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Las apariencias engañan

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Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Dom 20 Ene 2013 - 14:34

¡Hola! Aquí os traigo una nueva historia totalmente mía a la que espero que le deis una oportunidad y que comentéis que os parece con el fin de mejorar^^ Cuento con muchas otras historias que si veo que la cosa marcha bien y se me permite, también os iré tayendo, pero de momento os dejo esta que es como mi bebé :3




Sinopsis

Lucifer está convencido de que los humanos son inútiles, pero el ángel Natael dice todo lo contrario. Ambos eligen al azar el caso de una chica desaparecida: Sandra. Nadie sabe que ha sido de ella. Hay un ángel y un demonio integrados en un instituto, como muchos otros. El ángel, Raúl, tendrá que conseguir que Annie, una compañera, consiga averiguar el caso de la desaparición de Sandra y el demonio, Lucas, tendrá que conseguir que no lo consiga. Eligen a Annie, ya que es la primera interesada en el caso. Ambos tendrán que conseguir sus objetivos sin interferir demasiado, aunque ya se sabe lo tramposos que son los demonios, y, a su vez, sin que descubran su verdadera identidad.
¿Quién ganará ángel o demonio?
Una historia llena de amor, risas y aventuras.





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Dom 20 Ene 2013 - 14:36

Prólogo

Hace ya un mes

—¿Te he dicho que te quiero?
—Solo un millón de veces. —Ríe.
—Pues te lo digo otra vez: Te quiero.
—Y yo a ti, princesa. —Se besan—. Pero ahora he de volver.





