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Bárbara: La revolución de una mujer.

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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por Natluz el Mar 31 Ene 2012 - 16:51

jajaj, ahora mismo me estoy tomando un mate con menta bien dulce.
me faltan los pankekes.... y el chocolateeeeeeeeeeeeeeee




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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Miér 1 Feb 2012 - 5:24

los llevo yo..
:felizz:
y hacemos piyamadas ja ja :tu:
mate con metaaaaaaaaaaaa que rico nena..


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Dom 5 Feb 2012 - 18:44

que rico....
me han antojado.......
jajajajaja :liindo:

Nat, ya la puse en POSTRES...........ojalá os guste.......sencilla pero muy rica....Además uno puede hacer volar la imaginación en la cocina...........
Miles de abrazos!


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por Natluz el Dom 5 Feb 2012 - 18:52

jjaj, ya lo pillé. acabo de verla en postres y ya la copié.
un postre de lo más pervert...jejejej
angels me estay pervirtiendo de lo lindo.




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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Dom 5 Feb 2012 - 20:44

Jaja....
angeles pervertidos.....
ni modo, aceptaremos nuestro destino.....


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Bárbara. Duodécimo Episodio. Segunda Parte.

Mensaje por dinamene el Lun 6 Feb 2012 - 19:43

Bárbara: La Revolución de una mujer.
Duodécimo Episodio: "Caída"

.....


-Bárbara, ¿qué tal la vida de casada?- preguntó mi "padre" entrando a la oficina.

-Bien, ¿por qué?

Acababan de llegarme posibles sitios donde podría encontrar a "Soul", así que no despegué la vista de los informes.

-Porque últimamente tu trabajo lo estás haciendo pésimo, querida hija.

Lo miré cual animal asustado.

-¿No me ofrecerás asiento?

-Tome asiento "padre".

Y él se sentó llenando el ambiente con su acostumbrada aura oscura imponiéndose.

-Estás volviéndote suave Bárbara, frágil y tonta. Inútil. Y sabes perfectamente querida hija que eso no nos sirve en este negocio.

Temible. Aquel hombre viejo realmente asustaba. Desde siempre me había aterrado.

-Cuando te pedí ser mi sucesora, te pedí ser la mejor, y lo eras. La mejor. Mi "hija", y estaba tan orgulloso de ti.

-"Padre"... -traté de defenderme, pero al final no pude hacerlo- Lo siento.- fue todo lo que dije al final.

-Bárbara, ¿puedes hacerlo o no?

¿Hacer qué? ¿Ser qué?

Pero asentí.

-Entonces, te espero en el auto. Avísale a Eduart que llegarás tarde a casa.

Salió y cuando lo hizo Margaret entró.

-¿Señorita está bien?

Puse mi mejor sonrisa para tranquilizarla, parecía estar más asustada de lo que yo estaba.

-Sí. Avisa a Eduart que voy a salir con mi "padre" que voy a llegar tarde y vienes con el secretario de mi padre enseguida.

La última vez Eduart casi se había vuelto loco al verme vendada por todos lados, pensaba que si me tardaba dos o tres minutos más, me había sucedido algo. Así que trataba de llegar siempre temprano.

El gris se volvió oscuro y las tinieblas crecieron frente a mí. Sabía a dónde iba y sabía lo que iba a hacer.

Desde el día en el que las luces me habían hechizado, había tratado de cambiar y no había hecho nada malo hasta ahora. Trataba de ser justo lo que Eduart esperaba de mí, trataba de ser una buena amiga para las demás personas. Pero ese día volvería a ser la de antes. Cuando subí al auto mi "padre" me miro enojado.

-¿Sabes a dónde vamos?

No respondí. Y recibí una bofetada, aparte de un corte en la mejilla provocado por el anillo que mi "padre" tenía en su dedo medio con la forma de una víbora enroscada.

-Bárbara, ¿sabes a dónde vamos?- preguntó por segunda vez.

No respondí. Y a cambio recibí un nuevo golpe y un nuevo corte en la mejilla.

-Bárbara, si no respondes esta vez tendré que recurrir a otra cosa para que entiendas perfectamente bien quien es el que manda aquí.

A su lado había un arma.

-Sí "padre"- contesté al fin tragándome miles de cosas.

-Muy bien hija, sabía que eras inteligente.

El auto seguía su marcha como si nada, y yo me limpiaba la sangre con mi pañuelo. Desde los tiempos antaños me había enterado de la existencia de un "Dios" al que nadie conocía en realidad, y ese "Dios" había impuesto diez mandamientos y uno de ellos decía: "No matarás" y sabía que eso era lo que iba a hacer. Margaret y yo a últimas fechas platicábamos de nuestros problemas, ella me contaba que Alberto casi no le prestaba atención y lo acusaba de infiel, mientras que yo le contaba lo tremendamente difícil que resultaba soportar la perfección de Eduart mientras ella se reía pensando que lo decía en broma.

Suaves golpes inconstantes contra el techo del auto me devolvieron a la realidad. El auto transcurrió sin que yo me hubiera dado cuenta por entre las calles del peor sitio de la ciudad, escoltado por ocho o diez autos negros, además de varias aeronaves. La lluvia era densa y la gente corrió a esconderse huyendo de terminar empapada.

-¿Vienes armada?

-No "padre".

El "señor" revisaba miles de documentos mientras yo veía afuera, y por primera vez me dí cuenta de lo injusta que había sido. El punto no estaba en sí era buena o mala, el punto radicaba en que ni siquiera me había esforzado en hacer lo mejor para mí y para el resto de personas que vivían a mi lado. Desde el principio le había echado la culpa al destino, acusándolo de mi situación, pero al fin y al cabo tan sólo habían sido mis decisiones, y siempre había decidido lo peor para el mundo y lo mejor para mí.

-¿"Padre" puedo preguntarle algo?

Cerró el portafolio guardando los papeles y se volteó.

-¿Alguna vez quiso ser algo más, aparte del "Rey del mundo"?

Desde que conocía a aquel hombre siempre se había autoproclamado así y a mí me había hecho su princesa para luego dejarme el trono.

-Que absurda pregunta Bárbara. Ser el rey, el emperador lo es todo. Pronto comprenderás de lo que te hablo.

El auto se detuvo. Era una pequeña casa de campo donde varios guardias (asesinos) nos esperaban, todos ellos bajo el mando del "señor" que se atrevía a golpearme. Todos esperaban al gran jefe.

-Están dentro señor.

Un hombre del montón se acercó a mí corriendo para protegerme de la lluvia al tiempo que yo bajaba del auto. De un segundo a otro pase de estar seca a empaparme en las finas gotas de la lluvia. De un segundo a otro aquel joven pasó de estar vivo a muerto. De un segundo a otro su sangre se mezcló con el lodo en el suelo. Y en la mano del "señor" un arma humeaba.

-¿Quién era ése?- preguntó apuntando con esa misma arma a su secretario personal.

-No lo sé.- respondió palideciendo aquel.

La sombrilla que cubría a mi "padre" temblaba debido al miedo que aquel que la sostenía tenía en ese preciso instante. La lluvia estaba mojándome por completo cuando Margaret apareció cubriéndome y con una sombrilla rosa y saludándome con la mirada.

-Nadie sin mi autorización puede acercarse a mi hija, ¿entendiste? El secretario asentía tembloroso.

-No es de los nuestros, señor- avisaba un hombre que revisaba al muerto- No trae la insignia.

Mi "padre" bajo y escondió el arma.

-Vamos dentro.

El vestíbulo era amplio, de su techo colgaban varias lámparas que parecían flores con cristales redondos. Frente a éste, una escalera se dividía en dos para llegar a ambas alas de la planta alta, pero no estábamos solos porque ahí varios hombres armados vestidos de negro nos esperaban.

-Te esperábamos Arturo.

