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Bárbara: La revolución de una mujer.

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Historias cortas...

Mensaje por dinamene el Lun 15 Ago 2011 - 7:22

En este tema pondré las historias cortas, porque en sí la otra historia en la que estoy es muy larga.



Bueno empezaremos con bEt.

Espero no ofender a nadie con la temática de estas historias cortas.

Tal vez implique un poco de connotación para mayores de edad


Advertencia


+18


Bueno espero que les gusten.

cometarios, sugerencias ,etc. son muy bien recibidos.





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...Tal vez en mi imaginación An, quería seguir siendo tuya...




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bEt

Mensaje por dinamene el Lun 15 Ago 2011 - 8:52


Demasiada luz, demasiado ruido, demasiados problemas por sólo una mirada que di a mi lado. Era un hombre, ni que dudarlo tal vez unos años mayor que yo, cabello rizado y castaño, ojos café oscuro y unos anteojos de montura delgada y negra, una barbilla más bien redonda y una barba abundante ¿hace cuántos días no se afeitaba?, pómulos pálidos, una nariz común y un cuello delgado, la chaqueta color beige y de ese modelo que parecen usar los hombres comprometidos o casados. Demasiado común que mejor voltee a ver al tipo que desde que entré al vagón del subterráneo no me había quitado la mirada de encima. Aburrido. Y volví la vista de nuevo a mi lado derecho y el hombre demasiado común me mostró aquella sonrisa cálida como la primera vez, ¿Por qué nunca me acompañó hasta el final, al destino de aquel transporte?

Tal vez solamente fue el destino.

-Beatriz, entonces ¿qué dices?

Un gesto expectante, ansioso a mi respuesta, ilusionado con un final feliz.

-Lo siento. No. Mejor aquí lo dejamos.

Me di la vuelta, hacia ya tanto tiempo que había dejado de creer en los cuentos de hadas y para empezar yo había dejado de ser una princesa.

Otro más que agregar a la lista ya demasiado extensa del club de los PI (Pobres Ilusos) ¿Cuándo le había dicho yo que quería casarme? Ahora que lo pienso que estúpida idea el creer que una mujer como yo sé ataría a un hombre como él.

Al final del día sólo me quedaba ir a mi casa en subterráneo y todo eso debido a que un PI había terminado con una relación conveniente para mí. Sólo sexo, al final era esa mi única forma de pagarle.

Sí, ahora que lo pienso al final fue el destino el que me llevó ahí. No era que usase poco el subterráneo pero por lo general evitaba el contacto con una gran multitud de personas. Cuando en la estación las puertas del tren se abrieron busqué un asiento vacío que encontré al instante, corrí a sentarme y al hacerlo me encontré con la desilusión de una anciana.

-Lo siento- me disculpe y me pare rápidamente cediendo así un precioso asiento a aquella viejita que sosteniéndose de mí se sentó.

No es que fuera amable, fue el destino porque si no me hubiese quitado de aquel lugar la anciana no habría dicho.

-Que Dios te bendiga.

Y dios no me habría bendecido.

-Tome asiento- me dijo alguien que jalando de mi maga llamo mi atención.

El tren reanudó su trayecto, las puertas cerradas, el túnel oscuro al que entrabamos pareciendo interminable, demasiadas personas volviendo del trabajo o de la escuela pero volviendo a su hogar donde se les esperaba.

Me di la vuelta.

La primera vez.

Una sonrisa cálida.

No hubo más ruido, ni más problemas, ni luz excesiva, sólo lo suficiente para verlo a él (un hombre) y aquella sonrisa cálida.

-Siéntese- me dijo parándose.

-Gracias- fue todo lo que pude responder.

El hombre se paró frente a mí sosteniéndose del travesaño. Una chaqueta beige, unos anteojos de montura delgada y negra y un anillo. Casado, la etiqueta le entraba por doquier, y aún así no pude quitarle la mirada de encima. Pude ver su hastío y su cansancio, y también escuchar su bostezo, oler su colonia mezclada con el olor del suavizante que usaba su esposa, pude sentir cada detalle suyo a través de su ropa.

-Cariño, ya casi llegó… Faltan cinco estaciones… Te amo.

Por lo que escuché no le mentía a su pareja, su teléfono celular era más bien sofisticado y su voz oída por segunda voz era amable.

Fue el destino. Siempre fue él.

En seco, el tren se detuvo en seco. No sé cuanto tiempo las luces se apagaron y no sé qué paso en realidad, sólo escuché el comunicado.

-Ha habido unos problemas, en unos minutos se restauraran las luces y el trayecto del tren. Mantengan la calma.

Por mucho que se pidiera calma, es muy difícil hacerlo y la mayoría así como yo prendimos la luz del celular para ver mejor. Lo primero que vi a la luz del celular fue un aro de metal que recogí instintivamente.

-Mi anillo- oí un murmullo.

Con prisa guarde el anillo en la bolsa de mi abrigo ¿por qué? Ni yo sé porque, tal vez seguía siendo el destino.

Esa noche cuando llegué a mi departamento me di cuenta de lo impersonal que era, como si nada fuese mío, como si yo no existiera ahí. Limpie. Y preparé lo que usaría al día siguiente.

-Beatriz, que bien te ves- dijo mi jefe cuando pasó a mi lado.

-Gracias.

Los papeles a revisar, esa mañana el trabajo fue más bien escaso.

-Beatriz entra en cinco minutos- me gritó el jefe.

Y en cinco minutos entre. La oficina seguía siendo la de mi jefe, pero mi jefe ahí tenía nombre: Omar, un hombre casado de 40 años con una hija de dos que era su adoración. Sus manos volaron a mi cuerpo en cuanto entre.

-Señor, su esposa llamó avisando que llegaría en 30 minutos. En diez minutos llega así que será mejor que se olvide de mí por hoy.

La misma hora, el mismo tren, el mismo vagón. Al abrirse las puertas, ahí estaba él y su misma cálida persona y su misma apariencia de casado. Un asiento vacío a su lado.

-Disculpa.

Volteó a verme sorprendido.

-Soy Bet- me presente- ayer antes de bajarme del tren en la última estación encontré una anillo y como vi que ayer buscabas algo pensé que tal vez sería tuyo.

Al oírme su rostro se ilumino.

-Mi nombre es Alberto y si… creo… a lo mejor es mi anillo.

Una sonrisa cálida.

-Lo siento. Hoy no traigo el anillo conmigo pero si realmente te interesa recuperarlo de inmediato podrías acompañarme a mi casa. No está lejos de la estación.

Duda, muchas dudas pero se rindió, necesitaba confiar en mí y yo quería que lo hiciera.

-Debo llamar a mi esposa- me dijo antes de salir de la estación.

Afuera llovía y también estaba oscuro. A pesar de que Al se había rezagado pude oir lo que dijo.

-Se me hizo tarde… Si, si… No, mi amor… Estaré bien.

Y la primera mentira cayó.

-Pasa, siento que no tenga algo que ofrecerte pero como ves no hay luz.-me disculpe al entrar.

-No te preocupes, de todas maneras tengo prisa.

Corrí a mi habitación aventando sobre un buro el blazer y la bufanda, tomé el anillo de la cama y corrí a la entrada. Como pensé Al seguía ahí ya no tan confiado.

-Aquí esta- le dije a unos tres metros de él- pero pasa para que te lo de.

En la oscuridad camino hacia mí, hacia mi voz, cada paso que el dio hacia mí fue un paso hacia atrás mío.

-Bet, ¿Qué pasa?- pregunto confundido.

-al, ¿sabes que debes de pagar algo del mismo valor por lo que quieres?

-¿Qué quieres?- pregunto con dureza.

-Tu fidelidad por tu matrimonio. Sólo esta noche.

¿Cuánto tiempo lo pensó? Fue casi media hora tal vez, pero al fin me respondió con lo que quise.

-Está bien. Sólo esta noche.

Sonreí. Sobre la tierra de la planta más cercana deje caer el anillo y corrí hacia él. Al principio el no hizo nada y yo hice todo, al principio fueron mis labio sobre los suyos pero después también fue su deseo hacia mí.

Nuestras ropas cayeron.

Nuestras pieles se tocaron.

Nuestras manos se mezclaron.

Esa noche conocí el amor.

-Lo siento amor… Me quede dormido… Lo siento… Ahorita voy para allá… Perdóname… Te amo… - y colgó.

-¿Dónde está mi anillo?- preguntó vistiéndose.

Rompí a reír y así desnuda corrí hacia la planta y tome el anillo. No fue necesaria la luz artificial. Era de mañana y la luz del sol nos iluminaba e iluminaba mi cuerpo cuando él salió de la habitación.

-¿Quieres la llave?

-No Bet.

-¿Mi teléfono?

-Sólo quiero ese anillo Bet.

Estire mi mano hacia él y abrí la palma de mi mano. Al tomo su anillo y corrió a la salida.

-Vuelve cuando quieras- le grite.

Se fue.

¿Cómo olvidar al amor cuando el amor toco nuestras vidas?

El culpable fue el destino, sólo el destino.



Esa tarde hubo una reunión de mi jefe y otros tantos como él en un hotel para una comida a la que fui como su asesora y después ya en la habitación 18 como su amante.

No era amor.

-Omar me voy. Te veo en la oficina mañana- dije antes de salir.

-Beatriz no te vayas- pidió aún medio dormido.

-Bye.

Hacía tiempo que no amaba a alguien, así que no recordaba cómo era hacerlo, no recordaba cómo era entregar todo a un amor. Yo sólo sabía mentir y meterme con hombres casados, los buscaba, anhelaba tanto el papel de amante.

¿Por qué siempre definen a la amante como una mujer sin orgullo ni principios? Principios tenía y orgullo también pero ya no tenía sueños, sueños era lo único que no tenía. Había pasado una semana y Al no me había buscado, pero aparecería porque necesitaba que apareciera.

El frio del invierno sólo acentuó mi debilidad, yo no tenía amor y por lo tanto no tenía calor. “Esta navidad moriré de frío”, pensé.

Era muy de noche, algo como las once o más, las calles vacías se alargaban a cada paso que daba, el edificio al que entre apenas y tenía iluminación, el elevador rechinaba.

Luz. Amor.

Frente a mi puerta.

Al.

Una barba de días. Un débil olor a alcohol, eso y la sonrisa cálida y borracha de Al.

-Bet. Ayúdame- me pidió.

-Primero pasa- le dije.

Pase yo y paso él, antes de encender las luces al ya estaba sobre mí.

-Bet ya no soportaba más, tenía que verte… tenía que verte…

-¿Qué pasó?- pregunté entre besos.