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Dom 20 Ene 2013 - 14:38

Capítulo 1

Un mes antes, en un instituto, a primera hora.
Annie se dirige a secretaria. Es su primer día de instituto. Se acaba de mudar a otro instituto para ir al mismo que su mejor amiga. Está un poco nerviosa. Se acerca a la secretaría.
—¡Hola! Perdone que le moleste, pero no sé dónde está mi clase, soy nueva y...
—¡Ya estamos! Hija pues eso se pregunta llamando el día anterior al instituto.
—Oh, perdón. No lo sabía.
—Hombre hija está claro que no lo sabías.
“Menuda cascarrabias que es la secretaría”. Piensa Annie.
—¿De qué curso eres?
—De primero de bachiller.
—Bachiller, bachiller. —Murmura buscando unos papeles—. ¿Tú nombre?
—Annie Stons.
—¡Joder, encima eres de las ultimas!
“¡Como si yo tuviera la culpa!” Piensa.
—Efe, Eme, Pe, Erre, ¡Ese! Aquí estás. Veamos. ¿A ciencias me equivoco?
—No, no se equivoca. Voy a ciencias.
—Muy bien. Sígueme. Vas a 1ºB.
—¿Hay un primero A?
—Pues claro, ¿qué te pensabas? Está el primero de ciencias y el primero de letras.
—Ah.
“¿Y ella que sabia?”
Subimos por unas escaleras hasta el segundo piso y nos dirigimos por un estrecho pasillo. Entramos en una clase. El profesor aún no ha llegado. Los chavales hablan animadamente, ríen, unos están sentados sobre las mesas, otros de pie, haciendo el payaso…
—¿Pero se puede saber qué es todo este alboroto?
Todos se sentaron en las sillas y el alboroto cesó.
—¿Pensáis quedaros callados o vais a contestarme?
“Pues si que tiene mala leche la tía, espero no tener que ir mucho por secretaria”
—Pues, es que como el profe aún no ha venido…
—¡Siéntese Raúl! Y ahora no quiero ver un solo culo fuera de su sitio, ni oír ni una mosca hasta que llegue el profesor ¿entendido?
—¿Dónde me siento?
—Pues en algún sitio vacío hija. ¿O es que también te tengo que acompañar hasta tú pupitre?
—Eh. No, no.
Annie se dirigió hacia el primer sitio vacío que vio. En él había una mochila. No quería parecer antipática así es que le preguntó al compañero que estaba al lado.
—Perdona, esto…
—Lucas, seguro que habrás odio hablar de mí.
—Pues esto. No. Lo siento.
—¿No? ¿Estás segura?
—Completamente. ¿Está ocupado este sitio?
—Sí, ahí va mi mochila.
“No pierdas los nervios Annie” pensaba esta.
—Es que es el único sitio libre.
—Pero no está libre. Ahí va mi mochila.
—Bueno, pues la mochila se va y viene Annie. —Dijo mientras quitaba la mochila de este.
—¿Perdona? Yo no te he dado permiso para que toques mi mochila.
—Ni yo para que me toques las narices. Y ahora si te gusta como si no, me voy a sentar aquí y si no te gusta, pues se siente.
“Tiene carácter la nueva. No, Lucas. Eres un demonio, solo estás aquí para cumplir una misión. Bueno pero liarte con ella, no supone ningún obstáculo.”
“No si encima de que soy nueva voy a tener que pasarme todo el curso aguantando al idiota de turno.”
El profesor vino y la clase comenzó. Annie no había tenido un buen comienzo. La mañana empeoró, aunque parezca mentira. A tercera hora, justo antes del patio. Vino el director. Se oyeron murmullos tipo:
“Tío, que ya viene a buscarte otra vez.”
“¿Y ahora qué has hecho?”
—Buenos días.
—Buenos días.
—Verán tengo una mala noticia que darles: al parecer al mediodía de ayer, su compañera Sandra desapareció. Sé que no era una compañera muy apreciada por todos ustedes, aunque desconozco la razón, personalmente creo que es muy simpática. Pero a lo que iba, ayer al mediodía Sandra bajo a comprar el pan y no regresó. El panadero ha asegurado que por allí no apareció, y nadie parece haberla visto. Se dejó el ordenador encendido con el MSN puesto y sus padres, preocupados, miraron las conversaciones abiertas, para ver si había quedado con alguien, pero a todos les había dicho que volvía en diez minutos. Nada parece indicar que se haya ido por propia voluntad. Sus padres creen que se trata de un secuestro. Por favor si alguno de ustedes sabe o ha visto algo, comuníquenmelo enseguida.
Salió del aula dejando un murmullo tras de sí. Todos se preguntaban que le había pasado a Sandra, nadie solía hablar con ella, aunque todos sabían quién era el culpable de eso. Sonó la campana y todos huyeron del aula. Un chico alto, de ojos verdes, castaño y muy guapo, por cierto, se acercó a Annie:
—Hola, tú eres Annie. Yo me llamo Raúl.
—Encantada.
—Bueno ¿Qué tal tú primer día? No has empezado con muy buen pie, el primer día y ya han secuestrado a una alumna. Espero que no te hayas asustado, este instituto suele ser muy normal. Bueno casi siempre. —Dijo con una sonrisa.
—Es mi mejor amiga.
—Oh, lo siento mucho.
—Tranquilo, yo también me acabo de enterar, nunca he conocido a sus padres y supongo que ellos no sabían de mi existencia, me hubiesen llamado de lo contrario. Pero, ¿por qué nadie le hablaba a Sandra? Nunca me lo comentó.