Un hombre rechoncho se acercaba a mi "padre", tenía barba blanca y un cabello igual canoso. Tras el una mujer ya madura pero hermosa lo seguía con un cabello castaño pero escondido bajo el sombrero.

-Ofelia, ¿aún sigues con este hombre?

-Pasa Arturo.

Ofelia y aquel señor entraron a un despacho detrás de las escaleras disimulado por varios espejos, el despacho era más bien sencillo y sin ventanas. Mi "padre" y yo entramos tras ellos acompañados de nuestros respectivos secretarios. Con la puerta cerrada Ofelia se apresuró a servirnos té mientras mi "padre" y yo tomábamos asiento. El señor sacó varios libros de cuentas del librero que había detrás del escritorio y los deposito en la mesa.

-Arturo, todas las pruebas que necesitan están ahí.

Mi "padre" sonreía de satisfacción. Una victoria para él, era una prueba más de lo fuerte que era y de los débiles que podían ser los demás.

-No creo que estén todos, pero me imaginó que bastarán.

Ofelia tenía un aspecto muy dulce, como si a su lado todas las cosas fueran buenas, transformaba tu mundo en un mundo habitable y soportable iluminando cada rincón de las tinieblas y la oscuridad. Esa calidez que mi madre había tenido cuando aún vivía, incluso era la misma sonrisa tranquilizadora, incluso el miedo que la hacía temblar era como el de mi madre.

-¿Así que ella es Bárbara?- preguntó Ofelia tratando de calmar una situación que de ninguna manera se podía relajar.

Me preguntaba cómo era que ella me trataba con esa amabilidad. Tan sólo asentí.

-¿Y Sofía?

-Murió en un incendio, pero eso no es de lo que he venido a hablar. Ofelia, ¿has tomado una decisión?

Ofelia dudaba, pero esta vez el que respondió fue el señor, hablando con aquella voz que parecía quebrarse en cualquier momento, con aquellos ojos llorosos que se perdían en la nada.

-Se va contigo Arturo, sólo cumple tu promesa.

Y ambos soltaron sus manos como si esa fuera la separación definitiva. Ofelia caminó hacia nosotros calmada y apacible sin decir ni pedir nada, en silencio. Tanto el secretario de mi "padre" como Margaret se la llevaron fuera.

-¿Bárbara qué dijiste que ibas a hacer cuando encontrarás a “Soul”?

-Matarlos.- respondí sin pensarlo.

Aquel señor al que llamaba “padre” sonrió con la boca y los ojos, podía ver en su éxtasis la felicidad que le había provocado mi respuesta. En lo profundo de esas pupilas brillaba el deseo de ver morir a alguien.

-Pues ahí lo tienes. Él es el líder de “Soul”

Me extendió un arma plateada, mientras le daba el último sorbo a su té. Aquel hombre me pedía matar a alguien de nuevo para él, yo era la herramienta que él usaba para deshacerse de los bichos que obstruían su camino, yo era lo mismo que esa arma que él me había dado.

-“Padre” no lo dirás en serio. Podemos entregarlo a la justicia, ellos se encargarán.

Cuidando la etiqueta depositó la taza vacía sobre la mesa de cristal, y me dirigió una de esas miradas amenazantes.

-Aunque lo haga así las cosas terminarían igual. Sabes perfectamente que en este mundo la justicia soy yo ¿Lo vas a hacer o no?

“No matarás”

El arma en mi mano temblaba, mi alma temblaba, todo a mí alrededor temblaba descontrolándose, algo me hacía perder el equilibrio de mi cuerpo y mis ideas. Estaba cayendo. El hombre se había sentado frente a mí apretando los puños ya agachando la cabeza. Indefenso y sumiso esperaba el momento en el que yo jalara del gatillo.

“No matarás”

Apunte a su cabeza. Al final lo único que podía hacer por él era darle una muerte rápida.

“No matarás”

Y disparé. Maté a aquel hombre en tan sólo unos segundos. Su cuerpo cayó frente a mí y su sangre brotaba sin detenerse. Algo en mí se rompía y la caída que ya había empezado se volvió más precipitada y más intensa. Y solté al fin lo único que me sostenía, aquella arma hizo eco en mis oídos.

-Bien hecho Bárbara.

Aquel hombre aplaudía mis actos crueles y viles. Un dolor agudo en el abdomen era lo último que esperaba. Miles de disparos sonaron fuera para no oírse nada más, ningún grito, ningún llanto, ningún ruego. Todo se quedo en silencio.

-Sofía es tu tía, hermana de tu madre. Tu madre era una zorra, se fugó con ese a pesar de estar comprometida conmigo.

Asco, sentí asco, era capaz de comprender porque mi madre se había negado a casarse con aquel hombre, la comprendía. Vi el arma en el suelo.

-Vámonos, Eduart debe estar buscándote como loco.

Sentía asco, pero no tomé el arma. En algún punto sabía que matar no era la solución. Aquel hombre al que era obligada a llamar “padre” moriría tan solo y tan triste. El camino de regreso fue tenso. Cuando llegué Eduart me exigió una explicación acerca del porque había llegado tan tarde, además de preguntarme por qué estaba herida en el rostro.

-Eduart estoy bien. Deja de hacer un escándalo por nada.- grite pasando frente a él y encerrándome en el baño.

No era tan fácil. No era decir de un día para otro que iba a cambiar. No era tan fácil. Dios, o aquel ser al que muchos adoraban bajo ese nombre no podía ser tan compasivo. El mismo pecado no puede ser perdonado tantas veces. ¿Y cuántas más lo volvería acometer?

-Bárbara, voy a salir dentro de unas semanas así que será mejor que vayamos a ver a tu padre. Los próximos días tengo miles de cosas que hacer y no voy a tener tiempo.

Lo había estado posponiendo por días, en esos momentos no tenía ganas de ver a aquel hombre, es más no tenía ganas de hacer nada.

-Si Eduart.

Que cansada estaba. Que hastío. Y aun así fuimos. Mi “padre” como si nada me dio la noticia de que habían matado a Ofelia unos días antes.

¿Aquella casa siempre había sido tan oscura? Pero en medio de esa oscuridad no me sentía culpable. Aquellas luces que me habían dado la señal para cambiar habían sido tan solo falsas alarmas. Cambiar tu esencia y tu destino no es tan fácil. Olvidarnos de nuestros errores y faltas no es suficiente para hacerlos desparecer. Fue así como esa luz (que así como había llegado) se fue.

Y caí de nuevo.

..................
Ahora sí. Episodio 12° completo, ¿les ha gustado?
¿Qué hay para el próximo? Tenemos de vuelta a Perla y a Alex. Generalmente no soy de las que escriben en primera persona masculino, pero hice el experimento. :shock:
Ojalá les gusté como ha quedado este capítulo. :x3:
Kyaaaa!
Que emoción!
Bueno, miles de besos y abrazos.

Les dejó una adelanto:

Decimotercero Episodio: "Después de aquel beso"

"...

Cuanto tiempo llevaba que había despertado y ya había pensado en él más veces que las estrictamente necesarias ¿cuántas veces eran las estrictamente necesarias? ¿20? ¿50? ¿100?
...

Normalmente la gente mezcla la verdad con idealismo, pesimismo y subjetividad de varios grados. Pero también no es como si estuviésemos preparados para enfrentar la realidad de frente, es más no estamos preparados para hacerlo.
...

Y como hombre mi deber era hacer feliz a la mujer que amaba.

Y como hombre ni siquiera era capaz de reconocer que amaba a esa mujer.

¡Vaya fracaso de hombre que era!

..."





