. Algunos dirán que es fácil la convivencia, pero y si tuvieras que convivir con un grupo de cinco estudiantes, cada cual más descerebrado.

Tenemos al no tan típico cerebrito, malhumorado, higiénico. Su meta en la vida es acabar con los ácaros poniendo en peligro a los de su propia especie por la inhalación excesiva de amoniaco.

Si tuviéramos que apostar por el primer intoxicado, sin duda, esa sería nuestra risueña, extrovertida y fiestera princesita. Su meta, batir el record de palabras por minuto sin importar cuan dolor de cabeza pueda afligir.

No importa cuán importantes sean las palabras, nuestra tercera inquilina habita en su propia burbuja. No importa si está sola o acompañada, su meta es vivir cien años por la continuidad de sus carcajadas. El problema está en que el olor no conoce fronteras.

Si hay que reír, mejor hacerlo con nuestro inquilino número cuatro. No es que tenga gracia, sino que su vida es todo un chiste. Su meta, encontrar al hombre de sus sueños sin importar cuantos relatos no actos para menores pueda recitar sin provocar que la comunidad femenina heterosexual cambie de acera.

Un sueño de hombre, ese sin duda sería nuestro inquilino número cinco, si no fuera, claro está, por su carencia de patrones entre las mujeres, por su adicción al sexo, por su egocentrismo… Su meta, intimar con todas sus compañeras de piso sin importar cuantas abandonen el piso por su falta de constancia.

…Otras veces buscamos problemas.

No es bueno apostar en contra del amor, pero enamorarse, eso es aún peor.

Un juego que cambiará la vida de dos personas. Una apuesta indecente en la que deberás hacer cuanto sea posible para enamorar a tu rival, sin importar el precio.

***

"La mirada…esa mirada cambió mi mundo.

El infierno no podía compararse a aquella mirada. Esos grandes ojos vidriosos me observaban sin pestañear...No gritos, no insultos, no lágrimas derramadas, no había nada, nada que pudiese aliviar la presión en mi pecho. El único atisbo de vida, un pequeño tic en la pierna izquierda y esos pómulos sonrosados notablemente humedecidos. Quería suplicarle, incitarle a que dijese algo, lo que fuese, pero me perdía en su mirada.

Había perdido lo único que alguna vez había amado y todo era culpa mía"

helena de moya


Femenino

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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Miér 8 Mayo 2013 - 0:45

Capítulo 1
Allanamiento de Morada

-¿Hay alguien ahí?

Llevaba como dos minutos llamando al timbre del tercero D pero nadie había salido a mi encuentro. Así que aquí estaba yo, asomando la cabeza a través de la puerta entreabierta.

-¿Hola?... ¿hay alguien ahí?

No hubo respuesta. Otra vez

Abrí la puerta rezando porque alguien se dignara a aparecer. Nada. Ni un alma. El único sonido en la casa era mi respiración entrecortada. Después de un minuto llamando a la nada y maldiciendo por lo bajo, estaba, técnicamente irrumpiendo en una propiedad y no sé cuantos pasos después entrando a hurtadillas en uno de los dormitorios de la primera planta.

Presioné el interruptor de la luz varias veces, pero esta no se encendía. La persiana estaba echada pero algunos rayos penetraban, dibujando bandas claras y oscuras en las paredes y en el suelo. No me llevó mucho tiempo llegar hasta allí y subir la persiana. Parpadeé hasta que mis pupilas se adaptaron. El sol estaba bajo a estas horas de la tarde, sin embargo, ese no era el motivo. ¿A quién se le había ocurrido pintar las paredes amarillo pollo?. Era cegador.

El cubículo era de medianas dimensiones. Los únicos muebles en la sala eran un armario empotrado junto a la puerta y una pequeña cama, o más bien, un colchón sobre un somier apoyados sobre la pared de enfrente, ocupando el centro de la sala. ¿Quién podría ser tan estúpido para pagar por algo así?, pues bien, yo lo era. Sí, no era exactamente una intrusa. Era la nueva pringada del vecindario. Una novata en esto de compartir piso que se negaba a pensar que precio y calidad van unidas de la mano. Si mi madre pudiera ver esto seguramente se regodearía. Nuestra última conversación persiste en mi memoria.

-Mamá, ¿podrías dejar de fruncir el ceño y ayudarme con estás cajas?-estaba acomodada sobre el quicio de la puerta de mi dormitorio mientras yo ultimaba los preparativos de la mudanza.

-Cariño, ¿estás segura de que esto es lo que quieres?

-Claro mamá-estaba cansada de explicaciones. Por qué no podía parecerse un poco más a mi padre. Durante el último mes su único objetivo había sido enumerar las razones por la que no debería irme.

-Aun puedes dar marcha atrás.

Rodé los ojos. Ella sabía perfectamente que no podía echarme atrás. Ya había firmado el contrato y no había forma de que me devolvieran la fianza de dos meses. Contestar me parecía innecesario, en su lugar cogí la cinta adhesiva y comencé a precintar la primera caja, pero esta no me lo estaba poniendo nada fácil. Las solapas se desdoblaban antes de que pudiese sujetarlas con cinta aislante.

-Anda, déjame a mí-me quitó la cinta de las manos y la dejó en el suelo-hay que hacerlo de esta forma-cogió una de las solapas y la rasgó siguiendo la marca de la doblez hasta, más o menos, la mitad del largo. Después cogió su complementaria e hizo lo mismo, pero partiendo del extremo contrario-y ahora-en esta parte me perdí. Perecía como si estuviese encajando las piezas de un puzle. Media solapa quedaba sobre la siguiente y la otra mitad bajo la anterior.

Cuando terminó me quedé asombrada. Las piezas encajaban de tal forma que ni siquiera había que complementar con la cinta adhesiva.

-Gracias mamá.

Con la ayuda de mi madre conseguí sellar todas las cajas en un tiempo record. Ahora lo único que quedaba por hacer era meterlas en el coche. Mi coche era un escarabajo rojo por lo que tendría que dar varios viajes para llevar todos estos bultos a mi nuevo hogar. Podría haberle pedido la furgoneta a mi padre pero la necesitaba para llevar a mi hermano a su examen rutinario.

-Espero que vengas a visitarnos de vez en cuando-dijo mientras cargábamos las últimas cajas en el asiento trasero del coche-no quiero que te conviertas en la típica adolescente que se olvida de sus raíces.

Resople al tiempo que volvía a rodar los ojos-¿Cómo si fueras tan fácil deshacerme de ti?-mi madre encaró una ceja incitándome a retractarme. Era obvio que el sarcasmo lo había sacado de mi padre. Mi madre prácticamente lo odiaba. Decía que el sarcasmo era el lenguaje de los incultos y deslenguados-mira mamá-puse mis manos sobre sus hombros-sé que no es fácil decir adiós a un hijo, pero no es como si me fuera a la otra punta del país. Vendré a veros cada día si es lo que quieres, ¿vale?

Asintió y me aparté de ella para alcanzar la última caja y colocarla en el único hueco que quedaba libre. En este momento me sentía orgullosa de haber ignorado las reprimendas de mi madre cuando mi hermano y yo nos pasábamos horas jugando en el ordenador. El tetris había cosechado sus frutos. No había ni un solo rincón desocupado. Cerré la puerta trasera y me volví para ver a mi madre con un pañuelo sobre su nariz. Su rostro estaba humedecido por el cúmulo de lágrimas que caían de sus ojos.

-Oh…mamá-me acerque a ella y la envolví en un abrazo. Le besé en la mejilla-¿sabes que esto no es un adiós, no?

-Claro que sí cariño, pero te voy a echar tanto de menos- su voz se quebró. Dejé que apoyara su cabeza en mi hombro y sollozase sin importar cuan mojada quedara mi camiseta. Después de varios minutos de silencio se apartó y se secó las lágrimas con las manos-no sé qué voy a hacer con tu hermano si no estás aquí.

-Si Josh me necesita solo tienes que llamarme. Estaré aquí en menos de media hora, ¿de acuerdo?

Asintió-De acuerdo cariño, es hora de que te marches.

Fruncí el ceño. No era lo que me había esperado-No me importa quedarme un poco más. De todas formas llego con dos semanas de retraso, ¿qué importa un poco más? -Me asombraba el poder que mi madre tenía sobre mí. Llevaba dos semanas preparándome para mi partida, pero por unas circunstancias o por otras no había encontrado el momento. Y ahora que había llegado, no tenía ganas de marcharme.

Negó con la cabeza-no cariño. Tienes que irte ya, antes de que los chicos regresen. Si no me temo que no dejaré que lo hagas.

Asentí no muy convencida. Le di un último abrazo seguido de un beso de despedida y me acomodé en el asiento del conductor. El ambiente estaba sobrecargado en el interior por lo que no cerré la puerta hasta abrir todas las ventanas.

-¿Cariño?

-¿Si mama?-no me había dado cuenta de que estaba apoyada sobre la ventana.

-¿Cómo es el piso?

-Umm-me había dejado aturdida. En todo este tiempo era la primera vez que me preguntaba sobre el piso. Sopese todas las respuestas posibles antes de contestar. La verdad es que solo había visto el piso una vez y ni siquiera lo había ojeado con detenimiento-es muy bonito mamá. Te gustará.

-Eso espero. No te quiero viviendo en un antro.

Después de un sinfín de consejos y otro tanto de advertencias arranqué el coche y me alejé de mi hogar.


Un antro. Esas fueron las palabras de mi madre. Sí, en estos momentos se parecía mucho a uno. Tendría que invertir algunos billetes en remodelar mi dormitorio. ¿Quién podía pensar que un piso tan barato podría salir tan caro?

-¡Chicos!-una voz femenina sonó a lo lejos-¿Podéis explicarme que hace una caja en medio del rellano?

Mi caja. Se me había olvidado completamente. Corrí a través del pasillo hasta alcanzar la sala principal. Una rubia de metro cincuenta y cinco, más o menos, se encontraba delante de la puerta. Sostenía mi caja.

Me acerqué a ella con sumo cuidado. Parecía como si estuviese a punto de llamar a la policía.

-Umm…lo siento. Esto es mío-dije mientras tomaba la caja de sus manos.

Dejé la caja en el suelo para poder presentarme debidamente. Cuando me enderecé la encontré exactamente igual. Con las pupilas dilatadas mirándome sin pestañear. Tenía los más extraordinarios ojos verdes que alguna vez había visto. Después de lo que parecieron horas, parpadeó y dejé salir el aire que no sabía que había estado conteniendo. Su dudosa expresión se transformó en una amplia sonrisa, lo que me dio fuerzas para disolver este silencio incómodo, pero antes de que pudiera reaccionar se aproximó a mí y me acorraló con sus brazos. Fue un abrazo breve pero me dejó aturdida.

-Hola. Tú debes ser Ruth, ¿verdad?-Asentí. Las palabras no querían salir de mis labios-yo soy Sabrina, tu compañera de piso. Bueno, no soy la única, ya sabes, este piso es grande y ¿sólo nosotras dos?, no sería tan barato si fuera así. Aunque tampoco habría que preocuparse. ¿Conoces a Bobby?. Es mi tío, sí, el dueño de la casa…-hablaba rápido y sin pausa. Creo que en trascurso de su discurso mi mente dejó de actuar-…de todas formas, te esperábamos desde hace dos semanas. ¿Dónde te metiste?

Fruncí el ceño-¿Qué?...ah sí, es que…

-No eres muy habladora, ¿verdad?. Creo que seremos grandes amigas porque verás…-otra vez no, por favor. Esta chica podía hablar más que nadie que conociera y ni siquiera la conocía-Ven-me tomó de la mano sin que yo pudiera hacer nada al respecto y me arrastró hasta el centro de la sala-¿Has estado aquí antes?. ¿Has visto ya la casa?

Lo cierto es que así era. El casero me la había enseñado, pero la visita fue breve y superficial. No puedo decir que Bob o Bobby, como lo había llamado esta chica, me hubiese dado buenas vibraciones. Era bastante grasiento. No lo digo por su sobrado sobrepeso, sino porque se le veía bastante desaliñado, por no hablar del nauseabundo olor. Pero el piso, en cambio, me había sorprendido lo pulcro y bien amueblado que estaba (excepto mi cuarto). Era un dúplex con terraza.