-Bet te amo. Sólo puedo pensar en ti y en ti y sólo en ti.

Una noche más, una noche más.

Cuando abrí los ojos Al ya se había despertado y se estaba vistiendo.

-¿Volverás?-pregunte desde la cama.

-No lo sé- respondió secamente.

Lo abracé por la espalda. Necesitaba su calidez.

-Bet, ¿con qué cara voy a ver a mi esposa?

-No sé.

-Bet. Esto no está bien.

-Lo sé- respondí- No sé con qué cara la vas a ver a ella porque sólo se con qué cara me vas a ver a mí- y acaricie su mejilla a lo que él se abandonado como cachorro mojado- Sólo necesito eso, que me veas a mí.

Era egoísta como toda amante, era caprichosa como toda amante pero también amaba como toda mujer, nadie podía quitarme el derecho a amar.

-Al te amo- fue todo lo que dije- Espero verte mañana de vuelta en el tren.

Amor. Todo por amor. El destino.

Fue el destino. Dios. Lo que sea.

Esa mañana re renuncie a mi trabajo.

Fue el destino. Otra vez.

El tren se detuvo. Entre.

Al estaba sentado y me senté a su lado.

-Mi nombre es Beatriz. Soy una amante y para ti nunca seré otra cosa que una amante.

Su silencio sólo fue una afirmación de lo que dije. Silencio y nada más.

-Al, ¿sabes por qué nunca llegarás a la última estación conmigo?

-¿Por qué?- preguntó.

Sólo faltaba una estación para que el llegará a su destino. Y el destino.

-Porque yo no estuve contigo desde el inicio de tu viaje. Llegué tarde a tu vida.

Las puertas se abrían.

-Adiós Alberto. Ve con ella.

Se paro.

-Adiós Beatriz.

Salió y las puertas se cerraron.

No fue el destino. Nunca lo fue.


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por atenea el Vie 2 Sep 2011 - 12:34

ohh, muy buena la historia
quiero más historias de esas :suplica:



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por Eugeeh el Vie 14 Oct 2011 - 20:52

muuy buena , aunqe un poco confusa... eso o tengo una peqeña perdida neuronal


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Mar 18 Oct 2011 - 13:14

gracias!!!!!!!!!!!!!!! Por supuesto que tengo más historias...

Gracias por leerme!!!!....


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Primer episodio: VISITAS

Mensaje por dinamene el Mar 18 Oct 2011 - 14:21


Bárbara. La revolución de una mujer.
Primer episodio: Visitas


Era simplemente hermosa. Cabello rojo, piel pálida más que blanca y unos chispeantes ojos oscuros. Una mujer furiosa aquella, una mujer y aún así triste.

......

De blanco, los pasillos blancos lo eran todo en aquella torre nacida del centro del mar, desafiando las olas, sangrando las gotas de agua a través de su piel color perla, alcanzando el cielo a pesar de su estrecha figura, aquel lugar era la Fantasía de los años pasados, la Fantasía de una mujer llamada Bárbara, la que libero los cuellos de las asfixiadas amas de casa y madres, la salvadora de las confundidas profesionales, la paloma de las féminas. Bárbara, la mujer.

El camión avanzó en medio de las piedras blancas, las mujeres contentas hechizadas ante su futuro, el brillante futuro que las esperaba, mujeres de todas las edades con montones de ilusiones y sueños y ambiciones. Tanta inocencia, tanta experiencia, tanto dolor pero al final también tanta esperanza se fundían en ese momento.

El mar, odiaba el mar a pesar de su azul era la cosa que más odiaba en este mundo, la cosa que más detestaba pero por eso tenía que vivir ahí soportando la dichosa paz y liberación que proclamaba Fantasía, odiaba la humedad de sus playas y el blanco de su espuma ante el bullicio, odiaba el hecho de que tuviera que secaarme cuando entraba en ella, odiaba cada partícula que la componía y sobre todo odiba su poder porque hacia que también me odiara a mi misma.

-Todas bajen del autobús, el último tramo la haremos a pie- ordenó una mujer con traje blanco y cabellera rubia.

Era raro que hubieran elegido el color blanco en medio de aquel mundo que lo ensuciaba todo, las gotas de agua mezcladas con la arena lo manchaban de principio a fin. Esa también era una cualidad propia de las mujeres, la capacidad de mancharse al menor movimiento, esa debilidad, esa suciedad después de ser usadas.

-Hola.

Una chica de aspecto dulce me saludó al bajar del camión, una melena corta y café oscura, morena, ojos vivaces y sonrisa más bien abierta. Al fondo el mar y sus horrores disfrazados de azul. Me extendió la mano y yo le ofrecí a mía en forma de saludo.

-Mi nombre es Lucero, ¿cuál es el tuyo?

-Perla

Caminamos intercambiando información básica, por lo que entendí Lucero era de Sudamérica, vivía en una playa, era pescadora cuando la revolución cayó.

-¿Y tú por qué estas aqui?- me preguntó un poco avergonzada al hacerlo.

-Fui abandonada por el hombre que mas ame.

Volteó y me sonrió. En ese momento me di cuenta que era más baja que yo y también más pura y también más blanca.

-¿Más o menos como todas las que estamos aquí? ¿no?

Sip, esa era la historia de Fantasía, sólo en Fantasía podíamos volver a amarnos por ser mujeres, sólo ahí encontraríamos la felicidad. Al fin y al cabo sólo era una leyenda. Sólo eso y nada más. Pero yo estaba ahí para comprobarlo.

La entrada a Fantasía era en si eso: una fantasía de mujeres o más bien de cuentos de hadas, los caballos blancos y las mariposas, y las flores. Todo en blanco, ese era su patrón, todo blanco, ningún color aparte del azul del cielo y el mar, y el gris de las tormentas, los únicos colores de más no los dba la naturaleza.

-La llave que les fue dada al inicio del viaje es para su habitación, los mapas están en las entradas de los edificios. Recuerden nunca dar su nombre real, aquí son lo que ustedes quieran ser, en este mundo ustedes tienen derecho a ser lo que quieran. A las cinco deberán bajar al vestíbulo para la ceremonia de iniciación.

Los pasillos.

-Perla!!!!

Volteé. La señora de blanco, la guía del autobús me llamo desde lejos, pero ya no pude verla porque el elevador se cerró en ese mismo instante. Pude bajar pero era mejor ignorar todo, me cansaba pensar el esfuerzo que tenía qque hacer para regresar.

237

Entré. Llamaron en la puerta nada más dejé las maletas en la acolchonada cama.

-Adelante

El chasquido de la perilla al abrirse. La silueta de alguien entrando. La luz de la tarde entrando por la ventana, el viento sacudiendo las cortinas de encaje. Bárbar y su presencia, eso fue lo que entro en mi habitación.

-Perla. Bienvenida.

Era simplemente hermosa. Cabello rojo, piel pálida más que blanca y unos chispeantes ojos oscuros. Una mujer furiosa aquella, una mujer y aún así triste.

Ella. La gran mujer estaba frente a mí.



............................

Llevó tiempo queriendo escribir esta historia. Ojalá les guste....

:}


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Segundo episodio: PRIMERAS PREGUNTAS

Mensaje por dinamene el Dom 23 Oct 2011 - 23:18

Bárbara: La revolción de una mujer.
Segundo episodio: Primeras preguntas.
¿El viento en la playa debe tener algún tipo de componente que lo haga especial y diferente al del resto del mundo? ¿Las ventanas de una fantasía pueden resistir realmente contra la fuerza implacable del viento? ¿La dignidad de una nujer puede soportar las inclemencias del tiempo?
-¿Qué haces aquí?- preguntó al fin Bárbara
Tal vez me equivocaba, pero ¿esa no debia ser mi pregunta?, tal vez me equivocaba pero realmente esa era la pregunta que yo me estaba haciendo.
-Uhm!!!- responder a una mujer de tal imponencia no es nada fácil, uno puede ir perdiendose en las múltiples maneras de responder de una manera inteligente pero al tratar de hablar tu lengua sabe perfectamente que no encontrarás ninguna, responder a una mujer de ese temple no es nada fácil, lo supe ese día.
La puerta se abrió, la chica rubia de antes parecía totalmente exhausta de haber corrido de esa manera para llegar justo en el momento en que Bárbara murmuraba algo como "incompetente", la cara de la chica se tornó a colores cenizos en ese instante sin dar tiempo ni siquiera al blanco.
-Señorita Bárbara en serio disculpe. Hubo algún error al imprimir los resultados de las habitaciones, Penélope me informó esta mañana pero no pude encontrarla a tiempo, lo supe apenas hace unos minutos... y ...Por favor señorita perdóneme!
-Ana cálmate, ya lo sabía. Trae a Penélope aquí, ¿de acuerdo? Yo mientras hablaré con Perla.
Algo estaba mal, el mundo y las ideas y el presente, las ideas y el pasado, pero en ese mar de confusión lo único que estaba bien eran las metas y los motivos, los motivos que nos llevan a las aspiraciones. Las cosas que debemos hacer no son destruidas tan fácilmente ni por la bondad, ni por los sueños.
-¿Puedo sentarme?
Me sorprendí a mi misma perdiendo el control de mis acciones, inmersa en mundos que no debía visitar por el momento. Pero aquella mujer aún asi sonrió y se sento en el sofá que había frente a mi tomando el lugar que parecía corresponderle desde siempre, ocupando algo que hasta hace tiempo había estado vacío. Si alguna vez una sonrisa ha logrado llenar un cuadro gris, si alguna vez una esencia ha logrado anestesiar aunque sea una herida, si alguna vez una palabra dulce ha salido en favor del desprotegido para proteger, si alguna vez una mirada ha dado una mínima esperanza, si alguna vez ha pasado eso en el mundo no hay duda de que provenía de aquella mujer, una magia capaz de eso tenía que provenir de ella.
-Bien Perla, se supone que en teoría tienes 32 años, tu nombre era Sofía y vivías en Centroamérica, ¿verdad?
-Si.-respondí sentandome en la blanda cama que había detrás de mi.
-Ok, esta bien creer en las mujeres pero nisiquiera yo creo aún en todo lo que las mujeres dicen.
Aquella mujer me miró a los ojos en el mismo instante en que yo busque una respuesta en la suya, pero no fue ella la que bajó la suya sino yo. Tenía miedo de que ella supiera la verdad, tenía miedo de que ella: una desconocida hasta ahora me odiara, tenía miedo.
-Perla. Fantasía fue hecha especialmente para mujeres como tú, un mundo lleno de ilusiones pero fuerte contra las tempestades. Fantasía es el mundo que desde siempre he soñado, un mundo inundado de sueños y cuentos de hadas pero enfrentándose a las brujas malas y a las hermanastras envidiosas. Fantasía es un año que les doy para reconstruir sus utopías y su realidad, pero si tú no puedes hacerlo entonces te doy dos, incluso tres, los años que quieras. Perla quedate aqui hasta que llegué en el momento en que tu realidad y este mundo se parezcan, cuando los fantasmas de tu pasado hayan sido dejados en el pasado completamente, cuando estes decidida a ser feliz. Te ofrezco eso. Piensálo antes de que acabe el año.
El silencio y mis preguntas tenían en ese instante miles de parecidos. ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¿Por qué?
Los suaves golpeteos contra la puerta resonaron entre el espacio de las palabras no dichas como si de alguna forma quisieran llenar lo que nadie más quiere llenar.
-Pasa
La persona que entró ahí era la mujer más hermosa que he visto en mi vida, ella era el mismo blanco que vestía, el mismo negro de su pelo contrastaba con su alma, el mismo oscuro de sus ojos contrastaba con la pureza y el aura blanca que la rodeaban.
-Penélope ella es Perla. Informale de lo que tendrá que hacer desde este preciso instante.
Se volteó a verme y se paró. La puerta se cerró y la esencia de Bárbara desapareció de la habitación. Penélope dejó un traje blanco nuevo en la cama y empezó a hablar.
-Ponte este traje inmediatamente, baja al vestíbulo en cuanto estes lista. Buscáme para que te diga lo que tienes que hacer.
Salió.
¿Qué estaba pasando? ¿Qué hacía yo ahí?
Las largas escaleras dejadas atrás, la torre en lo alto del castillo ausente, el contacto con la seda de la blusa que me había puesto, el peso de los tacones y la molestia de usarlos. No lo había pensado antes, pero ¿cómo se suponía que debía buscar a una persona de entre mil que se congregaban en el vestíbulo? peor aún ¿en el blanco se puede buscar al blanco?
-Perla, ¿y ese traje?
Lucero se acercó a mi vestida en un vaporoso vestido blanco con nada de escote y nada de complicado, pero lindo para una chica pequeña como ella.
-Me obligaron a vestirlo, aún no entiendo porque pero estoy buscando a Penélope.
-¿Penélope?
La voz de un hombre vino justo desde mi espalda. Por si las dudas me voltee pero sólo encontré a una mujer alta con un sombrero de ala ancha y abrigo más que vestido.
-Disculpe, ¿usted acaba de hablar?- pregunté entre asombrada y confundida ante aquella mujer que escondía su rostro en las sombras del solmbrero.
Lo único que conseguí fue que señalara a su izquierda y se fuera, al seguir la dirección que me había señalado vi a Penélope hablando con la chica rubia que si mal no recordaba era Ana.
-Bye Lucero! Te veo en la cena.
Lucero me miró consternada pero aún así corrí antes de que perdiera de vista a Penélope, justo en el instante en que iba a llegar ella volteó y me vió.
-Bien hecho. Ahora ve con Bárbara y por nada del mundo te despegues de ella, haz lo que te pida y sobre todo sé muy discreta. La vida de Bárbara no debe de ser pública: esa es tu regla ¿entendiste?
Asentí.
¿Por qué yo?


