Bienvenido Usuari@!
No estás conectad@, por favor CONÉCTATE o REGISTRATE pinchando en este cuadro.

El juego de la mentira

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El juego de la mentira

Mensaje por Guilleermo el Dom 15 Jul 2012 - 14:20

Así empezó todo…

Hacía demasiado calor, lo que hacía que la clase de Historia fuera aún más aburrida. Aunque es normal que haga calor, ya que es verano y en esta zona de Los Ángeles el bochorno es sofocante.
El profesor no para de hablar pero nadie le presta atención. Todos los alumnos están ansiosos de que acaben las clases, porque al sonar el timbre serán “libres” para poder disfrutar del verano a la espera de un nuevo curso.
Incluso Sara, la mas inteligente del aula, esta pasando del maestro escribiendo en el libro con un lápiz Faber Castell mientras que con la otra mano se acaricia un largo mechón de color caoba de su cabello. Esta deseando que llegue el verano para lucir su esbelto cuerpo en las playas del Caribe donde ira con Marine.
Ella tampoco está prestando atención. Tras estar mirando un largo rato el techo baja la cabeza y se observa detenidamente en el espejito que tiene escondido entre el libro y estuche. Sus ojos castaños se vuelven más claros y su pelo color avellana se transforma en un tono más rojizo a la luz del sol, y eso le encanta por que le hace más atractiva.
Absorta por su imagen, se saca de su estuche su brillo de labios de Artristy rosa y los embadurna con el. Cuando terminase vuelve hacia su novio Alan y lanza un besito al aire.
Emm les observa pacientemente, pero inmediatamente vuelve a prestar atención a la clase. Historia es su asignatura favorita. Sin embargo, cede por las ansias que tiene que comiencen las vacaciones.
Extiende el brazo sobre el pupitre y apoya la cabeza sobre el, y empieza a imaginarse a ella en la playa de puerto Vallarta, México, lugar donde ira en sus días de descanso ya que su madre es de esa nacionalidad.
Se incorpora sobre el asiento y echa ligeramente sobre el respaldo, disfrutando de la acaricia de la luz sobre su tez morena.
Tan solo faltan cinco minutos para que la clase acabe, pero se comienzan a hacer eternos.
Sean comienza a deslizar su mano sobre su rubio y corto cabello. Se siente incomodo porque descubre que alguien le está mirando. Es Ashley Becker.
Siempre ha sabido que ella le quería, pero el no sentía lo mismo y, además, le gustaba su soltería.
Aunque si el quisiera podría tener a cualquier chica. Un día, mientras se tomaba su Coca-cola Cherry que se bebe siempre después de cada entrenamiento, escuchó a Lisa McField, a Selena Stunt y al resto de chicas del club de las animadoras que decían que el era el chico más guapo del instituto.

Por fin suena la campana y salen corriendo de la sala tan rápido como le permiten sus piernas.
En el pasillo el ambiente aun está más cargado.
Sara se reúne con sus amigos pero alguien le agarra del brazo y le da un beso en sus finos labios rosáceos.
Era Daniel, que estaba en el aula de Biología.
Ella lo amaba con locura, y además, le encanta el contraste de sus ojos azul cielo con su oscura cabellera.
Marine, agarrada al fuerte brazo de Alan, escucha su nombre entre la multitud de palabras que vuelan por el corredor.
Era Alessia, que lucía despampanante con sus shorts de Pepe Jeans y un top de DKNY a juego con unas Convers.
Sin duda, era una de las más guapas y populares del instituto. Su larga melena ondulada rubia caía sobre sus espaldas mostrando los diferentes mechones, algunos dorados y la mayoría de rubio ceniza o amarillo.
Pero a pesar de ser la más preciosa, se había ganado el mote de “Barbie diabólica”, “zorra fucsia” o “el anticristo de Los Ángeles”. Y es que aunque tuviera unos inocentes ojos verdes, era malvada y cruel.
- ¡Hola chicos! -dijo con una voz dulce y amable.- ¿Habéis visto a Josh?
-No, me parece que se ha saltado la última clase.-contesta Emm.
-No pasa nada; ya hablare más tarde con el… bueno, ¿preparados para la fiesta?
-¡Si!-afirma Sara entusiasmada.- ¡Será la mejor fiesta de todas nuestras vidas!
Risas, risas y risas… Quien iba a decir que ese iba a ser el último verano de Alessia Rumsfield…


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por Guilleermo el Dom 15 Jul 2012 - 20:28

1
No lo cuentes

Las risas se han acabado y se han transformado en llantos. Los días de descanso se han terminado.
El caluroso ambiente ha cambiado, y ahora hace frío, y las nubes que anuncian tormenta entaponan el cielo y le dan al cementerio un aspecto siniestro.
A Alessia le habría encantado… todos a su alrededor como si ella fuera el centro del mundo… aunque está muerta.
Después de su muerte en la fiesta del campamento las preguntas sobre lo ocurrido fluían de las bocas de la gente y las únicas personas capaces de responderlas eran sus amigos, pero ¿dirían la verdad?
Claro que no.