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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por Natluz el Lun 6 Feb 2012 - 19:52

agggggggggg, que padre más déspota y dañino... por qué barbara le hace caso???? Tendría que mandarlo al car....jo.
bueno... el adelanto promete...jejejeej
gracias
nat




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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Mar 7 Feb 2012 - 5:54

mierda.
barbara me parece..mmm muy fria..
pero como dice Nat.. su padre es un HDP..
se tendria que matar ja ja
pero bueno no soy la escritora ja ja
en cuanto al adelanto me encanto la ultima frase

Y como hombre mi deber era hacer feliz a la mujer que amaba.

Y como hombre ni siquiera era capaz de reconocer que amaba a esa mujer.

¡Vaya fracaso de hombre que era!

..."
:besote:
esperare ansiosa el proximo capi!!


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Bárbara. Decimotercer episodio.

Mensaje por dinamene el Dom 19 Feb 2012 - 14:15

Bárbara: La Revolución de una Mujer.

Decimotercer Episodio: “Después de aquel beso”




“Porque el dolor viene con el amor
Porque el amor es un sentimiento doloroso.
Hasta el punto de querer morir ahogado en él…”



El negro manto de la noche tapizaba ese mundo tan lejano llamado y por primera vez lo sentí cercano, al alcance de mis manos, podía sentir su suavidad con sólo extender mis manos, y en él las pequeñas y medianas y grandes estrellas brillando y parpadeando como si estuvieran saludándome; había luna, si acaso a aquella figura oscura dibujada entre las nubes se le podía llamar luna. Por alguna razón siempre he tenido una especie de total fascinación por las cosas que brillan. Aquella luna capaz de iluminar en medio de tanta oscuridad, por supuesto la luz no es suya pero a quien le importa.

Ya en mi habitación me senté en el borde de la cama recordando los besos de aquel hombre, aquellos besos y aquellos labios y aquella voz. Por así decirlo sentía que flotaba, me imaginaba dando saltos tipo astronauta en el suelo lunar, nunca podría llenarme de esa sensación, la sensación de estar enamorada. Esa noche no estuve sola porque me fu a dormir llena de aspiraciones.

Cada vez que despierto después de un sueño hermoso me da miedo abrir los ojos, hasta darme cuenta de que lamentablemente el sueño era eso: solo un sueño. Aún así esta vez estaba totalmente dispuesta a abrir los ojos y enfrentarme al gris del cielo y a la lluvia con una enorme sonrisa en mi rostro.

No, no estaba dispuesta.

Jale el edredón y me cubrí la cabeza. Por primera vez desde mi llegada a Fantasía tenía ganas de dormir hasta tarde por voluntad propia, pero no dormí porque estando mis ojos cerrados sólo venía a mi mente una imagen. En ese momento el recuerdo del día anterior se estaba transformando, modificándose en varios puntos. La solución era fácil, necesitaba otro. Ja, no me imaginaba pidiéndole a Alex "más, dame otro, soy adicta a ellos" aunque la idea de adicción no sonaba totalmente descabellada. Hay personas que son adictas a una marca de cigarrillos en específico, era lo mismo conmigo, mi postganglionar no trabajaba sin el contacto de los labios de Alex.

¡Rayos!

Cuanto tiempo llevaba que había despertado y ya había pensado en él, más veces que las estrictamente necesarias ¿cuántas veces eran las estrictamente necesarias? ¿20? ¿50? ¿100?

Pero... ¿Qué estaba haciendo el ahora? ¿Pensaba en mí? ¿Y el recuerdo de mi era bueno o malo? ¿Qué pensaba? ¿Qué aspiraciones tenía? ¿Cuál era su color favorito? Ahora que lo recordaba, a él le gustaba leer ¿qué leía? ¿Qué vestía?... me puse histérica de tan sólo pensarlo en puros calzoncillos.

¡Demasiado!

Pero en verdad quería saberlo. Tomé la almohada y empecé a abrazarla y besarla con total fervor, dando vueltas en la cama de aquí para allá y de regreso imaginándome que no era sólo una almohada, sino la almohada donde Alex había dormido y soñado.

-Ejem- oí frente a mí.

Me senté en la cama con el bulto deforme de tanto abrazo de oso aún entre mis brazos. Frente a mi Bárbara y su imponente presencia parecía contener la risa en aquella media sonrisa ladeada.

-Uhm... Es tarde... hoy vamos a nadar. Todas las huéspedes se han entusiasmado con la idea... - ahogo la risa en aquella pausa- ¿Vas?

"Tierra trágame" "que se abra la tierra por favor". Todas esas y otras oraciones parecidas se formularon pero ninguna fue dicha, quería esconderme en cualquier sitio pero ni mis piernas ni mis brazos se movieron. Avergonzada. Todo lo que hice fue mover la cabeza en un signo afirmativo.

-Te esperamos- y salió.

Tan sólo la puerta se cerró y mi vergüenza surgió, avente enojada la almohada contra la pared.

-Maldito Alex- y le di la espalda.


Me pare enseguida y recogí aquel bulto de plumas que no eran Alex. No tenía remedio. Había que salir.
¿Nadar? ¿Con el frío que hacía? Ni loca. Pero no hacía frío, de hecho el sol brillaba en lo alto del cielo, un clima agradable y un plan terrorífico. Odiaba al mar de muchas maneras.


Normalmente la gente mezcla la verdad con idealismo, pesimismo y subjetividad de varios grados. Pero también no es como si estuviésemos preparados para enfrentar la realidad de frente, es más no estamos preparados para hacerlo.

Es como desmayarse en un asalto, nos desmayamos porque no estamos listos para enfrentar la situación.
Una respuesta negativa, pero más conveniente que gritar y patalear y ser asesinada por el sujeto que nos ataca (sin lugar a dudas también tiene miedo), recordaba a mi profesor de defensa personal diciéndome en el super que robara un dulce ¿"no tienes miedo"?, y era cierto, pánico de ser atrapada.

En la psiquiatría hay varias teorías alrededor de los sentimientos y las emociones, siempre uno la causa de la otra. Da igual, porque esas neurosis inofensivas al principio pueden llegar a ser graves. Y la neurosis se hace manía o fobia, etc. Así empezó la mía. Cuando era niña tenía miedo a las arañas y pánico al coco, pero esas tonterías dejaron de asustarme cuando conocí el mar. El mar era como un gran pozo, uno enorme y aunque azul yo sabía que no por ser azul era menos oscuro. En el fondo sabía, como todos saben que ese lugar es más oscuro que cualquier otra cosa.

-¿Perla, vas?- preguntó Lucero asomando la cabeza por la puerta.

-Voy.

Y Lucero cerró, pude escuchar su emoción y la del resto de mujeres que cohabitábamos en Fantasía. Me levente buscando cualquier tipo de ropa cómoda, no planeaba nadar así que no use bañador aunque de por si ni tenía, la elección al final fue una falda a la rodilla blanca con una blusa de algodón y decoraciones de flores en el escote y unas sandalias. Salí. En el piso sólo quedaban dos o tres rezagadas, aunque ellas a diferencia de mi lucían emocionadas, y a lo mejor su tardanza se debía a que estaban eligiendo su atuendo. En el vestíbulo la multitud de mujeres se concentraban en un mismo estado de ánimo. Claro, después de tanto dedicarse a cuidar y esculpir su cuerpo era hora de presumirlo. Lucero agitó las manos llamando mi atención y yo fui con ellas. A lo lejos vi a Bárbara con un pantalón estilo gaucho y un suéter de punto, sandalias y coleta alta; tras ella Penélope con un vestido estilo griego. Ese par de mujeres robaban la atención en tan sólo unos segundos.

-Perla, ¿a qué horas volviste ayer?- pregunto Valeria.

-Temprano, ¿por qué?

-Te fuimos a buscar antes de irnos a dormir y no estabas en tu habitación.- respondió Irene.

¿De cuándo acá todos se interesaban en lo que hacía?

-Estaba en la biblio...

Abigail se rió y me quedé sin terminar lo que iba a decir.

-En la biblioteca no estabas.