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por atenea el Lun 24 Oct 2011 - 15:30

muy buena la historia



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Lun 24 Oct 2011 - 18:31

Gracias atenea!!!!.... acabó de pasarme por tu blog, estoy empezando a leerlo......

Me gusta.....cuando me ponga más al corriente comentaré. Lo juró......


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por atenea el Lun 24 Oct 2011 - 21:07

me alegro de que te guste mi blog happy
en cuanto a lo de empezar te recomendaría que comenzases por el príncipio, es decir, por el capítulo uno, arriba a la izquierda tienes el índice sonrisa
ahora mismo me paso por el tuyo sonrisa



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Bárbara. Tercer episodio.

Mensaje por dinamene el Jue 27 Oct 2011 - 23:13

Bárbara: La Revolución de una mujer
Tercer episodio: Noches escandalosas.


Los aplausos se oyeron por todo el lugar, sin lugar a dudas Bárbara era de esas personas que llaman líderes, haciéndose oir por todos, haciendo respetar sus ideas como si en realidad después de escucharlas no hubiera otras, lavando el cerebro de las personas.

-Bien, de entre todas ustedes elegí una secretaria que va a ser la persona más cercana a mí de ustedes, cualquier duda que tengan consultadla con ella, además de Penélope a la que ya les he presentado. Perla que está a mi derecha es esa persona. Disfruten el otoño aquí.

Todas voltearon a mirarme, me sentí observada de pies a cabeza, barrida, calificada. Eso me ponía de nervios. Aún así nadie objetó, de seguro esa era influencia de Bárbara y no mía pero estaba bien.

El programa fue ejecutado correctamente de principio a fin, la hora de la cena llegó y fuimos a las cafeterás principales distribuidas de acuerdo al edificio que nos correspondía. Las que estabamos en el edificio principal de los dormitorios 1 al 500 acudíamos a la cafetería del tercer piso, las mujeres que residían en cinco edificios pequeños distribuidos en forma de semiluna alrededor del edificio principal tomarían las tres comidas diarias en el primer piso además de en planta baja. Los bosques formaban algo parecido a un laberinto alrededor de los edificios, de hecho la única manera de llegar ahí era a través de ese laberinto ya que por mar era prácticamente imposible, nadie podía desafiar semejante fortaleza.

-Perla- me llamó Lucero una vez entré a la cafetería.

La cafetería era eso: una cafetería.Me recordaban a mis épocas de estudiante con la señora que te avienta un cucharón de col de dudosa procedencia en un plato que se balancea hasta caer de lado, el cartoncito con leche y el popote, y los platillos especiales que eran o pizza o hamburguesas... aunque en este caso si tenías opción de escoger un menú, desde menús sencillos hasta sofisticados, podías repetir comida y postre (repetir postre era un regalo de Dios), y aparte de todo con una vista preciosa al jardín que estaba al centro de los edificios... era hermoso sin lugar a dudas.

Lucero no estaba sola aunque eso podía entenderlo perfectamente, esa actitud abierta al mundo como si todo estuviera bien si estabas junto a ella, pude ver tres mujeres sentadas en la misma mesa acompañandola. Por alguna razón siempre me han asustado que más de dos personas esten conmigo, detesto que de un momento a otro tenga que compartir mi vida con ellas, me aterra estar regalando partes de mi misma, me espante salir herida y no poder arreglar nada después.

-Perla ¿no vienes?

Tuve miedo, pero fui y me senté al lado de Perla evitando así el contacto con las otras que me miraban de arriba abajo reconociendo en mí a la nueva secretaria de Bárbara.

-Yo soy Irene- se presentó una joven de apenas 24 años, de esas mujeres que caminando por el tianguis las encuentras con un delantal común en las amas de casa, no muy bonita pero si de esas mujeres que tienen confianza como amas de casa. Vestía un pantalón blanco con zapato bajo y un suéter de punto muy holgado.

-Yo soy Abigail- me dijó la chica del pelo lacio y oscuro, extremedamente delgada y con un rostro de facciones afiladas. También era pequeña más o menos de la estatuta de Lucero. Vestía una falda larga de encaje y una blusa de un estilo que encontarías en una hippie, añadiendo miles de colgajos y anillos.

-Y yo Valeria- se presentó la chica que en la mesa se encontraba más cercana a mí, ella era más bien alta, de esas mujeres ni flacas ni gordas sino con la carne suficiente como para impresionar a cualquiera, piel bronceada y cabello teñido en un color negro violáceo, vestía un vestido elegante y que exibía aún más los atributos que la vida le había dado. Además era la más alta de las que estabamos en esa mesa.

Al centro de la mesa había un arreglo de margaritas y violetas las cuales en mi vida imagine juntas.

Después de cenar y repetir postre Penélope me buscó para decirme que Bárbara me buscaba y que la esperara en el estacionamiento que estaba al lado de los caballerizas. Caminar por la noche en medio de la oscuridad no es una cosa que me de mucha alegría en realidad, desde pequeña he temido a la oscuridad más que al coco que se escondía debajo de mi cama. Las lámparas estaban encendidas pero eso no aminoraba el hecho de que no tenía compañía.

-¿Cómo te llamas?- preguntó alguien desde la oscuridad, una voz de hombre sin lugar adudas.

Forcé la vista, de por si era miope y en realidad había olvidado los lentes en mi maleta, y a parte de todo la oscuridad no mejoraba las cosas.

-¿Quién eres?- pregunté en realidad demasiado asustada.

Cuando al fin pude distinguir algo lo que vi me dejó aún más confundida, la misma mujer de sombrero y abrigo blanco que había encontrado en el vestíbulo.

-Perla sube al auto.

Bárbara llegó corriendo de quien sabe donde y se subió en un coche negro que estaba al lado de aquella mujer tan rara. Tuvé que subirme como si no tuviera elección. Bárbara arrancó y salió disparada en medio de la oscuridad, era tal la velocidad que temía morir de un momento a otro.

-Bárbara, por dios. Me vuelves a hacer estas ropas tan raras y juró que te mato- exclamó la extraña mujer quitandose el sombrero.

La extraña mujer no era otra cosa que un hombre, quedé totalmente con la boca abierta. ¿No se suponía que en Fantasía no había hombres?

-Alex... Perla no sabía nada todavía.

Pero en absoluto se preocuparon, sólo empezaron a reir y el llamado Alex se acercó a mi tocando mi mejilla.

-Conque te llamas Perla.... Bonito nombre.

Me desmayé. Cuando desperté Alex estaba a mi lado durmiendo, la cama era de las que ves en las películas estilo princesa y toda la cosa. La luz de la lámpara del techo iluminaba la habitación completa. Alex robó mi atención, era la clase de hombres que sólo ves en la televisión con un cabello castaño, fornido y alto pero con elegancia, pestañas largas, y manos que no concían el trabajo. Hermoso, las líneas de su cuerpo eran una obra de arte. Quede embelesada.

-Perla ¿acabas de despertarte?

La puerta abierta frente a mí y Bárbara asomando la cabeza. Asentí.

-Alex despiertáte!!!!!- gritó a todo pulmón.

Un Alex somnoliento se despertó a mi lado y me sonrió. Esa sonrisa fue la que hizo que las cosas perdieran completamente el sentido, de seguro en algún lugar alguien etiquetaría eso como una afasia, afasia por una sonrisa, ó más bien una afasia por la sonrisa de un hombre guapo.