-Sí, la vi pero…

-Bien, entonces podemos saltarnos ese paso. Es aburrido-comenzó a caminar hacía las escaleras mientras yo me quedaba allí, reconsiderando la decisión de marcharme-Vamos, venme llamó alargando las palabras-los chicos están deseando conocerte.

Fruncí el ceño. ¿Chicos?. Dejé ese pensamiento a un lado para seguirla a través de las escaleras.

-¿Estudias?, ¿trabajas?, ¿Qué haces en tu tiempo libre?

-Bueno, me estoy especializando en…

-Yo soy contorsionista-me interrumpió. Otra vez- bueno, aún estoy en prácticas. Antes me apasionaba el ballet, pero un día fui a ver un espectáculo del Circo de Soleil, ¿lo conoces?.

Paró para darse la vuelta. Yo estaba a tan solo dos escalones de ella, a punto de subir el siguiente, por lo que me tambaleé antes de poner el pie donde momentos antes había estado. Me miraba expectante así que asentí sin mucho interés.

-Bien-continuó subiendo las escaleras-pues como te iba diciendo. Un día fui a ver-volvió a pararse, pero esta vez estaba preparada. Dejé varios escalones más de distancia-no recuerdo cual era. Creo que Saltimbanco o algo por el estilo-dijo, creo que para sí misma porque era la primera vez que había bajado la voz. Al cabo de varios segundos siguió caminado-bueno, a lo que iba. Los vis y me enamoré. Lo juro, fue la cosa más maravillosa que alguna vez haya visto. Creo que hasta lloré. No lo recuerdo exactamente pero… ¿Sabes?, yo no soy mucho de llorar y todo eso. En la escuela de interpretación nos enseñan…- se calló. Por fin.

Habíamos llegado a la segunda planta. Un amplio pasillo se extendía perpendicular a las escaleras. Tanto a la derecha como a la izquierda había tres puertas dispuestas asimétricamente.

-Antes de conocer a los chicos tienes que saber unas cuantas de cosas-susurró-existen tres normas, bueno dos, pero como si fueran tres-hizo una pausa para mojarse los labios. No me extrañaba que los tuviera resecos-uno, no toques las cosas de Jack-asentí en respuesta mientras ella levantaba un dedo para enfatizar-dos, si quieres intimidad cierra la puerta de tu habitación. No te molestarán a menos que sea importante. Y tres…

-¿Qué hacen hay cuchicheando, chicas?

Me giré hacía la derecha instintivamente para después parpadear repetidas veces. Esto debía ser una broma. Un chico se hallaba recostado en el marco de la puerta. Por lo que podía ver era muy alto, de un metro noventa y poco, moreno de piel, musculoso, demasiado quizás.

-¿Quién está cuchicheando, Jack? -Demandó Sabrina detrás de mí.

Así que este era Jack. Creí que Jack era el apodo de una chica, por eso no le di importancia. La verdad es que no le estaba dando mucha importancia a lo que Sabrina me decía. Por lo que había observado hasta ahora tendía a desvariar. Pero era obvio que esto no era ninguna broma. Mi madre sufriría una apoplejía si se enteraba que viviría con un chico.

Jack se acercó pero parecía que solo tenía ojos para Sabrina así que me aparté. Después de un breve instante comenzaron a besarse. Aparté la mirada y me concentré en mis manos mientras ellos se daban un beso de tornillo o vete a saber.

-¿A sí que esta es la nueva? -Dijo cuándo su boca se apartó de la de Sabrina.

Levanté la mirada para encontrarlo ojeándome con una mueca en sus labios. Fruncí el ceño. ¿Por qué me observaba como si hubiera algo mal en mí?

-Sí-contestó Sabrina-ella es Ruth. Ruth te presento a Jack.

Levanté la mano en señal de cortesía pero él ni siquiera mostró interés en estrechar mi mano.

En su lugar miró a Sabrina cruzándose de brazos-¿Sabes que esto no es bueno, verdad?. ¿Sabes lo que pasará?. Tu…

-Oh…venga-dijo Sabrina irritada al tiempo que colocaba sus manos en la caderas-¿es que no puedes mostrar un poco de cortesía?. Ella es nueva. No tiene la culpa.

-Solo digo que ella es más bonita que la mayoría. ¿Qué crees que hará él? -Señaló hacía la izquierda.

Estaba completamente perdida mientras ellos seguían discutiendo. Apenas podía entender lo que decían. Hablaban de mí como si yo no estuviera presente. Tal vez no debería estar presente. Cansada de ser ajena a su disputa cuando obviamente estaban hablando de mí, me forcé a hablar, pero antes de que pudiera formular palabra una voz se me adelanto.

-¿Chicos, están peleando por mí?. Qué considerado por vuestra parte, pero ya sabes-la voz se fue haciendo más alta a medida que continuaba-yo solo tengo ojos para ti bribón-dijo con cierta picardía.

Detrás de Sabrina se encontraba otro chico. ¿Otro chico?. ¿Cuántos había en la casa?. Este era poco más alto que Sabrina y no mucho más robusto que está. Lo cierto es que era bastante escuálido para ser un chico. Tenía el pelo castaño alborotado y los ojos hinchados, por lo que deduje que se acababa de levantar.

-No tienes otro culo que atornillar, Nick-espetó Jack.

Nick se colocó entre Sabrina y Jack, mirando directamente a este. Pasó una mano por su brazo, que ahora se encontraban a los costados-me encantan tus músculos-su voz era baja y gutural. Bastante divertida para escuchar. No le pegaba en absoluto. Se me escapó una risa.

-Nick-gritó Jack sobresaltándonos a todos.

Nick empezó a reírse mientras Jack descargaba su ira en su mirada.

-No te enfades cariño-dijo Nick entre risas-sólo es una broma-hizo una pausa mientras se calmaba. Después, lo que una sonrisa fue se transformó en una expresión dudosa, para mí-La verdad es que me gusta más Cameron, pero yo no soy su tipo. Es una pena, porque yo podría trasportarlo a un mundo…-dejó de hablar cuando sus ojos le advirtieron de mi presencia. Me miro con detenimiento antes de alargar la mano-hola, soy Nick, ¿tú eres?

Acerqué mi mano a la suya-Ruth, encanta…

Cuando nuestras manos se encontraron tiro de mí en su contra dejándome con la palabra en la boca. A diferencia de Sabrina, su abrazo fue duro, más duro de lo que hubiese esperado de un chico de aquellas dimensiones, y extendido. Me había dejado sin aliento para cuando me soltó.

-Huele bien-añadió para nadie en concreto-¿Jasmin Noir?

Me costó digerir sus palabras-umm…sí, ¿cómo lo sabes? -Pregunte con una sutil inclinación de cabeza.

-Mi percepción del olfato es excepcional. Te sorprendería lo que puedo llegar a…

-¡Nick!-le reprendió Sabrina-no acapares a nuestra chica-como si ella no lo hubiese hecho ya. La verdad, prefería conversar con Nick. Se le veía un mal menor para mi cordura-le estaba explicando las normas.

-¿Las normas?, ¿Qué normas?-Demandó Jack con cierto desdén-si hubiera normas, ustedes chicos no las acatarían. No he visto a personas más descuidadas en mi vida.

-¡Jack!-chillaron Sabrina y Nick al unísono-no te preocupes por Jack. Es demasiado quejica-añadió Nick con una sonrisa en sus labios.

-Yo no soy quejica-protestó Jack al tiempo que se cruzaba de brazos.

-No puedes negar…-Sabrina frenó su discurso cuando Jack le dedicó una mirada fría, afilada-perdón. Bueno como iba diciendo, le estaba diciendo que si no quiere que ustedes chicos la estén todo el día incordiando, se encierre en su cuarto-ambos levantaron una ceja en respuesta. Ella soltó una pequeña risotada antes de volverse para mirar al pasillo de la izquierda-¿dónde está Cameron?

-En su cuarto-respondieron los dos a la vez.

-Ok…vamos. Tengo que presentártelo-me dijo mientras desplazaba una mano hacia atrás. ¿Tenía la intención de que agarrase su mano?

-No es buen momento…-respondió Jack.

-Claro que es un mal momento para él-dijo con despreció mientras se volvía para encarar a Jack. Después se volvió hacia mí-vamos-añadió alargando la palabra al tiempo que volvía a levantar la mano. No iba a coger su mano-estará encantado de conocerte.

-Por supuesto- farfulló Jack antes de marcharse hacía el pasillo de la derecha y cerrar la puerta de un portazo.

Yo me quedé allí, contemplando el panorama. No podía creer que fuese a convivir con tres chicos. Bueno, si el tal Cameron fuera un chico, claro está. No podría traer a mi madre de visita si así era. No es que no hubiese vivido con chicos antes, pero mi padre y mi hermano no contaban.

Nick se estaba carcajeando en mi cara mientras Sabrina seguía con la mano extendida. Supongo que debía tener una expresión de pánico en mi rostro.

-Vamos-insistió Sabrina. Su pie había cobrado vida.

Después de un breve momento de vacilación seguí a Sabrina hasta estar delante de una de las puertas del pasillo de la izquierda. Ella tomo el pomo y comenzó a abrir la puerta.

-¿No estás infringiendo una de las normas?-Pregunté desconcertada y un poco asustada por lo que pudiese encontrar al otro lado.

Ella se apartó de pomo para mirarme. Estaba justamente detrás de ella-Ah, sí…la tercera norma-volvió a coger el pomo. Lo movió hasta que el clip de la puerta indicó que esta se había abierto-jamás, digo jamás, te acuestes con Maxibon.

Abrió la puerta de par en par mientras yo me preguntaba a que había venido eso. Después se apartó para que yo pudiese avanzar.

-Madre del amor hermoso-chillé, pero mi voz se quedó atascada en la garganta. Me llevé una mano a la boca.

Una pelirroja cuyo pelo caía en cascada sobre su rostro, estaba posicionada a cuatro patas sobre la cama. Sobre ella, un chico moreno se movía con violencia de atrás a adelante y vuelta atrás. Estaban teniendo relaciones y yo los estaba mirando. Presione a mis ojos para que se cerraran, pero fue lo único que pude hacer. Mi cuerpo no respondía mi llamada.

-¿Quieres cerrar la puta puerta?-bramó el chico jadeando-Oh, ¿Quién eres tú?

No abras los ojos. No abras los ojos. Cuerpo responde, maldita sea.

-Te presento a chica número cinco-dijo Sabrina.

Mis ojos se abrieron de golpe. El chico se había desprendido de su agarre y estaba caminando hacia mí. Sus pasos eran lentos y acompasaban con el magistral movimiento de su cuerpo. Su cuerpo era exquisito. Esculpido por el mismísimo Miguel Ángel. Sus hombros eran anchos mientras que sus caderas eran estrechas. Sus pectorales y abdominales estaban definidos, pero no lo suficiente para decir que era demasiado. Me sentía como una serpiente atraída por una melodía encantada, solo que no era una melodía. En cambio, había una flauta de por medio.

No bajes la mirada. No bajes la mirada.

En su lugar volví mi mirada a Sabrina, quien se había puesto a mi lado.

-Y ese es Cameron-añadió señalando con la mano.

-¿Quién es tu amiga, ratona?-preguntó Cameron cuando estuvo lo suficientemente cerca para poder ver mis colores. Hacía demasiada calor en esta sala.

-Cam, ¿podrías ponerte unos pantalones, algo?-le regañó Sabrina-esta es nuestra nueva compañera, Ruth.

Yo no dije nada. Mis cuerdas vocales no querían intervenir. Él se puso frente a mí lo que aumentó la tensión de mi cuerpo. Me miró lentamente de arriba a abajo y vuelta arriba. Cuando sus ojos conectaron con los míos dejé de respirar. Sus ojos eran verdes, no un verde brillante como los de Sabrina. No, estos tenían una cierta tonalidad grisácea-azulada en las proximidades de la pupila. Eran jodidamente hermosos.

