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[Sólo capítulos] Ojos Oscuros

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[Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Jue 12 Mayo 2011 - 23:53

Hola, chicas!!! Bueno, acá abro este tema donde voy a ir subiendo solamente los capítulos de mi fic "Ojos Oscuros" es un fic apto para todo público :D

Les pido por fa que NO COMENTEN EN ESTE TEMA, porque a veces, sin darnos cuenta, el tema se llena de mensajes y después nadie encuentra los capis, por eso cree este tema, para poner los capis de seguido, para que los puedan leer cuando quieran...

Si quieren comentar, pueden hacerlo acá: (yo voy a estar súper feliz de que lo hagan! sonrisa )

http://www.thefallenangels1.com/t1178-ojos-oscuros

Me encanta leer sus opiniones, críticas, consejos y mensajes acosadores/amenazadores para que suba nuevos capis jajaja reir reir reir así que please, digan de lo que quieran sonrisa

Besotes a todas!!!!!!!!!!! :besote: :besote: :besote:
Y espero que les guste mi fic y lo disfruten!!!
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:07

Sinopsis

"La primera vez que ella lo vio, pensó que había algo muy extraño y peligroso en él. La primera vez que él la vio, pensó que estaba frente a un ángel.
Pero con el tiempo ambos se darán cuenta de ni él es eso, ni ella lo otro.
¿Pueden dos personas que están destinadas a destruirse mutuamente, llegar a amarse?
¿Puede el amor ser más fuerte que el decreto del destino?
¿Puede este sentimiento ser suficiente para enfrentarse a todos los peligros, incluso la muerte?
Ellos aprenderán que muchas veces jugar con fuego es menos peligroso que jugar con el amor...


Ojos Oscuros
Aprende a esperar lo inesperado...


Última edición por Elena Vladescu el Sáb 28 Jul 2012 - 3:30, editado 2 veces
Elena Vladescu


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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:11

Capítulo 1

Un encuentro de lo más extraño


Era el primer día de clases y yo estaba sentada al lado de la ventana con mi mejor amiga Amy. Mientras ella no dejaba de parlotear sobre su última cita con Derek contándome lo maravillosa que había sido, lo lindo que se veía él con esa chaqueta y que eran la pareja perfecta (claro que todo esto yo ya lo sabía porque no había dejado de contarme la misma cosa durante los últimos 3 días) sentí que alguien me estaba mirando, me dí vuelta pero no vi a nadie, mis ojos siguieron moviéndose, pasando la mirada por todos los que estaban detrás de mí hasta que se toparon con un chico que estaba rebuscando algo en su mochila, justo cuando iba a seguir, él levantó los ojos y nuestras miradas se encontraron. Tenía los ojos de un negro profundo y había algo en ellos que me decía que era peligroso; no pude desviar mi mirada de la suya, era como si me estuviera atrayendo como un poderoso imán, él tampoco desvió la suya. Me sentía incómoda pero mis ojos no obedecían. Él ni siquiera se inmutó, lo normal hubiera sido que desviara la mirada o se sonrojara como yo lo estaba haciendo pero sólo siguió mirándome. Pude apartar mi mirada de sus ojos, pero no de su rostro. Éste era anguloso, su pelo era negro, incluso más negro que sus ojos, era lacio, parecía suave y algunos mechones de su flequillo estaban por entrar en sus ojos, su nariz era igual a las de esas antiguas estatuas griegas que había visto en una película, recta y perfecta; su piel era de color normal, ni tan blanca ni tan morena, pero lucía extremadamente delicada y fina, sus labios no eran muy gruesos, pero tampoco demasiado finos y tenían un color rojo tenue, ¡wow! Era realmente atractivo, pero eso no le quitaba el aspecto peligroso y amenazante que tenía.
Por suerte justo en ese instante, Amy me tomó del brazo y me hizo girar para que la viera mientras me regañaba por no atender lo que me decía, yo sólo solté un gruñido y empecé a prestar atención a la clase.

***

A la salida, fui a la terraza en construcción del colegio (todavía le faltaba la pared en la cual se sostiene la baranda de metal) que estaba en el cuarto piso, porque adoro que el viento me venga por la cara y sentir la brisa, siempre que iba a escalar a algún cerro me acercaba lo más que podía a la punta del precipicio para poder sentir el viento, así que pensé que no pasaba nada si hacía lo mismo aquí, entonces me acerqué hasta la orilla de la terraza y miré hacia abajo, justo en ese instante empecé a sentirme mareada; no podía ser que por no haber desayunado esta mañana me sintiera así, ya había dejado de desayunar otras veces y no me había pasado nada. En ese momento me pareció que el piso se movía así que intenté alejarme del borde, pero di un traspié y caí hacia delante, pude ver el piso de azulejos contra el cual me estrellaría en un instante, cerré los ojos y deseé que no fuera tan doloroso y muriera rápidamente, pero de repente alguien tomó mi brazo y tiró de él hacia atrás con tanta fuerza que los dos caímos al suelo, yo caí de costado y empecé a sentir un gran letargo, mis ojos me pesaban y por más de que intentaba mantenerlos abiertos no lo conseguí.

***

Al abrir mis párpados con lo primero que me encontré fue con esos increíblemente negros ojos que me miraban tan fijamente como en la clase, luego de asimilar un poco las cosas me di cuenta de que estaba recostada por un casillero en el pasillo del colegio, a continuación observé el rostro que tenía enfrente, él estaba demasiado cerca de mí, ¿acaso no le molestaba la cercanía con una desconocida?, porque a mí sí.
Me llevé la mano a la parte posterior de mi cabeza ya que empecé a sentir un dolor fastidioso, cerré los ojos y apreté la zona que me dolía, enseguida hice una mueca de dolor.
Al abrirlos de nuevo él seguía enfrente mío aunque se había alejado un poco, empecé a decir...
— Emmm ¿Tú me... —antes de que pudiera terminar la frase él dijo.
— No deberías haber subido ahí. — Su voz era aterciopelada aunque bastante masculina pero sin pasar a lo grave, tenía el tono perfecto... el tono perfecto de un regaño.
— Yo...
— Y sobre todo no comes hace varias horas —dijo
— ¿Por qué dices eso? —le pregunté.
Él me dio una sonrisa ladeada fugaz, pero increíblemente atractiva, luego puso sus dedos debajo de mi ojo derecho y los deslizó tirando hacia abajo, miró la cuenca de mi ojo y dijo:
— Estás anémica, el color de tu cuenca está pálido, no rojo como debería estar el de una persona sana. — Maldito chico con conocimientos de medicina pensé.
— Ese no es tu problema — le espeté bastante molesta.
Él hizo una mueca de disgusto y se levantó, luego me dijo:
—Vamos, te llevo a tu casa
—No lo necesito —le dije, aún un poco enojada.
— ¿Crees que te salvé para que después vayas caminando por ahí y te desmayes y alguien te haga algo? —me preguntó con un tono de regaño sobreprotector que me recordaba a alguien.
— ¿Quién dice que me voy a desmayar por ahí? —le pregunté frunciendo el seño.
— Ni siquiera puedes mantenerte en pie— me respondió
— Claro que... — mientras me levantaba para demostrarle que no necesitaba de su “ayuda”, volví a sentirme mareada y me llevé la mano derecha a la frente, mientras con la izquierda me sostenía por la pared.
Él puso una sonrisa de petulancia como diciendo “te lo dije” mientras avanzaba por el pasillo, lo seguí a regañadientes pensando que seguramente no había un chico más fastidioso en el mundo que el que tenía enfrente.
Al llegar al estacionamiento del colegio, él se dirigió hacia un lujoso Mercedes Sedan último modelo que debía de valer más que el viaje que hice a Italia por mis 15 el año pasado, era de color negro y parecía ser lo más rápido que había visto en mi vida, luego pensé que el auto iba muy acorde a su conductor: imponente y atrevido.
Me abrió la puerta y yo subí con mucho temor de ensuciar el piso tapizado del carísimo automóvil con mis zapatos, cerró la puerta sin hacer el más ligero ruido y en ese pequeño instante en el que estuve sola en aquel vehículo a oscuras y con todas las ventanas tintadas de un “súper-negro”, sentí un escalofrío. Después él subió y puso en marcha el motor que se encendió con un suave ronroneo.
Habíamos andado unas cuadras cuando el prendió la radio, justo estaba pasando “Wake me up when september ends” de Green Day y no pude evitar mover mis labios cantando la canción en silencio, él me vio y volvió a sonreír de manera fugaz.
— ¿Te gusta Green Day? —me preguntó.
— Sí, es mi banda preferida —le respondí.
En ese instante él empezó a cantar “It’s comes the rain again falling from the starts… ” yo sonreí.

— ¿Te gusta también? —le pregunté sorprendida.
— Sí, es la única banda que vale la pena, con Coldplay obvio—me dijo
— ¡No lo puedo creer! —dije— A mí también me gusta Coldplay.
Él sólo sonrió. Después de un momento me preguntó:
— ¿Y por dónde vamos para llegar a tu casa? —
— ¿Ah? —pregunté distraída como siempre.
— El camino para llegar a tu casa—dijo él mientras ponía los ojos en blanco.
— ¡Ah claro! —dije y le expliqué el recorrido que debía hacer para llegar a mi casa.
Al llegar, él se bajó y me abrió la puerta del auto para que me bajara, luego empezó a caminar hacia la casa detrás de mí.
— ¿Eh? ¿Qué haces? —le pregunté.
— Te acompaño hasta la puerta como un caballero—me respondió con aquella estúpida sonrisita de petulancia que a la vez resultaba tan encantadora, lo único que pude hacer fue soltar un pequeño bufido, y empezamos a caminar hasta llegar a la entrada
— Gracias por haberme salvado —le dije poniendo mi mejor sonrisa.
— De nada —dijo él.
— Bien... ¡Adiós! —Le dije mientras levantaba mi mano como despidiéndolo, ya que no se me ocurría nada más para decir.
— Oye prométeme que vas a comer —me dijo muy serio y con una mirada sobreprotectora que seguía recordándome a alguien.
— Eh... —dije buscando una manera de librarme de tener que prometer eso.
— Promételo — me dijo él como si hubiera leído mis pensamientos.
— ¿Si no qué? —le dije con un tono desafiante.
— Si no le cuento a tus padres lo que pasó —me respondió con una cara de victoria y que al mismo tiempo no dejaba lugar a dudas de que cumpliría lo que dijo si yo no hacía mi parte
— Ok, te lo prometo —le dije fastidiada.
— Bien —dijo él con su sonrisa ladeada— Nos vemos.
— Sí claro —le dije. Pero de repente me di cuenta de algo.
— ¡Ey espera! No sé tu... nombre... — dije, pero él ya se había marchado.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:12