-Bar ¿qué pasó? - preguntó acomodándose el cabello y sentándose en el borde de la cama.

-Te dormiste al lado de mi secretaria. La fiesta empezó hace una hora así que será mejor que te apresures sino ya no habrá diversión para ti. Las chicas se estan acabando.

Bárbara estaba frente a nosotros, pero ya no de blanco sino de rojo, un vestido demasiado escotado por la espalda y en realidad demasiado delgado y frágil envolviéndose en la seguridad de Bárabara, un peinadao rizado como un león de esos que te dejan embelesado por su hermosura.

-¿Y para qué necesito a otras si Perla es en sí demasiado hermosa?- y me abrazó con uno de sus brazos, brazos de hombre, brazos que quería me envolvieran.

-No seas cínico. Sabes perfectamente bien que a mis chicas no las tocas ni tú ni ningún otro hombre mientras esten conmigo.

Alex salió después de recordarme lo bella que era y sonreírme bloqueando cada pensamiento que pudiera procesar. Bárbara se quedó sólo para decirme:

-Perla, no te enamores ¿vale?. El amor es lo que te trajó aquí. Además Alex no es un hombre serio.

Salió, el ruido de afuera era de música y risas, voces de mujeres y hombres. Palabras antisonantes oyéndose por doquier.

No quería salir, pero a igual que una chica de pueblo tuve curiosidad y salí. Un salón iluminado por lámparas de plasma, tapiz color azul eléctrico y negro, sofas en los mismos colores, y demonios.A pesar de su belleza aquellos hombres y mujeres eran demonios, rubias por doquier, morenas y blancas, altas y pequeñas. Hombres con aspecto de príncipe y otros de luchador. Hermosos de pies a cabeza pero demonios bebiendo y fumando y jugando a vivir. Parejas, tríos y orgías por doquier.

-Hermoso ¿no?

Me voltee, Alex con una copa contemplando aquel escenario con fascinación y lujuria, camino hacia una pareja de chicas uniéndose a ellas, cerré mis ojos y me volteé.

¿Qué pasaba ahí?

¿Qué demonios pasaba?

¿Esa era la realidad, ó sólo un espejismo?
.........
Tercer capítulo....
Ok.....
Gracias a los que pasen a leerme.... ojala les guste...


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Bárbara. Cuarto episodio. Primera parte.

Mensaje por dinamene el Vie 28 Oct 2011 - 11:28


Barbara: La Revolución de una mujer.
Cuarto episodio: Una revolución por la libertad en medio de la oscuridad.
Primera parte: El incendio.
Corrían los años de 1990 cuando todo empezó, en un lugar remoto en medio de América, llegó una pareja de 17 años ella y 20 años él, la chica or lo visto tenía un embarazo de 5 meses o algo así. Caminaron por la calle princial, la cuál en realidad solo era una, al lado de esta se disponían la tienda de don Ignacio donde se vendían abarrotesy gran cantidad de cosas y curiosidades, la cantina de Hipólito y 35 casas pequeñas. Noventa y nueva habitantes se convirtieron en ciento uno ese 2 de mayo de 1995.
Cuatro meses y medio después pudo verse a gran cantidad de mujeres correr a lo largo de la calle principal hacia la casa número 36 al final de esta, en ella estaba Sofía dando a luz a su primer hija, Carlos su marido estaba trabajando en la milpa por lo cual ni enterado estaba de la condición de su amada esposa. La procedencia de esta pareja nadie la sabía, lo único que se sabía es que habían huido de sus padres porque Sofía estba embarazada, pero en realidad no eran criticados ya que muchos de los que estaban ahí estban precisamente en las mismas condiciones.
-Sofía será mejor que pujes fuerte sino el bebé no tendrá como salir...
Sofía quería hacerlo pero estaba tan cansada y no había comido muy bien que digamos como para tener las ganas de hacerlo pero lo intentó, el dolor fue horrible, el desgarro, el sudor, la ternura, cada sensación corrió desde su entrepierna hasta sus manos y sus pies, y de ahi hasta su cabeza. Quería dormir cuando alguien dijo que el bebé había nacido pero el llanto de este despertó en ella algo que creyó que no tenía: el instinto materno.
-Dámelo por favor!- pidió a la señora que envolvía en paños blancos a la criatura.
-Es mujer- le dijó esta al dársela.- y esta preciosa.
Efectivamente era hermosa, con su piel clara y la pelusilla marrón rojiza en su cabecita, unos ojos oscuros como el azabache, indefensa. Una mujer, aunque en ese momento sólo una niña. Con ella el número de habitantes subió a ciento dos.
Constancia, que así se llamaba la mujer que la hacía de partera y curandera en el pueblo le dijó esa misma tarde a Sofía que aquella niña no se quedaría con ella, Sofía lo tomo a juego porque no creía ni en las adivinas ni en las brujas. Por la noche cuando las mujeres regresaron a sus casas para terminar de preparar la cena para sus maridos que estarían furiosos de por sí porque esta no estaría lista a tiempo, regresó Carlos cansado como siempre, pero que al ver a la pequeña criatura en los brazos de Sofía gritó emocionado a lo largo de la calle que tenía un hijo, a lo que las mujeres enojadas gritaron por la ventana que en realidad era una niña, Carlos al escucharlo se emocionó aún más, la niña de sus ojos.
-¿Cómo le pondremos?- preguntó a la mañana siguiente Sofía que en reposo miraba a su marido preparar lo único que aprendió a cocinar en toda su vida: huevos.
-Sofía como tú.- respondió él con los ojos soñadores y tiernos.
-No Carlos, si le ponemos así será débil como yo, hay que ponerle un nombre lindo pero fuerte, ella tiene que tener una personalidad resistente para que sea capaz de defenderse sin dejar de soñar.
La mirada de sus esposo dejó de ser tierna y se volvió oscura cuando escucho a su esposa hablar.
-¿Verónica?
-No me gusta- reclamó Sofía haciendo pucheros.
-¿Amanda?
Cada sugerencia era rechazada por Sofía, cada propuesta a lo largo de una semana entera fue despreciada totalmente, todos hasta que una mañana al despertar Sofía mirando a la ventana le gritó a su esposo que regresaba del pozo con dos cubos de agua:
-Carlos, ella se llamará Bárbara... será toda una mujer.
Carlos abiendo la puerta de madera le preguntó que ¿cómo sabía?
-Tuve un sueño, Bárbara en medio de muchas flores y de repente empezaba a volar, y aunque caía las flores no dejaban que se lastimará, justo cuando llegó al límite de las flores se molestó, pero cuando avanzó hacia la árida arena una hermosa playa apareció y todo a su alrededor era hermoso. De pronto un hombre que llegaba en un caballo blanco le llamaba: "Bárbara, Bárbara" y ella corrió a sus brazos. Carlos ella va a ser muy feliz. Lo sé.
Carlos sonrió ante la ingenuidad de su esposo, y asintió, pero lo que no le dijó a su esposa pero si pensó es que los sueños al fin terminan siendo sólo sueños.
La vida transcurrió tranquila y pacifícamente para Sofía, Carlos, Bárbara y Magdalena que nació cinco años después que Bárbara y que al contrario de Bárbara más que hermosa era del tipo dulce y lindo. Pues bien, cuando Magdalena cumplió tres años celebraron una fiesta en el pueblo. Los habitantes eran ciento cincuenta ahora, ya que habían llegado alrededor de cinco parejas desde el día en que llegaron Carlos y Sofía, entre ellos estaba una pareja que se hicieron buenos amigos de estos. Las fiestas en el pueblo eran para todos, don Ignacio proveía de las cosas que pudiese dar mientras le dieran algo de lo que se cosechaba, e Hipólito daba la bebida para que la fiesta se animará, el pueblo era en sí una gran comunidad de amigos.
Bárbara vestía un hermoso vestido color violáceo con unos zapatitos blancos, y Magdalena un vestido color azul cielo a combinación con una abriguito color rosa que fue la envidia de Bárbara.
La comida, el baile y la música, personas conviviendo en medio de su pacífica vida, compartiendolo todo.
Los accidentes siempre ocurren ¿verdad?, creo que son aquellos eventos en los que no tuviste control y tienen una respuesta, la gente comúnmente cree que los resultados de un accidente siempre son negativos, pero hay gente que se enamora por accidente y hay gente que se conoce por accidente y eso no es negativo, ah! pero entonces le llamamos coincidencias.
-Bárbara- gritaba desesperada Sofía cuando después de estar platicando con sus amigos perdió totalmente de vista a Bárbara.
Bárbara mientras tanto caminaba por detrás de la casa buscando leña, ¿para qué?, pues para quemar el hermoso abriguito de su hermana, ya que al verse en el espejo con él se dió cuenta de que el rosa no combinaba con su cabello rojo. Estaba triste porque según lo que le decían el azul y el rosa eran los colores de los sueños, y el azul le decía su mamá no combinaba con ella, ¿por qué el rosa tampoco?, si ella no iba a tener sueños hechos realidad Magdalena tampoco. Se paró detrás de la bodega de la tienda de don Ignacio y encendió la madera con el abrigo en medio. El viento sopló, pero en vez de apagar el fuego se propagó hacia el pastizal que crecía en el borde de la bodega de madera.
Constancia que vió el fuego desde la calle le gritó a todo mundo que la tienda se quemaba, Bárbara al oír los gritos corrió y corrió hasta que escuchó un gran estallido, al voltearse se encontró con una gran bola de fuego detrás de ella, sin importarle nada siguió corriendo hasta que sintió que alguien jalaba de su mano, Magdalena que la verla correr corrió a su lado para poder jugar con ella estaba asustada la detuvó. Bérbara la abrazó y se sintió totalmente avergonzada de su travesura, pues bien, la travesura se convirtió en un accidente, ya que al regresar lo único que encontraron fueron gente llorando alrededor de una gran mancha negra donde se suponía estaba el pueblo, el fuego lo quemó todo hasta donde pudo, la gente que no corrió murió en el acto y la que lo hizó perdió sus cosas. Bárbara y Magdalena buscaron a sus padres sin entender nada. De los ciento cincuenta que se habían reunido para festejar la fiesta sólo quedaban veinte y entrelo veinte sólo Constancia se hizó cargo de las niñas, Carlos y Sofía habían muerto al intentar buscar a sus hijas. Nadie pudó explicarse la gran explosión, ¿qué tenía don Ignacio en esa bodega?, pero don Ignacio también había muerto.
Los sobrevivientes partieron en busca de algún lugar donde vivir, Constancia se llevó a las niñas al próximo pueblo pero aunque quizó no pudo hacerse cargo de ellas porque un mes después murió, las hermanas de la iglesia recogieron a las niñas y las llevaron al orfanato de Sta. Lucía donde sólo porque eran bonitas las aceptaron. Magdalena siempre preguntó por su mamá, pero Bárbara le decía que su mamá y su papá habían ido al cielo porque los que mueren van allá o según eso les había contado Constancia, aunque en el fondo de su alma Bárbara sabía que ella los había matado.
Dos años después las hermanas del orfanato arreglaron a todas las niñas vistiéndolas con hermosos vestidos y listones, Bárbara tuvó el presentimiento de que algo malo iba a pasar y pasó. Cuando abrieron las puertas del orfanato entraron parejas que se veía a leguas tenían dinero, una se destacaba sobre todos. Un hombre alto e imponente que miró inmediatamente a Bárbara y no le quitó la vista en toso el tiempo.
De las muchas niñas que estaban ahí, diez fueon adoptadas esa misma tarde, la hermana Consuelo que les había tomado mucho cariño a Magda y Bárbara se entristeció al escuchar que el señor Ríos, aquel hombre extranjero que según decían tenía negocios sucios adoptó a Bárbara.
Esa misma noche un auto oscuro se llevó a Bárbara con la promesa de que regresarían en la mañana para recoger a Magda que no supo nada.
......
Rápido..... .....
Bueno, tengo que apresurarme para el día de muertos....
que bueno que los exámenes salieron bien...
¿Cómo le llamó a la segunda parte... aún no sé....lo pensaré
.....