Marine era la primera en acercarse al ataúd con una ramo de margaritas en la mano (las favoritas de Alessia) y lo coloca suavemente sobre el. Después retrocede y se reúne con sus amigos.
Se agarra el extremo inferior de su vestido de Louis Vuitton negro y se lo estira hacia abajo para esconder el muslo.
Después de la muerte de Alessia había comido como una cerda y se sentía gorda.
Sara se aproxima a la tumba y le deja sobre ella un ramo de flores.
Esta demasiada afligida y se arrepiente de lo que hizo en la velada, pero a pesar de eso su mirada es fría y indiferente. No quiere mostrar ningún tipo de sentimiento que pueda hacer pensar a la gente que es débil.
Inmediatamente vuelve en si, se coloca bien el tirante de su atavío negro de Gucci que se le había caído sobre brazo, y vuelve al lado de su novio Daniel, que ya había depositado su manojo de gardenias sobre el féretro de pino.
La ultima en dejar el ramo es Emm, que necesita la ayuda Sean para dejarlo. Esta destrozada. Hacia días que no dejaba de llorar. Sus piernas estaban débiles, y su corto vestido de Versace gris muestra sus escuálidas extremidades, señal de que hacia días que no comía bien.
Sean deja sobre la lápida el ramillete, aun sujetando a Emm. Se acomoda al traje de Armani y regresa con el grupo agarrándola del antebrazo y la cintura.

Días atrás la policía les habían hecho preguntas sobre lo ocurrido, pero ellos se habían inventado la sentencia.
Si les contaran lo ocurrido en la fiesta sus vidas cambiarían para siempre, aunque después de lo ocurrido… sus vidas ya no son las mismas.

Sara vuelve la cabeza y observa a la señora Rumsfield, la madre de Alessia, sollozando por la pérdida de su hija. A pesar de eso esta deslumbrante con su cabello rubio ceniza y su vestido negro de encaje de Guess.
En seguida gira la testera hacia otro lado y observa a alguien en la lejanía. Un ente les observa detrás de un sauce. No le puede ver bien el rostro porque no se había puesto las lentillas, pero no le daba buena sensación.
Aunque ve mal, tiene un aspecto lúgubre y no sabría diferenciar si es hombre o mujer. Un escalofrío le recorre el cuerpo.
El sonido de la caja hundiéndose bajo tierra le distrae y vuelve a colocar la mirada sobre ella.

Cuando la ceremonia termina la gente empieza marcharse. Sin embargo ellos se quedan aun allí.
Sara vuelve a mirar a hacia el otro lado del camposanto, pero aquella persona ya no estaba.
-Tenemos que contarle a la policía lo que ocurrió…-suspiró Emm.
-¿Estas loca?-le interrumpe Marine arqueando una ceja.-Si lo hiciéramos nos meterían en la cárcel.
-¡Entonces que vamos a hacer!-sobresaltó Emm.- Yo no me puedo callar este secreto…
-Se lo prometimos a Alessia.-corta Sara.
-Si hubiéramos parado cuando aun teníamos tiempo, talvez Alessia seguiría viva y Mallory…-gime Emm.
-Ni la menciones…-le frena Sean.
-¡Joder, basta ya!-grita Daniel.-Le prometimos que no le contaríamos nada a nadie… ¡y tema zanjado!
Todos asienten a la vez mirando el suelo. Alguien les llama. Era el inspector Edison.
El detective era una persona muy seria, a pesar de que era joven y que cuando iba al instituto era un gamberro. Vestía con una camisa de color camel y unos pantalones de pana negros.
-¿Cuándo pensáis contar la verdad sobre la fiesta?
Esos vocablos fueron como una bomba nuclear para los chicos
-Esta claro que estáis mintiendo y cuando averigua lo que sucedió pienso tomar represalias…-y se largo, con un paso firme y decidido.
Hubo un silencio sepulcral. Sean alzo la cabeza y observo que la madre de Alessia los estaba mirando. Lo había escuchado todo…

Una bocina rompió el silencio. Era la madre de Sara.
Sin poder dejar de pensar en lo sucedido, se despide de sus amigos, le da un beso en los labios a su chico y se dirige al Mercedes de su padre.
Poco después llega el Porsche de la madre de Marine y todos se separan. ¿Qué ocurrió realmente en la fiesta?


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Nuevo capitulo

Mensaje por Guilleermo el Dom 15 Jul 2012 - 20:31

2
Que seas la más popular no quita que tengas problemas




<< El autobús llegó a casa de Alessia. Sin duda al padre de Sara le había costado una gran cantidad de dinero alquilarlo, pero para su familia eso no es problema. Están forrados.
Estaban enfrente de una enorme casa naranja, con el tejado violeta y rosales subiendo por las paredes.
De repente se abre la puerta blanca. Era Alessia. Caminaba con elegancia por el camino de baldosas con sus mayas azules y una sudadera naranja en la que se podía leer las iniciales L.A.
Al final de la calzada, apoyado sobre la valla blanca, le esperaba su novio Josh, que enseñaba el resultado del gimnasio con una camiseta de tirantes azul grisáceo. Le dio un beso en los labios anaranjados de Alessia y subieron al autobús.
Cuando entraron, todo el mundo se calló.
El pasillo del autocar parecía un desfile de modelos. Alessia caminaba rítmicamente dejando ver sus perfectas piernas que se marcaban en las mayas. Las ondulaciones de su pelo botaban sobre su espalda, lo que le hacia guapa y sexy.
Sara vestía con unos shorts vaqueros claros y una camiseta blanca fina en la que se le trasparentaba el bikini azul marino.
Marine se hacía fotos, con su cámara nueva de Canon de color champán, con su novio Alan. Sonreían ante ella y al acabar Marine se quedó mirando los ojos color miel de su novio. Le encantaban, y toco sus labios finos con los suyos.
Emm estaba sentada en la primera fila hablando con Lisa Meikerdly sobre un el episodio de Gossip Girl que habían echado anoche en la Fox. Vestía con una camiseta de Banana Republic amarilla anudada bajo los pechos y unos vaqueros pitillo Levi’s.
Alessia se sentó detrás del asiento de Sara. Estaba sobre el regazo de Daniel mientras se enrollaban. Cuando se dio cuenta de que Alessia les estaba mirando paró. Se sentía incomoda.
-¿Has hecho lo de Mallory?-Le preguntó elevando las cejas rubias a Sara.
-Si, esta todo listo…
-¿Qué pasa con Mallory?-exige saber Josh.
-Nada cariño…-le guiña un ojo y se sienta, con una sonrisa plasmada sobre la cara mostrando sus preciosos y perfectos dientes blancos.>>