Capítulo 2

Familia

Antes si quiera de tocar el timbre mi hermana Mary abrió la puerta y me dijo con una gran sonrisa y una mirada inquisidora.
— ¿Quién era ese chico tan “hot” Hayley?
¡Arg! ¡Odiaba que usara esa palabra!
— Es sólo un chico— le respondí en tono cortante.
— ¡Ay! ¡Pero que hermana más egoísta! —dijo sonriendo
— ¿Eh?
— Claro que entiendo que no me quieras decir su nombre, si yo fuera novia de alguien tan increíblemente guapo no se lo diría a nadie para que no intenten robármelo —dijo ella con toda tranquilidad.
— ¿¡QUÉ!? —chillé— ¡Él NO es mi novio!
— ¿Cómo que no? ¿Por qué más te traería a casa a estas horas de la noche?—
— ¿Cómo? —ni siquiera me había dado cuenta de que ya oscureció— ¿Ya es tarde?
— No, recién las 8—dijo ella con una sonrisa maliciosa— Aunque imagino que porque estabas con ese bombón no te diste cuenta del paso del tiempo, eso sin contar que eres terriblemente distraída—
— ¡No es así! —volví a chillar.
— Claro, como digas— me respondió ella sin mucha convicción— ¡Ah! Y tranquila que no le voy a contar a papá ni a Andrew lo que tienes con ese chico.
Ya me iba a poner a chillarle de nuevo cuando ella se dio vuelta y entró en la casa, desde la cocina escuché la voz de mamá que decía:
— ¿Ya vino Hayley?
— ¡Sí, ya volví! —grité entrando.
— ¡Hola hermanita! — gritó alguien mientras me tomaba la cabeza y me frotaba el puño por el pelo
— Hola Andrew — respondí mientras intentaba sacármelo de encima
— ¿En dónde estabas? —me preguntó él adoptando su postura de hermano mayor increíblemente-sobreprotector-con síndrome de preocupatitis aguda-avanzada.
— Ehhh... —empecé a titubear.
— Fue a la casa de Amy a terminar un trabajo —respondió Mary por mí.
— ¿Eso es cierto? — me preguntó Andrew con una mirada que me daba miedo, ya que sabía que no era capaz de mentir, siempre que lo intentaba fracasaba del modo más patético y todos se reían de mí.
— Emmm... sí—dije la palabra de una sola vez y luego lo miré, sus ojos de color celeste cielo indagaron un poco más hasta que dijo:
— ¡Bien! Pero la próxima avisa ¿ok? Para que no esté aquí preocupado por lo que pudo haberte pasado—
— Ok mamá gallina —le dije mientras subía corriendo y riendo las escaleras.
— ¡Hey! ¡No me llames así! —me dijo mi adorable hermano mayor antes de soltar una risita.
Entré a mi cuarto, cerré la puerta y me tiré en la cama.
Enseguida empecé a pensar en ese chico, mejor dicho en sus ojos, con esas pupilas de un negro penetrante, la forma en la que me había mirado en la clase, como si estuviera viendo y analizando todo lo que había dentro de mí, me dio un escalofrío de sólo pensarlo.
Volví a recordar el momento en el pasillo y en el auto, había un no sé qué en él que le decía a todos mis sentidos que lo mejor era alejarme, era como si una sombra oscura lo rodeara. No entendía como alguien que parecía tan peligroso podía tener una sonrisa tan encantadora.
Me di vuelta en la cama buscando al señor Hipo (un peluche de hipopótamo que me había regalado mi papá cuando era pequeña y al cual le tenía mucho cariño) justo cuando lo vi tirado en la alfombra negra de mi cuarto y estaba por recogerlo escuché que alguien gritaba desde abajo:
— ¡Hayley ven a cenar! —era Andrew quien me llamaba.
— ¡Ya voy! —le respondí.
Bajé rezongando las escaleras pensando en la promesa que le había hecho a el chico de ojos oscuros, no sé por qué sentía que debía cumplir lo prometido, es decir, sabía que le contaría a mis padres todo sobre aquel “pequeño accidente” si no hacía lo que prometí, pero había algo más, algo que no sabía muy bien cómo explicar... acaso... acaso... ¿acaso de verdad me había convencido de que le importaba lo que me pasara? No, definitivamente no, ¡ni siquiera nos conocíamos! Sólo me había salvado porque es lo que cualquier persona haría si viese a una chica que está por caer de una terraza y en sus manos está el poder salvarla, y me había dicho que coma sólo para ser amable.
En ese momento una vocecilla molesta en mi interior a la que la mayoría de la gente llama consciencia (y a la cual yo llamo “estúpida voz de la razón”) me dijo:
— ¡Puf! ¡Cómo si él pudiera ser amable! Piénsalo bien Hayley, no tiene la pinta de ser un superhéroe, y no te hubiera salvado si no le importaras.
— ¿Cómo le voy a importar? ¡¡¡Si NO nos conocemos!!! — le respondí a la muy “estúpida” — ¡y ya no te metas en mis pensamientos!
—¿Cómo no lo voy a hacer si YO soy la que te permite tener pensamientos.

¡Maldición! Incluso mi consciencia me ganaba en discusiones y se ponía en contra mía, sólo había dos motivos posibles para esto:
1: ya se me había zafado el único tornillo que me quedaba en la cabeza o
2: mi consciencia tenía vida propia.
Como la última razón no era posible, opté por la número 1.
Mientras seguía meditando en eso, alguien vino y me tomó del brazo arrastrándome por la sala hasta el comedor.
— ¿Qué hacías mirando la puerta con cara de zombi? —me preguntó Mary.
— Yo sólo... estaba pensando en la clase de Matemáticas de hoy, es que no entendí varios ejercicios —le respondí con un poco de inseguridad, pero al menos ésa era una mejor explicación que ésta: estaba intentando entender por qué mi consciencia y yo diferimos nuestras opiniones en ciertos temas.
— ¡Ah! —dijo ella sonriendo— relájate y no pienses en eso, al menos en casa debes relajarte—
— Sí... — le respondí mientras notaba lo bien que ella se veía con esa falda nueva y lo increíblemente guapo que se veía Andrew por más de que usara ese par de pantalones viejos.

Mis hermanos eran gemelos, y por lo tanto los dos eran igual de hermosos. Tenían unas facciones delicadas, el cabello de un rubio dorado, la piel blanca y los ojos celestes más raros del mundo, primero porque cambiaban el tono de celeste según el clima (más oscuro los días de mucho sol y más claros los días nublados o lluviosos) y segundo porque la aureola que tenían alrededor de las pupilas era de un verde clarito, tirando hacia el verde agua, y no como la mayoría que la tienen de un color amarillento.
Los dos eran casi igual de altos (Andrew le pasaba a Mary por dos centímetros), eran flacos, pero bien proporcionados, Andrew tenía una musculatura plana pero bien marcada y Mary tenía unas piernas por las que todos mis compañeros babeaban. Los dos tenían labios carnosos y rojos, y unos dientes blancos como perlas (el cabello rubio, los ojos celestes y la piel pálida la habían heredado de mi papá y las facciones y labios de mamá).
Pero obviamente, tenían un carácter muy distinto.
Andrew era increíblemente bromista y no le preocupaba mucho lo que pudiera pasar mañana, era algo desorganizado y sabía exactamente como usar sus ojos y su rostro de angelito caído del cielo para zafarse de los líos en los que solía meterse, encantador por naturaleza nadie podía negarle algo cuando lo pedía, era tan amable que algunas veces se aprovechaban de él y por eso a veces era algo inseguro, aunque su carácter amigable le ganaba muchos amigos; no le gustan las matemáticas al igual que a mí, le fascina leer, detesta los sitios atestados de gente (también como yo) y es súper sobreprotector conmigo.
Mary era todo lo contrario. La reina del orden y la perfección no admitía que dejáramos las cosas tiradas por ahí, era muy centrada y siempre parece saber lo que quiere, no le gusta meterse mucho en líos, por lo cual nunca apoya los “experimentos” de Andrew, es súper sociable y le encantan las fiestas.
Aunque ahora que lo pienso, también tenían muchas cosas en común:
Los dos eran muy amables y siempre ayudaban en lo que podían, siempre mantuvieron el puntaje más alto de su clase, también eran muy educados y tenían una de las sonrisas más bonitas del mundo.
¡Eran tan perfectos que a veces me sentía como un monstruo! No es que yo fuera menos, pero no me parecía mucho a mis hermanos.
Yo tenía el pelo de un negro parecido al mar en una noche sin estrellas o a la oscuridad misma, no tenía una forma muy definida ya que era lacio al comienzo y hacia las puntas se formaban bucles, mis ojos tenían un color miel, mis labios también eran carnosos como los de ellos pero tenían un color rosa nacarado, mis dedos eran largos y eso me gustaba ya que gracias a ellos aprendí a ejecutar el piano sin el más mínimo problema y tenía las piernas y brazos en unas proporciones “perfectas” como decía Mary ; todo esto lo había heredado de mi madre.
En realidad lo único que tenía de papá era la piel nívea, la altura (era la más alta de mi clase) y aquellos rasgos marcados del rostro que me daban un aspecto maduro y a veces desafiante, siempre que entrecerraba los ojos todos me decían que tenía el aspecto de un tigre que está a punto de abalanzarse sobre su presa y eso sumado con el hecho de que no soy muy sociable me había dado fama como la “oveja negra” de la familia (por más de que no solía meterme en problemas y siempre fui excelente en todo lo que hago) ya que se basaban más en mi aspecto que en mi carácter.
Aunque, pensando bien en eso, recordé algo, a veces yo sentía que dentro de mí había algo oscuro, es decir, no pensaba que fuera una persona malvada, pero casi siempre, cuando me enojo con alguien me descubro a mí misma pensando en una forma de vengarme de esa persona, y eso me asusta ya que, para peor, disfruto cuando a ese alguien le pasa algo malo, sé que suena terrible, pero por mucho que trato de alejar esos pensamientos no puedo, es como si fueran parte de mí. Pero, eso no importa, estaba decidida, no iba a dejar que me venzan.
— ¡Hayley! ¡Hayley! ¡Hayley! —gritó alguien mientras me zarandeaba del brazo y hacía regresar al planeta Tierra.
— ¿Eh...? ¿Qué pasó? —pregunté algo confundida.
— ¿Estás bien? —me preguntó Andrew con una cara de evidente preocupación.
— ¿Quieres ir a tu cuarto amor? — me dijo mamá, no menos preocupada que Andrew.
— Eh... no, estoy bien, ¿por qué están todos así? —pregunté.
— Te quedaste como en éxtasis durante bastante rato, Hayley —me respondió papá— ¿Segura de que estás bien?
— Sí, no se preocupen dije sonriendo, vamos a comer—propuse para que dejaran de mirarme de forma tan preocupada.
— Creo que deberías ir al doctor... —dijo Andrew
— ¿¡Qué!? ¡No! —chillé, no quería ir por nada del mundo al doctor, no quería que descubrieran que estaba anémica porque eso los iba a preocupar más—yo sólo estaba distraída— dije de forma más controlada y calmada.
— ¿Ven? —dijo Mary — ¡Se los dije!
A continuación todos nos sentamos en la mesa, pero al voltear hacia la silla para sentarme alcancé a ver mi reflejo en el cristal del ventanal que daba al jardín, y me pareció que la chica del reflejo me sonreía de forma malvada...

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:15

Capítulo 3

Es igual a un ángel

Conduje el auto hasta llegar a las afueras de la ciudad, seguí por un viejo camino empedrado que pasaba entre los árboles, que antaño había sido muy utilizado por las personas para llegar hasta la ciudad vecina, pero que ahora estaba en desuso debido a la construcción de una nueva ruta asfaltada, me adentré en una pequeña porción de bosque hasta llegar a un prado que estaba en medio de éste, los pastos se mecían suavemente con el compás de la brisa mientras la tenue luz de la luna bañaba todo a mi alrededor. Estacioné enfrente a la vieja casa con paredes de piedra, que tenía el aspecto de las casas de pueblo durante la época colonial, bajé del auto y abrí la pequeña puerta de la cerca de madera que la rodeaba, caminé por el sendero hasta llegar a la escalinata de la entrada y empujé levemente la puerta que se abrió sin problemas. ¿De qué servía llavear una casa que está en medio del bosque y abandonada hace siglos?
Tiré el manojo de llaves sobre la mesita de caoba y subí las escaleras hasta mi habitación. Al entrar me dirigí al balcón que tenía mi cuarto y me subí encima de la baranda, con un pequeño salto ya me encontraba en el techo. Me acosté sobre el tejado y miré hacia arriba, era una noche hermosa, el cielo estaba despejado y se veían todas las estrellas, intenté encontrar alguna constelación recordando lo que me había enseñado mi madre cuando era pequeño pero no logré identificar ninguna, pero si pude encontrar la Cruz del Sur, las Tres Marías y esa pequeña estrella que mi mamá había dicho que era mía, se encontraba bajando en dirección recta desde la Cruz del Sur, destilaba un brillo increíble y a su lado se encontraba otra estrella de igual tamaño y que parecía tener un color rojo. Suspiré. Extrañaba tanto ser un niño y no tener que pensar ni lidiar con obligaciones que no quería y promesas que no eran mías, pero no podía hacer nada para cambiar el pasado… Volví a mirar el firmamento y de repente empecé a pensar en esa chica… ¡Oh Dios! Era tan hermosa… Había quedado prendado de ella apenas la vi en la clase, sus ojos eran preciosos, tenía una mirada encantadora y un brillo especial, la forma en la que se sonrojaba, sus labios, aquel cabello azabache… todo en ella era perfecto.
Cuando la salvé de caer desde la terraza y la llevé al pasillo, mientras estaba inconsciente, no pude evitar acariciar sus mejillas, su piel era suave al igual que la seda. Ella parecía tan frágil, delicada y para nada temeraria, no entendía qué rayos hacía en el borde de la terraza, cuando la vi a punto de caer me sentí desesperado y no podía pensar en nada que no fuera salvarla…
Volví a suspirar, era un tonto, ni siquiera nos conocíamos y yo ya había quedado completamente fascinado con ella, recordé la mirada asesina que me dirigió cuando le dije que iba a llevarla a su casa y sonreí… definitivamente me había conquistado sin que esa fuera su intención. Deseaba tanto volver a verla y poder hablarle, pero no estaba muy seguro de que ella quisiera lo mismo, aún más después de haberla amenazado con contarle todo lo sucedido a sus padres si no comía.
De acuerdo, tenía que sacarla de mi cabeza, yo había venido aquí para cumplir una misión y no para enamorarme… pero cómo iba a hacer eso, cómo iba a hacerlo si su imagen inundaba cada parte de mi mente...
Hacía mucho calor por más de que estuviéramos ya en otoño, así que decidí quedarme un rato más acostado en el tejado, pero poco a poco el sueño me fue venciendo y mis párpados pesaban cada vez más, hoy había sido un día tan agotador… al final me rendí al sueño y comencé a soñar con una chica con ojos color miel y piel tan blanca como la nieve que me lanzaba una mirada asesina y que me decía que no me meta en lo que no me incumbe… Sonreí… Era tan hermosa que yo estaba seguro de que era un ángel.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:19