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Bárbara. Cuarto episodio. Segunda parte.

Mensaje por dinamene el Miér 2 Nov 2011 - 3:03

Bárbara: La Revolución de una mujer
Cuarto episodio: Una revolución por la libertad en medio de la oscuridad.
Segunda parte. Magdalena.


Bárbara estuvó enojada mucho tiempo. El señor Ríos la castigaba ferozmente pero ninguna de esos castigos consiguió doblegar la fiereza de Bárbara, Ríos maravillado decidió que efectivamente ella sería su hija.
-Bárbara ven a comer- la llamó Isabel, la nana que desde el primer día le asignó aquel señor de aspecto estirado y que le habia dicho que ella sería su hija. Viejo loco, ella ya tenía un papá, muerto pero Carlos era su verdadero papá.
A pesar de ser fuerte, Bárbara no era quien para despreciar la deliciosa comida que Isabel le preparaba, además de la comida la bañaba con burbujas que flotaban en la tina y que a ella le gustaba reventar. A pesar de todo se sentía triste, su hermana Magda debía estar en ese orfanato sucio sin poder disfrutar de deliciosa comida y sin vestir lindos vestidos, pero no sabía como regresar, ¿qué debía hacer?
-Obedece al señor- le aconsejó Isabel.
Y así lo hizó, tomó las aburridas clases que le obligaron a tener, estudió música, arreglo floral, equitación, natación, un poco de artes marciales y demás cosas que ni siquiera le gustaban pero que tenía que hacer para que Magda fuera salvada.
Cumplió quince años un 1o de octubre de 2010, y creyó ser lo suficientemente fuerte como para pedirle a aquel señor al que aún llamaba "señor" salvará a su hermana.
-¿Y qué obtengo yo a cambio?- preguntó aquel hombre ya viejo que la miraba como si ella no tuviera manera de ganarle.
-Lo que quiera señor- respondió firme e inmediatamente Bar.
Una pequeña sonrisa maliciosa apareció en los labios secos de aquel hombre que levantándose de su silla que más bien parecía trono le acarició la cabeza y con una mirada y voz firme le pidió:
-Sé una gran sucesora para mi reino.
En la mente de Bárbara aquello no significo mucho pero obviamente en la mente de aquel señor majestuoso e imperioso aquello tenía más significado del que alguien creería capaz.
Las empresas de aquel señor de nombre Arturo Ríos abarcaban desde fábricas textiles hasta lo que la gente llamaba negocios sucios. Aquel hombre no era tonto, sabía que Bárbara aún conservaba cierta esperanza de salvar a su hermana.
...
Cuando Bárbara dejó el orfanato Magda no lloró, pensó que estaba bien que su hermana viviera bien de ahora en adelante siendo la hija de un hombre con dinero que no la dejaría en la calle. Después de todo aquel señor eran lo que llamaban los demás "gente importante". Consuelo la hermana joven que cuidaba de ellas desde que llegaron ahí le explicó que Bárbara iba a estar bien y que su hermana le había dicho que la quería mucho.
El orfanato era frió en verano y en primavera, también era frío en otoño, pero era horrorosamente helado en invierno. A pesar de que consuelo le daba de contrabando dos cobijas más eso no era suficiente para lidiar contra las agujas de hielo cortando la calidez que nadie le daba. La comida era insipida, aquel líquido que vertían en un cuenco sucio no era particularmente apetecible. Las niñas del orfanato no tenían las fuerzas para protestar, siempre gastando las mínimas energías, siempre ahorrando cada paso como si al siguiente fueran a quebrarse y romperse, simepre susurrando como si las cuerdas vocales fueran a romperse, siempre frías como el orfanato.
-Consuelo, ¿crees que Bárbara se haya divertido?
-¿Por qué mi niña?- preguntó consuelo ese 1° de octubre de 2010.
Magdalena sonrió.
-Hoy es su cumpleaños. Te imaginas. Ya es toda una señorita.
A su alrededor los árboles empezaban a soltar sus hojas secas, crujiendo al frío viento. Magdalena tenía diez años aquel día pero su alma era de años más, Consuelo era una mujer en sus cuarenta ya bella todavía pero encargada de cuidar hasta sus dieciocho años de Magdalena en nombre de aquel señor que había adoptado a aquella niña de cabello como el fuego, llamativa y hermosa. La casa era más bien una casa de campo, pequeña y comfortable, con una chimenea al centro, dos habitaciones y una cocina, al lado un establo con la vaca que les daba la leche de cada mañana.
El cesped era más bien color amarillo mostaza pero Magdalena era una niña ya bella por aquel entonces, vestía jeans desgastados que estaban de moda y un abrigo azul celeste. Linda como era ni siquiera te dabas cuenta de que era otoño, si ella estaba ahí seguro era primavera.
-Tú pronto lo serás también Magdalena.
En aquel rostro tierno se dibujó un lindo puchero que sólo te hacía ver lo tierna que era.
Aquel hombre viejo que un día fue a verlos le había dicho que cuidarían de ella hasta que tuviera 18, pero no le había dicho nada de Bárbara, "ella ya no es tú hermana" había dicho.
-Magdalena tenemos que entrar, el frío empieza a helarme los pies y las manos.
-¿Cómo va la bufanda Consuelo?
-Hermosa, te quedará. Te lo juró.
Se levantaron y se metieron a la casa de ladrillo rojos encendiendo la chimenea inmediatamente. Tomaron chocolate caliente y pan fresco que compraban todos los días con Maricela, la chica que por las mañanas pasaba cantando y vendiendo el pan.
La noche cayó y Magdalena empezó a repasar la clase del día, el profesor Gregor de inglés se la pasaba gritándole porque no sabía realmente pronunciar el inglés correctamente, pero de qué servía aprender un idioma que en su vida usaría. Las matemáticas eran su fuerte así que no repasó ello. Cuando sintió que los párpados se le caían de sueño fue con Consuelo que dormitaba en la mecedora de la sala.
-Consuelo ya es hora de dormir.
La señora se despertó y guiada por la niña fue a la cama color blanco de su habitación donde se quedó dormida al instante de meterse sin ningún preámbulo. Magda la besó en la frente, apagó la luz y se fue a su habitación, un edredón rosa y miles de peluches adornaban la cama. Durmió y soñó que Bárbara era feliz.
El sonido de un canto la advirtió de que la mañana había llegado. Maricela de seguro esperaba que saliera con el pan apartado para ellas, como pudo se metió en unos pantalones y una chamarra sobre el camisón floreado que usaba. Abrió la puerta y vió a Maricela y oyó su voz bella como siempre, era morena y delgada y cargaba con una enorme caja que siendo sinceras parecía pesada.
-Maricela, ¿me apartaste lo de siempre?
Maricela asintió mientras seguía cantando. Conocía aquella canción, si no se equivocaba era "Gracias a la vida" de Violeta Parra, la canción favorita de su mamá.
La gente del pueblo, si aún se le podía llamar pueblo salió corriendo para acapararse el pan que querían, vociferando contra Maricela si no les atendía primero, pero esta impertubable seguía cantando.
-Gracias Mari- dijó Magda mientras le daba el dinero y recibía la bolsa de papel con el pan del día.
Dejó el pan sobre la mesa de la cocina, y corrió a prepararse para la escuela. Un baño de agua tibia, el uniforme color verde de la escuela del pueblo. En la cocina Consuelo ya estaba preparando unos huevos y unos frijolitos para desayunar.
-Consuelo... hoy voy a cumpleaños de Ximena.
-Si Magda, sólo regresa temprano.
Ximena era su amiga, la más preciada de todas.
Los años pasaron, Ximena y Magda fueron inseparables desde siempre, Ximena era más bien menuda y regordeta pero muy agradable. Cuando Magda cumplió 16 lo conoció, aquel joven de piel bronceada y alto que se llamaba Javier, ambas quedaron flechadas inmediatamente, y también el resto de las chicas.
-Ximena... si eres su novia no te voy a odiar.
-Yo tampoco Magda- reiteró al instante Ximena.
Cuantas mentiras podemos decir cuando no pensamos con correción las cosas.
-Magda- llegó gritando a la escuela Ximena a la mañana siguiente.
El resto de las chicas expectantes ante cualquier noticia si tenía algo que ver con Javier.
-...Javier va a ir a la fiesta de año nuevo...
No hubo chica que esa noche no pasará la noche probandose los distintos atuendos posibles para la noche y subiendo las mejores opciones a la red, todas opinaban. Al día siguiente alguien sería odiada a morir por todas pero mientras tanto todas se apoyaban como buenas amigas.
La fiesta era como todos los años majestuosa, las parejas de jovencitos se veían por doquier, la bebida pasaba de manos en manos, las felicitaciones y las charlas por el año transcurrido. Las chicas solteras del pueblo esperando la llegada de Javier. Lo vieron llegar vestido con un pantalón que se ajustaba perfectamente bien a su cuerpo bien dotado pero sin quitarle la masculinidad, una camiseta rosa y una chaqueta de cuero aparte de unos botines negros.
-Consuelo, yo me quedó con Ximena, ¿vale?....por favor!- pedía Magda vestida con un vestido color azul y un suéter de punto azul y unas botas azules.
Consuelo se despidió de las chicas dejándolas disfrutar de su juventud. Cuantos años habían pasado desde que aquella niña temerosa de estar sola murmuraba que estaba perfectamente bien.
En la fiesta Magdalena ya de la mano con Javier tenía miles de miradas asesinas sobre ella, entre ellas Ximena. Javier era un perfecto caballero que no decía nada malo, y que admitió estar enamorado de ella desde un principio.
Al día siguiente los crueles rumores contra Magda se oyeron en la escuela y en el pueblo entero, secretos que sólo le dijó a Ximena.
Ser traicionado por un amigo a tal magnitud, ¿duele verdad?. Duele porque has sido herido, te han herido donde tú creías ser más fuerte.
Al día siguiente la Revolución cayó. La Revolución por una mujer según decían los medios de información. Aquella mujer se llamaba Bárbara.
................
Ya la segunda parte.... .....Falta la última parte....
Espero subirla en unos momentos .....