Hacia semanas que ocurrió lo de Alessia y el instituto ya había comenzado.
La clase Ingles había acabado y todo el mundo en el aula estaba de pie.
Marine estaba sentada en su pupitre mientras se miraba en su espejo y se arreglaba el pelo. Ahora que Alessia había muerto se había convertido en la más popular y guapa del centro.
Había comenzado ya su último curso. Y tenía decidido que iba a estudiar: Psicología.
No venía ningún profesor así que decide saltarse la última clase. Además, ahora tenia latín y le aburría mucho.
Se levanta de la silla, se coloca bien su estrecha minifalda de Hollister, y sale de la clase.
Se dirige hacia su taquilla, que está decorada con fotos de ella y su novio.
Allí le esperaba su gran amiga Nathalie Hojo. Era de nacionalidad japonesa.
Anteriormente se llamaba Akane Hojo pero sus padres le habían dejado cambiarse el nombre si conservaba el apellido.
Llevaba puesto un peto azul claro de Abercrombie y una camiseta de manga corta rosa en el interior.
A pesar de que Marine y Nathalie siempre habían sido amigas, esta última nunca había estado en el grupo de Alessia. No soportaba a Sara. Hacia tiempo, cuando estaban en séptimo curso, se pelearon porque Sara se había liado con el ex-novio de Nathalie al día siguiente de ellos romper. Se tiraron de los pelos y se habrían arrancado la cabellera si no fuera porque Alessia estaba allí para parar la pelea.

Marine introdujo la contraseña en la cabina y saco un pots-it de color lavanda. Inmediatamente agarró un bolígrafo Bic negro que había tirado en el interior. Giró la cabeza para asegurarse de que no había nadie más que Nathalie en el corredor y comenzó a falsificar la letra de su padre:

Autorizo a mi hija Marine
a no asistir a la última
clase, ya que tiene dentista.
Un saludo cordial, Cabe.


No era la primera vez que falsificaba la firma de su padre. Cuando era más pequeña hizo pellas con ayuda de Alessia porque las ultimas tres clases no les gustaban y les parecían aburridas. Pasaron la tarde en el centro comercial y viendo a los chicos de otro colegio jugando al futbol.
A partir de entonces, lo hacían muy a menudo hasta que… Alessia murió.

Cuando terminó de falsear la caligrafía de su padre, doblo el papel y esperó a que la profesora Wanetta, la maestra de latín, apareciera.
En cuanto la señora Wanetta (o la señorita Rother Meyer, como la llamaban los alumnos) se presentó le entregó la nota y esperó su aprobación.
Frunció el ceño y afirmó con la cabeza; sin decir palabra.
Cuando entro en la sala, Marine se esperó a que se sentara en su mesa y comenzara a dar la clase. En cuanto empezó, se largo corriendo de allí.
Una vez pasado el peligro, entrelazó su brazo con el de Nathalie y continuaron andando con paso firme y con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando salieron al aparcamiento principal del instituto, Nathalie sacó de su bolso rosa de MiuMiu unas llaves de coche. Apretó el botón verde y el pitido del vehículo sonó de entre todos los demás.
Una vez encontrado el Hummer amarillo, entraron dentro. Nathalie arrancó el coche y el motor hizo ligero sonido. Miro hacia atrás por el retrovisor y salió del aparcacoches.
Marine no sabía conducir a pesar de que todos sus amigos ya sabían y tenían lujosos coches.
Tardaron siete minutos en llegar al centro comercial, y en cuanto Nathalie aparcó, salieron corriendo a disfrutar de las compras.
Entraron primero en Tommy Hilfiguer y comenzaron a mirar ropa. Cuando ya habían elegido doce prendas cada una se metió en el probador.
Nathalie salió de uno con un vestido verde esmeralda de un solo tirante. Dio una vuelta y la falda se le subió hasta la cintura mostrando sus muslos.
Marine fue después. Se quito la camisa azul cielo y la falda y observo su cuerpo semidesnudo en el espejo. Cuando Alessia murió había engordado un par de kilos, pero con su dieta vegetariana había vuelto a su figura.
<> Pensó.
Inmediatamente se puso el atuendo y salio.
Era un vestido amarillo chillón de manga muy corta y la falda terminaba en las rodillas, y en la cintura se recogían unos pliegues, por lo que resaltaba las curvas de Marine.
-¡Perfecto!-gritó Nathalie a la vez que se llevaba las manos a las mejillas.- ¡Te queda estupendamente!
-¿Tu crees?-arruga la nariz.-No me termina de cometer… el amarillo es demasiado llamativo y… ni si quiera me queda bien este color.
-¿Estas de broma?-se coloca un mechón oscuro sobre la cabeza que tenia sobre la cara.-El vestido es precioso y te sienta genial. A demás, si yo fuera tu novio me encantaría vértelo puesto… pero más me gustaría quitártelo.-añade con una risita repelente.
Sin embargo, Marine no la ha oído y decide quitártelo y no comprarlo. Ese color le traía malos recuerdos. Cuando era una canija, estaba en el cumpleaños de Chris Benson, un amigo de su infancia, y llevaba puesto un vestidito rosa. En el convite había una tarta enorme de un extraño color amarillento y ella, para impresionar a Nathan Hale, el chico que le gustaba entonces, se poso sobre la mesa. Mala suerte para ella que la mesa estaba rota. La Tarta calló sobre el vestido como si fuera un proyectil. Quedó en ridículo y todos se rieron de ella. Todos excepto Alessia, que la observaba detenidamente sentada en una silla en forma de corazón. Aquella fue la primera vez que la vio, y desde entonces supo que iban a ser grandes amigas.