Capítulo 4

Confusiones

Al otro día estaba impaciente por verla, pero por suerte teníamos la primera clase juntos. Entré al salón y me senté en mi lugar. Primero pensé que todavía no había llegado pero luego la vi. Estaba hablando con ese maldito chico al igual que ayer. ¡Aaaarg! ¡Cómo lo odiaba! ¿Qué se creía para estar todo el día encima de ella?
—¿Acaso estás celoso de Kevin? — me preguntó la maldita voz de la consciencia que habitaba en mi cabeza y que yo creía haber enterrado en lo más profundo de mi subconsciente hace mucho tiempo.
—¡No estoy celoso! — le respondí.
En ese instante ese idiota tomó la mano de ella y pude ver cómo se sonrojaba, el deslizó sus dedos por el delicado brazo de MI ángel y no lo pude resistir, tomé mi borrador y se lo lancé directo a la cabeza. Ésta debía de estar hueca porque pude escuchar el eco del impacto.
— ¿No que NO estabas celoso? —dijo sarcásticamente mi consciencia.
— ¡Silencio! —
— En este preciso instante estás imaginando que le haces algo malo a ese chico ¿verdad? —
¡Hum! — rezongué, pero eso era cierto... Ya me imaginaba golpeándole la cabeza contra la ventana y haciendo crujir todos y cada uno de sus huesos... ese pensamiento era hermoso... y podría haber continuado pensando eso todo el día, pero de repente la voz del profesor de Historia me hizo volver a la realidad, puse mis brazos sobre la mesa, miré al frente y me quedé en piloto automático.

***

¿Quién le lanzaría un borrador a Kevin? Luego de un arduo día de colegio eso era en lo que estaba pensando, cuando, de repente vi al chico de ojos oscuros entrando en la biblioteca, lo seguí ya que quería saber su nombre, pero justo en ese momento se me acercó la chica nueva de la clase para preguntarme si podía explicarle dónde estaba la sala de piano pues como no faltaba tanto para la salida (nosotros estábamos afuera porque la profe de Mates no había venido y nadie podía quedarse con nosotros), ella quería aprovechar ese tiempo para practicar. Tuve que hacerlo y para cuando terminé él ya se había ido de ahí.
Lo alcancé a ver doblando el pasillo y fui tras él, pero cuando llegué ya no estaba ¿cómo rayos hacía para desaparecerse así?
Al darme vuelta choqué con alguien que me puso contra la pared, al abrir mis ojos vi a es chico, tenía las dos manos por la pared, una a cada uno de mis costados impidiéndome salir.
— ¿Me estás siguiendo? —preguntó
¡Wow! No había notado lo alto que era, y su voz, su voz era tan, cómo decirlo... tan... tan... perfecta... no podía dejar de fijarme en él.
— ¿Hola? ¿Hola? ¿¿¿Hoooolaaaaaa!!! — dijo él.
— ¿Eh? —respondí espabilándome.
— ¿Acabas de quedarte embobada conmigo? — volvió a preguntarme mientras ponía esa sonrisita arrogante que tan bien le sentaba.
— ¡Claro que no! —chillé.
— ¿Entonces por qué no dejas de mirarme? —
— ¡¡¡Sería más fácil si te alejaras!!! —
— ¡Buf! —bufó él—. ¿Por qué me estabas siguiendo?
— Yo... bueno... ayer me olvidé de preguntarte tu nombre así que... —
— ¡Ah! ¡Era eso! — dijo él interrumpiéndome. Hubiera jurado que en su voz había un toque de decepción y enojo.
— ¿Qué más podría ser? —le pregunté algo molesta.
Él me sonrió y luego con una mirada insinuante dijo:
— ¿Quieres escuchar mis ideas? —
— ¡Noooooooo! —le chillé. ¡Dios! ¡Este chico cambiaba de humor muy rápido!
— ¡Bien, pero no me grites! —
Solté un bufido y le dije:
— ¿Me vas a decir tu nombre sí o no? —
— Adivina— dijo él mientras avanzaba por el pasillo
— ¡¿Qué?!¡Pero si hay miles de posibilidades! —dije
— Okay... —suspiró— Te daré una pista... Es el primer nombre de un compositor muy famoso.
— ¡Hay miles! —le dije— ¡Y todos tienen nombre raros!
— Intenta— dijo él mientras sonreía divertido.
Luego de avanzar un poco por el corredor dije:
— ¿Amadeus? — recordando a Motzart.
— ¡Noooooo! —chilló él— ¡¿Quién se llamaría así en la actualidad?!
— ¡Es tu culpa! ¿Por qué no me lo dices nada más y listo? —le respondí molesta
— Es que jugar contigo es muy divertido—me dijo él sin el más mínimo descaro.
Iba a empezar a chillarle pero decidí continuar con eso.
— ¿Antonio? Como Vivaldi —le dije al ver la cara que ponía.
— ¡No!
— ¿Igor? —
— ¡Puaj! —
— ¿Ludwing? —
Él puso una cara tan simpática que empecé a reír como boba y él conmigo, pero de repente apareció el idiota de Bill. Era el imbécil más grande del planeta y siempre me molestaba, los dos nos odiábamos a muerte desde que puedo recordar.
— ¡Oye tonta! —dijo él mientras miraba al de los ojos oscuros— ¿No me digas que te conseguiste un novio por lástima? —
— ¡Cierra la boca imbécil! —le grité.
— ¡Ay qué miedo! —dijo el idota pegando risotadas parecidas a rebuznos— ¿Qué vas a hacer?
— Te dijo que cerraras la boca— le dijo el chico de ojos oscuros. Al fijarme en él noté que se había puesto en posición de ataque y pude ver cómo todo su cuerpo se tensaba. ¿No se iba a meter en una pelea verdad? Bill podía ser un imbécil con todas las letras pero sabía pelear. Además, no lo podía creer ¿me estaba defendiendo?
— Oye amigo, ¡tranquilo! —dijo Bill— yo sólo insinuaba que podrías conseguirte algo mejor que eso—dijo mirándome.
ÉL apretó los dientes y convirtió sus manos en puños, estaba enojado, muy enojado; pero parecía que Bill no lo notaba.
— ¿Por qué no sales con su hermana? Ella es hermosa, no como Hayley que es...
Antes de que pudiera terminar la oración el chico de ojos negros le dio un puñetazo en la cara que hizo que Bill volara hasta estrellarse contra los casilleros.
ÉL avanzó y le dio otro puñetazo, yo sabía que eso estaba mal pero no podía evitar ponerme contenta al ver que se imbécil recibía su merecido.
Pero luego vi su cara, estaba completamente hinchada, así que corrí y tomé del brazo a mi defensor, su piel estaba caliente, y era como si bajo su piel fluyera electricidad.
Lo llevé al patio para que se tranquilizara y de repente él me preguntó:
— ¿Por qué sonríes? —
¿Qué? No me había dado cuenta de que estaba sonriendo, abrí la boca para responderle y...
— Es que me gustó lo que le hiciste a ese imbécil— ¿Eh? Enseguida me tapé la boca. Yo no había querido decir eso. ¿Acaso mi subconsciente había tomado el control de mis actos?
— Wow, no pareces una chica sádica —me dijo él.
Bajé la mirada, pues no entendía lo que pasaba ¿yo? ¿Sádica? ¿Qué me estaba pasando? De repente él me sacó de mis pensamientos.
— ¿Sabías que te ves hermosa cuando pones esa mirada de odio como la de hoy? — me dijo sonriendo mientras alzaba mi mentón para que lo mirara.
— Eh...? — ¿Cómo podía cambiar de humor tan rápidamente? ¿Acaso ya había olvidado la pelea de hace 5 minutos?
— Y te ves más hermosa aún cuando te sonrojas — dijo acercando su rostro al mío sin dejar de sonreír.
— Eh... eh... ¡Ey! ¡Suéltame pervertido! —le chillé mientras me alejaba de él con la cara completamente roja.
— ¿Yo? ¿Pervertido? ¡Pero si quién me estaba acosando eras tú! —respondió él mientras se recostaba por la pared tranquilamente y olvidando definitivamente la pelea.
— Yo... yo... ¡¡¡Yo no te estaba acosando!!! —grité.
Cuando dije esto las personas que estaban cerca se dieron para mirarme con cara de “estás loca” y luego se dieron vuelta para cuchichear.
— ¡Ves lo que haces! —le dije enojada.
Él empezó a reír a carcajadas sin importarle la humillación por la que me acababa de hacer pasar.
— ¡Yo no fui quien lo gritó a los cuatro vientos! — me dijo con su mirada de petulancia.
— ¡Torpe! —le dije, mientras le asestaba un puñetazo en el brazo.
— Eyyy! — dijo, mientras tiraba de mi brazo hacia él.
— ¿¿¿QUÉ ESTÁS HACIENDO??? — volví a chillar, sintiendo que me sonrojaba como nunca en la vida.
— Acabo de salvarte de ese idiota pervertido, ¿no crees que me merezco una recompensa? —me dijo él mientras ponía una sonrisa malvada e insinuante.
— ¡Aquí el único pervertido eres TÚ! —chillé.
Él sonrió y puso uno de sus brazos alrededor de mi cintura atrayéndome hacia sí mismo, mientras que con la otra mano acariciaba mi pelo.
—Ahora bésame amor—dijo él acercando de nuevo su rostro al mío.
—¿¿¿QUÉÉEÉ??? ¡¡¡Estás loco!!! —grité.
En ese momento pasó Kevin en frente nuestro y se quedó estupefacto mirándonos, yo forcejeé para liberarme de mi prisión pero ¡rayos! ¡Era demasiado fuerte!
Vi cómo el rostro de Kevin dejaba pasar varias emociones, 1° asombro, 2° confusión y 3° enojo. Apretó sus puños, se irguió y se marchó de ahí ¡y yo ni siquiera pude decir algo en mi defensa!
¡¡¡Cuando ÉL me soltara iba a darle la patada de su vida!!!
Al levantar mis ojos hacia su rostro vi cómo ponía una mirada de satisfacción mientras observaba el pasillo por el que Kevin se acababa de ir. Me soltó y yo grité:
— ¿Po... por... POR QUÉ HICISTE ESO???!!! ¡¡¡Torpe!!! —mientras volvía a darle otro puñetazo.
— ¡Auch! ¡Deja de ser tan violenta! —me gritó él.
De repente escuché una risilla y al darme vuelta para ver quién era ¡¡¡no lo pude creer!!! ¡Era Paola! ¡La chica más chismosa de todo el colegio! Que ella se enterara de algo significaba que ¡¡¡TODO el mundo se enteraría de eso!!! ¡Estaba arruinada!
—No... No... ¡NO es lo que parece! —le dije
— ¡Sí cómo no! —me dijo ella con esa voz chillona y horrible que tenía— ¡Hayley es la novia del chico más guapo de la secundaria! Esta es una noticia que todos deben saber—.
— ¡¡¡Él NO es mi novio!!! —chillé enojada.
— ¡Aaaah! ¡Pero parece que tú eres la única que no sabe eso! —me dijo ella con esa risilla maléfica mientras miraba al maldito chico de ojos oscuros que ¡ni siquiera se inmutaba! — ¡Va a ser una bomba! ¡Lo prometo! —dijo mientras se daba la vuelta y se marchaba.
— ¡¡¡¿¿¿ Qué no vas a hacer nada???!!! —le pregunté a ÉL enojada.
Lo único que hizo fue encogerse de hombros mientras se dirigía a la salida del colegio.
¡Aaaaarg! ¡Ese torpe nos acababa de meter en un problemón y no le importaba! Estaba muy enojada y quería gritarle algo, pero él ya estaba por entrar en su auto, justo en ese instante se me iluminó la mente.
— ¡¡¡¡Johann*!!! ¡Voy a asesinarte cuando te agarre! —le grité.
Él se dio la vuelta, me dio su sonrisa ladeada más hermosa y gritó:
— ¡Hasta mañana amor! —mientras me guiñaba un ojo.
Alguien carraspeó y en ese instante recordé que Mary iba a venir a recogerme
¡Él la vio y por eso dijo eso! ¡Maldito Johann!
Respiré hondo, volteé para ver la sonrisa flamante de mi hermana y pensé que este día había sido el peor día de mi vida..