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Bárbara. Cuarto episodio. Tercera parte.

Mensaje por dinamene el Miér 2 Nov 2011 - 4:22

Bárbara: La Revolución de una mujer.
Cuarto episodio: Una revolución por la libertad en medio de la oscuridad.
Tercera parte. Por una mujer.

Pero aquella mujer lo era todo. No sólo era hermosa con aquella tez blanca y aquel cabello de fuego, también era inteligente, también era rica y la sucesora del imperio del mundo. Desde que ella era una niña fue enseñada a engrandecer las riquezas, la tecnología había crecido en el mundo, ya no sólo eran mundos en pantallas, los hologramas y robots que una vez creímos cosa de ciencia ficción se hicieron realidad. Y Bárbara era la dueña de aquel imperio. El señor Ríos no se había equivocado al elegirla como su sucesora.

Se le podía ver caminando por las oficinas dirigiendolo todo, gobernando con mano de hierro el mundo que la rodeaba, gritando y ordenando. Vestida de negro y recogido el cabello en una coleta alta, con unos lentes de montura roja y unos tacones rojos, y accesorios rojos. Como si no fuera suficiente el tenerlo todo también tenía estilo para lucir su belleza.

-Señorita la llama el señor Eduart!- le dijó la chica que la seguía trastabillando tras ella con pasos menos seguros con un microfono en la mano.

-¿El director de la Corporación de Armas?

-Si, llama para ver si se puede reunir con usted. Dice que el presidente, su padre le recomendó un buen restaurante.

Eduart Garibay era el director de la única Corporación de Armas en el mundo desde que por alguna extraña razón las empresas dedicadas a esto quebraron un par de años atrás.

-Lo veo a las ocho. Apunta el restaurante y avisále al chofer para que este listo.

Entró por una puerta que tenía un membrete con su nombre: Bárbara Ríos, se sentó a su escritorio y empezó a trabajar, aún eran las diez de la mañana y ella tenía toneladas de trabajo que hacer. A sus espaldas un gran ventanal la rodeaba, si se asomará a ellos podría ver un abismo abriéndose a sus pies. Aquella oficina estaba ciento y cincuenta pisos arriba, en la cima de aquella estructura, por cierto las grandes construcciones estaban a cargo de una sola corporación: la del señor Ríos y su hija.

Hacia tiempo que había dejado de preguntarse por Magdalena, el "señor" le había dicho que estabia bien y aunque nunca estuvó segura de que le dijerá la verdad lo olvidó el día en que realizó su primer gran negocio.

Si alguien pudiera ver el mundo de afuera, podríamos ver la pobreza que reinaba, ya no era sólo en los paises tercer mundistas sino que la pobreza se había convertido en una plaga, una que parecía no tener remedio. Los niños sin padres vagaban como si nada por el mundo buscando con que comer o muriendo, en ese preciso momento en el mundo estarían muriendo millones de personas.

Se oyó el sonido de un teléfono sobre el escritorio pero lo que tomó fue más bien un botón que abrió una pantalla virtual frente a ella dónde vió al señor Ríos.

-Pequeña ¿estas bien?

-Si llamas por lo de Eduart ya lo tengo. Lo veo esta noche, no te preocupes no haré nada mal.

-Bien Bárbara no me decepciones.

La pantalla se cerró. No había problema. Cuando era más joven habia leído sobre el amor, y quería vivir una de esas historias románticas con el príncipe azul, un vampiro o de pérdida un jugador de futbol americano guapo. Pero ya no, el amor se había convertido en una tontería.

Hacía años que su educación había terminado, desde el inicio había demostrado tener un cerebro prodigioso, sus profesores querían instruirla en los ramos donde demostraba grandes dotes, pero al final era solo una heredera y tenía responsabilidades que cumplir. Tantas expectativas que se tuvieron en ella, en la música y en la pintura, en las ciencias y en el desarrollo de tecnología.

El mundo caía, pero entre esas caídas sólo la Corporación Ríos crecía, florecían en medio del otoño, el último otoño de muchos.

Una hora antes de la cita Bárbara se enfundaba en un vestido plateado con adornos rojos, unos tacones rojos más acordes para la situación, una cartera roja.

-Eres realmente hermosa Bárbara.- dijó Eduart al verla.

-Gracias.

La noche no fue nada especial pero terminó frente a la puerta de su casa donde su "padre" la esperaba. Eduart vestía un traje azul a la talla, usaba una corbata gris con adornos rojos, era alto y apuesto en realidad, de aquellas bellezas caucasicas.

-¿Qué tal la noche hija?- preguntó su "padre".

-Fantástica, Eduart es un caballero.

Eduart sonrió modestamente.

-Pasa Eduart, tú y yo tenemos que hablar de negocios.

Los negocios de seguro abarcaban planes de boda. Bárbara se excusó y escapó de la situación con un beso a su "padre" y una sonrisa a Eduart.

Durmió esa noche como nunca lo hizó. Soñó con su madre y su padre y el incendio y Magda. En algún lugar del mundo y el no mundo ellos eran felices para siempre. ¿Ella era feliz? Ahora que lo pensaba ni siquiera sabía que era la felicidad.

...

Unos días después en medio de una ataque del que Bárbara se escapó justo antes de que la lluvia de balas cayerá en el auto que viajaba. Se escabulló en medio de un callejón, donde alguien la noqueó.

...

A veces conocer la felicidad es bueno porque nunca sabremos si es para siempre. La Revolución cayó un 1° de enero de 2017.

Se rumora que Eduart Garibay era "Richeliu" y que un hombre llamado Sid conocido popularmente como "Buckingham" empezaron una pelea por el derecho de tener a Bárbara. También dicen que Bárbara luchó por el mundo, por todo el mundo. aunque todos esos son rumores. Sólo eso.



............

Cortito....

Este cap me dió millones de ideas.... .....

Pero juró que me cansé....ok.... empezaré escribiendo el próximo cap.....

Ojala os guste ........A mi realmente me esta encantando escribir esta historia.... tengo tantas ideas..... .....

Ojalá lo lean y les guste..... ....


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Miér 2 Nov 2011 - 4:39

Dinaaaaaaaaaaaa me gusto el capi.. se me hizo re cortito pero me dejaste con mas intrigas que saberes ja
eso de que la felicidad hay que agarrarla con una mano porque no sabes cuando se puede ir es cierto peke.. felicidades .. me gusta como escribes!!
ranguis :besote:
espero el resto!!!


Hola Invitado bienvenid@ a Fallen Angels



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Miér 2 Nov 2011 - 4:45

@kalary escribió:Dinaaaaaaaaaaaa me gusto el capi.. se me hizo re cortito pero me dejaste con mas intrigas que saberes ja
eso de que la felicidad hay que agarrarla con una mano porque no sabes cuando se puede ir es cierto peke.. felicidades .. me gusta como escribes!!
ranguis
espero el resto!!!

Gracias Kalary.... que bueno que os guste.....

.........

Sip...... lo de la felicidad es cierto..... pero ahorita....para el siguiente cap tenemos a Perla de regreso.....

Ojalá suba el cap en unos momentos más .....


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Bárbara. Quinto episodio.