Salieron de la tienda y pasearon por un camino de baldosas rojas que había en el centro del pasillo del centro comercial.
-Oye Mar, ¿vas a ir a la fiesta?-pregunta Nathalie sacando los labios hacia fuera.
- ¿La fiesta? ¿Qué fiesta?
-¡La fiesta de las estrellas!-suspira.- ¡Cómo no te has enterado!
En verdad si que lo sabia, aunque se le había olvidado. Bueno, más bien, lo había querido eliminar de su mente. Iba a ir Alessia. Marine mira hacia abajo con el rostro triste.
-Se lo mucho que te duele haber perdido un amiga…-le coloca la mano sobre el hombro con la cara apenada.-pero debes continuar con tu vida. Y que mejor que una fiesta para animarse.
-Tienes razón.-zarandea la cabeza para quitarse la imagen de su amiga de la cabeza.
-Y por cierto, ¿lo has hecho ya con tu novio?
-¿Hacer el que?-frunce el ceño.
-Haber, Dora la Exploradora, me refiero al sexo.-enarca una ceja mientras mira al techo.
-¡Qué!-salta Marine.
Marine quería mucho a Alan, pero no se podía imaginar tener sexo con el. La mera idea le asustaba o, ¿no estaba tan enamorada como ella creía?
-No… aun no lo he hecho…-carraspea para aclararse la voz.
-Pues date prisa. Los hombres solo se consiguen follando. Yo de ti no tardaría mucho, u otra chica se adelantará.
-No digas tonterías…
-No son tonterías. Mira aquí tienes para cuando llegue la “ocasión”.
Nada más terminar ya esta abriendo el bolso. Al ver lo que saca, Marine se sobresalta. Era un condón en una envoltura azul plateado.
-¡Aquí no saques esto!- susurra mientras lo tapa con las manos.
-No me seas tiquismiquis…

Se paran ha descansar en la cafetería The grove y se comen una ensalada cada una. Tras quince minutos de parloteo, se levanta y continúan con las compras.
Entran en el establecimiento de Chanel y siguen probándose atuendos.
Entonces Marine lo vio. El mejor vestido que había visto en su vida. Fue directo a probárselo y le quedaba muy bien, mejor que la basura de traje amarillo chillón.
Cuando se lo puso se quedó mirando en el cristal. Era de palabra de honor rosa y la falda era de campana de terciopelo. Llegaba hasta encima de la rodilla.
Estaba decidida. Lo iba a comprar costase lo que costase, y además le hacia los pechos más turgentes y eso le fascinaba, ya que era lago con lo que nunca había podido competir con Alessia.
Fue a la caja registradora y le entrego la tarjeta de crédito que le habían regalado sus padres en su anterior cumpleaños.
Nathalie y Marine salieron rápidamente de la tienda. Tenían que volver a sus casas o sus padres sospecharían.
El vestido estaba mal plagado así que lo saco y lo plegó mejor. Entonces calló una nota al suelo. Se agacho al suelo, asegurándose de que no se le veía nada, y la cogió. Había algo escrito. La felicidad se transformo en miedo:

¡Enhorabuena Marine! Ahora eres la más popular, pero, ¿Qué te ocurriría si le contara a todo el mundo lo que hiciste en la fiesta?

Tragó saliva. Alguien sabia lo que había hecho. Un escalofrío le recorrió toda la columna y se quedó paralizada.
¿Quién había escrito aquella nota?


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por Guilleermo el Lun 16 Jul 2012 - 17:44

3
Y parecía tonta…



El sol entraba por la cristalera de la entrada mostrando sus coloridos reflejos en el suelo de parquet.
El verano estaba acabando y ya hacia un mes de su muerte.
Emm no había ido al instituto desde hacía más de tres semanas. Se había pasado los días en su cuarto llorando y escuchando tristes baladas. Únicamente salía de su habitación para comer (aunque a duras penas) y ducharse pese a que estos últimos días no se había bañado ni una sola vez.
Sin embargo, Emm no estaba dispuesta a sufrir más por eso o el secreto que escondía podría terminar por derrumbarle.
Se levanto de la cama y se limpio las lágrimas que le caían sobre las mejillas.
Solo vestía con una camiseta de tirantes blanca semitransparente y unas braguitas de Calvin Klein negras.
Abrió la puerta lentamente y asomo la cabeza para comprobar que sus padres no estaban y que no vieren el estado lamentable en el que se encontraba.
Salio de puntillas de la habitación raudamente y se metió en el aseo. Cerró la puerta con pestillo y comenzó a desnudarse.
Se observo fijamente en el espejo. Estaba muy flaca y se le marcaban los huesos del coxis y los del omoplato. Bajo sus ojos había una enorme cortina morada. Se le señalizaban las ojeras por la falta de sueño. Hacia días que no dormía bien.
Abrió el grifo y se metió dentro de la bañera.
El agua estaba congelada pero no le importaba, es mas, le encantaba la sensación del agua fresca sobre su espalda. Cogió una esponja, y la llenó de jabón y empezó a limpiarse. Olía a grosellas.