—Por culpa de Pablo, el matón de clase. Sandra se llevaba bien con todos, hasta que empezó a salir con Pablo y cansada de él le dejo. Desde entonces Pablo le ha hecho la vida imposible, si alguien intentaba hablar con ella también le hacia la vida imposible. Es mejor no meterse. —Esta última frase la dijo con desagrado.
—¿Dónde está ese Pablo? Que le voy a decir cuatro cositas bien dichas. —Dijo alejándose con paso firme.
—¡Hey, para el carro! ¿Qué quieres que te haga la vida imposible también a ti o qué? —Dijo agarrándola del brazo.
—Está bien, no iré a por él. ¿Tú qué crees que le ha pasado a Sandra?
—No lo sé.
—¡Joder, ni yo! ¿Pero qué opinas de todo esto? ¿No te parece un poco extraño?
—¿Extraño? ¿En qué sentido?
—Pues en el sentido de que yo si voy a buscar el pan no desaparezco, vamos. No, a Sandra le ha pasado algo, lo sé, la conozco demasiado. Y yo voy a averiguar que le ha pasado.
“Que fácil ha resultado. Al final no me va a costar tanto cumplir con mi misión”
—Bueno si necesitas ayuda, aquí me tienes.
—Y a mí también.
—¿Qué? No, tú no tienes porque intervenir Lucas.
—Lo sé, pero quiero hacerlo. Si necesitas ayuda Annie, aquí me tienes.
—¿Y qué ganas tú con ayudarme a mí y a Sandra?
—Nada solo quiero ayudar.
—Já. Seguro. —Dijo con ironía—. Va en serio. ¿Qué quieres conseguir con esto?
—Nada, en serio. Solo quiero ayudar.
—Tú nunca quieres ayudar. Está en tu naturaleza.
—Bueno Raúl, pues esta vez quiero ayudar.
—¿De verdad? ¿Te vas a portar bien? Hagamos un trato yo te dejo ayudar, pero tú, te vuelves una persona soportable.
—¿Qué quieres decir con eso? —Dice malhumorado—. Yo soy una persona muy soportable.
—¿Sí? ¿Y por eso me has tratado así en clase?
—Bueno eso ha sido…
—Solo di: perdón y acepta el trato. —Dijo con una sonrisa maliciosa.
—Ppp-ee. Bueno pues eso que acepto el trato.
—No has dicho perdón. ¿No puedes?
—Claro que puedo, idiota, pero es que ya lo he dicho. Aunque si no me habéis oído... No es culpa mía que estéis sordos.
—Mira vamos a hacer una cosa, te la voy a pasar por qué me has caído bien, pero la próxima vez tendrás que pedirlo. ¿Estamos?
—A sus órdenes majestad. —Dijo haciendo una reverencia.
“Si supieras que te la paso porque estas cañón…”
“Bien, ya estoy dentro y además muy cerca. Así podré tener vigilado al angelito este”.
Sonó el timbre y volvieron a clase, les quedaban tres largas horas. Annie, seguía sentada al lado de Lucas. Se pasaron toda la hora hablando, hasta que fueron interrumpidos:
—¿Y tú qué crees que le ha pasado a Sandra?
—Esa simplemente se habrá ido con el novio, si es que tiene, por ahí y listo. Yo no investigaría mucho.
—Entonces no nos ayudes. Sé que ella no haría esa, estoy segura de ello.
—Sí, quiero ayudar.
—Pero, ¿por qué?
—Ya te lo he dicho, porque quiero. ¿Qué pasa que no me imaginas ayudándote o qué?
—¿La verdad? No.
—Eso es porque no me conoces.
— ues va a ser. Es mi primer día ¿recuerdas?
—Los nuevos, u os calláis u os echo de clase, ¿entendido?
—Sííííí.
“Pelmazo” Pensó Annie.
El resto de las horas transcurrieron despacio, pero las clases aburridas es lo que tiene.
A la salida del instituto…
—Raúl, ¿quedamos está tarde para investigar por donde vive Sandra?
—Sí, por mí perfecto.
—Vale, pues esta tarde nos vemos… ¿Dónde?
—¿Dónde vives?
—En Ghillie Dhu, el pueblo que está…
—Sí, sí. Lo conozco.
—Vale, pues… ¿quedamos en la entrada al pueblo? En la que está la parada del bus.
—Perfecto. Esta tarde nos vemos. —Y dicho esto se alejó.
—¡Aviso a Lucas! —Le gritó.
“Genial, encima confía en él. Que decepción te vas a llevar cuando sepas como es realmente, Annie.” pensó Raúl.
—¡Hey, Lucas! Hemos quedado esta tarde para investigar, ¿te vienes?
—Claro, ya te dije que quería ayudar.
—Vale, pues hemos quedado en la entrada de Ghillie Dhu ¿Sabes dónde está?
—No te preocupes vivo cerca de Raúl. Iré con él.
—Ah ¿sí? No me habíais dicho nada. Pues os veo allí.
—Adiós, princesa.
—¿Princesa?—Preguntó con una amplia sonrisa.
—¿Te molesta que te llamé así?
—No, puedes hacerlo. Bueno adiós. — Dijo alejándose.
“Es un imbécil, pero es más monooo!”
“Jajaja, princesa. Solo tengo que halagarla un poco y caerá rendida a mis pies. La podré utilizar para satisfacer mis caprichos de demonio y a la vez podré cumplir mi misión. Esto va a ser pan comido.”
En casa de Annie, media hora más tarde…
—¡Hola, mamá! Ya estoy en casa.
—¡Hola, cariño! ¿Qué tal el primer día?
—¡Muy bien! —Dice contenta—. Ya he hecho amigos, pero lo malo del día ha sido que Sandra desapareció ayer.
—¿Cómo que ha desaparecido? ¿No ha ido hoy a clase?
—No, ayer fue a comprar el pan y no volvió.
—¿Cómo? —Dice estupefacta.
—Pues lo que oyes, eso nos ha dicho el dire.
—¿Tú estás segura de que has oído bien? Eso suena un poco raro. Además te avisarían sus padres ¿no?
— Mamá, no me conocen. Y es lo que nos han dicho.
—Bueno, bueno. —Dice mientras le pone un plato de sopa en la mesa—. Siéntate a comer anda.
—Dejo la mochila en el cuarto y voy.