Cada una me miraba exigiendo explicaciones, parecían sospechar de algo aunque obviamente nunca sabrían la realidad. Sonreían, de seguro esperaban una confesión morbosa o algo sucio, cosa que aunque pasará nunca les diría.

-Estaba trabajando. La mandé a mi habitación para esto.

Bárbara había llegado a nuestro lado para ayudarme de paso. Y a todas se les borró la sonrisa.

-Vale chicas.- dijo en voz alta- La advertencia para todas es que no se alejen demasiado de la zona donde vamos a estar. Si se van más lejos no me hago responsable de ustedes. El resto ya sabe lo que tiene que hacer.

Todas escucharon a la primera, no era que la voz de Bárbara fuera tan alta sino que más bien todas guardaban silencio cuando ella hablaba. Inevitablemente dejaban de hacer lo que hacían para centrarse en la voz de la mujer que se limitaba a hacerse oír.

-Perla, por la noche tenemos fiesta. Albert te esperará en el auto a las seis. Yo llegaré más tarde así que le avisas y te vas con él.

Lucero y las otras ya se habían ido dejándome atrás.

-¿Dónde?

-Por detrás de las cabañas que habrá en la playa, sólo sigue el sendero y llegarás sonde está él.

Y se fue. Subía al autobús donde Abigail y Lucero me llamaron para sentarme con ellas. Bulliciosas todas, cantando y cotorreando sobre distintos asuntos.

-Perla- me llamo Lucero.

-¿Qué?- pregunte asustada.

Acababan de empezar a hacer preguntas comprometedoras y me tocaba a mí.

-Valeria tú preguntas- dijo Lucero después de reírse.

Más miedo me dio, Valeria era la menos recatada de todas, sus preguntas estaban dirigidas hacia un solo tema.

-Prepárate santita- me advirtió y adopto una postura pensativa.

Todas ponían atención. Irene se sonrojaba mientras Abigail jugaba con el collar de plata que llevaba, Valeria sonrió al fin.

-Cuenta la más caliente fantasía que tengas, ¿con quién? Ahorita. Todas sonrieron a mi cara de espanto.

-Ah… me niego a responder.-Ni se te ocurra ¿eh?... responde, responde.

Todas gritaban, me sentía acorralada, obligada a decir cualquier tontería que llegara a mi mente y decirla tan sólo para escapar de sus miradas y sus habladurías.

-Está bien.

Suspire y vi a todas en silencio.
-Aventar a Penélope de un acantilado. Ésa es mi fantasía.

Frases de decepción, Valeria quejándose con mi respuesta.

-Ya vale- intervino Lucero- Te toca Perla.

-Lo mismo para Valeria.

Valeria lo pensó un instante.

-En el ascensor, un trío. Bárbara, Perla y yo por supuesto. De lo más excitante.

Las risas estallaron y con ello vino mi vergüenza. La playa no estaba lejos, el problema era llegar al sitio. Un lugar muy apacible, bordeado de dos acantilados a lo lejos. El sol iniciando su trayecto en el cielo.

-Perla, vamos a nadar.

Todas en traje de baño. Valeria espectacular con uno negro que hacía notar y resaltar sus curvas, Lucero con uno muy lindo de holanes, Irene uno blanco recatado y Abigail con unas bermudas.

-Yo no sé nadar, me dedicare a cuidar las cosas.

Regrese al lugar que habíamos elegido para dejar las cosas y me senté. El resto jugaba y se divertía, Penélope se acercó a mí y yo agache la cabeza.

-Lo siento.- dijo al fin.

-¿Por qué?

Bárbara nos observaba desde la cabaña que había a seis metros. Podía ver aquel fuego que era su cabello y sentir las llamas de su mirada.

-Porque tú tienes tus razones aunque en realidad te odio.

Sonreí.

-Ni que esperara otra cosa de ti, rubita.

Se rió.

-¿Qué vas a hacer Perla?... digo, ¿qué vas a hacer con Bárbara?

-No lo sé, aunque no tengo muchas opciones que digamos Penélope.

-Bárbara me dijo que Eduart te está amenazando con lo de tu hijo. Sonreí de nuevo.

-Esa Bárbara...

-¿Qué?

-Tratando de defenderme, ¿quién le pidió que lo hiciera?

-Ja ¿tanto quieres que te odie?

-Tengo derecho ¿no?... Tengo todo el derecho de hacer que la gente me odie.

Se rió otra vez. Y se fue a la cabaña con Bárbara. La cabaña de madera y hojas secas de palma como techo para cubrirse del sol, aunque no parecía muy seguro si llovía. Y el sol seguía su camino en el cielo, corriendo detrás de la tarde. El sonido del mar me ponía ansiosa, en guardia. En cualquier momento el mar podía llevarse de nuevo mis sueños, en cualquier momento el mar podía hacer desaparecer todo lo que tenía. Aquella cosa llamada agua que parecía tan inofensiva podía destruir todo sin ninguna duda.

No sé cómo el tiempo paso pero lo hizo, el sol llegó a su ocaso y fue entonces que me di cuenta lo tarde que era. Ahora todas estaban alrededor de varias fogatas para evitar el aire frío que presagiaba tal vez una lluvia. Valera acaparaba la conversación y todas reían ante sus ocurrencias.

-Me voy- le dije a Lucero.

Detrás de la cabaña pude ver el sendero, en algún lugar de ese camino vería a Albert e iríamos a la fiesta donde estaría Alex y hablaría con él, ¿de qué podíamos hablar?, de miles de cosas. Para empezar le preguntaría del porque me había besado y después le preguntaría todo lo demás. La arena blanca se transformó en áspera tierra para dar lugar a un bosque seco, cosa comprensible ya que era otoño, mi piel sintió el frío y se me puso de gallina. A cada paso me alejaba más del mar, y a cada paso también me acercaba más a Alex.

¿Cuántos minutos pasaron? No lo sé, pero tenía miedo, en medio de esa oscuridad sentí el terror. Estaba tentada a ponerme los anteojos que llevaba en la bolsa pero sabía que si me los ponía las sombras y la oscuridad se volverían más nítidas e intensas. Los sonidos se incrementaron, el movimiento de las hojas acompañando la danza de la corriente de aire frío, meciéndose, buscando tal vez el sueño.

¿Dónde demonios estaba Al?

Un siseo. Me voltee asustada mirando alrededor, no había nadie cerca pero tal vez estaba escondido, ¿quién? En teoría la zona alrededor de Fantasía era neutral pero después de todo aún sufríamos los estragos de la Revolución.

-Camina derecha. No te detengas.

Una voz. Si no fuera porque reconocí la voz me hubiera volteado al instante. Seguí, ¿por qué era la advertencia? ¿Qué estaba pasando?

-Camina naturalmente- su voz era tan suave- Cuando llegues al puente puente lánzate al río, y nada hacia el norte. Espérame ahí.

¿Río? ¿Nadar? Bueno, no era mar pero era agua. Aún así confiaba en esa voz, si me había dicho aquello era por algo. En ese momento los vi y también vi el puente, al final de este cinco hombres que entre las sombras no se veían nada amigables, por detrás de mi note suaves pisadas que tal vez antes había tomado por ruidos del bosque. El puente era alto, el río parecía hondo, ¿aún así tenía que nadar? ¿Tenía que hacerlo?

-¿Es usted Kat Watson?- pregunto uno que se acercaba a mis espaldas.

Faltaba todavía para llegar al puente así que seguí caminando, tenía que hacerlo. Llegando al puente, a la mitad de este había una grieta como si recientemente le hubiesen destruido porque aún se veían restos de piedra cercanos. Los hombres al final del puente parecían no haberlo notado y los hombres de atrás estaban cada vez más cerca. ¿Tenía que arrojarme así nada más? Claro, es más fácil decirlo que hacerlo.

-¿Es usted Kat Watson?