*por el compositor alemán Johann Sebastian Bach.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:22

Capítulo 5

Malentendidos

Al otro día en el colegio todos me miraban con cara rara, y eso sólo podía significar una cosa:
Paola ya había regado el chisme de mi “noviazgo” con Johann por todo el colegio.
Como si no hubiera sido suficiente escuchar las preguntas de mi hermana y soportar sus “sutiles” insinuaciones ahora debía aguantar a mi mejor amiga y a ¡¡¡todo el colegio!!! Y para colmo de males Johann no decía nada, sólo se quedaba mirando con cara abstraída a todo el mundo.
Ahora que lo pensaba, hoy estaba bastante callado y con la mirada perdida, era cierto que nos habíamos conocido hace tan sólo dos días, pero yo pensaba que iba a venir a fastidiarme o al menos que se iba a reír de mí ya que todos me preguntaban si en verdad éramos novios y por más de que lo negara nadie me escuchaba.
Decidí que en el recreo, iba a saludarlo y preguntarle qué le pasaba ya que se veía preocupado en verdad.
Estuve toda la clase de Lengua pensando en cómo acercarme a él, ya que yo no era muy sociable, tan ocupada estaba pensando en eso que el profesor me llamó la atención varias veces por no prestar atención a la clase.
Al sonar el timbre, él tomó sus cosas y salió de ahí rápidamente, yo agarré mi bolso y salí al corredor para alcanzarlo, lo vi doblando el pasillo y cuando iba a empezar a ir detrás suyo me crucé con Kevin. Alcé la mano saludándolo pero él sólo me miró y siguió su camino. En ese instante recordé lo que había pasado con Johann y me sentí como una verdadera estúpida.
¡No sabía qué hacer! Ir detrás de Johann o explicarle a Kevin lo que había pasado ayer.
Al final decidí buscar a Kevin, ya que él era mi mejor amigo de toda la vida y le debía una explicación.
Estaba sentado debajo de un árbol en el patio del ala este del colegio, caminé hacia él y cuando notó mi presencia hizo ademán de irse, pero lo detuve.
— Ho… hola Kevin! —le dije con mi mejor sonrisa.
— Hola. — me respondió el tajante.
— Oye… respecto a lo que viste ayer…—
— No tienes por qué explicármelo, no es mi asunto. —me dijo de forma cortante.
— ¡Kevin! ¡En serio no es lo que tú piensas! —le respondí lloriqueando.
— ¿Ah sí? ¿Entonces estar abrazada y apunto de besarse con un chico no es nada? —dijo molesto.
— No… ¡no lo entiendes! ¡Él sólo estaba molestando! —le dije desesperada por que me creyera.
— ¡Pues yo no vi que hicieras nada para detenerlo!—
— ¡Es que Johann es muy fuerte! — Estaba realmente desesperada.
— ¿Johann? —me preguntó él— ¿Desde cuándo lo conoces? Porque en lo que respecta a mí nunca lo había visto— dijo enojado.
— ¡Lo conocí anteayer! — le contesté esperando que se diera cuenta de que no era nada serio en verdad,
— ¡Vaya Hayley! ¡Sí que eres rápida! ¡No sabía eso de ti! —
Al entender lo que insinuaba me sentí muy molesta, pero por sobre todo lastimada.
— ¡No puedo creer que pienses eso de mí Kevin! ¡¡¡Nos conocemos desde los tres años!!! ¡Sinceramente me estás ofendiendo! — le dije enojada, mientras me daba vuelta para marcharme de ahí cuanto antes. No sabía por qué, pero tenía ganas de llorar.
— ¡Hayley espera! —dijo él mientras me tomaba de la muñeca— Mi intención no era insultarte y menos lastimarte— me dijo mientras apartaba un mechón de pelo azabache de mi rostro— No llores sí…?
— ¡No estoy llorando! —le respondí todavía un poco molesta, pero mi voz sonó tan patética que Kevin rompió a reírse a carcajadas.
— ¡Me largo! — le dije con el orgullo herido.
— No, no, no —me dijo él intentando calmarse— Disculpa ¿sí? Es que tu voz sonó muy graciosa y…—
— ¡Pues si quieres reírte ve a un circo! —le grité furiosa.
— No, ¡Hayley! Por favor, escúchame ¿Ok? Lamento haber dicho lo que dije, supongo que estaba celoso…y…—
— ¿Por qué estarías celoso? —pregunté intrigada— Sabes que siempre vas a ser mi único mejor amigo—le dije sonriendo.
Él suspiró y luego susurró algo que sonaba a “que chica más lenta” o eso creo, y luego me dijo:
— ¿Ya no estás enojada conmigo? —
— Hmmm… creo que no…—le contesté intentando parecer seria.
Kevin se dio cuenta y enseguida me alzó de suelo en uno de sus abrazos que me rompían los huesos mientras me decía feliz:
—Me alegra saber que no hay nada entre ese chico y tú—
— ¡Ufff...! ya te pareces a Andrew —le dije riendo
— Me agrada tu hermano, pero creo que yo no a él —respondió sonriendo.
— A Andrew no le agrada ningún chico que hable con su hermana menor —volví a decir riendo.
— Ya lo noté…—dijo él. Estaba segura de que estaba recordando alguna cosa que le hizo mi hermano mayor para que se aleje de mí.
Miré a mi mejor amigo, me alegraba que las cosas estuvieran bien de nuevo entre nosotros.
— ¿Qué? —Me preguntó él— ¿Estás admirando mi belleza? — dijo guiñándome un ojo.
— ¿Eres un narcisista sabías? —le dije riendo.
Aunque a decir verdad, Kevin era increíblemente guapo, tenía el pelo de un marrón acaramelado, sus ojos eran de un azul oscuro, sus rasgos estaban bien marcados y tenía unos labios de color rojo sonrosado que, según Amy, estaban para comerse, sus pestañas eran tupidas y tenía unos hoyuelos encantadores. Era unos cinco centímetros más bajo que Johann y tenía unos brazos y piernas fuertes, productos de la natación.
Lo conocía desde que tenía memoria y nunca se alejaba de mí, era muy amable y confiable. Le fascinaban los deportes y la guitarra. Siempre había sido cómplice de mis travesuras y me salvó de recibir castigos varias veces, tanto en el colegio como en mi casa. Nos queríamos mucho.
— Hayley ya sé que debo ser el chico más sexy del planeta, pero ¿podrías por favor dejar de desvestirme con la mirada? Es algo incómodo para mí — dijo dándome una sonrisa petulante.
— ¡Ya quisieras! —le contesté riendo mientras le daba un leve puñetazo en el brazo.
De repente recordé algo, no había hablado con Johann.

Fin del capítulo.


Última edición por Elena Vladescu el Sáb 11 Jun 2011 - 23:52, editado 1 vez
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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:28

Capítulo 6

Problemas

Nunca en mi vida había sentido tanta ira contenida, si bien ya sabía que debía hacerlo no podía evitar resistirme un poco cuando me lo decían. No podía creer que toda mi vida estuviera sujeta a una estúpida promesa que yo no había hecho… tal vez por eso odiaba a mi padre, tiempo atrás él no había tenido el valor para hacerlo y entonces prometió que dejaría a su primer hijo varón su cargo y el deber de hacer su trabajo.
Y aquí estaba yo, manejando hacia el lugar donde me darían mi primera misión, ya era de noche y casi no había personas caminando por las cuadras, la fresca brisa del mar entraba por la ventanilla y me hacía sentir un poco mejor, doblé a la derecha y subí una pequeña cuesta rodeada de árboles, seguí derecho un poco más y aparqué frente a un puente de piedra. Me bajé del auto y caminé hasta una reja que estaba escondida en su lado izquierdo, cuando el guardia me vio abrió rápidamente la reja y me dijo
—Te están esperando. —
Bajé las escaleras de mármol y entré a un conducto subterráneo que estaba alumbrado por focos, pensé que si en lugar de los focos hubiera antorchas esto parecería el pasillo de un castillo de la Edad Medieval.
Cuando llegué al final del corredor, me encontré con un enorme salón, del techo pendían arañas que iluminaban todo, y había una alfombra granate que conducía hasta el lugar en el que se encontraban sentados los Primeros.
Caminé hasta ahí e hice una reverencia, al levantar la cabeza vi a mi mejor amigo Stephan que parecía más emocionado que yo por mi primera misión.
— Johann, me alegra que hayas venido— dijo Emile, el mayor de los Primeros.
— ¿Acaso tenía otra opción? — le pregunté, estaba tan molesto que no me importaba sonar mal educado.
— Tan rebelde como siempre— dijo él sonriendo — Desde que eras un niño siempre te gustó contestar a tus mayores—
— Desde que era un niño me obligaron a hacer lo que no quería — en ese punto sentí que toda la ira que había estado guardando iba a salir y explotar.
— No te obligamos a nada Johann, era tu deber…—
— ¡No era mi deber! — exploté — ¡Yo nunca dije que quería esto! ¡Nunca me comprometí con esto! — a medida que gritaba, me iba acercando más y más a Emile, de repente sus guardias me tomaron por detrás, yo ya iba a empezar a golpearlos cuando él dijo:
— ¡Basta! — inmediatamente me soltaron. — Johann tranquilízate por favor— me dijo él.
Respiré hondo e intenté calmarme.
— Johann, como tú sabes, tu abuelo era uno de los Primeros, al igual que nosotros— dijo mirando a James y Auguste — Por lo tanto está en tu sangre ser un cazador…
— ¡Eso no es cierto! Mi abuelo dejó a los Cazadores de la Noche y decretó que ninguno de sus descendientes estaba obligado a volver —
— Pero tu padre volvió — dijo Auguste disfrutando al ver mi cara de desesperación.
— Es verdad, y como no pudo cumplir con su deber te dejo a ti en su lugar— continuó Emile.
— ¡No es mi problema lo que él pudo o no pudo hacer! ¿Por qué diablos debo cumplir con una promesa que yo no hice? Si quieren matarme ¡adelante! Pero yo no seré su esclavo de por vida — dije furioso.
— Ya sabíamos que ibas a reaccionar así y que intentarías escapar de tu destino…
— ¿¡Qué destino!? — volví a gritar — ¡Este no es mi destino! —
— Tal vez no los sea ahora, pero cuando veas lo que tenemos aquí de seguro aceptarás — dijo James maliciosamente mientras hacía una seña a los guardias.
— Ni por todo el dinero del mundo lo haría— dije.
— ¿Quién habló de dinero Johann? — me dijo Auguste.
De repente me volteé para ver que traían los guardias y la vi…
— ¡Mamá! ¡Suéltenla imbéciles! — grité mientras arremetía con uno de ellos, le di un puñetazo en la cara y luego lo pateé, de repente el otro guardia me tomó con sus brazos el cuello, pero lo agarré y lo tiré al suelo dejándolo noqueado — Mamá ¿estás bien? —le pregunté mientras corría hacia ella.
— Estoy bien amor —me respondió mientas me daba un beso en la frente.
— Como se esperaba de nuestro mejor guerrero —dijo Emile— ¿Ves que todo ese entrenamiento en lucha que hiciste desde pequeño si sirvió para algo—
— Me largo ahora — le contesté tajante — Y me llevo a mi madre. —
— Eso no será posible— me dijo James — eres el mejor Cazador que tenemos, hemos visto todas tus prácticas en lucha, esgrima, tiro y arquería, siempre pasaste todos los desafíos que se te ponían, siempre fuiste el más fuete y el más audaz, estamos seguros de que eres un prodigio y por lo tanto no podemos dejar ir a nuestra mejor arma. —
— No pueden hacer nada para retenerme — le contesté.
— ¿Eso crees? — dijo Emile — Tal vez ahora salvaste a tu madre, pero ¿quién te garantiza que la dejaremos en paz? —
— Cuando queremos algo no nos rendimos fácilmente — dijo Auguste
— Ustedes ¡malditos bastardos! — grité iracundo.
— Cálmate Johann — me ordenó Emile — Si quieres que tu madre esté segura, sólo debes aceptar el deber que te dejó tu padre—
— No lo hagas Johann — me rogó mi mamá al darse cuenta de lo que iba a hacer.
— Si lo hago… ¿prometen que nada le pasará a mi familia? —
— Te lo garantizamos — me respondió Emile —
— No, no lo hagas, por favor Johann — volvió a implorarme mi madre — Si lo haces tendrás que trabajar para ellos por el resto de tu vida—
— Eso no es verdad — le dijo Emile — Sólo te necesitamos para ésta misión Johann, cuando la termines volverás a ser libre. —
— No les hagas caso por favor — me dijo mi mamá.
— Si acepto, ¿cómo podré estar seguro de que cumplirán su palabra? — pregunté.
— Bien sabes que por naturaleza estamos obligados a cumplir lo que prometemos, así que no te preocupes por eso — me dijo Auguste.
— De acuerdo, acepto, pero antes prometan que no le pasará nada a mi familia y que al terminar esta misión seré libre — dije mientras apretaba mis puños.
— Lo prometemos, pero si fallas en esta misión tú y tus descendientes deberán trabajar para los Cazadores de la Noche para siempre— dijo Emile.
— Nunca fallé en una misión— le respondí
— Entonces está hecho — me dijo él sonriendo — Ahora síguenos que te daremos la primera parte de tu misión—
Le dejé mi madre encargada a Stephan y empecé a caminar tras ellos.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:30