Annie subió corriendo a su habitación, y tras tirar la mochila encima de la cama volvió a bajar a comerse la sopa.
En otra casa lejos de ese pueblo.
—¿Por qué lo has hecho?
—Raúl, ¿todavía no lo entiendes? Soy un demonio, ¿qué esperabas?
—Esperaba que intentases cumplir tu misión, no que intentases usar a Annie como otro de tus caprichos.
—Mira, no eres mi jefe para decirme lo que tengo o no que hacer, ¿vale? Ya tengo bastante con que esta casa apeste a Ángel.
—Haberle pedido a tu jefe una casa.
—Sabes que no me la habría dado. Él solo me dijo: cumple la misión o vuelve sin haberlo hecho y pasarás el resto de tu miserable existencia agonizando.
—Pues entonces deberías darme las gracias por dejarte estar aquí y no quejarte por como huele la casa.
—¿De verdad? ¿Esperas conseguir que un demonio te dé las gracias?
—Podrías intentarlo.
—Rotundamente, no. ¿A qué hora hemos quedado con Annie?
—A las cuatro, falta una hora. Y te aviso que como hagas algún truco sucio yo…
—¿Me estás amenazando? Estar en la Tierra te está afectando ángelito. Las amenazas no son propias de los ángeles.
—Tienes razón, pero no es la Tierra. Eres tú. El pasar tanto tiempo junto a un demonio me está afectando, y demasiado.
—Pues vete acostumbrándote, aún tenemos que estar aquí un par de días. —Dice mientras se acomoda en el sofá.
—No desordenes mucho, me voy a dar una ducha antes de irnos. Y tú deberías hacer lo mismo si quieres conservar la apariencia humana que nos han dado.
—Sí, sí. Ahora cuando volvamos. Quiero ver cómo funciona este cacharro. —Dice dándole la vuelta al mando de la televisión.
“Van a ser unos meses muy largos”. Piensa Raúl mientras se dirige a la ducha.
Cuatro de la tarde, entrada de Ghillie Dhu
Lucas y Raúl esperan a Annie. Cuando ven que esta echa a correr hacia ellos.
—Uf… Pensaba que llegaba tarde. —Dice mientras recupera el aliento.
—Tranquila, bueno, ¿a dónde vamos?
—A la calle de Sandra, ¿no?
—¿Y por qué no vamos antes a tomar algo?
—Creía que habíamos venido aquí a investigar. No a tomar algo.
—Solo era una idea. Te dejaría sentarte a mí lado, princesa. Si es ese el problema.
—El problema es que tú te lo crees mucho. Vayamos a la panadería a preguntar, anda.
Se dirigen hacía allí. Entran en la tienda y preguntan al panadero. Esté les dice lo que ya había dicho a la policía: que no vio nada. Entonces entró una señora en la panadería y escuchó la conversación.
—¡Ay! Pero si yo la vi, que la subían a un coche.
—¿Cómo a un coche?
—Sí, hombre. Unos señores la subieron a un coche y se la llevaron.
—¿Y usted no les dijo nada? ¡La estaban secuestrando!
—Ay, es que como los jóvenes de hoy en día hacéis cosas tan raras… ¿Me das una baguette?
Y dicho eso se fue.
“Pues pa´ mí que la rara es ella”, pensó Annie. Salieron de la panadería tras despedirse del panadero. Echaron a andar por la plaza.