Salió de la ducha empapada. Había estado casi una hora dentro de ella. Cogió una toalla y comenzó a secarse.
No estaba dispuesta a que su vida cambiara por un misterio que había querido guardar.
Salio del cuarto de baño con la toalla envolviéndole el cuerpo y se dirigió a su habitación. Abrió el armario y sacó una camiseta de manga por el codo de Lucky Brand de color naranja pálido mayas grises de Banana Republic.
Se vistió y cogió un casco y una fusta que había en un cajoncillo bajo el ropero.
Hacia años que Emm iba a la hípica pero desde el incidente no había aparecido allí ni una sola vez. ¿Se acordarían aun de ella?
Bajo las escaleras con el caso entre los brazos. Cuando llegó abajo escuchó un ruido.
Había alguien en casa.
Avanzó lentamente levantando los talones del suelo para ni hacer ruido.
Sea quien sea, se estaba acercando cada vez más…
-¡Hola Emerald!-Su madre apareció con unos informes en la mano guardado en una funda verde. Llevaba puesto una falda de D&G y una camisa de la misma marca.
-¡Ah!-Emm dio un respingo.
Se le hacia raro que alguien le llamara Emerald. Estaba acostumbrada a que le llamaran por abreviatura. Solo su madre la llamaba así.
-¡Que susto me has dado, mamá!
-¿Y eso? Parece que tengas algo que esconder.-dijo llevando la crónica a la cocina.
Emm miró al suelo. Estaba tan tensa que cada vez que alguien decía algo parecido a lo que había dicho su madre deseaba que nunca hubiera hecho lo que hizo en acampada.
-No tengo nada que esconder, mama.-suspiró.-Me voy a montar. No tardare en volver. ¡Adiós!
Salio tan rápido como le permitían su demacradas piernas.
Sacó de su bolso las llaves del coche y se dirigió al garaje trasero de su casa.
Abrió la puerta de su Land Rover verde y se metió en el.
Acababa de salir de su casa y ya estaba agotada. Apoyo la cabeza en el respaldo de cuero e inspiro profundamente y cerró los ojos. Tras un instante de calma, los abrió y introdujo la llave para arrancar y partió hacía la escuela de equitación.

Aparcó el vehículo entre dos almendros y salio de el.
Una brisa le revolvió el cabello aun húmedo por la ducha. Olía a pino y… a excremento de caballo. Emm no recordaba lo fuerte que era lo pudor de ese abono natural.
Mientras andaba por el corredor del establo, alguien apareció por detrás. Era Galton Dillaure, su monitor. Cuando era mas joven estaba locamente enamorada de el.
Galton le dio la silla de montar y las bridas. Con su ayuda Emm subió al caballo. Se sentía extraña encima del animal; hacia tanto tiempo que no montaba…
Enseguida se acostumbró y comenzó a trotar sobre la tierra blanda. El trotón levanto el polvo del suelo. Emm daba saltitos encima de el sin importarle el dolor que sentía en el pie por la mala postura de el en las riendas.
Tras un rato de trote, el corcel inició el galope.
El cabello que sobresalía del casco se movía con el viento.
Le encantaba cabalgar. Era como si se alejara de todo y pudiera estar sola y poder reflexionar.

Ese sentimiento se acabó cuando alguien le distrajo.
Era Liam Lauper.
Llevaba colada por el desde hace unos años, pero nunca se había atrevido a pedirle salir.
Sus ojos verdes relucían a la cálida luz del Sol y su pelo rubio ceniza brillaba de forma espectacular.
Su corazón se le aceleró y la respiración era entre cortada. Nunca había sentido nada igual por nadie. Ni por Jason Dolly, su novio de cuando tenía quince años, que según ella, iba a ser el definitivo y que se iba a casar con el. A los pocos días rompieron por que Jason se había enamorado de Alessia. Desde entonces, sintió algo muy fuerte hacia ella. No odio sino… adoración.
Emm le miraba tan fijamente que no se dio cuenta de que el arnés del caballo se había soltado. Cuando cayó al suelo la bestia relincho y levanto las dos patas delantera tirándola a la embarrada tierra.
Se había hecho daño. Mucho daño. Pero eso no le importaba ahora. Había hecho el ridículo delante de el.
Liam fue corriendo a ayudarle y la levanto de la cintura. A lo mejor no había sido tan malo caerse del suelo.
Se incorporo y no pudo evitar mirar hacia el suelo avergonzada.
-¿Estas bien, Emm?-sus ojos estaban clavados en los suyos.
-Mm... Si, gracia.-no se lo podía creer. Se sabía su nombre.
-¿Seguro? El golpe ha sido bastante fuerte.-insiste.
-De verdad, estoy perfectamente.
-No me quedo muy tranquilo. Me sentiría mas calmado si pudieras darme tu número de móvil para llamarte y… poder salir.-estaba un tanto nervioso.
-Ah… mmm... ¡Claro!-tenía que ser un sueño. El chico, por el cual estaba colada hacia ya años, le estaba tirando los tejos.
-¡No te sientas intimidada! No seria una cita, bueno si pero no una cita cita. Es solo para saber si estas bien.
-¡Por supuesto!-saco su Samsung y se lo dio.
Cuando Liam se marchó, dio un pequeño saltito de alegría. Su corazón le iba a mil por hora.
Comenzó a andar. A pesar de lo que le había dicho, se había hecho una herida en el brazo y le salía sangre de ella.
Algo la detuvo. Había en el suelo una nota plegada llena de barro. Se agachó y la leyó para ella:


Puede que con esa apariencia de mosquita muerta engañes a alguien, pero a mi no me puedes mentir.
Se lo que hiciste y lo pienso contar.