-Alta, con unas piernas largas muy sexy-dijo con una voz suficientemente baja como para hacer que mis piernas temblaran-pelo largo, morena-añadió mientras cogía un mechón de pelo entre sus manos. ¿Me estaba describiendo?

-Cam, quieres dejar a la pobre chica. La estás intimidando-insistió Sabrina, pero yo apenas la escuchaba. Estaba embelesada con el sonido de su voz. Con eso y sus embriagadores ojos.

Cam parecía que tampoco estaba prestando atención a sus palabras. En su lugar, seguía perdido en mi mirada-¿Sabes?. Tienes los más grandes ojos marrones que alguna vez haya visto, con unas grandes pestañas. Eso te hacer ser aún más sexy-se acercó más a mí. Ahora podía sentir su respiración en mis mejillas. Olía a menta y hierba buena.

Acercó su rostro un poco más y creí que me iba a besar. Por la proximidad de su contacto dejaría que lo hiciese, pero, en su lugar, tomó mis gafas con sus dos manos y me las quitó con sumo cuidado antes de apartarse.

-Eso está mejor. Deberías comprarte lentillas. Esos ojos no pueden desperdiciarse.

-Oh…vasta ya-se quejó Sabrina interponiéndose entre Cameron y yo.

Parpadeé saliendo de mi trance antes de ver a Sabrina arrebatándole las gafas de las manos y entregándomelas. Las acomodé en su sitio antes de coger la mano que Sabrina volvía a extenderme.

-Vamos, aquí no hay nada que ver-añadió mientras nos movíamos hacía la puerta. Cuando me había desplazado de ella, no puedo recordarlo.

Antes de salir por la puerta Sabrina se volvió-ya te vale Cam.

Después salimos y Sabrina cerró con ferocidad la puerta. Aún estaba sofocada y mareada por lo que acababa de ocurrir. Nick me observaba apoyado en la pared de enfrente. Tenía una expresión discordante en su semblante. Sus ojos estaban humedecidos pero una amplia sonrisa estaba dibujada en sus labios. Sabía que estaba conteniendo una carcajada por los pequeños espasmos de su cuerpo.

-¿Puedes creerlo?-preguntó a Nick ofendida mientras ponía sus manos en sus caderas-Cam siempre igual. ¿Es que no puede dejar su polla quieta por un rato?

Parecía que iba a decir algo pero en su lugar negó con la cabeza. Cada vez le costaba más contenerse.

-Será mejor que vayamos abajo-cambio de tema Sabrina al cabo de unos treinta segundos. Fijó su mirada en mí. Su mirada era fría, impasible-¿No tienes una caja que llevar a tu habitación?

Se me había olvidado. Otra vez. Camine detrás de Sabrina. Mis pasos eran pesados. Estaba abrumada por todos los acontecimientos. Cuando estaba a punto de bajar el primer escalón una voz me llamó. Me gire para encontrar a Jack asomando la cabeza a través de su puerta.

-¿Sí?

Él salió al pasillo pero no avanzó mucho más-si necesitas un abogado solo tienes que llamar a mi puerta. Estaré encantado…

-Jack-gritó Sabrina mientras subía los escalones que ya había bajado-ni siquiera eres abogado aun. Y tú-siguió avanzando hasta quedar frente a Nick. Este estaba en la misma posición que antes, pero esta vez la risotada que había estado aguantando había tomado forma-deja de reírte, estúpido-escupió al tiempo que le daba una colleja.

Nick dejó inmediatamente de reírse pero la sonrisa aún permanecía. No podía culparlo por reírse. Si yo estuviese en su posición seguramente estaría revolcándome en el suelo.

-No puedo creer que no haya nadie normal en esta casa-se quejó Sabrina antes de volverse hacia mí-espero que seas un bicho raro porque si no te volverán completamente loca. Te lo aseguro, en esta casa todos están locos. Todos menos yo, claro. Bueno, vamos, dejemos a este par de pirados…

Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta de Cameron se abrió con violencia. Haciendo que todos desviásemos nuestras miradas hacía la pelirroja que momentos antes había estado entre sus sábanas, bueno, sobre ellas. Si no fuera por un sujetador y unas bragas de encaje a juego, podría admitir que estaba desnuda. La chica avanzaba dando grandes zancadas, sin apartar la mirada de mí. Su ropa colgaba de uno de sus brazos y en la otra mano llevaba unos tacones de aguja. ¿Quién querría pasearse desnuda delante de un grupo de espectadores?. Bueno, después de verla en aquella posición, no parecía importarle lo más mínimo.

Cuando estuvo ante mí parecía que quisiese decir algo, pero, en su lugar, me dedico la más malévola mirada que jamás había visto. Esa mirada me incitó a pedir disculpar pero antes de que pudiese hacerlo me esquivó y descendió como alma que llevaba el diablo hacía la primera planta. El sonido de un portazo sonó momentos después, clausurando el silencio más incómodo de mi vida.

-Creí que esa chica iba a matar a la pobre Ruth-dijo Nick antes de suspirar dramáticamente llevándose una mano a la frente.

-Si le hubiese puesto una mano encima, me hubiese encargado de esa pequeña zorra-la amenaza de Sabrina estaba cargada de veracidad, lo podía ver en sus ojos. Sus manos caían a los costados en puños-no puedo creer que esa mujerzuela te haya mirado así. Es que acaso no se ha mirado al espejo. Es una ramera, vamos es…

-¿Por qué tantas voces en el pasillo?-interrumpió Cameron. Estaba al otro extremo del pasillo llevándose una mano a su pelo alborotado.

Bajé mi mirada sin percatarme de lo que estaba haciendo hasta alcanzar la parte al sur de sus caderas. Sin embargo, se había puesto unos boxes grises. Un suspiro se escapó de mis labios.

-¿Sabes lo que tu putilla ha estado haciendo?-demandó Sabrina alzando aún más la voz-no puedes seguir así Cam. Ya hemos tenido suficiente de ti por años. Es que no te das cuenta…

-Ahora no Sabrina-dijo antes de bostezar-tengo que darme una ducha-hizo una pausa para morderse el labio. ¿Por qué me miraba de esa forma?-podríamos ducharnos juntos. Tú podrías lavarme la espalda y yo podría hacer lo mismo contigo. ¿Qué te parece, Ruth?

Mi nombre en sus labios era como saborear una piruleta. Dulce y sabroso. ¿Por qué me hacía sentir así?

-Ni de coña Ca-bramó Jack haciendo que mi mente volviera a tomar el control de mi cuerpo. No recordaba haberme estado mordiendo el labio.

-Yo puedo hacerlo si quieres-anunció Nick giñándole un ojo.

Una pequeña risotada salió de mi boca antes de poner una mano en ella. Cameron miraba de mí a Nick con una expresión aterrorizada mientras Nick avanzaba hacia él contorsionando exageradamente las caderas. No podía imaginar una situación más divertida.

Antes de que Nick pudiera dar con Cameron, este abrió la puerta que quedaba frente a nosotros y se metió en el interior del baño cerrando con un portazo.

-No te escondas cariño. Sé dónde vives-gritó Nick para hacerse sonar a través de la puerta. Después se dio la vuelta y una gran sonrisa iluminaba su semblante-está loquito por mí, pero aún no lo sabes.

-Sí, claro-dijo Sabrina irónicamente-Ruth-me llamó la atención. No había dejado de mirar a Nick-será mejor que escapes ahora que puedes, sino te convertirás en la número seis.

Fruncí el ceño-¿seis?
helena de moya


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por noelia051282 el Mar 14 Mayo 2013 - 17:30

mas wiiii
noelia051282


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por marilorem el Jue 16 Mayo 2013 - 1:21


Oh, que entrete!!!!!!!
marilorem


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por marilorem el Jue 16 Mayo 2013 - 1:21

sonrisa
marilorem


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por elesth el Jue 16 Mayo 2013 - 6:27


ja ja, pinta bien. reir
elesth


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Debo28 el Jue 16 Mayo 2013 - 18:16

me gusta mucho!!!
Debo28


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Gabita29 el Jue 16 Mayo 2013 - 18:22

me gusta! desde hoy lo empiezo a seguir
Gabita29


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Vie 17 Mayo 2013 - 19:29

Hola chicas....me alegro que les guste. La verdad es no sabia si iba a caer en gracia.
Bueno espero que tengan paciencia porque no soy muy buena en esto y definitivamente solo llevo 3 meses escribiendo
Dentro de 1 par de dias espero tener el capitulo dos pero es bastante largo y con la uni apenas tengo tiempo para nada
Gracias por leer mi historia
helena de moya


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Debo28 el Vie 17 Mayo 2013 - 19:48

pues de verdad que la historia está muy bien y me gusta mucho como escribes, asiesque aquí te espero con el proximo cap porque veo que Cam va a ser muuuy interesante ahajajajajaja
Debo28


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por noelia051282 el Vie 17 Mayo 2013 - 22:26

no quiero imaginar si fueras buena te espero todo lo que quieras pero apura noway
noelia051282


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por elesth el Dom 19 Mayo 2013 - 20:19


ya podemos pedir cap?... Cap
elesth


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Lun 20 Mayo 2013 - 0:19

Buenas...estoy acabando el segundo capitulo.me ha llevado mas tiempo de que debria porque es exageradamente largo.
Pensaba acabarlo hoy pero me he quedado trabada en el final,asi que mañana lo subo
Gracias por leer mi historia
helena de moya


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Lun 20 Mayo 2013 - 21:47

Hola chicas....aquí les traigo el capítulo
Pero antes tengo que decir que en este capi comienzan a parecer algunos secretos. No obstante, no juzgen deliberadamente.
Gracias y sin más dilación

[
u]Capítulo 2
Conociendo a los vecinos[/u]

-¿Estás lista?

Tres días. Tan solo tres días y ya me había dado cuenta de que esto había sido un error. Sabía que debería haberme marchado cuando tuve ocasión pero entonces le daría la razón a mi madre y no estaba dispuesta a ello.

-Cariño, sabes que yo apoyo tus decisiones, pero no creo que esto sea lo correcto.
Yo estaba sentada en el sofá de la sala de estar ojeando un álbum de fotos de cuando Josh y yo éramos niños mientras ella se desplazaba de un lado a otro.

Aparté el álbum de mi regazo y alcé la mirada-mamá tranquilízate. Sólo me voy a mudar unas manzanas de aquí.

Ella paró para fijar su mirada en la mía. Estaba cabreada-Es a eso a lo que me refiero. ¿Para qué alquilar un piso cuando tienes todo lo que necesitas aquí?-dijo señalando con ambas manos la sala.

-Sabes que eso no es verdad, mamá-necesitaba vivir. Hacía años que había sacrificado mi libertad por el deber con mi familia.

-Cariño-susurró mientras alcanzaba un mechón de pelo que se había soltado de la coleta y lo ponía tras mi oreja-crees que un cambio es lo que necesitas, pero no sabes nada de la convivencia. No estás hecha para vivir en un piso de estudiantes. Necesitas concentrarte en los estudios. No puedes volver a recaer.

-¡Mamá- me quejé al tiempo que me cruzaba de brazos. No podía creer que había abierto el cajón de mierda-No soy estúpida madre. Sé que tengo que concentrarme en los estudios, pero eso no significa que me vaya a convertir en una bibliotecaria aburrida. Ese no es el objetivo de esto.

-¿Y cuál es el objetivo según tú?

Mire a todos lados en respuesta a la subida de tono de mi madre. Josh acababa de echarse la siesta y no me contentaba que fuera testigo de nuestros desacuerdos. Era bastante susceptible. Un suspiro salió de mis labios cuando no lo divisé alrededor.

-Mira mamá-Me levanté para estar más cerca de ella y así incitarla a bajar la voz. Estaba cansada de pelear con ella. Esto era el pan de cada día desde hace algún tiempo-esto es algo que tarde o temprano tenía que pasar. No puedes protegernos eternamente. Tengo que cometer errores y aprender de ellos.