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por maniarbl el Jue 28 Feb 2013 - 1:00

Hola!!! Desde hoy sigo la lectura de tu historia.

Besos.






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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por andre1105 el Mar 5 Mar 2013 - 19:06

HOLA me gusto tu historia y voy a continuarla
andre1105


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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Miér 6 Mar 2013 - 18:26

Gracias por pasaros y comentar, chicas. Os dejo el nuevo capi, espero que os guste :)



Capítulo 2


—Entonces sí que la secuestraron.
—Eso parece, en fin misterio resuelto. ¿Vamos ahora a tomar algo?
—¿Por qué tienes ese empeño en que vayamos a tomar algo?
—Porque quiero invitarte a algo, princesa.
—Bueno, pues ya iremos luego. —Dijo mientras se sonrojaba—. ¿Por qué creéis que la secuestraron?
—¡Qué sé yo! La verían y dirían esta tiene pasta vamos a secuestrarla. ¿Qué? —Dijo al ver sus caras—. Es una buena teoría.
—Ya… Igual la necesitaban para algo. Podríamos mirar por ahí. Igual hay alguna marca de que la forzasen a subir al coche o podríamos preguntar. Quizás alguien más vio algo.
Llegaron a la esquina de la calle dónde se suponía que todo había pasado. Pero no había nada que indicase que ahí había pasado algo. Los chicos decidieron separarse, cada uno iría preguntando por un lado y después se reunirían en la cafetería, para tomar algo. “Ya era hora” había pensado Lucas.
En una casa alejada de la ciudad
—Muy bien, Sandra. Vas a bajar ahí y vas a hacer lo que te hemos dicho, ¿está claro? Y si dices algo. Ya sabes lo que pasará. Yo que tú no intentaría nada.
—Sí. —Dice temblando.
Baja las escaleras y entra en la otra habitación. No está preparada para ello, no puede siquiera pensarlo. “¿Por qué a mí?“, piensa desconsoladamente, “yo no he hecho nada para merecerme esto, claro que ninguna de las que estamos aquí se lo merece”. Un hombre la espera en la habitación.
La habitación está pintada de un color morado clarito, color que a Sandra le infunde tranquilidad. Pero, a pesar de ello, Sandra no está preparada.