La sensación de pánico y angustia regresaba. Su respiración era fuerte e intermitente. Alguien sabe lo que hizo.


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por Guilleermo el Lun 16 Jul 2012 - 17:46

4
Vigila quien abre las taquillas




< Había sido un viaje muy largo. Tres horas y media de trayecto. Llegaron al atardecer. El cielo estaba precioso. Se había teñido de un color rosáceo.
Estaban en Cherry Hills Village, Colorado. El crepúsculo hacia que el bosque que les rodeaba fuera siniestro pero a la vez hermoso. Había pequeñas casitas de madera alrededor de la vegetación. Cada una de un tono diferente.
Todo aquel terreno pertenecía a Nathan Bloom, un chico de veintitrés que a final de cada curso organizaba una fiesta en el camping de sus padres. Su objetivo: atraer chicas guapas y jóvenes… y lo había conseguido.
Marine fue la primera en salir del vehículo, agarrada a Alan.
-¡Marine!-Nathalie ya había llegado. Vestía con unos jeans cortos de Hollister a juego con una camisa abierta que dejaba ver la parte superior bañador de GAP violeta.
Estaba con su novio Paul no-se-que (había estado con tantos chicos que era imposible recordar sus nombres)
Nathan y los demás estaban preparándolo todo para la fiesta que comenzaría aquella misma noche. Siempre organizaban una al empezar la acampada.

Al caer la noche la fiesta ya había empezado. Había una enorme hoguera, alcohol, música,…
Sara bailaba al son de la música. Llevaba el pelo ligeramente hacia atrás, detrás de las orejas y el extremo del cabello sobre los hombros. Lucia unos shorts de Tommy Hilfiguer y una camiseta de tirantes sutilmente transparente atada a la cintura.
-¡Dangerous! -cantaba Marine. Estaba borracha.-I’ve got a fire bird inside me. Vestia con unos pequeños pantaloncitos y un top corto que dejaba ver su ombligo. Sujetaba en la mano un baso con cerveza que no paraba de derramarse por el movimiento del brazo.
Emm estaba bailando junto a Sean y Lima, una chica de las clases de equitación. Iba ataviada con una camiseta marinera ancha y unos vaqueros cortos. Se había adornado el cabello negro con unas pequeñas extensiones de plumas. En la mano tenia una botellita de Coca-cola. Odiaba el alcohol.
La cabellera de Sara se coloreaba de un tono rojizo a la luz de la pira. Cosa que le encantaba. Pero no tenia que hacer contra Alessia.
Llevaba puesto un corto vestido de Ralph Lauren de palabra de honor. No llevaba puesto nada bajo el vestido, excepto el bikini, que se le podía ver si se colocaba a tras luz en la fogata. Bailoteaba alrededor de la hoguera y su cabello, teñido de un color anaranjado, se movía con agilidad por el aire.
Alessia llamó a Sara.
La canción termino y comenzó otra, la favorita de Sara: Electro-shock.
-I feel an electro-shock in my heart when you kiss my lips.-tarareaba.
Se ocultaron de las demás personas tras una de las casitas de madera.
-¿Cuándo va a venir Mallory?-pregunto muy seria Alessia. Inmediatamente se saco de la parte superior del bikini una cajetilla de cigarros y un mechero. Lo encendió y le ofreció una calada a Sara
-Mañana por la mañana ya debería haber llegado.-Sara lo rechazó. Odiaba en olor de los habanos.
-Estupendo.-expulso de la nariz el humo con una ceja arqueada.
-Pero, ¿Qué le vas a hacer? No le ocurrirá nada, ¿verdad?
-No… que va. Solo le asustaremos para divertirnos.
Alessia y Mallory se llevaban mal desde que Mallory (o culo fofo, como ella la llamaba) se rió de ella en medio de la clase por que le había venido la regla. Ella podría haberlo dejado pasar pero no era de esa clase de personas… así que decidió vengarse.
Sara dio un sorbo de su baso de ron y se marcho, preocupada por las palabras de Alessia. Estaba convencida de que aquello iba a terminar muy mal… >>