Capítulo 7

Noche de otoño

Al menos ya era sábado por la noche y eso significaba que tendría la casa para mí solita hasta las once, ya que mis padres habían salido a cenar y Andrew y Mary habían ido a una fiesta.
Hacía calor y había un viento agradable, así que decidí ir a caminar a la playa. Era lo bueno de vivir ahí, la playa y el mar bordean casi toda la ciudad y sólo debía caminar unas cuadras para llegar a la zona más apartada de la playa, en donde casi nunca había personas y donde también se encontraba un acantilado al cual me encantaba subir para ver las olas y pensar.
Iba a llevar mi cazadora por si empezaba a refrescar, pero al final decidí no hacerlo ya que estábamos en pleno otoño y seguía haciendo calor; cerré la puerta trasera y salí a la calle.
En unos quince minutos ya había llegado al acantilado, empecé a subirlo pero cuando llegué a la cima vi que un chico ya la había ocupado, mala suerte pensé, entonces decidí bajarme silenciosamente (ya que no me había visto ni oído) y seguir recorriendo la playa, justo en ese instante resbalé y no pude evitar chillar al rasparme el codo con la piedra, estaba a punto de caerme cuando alguien me sujetó del brazo.
— ¿Estás... Hayley? — Me pareció reconocer esa voz
— ¿Johann? — pregunté— había cerrado los ojos instintivamente cuando sentí que iba a caer.
— Sí, soy yo — me respondió mientras me ayudaba a subir a la cima— ¿Qué diablos haces aquí? — me preguntó enojado.
— Pues no tenía nada mejor que hacer y decidí venir aquí a... —
— ¿Acaso siempre estás buscando situaciones para ponerte en peligro? Volvió a preguntar. Parecía realmente enfadado y no entendía por qué. —
— Yo... —
— ¡Cómo si no bastara con la última vez en que casi te caes de la terraza! — Definitivamente estaba furioso. — ¿En serio crees que siempre va a estar alguien ahí para salvarte!!!???
— Hasta ahora tú siempre has estado ahí... —susurré.
— Yo... — él se quedó estupefacto, mirándome con los ojos bien abiertos, era como si le hubiera dicho que acababa de ser padre. De repente se pasó los dedos por su sedoso pelo negro y sonrió — Entonces... creo que todo es mi culpa por andar salvándote siempre, tal vez la próxima vez te deje caer y así aprenderías tu lección. —
— No podrías hacer eso — le dije sonriendo. Parecía estar de mejor humor.
— Tienes razón, yo siempre voy a estar ahí para ti — me dijo dándome la más hermosa de sus sonrisas. Eso me tomó desprevenida y no sabía cómo reaccionar, pero estaba segura de que lo decía en serio.
— Bien.... y... qué haces aquí al fin y al cabo? — me preguntó luego de un momento, mientras se acomodaba contra una roca enorme que se encontraba en la cima del acantilado
— Es que mis padres salieron a cenar y mis hermanos fueron a una fiesta, entonces estaba sola en la casa y como la playa está cerca... —
— ¿Dejan a una chica tan hermosa e inocente sola y de noche en casa? — me preguntó con esa mirada especulativa suya— ¿Acaso no tienen miedo de que lleves a casa a tu novio?
— ¡Bah! — le respondí— Yo no tengo novio, además, aunque lo tuviera, nunca me quedaría a solas con un chico de noche— declaré.
— Mmmm... —dijo él pensativo— Pero... yo soy un chico... y tú estás sola... y es de noche — me dijo mirándome de forma insinuante.
Enseguida me puse roja como un tomate y empecé a balbucear
— Sí... pero... tú... es decir... eeeh— me había quedado en blanco.
Él empezó a reírse a carcajadas y tuve que esperar a que se calmara para que pudiera continuar hablando. ¿Por qué siempre terminaba sonrojándome o avergonzándome de un modo u otro cuando estaba con él?
— Deberías tener más cuidado con lo que dices —me dijo— Estoy seguro de que te metes en muchos problemas por no pensar con cuidado tus palabras—
— ¡Claro que no! — le dije. Aunque eso no era del todo cierto, ya había tenido muchos enredos por eso
— No sabes mentir, eres transparente como el cristal— me dijo.
Le saqué la lengua y él sonrió, mientras se acostaba en el suelo.
— ¿Hayley? — me preguntó mirando el cielo.
— ¿Sí?
— ¿Te gustan las estrellas?
— ¿Eh? Pues sí, mucho... ¿por?
— A mí también— dijo él— Mira —volvió a decirme señalando el cielo— Ahí está Aries, sólo se la puede ver durante el otoño— me contó.
— Yo no veo nada — dije alzando mi cuello lo más que podía.
— ¡Jajajaja! — se rió— debes estar acostada para poder verla—
— Eeemmm...
— ¡Dios! ¡No te voy a hacer nada! No soy ningún pervertido— me dijo muy serio.
— Tengo mis dudas — le respondí sonriendo mientras me echaba a su lado.
Luego de buscar algún tiempo una figura reconocible entre esa inmensidad de estrellas me rendí y dije frustrada
— ¡Sigo viendo sólo un montón de puntitos brillantes! —
— ¡Está allá! —dijo volviendo a señalar el firmamento, como si fuera algo obvio.
— ¡Que no veo nada! —dije haciendo un berrinche.
Él tomó mi mano y con mi dedo índice dibujó la forma de la constelación. Cuando hizo eso, cuando me agarró de la mano, sentí algo, como una descarga eléctrica que recorría todo mi cuerpo y que hacía que mi corazón latiese más rápido y mis mejillas se sintieran calientes. Era lo mismo que sentía al hacer paracaidismo, sólo que mis mejillas no se ponían así, ni se sentía tan dulce. ¿Por qué me sentía así? Nunca me había pasado eso con ningún otro chico, ¿por qué sí con él? ¡Si apenas nos conocíamos! Yo estaba confundida...
— Hey, Hayley ¿estás bien? — me preguntó él.
— Sí... sí, estoy bien — le respondí, haciendo a un lado mis pensamientos.
— ¿De verdad? —volvió a preguntarme mientras llevaba su mano a mis mejillas — Creo que tienes fiebre—me dijo.
¿Qué estaba haciendo? ¡Eso no me ayudaba en nada! Sólo hacía que me pusiera más nerviosa.
— No es nada, tranquilo —mentí.
— ¿Segura? ¿No quieres ir ya a tu casa? Si quieres te acompaño... —
— ¡No! — ¿Por qué diablos grité!!!??? ¡Me quería matar!
— Okeeey —dijo él sonriéndome— A mí también me gusta estar contigo—me dijo con su sonrisa petulante y dulce a la vez.
— ¡Hey! —le chillé— yo no dije nada de eso—
— No es necesario que lo digas... ya te lo dije... eres transparente como un cristal —me dijo acariciándome el costado de la mano con su pulgar.
Ni siquiera me había dado cuenta de que seguíamos tomados de las manos. Mi primer impulso fue soltarlo, pero por alguna razón no lo hice, se... se... se sentía bien estar así.
Nos quedamos mirando el cielo estrellado un rato más, en silencio, cada vez me parecía que mis párpados pesaban más: estaba quedándome dormida... no podía dormirme aquí, con él cerca pensé, pero el sueño pudo más que mi sentido común y terminé durmiéndome, pero antes de hacerlo escuché que me susurraba dulces sueños, mi ángel...

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:34

Capítulo 8

Misterios

Me desperté con los primeros rayos del sol y... ¡estaba en mi cama! ¿Cómo había llegado ahí? Tal vez todo fue un sueño me dije a mí misma, ¡Sí! ¡Sólo fue eso! Es decir, no podría haber vuelto a mi casa flotando y tampoco soy sonámbula, además, aunque hubiera estado con Johann, él no pudo haberme traído cargando diez cuadras ¿verdad? ¡No, claro que no! Me sentía aliviada, si nada de de eso era real, entonces no estaría confundida por mis sentimientos hacia Johann, pues todo había sido un sueño, aunque seguía sin entender por qué había soñado con él... como sea, eso no importa ahora me dije a mí misma. Respiré hondo y ya convencida de que todo fue producto de mi imaginación, fui a mi placard para buscar unos shorts y una blusa cómoda que ponerme, pero al voltear hacia el espejo de cuerpo entero que estaba al costado del placard vi que tenía puesta una cazadora, yo no había llevado una pensé, de repente recordé mi “sueño”...
¡Maldición! Johann llevaba una cazadora ¡igual a la que yo tenía puesta! ¿Eso quería decir que... en verdad me había quedado dormida ahí?! ¡Con él a mi lado! ¡¡¡Y además eso también significaba que me había cargado diez cuadras!!! ¡Y que todo el mundo nos habrá visto! Lo único en lo que podía pensar era en que ¡lo mataría cuando lo viese! ¡Sí, eso era exactamente lo que haría! Estaba muy enojada como para pensar en otra cosa, o tal vez no... pues una parte de mí estaba feliz de que nada de eso hubiera sido un sueño...