—Ya era hora. ¿Empezamos?
—Yo… No puedo. —Dice saliendo de la habitación.
—Sandra, ¿qué estás haciendo? ¡Entra ahí ahora mismo!
—No puedo, no puedo. —Dice llorando y cayendo al suelo.
Unas horas más tarde en una casa de Ghillie Dhu
Rose, la madre de Sandra llora desconsoladamente en brazos de su marido.
—Aparecerá, ¿verdad?
—Claro que sí. Aparecerá o perseguiré medio, no, el mundo entero buscándola.
Jared y Rose se abrazan más fuerte reconfortándose mutuamente. Nunca pensaron que a ellos les pudiera pasar eso. Lo que más les fastidiaba era que nadie supiera nada. Volvieron a llamar a la policía para saber si había novedades, pero no había ninguna. Nadie se imagina lo que es perder una hija, pero ellos lo sabían. Y no se lo desearían ni al peor de sus enemigos.
Diez de la noche, en una casa alejada de la ciudad
En una habitación vacía de la casa un hombre le está dando una buena paliza a Sandra que acepta todos los golpes sin apenas moverse, prefiere que el castigo haya sido solo para ella. No quiere que peguen también a sus compañeras. “Ellas no tienen la culpa”, piensa.
El hombre parece disfrutar pegándole, sin remordimiento alguno, hasta hacerle sangrar y llenarla de moratones. Cuando ya está satisfecho la deja tirada en el suelo y sale de la habitación. Sandra se agarra de las rodillas y se balancea, presa del miedo. Y llora desconsoladamente. De repente oye la puerta abrirse silenciosamente. “Oh no, ha vuelto”, piensa cerrando los ojos. Pero sonríe al ver que quien entra es otra persona.
—¡Jake! —Dice saltando a sus brazos—. ¿Qué haces aquí?
—Vengo a curarte, te oí. No puedo dejarte así.
—Pero si tu padre se entera…
—¡Me importa una mierda lo que me haga mi padre! No puedo dejarte así.
Jake es un chico castaño de ojos verdes y alto. Abre el maletín que lleva consigo y saca el agua oxigenada y el algodón. Empieza a curar las heridas que llenan todo el cuerpo de Sandra, mientras está se lo agradece profundamente.
Esa misma hora, en casa de Annie
Annie llega a casa, le da un beso en la mejilla a su madre como saludo y sube a su habitación. Se tumba en la cama a pensar.
“Ha sido un día duro”, piensa mientras recuerda los interrogatorios. Ella ha preguntado a un par de señoras, pero no ha tenido suerte. Lucas y Raúl tampoco han tenido mucha suerte. Aunque Lucas no ha puesto mucho de su parte en intentar averiguar algo. Después han ido a tomar algo, como habían quedado. Lucas les ha invitado a todos a un refresco. No te acostumbres a que lo haga, le había dicho Raúl. Ella simplemente se había reído. Raúl y Lucas le caían bien, eran un poco raritos, pero majos al fin y al cabo. Aunque había algo en ellos… Algo que no sabía bien lo que era, pero que estaba ahí. No sabía explicar que era, pero tenían algo extraño.
—¡Cariño, al teléfono!
—¡Voy! —Dice mientras se lanza escaleras abajo.
Era Raúl que le llamaba para quedar mañana para ir a clase.
A esa misma hora, en una casa lejana a esa
Raúl acaba de quedar con Sandra para ir mañana a clase. Mientras, Lucas sigue intentando averiguar cómo funciona el televisor. Raúl alza los ojos al cielo.
A la mañana siguiente, en la puerta del instituto
Nuestros chicos se encuentran en la entrada del instituto y, juntos se dirigen a clase. Mientras esperan al profesor retoman la conversación del día anterior.
—Podríamos hablar con los padres de Sandra. Si alguien sabe algo son ellos seguro.
—Ya… pero tío, tú imagínate que pierdes a tu hija y encima no paran de preguntarte sobre ella.
—Bueno, ¿Y si lo dejamos por hoy? Tengo una idea para esta tarde.
—¿Qué idea? —Dice desconfiada.
—Hoy es viernes, ¿a qué hora tienes que volver a casa?
—Puedo volver tarde si ese es el problema. ¿Sabes? El toque de queda de los viernes me lo quitaron hace ya. Y, ¿adónde vamos?
—Al parque de atracciones. Bueno, más bien, a la casa del terror.
—¿Qué? Pero… ¿Tú sabes el cague que da esa casa? Que a mí me contaron como era antes de venir aquí. Bueno vale que soy un pelín miedosilla, pero…
—Bueno, vale. Si tanto miedo te da no vamos, miedosilla. No, es mejor montar en el tren de la bruja, ¿o ese también te da miedo? —Dice con un tono lleno de burla.
Oye, perdona, sin pasarse ¿eh? Está bien, vamos a ir y yo voy a entrar la primera. —Dice chula.
“Perfecto, así se distraerán de seguir investigando”, piensa Lucas.
El profesor llega y todos se sientan en sus sitios. Las próximas clases pasan sin novedad.
En una casa alejada de la ciudad
—¡Hey! ¿Cómo estás?
—Mejor, pero me duele todo. Tu padre me dio una buena paliza.
—Lo sé… Lo siento mucho. —Dice apenado—. Si por mi fuera ahora mismo os sacaría a todas de aquí, pero la puerta está vigilada. Yo ya no sé qué decirle a mi padre. He intentado de todas las formas posibles hacerle entrar en razón pero no hay forma.
La puerta de la habitación se abre de golpe interrumpiendo a ambos. El padre de Jake, un hombre de ojos marrones y mirada asesina, robusto y con cara de pocos amigos irrumpe en la habitación sobresaltándolos.
—¡Jake! ¡¿Qué narices estás haciendo aquí?¡ ¿Cuántas veces te tengo que decir que son nuestras rehenes y no nuestras amigas? ¡Sal de aquí inmediatamente, si no quieres que te meta una buena ondanada de ostias!
—Sí, papá. —Dice en tono de enfado.
—¡Y a mí no me hables con ese tono! Y tú, —dice señalando a Sandra— tengo otro trabajo para ti. Y como me vuelvas a fallar, te juro que te vas a arrepentir toda tu miserable vida. ¡¿Esta claro?!