Sean calló en la colchoneta. Se quito el casco y se limpio el sudor de la frente. Respiraba entrecortadamente. Hacia tiempo que no entrenaba al futbol y había perdido facultades.
Falcon McGowan le cedió la mano para ayudarle a levantarse y el la acepto.
Estaba agotado. Las hombreras le pesaban y notaba una fuerte presión en el pecho. ¿Tenia falta de entrenamiento o el secreto que guardaba le impedía concentrarse?
-¡Equipo!-gritaba Holden Collins, el capitán de la pandilla. Se reunieron en círculo.- El partido oficial es dentro de cuatro semanas, justo después de la fiesta de las estrellas, y tenemos que concentrarnos. Sobretodo tu, Sean.-le lanzo una mirada frustrante.
Sean se alejo del corrillo y se puso a ejercitarse duramente. Aquel comentario le había sentado mal. Antes el era el mejor…
Agarro la ovalada pelota y la lanzo contra los pilares del marcador para probar su fuerza. Ni si quiera se acerco.
Después de la muerte de Alessia había dejado de entrenar. Aunque le gustaba estar célibe, sentía una gran atracción hacia ella.
Cogió unas pesas del césped y las levantó. Pesaban más de lo habitual.
Alguien le miraba. Era Selena Stunt, la oficial del equipo de animadoras, que le hacia ojitos desde las gradas.
Selena era muy guapa, pero era nada comparada con Alessia.
El entrenador hizo sonar el silbato y ordeno a sus jugadores que se metieran en el vestuario.
El suelo estaba muy sucio, lleno de huellas de las deportivas.
Abrió su mochila y saco una toalla y el jabón y comenzó a desnudarse, al igual que el resto de sus compañeros. Se enrolló el paño sobre la cintura nuda y se metió en las duchas.
El agua estaba ardiendo.
Cuando acabó salio de ella, se secó y se puso unos calzoncillos limpios.
-Oye Sean, ¿vas a ir a la fiesta de las estrellas?-le preguntó Symon Scott, la defensa del equipo.
-No lo se…-Dijo sacando una camiseta roja de Adidas. Aun no se había vestido.-No tengo a nadie con quien ir. ¿Y tú?
-Si.-una sonrisa se le dibujo en la cara.-Iré con Nathalie.
-¡Otro novio!-pensó.-Con esta ya van 58.-cuando Alessia estaba viva, siempre jugaban a contar con cuantos novios había estado Nathalie.
Symon se marcho dándole una palmadita en la espalda, aun descubierta, dejándole solo en el vestuario.
Cuando se terminó de arreglar se dirigió a su taquilla para dejar las deportivas Nike en su taquilla.
Introdujo la clave y se abrió. Un papel salio cayó ligeramente hasta llegar al suelo.
Era una fotografía con una frase gravada en rojo en ella.
Se llevó la mano a la boca. Las lágrimas cayeron por sus mejillas. Volvió a mirar la imagen. No se lo podía creer. Observó detenidamente la escritura para ver si le sonaba la letra:

¿Por qué lo hiciste?


La rabia se apodero de el. Arrugo el retrato y lo guardo en la mochila. Después salio con paso firme, aunque le temblaba la mano.
¿Quién había metido la foto en su taquilla? ¿Qué había en la imagen?


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por hibari_ani el Mar 17 Jul 2012 - 9:00

esta interesante la historia

aunq me recuerda un poco a little pretry

le da cierto aire aunq claro me ha enknatado la historia sigue subiendola q aqi yo stare leyendo...mas sobre el juego de las mentiras y de los dilemas d stos chicos jeje
hibari_ani


Femenino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por Guilleermo el Lun 23 Jul 2012 - 10:29

5
Horrible secreto oculto bajo una preciosa mirada





Apoyó la espalda sobre el respaldo de abeto rojo hecho a medida de la cama. Se recogió el pelo caoba y se hizo una coleta. Un mechón le callo sobre la cara; comenzó a jugar con el.
Leia detenidamente el libro Lolita que Alessia le había dejado tiempo atrás, pero que nunca podo devolver. Sara siempre leía cuando estaba preocupada.
Cansada, cierra el tomo y mete su dedo pulgar dentro de el. Deja caer la cabeza sobre el espaldar e inmediatamente se tumba sobre el lecho.
Ajedrez, su gato, se acerca con elegancia hacia la litera y pega un brinco hasta la cama. Estaba delgado y su cuerpo blanco estaba cubierto de manchas negras (de ahí su nombre). Rápidamente se aposenta sobre el abdomen extendido de Sara.
Sara empieza a observarle. La luz que entra por la ventana rebota en sus ojos y tornándolos de un color verde pálido precioso. Siempre le habían gustado los luceros de su gato.
Ajedrez inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, extrañado.
Sara agarró al minino y se levantó mientras le acariciaba entre las orejas.
Sabia que lo que le había ocurrido a Mallory era por su culpa pero no estaba dispuesta a que ese peso impidiera que continuara con su vida.
Dejó a Ajedrez en el entarimado y abrió su enorme armario de madera de castaño. La fiesta de las estrellas seria dentro de menos de un mes y no tenia nada para ponerse. Todos sus vestidos (que eran pocos, ya que no le gustaba llevar vestido) se los había puesto muchas veces y quería ir a comprarse otro.
Asió una percha y se vistió con los trapos que había en ella.
Se miró al espejo. Se había puesto un vestidito corto blanco de encaje de Hollister, una camisa vaquera abierta arremangada de Abercrombie, un cinturón marrón de piel, amarrada a la cintura pasando por encima de las dos prendas, de Bass y unos botines de cuero castaños de la misma marca.
Abrió la cajita que había en su mesilla de noche y sacó unas pequeñas pulseras y un collar que tenía forma de corazón hecho de palo. También saco su monedero de Tommy Hilfiguer, en el cual estaba su tarjeta de crédito que sus padres le habían regalada días atrás por haber sacado una matricula de honor en matemáticas y lengua.
Se deshizo de la coleta y revolvió su cabello. Tomo un brillo de labios y se los embetuno.
Bajo las escaleras con el bolso de Liz Claiborne enganchado al hombro.
Su madre estaba en el salón. Sara la saludó pero ella no dijo nada. Estaba demasiado concentrada en unos documentos que tenia sobre la mesa.
Salio del domicilio con un paso firme y una sonrisa plasmada en la cara.
La parcela de su casa era tan grande que ocupaba más de cuatro manzanas. Atravesó el enorme jardín y se dirigió hacia su garaje privado.
Entro dentro y su padre, que acababa de dejar su Ford, se dirigió hacia ella. Le dio un beso en la mejilla e hizo una mueca de alegría.
Sara sabía lo que significaba ese gesto. Se sentía orgulloso de que a pesar de la muerte de su mejor amiga, su hija continuaba con su vida. Y es que, esa era la primera vez que salía de su casa desde lo ocurrido, ya que como no le gustaba mostrar sus ceñimientos en público, necesitaba desahogarse en algún lugar donde nadie la viera.
Se despidió de el y se dirigió a su coche.
Abrió la puerta de su Mini rojo, pero paro un instante, mirando el techo del vehiculo. Había grabado sobre él la bandera de los Estados Unidos. Alessia la había convencido para que se lo dibujara meses atrás.
Agitó la cabeza y se metió dentro de él. Inmediatamente, arranco y salio del aparcamiento rápidamente.