-¿Y cuántos errores más puedes llegar a cometer?

La mandíbula se me desencajó-¡Mamá!-chillé. En este punto no me importaba que Josh se presentase en la sala-no puedo creer que hayas dicho eso. ¿Es que no confías en mí?. Todo lo que he hecho durante estos años ha sido ganarme tu confianza.

-Claro que confío en ti, cariño-intentó acercarse pero me aparté. Sus palabras no concordaban con sus actos-por otro lado, no sabes nada de tus nuevos compañeros de piso. Y si alguno es un sicópata, y si te violan o peor, y si…-se llevó una mano a la boca.

En otras circunstancias me hubiese acercado a ella y la hubiese envuelto en un abrazo. En su lugar me crucé de brazos-¿no crees que estás siendo bastante melodramática?. ¿Es que no puedes parecerte un poquito a papa?

En cuanto mis últimas palabras salieron de mi boca deseaba que la tierra se me tragase. Una fina línea se había dibujado en sus labios. Su frente estaba arrugada.

-¿Quieres que me parezca a tu padre?-bramó-si por tu padre fuera, dejaría que te tirases de un campanario si eso es lo que su queridísima hija quisiera.

-¡Mamá!-chillé. Otra vez-Es que no te das cuenta de que necesito esto. ¿Por qué no puedes dejar de pensar en ti por un momento?

Ella resoplo-¿Quién está pensando en mí?. Desde que nacisteis lo único que hecho es vivir para vosotros. Pensar en vosotros. ¿Y quién piensa en mí, eh?. ¿Qué pasará cuando te marches?. ¿Qué haré yo con tu…?

-Ni se te ocurra meterlo en esto-la amenacé. Mis manos se habían transformado en puños. No iba descargar mi ira sobre ella, pero odiaba cuando utilizaba esa baza en su favor.

-Cariño-su voz se convirtió en un susurro. Comenzó a acercarse a mí con prudencia pero lo reconsideró parándose a varios centímetros de mí. Estaba echa un basilisco. Suspiró-sé que…

-¡Mamá!... ¡Mamá!-la voz de Josh sonó a través del intercomunicador.

Ambas nos miramos con resignación antes de que mi madre se apartase para alcanzar el walkie talkie que descansaba junto a la tele.

Presionó el botón y hablo-cariño, en un minuto estoy contigo.

Se volvió hacia mí. Yo estaba mordiendo una de mis uñas inquieta por lo que fuese a decir a continuación. Era la primera vez que respondía a la llamada de Josh para prorrogarse. Me miró por un instante antes de negar con la cabeza y avanzar hacia la salida. Suspiré en respuesta.

-Sabes que esto es un error-dijo antes de salir por la puerta.


Esto había sido un error. Un error garrafal. La mudanza fue abrumadora y mis compañeros de piso eran unos completos descerebrados. Tuve que invertir el presupuesto de prácticamente un mes para poder amueblar mi dormitorio. No solo una estantería y una mesa de estudios. No, también tuve que comprar toneladas de pintura para que mis retinas no se desprendiesen de mis ojos y…un cochón. Si permanecía aquí por un año, mi columna no aguantaría. Por si fuera poco, casi me da una lipotimia subiendo tres tramos de escaleras con todas mis cajas. Sí, no había ascensor y como consecuencia los transportistas se negaron a subir los muebles que había comprado. Su escusa, más dinero. Pues bien, yo no podía permitirme pagar ni un solo centavo por ello. Gracias a que los chicos se ofrecieron a ayudarme no tuve que establecer mi dormitorio en el portar. Bueno, Nick y Jack, Cameron, por su parte, no perdía ocasión para colocar su brazo alrededor de mis hombros, o piropearme cada vez que me agachaba. Una vez, cuando estábamos subiendo el colchón, Nick y Jack iban en cabeza sujetándolo a cada lado. Se suponía que nosotros debíamos hacer lo mismo, pero en su lugar, él se presionó detrás de mí. De la impresión, y digo de la impresión, hice un mal movimiento y ambos caímos varios escalones. Aún tengo la marca sobre mi nalga izquierda que lo demuestra. No puedo sentarme sin hacer una mueca de dolor. Nick no ha parado desde entonces de bromear diciendo cosas como “chica fácil, ni siquiera te rozó y ya te dejó por los suelos” o “las primeras veces duele como la mierda, pero todo es cuestión de práctica” o “vaselina, todo se arregla con un poco de vaselina”. Creo que realmente tiene una obsesión sexual.

-¿Estás lista?-volvió a gritar Sabrina.

-Sí, un segundo-grité en respuesta.

-Venga, que llegamos tarde a la fiesta.

No llegaría tarde ni aunque me lo propusiera. Era la persona más persistente que había conocido. Desde que me establecí, no había parado de insistir en celebrar una fiesta de bienvenida. Claro que yo me negué rotundamente, no estaba aquí para celebraciones. No, me había mudado para poder centrarme plenamente en mi carrera. Sin embargo, no fue hasta que se enteró que celebraban una fiesta dos pisos más abajo cuando su incansable persistencia cosecho sus frutos. Era martes y mañana tenía clase, pero con tal de no escuchar por un minuto más sus lamentos, dije que iría. Y aquí estaba yo, anudando los cordones de mis converse antes de atravesar el pasillo.

Sabrina estaba de espaldas a mí, conversando con Jack quien sostenía el palo de una mopa entre sus manos. Sabrina llevaba un vestido extremadamente corto. Por lo que podía ver era un palabra de honor negro con volates bajo sus caderas. Tirabuzones dorados caían por su espalda.

Ninguno de los dos se percató de mi presencia. Supongo que Jack le estaba regañando por llevar semejante atuendo, pero no podía asegurarlo ya que el sonido de sus voces era bajo e indescifrable. Simulé un ruidoso tosido para dar a entender que estaba presente. Sabrina se giró mientras Jack miraba a través de ella. Me acerque viendo como Sabrina recorría mi cuerpo con la mirada. Cuando alzó la cabeza una mueca estaba dibujada en sus labios.

-¿Es que vas a ir vestida así?-Preguntó Sabrina posicionando sus manos en las caderas.

-¿Y tú?-respondí secamente.

Que fuera a su maldita fiesta no implicaba que tuviera que vestir como una stripper. Lo que creí que era un palabra de honor se había convertido en una lazada atada su cuello. Un escote en forma de V dejaba ver más de lo que un hombre pudiera soportar sin entrar en efervescencia. Yo, en cambio, llevaba unos pitillos rasgados en los muslos y una camiseta blanca de tirantas bajo una camisa marrón oscura desabrochada y anudada en mis caderas.

Después de echar un último vistazo a mi atuendo, frunció el ceño-¿Y ese gorro?- Ah…sí, mi gorro. Había elegido para la ocasión un gorro rojo de mafioso. Era una amante empedernida de los sombreros. Mi señal de identidad.

No tenía intención de responder, en su lugar, me encogí de hombros. Ella se acercó hasta quedar delante de mí mientras yo le dedicaba una mirada suplicante a Jack. Ahora era el que se encogía de hombros. Cuando desvié mi mirada a Sabrina, me estaba ojeando nuevamente, pero esta vez se centraba en mi rostro. Me estaba intimidando.

Después de un momento de silencio me tomó del brazo y me arrastró varios pasos de distancia. Tire y me desprendí de su agarre.

-¿Tienes algún problema con mi brazo?-espeté. Desde que la había conocido no había parado de hacer eso. Estaba harta.

Ella se giró para encararme, pero en vez de decir algo comenzó a rebuscar en su minúsculo bolso. Cuando acabó tenía sobre su mano un pintalabios y un delineador.

-¿Prefieres hacerlo aquí o estás más cómoda en el sofá?

Encaré una ceja-¿En serio pretendes pintarme?

-Por supuesto-dijo mientras quitaba el capuchón al delineador-es una fiesta, y ya que no puedo hacer que te cambies de ropa. No puedo, ¿verdad?-negué y ella suspiro-entonces tendré que conformarme con esto-levantó el delineador.

No sé como me dejé enredar por Sabrina pero al final consiguió pintar una fina línea negra en mis ojos y convertir mis labios rosados a carmesí.

-Perfecto-dijo cuando hubo acabado. Me miraba como si hubiese creado una obra de arte.

-Bueno, entonces vamos-dije mientras me daba la vuelta. Mientras antes nos fuéramos antes regresábamos.

-¿No quieres mirarte en un espejo?-su voz había sonado decepcionada.

-Nop.

Avanzamos hasta la puerta pero antes de poder llegar a ella, esta se abrió. Un grupo de tres chicos y dos chicas entraron en fila india. No sabría decir cuál era más extravagante. Uno de los chicos tenía el pelo extremadamente largo con rastas. Otro estaba rapado y tenía dilatadores en sus orejas. El último tenía una cresta verde por pelo, tres aretes en su oreja derecha, una argolla en medio del labio inferior y otra entre sus fosas nasales. Las chicas tampoco se quedaban atrás. La primera parecía más normal, con un pelo negro corto que decrecía en dirección a la nuca y un piercing en la ceja derecha. La última tenía el pelo rizado, largo, pero estaba teñido de un rosa chicle. También tenía una argolla en el medio de su labio inferior.

-Issi, otra vez no-se quejó Jack al fondo de la sala.

Estaba pasando la mopa por el suelo. Como siempre, la mopa estaba relucientemente blanca. Por lo que había observado hasta ahora, aparte del mal genio, era una persona demasiado escrupulosa con la suciedad.

-Qué pasa Jack…Sabrina-respondió la del pelo de chicle con un deje en su voz mientras saludaba alzando la cabeza-he traído a unos colegas y un par de birras. ¿Alguien se apunta?

Mientras ella se centraba en Sabrina y Jack, sus amigos o colegas, como lo había llamado, se dirigían directamente a la zona donde se hallaban tres sofás dispuestos en forma de U y sin decir media palabra se sentaron.

-¿Quién es esa?-demandó mientras se acercaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca deseé apartarme. Su olor denotaba que llevaba varios días sin ducharse. Me miró con detenimiento antes de dirigirse a Sabrina quien estaba junto a Jack. Calmándolo-¿Es la novata? -no obtuvo respuesta. Se volvió hacia mí con una sonrisa ladeada -¿eres la nueva?

-¿Síiiii?-alargué la palabra de tal forma que más que una respuesta sonó como una pregunta. No sabía quién era esta tía y no me gustaba como me estaba mirando. Sus ojos tenían una coloración rojiza y el izquierdo estaba más cerrado que el derecho.

-Yo soy Clarissa, pero todos me llaman Issi.

Fruncí el ceño-¿Tú eres…?-no podía ser. Ella no podía ser mi compañera de piso.

-Sí, Issi-dijo exagerando las palabras al tiempo que se señalaba. ¿Me estaba tomando por tonta?

Miré en dirección a Sabrina y Jack con una expresión que denotaba confusión. No podía creer que esta fuera mí otra compañera de piso. Me habían comentado que era algo peculiar, pero no esperaba nada como esto. Ambos asintieron sincrónicamente. Me concentré en Issi y en sus ojos. No era la primera vez que veía esos ojos.

Alcé una mano no muy segura de cómo debería presentarme-Hola, soy Ruth, tu nueva compañera de piso.

Ella alargó la mano, pero en vez de estrechar mi mano o incluso abrazarme, la golpeo con la palma de su mano y después hizo lo mismo pero en sentido contrario. Para cuando su mano se transformó en un puño la mía se había quedado congelada en el sitio. Podía notar la presión sobre mis ojos que estaban bien abiertos. Antes de que su puño encontrara mi mano Sabrina se interpuso.

-Issi basta-la agarró por la muñeca-es nueva. La estás asustando.

Clarissa se soltó del agarré de Sabrina y con su otra mano comenzó masajearse la muñeca-Joder tía, casi me dejas sin mano. A ver cómo me rulo yo ahora un nueve papeles.