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por maniarbl el Sáb 16 Mar 2013 - 1:22

Gracias Enertiz, me gusta la historia!!!






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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Miér 27 Mar 2013 - 12:01

Os dejo nuevo capi chicas! He estado un poco ocupada y no os lo he podido traer antes :$

Capítulo 3

Unas horas más tarde, en un parque de atracciones
Nuestros chicos esperan en la cola para entrar en la casa encantada. Annie tiene mucho miedo, no quiere entrar, pero no piensa quedar mal delante de los chicos. La cola se va acercando poco a poco y ya solo faltan cinco personas para que entren ellos.
—Raúl, ¿me prometes una cosa? —Dice con tono de súplica.
—Claro, pero, ¿qué te pasa? Estás muy pálida.
—No es nada, de verdad. Tú solo prométeme que vas a evitar que salga corriendo.
—¿Tiene miedo la niña? —Dice Lucas con tono burlón—. Vamos anda, nos toca. Ven. —Dice ofreciéndole su mano.
Annie le saca la lengua y no la acepta. Raúl también se la ofrece y esta vez sí la acepta. Entran dentro de la casa y se suben al tren que les llevará por toda la casa en su recorrido. Annie se sienta en medio de los dos chicos. El tren es el típico que es como una montaña rusa por toda una casa. Lucas se lo pasa como un niño pequeño, mientras que Annie pasa tanto miedo que acaba escondida entre los brazos de Raúl que le susurra palabras tranquilizantes como: “tranquila, ya pronto acaba, o ya falta poco”. Después de ir a la casa, Annie les invita a su casa, ya que sus padres han salido de cena.
En casa de Annie Lucas y Raúl se sientan en el sofá, mientras que Annie va a la cocina a por algo de beber.
—Podéis encender la tele si queréis ¿eh? —Dice desde la cocina—. ¿Qué queréis tomar?
—Yo lo que sea, no tengo mucha sed, la verdad.
—¡Oído cocina! —Dice volviendo con tres coca-colas—. Lucas anda enciende la tele que ya os he dicho que podéis hacerlo.
—Claro, esto… —Dice dudando de cómo encenderla.
—Tienes el mando ahí. —Dice señalando un mando negro.
—Ah, vale. Pues… la enciendo. —Dice mientras mira y remira el mando.
“Como narices se encenderá este cacharro”, piensa.
—Hijo mío, dale al botón rojo.
—Joder lo podrías haber dicho antes. —Dice pulsándolo.
—Hijo, es que es de cajón, vamos.
—Oye pues yo qué sabía.
—Nunca has usado una televisión o ¿qué?
—Es que venimos de un pueblo… que esto también es un pueblo, pero el nuestro era más pequeño… osea que era un pueblo, pero no como este y… es que allí no se usa esta… ¿Cómo la has llamado?
—Televisión, ¿no?
—¿Sí?, pues no lo sabía. ¡Me lo podríais haber dicho, hombre!
—Ya… es que no se nos ocurrió.
Annie puso una película en la televisión y pasaron el resto de la noche viéndola. Cuando terminó Lucas volvió a la carga:
—¿Por qué no vamos a tomar algo?
—¿Ahora? Si son las once de la noche.
—Annie tiene razón, es tarde.
—Venga, no me seáis quisquillosos. ¿Qué pasa que os da miedo la oscuridad?
—¡Vale! No sé como ostias lo haces pero siempre me convences, vamos anda. —Dice Annie apagando la televisión y cogiendo un abrigo y las llaves.
Lucas los llevó hasta un bar y se sentaron en una de las mesas libres.
—Voy yo a pedir, ¿qué queréis?
—Una coca-cola.
—¡Si te acabas de tomar una! Yo quiero… no sé, sorpréndeme.
—Ya lo sé, pero me gusta.
—Bien, una coca-cola y una sorpresa. Apuntado. —Dice alejándose.
Al rato vuelve con la coca-cola y dos vasos que también parecen coca-cola.
—¿Qué has pedido para ti y para Lucas? ¿Otra coca-cola?
—No, esto es vodka con coca-cola. Ten. —Dice poniéndoselo a Raúl delante.
—¿Y te lo han vendido? Quiero decir que somos menores y se supone que te piden el carné. Aún nos queda un año.
—Pues a mí no me lo han pedido. —Dice enseñando una sonrisa de perfilados dientes blancos que a cualquier chica derretiría.
—Pues dame un traguito. —Dice quitándole el vaso.
—No, no, este es mío. —Dice apartándoselo.
—Ten, bebe del mío.
Pasaron el resto de la noche así, tomando algo. Pero, por desgracia, perdieron la cuenta y se pasaron un poco. Raúl no había bebido casi, pero Lucas estaba muy borracho. No podían llevar a Annie a su casa así, así es que volvieron a casa de Annie con la esperanza de que sus padres no hubiesen vuelto. Y como tuvieron suerte entraron en la casa y les dejaron una nota a los padres de Annie de parte de Annie, con la esperanza de que se lo tragaran. Después llevaron a Annie hasta su casa y cada uno se acostó en su habitación. Annie en la de invitados.
A la mañana siguiente en la casa del ángel

Annie se despierta. Tiene un fuerte dolor de cabeza y no recuerda nada. “¿Dónde estoy? Y, ¿cómo he llegado hasta aquí?”, piensa. Se da la vuelta para levantarse y mirar donde está. Pero cambia totalmente de parecer al ver a Lucas tumbado a su lado.
—Buenos días, princesa.
—¿Qué pasó anoche? —Pregunta ya totalmente despierta.





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por maniarbl el Miér 3 Abr 2013 - 3:40

Gracias Eneritz!!!

Sigue escribiendo así!!!






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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por Eneritz el Jue 18 Abr 2013 - 19:51

Vale por fin puedo dejaros el capi 4, espero que os guste, es cortito, pero porque tenía que cortarlo ahí :)

Capítulo 4


En una casa de Ghillie Dhu

—Cariño, ha llamado la policía, creen que han encontrado una pista.
—Vamos, corre. —Dice cogiendo su bolso y su abrigo.
Salen por la puerta y cogen el ascensor para bajar al garaje. Jared conduce nervioso, pero contento de que se sepa algo. Llegan a comisaría y, sin perder ni un segundo, van a hablar con el comisario. Este les cuenta que ha llamado una señora diciendo que había visto como se la llevaban, era una anciana y no se había enterado de que era un secuestro.
—Hemos estado investigando y no hemos encontrado nada en el lugar que nos han dicho. Pero hemos revisado un par de papeles y su hija parece ser que no ha sido la única en ser secuestrada durante el último mes. En el último mes han desaparecido más de diez chicas, todas de la misma edad más o menos.
—Pero, ¿quién va a querer secuestrarlas?
—Eso no es todo. ¿Les suena de algo? —Dice enseñándoles una camiseta azul con una mariposa de color morado en el centro.
—Su camiseta… —Dice cogiéndola y abrazando a su mujer.
—Era su favorita… —Dice llorando—. La llevaba puesta cuando desapareció. ¿Por qué está llena de sangre?
—La hemos encontrado en una casa a las afueras de la ciudad. Suponemos que la maltrataban. ¿Están seguros que era suyo?
—Sí, es imposible que alguna chica que viviese aquí la tuviese también. Se la compramos en unas vacaciones.
—Bien, pues… Les llamaremos cuando sepamos algo más.
—¿Cómo que nos llamaran? ¡Quiero, exijo, que me digan ahora mismo donde esta mi niña! ¡Joder, que la han secuestrado y la están maltratando y pretende que me quede de brazos cruzados!
—Señora, hacemos lo que podemos. Estamos investigando la casa en la que ha aparecido la camiseta, pero está vacía. No quedaba nada salvo esta camiseta y algo de comida. Se han debido de olvidar de hacer desaparecer la camiseta. Ahora si me acompañan a la salida. —Dice indicándoles el camino con el brazo.
Rose y Jared volvieron a su casa, más destrozados si cabe, pero sabiendo algo más de su hija, por lo menos.
En una casa lejos de la de Sandra