-No- me acerque a la grieta- Mi nombre es Perla Islas, ¿quiénes son ustedes?

Ninguno respondió, pero si sacaron sus armas para apuntarme.

-Señorita, preguntare una vez más ¿es usted Kat Watson?

Tenía que arrojarme.

-Y yo diré una vez más que no.

¿De dónde saque las fuerzas?, no lo sé. Solo sé que de un momento a otro pase de estar en el aire al agua. Las primeras brazadas las di confiada pero cuando escuche el sonido de varias balas me bloquee, ¿quién estaba disparando? ¿a mí?

El borde paso de estar a cuatro metros a volverse lejano. El agua me engullía y ni mis brazos ni mis piernas me obedecieron. Todo se volvía gris. Todo se volvía oscuro. Ojala me hubiera puesto los anteojos para ver a la muerte de frente, pero inevitablemente ante la sensación de la muerte cerré los ojos. No estaba preparada aún para enfrentarme a ella. Ojala Daniel estuviera bien, ojala Bárbara fuera feliz.





Ocho hombres muertos. Eduart se estaba volviendo cada vez más débil ¿o eso, o yo era más fuerte? Me agradaba la idea porque significaba que era capaz de protegerla a ella. Me lance al agua, ya Bárbara se encargaría de limpiar el desorden, cuando llegue a la superficie busque con la mirada a Kat pero ella no estaba. Le había dicho donde debía estar y no estaba, en el agua vi un objeto brillante ir acompañando a la corriente, un par de lentes y luego un bolso. Fue por instinto pero me sumergí en el agua y estaba oscuro, y en el fondo distinguí su silueta. Eran tres o cuatro metros de profundidad en aquel río así que no era mucho pero si lo suficiente para ahogarse, nade hacia la sombra. Kat, como pude la saque y la arrastre a la orilla. Ni idea de que hacer, Bárbara no me había dicho que no supiera nadar. Saque el proyector.

-¿Qué paso?- Bárbara estaba del otro lado, en un auto y a medias podía distinguir a mi hermano. E inevitablemente sentí celos, Bárbara en un vestido negro con un gran escote por delante y aquel cabello suyo suelto y ondulado.

-Listo, aunque Kat está inconsciente, ¿estás segura que sabe nadar?

-¿Está bien?

Se alteró como si la vida de la mercenaria valiera la pena.

-Bien, bien. Trabajo hecho. ¡Adiós!

Y corte la conexión. Los proyectores habían sido eliminados y los pocos que quedaban eran para beneficio de Eduart, pero Bárbara no era tonta. Nada tonta y ésa era una de las razones por las que me gustaba. Y ahí estaba Kat recostada en el suelo expulsando agua por la boca, y sus ojos brillantes se volvieron a mí.

-¿Y Albert?

¿Eso era todo lo que podía decir?

-De nada por salvarte.

Me pare y camine siguiendo la senda al lado del río. Voltee y vi a aquella chica parada como tonta. Odiaba a las chicas tontas y simples como ella.

-Ven conmigo.-y seguí caminando.

Escuche sus quejidos a mi espalda, sus protestas acerca del frío que hacía y demás tonterías que tan sólo me hacían querer callarla.

-Ya casi llegamos- murmure.

Odiaba específicamente a ese tipo de chicas, indefensas y débiles, esperando que alguien las rescatara, poniéndose en peligro a propósito. Tontas y mil veces tontas. Llegamos, había dejado el auto justo donde me había dicho bárbara, había ido y hecho lo que ella me había dicho y todo había salido perfecto. Según lo que sabía, Kat ya no era útil para Eduart así que planeaba deshacerse de ella, de aquella mujer de rizos oscuros y ojos tristes ¿siempre habían sido tristes o alguna vez sonrieron y brillaron por amor?

-¿Por qué me besaste?

Sí. Buena pregunta. Una que yo me estaba haciendo ¿por qué había besado a una mujer que para nada era mi tipo y que aparte era la enemiga? Ella caminaba a mis espaldas tratando se seguirme el paso y yo la escuchaba respirar con dificultad. El aire era frío y ambos estábamos mojados lo que hacía aún más frías las cosas. Claro, tenía que pensar en algo más, como por ejemplo en ¿A dónde había ido Bárbara con Al? Porque según lo que sabía no irían a la fiesta de esa noche aunque a mí me encantaría ir. Las chicas ricas eran unas alocadas y les gustaba meterse conmigo.

-¿Por qué me besaste?

Me detuve. Era suficiente con que ni siquiera yo supiera porque me había alterado tanto al besarla como para que ella me hostigara. De cerca Kat sólo era una chica normal, linda pero normal, incapaz de luchar e incapaz de ser más de lo que era. Aunque sus ojos tristes realmente me volvían loco, como siempre cada vez que veía esos ojos me daban ganas de borrar toda la maldita tristeza que parecía embargarla.

-¿Por qué me besaste?- pregunto de nuevo.

Me detuve, sólo en ese momento me di cuenta lo cerca que estaba de ella, sin saberlo había camino hipnotizado hacia esos ojos y hacia esos labios.

-¿Por qué…?

Fue magnetismo, química, lo que sea. Aquellos labios exigentes de una respuesta los bese otra vez dulcemente, con cuidado y con pasión. Y el mundo tal como el día anterior giro y mi corazón latió apresuradamente amenazándome con salirse de su lugar. Su delicado cuello y su blanca piel me volvieron loco y la seguí besando, ella se estremecía y yo me detuve.

¿Y ahora que excusa le daba?

¿Y ahora que excusa inventaba?

-Alex, ¿por qué me besaste?

Y los ojos tristes me miraron desde abajo tratando de volverme loco y lográndolo.

-Nada especial, no es como si un beso fuera la gran cosa.

Y me separe de ella maldiciendo por sentirme así por una mujer que no era Bárbara.

-Entonces bésame de nuevo.

¿Qué carajo pensaba esa mujer?

-Mejor regresa a Fantasía. No creo que puedas ir a la fiesta con esas fachas.

Y camine lo más rápido que pude para alejarme de ella, aunque ella no paraba de seguir provocándome, casi incitándome a despojarla de cada una de sus prendas para volverla mía e incendiar su suave piel.

-Alex espérame.

Podía oírla gritar una y más veces mi nombre, más y más lejos cada vez. Ella era pequeña e indefensa e incapaz de alcanzarme, y yo no me iba a detener para esperarla. No me iba a detener por nada del mundo para rescatarla, yo no era esa clase de hombre, no se me antojaba hacer ese papel. Llegue al auto y conduje lo más rápido que pude, derecho a la fiesta.

-Maldita mujer.

Apreté el acelerador al recordar a Kat llorando la tarde anterior. Siempre desde pequeño había detestado que las mujeres lloraran porque me hacían darme cuenta que no podía hacer nada para consolarlas. Y aquella mujer había llorado delante de mí contándome que planeaba entregar a la mujer que yo amaba para salvar al hijo que había tenido con mi enemigo. Y aparte de todo la había besado, no una sino tres veces y las tres veces me había sentido débil frente a ella. Kat era una mujer peligrosa para mí y lo había sabido desde el principio pidiéndole que no se acercara a mí para resultar en que era yo el que me había acercado a ella. Esa maldita mujer. De seguro estaría llorando en cualquier lugar gritando que alguien la salvara. Maldita mujer débil. Pude ver las luces de la casa, hacía rato que la fiesta debía haber empezado y ojala algunas chicas todavía estuvieran disponibles. Y ojala Kat se ahogara, y ojala Kat se perdiera. Deje el auto fuera del estacionamiento y entre. Dos o tres chicos del fondo me vieron y avisaron al resto, al instante las sentí pegadas a mí besándome.

-Alex ¿Qué no sabes que a la piscina se mete uno sin ropa?- murmuro una teñida de rubio.