Alcé ambas cejas e hice una mueca. ¿Nueve papeles?. Mire a Sabrina quien hacía girar un dedo que apuntaba claramente a su sien. Después fijé mi mirada en Jack, pero él no estaba donde antes. No, él estaba saliendo de la cocina con posavasos en sus manos. ¿Cómo en un piso de estudiantes había tal cosa?. Después se dirigió a la zona donde se hallaban los sofás.

-Espero Issi que todo esto sea una broma-dijo mientras señalaba la multitud de cosas que en un momento había sido apilada en la mesita.

-Tranquí tronco-respondió al tiempo que se desplazaba más cerca-solo estaremos aquí un par de horas antes de que…

-¿Un par de horas?-dijo Jack con cierta incredulidad antes de soltar una breve risotada. Después sus labios dibujaron una fina línea-Ni se os ocurra manchar nada-cogió una de las minúsculas bolsas que se hallaba en la mesa y la apretó con fuerza entre su mano. Después la colocó de nuevo en la mesita-¿Os ha quedado claro?

Asentimiento por parte de los amigos de Issi me dieron a entender que fuera lo que fuera que había en esa bolsa era de valor. Me preguntaba que habría en esa bolsa.

-Bueno, será mejor que nos vayamos-la voz de Sabrina sonó detrás de mí. Se le notaba un poco ansiosa.

Sin decir nada más nos encaminamos hasta la puerta pero antes de salir me obligue a voltearme.

-Encantada de conoceros... a todos.

Después de algunas inclinaciones de cabeza y alguna que otra palabra salí por la puerta. Jack me siguió.

Fruncí el ceño-¿Tu vienes?

Él negó con la cabeza al tiempo que se metía las manos en los bolsillos delanteros de los pantalones-No pienso quedarme en casa con ellos.

***

-¿Esto no será habitual, verdad?

No hacía más que girar sobre mis talones y lo único que podía ver eran cabezas. Frente a nosotros, detrás, a los lados. Sí, cabezas por todas partes. Más que una fiesta, parecíamos estar en el gallinero de un teatro esperando salir a Justin Bieber por las alocadas voces que se elevaban sobre la estridente música.

-Bienvenida a la vida universitaria-Jack me sorprendió con un pequeño apretón en el hombro antes de pasear la mano a lo largo de la sala-te presento a nuestros vecinos.

Sin apartar la mirada del frente, fruncí el ceño. El desconcierto se filtró a través de mis palabras-¿Nuestros vecinos?

-¿Qué?...no-chilló Sabrina provocando que desviase la mirada hacia ella-no todos podrían vivir en un bloque tan pequeño. No, la mayoría vienen de fuera.

Realmente creo que hablaban en clave porque por mucho que lo intentase no podía desentrañar el acertijo de palabras-¿Cómo?

La reacción de Sabrina fue inminente.

Inclinó la cabeza ligeramente hacia atrás y soltó una estruendosa carcajada. No sé si es que mis palabras la entretenían o mi cara era un poema. Creo que me inclino por esto último.

-No sabías que esto era un bloque de estudiantes, ¿Verdad?

¿Qué?... ¿Cómo?

Mientras sacudía lentamente la cabeza podía sentir como mis ojos pronto se saldrían de mis cuencas. No podía ser verdad. Vivir en un bloque de estudiantes era similar a vivir en una fraternidad. Conclusión irremediable…desmadre. Mi madre moriría en el acto si llegaba a enterarse. No, creo que primero me cortaría en pedacitos y me daría de comer a los peces del acuario.

Pasaron minutos, sino horas, hasta que Sabrina dejó de reírse. Aun así, conservaba una sonrisa propia de Mona Lisa, por no hablar de las pequeñas arrugas que se habían formado alrededor de sus ojos. Incluso Jack tenía una genuina sonrisa en su semblante.

Sabrina comenzó a mecer sus caderas al son de la música mientras Jack y yo nos revolvíamos incómodos contemplando a la multitud. Parecíamos ser los únicos.

-Creo que iré a por algo de beber. ¿Queréis algo?-preguntó Jack haciendo que mi cuerpo se relajase un poco. No era consciente de la tensión sobre mis hombros.

-Ron-cola.

La voz de Sabrina era apenas audible mientras inspeccionaba los alrededores en busca de algo que no inhibiese mis funciones motoras. Parecía que todo el mundo estaba tratando de hacer de esta noche memorable. Sin embargo, ese no era mi caso. Desde luego que deseaba beber hasta la última gota por los recientes acontecimientos, pero esa no era yo. Ya no más. Me di por vencida y me enfrenté a la inquisitiva Sabrina. Ella había tomado una postura recia, con sus brazos en jarra. Su mirada era claramente demandante. Presionando mi labio inferior me obligué a recorrer una vez más la multitud. Tenía la impresión de que “nada” no era una respuesta con final feliz.

-¿Cerveza?-sugerí no muy convencida de mi elección.

Y con razón. Jack asintió pero Sabrina se mostró reacia. Antes de que Sabrina se pronunciase, Jack se perdió entre la multitud.

-¿Cerveza?, ¿en serio?-asentí un poco cohibida por su actitud. Una fina línea se había dibujado en sus labios, su frente estaba arrugada y su mirada era desafiante. Negó con la cabeza-no puedes beber cerveza. Mañana tendrás un dolor de cabeza descomunal y no podrás ir a clase. Después de aguantar todas tus quejas…

Frenó su discurso cuando alcé una ceja en señal de protesta. ¿De verdad me estaba culpando a mí?. Ella, que era la reina del drama. Durante un segundo creí que iba a taladrarme con la mirada pero, en su lugar, se centró en la multitud. No sabía lo que estaba buscando pero se hallaba tan absorta que empecé a creer que la locuaz Sabrina había desaparecido. No es que se pudiera tener una conversación exitosa con toda esta música de fondo, pero vamos, era Sabrina, una de las pocas personas del planeta capaz de hablar debajo del agua. Chasqueé los dedos tan cerca de su rostro que podía sentir su respiración. Estaba a punto de agitar la mano cuando, sin indicio alguno, sus dedos se aferraron a mi muñeca.

-Vamos-tiró de mí mientras se daba la vuelta-creo que Carter tiene alguna botella de tequila escondida en algún sitio.

Oh…no. Ella no podía hablar en serio. Intenté zafarme de su agarre, pero la muy… Se notaba que era contorsionista. Tenía una fuerza...

-¿Y Jack?

-No te preocupes por Jack. Es bastante mayorcito, puede cuidarse solo-respondió sobre su hombro al tiempo que me arrastra a través de la multitud-de todas formas tiene una forma innata de encontrarme. Creo que puso un radar o algo en mi trasero.

Me reí ante la imagen de Jack entrando a hurtadillas en su dormitorio mientras estaba dormida y después sacudí la cabeza descartando la idea. Seguramente ese no sería el lugar anatómico más indicado.

El número de personas aumentaba exponencialmente a medida que avanzábamos, así como el grado de embriaguez. Yo seguía intentando sin éxito alguno poner alguna resistencia. Ne me gustaba la idea de dejar a Jack tirado y desde luego las palabras “coma etílico” no formaban parte de mi vocabulario.

No sé si fue mi intento por frenar sus pasos a la vez que esquivaba codazos y pisotones o fue la gente, quienes parecían no estar por la labor de permitirme el paso. Lo único que podía sacar en claro es que un momento Sabrina estaba sosteniendo mi brazo y al siguiente estaba cayendo en picado. Como no era de extrañar, dado a mi queridísima amiga la mala suerte, caí sobre mi trasero por lo que el dolor se intensificó provocando que una solitaria lágrima se precipitase por mi rostro y un quejido silencioso se filtrara a través de mis labios.

Incitada por la frustración golpeé mis rodillas que estaban presionadas sobre mi pecho antes de atisbar una mano firmemente inclinada hacia mí. Durante un segundo me planteé no aceptar la oferta, pero que tenía que perder. Además, sería Sabrina. Tomé la mano y con su ayuda conseguí ponerme en pie.

Parpadeé. Unos ojos tan azules como el cielo en una tarde de verano me observaban sin pestañear. Creo que el golpe había sido peor de lo que me imaginaba porque me hallaba en el cielo. Aunque eso era una falacia ya que no estaba bautizada. Y si lo estuviese seguramente ese no sería el lugar idóneo para mí.

-¿Te encuentras bien?

Sí, definitivamente acababa de morir y una ángel celestial me esperaba para conducirme hasta las puertas de San Pedro. Su voz era aterciopelada como el canto de un ruiseñor.

-¿Te encuentras bien? -Repitió.

Oh…mi dios. No creo que en el cielo se pueda tener un orgasmo. ¿O sí?.

Me sentía embrujada, atrapada. No podía apartar la mirada de esos ojos que parecían desnudar mi alma. Y cuando hablaba. Dios, ese acento francés, o belga, hacían de mis piernas gelatina.

Un ruidoso tosido me trasportó a la realidad. Parpadeé repetidas veces antes de bajar la mirada a nuestras manos que seguían enredadas. Con un movimiento más rudo de lo que me gustaría me deshice de su agarre y di varios pasos en su contra.

Estaba tan nerviosa, tan avergonzada que apenas podía apartar la mirada de mis manos mientras las frotaba intentando inútilmente despojarme del sudor. Mi cuerpo echaba chispas, mis erráticas pulsaciones apenas me dejaban respirar.

-Anda-una voz femenina, tan aguda y congestionada me dio el empuje que necesitaba para alzar la vista-vamos a bailar.

¿Chica número cinco?

Entrecerré mis ojos tratando de buscar una explicación racional a todo esto. La pelirroja que no hacía ni tres días había tenido la mala suerte de conocer volvía enterrar puñales sobre mi pecho. A su lado un chico no más alto que Jack me observaba con expectación. La pureza escandinava estaba esculpida en su figura. Un mentón recto con una sutil hendidura en la barbilla te hacía plantearte multitud de cochinadas. No ayudaba que su piel pálida hiciera resaltar sus labios rosados. Quería sentir su sedoso pelo rubio entre mis dedos. Me costaba horrores no acercar mi mano y recoger los mechones que se habían salido de la coleta. Sin embargo, ideas sobre matrimonio y tener hijos sustituían esos pensamientos cuando obtenías una vista panorámica. Con unos pantalones rectos azul marino y una camisa blanca con las mangas remangadas hasta los codos parecía ser el príncipe de todo cuento de hadas. Y esos ojos. ¿Por qué me dejaba impresionar por los chicos guapos con ojos radiantes?

-En serio, ¿te encuentras bien?-la preocupación se hacía palpable en su voz. Claro que eso no ayudaba a calmar mis nervios. Todo lo contrario-te ves muy pálida.

¿Pálida?. Se me escapó una risa nerviosa y bochornosa antes de controlarla poniendo mi mano sobre mi boca. Si yo te contara.

-Yo…yo…bien…yo-balbuceé. No había forma de aliviar la presión de mi pecho.

-¡Oooh!…se te ha comido la lengua el gato-soltó la pelirroja. La acidez de sus palabras no me cogió por sorpresa. Lo sorprendente era como este chico dejaba que ella se aferrase a sus caderas. Parecía una lapa-no te preocupes por ella. Con Cameron fue igual. Es una mosquita muerta.

Él alzó una ceja mientras a mí se me desencajaba la mandíbula. Me mordí la lengua para no decirle cuan puta era. No iba a rebajarme a su nivel.

De repente el chico se deshizo de su agarre y le dijo algo en el oído a lo que ella contestó agachando la cabeza. Podía ver un rubor en sus mejillas.

-Lo siento por esto. Jessica ha bebido demasiado-se llevó una mano a su pelo. Parecía nervioso-será mejor que me la lleve.

Asentí mientras le dedicaba una pequeña sonrisa. Que sus ojos estuviesen fijos en los míos no ayudaba.

Él apartó la mirada y agarró a Jessica fuertemente del brazo. Caminaron en sentido contrario, pero antes de perderse de mi vista se dio la vuelta.

-Sé que ya lo he dicho, pero lo siento. Lo siento muchísimo-gritó para hacerse notar.

Me dedicó una sonrisa que mostraba sus inmaculados dientes blancos y con eso se fue.