Jake está discutiendo con su padre por haberle hecho mudarse otra vez de casa. “Siempre es la misma historia: cree que le va a pillar la pasma y hala, a la mierda con todo, nos mudamos y listo”, piensa. Unos “matones” están haciendo entrar a las quince chicas que tiene como rehenes en el grupo. Alguna que otra tiene algunas marcas muy feas de alguna paliza dada por intentar escaparse. Los “matones” las hacen pasar adentro, mientras, Jake sigue discutiendo con su padre para que las deje irse. Es algo habitual entre ellos dos, su padre es el jefe, “el pez gordo” de la operación y no está dispuesto a soltarlas, sin embargo Jake insiste e insiste para conseguir que lo haga y nunca desiste en su empeño. Cuando su padre ya está cansado de escucharlo le mete una paliza, como hace con cada persona que se interpone en su camino, y le hace callar. Pero Jake ya tiene dieciséis años, piensa largarse de ahí y mandarlo todo a la mierda, o eso pensaba hacer hasta que llego Sandra.
Desde que ella llegó Jake sabe que no puede irse, que tiene que quedarse ahí, con ella. No sabe cómo ni por qué, pero no puede dejarla ahí indefensa frente a su padre. Es un sentimiento que nunca antes había experimentado, tal vez tenga algo que ver que nunca antes ha tenido tanto trato con las rehenes como con Sandra, pero no puede apartarse de ella. Ni dejar que su padre le pegue sin hacer nada para evitarlo. La ve pasar junto al resto de rehenes y hace ademán de ir hacia ella, pero su padre le agarra del cuello.
—¡Escúchame miserable mocoso! Te guste o no soy tu padre y hasta que no cumplas la mayoría de edad harás lo que yo diga y cuando yo diga. ¡¿Está claro?! —Dice sin soltarlo.
—No… no me dejas… respirar. —Dice entrecortado.
—¡¿Está claro?!
—¡SÍ!
—Bien. —Dice soltándolo—. Y ahora vete. Largo de aquí. ¡Y que no te vea acercarte a mis chicas!
Jake echa a correr hacia su habitación, se calza las deportivas y sale de la casa en dirección al monte. Es lo único que le calma, echar a correr hacia el monte y cuando ya ha subido lo suficientemente arriba, cuando ya nadie puede oírle: gritar con todas sus fuerzas como si su vida dependiese de ello.
Esa mañana en casa de Annie

Los padres de Annie se levantan y suben a la habitación de su hija a ver si ya ha vuelto. Pero la cama sigue vacía, al parecer aún no ha vuelto. Bajan a la cocina a mirar y, al tampoco encontrarla, la llaman.
—Hola, cariño. ¿Vas a quedarte a comer en casa de Emily?
—¿Emily?
—Sí, en la nota que nos dejaste anoche decías que te quedabas a dormir en casa de una tal Emily.
—¡Ostras, sí! ¿Puse Emily? Dios, que mal que estoy. —Dice disimulando y tratando de arreglarlo—. Emily es su hermana, yo estoy ahora con Kaitlyn que es con la que he dormido. No sé porque puse el nombre de su hermana. Bueno, pues sí, me voy a quedar a comer, es que… me quiere enseñar un par de cosas. Ya sabes lo que me cuesta hacer amigos, papi. No quiero desaprovechar la oportunidad.
—Bien, pues hasta esta tarde.
—Adiós, papi. Un beso para ti y otro para mami.
—¿Qué? ¿Se queda a comer o no?
—Sí, se queda y ponme un café haber si me despejo, que tengo una resaca… —Dice masajeándose la frente.





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Re: Las apariencias engañan

Mensaje por iels010 el Vie 19 Abr 2013 - 0:07

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Re: Las apariencias engañan

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