***

No podía dejar de pensar en ella, y de imaginarme la cara que habría puesto al despertarse. Sonreí. De seguro estaba furiosa y el lunes querría matarme, pero eso no importaba, adoraba su mirada asesina.
— Johann, ¿estás pensando de nuevo en ella? — me preguntó Stephan.
— ¿Tiene algo de malo? — le pregunté a mi mejor amigo mientras fruncía el seño.
— ¡No! ¡Claro que no! Jajaja. Es sólo que nunca pensé que sentarías cabeza— me respondió él.
— ¿A qué te refieres con eso? — volví a preguntar
— Vamos Johann, ¡sabes bien de lo que hablo! — dijo él
— Explícate mejor Steph —
— ¿No me vas a golpear verdad? — preguntó él temeroso al notar mi mirada asesina.
— ¿Yo? ¿Acaso crees que soy un bárbaro? —
— No... ¡pero peleas como un vikingo! — dijo él soltando una risotada.
— Entonces no hagas que mi furia vikinga caiga sobre ti y habla ya— le dije
— Bien... — pensó un momento— es que... eres algo mujeriego... es decir, ya has tenido varias novias y siempre vas cambiando una por otra... —
— ¡Eso no es cierto! — chillé molesto — Que haya salido con algunas chicas no significa que sea mujeriego—
— ¡Tranquilo! Sabía que lo mejor era cerrar mi boca — dijo Stephan
— Ya empezaste, así que ahora termina —le dije
Él suspiró y continuó diciendo
— Pues... ya desde los catorce empezaste a tener novias y... —
— ¡Por favor! Esas no eran “novias” ¡éramos prácticamente niños! — dije molesto
— ¿Vas a dejarme terminar sí o no? — me preguntó hastiado
— ¡Buf! — bufé— ¡Como sea! Continúa—
— Y desde ese entonces siempre andabas con alguien, pero nunca te veías feliz, como si siempre te faltara algo... —dijo él— así que por eso estoy contento de que al fin hayas encontrado a alguien que te guste en realidad —
— Ella no me gusta... —dije
— ¿Qué? ¡Pero si te pasas todo el día pensando en ella... — dijo interrumpiéndome
— Ella me enamora — le respondí sonriendo.
— ¡Wow! Eso ya es grave Johann — dijo Stephan aliviado y riendo.
— ¡Idiota! — le dije pegándole un puñetazo amistoso en el brazo.
— Johann y Hayley sentados en un árbol dándose besitos — empezó a cantar Stephan mientras corría por toda la habitación.
— ¡Hey! ¡No seas cobarde Stephan! — grité mientras lo perseguía, parecíamos dos niños.
— Jajajajaja! Yo quiero ser tu padrino de bodas! — gritó él riendo mientras se escabullía de mi patada.
— Y yo el tuyo cuando te cases con Claire —
— ¡¿Estás loco?! ¡Jamás me casaría con esa! — dijo él deteniéndose en seco y yo aproveché para darle un puñetazo en el brazo.
— Jajaja como digas — le dije — pero luego no querrás que te recuerde esto cuando estés celebrando Navidad con tus hijos rubios como la madre y de ojos cafés como el padre — dije riendo a carcajadas.
— Yo... — dijo Stephan intentando pensar en una buena contestación, pero justo en ese momento llamaron a la puerta.
— Veo que se están divirtiendo — dijo Auguste entrando y mirándonos de forma despectiva — pero ahora Johann, Emile quiere verte, es hora de que empieces con tu misión— volvió a decir mientras se daba vuelta y salía de la habitación.
Miré a Stephan y me dijo.
— Buena suerte —
Asentí y salí al pasillo, deseando que todo terminara tan pronto como empezó.
Caminamos por los largos pasillos del Centro de entrenamiento para Cazadores de la Noche, en este lugar todos los Cazadores, desde los principiantes hasta los más experimentados, venían a practicar o a enseñar según sus rangos.
Los Cazadores de la Noche, era uno de los clanes de la Hermandad de la Luz, sé que suena raro que nos llamemos Cazadores de “La Noche” siendo que la Hermandad se llama “de la Luz”, pero nos nombrábamos así porque luchamos contra la Oscuridad, es decir seres malvados como Sabuesos del infierno, Ángeles oscuros, Cambiaformas, a veces vampiros o fantasmas descontrolados, pero principalmente demonios. Y ellos eran la razón de que yo estuviera aquí.
Mi misión era cazar a uno de los demonios más fuertes y peligrosos que existen, Apocalipticha.
Se dice que Apocalipticha era una de los cuatro demonios que tenían la capacidad de arruinar la vida de los seres humanos, junto con Egosm, demonio del egoísmo, Orgull, del orgullo y Eros, del “amor exagerado”.
Pero Apocalipthica es la única que puede destruir el mundo, como su nombre lo indica, ella reencarna al Apocalipsis, es capaz de crear caos y destrucción con el solo chasquido de sus dedos. Es por eso que se la encerró en un lugar del que muy pocos saben su ubicación, varios de los Cazadores que vinieron antes de mí intentaron vencerla y eliminarla de una vez por todas, pero ella es increíblemente fuerte y astuta, por largos periodos de tiempo desaparece y no vuelve a aparecer hasta 200 años después reencarnada en el cuerpo de algún inocente, por ésta razón, hace 300 años un viejo Cazador la condenó a pasar 1000 años de encierro, sin poder siquiera ver la luz del sol, pero ella escapó y por eso ahora debo encontrarla y asesinarla.
No sé por qué los Primeros creen que yo lograré destruirla si ninguno de los otros Cazadores, mucho más experimentados que yo, pudieron hacerlo, pero tampoco me importa mucho, porque sé que lo haré, es la única forma de que dejen a mi familia en paz y además, no pienso ser el esclavo de estos bastardos por el resto de mi vida. Encontraré a esa perra y la acabaré.
Seguimos avanzando hasta llegar al final del corredor, Auguste abrió la inmensa puerta de caoba y entramos. Emile y James nos estaban esperando. El primero me dio una gran sonrisa cuando me vio y me hizo señas para que me sentara, lo hice y esperé a que empezara a hablar.
— Johann, como ya estás al tanto del motivo de tu misión, no me queda más que darte las indicaciones — me dijo.
— Estoy ansioso por comenzar— le respondí con ironía.
— Hum, haré de cuenta que no noté ese ligero toque de ironía en tu voz y te diré qué es lo que tienes que hacer. Según nuestras investigaciones, Apocalipticha está esperando su despertar en algún lugar cercano a esta ciudad, debes indagar lo más que puedas y encontrar pistas sobre su ubicación, no te preocupes que te ayudaremos con eso, pero debes tener cuidado con los Caballeros Oscuros... —
— ¿Los Caballeros Oscuros? — pregunté interrumpiéndole.
— Son los seguidores de Apocalipticha, defienden su causa y la apoyan. Debes atender con quién hablas, porque estamos seguros de que ellos ya saben lo que planeamos y no dudes que querrán detenernos—
— No le tengo miedo a un montón de tontos que apoyan a una demonia— le respondí.
— No seas tan confiado Johann, sabemos que eres el mejor, pero ellos no son nada débiles, especialmente el Guardián Oscuro, el protector de Apocalipticha, él no lo pensará dos veces antes de cortarte la cabeza si te descubre—
— No si yo lo hago antes— dije frunciendo el seño.
— Eso esperamos, Johann— me dijo James.
— Bien, ya puedes empezar y recuerda no levantar sospechas en el colegio, es sólo una pantalla para nuestros fines ¿entendiste? — preguntó Emile.
— No soy retrasado— le respondí secamente. Pude ver su mueca de disgusto, pero la disimuló muy bien.
— Puedes marcharte—
Me levanté y me encaminé hacia la puerta, pero antes de salir Auguste dijo
— No comentes nunca con nadie sobre esto, a no ser que quieras meterlo en graves problemas—
Chasqueé la lengua y salí dando un portazo.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:37

Capítulo 9

Un lunes raro

— ¡Aaaargh! ¡Ya es lunes de nuevo! ¡No puedo creer que el finde haya pasado tan rápido! ¡¡¡Por qué Dios??? — se lamentó Amy mientras hacía muecas y gestos melodramáticos, dignos de una ópera trágica.
— No seas tan exagerada — le dije sonriendo — No es tan malo.
— ¿¿¿Qué no es tan malo!!!! — me respondió mi mejor amiga con unos decibeles un poco más altos de lo normal haciendo que todas las personas que estaban en el pasillo se voltearan a vernos— ¡Es lo peor del mundo! Hoy no voy a poder ver a Dereck porque no coincidimos en ninguna clase, tengo que ir al aburridísimo curso de manualidades con Lucy porque Anne se zafó de hacerlo escudándose en la excusa de que “ella es una persona ocupada que no tiene tiempo para ese tipo de cosas” y yo??? Acaso yo no tengo planes o cosas que hacer???? Eh?, luego debo ir a recoger a Martín de su práctica de fútbol de la que seguro saldremos media hora tarde porque él debe ponerse al día con sus compañeros ¿Pero cuándo se ha visto que un niño de ocho años deba “ponerse al día con sus compañeros”? ¿En qué mundo vivimos Hayley? Y lo peor de todo es que a primera hora tengo clases con el señor Lyon! Es para matarse!!!! —
— Ya, ya, ya Amy! —le dije tomándola del brazo— Respira hondo y deja que todo el estrés salga — repetí al recordar uno de esos programas de yoga de mi hermana— ¿Ves? Ya estás mejor—.
— ¡Pero…!
— Te saldrá una arruga si sigues quejándote —. Decir esto fue más que suficiente para que mi amiga se calmara y relajara todos los músculos de su cuerpo.
— Tienes razón Hayley, no puedo dejar que me salgan arrugas antes de tiempo —dijo ella sonriendo— Ya me encuentro mejor—
— ¡Genial Amy! Todo es cuestión de mirar las cosas con optimismo —le dije intentando sonar afable.
Ella asintió y volvió a sonreír. Caminamos un poco más por el pasillo hasta que pareció darse cuenta de algo, así que se detuvo.
— Heeeey…! —dijo de repente — ¿Por qué tú estás tan feliz? ¿Eh? — preguntó dándome una mirada insinuante—
— No sé de lo que hablas — le respondí — No hay razones para que no esté feliz—
— Eso ya lo sé, pero normalmente eres tú la que está de un humor de perros los lunes e incluso puedes llegar a asesinar a alguien con tu mirada — dijo frunciendo el seño.
— No es para tanto… —
— Hum! Aquí hay algo raro… Hayley ¿qué no me estás contando? —preguntó Amy curiosa.
— Nada… no tengo nada que contarte — le respondí nerviosa.
— Hayley, eres la PEOR mentirosa del mundo, no engañas ni a un bebé. — Sentenció mi mejor amiga.
— ¡Eso no es cierto! ¡Sé mentir cuando quiero! — dije haciendo un puchero.
— ¡Ajá! ¡Ahí está! Reconoces que estás mintiendo! — dijo mi amiga exhibiendo una mirada triunfante. Después de todo, supongo que Johann tenía razón, siempre me metía en problemas por no pensar con cuidado mis palabras. — ¡Habla ya Hayley! — chilló Amy.
Ahora sí no había escapatoria. Cuando Amy Jane McDusse se proponía llegar al fondo de algo, no paraba hasta lograrlo, tragué saliva y, cuando estaba a punto de abrir mi boca para hablar, sonó el timbre. ¡Había sido salvada por la campana!
Pude ver el gesto de frustración y enojo de mi mejor amiga, que luego de lanzar una mirada asesina al rojo aparato de timbre instalado en lo alto de la pared y otra más al profesor Lyon que le hacía señas para que entrara a la clase me dijo sólo moviendo los labios: Esto no termina aquí Hayley. Después se giró soltando un suspiro de resignación y caminó hacia la clase C3.
Yo sonreí y suspiré aliviada. Al menos hasta ahora, lo que pasó con Johann seguía siendo un secreto sólo mío.
El día había pasado muy lentamente, los minutos y las horas se fueron perdiendo entre clases de Física, Lengua y Economía. Así que cuando sonó el timbre anunciando la hora de la salida, tomé rápidamente mis cosas y salí al corredor, que ya se estaba llenando de chicos que charlaban y otros que corrían por el pasillo mientras el señor Lyon les perseguía gritando.
Deambulé mi mirada por el montón de gente, esperando ver a Amy o a Kev, cuando recordé que Amy debía ir a la clase de manualidades con su hermana y que Kevin había viajado al campo para visitar a sus abuelos y de paso festejar el aniversario de bodas número treinta y cinco que cumplían. También me acordé de que yo tenía la cazadora de Johann, y que debía devolvérsela, pero no tenía ni idea de cuál era su última clase y probablemente ya se había marchado cuando de repente vi a Mike. Él era mi compañero de Química y Antropología y nos conocíamos desde pequeños porque nuestros padres habían sido compañeros de universidad, lo había visto el jueves hablando con Johann así que decidí preguntarle si sabía dónde estaba.
Levanté la mano saludándolo y él se me acercó.
— ¡Hola Hayley! — dijo sonriéndome.
— ¿Qué tal Mike? —
— Bien ¿y tú? —
— También — le respondí sonriendo — Mike, por si acaso ¿tú no conoces a Johann? — le pregunté.
— ¿Johann Dalcroze? — dijo
— Emmm… Sí, supongo que es él — No sabía su apellido, pero suponía que aparte de él no había otro Johann en el colegio.
— Sí, compartimos varias clases — me respondió él. Luego de un momento añadió — ¿De verdad es tu novio? —
— ¡¿Qué?! ¡No, claro que no! — le chillé molesta — ¿Por qué? —
— Jajaja, por nada — volvió a decir Mike — Es sólo que me cae muy bien y pienso que harían una linda pareja — No pude evitar sonrojarme cuando dijo eso. Todo era culpa de Paola.
— Pues no lo somos — dije intentado hacer que desapareciera el rubor de mis mejillas — ¿Sabes dónde está? Es que necesito devolverle algo — le pregunté.
— Creo que está en el cambiador de chicos. Acabamos de terminar la clase de básket — me respondió Mike.
— Aaaaah… —
— Jajajaja tranquila Hayley, ya no hay nadie ahí, Johann era el último, así que no tienes que preocuparte por que los chicos te molesten — me dijo Mike intentando ocultar su risa.
— ¡Gracias Mike! Realmente eres muy amable — le dije.
— De nada. Pero mejor apúrate antes de que se vaya, porque ya va siendo tarde — ¡Era cierto! Ni siquiera me había dado cuenta de que el pasillo estaba cas vacío.
— Ok, entonces ya me voy. ¡Gracias por todo Mike! — le dije
— Claro — dijo él despidiéndose. Pero luego volteó para añadir — Amy andaba por ahí, de seguro la encuentras —