Llegó al centro comercial en poco tiempo. Había corrido bastante porque se le había hecho tarde.
Saco las llaves de la cerradura y se miró en el retrovisor para ponerse bien el pelo.
Salió del coche y cerro la puerta.
Se paró un instante. Alguien la estaba mirando. Unos veinte coches más lejos se encontraba el inspector Edison, observándola. Llevaba una americana negra y unos vaqueros oscuros. Sujetaba una pequeña libreta en la que no paraba de escribir. Sara se dio la vuelta rápidamente, suspiró y comenzó a andar con una sonrisa en la cara.

Se sentó en la silla de la terraza de su cafetería favorita, Le Dardve. Agarró la taza de te le dio un sorbo. Había estado mas de dos horas buscando vestidos y ninguno la había convencido. Una vez terminada la infusión, dejó el dinero en la mesita y se levanto.
Entro a Burberry para mirar mas trajes. Había decidido que si no le gustaba nada de esta tienda se iría del centro comercial a buscar suerte.
Encontró un atavío corto de una sola manga. Era dorado con adornos negros de terciopelo. Aunque no era de su estilo decidió darle una oportunidad.
Entro al vestidor y se sacó la ropa y se lo colocó. Se miró fijamente en el espejo. Sin duda al maniquí le quedaba mucho mejor. Inmediatamente se lo quitó y salió.
Encontró otro vestido, esta vez mucho más sencillo. Era de pequeños tirantes y de un color azul apagado.
Decidió probárselo, aunque no le quedaba tan bien como ella pensaba. Le hacia extremadamente delgada.
Enfadada, fue a buscar otro.
Esto le recordaba a Alessia. Cuando eran más pequeñas siempre se iban de compras y a ligar. Sara siempre terminaba enfadada por que todos los vestidos le quedaban mejor a ella y siempre se llevaba a los chicos más guapos.
No pudo evitar esbozar una sonrisa. La echaba de menos.
Agitó la cabeza para volver a la realidad y agarró el primer traje que vio. Necesitaba distraerse.
Se miró en el espejo. No le quedaba nada mal, pero era demasiado provocativo. Era rojo con brillantes y con la espalda al aire. Negó con la cabeza y se lo quitó.
Cansada se dio por vencida hasta que apareció ante ella el vestido de sus sueños. Era de tubo corto y de encaje blanco. Le encantaba el encaje.
Se lo probó tan rápido como pudo.
Era perfecto. Le hacia delgada y, gracias al relleno de este, sus pechos parecían mas grandes.
Miro el precio del vestido. <<1059$>> pensó. No le importaba cuanto costara, tenia que ser suyo.
Se lo dio a la dependienta y sacó la tarjeta de crédito para pagar.
Salio de la tienda y miró su reloj de Guess. Eran las nueve y media. Tras eso, se alejó de la tienda tan rápido como pudo.
Llego al aparcamiento exterior y se metió en su coche. Introdujo la llave en la cerradura y se detuvo. Alguien volvía a observarla. Pero esta vez no era el inspector. Se encontraba dos vehículos más lejos, dentro de otro coche.
Tragó saliva y arrancó. Urgentemente, se marchó.
Llegó a su casa y dejó las bolsas sobre la cama. Ajedrez apareció para saludarla y ella le acaricio la cabeza suavemente hasta que algo le llamo la atención. Su ordenador parpadeaba.
Se quito al gato de encima y se sentó enfrente del ordenador. Tenía un nuevo e-mail.
Arrastró el ratón hacia un pequeño cuadrado violeta que indicaba la llegada del nuevo mensaje e hizo doble clic. Frunció el ceño al leer el mensaje:

Se lo que habéis hecho y pagareis por ello ;)

Se levantó de la silla tirándola al suelo y miró por la ventana. No había nadie. Apretó los dientes tan fuerte que se hizo daño. No tenía miedo, pero estaba muy enfadada. ¿Era eso una broma? Lo fuera o no, Sara tenia algo muy claro. Pensaba averiguar quien era, costase lo que costase.


THE READER  you
Guilleermo


Masculino

Volver arriba Ir abajo

Re: El juego de la mentira

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

- Temas similares

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.