Mensaje por dinamene el Sáb 5 Nov 2011 - 12:14

Bárbara: La Revolción de una mujer.
Quinto episodio: Día de muertos.
Estar en Fantasía era como estar en la escuela, acudir a clases de yoga porque en realidad aunque nos encantaran los dulces al final no era muy lindo que digamos la grasa que se acumulaba en nuestros cuerpos. Aparte de clases de yoga había clases de manualidades, y algunas incluso podían continuar sus estudios inconcluidos. Clases de cocina, clubs de lectura y aunque yo había querido desde el principio estar en el club de música el trabajo como secretaria de Bárbara absorbía todo mi tiempo, Bárbara pidiéndome café de mocha, se lo llevaba y que no porque quería uno sin leche y sin chocolate, ¿cómo se hace eso? Bárbara pidiendome la serie de hace años, y luego que no porque se había acordado de otra que quería ver más.
Desde el día de la fiesta no había vuelto a ver a Alex, lo cual a mi pesar me hacía sentir un poco triste, nada más un poco. Aquel hombre de cabello castaño y ojos oscuros, y de gran apetito sexual me traía un poco confundida, pensar en aquel hombre sólo me hacía recordar lo que eran los brazos de un hombre.
-Perla, un té negro sin azúcar por favor!- me pidió antes de entrar a la biblioteca.
En mi vida concí una biblioteca de verdad, había oído hablar de ellas pero jamás existió en mi mendo una, los millones de libros acomodados en los estantes leyendose una y otra vez. En realidad el club de lectura era el más grande de todos, muchas de las huéspedes de Fantasía se aficionaron sobre todo a las lecturas románticas que por cierto era la colección más grande. Luecro y las otras chicas cuyo nombres no recordaba eran las que devoraban con mucha avidez los tomos que se sucedían, ellas siempre discutían a la hora de la comida y la cena las opiniones e impresiones de las lecturas terminadas.
-Perla, ¿y mi té?- preguntó una molesta Bárbara al ver que ni siquiera me apuraba para cumplir su recado.
-Ya voy- respondí entre dientes.
Penélope me vió con lástima y una media sonrisa al pasar junto a mi en el pasillo que daba a la cocina de la planta. Como secretaria de Bárbara en realidad tenía varios beneficios, aunque las cocinas no estaban cerradas en realidad para las huéspedes (Bárbara insistía en que así debía llamarsenos) ninguna comió después de la primera semana más de la ración dada: "la autoestima, la confianza en sí misma es lo que una mujer debe tener primero", después de decir esto todas seguían una dieta balanceada más una rutina de ejercicio por la mañana. Los beneficios de ser la secretaria de Bárbara era el poder de una llave maestra que nunca utilizaba, excepto para la cineteca cada fin de semana.
Llegué a la cocinaa y empecé a preparar el té, ahí María, una de las cocineras en jefe me saludó. Recordaba su historia.
Desde el segundo día Bárbara se hizo cargo de sus huéspedes, hablar con ellas era una de las cosas que tenía que hacer. Casi siempre yo estaba con Bárbara y recuerdo que fue un miécoles lluvioso cuando María entró en aquella sala de estar nerviosa y asustada.
Bárbara trató de hacerla sentir cómoda ofreciendole un chocolate y preguntando su nombre.
-Soy María... Josefina en realidad.
-María está bien- aclaró la jefa.
Aquella sala de estar estaba en la cima de la "torre" como llamaban a nuestro edificio, en sus paredes se podían ver algunos estantes que en mi vida había visto en la biblioteca, unos cuantos cuadros que a mi parecer hablaban de la libertad. Al fondo una gran ventanal se abría al cielo, si lo abrías salías a la terraza que en días de sol era esplendida para descansar y en días de tormenta parecía derrumbarse. Al centro estba el sofá donde se sentaba la huesped en turno y frente a ella la silla de mimbre de la "jefa" con una taza de té negro a la mano y yo a su lado en un sofá de cuero negro escuchando.
Cuando el chocolate se acabó suaves golpecitos sonaron contra el cristal de los ventanales. Empezaba a llover.
El camino para llegar a la oficina de Bárbara solo era uno, mujeres con tanta desesperanza que creían que Fantasía no servía de nada.
Penélope se encargo desde un principio de que 50 psicologas y psiquiatras trataran a cada una de las huespedes, cada grupo era de veinte personas que se reducían de quince a dieciocho cuando estas no mostraban signos de mejoría, a estas huespedes se les mandaba con Bárbara la cual ofrecía las sesiones necesarias para después regresarlas a su grupo original. María fue una de esas pacientes difíciles, hasta hoy recuerdó perfectamente su historia porque era el caso de muchas.
El dolor tiene diferentes características pero hay veces que no podemos definirlos e incluso tendemos a minimizarlo, minimizarlo no ignorarlo porque hasta donde yo sé nadie ha podido ignorar el dolor.
Una mujer cualquiera alguna vez tuvó algo que ver con un honbre machista, el tipo cñásico, obsesivo, celoso, y grosero y pedante y totalmente y absolutamente despreciable. Eso es cosa que sucede más comúnmente de lo normal, ese tipo de hombres abundan incluso cuando no se quiere encontrarles. Marcos se llamaba él, un chico cualquiera que al crecer en el ambiente correcto y adecuado se condiciona una personalidad posesiva y celosa, pero incluso los hombrea así se enamoran y él no fue la excepción, se enamoró de una chica normal llamada Josefina no muy bonita pero si muy simpática, de ese tipo de chicas que más que tener actitud tienen carisma. A esta parte de la historia la podremos llamr "el cuento de hadas" con un inicio y un final común.
Los problemas como en toda unión empiezan después, nadie es feliz por siempre ni para siempre, aunque supongo que eso tiene que ver con la vida y la forma de vivirla. La felicidad exixte mientras se deja exixtirla.
-Josefina, no hay nada en el refrigerador- exigió Marcos vestido con una camiseta y un pantalón vaquero sumado a unas botas negras de esas que usan los roqueros.
Vivían en un departamento modesto con justo lo necesario y unos cuantos lujos como los el´ctronicos de última generación, de esos que todos creían necesitar.
-Marcos sabes perfectamente bien que ayer fuimos al super por la despensa.
Un gesto de enfado en la cara de aquel hombre moreno de cabello largo y aspecto robusto parecido al de un bulldog preocuparon a Josefina que sabía que ese rostro significaba problemas para ella.
-Ayer te la acabaste cariño- dijó Josefina tratando de suavizar las cosas.
Pero como siempre la voz dulce no funcionó.
Los golpes causando dos tipos de dolores, las fuertes y pesadas manos de aquel hombre sobre el cuerpo suave de aquella mujer, nadie escuchaba y nadie supo porque ella no gritó ni pidió ayuda. Se guardó cada hematoma y cada dolor punzante en la piel, pero también se guardó cada lágrima y cada fisura en el alma
¿Cuántas cosas se rompieron?
¿Cántas veces rompió su cuerpo?
¿Cuándo se rompió el amor?
Porque a base de golpes el amor muere, de eso no hay duda.
Cuando María acabó de hablar sus lágrimas cayeron y Bárbara e mandó fuera, yo estaba ahí para escuchar pero estorbaba.
Los días de otoño se sucedieron tan rápido y octubre se acabó.La mañana del 1° de noviembre Bárbara nos sorprendió con una noticia: El día de muertos se acercaba, para la ocasión nos entregó una pequeña hoja donde debíaños anotar los nombres de nuestros muertos.
-Perla ¿ya tienes tu lista?
Ni siquiera tenía idea de que era lo que pretendía Bárbara, nuestros muertos se habían ido y esa era la razón por la que nos habíamos olvidado de ellos. Todas estabamos en verdad confundidas sobre el hecho de que una fecha que muchas no celebraban por tener su origen en tierras lejanas y no sólo en América, para ser más exacta en algunos países de Centroamérica, fuera obligatorio para celebrar a pesar de todo.
-Bar... ¿estás segura que estará bien?...- preguntó Penélope vestida de negro para la ocasión aunque no era necesario.
-No lo sé- fue todo lo que respondió.
Yo estaba ahí vestida de negro también aunque Bárbara como siempre era la que más destacaba.
Muchas de las huéspedes vestían de negro, muchas burlandose del hecho se vistieron de blanco pero ninguna faltó y mucho menos ninguna olvidó la hoja con el nombre de sus muertos. Estabamos en el jardín trasero donde en lugar de rosas y flores había una gran ofrenda tradicional de México, estaba llena de las flores de veinte pétalos, veladaoras, chocolates, dulces y platos distintos. Bárbara tomó el microfono y empezó a hablar.
-Absurdo...
La pausa nos asustó a todas, pero ella empezó a reirse.
-Muchas pensaron lo mismo, ¿no?... pero en absoluto es absurdo. No les di ningún límite pero apuestó que muchas no pasaron de diez.
Los míos eran tan sólo seis.
-Al resto los olvidamos porque tuvimos que hacerlo, pero esos se convirtieron en fantasmas que nos persiguen a todos lados, fantasmas a los que nos negamos a olvidar. Cadenas que nos atan al pasado pero chicas ¿saben que lo mejor que podemos hacer por los muertos es... olvidarlos?
No dijó nada más, en silencio nos limitamos a recordar.
-Lo único que tienen que aprender aquí es que vivimos un presente, y que el presente ya no tiene que ver con el pasado.
Al centro de la gran ofrenda había lo que yo creí era una lápida que en realidad era un buzón por así decirlo, dónde se nos pidió depositar la hoja doblada.
Al final ninguna dijó ninguna objeción contra el hecho sucedido esa mañana del 2 de noviembre, todas regresaron a sus habitaciones pero todas ellas fueron solas porque la única manera de luchar contra nuestros fantasmas y derrotarlos de manera definitiva es solas, la compañía nos da fuerza pero si nos dejan solos sabemos que sin ella no seremos fuertes nunca más, para volvernos fuertes primero tenemos que derrotar a la soledad.
Yo hice lo mismo, pero en lugar de ir a mi habitación me limite a caminar hacia el bosque, gracias a la llave pude abrir la jaula que nos impedía cruzar hacia él. El cielo se nubló pero eso no me desanimó, en algún punto encontré un claro y me acosté sobre el cesped para llorar y para sufrir. Esa tarde me incluí entre las pacientes dificiles que se niegan a dejar el pasado atrás. El pasado era mi todo, no podía hacer más por mí que sufrir.
-Tanta autocompasión da miedo.
Me voltee hacia dónde yo creí el origen de aquella voz, Alex.
-Tanta confianza en ti mismo me da miedo.- repliqué- por cierto ¿qué haces aquí?
-Protegiendo a Bárbara- fue toda su respuesta.
No quería quedarme, así que sólo me levanté para emprender el camino de regreso.
-Me voy.
-No te acerques a mí- fue todo lo que dijó.
-Ni quien quiera hacerlo- respondí.
...........
Bueno, planeaba poner este cap. el 2 de noviembre pero moría de sueño ...y al día siguiente me tocaba visitar el panteón.....Luego a clases.... ....pero bueno....por fin el quinto episodio.... ..... Ojalá os guste... ...


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Sáb 5 Nov 2011 - 18:52

uy nena lo que dices del dolor, del pasado y presente es cierto..
palabras tan sabias., minimizamos el dolor pero no lo olvidamos
y ese Alex con el ultimatum mmmmm chico malo ja ja
me gusto peke el capi... asi que espero el resto ja
ranguis.
:besote:


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por atenea el Dom 6 Nov 2011 - 20:13

Hola!!
por fin he podido encontrar un poco de tiempo en mi ajetreada agenda de diosa y me he podido leer por lo menos el tercer capi que ya le tenía ganas
me ha encantado, en serio, sobre la parte de la descripción de la cafeteria

ahora debo de volver con mis quehaceres divinos pero en cuanto pueda me leo el siguiente capi que me he quedado con ganas de más

sigue asi besitos



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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Dom 6 Nov 2011 - 20:16

@kalary escribió:uy nena lo que dices del dolor, del pasado y presente es cierto..
palabras tan sabias., minimizamos el dolor pero no lo olvidamos
y ese Alex con el ultimatum mmmmm chico malo ja ja
me gusto peke el capi... asi que espero el resto ja
ranguis.

gracias Kal.....próximo episodio escribiendose......


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Dom 6 Nov 2011 - 20:17

atenea_guerrera escribió:Hola!!
por fin he podido encontrar un poco de tiempo en mi ajetreada agenda de diosa y me he podido leer por lo menos el tercer capi que ya le tenía ganas
me ha encantado, en serio, sobre la parte de la descripción de la cafeteria

ahora debo de volver con mis quehaceres divinos pero en cuanto pueda me leo el siguiente capi que me he quedado con ganas de más

sigue asi



grax Atenea...no os preocupes...entiendo la tarea de los dioses...

por cierto grax por la dedicación del cap en tu blog...besos...


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Bárbara. Sexto episodio.