***

Caminé por el corredor hasta el cambiador de chicos esperando no encontrarme con Amy, pero eso no funcionó, pues ahí estaba ella, espiando a alguien, y yo estaba segura de quién era ese alguien. Intenté regresar por donde había venido, total, le podía devolver su cazadora mañana, cualquier cosa era mejor que tener que darle explicaciones a mi mejor amiga, pero al girar mi torpeza y yo tropezamos con una puerta abierta, haciendo que esta chirriara. Amy se dio la vuelta y sonrió al verme.
— ¡Ahora ya sé por qué estabas tan feliz Hayley! — Me dijo mientras se acercaba a mí — ¿Quién no lo estaría teniendo a Johann como novio? —
— Amy, ¿qué diablos haces aquí? — le susurré mientras la tomaba del brazo para escondernos antes de que Johann nos viera.
— Vine a buscar a Derek porque al final Lucy decidió ir a ver una película con sus amigas y yo quería estar con mi novio, pero cuando llegué ya se había ido y estaba a punto de marcharme cuando vi a ese sexy de Johann — me explicó ella sonriendo descaradamente.
— ¿Y te quedaste a espiarlo? — le pregunté sin disimular m indignación.
— ¿Qué tiene de malo? ¿No que no era tu novio? — preguntó ella mientras sonreía maliciosamente.
— Y no lo es — le respondí para cortar cualquier fantasía suya. — Pero tú sí tienes novio — le dije pensando en el pobre de Derek.
— ¡Bah! ¡Pero si sólo estoy mirando! — me respondió ella con tono inocente — Tú también deberías hacerlo —
— ¿¿¿Estás loca!!! — le dije intentando no gritar.
— ¿Por qué? ¿Qué acaso en la clase de Ética no nos enseñaron a admirar la belleza? Eso es lo único que yo estoy haciendo, soy una admiradora de la hermosura — dijo ella mientras me guiñaba un ojo.
— ¡Amy! ¡Deja de cambiar el sentido de las cosas a tu gusto! —
— ¡Psss! Y tú deja de ser tan buena niña Hayley — me contestó.
— ¡Vámonos ya! —
— ¡No! — dijo mi mejor amiga haciendo un pequeño berrinche.
— Ahora — le respondí cortante mientras la empujaba para salir de ahí.
Comenzamos a caminar por el pasillo cuando de repente Amy me agarró del brazo y me empujó hacia la puerta semi abierta del cambiador de los chicos haciendo que entrara dando un traspié. Después pude escuchar sus pasos alejándose por el corredor. Al darme vuelta vi a Johann sonriéndome y sin camiseta.
— Pensé que el pervertido era yo — dijo.
Sentí como mis mejillas enrojecían y solté un suspiro. Mataría a Amy mañana.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:40

Capítulo 10

— Yo... yo... — balbuceé — yo no... — Estaba demasiado nerviosa y avergonzada como para formar frases coherentes.
— ¿Tú...? — dijo Johann enarcando una ceja — ¿Qué estás haciendo aquí? —
— Emmm... — debía encontrar rápidamente una escusa para que él no malinterpretara la situación más de lo que ya lo hacía. Miré hacia abajo y vi que estaba sosteniendo su cazadora, ahí dije al instante — Vine a devolverte tu cazadora—
Extendí mi mano para alcanzársela y él la tomó, enseguida llevó el cuello de la prenda hacia su nariz y después de un momento dijo:
— Tiene tu perfume—
¡Ay no! ¡Qué tonta había sido! ¡Se me olvidó ponerla a lavar!
— Dámela para que la lave y te la devuelvo mañana... ¿sí? — dije increíblemente sonrojada y avergonzada.
Johann sonrió y volvió a aspirar el perfume de la cazadora.
— Claro que no. Ahora al menos tendré algo con lo cual recordarte siempre — me dijo sonriendo — Además, hueles delicioso — volvió a decirme mientras me miraba maliciosamente y se pasaba la lengua por los labios.
— ¡Eres un pervertido acosador! — le grité molesta e impresionantemente roja. Jamás en toda mi vida me había sentido tan avergonzada.
— ¡Jajajajaja! — Johann empezó a desternillarse de la risa haciendo únicamente que mis mejillas se pusieran más rojas y mi piel más caliente.
— ¡¡¡Ya cállate!!! — le chillé. Me sentía tan avergonzada que pensé que iba a desmayarme. Me estaba empezando a sentir mareada.
— Hayley ...— dijo él intentando tomar un bocado de aire mientras se atajaba el estómago por las carcajadas— Tú fuiste la que vino aquí, yo no hice nada para que vinieras, así que no creo yo el pervertido acosador...— dijo antes de continuar riéndose.
Mi piel estaba demasiado caliente y sentía como subían y bajaban las oleadas de energía, haciendo que sintiera un letargo y ganas de desmayarme. Me sentía muy humillada y mis ojos se estaban poniendo llorosos.
— Yo... ¡yo me voy! —le dije mientras corría rápidamente de ahí e intentaba no entrar en shock y desvanecerme ahí mismo.
Hoy tampoco había desayunado y eso no ayudaba en nada a mi causa. Corrí hasta llegar al pasillo del laboratorio. Una vez allí puse mi frente contra la pared en un intento de que los fríos azulejos bajaran la temperatura de mi rostro. Me sentía afiebrada y sin que me diera cuenta las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. Me abracé fuertemente e intenté no hacer ruido mientras me calmaba. Si me desmayaba ahí todo se vendría abajo.
Cerré los ojos e intenté acompasar los latidos de mi corazón. Uno, dos, tres, uno, dos, tres, uno, dos, tres…
— Hayley — dijo una voz que me parecía conocida. Volteé a mirar a la persona y vi a Johann que se me acercó enseguida — ¿Estás bien? Lamento todo eso, soy un imbécil — se susurró a sí mismo de forma recriminante.
Intenté esconder mi cara entre mi pelo, pero él me agarró y me puso su mano en la frente.
— Hayley, tienes fiebre y estás muy pálida— dijo en tono preocupado.
— ¡No es fiebre! Es todo porque estoy avergonzada —dije a medida que mi tono de voz bajaba. — Déjame por favor—.
— Hum… — murmuró mientras llevaba su dedo índice hacia mi ojo derecho, luego tiró hacia abajo y miró la cuenca de mi ojo, exactamente como lo había hecho el día en que nos conocimos. — ¿Hace cuánto que no comes? —
— ¡Qué te importa! — le chillé mientras lo empujaba, pero me sentía tan débil que terminé precipitándome al suelo, pero antes de caer completamente él me rodeó la cintura con sus brazos y me acercó a su pecho evitando que me rompiera la cabeza.
Cerré mis párpados y acomodé mi cabeza en su torso, tenía una temperatura agradable, era calentita y yo tenía frío, tal vez era cierto que tenía fiebre pues me sentía aletargada y cansada, una broma no podría causar todo esto.
Él acarició mi pelo y me susurró varias veces que lo sentía, que había sido un imbécil por haberme dicho lo que me dijo, que odiaba verme así y que se odiaba a sí mismo en ese momento por lo que hizo y que lo último que haría en este mundo sería lastimarme porque… porque…
No escuché el por qué, mis párpados estaban demasiado pesados y yo no podía controlar el sueño… de nuevo iba a quedarme dormida con él cerca, pero esta vez en sus brazos y no a su lado, es como dormir en los brazos de Morfeo dijo una vocecilla molesta que habita en mi cabeza. Sí, era como eso. Suspiré y me entregué al sueño, pero antes de sumergirme en las olas del sopor escuché a Johann diciendo…
Duerme tranquila, que cuando despiertes yo seguiré aquí… De repente tuve la extraña sensación de que estaba sonriendo y me dormí tranquila con esa promesa en mi mente…

Cuando abrí mis párpados, lo primero que vi fue una ventana por la cual se filtraban los últimos rayos de sol, estaba anocheciendo y yo no tenía ni idea de dónde estaba, giré un poco mi cabeza y vi un piano en medio del lugar, enseguida me di cuenta de que estaba en la sala de piano, me incorporé velozmente pero antes de que pudiera levantarme alguien tiró de mi brazo hacia abajo haciendo que cayera encima suyo.
— Humm… ¿qué haces? — me gruñó la voz soñolienta de Johann.
— ¿Jo… Jo… Johann? —
— ¿Quién más podría ser? — me respondió él. Apoyé mis manos en el piso para poder voltearme a verlo y cuando lo hice me di cuenta de que él estaba sin remera y yo estaba encima suyo, me levanté dando un salto y con la cara toda roja. — ¿Mmmm… qué pasa? — volvió a preguntarme Johann con una cara de zombie, estaba prácticamente dormido.
— Yo… este… — de nuevo el ardor subía por mis mejillas haciendo que estas se tornaran de un color rosa. Esta vez definitivamente era de vergüenza y no por fiebre ¡Johann tenía todo el torso descubierto y yo no siquiera me había dado cuenta! Dios… Andrew y Mary tenían razón… soy increíblemente despistada ¡hasta el punto de no darme cuenta de que estaba abrazando a un chico sin remera! Esto ya era grave…
— Mmm… —volvió a murmurar Johann mientras se levantaba y con una mano se alisaba el pelo y con la otra se frotaba los ojos, por alguna extraña razón parecía un niño pequeño y se veía extremadamente encantador para mí.

Yo lo seguía observando cuando él levanto los ojos y nuestras miradas se encontraron, fue como si hubieran hecho una conexión… al igual que el primer día no podía desviar mi mirada de la suya y él tampoco lo hacía… sentí como si me pudiera perder en esos ojos oscuros que transmitían algo tan misterioso, peligroso y tierno a la vez… era un sentimiento extraño y que yo no conocía, pero que últimamente aparecía a cada rato en mi día a día… ese sentimiento que hace que tu corazón se acelere, que sientas mariposas en el estómago, que te sonrojes y que sientas un sabor muy dulce en todo el cuerpo… ¿cómo se llamaba eso…? Sabía el nombre de ese sentimiento pero no pensaba admitirlo, así que desvié mi mirada hacia abajo y cuando lo hice… deseé no haberlo hecho nunca.
Ahí estaba el par de abdominales más perfectos que había visto en mi vida, estaban perfectamente marcados pero sin ser exagerado, con cada espiración que hacía podía verse ese huequito que hay en el centro del abdomen, entre las costillas, sus pectorales también eran increíbles… luego me fijé en sus brazos, éstos tenían músculos marcados y se notaba que Johann hacía mucho ejercicio, él flexiono su brazo derecho al llevarse la mano a la cabeza y sus músculos se marcaron… de acuerdo… esto ya era demasiado sexy para mí… era demasiado para mi pudor así que le dije a Johann molesta
— ¿¡Por qué diablos no tienes puesta una remera o una camisa!? —
— ¡Hey! ¡No me regañes! ¡Tú saliste corriendo como loca del vestuario y yo salí corriendo tras tuyo! ¡Así que es tu culpa! — me respondió descaradamente.
— ¿Mi culpa? — le respondí enojada — ¡Tú estabas diciendo cosas pervertidas y avergonzándome! Así que no entiendo por qué es mi culp… —
— ¡Es tu culpa por andar preocupándome siempre! — me interrumpió él mientras cortaba la distancia que había entre nosotros en dos zancadas de sus largas piernas. Después me tomó del mentón e hizo que lo mirara, luego de un momento suspiró y me dijo — Lamento haberte dicho lo que te dije hace rato, me siento como un grandísimo imbécil por haberte hecho llorar, lamento no haber parado de reír cuando vi cómo te sonrojabas, lamento ser tan poco perceptivo respecto a la delicadeza de una chica, lamento ser un pervertido acosador que sólo vive para molestarte, lamento… — No me pude aguantar y empecé a reír cuando dijo “pervertido acosador”, es que lo hizo con un tono tan patético que simplemente no pude contenerme. Seguía riendo a carcajadas por más de que Johann intentara que me detuviera.
— Haley… Hayley… ¡Hayley! — gritó él — ¿Podrías por favor dejar de reírte? — negué con mi cabeza y seguí riendo cuando de repente él también comenzó a reírse.