Suspire. Hacía años que había dejado de creer en los cuentos de hadas, pero estaba a nada de reencontrarme con mi niñez. ¿Cómo podía alguien tan atento, amable, incluso cariñoso estar con una arpía como esa?. Sin duda, ella tenía la habilidad de llamar la atención de los pequeños tesoros que habitaban nuestro pequeño planeta. Aunque Cameron no era un tesoro…pero él. No, Jessica no era una princesa, ella era una lagartona.

No sé cuánto tiempo estuve pérdida en mis pensamientos, pero cuando una clara imagen de donde me encontraba vino a mi mente, entré en pánico. Sabrina había desaparecido. Gire sobre mis talones al tiempo que gritaba su nombre desesperada por encontrarla. Sin embargo, estaba sola. Me habían dejado sola, a mí, que tenía mejores cosas que hacer que ver como un puñado de borrachos bailaban al compás de Linfao.

Sin pensarlo dos veces me lancé a la deriva en busca de un rostro conocido. No me alejé mucho cuando algo presionó mi hombro izquierdo. Giré noventa grados sobre mi hombro pero, para aumentar la tensión, no había nadie conocido a mi alrededor. Una vez más me decidí a adentrarme en la caótica jungla que se hallaba frente a mí, pero maldita sea si no sentí la misma presión sobre el derecho. A velocidad de vértigo me di la vuelta. No quería darle opción de desaparecer.

Nada. No había nadie.

Lancé mi cabeza hacía atrás y resople dramáticamente. ¿Quién quería jugar conmigo?. ¿Realmente mi imaginación estaba tan mal?

Cuando me enderecé una parte al sur de mi cuerpo se quedó atascada en mi garganta.

-¡Jesús!-chillé llevando una mano al pecho.

Un rostro salió de la nada, interponiéndose en mi visión.

-Jesús no… Nick.
-¿Ppero de dónde has salido? -Balbuceé. Mi corazón bombeaba a toda máquina.

-Estaba esperando a que te decidieras a mirar al suelo. Creo que he estado tanto tiempo de cuclillas que mis rodillas no se sienten, pero ha merecido la pena.

Sin siquiera pensarlo llevé una mano a su pecho y lo empujé. Su sonrisa me ponía al límite-pero serás…

-Atractivo, inteligente, carismático, ingenioso-inclinó ligeramente la cabeza y me sonrió ampliamente-gracias.

Sacudí la cabeza mientras una pequeña carcajada se filtró a través de mis labios. No había duda que sabía cómo ser ingenioso.

-Dime, ¿qué haces aquí tan solitaria?

-Umm…-miré a todos lados buscando una inspiración divina. Seguramente un cuento de hadas no era una historia muy convincente-por lo que veo no soy la única.

-En realidad-hizo una pausa para mirar a su alrededor-sí, estamos solos.

Me encogí de hombros sin saber que decir.

-¡Oh!…Ruth-retuvo las palabras el tiempo suficiente para dar dramatismo a la escena-parecemos almas en pena. Ven aquí-Extendió ambos brazos e hizo señales para que me acercase. Me reí, sin embargo. Un Nick con morritos y ojos de cachorrillo faltó de cariño era bastante divertido de observar-necesito cariño-demandó finalmente con voz melosa al tiempo que inclinaba la cabeza.

Aun con una carcajada me acerqué y lo envolví en un abrazo. Tal como lo conocí, sus brazos se aferraban como si estuviera sacando el jugo de una naranja.

-Eso es todo lo que tienes que ofrecerme-se quejó ante mi perezoso abrazo. Lo apreté con más fuerza-eso está mejor-susurró en mi odio. Me hacía cosquillas-¡Oooh!...Ruth. ¿Qué vamos a hacer nosotros dos solos?, ¿por qué nadie querrá a dos atractivos bomboncitos como nosotros?-me apartó lo suficiente para poder mirarme a los ojos. Sus facciones habían cambiado. Intentaba mostrarse serio pero podía ver la diversión en sus ojos. Me sentía confusa-No tendrás la peste, ¿no?

-Nop-me reí.

-Es bueno saberlo-dijo mientras me arrastraba de vuelta a su pecho.

Dejé caer mi rostro sobre su hombro. Demasiados cambios en mi vida. Demasiado que asimilar. Necesitaba algo o a alguien al que aferrarme.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que volví a soltar una carcajada. Nick estaba cantando en mi oído.

-Soledad…Soledad…porque tu tan callada…por qué, por qué…porque siempre a mi vera…porqué, por…

-Panda de borrachos. ¿Es que una tiene que traerse la botella de casa?-la voz de Sabrina sonó a lo lejos haciendo que ambos nos apartásemos.

Buscamos entre la multitud a Sabrina pero ni rastro de ella. Era tan pequeña que seguramente sería como buscar una aguja en un pajar.

-Eh, eh…Carter, te he visto.

Desviamos nuestras mirada hacía el sonido de su voz. Detrás de una maraña de gente se encontraba Sabrina. Estaba como loca corriendo detrás de un chico quien claramente la estaba toreando. Se encontró con nuestras miradas antes de acorralar al chico. Cuando le dio una colleja ya no podía aguantar más la risa.

-Creo que Soledad es mejor compañía-dije entre risas.

-No, que va-respondió Nick sarcásticamente.

La imagen de Sabrina arrastrando a Carter era aún más divertida. Tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para mostrar mi cara de póquer. Sin embargo, cuando Sabrina estuvo lo suficiente cerca para encontrarse con mi mirada, entrecerró los ojos. ¿Cara de póquer?, yo no tenía tal cosa. Era un libro abierto.

-Bueno, bueno… mirad a quien me he encontrado-la voz de Sabrina eran como astillas clavándose en la piel, baja pero afilada-el muy capullo estaba tratando de ocultar una botella. Como si pudiese beberse todo eso él solito-agarró la botella que Carter sostenía y tomó un largo trago. Después pasó sus dedos por sus labios impregnados de licor y extendió la botella. Hacia mí-Ruth te toca.

Me quedé paralizada. Beber a morro de una botella no entraba dentro de mis planes. Bueno, beber en general. Sin embargo, una Sabrina cabreada no era cosa para tomárselo a broma y desde luego tener que aguantar sus quejas todos los días era una agonía. Con manos temblorosas tomé la botella y me la llevé a mis labios, pero antes de tomar un trago le dediqué una mirada suplicante a Nick. Sin embargo, él se rehusó a ser mi vía de escape. Con un suspiro frustrado dejé que el líquido difundiese por mi garganta.

El dulce recuerdo del Miura calentando mi cuerpo en los fríos meses de invierno volvió a mi memoria. También recordaba cuán rápido podía desestabilizar mi sistema. Sin embargo, ya habría tiempo de arrepentirse.

-Suficiente- la voz tajante de Sabrina me transportó a la realidad antes de que se apoderara de la botella.

-Ruth-me llamó la atención Nick. Estaba lamiendo mis labios mientras veía como Sabrina volvía tomar un sorbo-este es mi gran amigo Carter. El anfitrión de la fiesta.

Nick flexionó su brazo y apoyó el codo sobre el hombro de Carter. No sé cómo lo consiguió ya que le sacaba una cabeza. Y hablando de eso, era muy mono, aunque parecía un hombre lobo. Moreno con el pelo engominado, de punta. Ojos grises, penetrantes. Labios carnosos, rosados. Así que este espécimen había montado todo este espectáculo. Quizás debería darle las gracias por lanzarme a la incansable Sabrina. Cuanto me arrepentía por haber tomado ese trago.

Carter extendió su mano-soy Carter. Tú debes ser Ruth. Me han hablado muy bien de ti.

Le dediqué una mirad de soslayo a Nick antes de centrarme en Carter. No me gustaba este tipo y, desde luego, no me gustaba el examen exhaustivo que le estaba haciendo a mi cuerpo. Me sentía expuesta, pero contuve las ganas de cubrir mis senos cuando le dedicó más tiempo del que debería. Un borracho pervertido. Mundo, ¿algo más?.

-Me encanta tu gorro-dijo Nick liberándome de la intensa tensión que se había apoderado de mi cuerpo. Si no llega a ser por él, alguien podría haber acabado en el hospital. Y esa no sería yo-puedo-añadió señalando mi gorro.

Asentí-Por su puesto.

Nick tomó mi gorro y lo colocó sobre su pelo revuelto. Me hacía reír sin siquiera intentarlo. Parecía el carnicero de Gangs of New York e incluso llegaba a pensar en musicales donde los actores no paraban de bailar claque. Le faltaban los zapatos.

-¿Qué tal estoy?, ¿qué tal me queda?-preguntó Nick haciendo que todos le prestásemos atención. Sacó pecho y paseó el dedo gordo a lo largo de su labio inferior. Me reí-Me queda bien, ¿eh?-me giñó un ojo.

-Estas guapísimo, vamos estás para que te echen una foto-la sarcástica voz de Jack nos cogió por sorpresa.

Jack se situó entre una muy risueña Sabrina, quien parecía aferrarse a la botella como si fuera su punto de apoyo, y un demasiado estúpido-borracho-pervertido Carter. Sostenía un vaso de tubo con un licor del color del chocolate en una de sus manos y en la otra un botellín.

-Oh…sí, una foto-chilló Nick.

Por el volumen de su voz seguramente estaría pegando pequeños saltitos de felicidad, pero no podía asegurarlo ya que estaba reprendiéndome a mí misma por haber dejado a Jack vagar entre la multitud con nuestras bebidas mientras nosotros nos divertíamos. Bueno, lo que fuera que estuviésemos haciendo. No podía mirarlo directamente a los ojos cuando alargó su brazo para entregarme el botellín.

-Gracias-musité mientras me apoderaba del botellín-y lo siento.

Él se encogió de hombros antes de dedicarle una breve mirada a Sabrina. Supongo que ella tenía razón. Supongo que él ya estaba acostumbrado. Aun así, no me hacía sentir mejor.

-Oh…bebe. ¿Dónde te metiste?, te he estado buscando como loca-demandó una muy sorprendida Sabrina. Estaba tan apegada a la botella que ni siquiera prestaba atención a su alrededor. Rodé los ojos mientras ella enredaba las manos, que seguían sosteniendo la botella, alrededor de su cuello y le premiaba con un casto beso. Ambas sabíamos que eso no era cierto-estaba a punto de ir a buscarte… ¡Oh!, ¿eso es para mí?-dijo mientras intentaba agarrar el vaso que Jack sostenía.

-Nop-soltó abruptamente Jack mientras esquivaba el depredador brazo de Sabrina-esto es para mí. Parece que tú te las arreglas muy bien con eso-espetó.

-Oh…esto es de Carter, ¿verdad Carter?-Sabrina le entregó la botella a Carter antes de inclinar la cabeza a un lado a la vez que le dedicaba media sonrisa y pestañeaba sin parar. Parecía tener un tic en el ojo.

¿Lo estaba seduciendo?. Sin poder evitarlo solté una carcajada, pero no duró más que un suspiro ya que ambos me dedicaron una mirada que bien podría derretir glaciares.

El reclamo por parte de ambos como propietarios de un simple vaso de plástico llevó a otra confrontación y a otra, hasta que una pequeña disputa se convirtió en una intensa discusión. Parecía una pelota de ping pong alternando entre ambos y lo peor es que no podía sacar nada en claro. No entendía como podían pelear con tanta regularidad y permanecer juntos. Desde que los conocí, esto había formado parte de la función diaria. Supongo que así es como te comportas cuando estás enamorado o no.

-Al final me salen hojas de los brazos porque creo que estoy empezando a echar raíces. ¿Es qué nadie piensa sacarme una foto?-se quejó Nick sacándome de mi ensimismamiento.

Trasladé toda mi atención a Nick quien tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Intentaba mostrarse serio e, incluso, cabreado, pero no sé si era porque era Nick o por esos ojos color avellana que reflejaban la realidad de forma tan cristalina, que era difícil de tomar en serio.

-Umm…claro-respondí sacando el móvil del bolsillo delantero de mis pantalones.