Mensaje por dinamene el Mar 15 Nov 2011 - 11:18

Bárbara: La Revolución de una mujer.
Sexto Episodio: El marco de una puerta
La niebla lo envolvía todo, ni siquiera podía distinguir algún tipo de camino en medio de los árboles o más bien las siluetas oscilantes de lo que yo creía eran árboles. Todo tenía la apariencia de una película en colores grises, desgastados y olvidados en la época del cine.
La lluvia que seguía cayendo me seguía empapando.
Caminaba en medio del bosque tratando de encontrar el camino de regreso pero a la vez temerosa de encontrarlo. Cada sensación era perfectamente distinguida, tan natural sentir el frío, mi abrigo empapado pesaba cada vez más y más, las botas ya parecían más bien una piscina para mis pies donde definitivamente ya no sentía ni frío ni nada. En mi rostro escurría el agua, mi cabello alisado totalmente escurría sobre mí, no tenía lentes pero podía sentir el estuche en una bolsa de mi abrigo. Ver el mundo con miopía un día de lluvia no es la cosa más agradable del mundo.
A mi lado alguien tomaba mi mano pero con la densa lluvia no podía ver su rostro escondido en la capucha de su cazadora, pero aquella mano era cálida y fuerte, podía sentir como me sostenía fuertemente.
-Oye ¿qué hacemos?- pregunté.
Se volteó a verme, me imaginé su decepción cuando vio quien era porque me soltó y se adelantó sin preocuparse por dejarme atrás. Aquella sombra sin rostro me estaba dejando.
-No te acerques a mí. Ya te lo había dicho.
Alex.
¿Por qué me dejaba sola? siempre tras de Bárbara, corriendo hacia ella como si en realidad no estuviera nadie más. Pero aun así lo seguí.
-Espérame- pedía trastabillando en el lodo, enredándome con mis pies y apenas recuperando el equilibrio.
Cada vez estaba más lejos. Aquella silueta borrosa desaparecía, me dejaba. Corrí tras él sin dejar de gritar que me esperara, el agua que entraba en mi boca me ahogaba. Se detuvo en seco junto a dos sombras: Bárbara y otro hombre.
Oscuridad.
Fue entonces que me di cuenta que mis ojos estaban abiertos.
En mi habitación, en "la torre". Incluso fuera de mi sueño llovía, se oía a cada indefensa gota de lluvia arremeter contra la fortaleza de Fantasía. Justo después del día de muertos había empezado a llover cada tarde después de las seis. A hoy, una semana después esa lluvia parecía no querer acabar.
Al regresar aquel día de muertos pude ver en medio del bosque a Bárbara con un hombre. Un hombre alto de piel morena clara, cabello largo recogido en una coleta, facciones varoniles y un cuerpo preciosamente esculpido. Vestido de negro de pies a cabeza, del tipo de hombre latino que enciende a cualquier mujer. Y esos ojos grises. Desde aquel día tenía el mismo sueño, ¿no se suponía que en teoría no me importaba Alex?, no... Alex me intrigaba. Su apariencia era la de un playboy pero ¿por qué a pesar de eso no podía alejarme de él?. Cuando iba con Bárbara a sus fiestas cada tercer día esperaba estar a su lado pero hasta el momento el ni siquiera me hablaba. aquel hombre ejercía aquel tipo de hambre animalesca e instintiva llamada deseo, pero aparte también era el tipo de hombre misterioso que de una forma u otra quieres que sea tuyo.
-Perla ¿despertaste bien? No te ves muy bien- fue el saludo de Lucero esa mañana en la cafetería.
Me había saltado la rutina de yoga matutina debido a mi mal humor
La cafetería estaba más animada que nunca, todas sonreían y se veían tan felices. Lo había notado apenas, muchas de las huéspedes de Fantasía realmente habían mejorado. De alguna forma u otra Bárbara había reanimado a sus corazones, había encontrado el área precordial. Porque no vivimos sólo con algo de sangre, también necesitamos impulsos. Fantasía nos estaba regresando eso. Hablando de forma real el corazón mantiene el flujo adecuado de la sangre, pero también es el que nos permite mantener el flujo de los sueños.
Así como estábamos todas ahora el otoño era lo de menos porque era otoño, cada una de las hojas de los majestuosos e imponentes árboles estaba cayendo y crujía cada vez que las pisábamos.
¿Cuántas hojas hemos pisado en el transcurso de la vida pero hemos decidido ignorar? ¿Cuántas veces hemos hecho daño pero hemos decidido olvidar? apuesto que antes de ser princesas muchas hemos sido más bien la bruja, la malvada madrastra, la rencorosa hermanastra. La mujer buena, cordial, amable, noble, simpática no existe, pero apuesto que muchas hacemos creer que lo somos. Al menos una vez hemos odiado, al menos una vez.
-Sí, Bárbara está acabando conmigo.-y sonreí.
Aquella mañana Valeria lucía más hermosa que de costumbre, según lo que alcancé a comprender tenía una cita con Bárbara. Se fue a su oficina terminando el desayuno.
-Perla ¿Bárbara también está aquí por las mismas razones que nosotras?
-¿eh?
No sólo esperaban mi respuesta las chicas de mi mesa sino que también varias de las que estaban alrededor de nosotras. La vida de Bárbara, aquella vida llena de sombras. La vida de Bárbara no era pública.
-No lo sé- fue toda mi respuesta, y empecé a saborear el pastel de chocolate.
Aun así mi respuesta no las complació pero dejaron de preguntarme para limitarse a especular sobre las posibilidades de que Bárbara tuviera otros gustos.
-No creo- fue todo mi comentario.
-En serio Perla, tú que eres la más cercana y no te atreves a decirnos nada. Que mala- comentó una de las que estaba en otra mesa.
Al salir de la cafetería para dirigirnos a nuestras respectivas actividades diarias, me acerqué a Irene para preguntarle a que se debía lo sucedido.
-Valeria va a tratar de seducir a Bárbara.
Me reí para mí misma, no creo que por muy bella que fuera Valeria pudiera ganarle a aquel hombre con el que había visto a Bar en el bosque.
Me dirigí a la oficina de Bárbara, en el elevador pude escuchar varios comentarios con respecto a la hazaña que Valeria esperaba cumplir. Toqué suavemente en la puerta de la oficina, al no recibir respuesta me limite a abrir la puerta. Frente a mí, Valeria llorando a más no poder y Bárbara viéndome y señalándome mi lugar de costumbre.
-Val el amor no es una pequeña cosa perfecta. Muchas como tú fueron encerradas en la misma torre donde tu estuviste esperando la llegada del príncipe azul. Nos obligaron a estar solas en esa torre con nuestros montones de sueños. Ahí creímos que cuando el amor llegará a nuestra vida todo estaría bien. Nos creímos que sólo podíamos ser princesas, sin saber que en el cuento de hadas hay otros papeles que también podemos representar.
Sus lágrimas seguían cayendo. Tuve curiosidad ¿qué clase de historia podía haber contado aquella mujer? ¿qué clase de mujer podía haber sido? ¿antes de Fantasía quién era ella?
-Ella era una mujer insignificante, ni siquiera merecía que él la amará pero la amaba, por sobre mí la había elegido a ella, por encima de mi belleza eligió a aquella patosa mujer.
-Val ¿por qué no pensaste en otros hombres? Había montones de hombres que seguro te amaban en realidad ¿por qué ellos no?
-Porque yo sólo lo quería a él.
Estaba asombrada, era la primera vez que escuchaba la opinión de Bárbara, hasta ahora sólo me había limitado a escuchar.
-Ven mañana. Piensa si realmente lo querías o ¿era pura y simple vanidad como lo de la apuesta de hoy?- y rió en silencio Bárbara antes de salir de su oficina- Perla te esperó a la noche.
Las lágrimas de Val se detuvieron.
-¿Cómo lo supo?
-Me lo pregunto- fue toda mi respuesta y salí para prepararme para la fiesta de esa noche. Quería ver a Alex, tenía preguntas para él, como a todas, la vida de Bárbara también me daba curiosidad.
Bárbara me esperaba en su auto, las sombras de la noche nos esperaban. El edificio al que llegamos era más bien una pequeña casa de campo. Al entrar como siempre Bárbara se vistió de gala. ¿Para qué eran esas fiestas? ¿Quiénes eran los que iban a ellas? Alex ya estaba ahí con un traje negro junto al hombre de aquella vez.
-Te esperaba más tarde.- fue el comentario de aquel hombre con el cabello largo cayendo sobre sus hombros.
Bárbara lo saludó con un suave beso en la mejilla. Los vi. Tan natural. Se veían tan bien juntos. Eran sin lugar a dudas una hermosa pareja. Alex los miraba también ¿era mi imaginación o su mirada era de tristeza?
-¡Hola!- me saludo aquel hombre.
Alex se limitó a saludarme con un movimiento de la cabeza.
-Ella es Perla. Perla él es Al. Alex te encargo a Perla.
Bárbara vestida de negro desapareció tras la puerta con Al detrás de ella.
Estábamos en el pasillo, podía escuchar la música de la planta baja. Alex me miro esperando cualquier cosa, aquellos ojos grises me miraban.
-Él es mi hermano mayor por si te lo preguntabas. Vamos a la fiesta…- se dio la vuelta-pero si quieres esperar será mejor que te quedes en una de estas habitaciones.
¿Cómo detener a un hombre? Era aquel sueño, por mucho que gritará que me esperara él no lo iba a hacer ¿Cómo detener a un hombre que está enamorado de otra? ¿Val qué hiciste tú? ¿Qué debía hacer yo? Se lo preguntaría a Bárbara pero era ella la otra mujer.
-¿Estás enamorado de Bárbara, verdad?
Se detuvo. Volvió y me arrastró del brazo hacia una habitación al fondo del pasillo.
¿Qué respuestas me esperaban tras el marco de esa puerta?
........
Ya el sexto episodio. ......Ojalá os gusté...
....
Esperó no tardar mucho con el próximo........
Comenten mucho, para darme ideas..... ........


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Mar 15 Nov 2011 - 19:10

,mmmmm ese Al tendra una historia con Barbara o perla?? mm quien lo dirá??
serán celos lo que siente Alex?? será que no reconoce el amor cuando lo ve??
ja ja uyy que complicado que somos los seres humanos no?? a ja ja
buenisimo nena..
siempre me dejas en ascuas ja ja
esperare el proximo capi..
ranguis :besote:


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por dinamene el Mar 15 Nov 2011 - 20:57

Gracias por los ranguis Kal.... ....

que bueno que os guste!!! .....


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

Mensaje por kalary el Miér 16 Nov 2011 - 5:39

no hay de que guapa!!!
me gusta como escribes!! guiñar


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Re: Bárbara: La revolución de una mujer.

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