Sonreí. Aja, y también a la piscina uno solo se mete si sabe nadar. Y volví a enojarme conmigo mismo por haber pensado de nuevo en Kat.

-Bueno, ¿y qué les parece si nos metemos a la cama sin ropa?

Todas me siguieron a mi habitación en la planta alta. Todas empezaron a desvestirse y jugar conmigo. En algún momento a través del cristal vi la luna. Y el ánimo de acostarme con cualquiera de las harpías que estaban ahí se me vino abajo. Bárbara me había encargado claramente cuidar de Kat toda la noche y todo el tiempo que fuera necesario hasta que ella llegara. Y si llegaba y veía que no había hecho mi trabajo de seguro me mataría y después mi hermano me mataría de nuevo.

-¿Alex?

Las cuatro chicas me miraron sorprendidas. Me valía. Y salí lo más rápido que pude con sólo unos pantalones y los zapatos. Ahí, en el bosque había de seguro varios hombres que buscaban a Kat para matarla y Kat estaría asustada y buscaría ayuda con cualquier persona, y si se encontraba con la persona equivocada vendrían mis problemas. Acelere el auto. Después de todo Kat sólo era mujer tal y como Bárbara. Y como mujer no era capaz de luchar porque nadie le había enseñado, y como mujer necesitaba que alguien la ayudará a salir, y como mujer sólo quería olvidar sus penas pasadas y volver a amar. Eso decía siempre Bárbara y yo siempre le creía.

Y como hombre mi deber era hacer feliz a la mujer que amaba.

Y como hombre ni siquiera era capaz de reconocer que amaba a esa mujer.

¡Vaya fracaso de hombre que era!


¿Y ahora cómo saber donde estaba Kat? Lo más viable era volver al lugar donde la había dejado, y si no estaba ahí buscarla. Tal vez habría caminado de vuelta a Fantasía. Hacía frío y recordé que Kat estaba mojada, de seguro buscaría un lugar cálido y tal vez iría a la fiesta después de todo. Me metí a fuerzas una camiseta que había dejado ahí porque la había ensuciado con jugo. Llegue al lugar donde había dejado a Kat pero Kat no estaba ahí, ¿y ahora dónde demonios la buscaba?

Las nubes descubrieron por un momento a la luna y en la tierra húmeda vi las huellas de Kat, pies delgados y descalzos, Kat no llevaba nada de calzado. Demonios, la cacería no había terminado.

Corrí al auto para sacar un arma y varios cargadores que metí en los bolsillos de mis pantalones y corrí tras ellos. Ojala aún estuviera a tiempo para salvarla y ojala aún estuviera a tiempo para decirle que movía mi mundo.

Hacía frío y la luna desapareció. Las nubes amenazaban con descargar su lluvia sobre mi mundo. Maldición. De nuevo la lluvia contra mí. Y corrí aún más rápido. La noche aún era larga.

Me detuve al llegar al puente y en el puente pude ver a Kat acercándose a un hombre que le extendía su mano. Me acerque en silencio para escucharlos escondiéndome en las sombras.

-Kat, ¿volverás con nosotros?

Pero ella no respondía. Los hombres a su alrededor le apuntaron acorralándola hacia Eduart que seguía extendiéndola su mano. Eduart, el maldito Eduart a quien le gustaba arruinar la vida de las mujeres más importantes en mi vida.

-Kat, mi vida- se acerco a ella- Daniel es nuestro hijo y te necesitamos.

La abrazo, quise matarlo pero los hombres le seguían apuntando a Kat.

-Kat, te amo.

Kat empezó a llorar, no un llanto quedo y silencioso como la tarde anterior sino ruidoso. Ella estaba mostrándose a él con todas sus heridas, mostrándose a ella con todos sus miedos, tan sincera que por un momento tuve celos.

-Eduart yo te deje.

Y la lluvia empezó a caer.

-Kat no te preocupes. Empezaremos de nuevo y todo estará bien.

Varios autos se estacionaron cerca del puente, de uno de ellos bajo Bárbara y mi hermano acompañados de varios miembros de “Soul”. Salí de las sombras y me integre a ellos.

-Kat ven acá- llamo Bárbara.

Mi hermano, yo y el resto nos detuvimos antes del puente. Ese puente era la frontera entre Fantasía y el mundo que le pertenecía a Eduart, la frontera entre el mundo de afuera y Bárbara. Kat dudaba.

-Eduart querido. Mis huéspedes no pueden salir hasta que yo lo diga, así que será mejor que me esperes en casa.

Eduart reía.

-Bárbara querida, ¿tienes celos acaso?

Bárbara sonreía mientras se acercaba con toda su confianza.

-Sí mi vida. Y tomo la mano de Kat arrastrándola hacia nosotros.

-Te veré en caso amorcito- se despidió de Eduart.

Y Eduart se fue Kat temblaba de pies a cabeza, y seguía llorando. Sus ojos rojos e hinchados de tanto llorar, sus pies descalzos. Quise acercarme a ella pero Bárbara me detuvo.

-Hablare contigo después. Al llévate a “Soul”. Gracias por ayudarme esta noche.

Y subió con Kat en un auto dirigiéndose a Fantasía, el lugar donde no podía entrar pasara lo que pasara, el lugar prohibido.

-Alex, ¿qué diablos?

Mi hermano me esperaba en su auto.

-Olvide mi trabajo- confesé algo avergonzado.

-Vi el auto justo antes de despedirme de Bárbara. Si no lo hubiera sido por eso Kat estaría muerta, ¿lo entiendes?

No conteste y subí en el auto. Siempre que se enojaba Al no paraba de hablar recordándote todos los fallos cometidos a lo largo de tu vida y yo mejor me quedaba callado para evitar los problemas.

¿Cómo estaba Kat?

¿Cuándo la vería de nuevo?

Si ella amaba aún a Eduart y decidía volver con él, ¿Qué haría yo?

Porque yo la amaba, amaba su fragilidad y su voz, su rostro y su historia. Como mujer la amaba pero ella seguía teniendo un pasado con Eduart y un hijo de Eduart.

¿En su vida podía caber yo?

¿Qué significaba un beso para ella?

Si tan sólo pudiese verla de nuevo y tenerla sólo una noche más. Un instante.

¿En su vida podía caber yo?

El amor después de todo es algo complicado.

....................
Por fin, ya tengo listo el próximo episodio wiiii , pero por ahora os dejó con este...

A mí también me encantaría matar al "padre" pero todavía no sé cómo hacerlo sufrir lo suficiente....jajajaja.... shot .....pensando...

Ojalá les guste mucho.... :liindo:

Bueno, esta vez también les daré un adelante del próximo episodio:


Decimocuarto Episodio: “Instantes y Reencuentros”

...
El sonido de los tacones retumbó en la estancia. Como siempre oscuro aquel lugar no pude ver a la mujer que se acercaba aunque veía brillar su cabello rubio.
-Lucia retírese. Yo hablare con la señora Garibay.
Su voz era dulce ya amable. ¿Y aún así, quien era ella?
El sonido de los tacones se acercaba a mí, y en un traje blanco aquella mujer.
Ni siquiera pude decir algo.
Ni llorar.
Ni nada.
-Señora sígame.
Y la seguí. Nos dirigimos al depacho del antiguo dueño de aquella casa, pero esta vez no había más espejos que me devolvieran la imagen de mi rostro roto a punto de caerse tal como una máscara, ningún espejo que me ayudara a corregir la expresión que tenía en este momento.
-A su esposo no le gustan los espejos.
Sonreí.
-Señorita, ¿cuál es su nombre?
Su rostro me decía todo pero quería estar segura de que aquella mujer era la que yo creía que era. Estaba tentada a preguntarle directamente pero no podía porque temía que en mis preguntas se descubrieran todos mis sentimientos encontrados.
...