-Ruth…eres mi ídola-dijo con entusiasmo mientras desbloqueaba el móvil y buscaba la aplicación de la cámara. Sonreí.

Nada más conseguir que la cámara apareciese en la pantalla Nick me quitó el móvil-Carter, anda guapetón, una foto-Carter, quien no perdía el tiempo hablando con una morena con más tetas que cabeza, hizo una mueca cuando sus ojos vislumbraron el móvil, pero finalmente lo cogió. No me gustaba que sus sucias manos sostuviesen nada que tuviese que ver conmigo. Fruncí el ceño- Ruth-me llamó la atención Nick mientras rodeaba mi cuello con uno de sus brazos-sonríe a la cámara.

Lo miré desconcertada. Yo no quería salir en la foto. Sin embargo me reí cuando con sutileza agarró la base del sombrero y lo inclino sobre su frente mientras ponía morritos. Sacudí la cabeza. Era Nick.

Dejé que mi brazo rodease su cadera y sin más dilación me enfrenté a la cámara. Le dediqué mi mejor sonrisa, sin embargo, la tardanza de Carter me ponía nerviosa. No me gustaba tener que enfrentarme nuevamente a su sucia e intimidante mirada. Cuando me giñó un ojo ya no podía soportarlo más y desvié mi mirada. ¿Por qué seguía aquí?, ¿es qué no tenía nada mejor que hacer?

Con esfuerzo volví a sonreír. O eso creí ya que la imagen de Cameron apareció en mi campo visual. Sus manos estaban a cada lado de una rubia quien se mecía al son de la música. Cuando esta dio media vuelta se me desencajó la mandíbula. Enredó sus manos alrededor del cuello de Cameron y comenzó a contornear las caderas mientras bajaba y volvía a subir. Parecían como si fueran a tener sexo aquí, delante de todos. ¿Es qué no podía tener un poco de respeto por si misma?.

-Creo que después de todo serás la número siete-susurró Nick en mi oído.

Sin apartar la mirada fruncí en ceño-¿Número siete?

-¿Sabes por qué lo llaman Maxibon?-Trasladé mi atención a Nick y negué con la cabeza-porque no sabes si lamerlo o darle un mordico.

Me reí.

-Nick-le reprendí al tiempo que le daba un codazo.

-Dicen que su sabor es adictivo, pero como el helado, es tan exquisito que no todos pueden tener una segunda probada.

Entrecerré mis ojos-¿y qué tiene eso que ver?.

Suspiró resignado-¿Recuerdas a la chica del otro día?-asentí. Mis dientes de repente chirriaban. Por supuesto que la recordaba-pues ella era la quinta y esa-señaló a la rubia que ahora estaba colgando como un mono de Cameron-pronto será la sexta del mes.

-¿Del mes?-chillé.

-Sí, sí-soltó una breve carcajada-¿qué creías?, ¿que la chica del otro día era solo la quinta?, por favor, es Cameron-con cada palabra me sentía más perpleja-Al principio las enumerábamos por año, pero perdíamos la cuenta. Ahora lo hacemos por mes. A veces se hace difícil, pero nada que ver.

-Me estás diciendo que…-llevé una mano a mi boca.

Oh…dios mío.

Sentía la presión sobre mis ojos mientras volvía a mirar a Cameron. No podía creer que viviese con todo un gigoló. ¿Y pensar que me había sentido atraída por alguien como él?. Bueno, era obvio que desprendía testosterona a borbotones, pero saber esto, le quitaba toda la emoción. Se desprestigiaba a si mismo por un pedazo de carne.

Buagg.

Cuando nuestros ojos se encontraron yo quería literalmente morirme. No podía verlo con claridad pero sabía con certeza que me estaba dedicando una sonrisa arrogante. Aparté la mirada y me volví. Un rubor se había apoderado de mis mejillas, me sudaban las manos. Le pegué un buen trago al botellín. No recordaba haber estado bebiendo pero cuando me quise dar cuenta apenas le quedaba un tercio y necesitaba otro.

-¡Eh!... ¡eh!... ¿qué haces?-grité indignada. Nick estaba depositando mi móvil entre mis senos.

-Tranquila-dijo poniendo una mano sobre mi hombro-es más seguro-si claro y menos cantoso también. Iba a declarar abiertamente mi indignación cuando se acercó a mi oído y susurro-al final serás la número seis.

Dejé de respirar para después empezar a hiperventilar. Las glándulas suprarrenales drenaron adrenalina a mi sistema circulatorio provocando que mi ritmo cardíaco se disparase. El rubor de mis mejillas se trasladó a todo mi cuerpo. Un despliegue de emociones invadió mi sistema.

Apenas podía concentrarme en nada a mi alrededor cuando sentí su respiración en mi cuero cabelludo. Estaba detrás de mí y tanto como quería apartarme no podía. Noté como su brazo sobrevolaba mi cabeza y vi como este le quitaba el gorro a Nick.

-Me siento desnudo, ¿qué ha pasado?-demandó Nick desconcertado mientras posaba sus manos sobre su cabello.

Me volví para encarar a Cameron al tiempo que mis manos se aferraban a mis caderas.

-¿Me devuelves el gorro, por favor?-intente mostrarme fría, decidida a acabar con esa sonrisa de autosuficiencia, pero ese hoyuelo no ayudaba a sacar lo peor de mí.

-Dame un beso.

Me quedé traspuesta-¿Qué?-chillé, pero mi voz se quedó atascada en mi garganta.

Se rió.

-Dame un beso-repitió. Su voz era baja, capaz de desmoronas las defensas de cualquier mujer.

Negué con la cabeza-Dame el gorro Cameron, por favor-le supliqué. No podía mirarlo a los ojos.

Él acercó el gorro hacía mí, pero cuando rocé la tela con mis dedos lo alejó-Solo si me das un beso, Ruth.

Por primera vez cometí el error de encontrarme con sus ojos. Me perdí en ellos. Había algo en su forma de decir mi nombre que hacía no sé qué en mi sistema. Me dejaba sin respiración.

-En teoría-Nick dejó caer las palabras el tiempo suficiente para que mi mente volviera a tomar el control de mi cuerpo. Aun así no podía dejar de mirar esos ojos, ahora tan azules como el océano al atardecer-yo debería darte un beso, no ella. Y en la práctica soy muy bueno. No te arrepentirás, Cam.

-Ella-dijo sin apartar la mirada de mí. De mis ojos.

-Por favor-susurré. Era lo máximo que podía expresar sin trabarme.

-¡BASTA YA CA!-rugió Jack.

Casi que me da un infarto por la ferocidad de sus palabras. Pegué un pequeño respingo antes de atisbar como Jack le quitaba el gorro a Cameron y lo depositaba en mi cabeza. Incliné la cabeza en agradecimiento y me limité a beber lo poco que me quedaba de cerveza. Sentía los ojos de Cameron en mí pero yo no podía, no quería mirarlo de vuelta. Parecía acero al rojo vivo.

-¡Ruth!-me llamó la atención Nick. Estaba perdida, vagando en la incomodidad-¿por qué no vamos a por otra cerveza?

Asentí en respuesta. Me sentía abrumada, traicionada por mi destino. En este momento una cerveza, y otra y otra no se veían del todo mal. No importaba cuan mal me sintiese mañana, por primera vez en mucho tiempo quería perder el control. Él me agarró por la cintura y sin mirar atrás y sobretodo sin mirar a Cameron avanzamos a través de la multitud. Sin embargo, antes de alejarnos demasiado puede escuchar a Cameron gritar.

-Me cago en la puta Sabrina, ¿qué coño haces así vestida?, ¿es que quieres que pierda la puta cordura y empiece a repartir ostias a todos los tíos de esta puta fiesta?

Fruncí el ceño y estuve a punto de darme la vuelta pero Nick se interpuso.

-Mejor dejarlos solos.

-Pero…

Entrelazó nuestros dedos incitándome a continuar-Cameron es demasiado sobreprotector con Sabrina. Ya lo comprenderás con el tiempo.

Me frené en seco-Pero…

Negó con la cabeza-Déjalos… Cosas de hermanos

...
Bueno chicas...iba a largar el capítulo pero al final decidí dejarlo así y dejar con la intriga. En los próximos capítulos sabrán más de la desastrosa fiesta y en el lío que se ha metido Ruth.
Gracias y espero que les haya gustado
helena de moya


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Debo28 el Mar 21 Mayo 2013 - 0:51

wooow muy bueno el cap!!
Debo28


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Debo28 el Jue 23 Mayo 2013 - 19:08

donde te metiste?? quiero caaap
Debo28


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Debo28 el Vie 7 Jun 2013 - 0:58

Debo28


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Gabita29 el Dom 9 Jun 2013 - 8:18

abandonooo
Gabita29


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Gabita29 el Sáb 15 Jun 2013 - 18:51

no van a seguir mas este fic? noway
Gabita29


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por melpin el Sáb 15 Jun 2013 - 19:07

mas mas porfisssssss noway


ADICTA AL ROCK ACDC YEAH

melpin


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por helena de moya el Jue 29 Ago 2013 - 3:08

Hola chicas...se que deben estar más que enfadadas conmigo. Yo realmente lo estaría, pero es que llevo mucho tiempo sin escribir y la inspiración no venía. Si a eso le sumas que he tenido que trabajar...
Bueno, tengo que decir que soy bastante inconstante, sobre todo porque soy propensa a dejarme llevar por las emociones, por lo que no puedo decir con certeza cuando escribiré, pero si quiero acabar esta historia.
Realmente me gusta e, incluso, me he decidido por dividirla en tres partes (por ahora). La primera parte sera contada desde el punto de vista de Ruth, la segunda de Cam y Ruth y la tercera creo que únicamente por Cam, pero aun no lo tengo decidido.
También tengo que decir que este capítulo lo he reescrito al menos veinte veces, nunca llamándome la atención hasta que me he dicho "que demonios" lo dejo como está y, sin embargo, solo tengo la primera parte.
Ahhh...otra cosa. Para quien no lo sepa, esta historia es una tragicomedia. Hay partes que ha mi parecer son entretenidas pero muchas otras son muy tristes. También hay partes calientes pero no tengo ni idea de como voy a escribirlas. Solo de pensarlo ya se me enrojecen las mejillas.
Bueno ahora si que sí...



Capítulo 3
Parte 1

Me despierto con el ensordecedor sonido del despertador. Alguna melodía de Mayumana o Blue Man Group parece reproducirse tal que un disco rayado haciendo que un dolor pulsátil atormente sin descanso mi calcáreo cerebro. A tientas alcanzo el interruptor de la luz y es en el preciso instante en el que la bombilla se prende que decido finalmente encontrar un momento para pintar las paredes.


Sin molestarme en revisar el estado y lugar en el que las sábanas han sido arrojadas me arrastro con pesadez hasta el otro extremo de la habitación. El mármol está helado, lo que resulta ser un alivio para la asfixiante sensación de ardor que parece envolver mi cuerpo. Sin embargo, no es hasta que alcanzo el enchufe del despertador y lo desconecto que suelto un suspiro de puro alivio. Esa cosa debería tener un manual de instrucciones. Jamás había visto tantos botones juntos y ni siquiera creo que tenga más de dos funcionalidades.


Echo un vistazo a mi alrededor, bostezando cuando mi visión se encuentra con la cama. Realmente tiene un aspecto lamentable, con las sábanas arrugadas y prácticamente tiradas sobre el suelo y, aun así, se ve bastante apetecible. Diablos, hasta las rígidas sillas de la sala de espera de un hospital me servirían. Sin embargo, ni un justificante del médico podrían salvarme de mi propia muerte. ¿A quién se le ocurre poner prácticas nada más comenzar el curso?, y lo que es más lamentable, ¿por qué no se me ocurrió cambiar con alguien dichas prácticas?. Un amargo resoplido se me escapa seguido de un dolor punzante en las sienes. Me gustaría por un momento poder olvidar la respuesta.