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por Natluz el Dom 19 Feb 2012 - 18:25

buenooooooooo, este Alex no sabe lo que quiere.
tanto sufrir .... que masocas.
esta vez me ha despistado mucho el diálogo. por un momento no supe quien hablaba....
gracias




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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por atenea el Jue 23 Feb 2012 - 13:37

episodio 11 happy
simplemente tengo ganas de leer más : :liindo:
espero encontrar tiempo :pobredemi:
por cierto me da mucha penita Barbara mori



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Sáb 10 Mar 2012 - 17:34

¿Cuánto tiempo no me he pasado por aquí?

Creo que mucho, espero volver aunque sea paulatinamente....... :pobredemi:

Que bueno que al menos la escuela va bien....... you
Gracias por leerme, y ojalá puedan esperarme un rato más para el próximo capítulo, que ya esta listo pero falta ser revisado exhaustivamente...

Abrazos y besos sabor limón......¿os gusta también la nieve de limón? :hot: , sobre todo cuando hace montones de calor que sientes que te vas a evaporar


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por zune el Dom 11 Mar 2012 - 20:26

@dinamene escribió:¿Cuánto tiempo no me he pasado por aquí?

Creo que mucho, espero volver aunque sea paulatinamente....... :pobredemi:

Que bueno que al menos la escuela va bien....... you
Gracias por leerme, y ojalá puedan esperarme un rato más para el próximo capítulo, que ya esta listo pero falta ser revisado exhaustivamente...

Abrazos y besos sabor limón......¿os gusta también la nieve de limón? :hot: , sobre todo cuando hace montones de calor que sientes que te vas a evaporar
Me alegro de que hayas vuelto ya echabamos de menos leerte.









Te quiero Ate!! :besote:
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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Lun 12 Mar 2012 - 9:42

@zune escribió:
Me alegro de que hayas vuelto ya echabamos de menos leerte.

Gracias!
:besote:


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Mar 13 Mar 2012 - 0:52

besos de limon??? ja ja
senota que gusta mucho.. porque a mi me encanta ja


Hola Invitado bienvenid@ a Fallen Angels



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Miér 14 Mar 2012 - 11:03

Obviamente Kalary....
Es refrescante...... calor
Así que a disfrutar estas épocas de calor, ¿qué no?.... :hot:



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Bárbara. Decimocuarto episodio.

Mensaje por dinamene el Sáb 17 Mar 2012 - 9:26

Bárbara: La Revolución de una Mujer.

Decimocuarto Episodio: “Instantes y Reencuentros”


Es triste ver las cosas pares siendo separadas”

Los instantes. Hablando de los instantes que cambian la vida de uno para siempre, yo los conocía. Eran el segundo, la fracción de ese segundo en el que todo cobra sentido y todo se vuelve claro y no hay velos por descorrer ni misterios que descubrir. Todo está ahí y el instante existe.

—Bárbara habla por una vez de nosotros, de ti y de mí, de lo que será. Del futuro que has planeado a mi lado. Por un segundo Bar no me hables de los demás.

Habíamos salido del auto un momento, él para fumar y yo para mirar a la oscuridad llegar. Albert se había cansado y yo también. Albert se había aburrido de mi misma respuesta, la única respuesta que podía darle, la que más le hería y de paso me lastimaba a mí.

—Albert. No te pido que me esperes, es más no quiero que lo hagas. Al déjame sola.

Y guarde silencio y el también callo. Lo amaba y él me amaba a mí. No habíamos encontrado en la miseria y nos habíamos acompañado mutuamente descubriendo el amor en algún lugar de ese pozo.

—Vamos.

Y entramos al auto de nuevo. Había recogido su cabello en una coleta por detrás de la nuca, aquel cabello que amaba tanto por ser suyo. Era de noche, solo sabía eso, el sol había desaparecido por detrás de las nubes que anunciaban la lluvia y yo sabía que una vez que se iba el sol llegaba la noche. Había dejado como siempre a Penélope encargada de todo, Perla se debía haber encontrado ya con Alex y ojala estuviera bien. Yo tenía que estar del otro lado esperando el momento en que el rey saliera del palacio para robar el botín.

— ¿Dónde te dejo? — preguntó el mismo hombre que momentos antes parecía amarme tanto y que en ese instante parecía simplemente haberme desconocido.

Una vez nuestros asuntos de amor quedaban fuera, él y yo solamente podíamos hablar de negocios. Así era nuestra relación actualmente.

—En mi casa. Me imagino que ahí ha de estar Daniel.

Las sombras y la inmundicia a la vista, tan a la vista que daban ganas de vomitar. Eso era lo que había dejado la Revolución, el mundo había cambiado radicalmente de mal a peor. Y aun así trataba de salvar eso. Aunque muchos apuesten por el mal mi postura ha sido recientemente hacia el bien, siempre desde el día en que yo por fin había vuelto a creer. No me importaba que el bien fuera un castillo de arena, o pompas de jabón, lo que importaba era su idea. Y Albert no entendía eso. Su apuesta siempre había sido al mal y al peor lado de las personas. Trataba con todas sus fuerzas de salvar un mundo en el que no creía, trataba con toda su alma de olvidar la oscuridad en la que había vivido. Albert a veces ni siquiera creía en mí a pesar de amarme porque a veces olvidaba que era el amor.

—Albert, ¿cuándo terminara esto?

Al final de una guerra las secuelas siempre son duras, uno no puede limpiar el polvo que queda ni tampoco las tristezas, ni las heridas, uno no puedo empezar de cero y ya porque el cero no puede volver, uno no puede reconstruir el mundo sobre varios malos recuerdos. Las consecuencias de una guerra nunca se borran, pero yo quería borrarla. Quería en un instante desaparecer ese pasado, porque a pesar de que en un instante había surgido todo eso no podía desparecer en un instante, y tampoco podía matarlo. La ropa hecha jirones de la mayoría de las personas que veía y dejaba atrás, sus rostros enlodados y con el semblante de la muerte, sus pies cansados arrastrándose en el asfalto y su alma oscura, oscura de odio por su situación y oscura de miedo por lo ya vivido.

—Nunca.

No me sorprendió la respuesta. Yo sabía que salvar aquello era casi imposible o imposible completamente. Aparte de estar encadenada, mi visión del mundo no era rosa. Mis errores me perseguían, pisándome los talones y más cerca cada vez de mí. Yo no era buena, no, lo había sido nunca y nunca podría serlo. Yo había vivido en la oscuridad y eso no se borra con dos ni tres buenas acciones.

—Albert, ¿tú me amas verdad?

No quería voltear a verlo así que a través del cristal del auto mire el mundo de afuera.

— ¿Quieres que te ame?

Pero esta vez yo no respondí. Él tenía razón. Con desesperación buscaba ser amada y querida aunque decía continuamente que eso no era cierto, y es más forzaba a los demás a que no me amaran.

—Albert, ¿entonces no me amas?

Había elegido para aquella noche un vestido negro y el cabello suelto y ondulado. Eduart siempre había dicho que mi cabello así era como cálidas llamas.

— ¿Y quién no podría amarte Bárbara?

Una respuesta vaga aquella.

—Perla por ejemplo.

Sonrió.

—Perla no es de las que odie y ya. Es más creo que ella no podría nunca odiar a nadie.

— ¿Y tú?

Reconocí la casa que había al fondo de la calzada. Aquella cosa con techo de doble caída de agua, aspecto descuidado y hojas de otoño alrededor. La misma casa en la que yo había vivido por tantos años. Llevaba más de dos años sin verla.

Nos detuvimos y no recibí al final ninguna respuesta.

— ¿Me esperas? — pregunte en el segundo escalón dándome la vuelta.

—Voy a “Soul”, regreso en menos de media hora.

Lo vi regresar por aquella calzada por la que habíamos llegado en aquel auto negro, toque el timbre. Una sirvienta abrió la puerta.

—Bienvenida a casa señora Garibay.

— ¿Está el señor?

—Ha salido.

Era una mujer entrada en años, de aspecto mandón y genio malo. Sus ojos eran como los de un demonio esperando la oportunidad de realizar sus travesuras y destruir algo.

—Señora, ¿puede esperar en la sala? — me detuvo cuando me dirigía a las escaleras.

—Voy a mi habitación.

—No puede. Son órdenes del señor— insistió.

—Yo soy la señora.

El sonido de tacones retumbó en la estancia. Como siempre oscuro aquel lugar no pude ver a la mujer que se acercaba aunque veía brillar su cabello rubio.

—Lucia retírese. Yo hablare con la señora Garibay.

Su voz era dulce y amable. ¿Y aún así, quien era ella?

El sonido de los tacones se acercaba a mí, y en un traje blanco aquella mujer.

Ni siquiera pude decir algo.

Ni llorar.

Ni nada.

—Señora sígame.

Y la seguí. Nos dirigimos al despacho del antiguo dueño de aquella casa, pero esta vez no había más espejos que me devolvieran la imagen de mi rostro roto a punto de caerse tal como una máscara, ningún espejo que me ayudara a corregir la expresión que tenía en este momento.

—A su esposo no le gustan los espejos.

Sonreí.

—Señorita, ¿cuál es su nombre?

Su rostro me decía todo pero quería estar segura de que aquella mujer era la que yo creía que era. Estaba tentada a preguntarle directamente pero no podía porque temía que en mis preguntas se descubrieran todos mis sentimientos encontrados.

—Bárbara ya deberías saberlo.

Lo sabía.

— ¿Magdalena?

Y no quería saberlo.

Cuanto tiempo la mire en silencio, y cuanto tiempo ella se limitó a sonreír observando mi confusión y mi desazón. Cuanto tiempo reconocí en ella a nuestra madre. Esos mismos ojos y no así la mirada, esos mismos rasgos y no así el semblante.

— ¿Hermana me miraras nada más o inventaras una excusa?

No entendí y por lo tanto no respondí.

—En este mundo hermana yo soy la persona que más te odia y también la persona que más te quiere muerta. Pero no ahora, ni hoy.

El tiempo, ¿qué había hecho el tiempo con ella? Y ¿qué había hecho conmigo para habernos vuelto enemigas? ¿En qué punto había empezado todo este odio?

—Magdalena, hoy lamentablemente no estoy para reencuentros. He venido a recoger algo importante y en vista de que la señora soy yo te pido que no me estorbes.

Me puse de pie lo más dignamente que pude y ella ni se inmutó. Camine pero al llegar al pie de la escalera vi a varios hombres armados, apuntándome cada uno de ellos.

—Bárbara, ¿crees que es tan fácil llevarte al mocoso ese?

—Soy Bárbara Garibay y les pido… No… les ordeno que bajen esas armas.

Pero no bajaron las armas y Magdalena se rió en voz alta burlándose de mi falta de autoridad. Estaba absolutamente débil frente a ella y frente al mundo.

—Bárbara ellos no te obedecerán. En esta casa solamente obedecen mis órdenes y las del señor Garibay.

Me voltee hacia ella. Yo era más alta y aun así me sentí pequeña. Ella era menor que yo y aun así me estaba intimidando. El mundo se volvía tan grande que me daba miedo desaparecer en medio de la nada, la inmensidad de afuera estaba destruyendo mi existencia.

— ¿Y quién eres tú para darme ordenes?

Sonrió.

—Yo. Yo soy lo que tú no eres en esta casa. Yo lleno los espacios que tú no ocupaste. Yo soy lo que tú no puedes ser.

— ¿Y qué es eso que no puedo ser Magdalena?

—Mujer, hermana. Tú eres un demonio, no una mujer.

Los hombres en la escalera seguían apuntándome y Magdalena seguía riéndose se mi con los ojos, su burla era más que clara en ellos.

— ¿Entonces llenas la cama en la que yo debería estar?

—Por supuesto.

—Que lástima Magdalena. Que lástima que sólo puedas estar donde yo no quiero. En pocas palabras recoges todo lo que yo desecho, y eso no es para estar orgullosa.

¿Odio? ¿Ira? En la hermana que yo recordaba nunca habían existido esos sentimientos, en la niña que ella había sido nunca había visto todo eso que veía ahora.

—No te creas tanto Bárbara.

— ¿Y por qué no? Eduart te tiene aquí y aun así va a buscarme. Eduart te tiene aquí y aun así me pide que vuelva. Eduart te tiene aquí y nunca te ha dicho que te ama, ¿verdad?

Se acercó a mí, herida como una pantera, herida y dispuesta a atacar.

—Te ama, cierto. Y se odia por eso, ¿no lo sabías? Se detesta por amara a alguien como tú. Te va a buscar, te pide que vuelvas y te dice que te ama, y regresa a mi llorando por ser débil.

Sonreí. Ya no me sentí tan pequeña, esta guerra podía no ganarla pero al menos podía quedar mejor de lo que parecía que estaba.

—Y aun así me ama, Magdalena no te engañes. Tú no das la talla para estar a su lado ¿de qué sirves? ¿Cocinera? ¿Amante? Y eso es todo. No puedes ser su esposa porque darías pena, tan linda y tan guapa pero tan simple, sin modales y sin porte. No te engañes Magdalena, no puedes ser yo y aunque estés aquí no puedes llenar mi lugar.

Un niño apareció de detrás de aquellos hombres, su cabello castaño como el de Eduart y la misma mirada de Perla, un niño inocente, un alma pura.

—Daniel regresa a tu habitación— le ordeno Magdalena.

Era mi oportunidad de hacer algo.

— ¿Daniel? Soy amiga de Kat, tu mamá.

Daniel se acercó lo más que pudo sonriendo detrás de los hombres que habían bajado sus armas ante un gesto de Magdalena.

— ¿Mamá? ¿Dónde está ella?

La voz infantil me conmovió.

—Te manda saludos y dice que quiere verte pero no puede.

Un niño. Los gestos de un niño y la tristeza de un adulto. Aquella voz infantil incapaz aun de mezclar correctamente los sonidos.

— ¿Y mamá como está?

—Bien Daniel. Me ha mandado para decirte que te extraña. Siempre nos cuenta de ti…

Sonrió. Un niño que extrañaba a su madre. Con tanta falta de una madre que lo consintiera y regañara, una madre que lo quisiera y que a veces lo castigara, una madre que jugara con él y le hiciera pastelillos con mucha azúcar.

—Daniel a tu habitación— grito Magdalena.

El niño la miró con odio, con un odio que incluso a mí me dio miedo. Un niño también podía odiar y un niño que crece y termina odiando no es bueno. Al menos a él tenía que salvarlo, al menos a él todavía podía salvarlo. Y Daniel se fue después de sonreírme.

—Me voy— dije dándome la vuelta hacia la puerta.

Magdalena me siguió. Fuera de la puerta Albert me esperaba con unos siete u ocho autos e integrantes de “Soul”. Todos de negro y Albert con el cabello suelto. De fondo la noche empezaba a caer.

—El negro te queda mejor.

Me voltee. Inesperadamente Magdalena había hablado, aunque ahora cerraba la puerta detrás de mí.

—Gracias.

Había sido un instante y Magdalena me había halagado. Era normal. No por ser enemigas éramos menos hermanas.

Y camine hacia Albert, aun había muchas cosas por hacer.

.......

Estoy cansada y agotada...
¿De qué? Aún me lo pregunto. Porque no es de escribir. Estos días la inspiración ha brillado por su ausencia.....

Pero, bueno. Ojalá os guste este episodio......Dinamene pensando en el próximo :shock: . Os lo juro! :alone:

Gracias por leerme! :nahh: .....Y esperen la primavera....¿eh?


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