Alcanzo el albornoz y toalla que cuelgan sobre el perchero de la puerta y los arrojo sobre mi hombro. Prestando especial atención a las bisagras abro la puerta y me deslizo sigilosamente por el pasillo. No sé porque me tomo tanto esfuerzo, ellos no tienen ningún reparo en mandar mi sueño al cuerno y mucho menos…


–¿Vas a ducharte?–una voz profundamente ronca me hace tambalearme justo antes de tomar el pomo de la puerta.


Dios…porque él. Un desagradable temblor recorre mi cuerpo mientras me vuelvo. Cameron está caminando hacia mí luciendo todo soñoliento y desaliñado y aun así parece sacado de alguna portada de alguna revista. No puedo evitar fijarme en que lo adorable que se ve con esas calzonas de canguritos rosas. En otra persona se vería completamente ridículo pero en él…no, apuesto a que es verdaderamente consciente de lo malditamente bien que se ve en ellos.


Un sonoro carraspeo me hace plenamente consciente de que acabo de comérmelo con la mirada y un pequeño vistazo a su arrogante sonrisa me hace saber que acabo de cometer el mayor error de mi vida. Maldito. Mi mirada revolotea entre mis manos notoriamente agitadas y cualquier punto alejado de su esbelta figura mientras siento mis mejillas ruborizarse. Creo que jamás he tenido tantos problemas para mantenerme relajada en torno a alguien.


–Entonces… ¿vas a ducharte?–pregunta con un matiz de diversión.


–Umm…¿sí?–contesto con voz queda.


Por el rabillo del ojo puedo verlo apoyar una mano sobre la pared, su cuerpo a pocos pasos de mí. ¿Por qué tiene que estar tan cerca?. Intento concentrarme en algo, cualquier cosa. La puerta del baño parece haber tenido tiempos mejores. Algunas astillas sobresalen…


¿Por qué no mejor me abofeteo ahora mismo?. Haciendo caso omiso a las efervescentes sensaciones que burlan mi cordura abro la puerta lamentando el momento en que esta se estrella fuertemente sobre la pared. Tambores resuenan en mi cabeza mientras entro en el baño y comienzo a cerrar la puerta.


–¡Ruth!–me llama y no puedo impedirme abrir nuevamente la puerta.


–¿Sí?–pregunto dejando caer mi cadera sobre el marco de la puerta mientras me apoyo sobre una mano en el pomo.


Lo oigo tragar pero me rehúso a perderme en esos ojos. Ya es bastante malo no poder mirar alrededor sin encontrarme con alguna pieza de su bien formada anatomía. Ya no está apoyado sobre la pared, no, está frente a mí.


Un silencio de lo más incómodo acontece sobre nosotros y me pregunto qué tiene que decirme. Estoy a punto de preguntárselo cuando dice:


–¿Vas a tardar mucho?


Su pregunta me coge totalmente por sorpresa y no hay nada que pueda hacer para no mirarlo a la cara–No… ¿por qué?–espeto ganándome una sonrisa con hoyuelos. Oh madre.


–Aun me debes un beso.


Esa voz petulantemente baja, casi ronca, es potencialmente problemática. Un nudo se forma en mi estómago pero intento no mostrar cuanto me afecta. En su lugar me concentro en poner mi mejor sonrisa mientras retrocedo y le cierro la puerta en las narices. O eso intento porque extiende un pie impidiéndome cerrarla al tiempo que grita:


–Espera.


Con un suspiro frustrado vuelvo a abrir la puerta. Me estoy empezando a cansar de sus juegos.


–¿Y bien?–pregunto al punto de la irritación inclinando sutilmente la cabeza hacía un lado al tiempo que cruzo mis brazos sobre mi pecho.


–Solo quería saber cuánto tiempo necesitas porque…–desvía la mirada momentáneamente hacía el salón mientras pasa perezosamente una mano sobre sus rizos azabaches. Que alguien me mate en este momento porque… Mis ojos se fruncen ligeramente cuando creo ver un destello de indecisión en sus ojos antes dar un paso más cerca y susurrar–porque necesito poner la cafetera y tengo que coger agua y ya sabes cómo son las tuberías…


Puedo sentir como mi gesto fruncido se pronuncia mientras no puedo evitar susurrar de vuelta –Sí, claro, puedes tomar agua ahora si quieres, pero... ¿por qué susurras?


Cameron echa la cabeza hacía atrás y suelta una sonora carcajada. Es la primera vez que lo escucho reír de verdad y no puedo evitar sonreír. Es un momento que no me importaría repetir, aunque no tengo idea de por qué se está riendo. Para cuando ha dejado de reír la tensión parece haberse marchitado. Su sonrisa bien podría curar el cáncer en el mundo, con esos hoyuelos que, juro por dios, parecen profundizarse más aún y esos dientes de un blanco perfecto. Aunque sus dientes no son perfectos. Un canino sobresale mínimamente sobre los demás haciéndolos más naturales, más humano.


Un mechón rebelde cuelga sobre su frente amenazando con destrozar este momento. Mis dedos se retuercen, deseosos de encontrar el camino y lo hacen. Con un movimiento casi despreocupado me inclino hacía delante y lo alejo, desplazándolo sobre esa mata de sedoso cabello. No puedo evitar cerras los ojos mientras me retrocedo, preguntándome que champú utiliza, huele bien, demasiado bien para ser un tío. Cuando mis ojos se abren mis pulmones expulsan una bocanada de aire. Su gesto se truca, transformándose en una expresión seria y no hay nada que pueda hacer para no sentirme como una gacela a punto de ser devorada por el león cuando el verde pálido de sus ojos es absorbido por un torbellino de color, oscureciéndose. Contengo la respiración mientras acerca su rostro al mío, mis ojos desorbitados buscando un punto fijo en su maravilloso rostro, mis manos pican por el contacto y, sin embargo, es cuando sus callosos dedos se deslizan por accidente sobre la piel pulsátil de mi cuello en un intento por alcanzar una hebra de mi enmarañado pelo y colocarlo detrás de mi oreja que mis pensamientos son catapultados años luz de distancia. Su aliento parece arañar sobre la superficie de mi mejilla y olas de calor recorren mi cuerpo cuando este encuentra un punto debajo de mi oreja…


–Tenemos compañía–murmura y mi cabeza parece tener vida propia, inclinándose y descansando sobre la suya.


–¿Qué?–mi voz irreconociblemente ronca, mi corazón acelerado.


Él ríe entre dientes.


–Que tenemos compañía–repite, esta vez más fuerte.


Una fracción de segundo después me giro sobre mi hombro en reconocimiento–¿Qué?–demando agitada. Debería sentirme aliviada de que se halla apartado justo a tiempo mas no lo hago. Alguien podría habernos visto y esa idea me causa nauseas. No, haber estado a punto de rebajarme a sus encantos me causa nauseas.


Vertiginosamente mis ojos deambulan en busca de un posible fisgón pero no hay nadie. Sintiendo como si alguien me hubiese empalado le dedico una mirada mordaz. El levanta ambas manos en señal de rendición al tiempo que dice:


–¡Oye!, he dicho que tenemos compañía no que alguien nos estuviese observando. De todas formas creo que iré a poner la cafetera ahora, mientras todavía estas vestida.


Me lo quedo mirando mientras se aleja deseando tener algo que poder arrojarle a la cabeza y despojar de su rostro esa maldita sonrisa. Estoy empezando a pensar que sí es posible sentir repulsión por una persona más de lo que se siente al ver una araña. Me estremezco. Odio a las arañas, esas cosas con todas esas patas y…


–Por cierto–dice sobre su hombro alejando mis repulsivos pensamientos– bonito pijama.


Como si fuera un mal sueño recuerdo lo que llevo puesto y por si no fuera suficiente mi mirada se arrastra hasta el dobladillo de mi camisón. Sí, un camisón de un blanco mate que deja entrever mi sujetador y braguitas de encaje. Joder. Con furia apenas contenida me arrojo sobre el cuarto de baño en penumbra y azoto la puerta, cerrándola. Puedo escuchar el eco de una risa mientras apoyo mi espalda sobre la puerta, mis ojos dirigidos al techo.


Estúpida, estúpida.


Por al menos dos minutos permanezco en la misma posición, con los ojos cerrados concentrándome en tomar respiraciones pausadas. Mi cabeza parece ser martilleada por una taladradora y, sin embargo, las tormentas de mi temperamento amainan con comportamientos propios de un robot automatizado.


–Tienes que abrir el grifo del agua caliente al máximo y regular con el del agua fría–Definitivamente la instalación del agua es una chapuza. Prácticamente hay que hacer una carrera para encontrar el equilibrio.


El torrente de agua golpea mi cuerpo, mareas espumosas concentrándose alrededor de mis pies. No puedo creer cuan patética me hago ver, reaccionando de tal manera ante semejante personaje. Parece tan seguro de si mismo, con esa sonrisa arrolladora, con ese cuerpo de toma pan y moja y repite y esos ojos… a quien pretendo engañar, cualquiera con medio cerebro sufriría un cortocircuito  con un simple aleteo de pestañas de Cameron Hyde. Y ese es el problema, nunca me he sentido así, como si fuera, no sé, una marioneta y él el titiritero que maneja mis hilos. Por él anoche…anoche.


Aun me cuesta creer como pude perder el control emborrachándome hasta el punto de prácticamente no poder levantarme en la mañana. Alguien me dijo alguna vez que la resaca es una experiencia imborrable. ¿Y bien?, cuanto me había tomado olvidarlo. Dos horas, dos malditas horas para borrarlo todo. Y es ahora cuando el espectro del recuerdo reflota sobre la superficie. Recuerdos que atormentan mi conciencia, recuerdos que habían sido enterrados, encerrados bajo llave en la memoria.


Apoyo mis manos sobre las húmedas baldosas de la bañera y dejo caer mi cabeza hacia delante. Mis ojos cerrados intentando sofocar los sollozos. Trago inútilmente, un nudo se ha formado en mi garganta. Lágrimas saladas se mezclan con la cascada de agua que cae sobre mis mejillas mientras destellos del pasado se reflejan bajo mis párpados cerrados. Locke y su jodida mierda; Annie, la pequeña…


–¿Ruth?–la voz de Nick se oye al otro lado mientras aporrea la puerta–¿Te has caído al váter y has tirado de la cadena?


Mis labios se curvan hacía arriba en un intento por sonreír. A veces solo se necesitan cosas insignificantes para poner un pie sobre otro. Pero es que hay algo en Nick que…


–Cinco minutos–grito pese a que mi voz aun suena un poco estrangulada.


–¿Quieres café?, Cam ha preparado…


–Sí, pero yo puedo hacerlo.


Espero una respuesta, pero esta no llega. Ultimo los detalles antes de precipitarme hasta mi cuarto y vestirme. El estallido en mi cabeza parece haber retomado fuerzas, ahora apenas sostenible. Dudo por un instante antes de registrar mi armario. Nunca he sido partidaria de tomar medicamentos, no cuando son todo somnolencia y aturdimiento, pero, como tanto días, tengo que probarme a mi misma que soy capaz de tragar una pastilla del tamaño de un islote sin atragantarme.


Cuando estoy a punto de retroceder no puedo evitar fijarme en la pálida muchacha que me devuelve la mirada. Su humedecido pelo cae plano a los lados de su rostro, sus puntas parecen tener alguna fijación por las hondas. No tengo tiempo de aplicar la plancha y, por lo que veo, tampoco de apuñalar mis ojos con un par de lentillas. Mis ojos castaños están enrojecidos, bolsas de cansancio se acumulan bajo ellos.

Sacudo la cabeza. A quién le importa. Arrojo mis apuntes en la cartera así como el colirio y la funda de las gafas, me recojo el pelo en una coleta alta y salgo disparada en busca de un solo bien largo (1*).


(1*): café solo en un vaso largo.
helena de moya


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por leah2091 el Jue 12 Sep 2013 - 18:30

capitulo???
leah2091


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por mical el Sáb 16 Nov 2013 - 22:09

mas capiiss !!!! porfis porfavor
mical


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Re: ¿TE ATREVES?...UNA APUESTA RETORCIDA

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 19:21

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