Estuvimos así como unos 6 minutos, si alguien nos hubiera visto estaba segura de que pensaría que éramos unos chiflados. Después de varias inspiraciones nos calmamos y él me preguntó sonriendo.
— ¿Estoy perdonado? —
— Debo pensarlo… — le respondí.
— ¡Hayley! — me dijo él haciendo un pucherito
— Bien… ¡pero ponte algo encima! — le contesté riendo
— Pero si estabas disfrutando del espectáculo — me dijo Johann con esa sonrisa maliciosa que, al menos a mi parecer, era su favorita.
— Cla… ¡claro que no! — le dije ruborizada.
— Jajajajaja — se rió él — Hayley cuando mientas no titubees tanto e intenta no sonrojarte — me dijo, mientras me ponía la mano sobre la cabeza y me despeinaba el pelo, después se dirigió hacia el vestidor.
— ¡Yo no miento! — le grité mientras él desaparecía en el oscuro pasillo. Pude escuchar cómo soltaba una risita.

***

Cinco minutos después Johann estaba de vuelta, sólo cuando encendió la luz del corredor recordé que ¡ya era de noche! ¡mis padre me matarían! Y de seguro mis hermanos no dejarían de acosarme con preguntas. Estaba en graves problemas.
— ¿Qué pasa? — me preguntó Johann.
— ¡ Es que ya es tarde y yo todavía no estoy en casa! — le dije — Mis padres van a asesinarme… y además ¿cómo rayos se supone que saldremos de aquí? — le pregunté histérica.
— Tranquila — dijo él — Vamos a la entrada—

Caminamos hasta ahí y mientras yo me preguntaba cómo diablos saldríamos, Johann sacó una de esas llaves maestras que sólo vi en las películas de detectives.
— Johann… ¿Qué haces en tu tiempo libre? — le pregunté. Él rió y me respondió
— No te preocupes que no asalto casas—
— ¿Entonces...? —
— Es sólo para casos de emergencia como éste—
— ¿Quedas atrapado en la escuela frecuentemente? — le pregunté sonriendo. Él sólo se limitó a devolverme la sonrisa y abrirme la puerta cuando la llave giró en la cerradura.
— Primero las damas — Puse los ojos en blanco y salí al patio de la entrada. Estaba fresco y no pude evitar temblar. Apenas lo hice y ya tenía una cazadora sobre mis hombros, miré a Johann y él me dijo
— Te la regalo, eres tan olvidadiza que nunca te acuerdas de traer contigo una—
— No puedo aceptarla — le dije sonrojándome levemente.
— Entonces considéralo como un préstamo hasta que yo la necesite ¿vale? — me dijo él sonriendo.
— Vale — le respondí de la misma manera. Después de un ratito agregué — Johann, ¿no sabes qué hora es? — Él consultó su reloj y me dijo
— Las nueve menos veinte —
— ¿¿¿Qué??? ¡Ay no! — Estaba en serios problemas. — Estoy arruinada—
— Bien… — dijo Johann de repente — Ya es tarde no? Así que no importa si te tardas una hora más ¿verdad? — me preguntó.
— ¿Y por qué me tardaría una hora más? — le pregunté confundida.
— Porque voy a invitarte a tomar un helado. Y no puedes rehusarte — me dijo luego de ver la cara que puse.
— Pero….—
— Pero nada. Si no comes nada que te de energías por tu cuenta, entonces comerás obligada. Además se me antoja una copa Muñeca — dijo él mientras entrelazaba sus dedos detrás de la nuca y caminaba hacia el estacionamiento.
— ¿Vamos a ir a comer un helado…? — pregunté todavía confundida.
— Considéralo como una cita. Nuestra primera cita — me dijo él guiñándome un ojo.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:42

Capítulo 11

Caminamos hasta su auto y él me abrió la puerta para que entrase, cuando subió encendió la radio y puso una estación donde pasaban un tema de blues. Empezó a tararearlo mientras pasábamos las oscuras calles de la zona, sólo iluminadas por los faroles de las plazas. Estaba nerviosa y no entendía muy bien por qué accedí a salir con él, ya era tarde y mis padres me matarían cuando entrara por la puerta, apenas lo conocía y por lo que sabía hasta ahora sobre él podía decir que… un momento… yo… ¡yo no sabía nada sobre él! ¡Rayos! Ahora sí que estaba nerviosa, ¿y si quería hacerme algo? Yo ni siquiera puedo golpear a un bebé y lograr que chille, no sé defenderme, demonios… que haría si algo así llegara a pasar…
— ¿Estás bien? — me preguntó él muy tranquilo al ver mi cara.
— Eeeh… yo… — balbuceé nerviosa.
— ¿Tú… qué? — dijo mirándome con esos ojos oscuros que me hacían vacilar — ¿Te encuentras bien? ¿Te sientes débil de nuevo? — me preguntó preocupado
— E… estoy bien — dije nerviosa.
— Mmm… no parece — me respondió él mientras detenía el auto y se desabrochaba el cinturón para ponerse de costado y poder mirarme.
— Po… ¿por qué detuviste el auto? — le pregunté al borde de la histeria. ¿Cómo había sido tan tonta al haber aceptado salir con alguien que apenas conocía? ¿Acaso no era yo la que siempre despotricaba contra Amy por hacer este tipo de cosas? Que idiota había sido…
— Hayley… — dijo él en un susurro mientras acercaba su mano a mí.
— ¡Detente! — grité. Johann me miró extrañado y luego frunció el seño — Apenas nos conocemos y… y… y la verdad no sé por qué estoy haciendo esto, ¿por favor podrías parar y llevarme a casa? — le pregunté algo asustada.
— ¿Parar qué? — dijo él con un tono de voz que daba a entender que no sabía a qué me refería.
— ¡Ya sabes! — le dije en un tono de voz un poco alto, mientras el temor daba paso al enojo.
— No, no lo sé — me dijo él de manera cortante. Estaba empezando a molestarse.

— ¡Quiero que pares de hacer lo que haces para que me olvide de utilizar el sentido común, para hacer que me sonroje prácticamente cada vez que hablamos, para que sienta un sabor dulce en el cuerpo cuando me sonríes con tu sonrisita petulante que… que me parece algo encantadora, quiero que pares de hacerme sentir protegida cuando pareces tan peligroso! — exclamé soltándolo todo para segundos después sorprenderme y avergonzarme por haberlo hecho.

— ¿Yo… te hago sentir todas esas cosas? — me preguntó sorprendido.

— Apenas nos conocemos… — susurré — Así que nada de esto tiene sentido, nada de lo que siento, nada de… — No pude continuar porque de repente, los labios de Johann estaban sobre los míos.
Era la primera vez que alguien me besaba, así que apenas nuestros labios hicieron contacto mi corazón empezó a latir desbocado, podía sentir su palpitar en mis oídos y cómo el rubor subía por mis mejillas a causa de la vergüenza, pero el sabor de los labios de Johann me tranquilizaron, el beso fue suave y tierno, como alguien que besa los pétalos de una flor con miedo de que se ajen, ese beso era como la combinación de todas las cosas dulces que conocía, no entendía cómo un simple beso podía hacerme sentir así, como si pudiera flotar, era algo embriagador.
Mis labios se movían al compás de una música sorda que dirigían los labios de Johann, quise apartarme porque no entendía bien lo que sucedía, pero al final no lo hice, me dije que se debía a la impresión, pero creo que en el fondo de mí sabía que era porque me gustaba.
Después de un momento nuestros labios se separaron, y ninguno de los dos fue capaz de mirarse a la cara, escuchaba mi corazón latir como loco, pero el suyo también lo hacía. De repente un silencio incómodo se posó sobre nosotros en el cual el único ruido que se escuchaba era el de dos corazones latiendo como desesperados. Luego de unos minutos Johann rompió el silencio.

—Hayley… ¿Estás bien…?— su voz sonaba algo temblorosa e indecisa.
—Sí…—le respondí de la misma forma.
—Lo siento, yo—
—¿Por qué me besaste? — le pregunté interrumpiéndole, pero enseguida me arrepentí de haberlo hecho, quería saber la respuesta pero era muy vergonzoso.
Johann no respondía así que lentamente subí mi rostro para ver el suyo, estaba levemente ruborizado, y sus ojos paseaban nerviosos por el auto, cuando de repente nuestras miradas se encontraron, automáticamente sentí la conexión que ya había sentido las otras dos veces en las que nuestros ojos coincidieron. Me parece que él la sintió también porque nos quedamos mirándonos fijamente por un momento, era como si pudiéramos leer los pensamientos o los sentimientos del otro con sólo mirarnos las pupilas, él se veía nervioso pero el brillo que tenían sus ojos lo hacían parecer contento a la vez, me sonrió con una sonrisa preciosa, no era la petulante de antes ni la insinuante de siempre, era una sonrisa tierna y dulce, una de esas que parecen logar que todas las cosas se arreglen. Fue la primera vez que vi esa sonrisa, y creo que eso fue lo que hizo que me diera cuenta de que estaba enamorada de él.

Fin del capítulo.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Elena Vladescu el Vie 13 Mayo 2011 - 0:44

Capítulo 12

Primer Parte

Cuando me sonrió bajé la mirada y sentí como un calor subía por toda mi piel haciendo que mis mejillas se tornaran de un color sonrosado a un rojo más fuerte, no sabía dónde meter mis ojos para esconderme, ¡rayos! Repentinamente sentí sus dedos bajo mi barbilla haciendo que volviera a mirarlo, para mi sorpresa Johann estaba igual de rojo que yo.
—¿Quieres saber por qué te besé? —me preguntó, el nerviosismo teñía su voz.
—Sí, eso creo…—le respondí igual de nerviosa.
—Dijiste que yo te hago sentir un sabor dulce en el cuerpo cuando te sonrío ¿no? —me preguntó, haciendo que me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba (si es que eso era posible) así que intenté buscar una excusa para mis palabras.
—Yo dije eso porque…—
—Tú me haces sentir lo mismo—me cortó él.
—¡¿Qué!? —le pregunté sorprendida mientras levantaba mis ojos para escudriñar su mirada, pero esta vez fue él quien la bajó.
—Sabes Hayley… yo… yo ya tuve muchas novias pero es la primera vez que una chica me hace sentir de esta manera…—dijo él.
—¿De qué manera? —le pregunté con una voz un poco más baja que lo normal, todavía sorprendida por lo que había dicho.
—Eres la única chica a la que siento que debo proteger de cualquier cosa, a la que abrazaría el día entero sin cansarme, a la que le regalaría cosas cada vez que nos veamos, a la que le llenaría su casa de rosas, a… a la que besaría todos los días como si fuera el último— susurró él. Cuando dijo eso sentí como mis mejillas se encendían y mi corazón que se había calmado un poco volvía al galope, era la primera vez en mi vida que un chico me decía algo así. — Hace rato dijiste que apenas nos conocíamos y que por eso era imposible que sintieras todo eso que según tú te hago sentir —continuó— pero yo lo supe desde que te vi el primer día de clases, cuando nuestras miradas se encontraron, sentí como si un cable eléctrico me golpeara, haciendo que el ritmo de mi corazón se acelerara y que me olvidara de todo el mundo que estaba a mi alrededor, al final de todo, sólo quedaste tú— me dijo él— Creo que eso es a lo que las personas llaman amor a primera vista…—terminó con un hilo de voz.
Yo estaba increíblemente sorprendida, creo que en shock, eran demasiadas emociones nuevas que sentía todas juntas a la vez, mi primer beso, la confesión de un chico, el saber que se sentía estar enamorada… Johann empezó a juguetear nervioso con sus dedos, seguramente esperaba una respuesta pero yo no sabía qué decirle, me había dejado sin palabras, literalmente.
—E… esto…—empecé a decir, maldiciendo a mi cerebro por no crear frases coherentes y con sentido. —La verdad es que… eh…—
—Jaja…—él rio nervioso—no- no te preocupes Hayley, lo que dije estuvo completamente fuera de lugar, yo… lamento haberlo dicho— me dijo él con un deje de tristeza en su voz.
—¿Te arrepientes? —le pregunté, con un tono de voz muy decepcionado a mi pesar. Él alzó la mirada y su sonrisa insinuante y juguetona asomó en sus labios.
—¿No quieres que me arrepienta de lo que dije? —preguntó inquisitivamente.
—¡Pues no! —le respondí con más emoción de la que quería, haciendo que los dos nos sorprendiéramos. —E-es decir—dije nerviosa mientras buscaba algún pretexto para usar.
—Me alegra que sea así, porque jamás me habría arrepentido de lo que te dije—me dijo volviendo a darme la sonrisa que comenzó todo esto.
—Pe-pero Johann, todo esto es muy raro, es anormal para mí—le dije intentando no dejarme vencer por su sonrisa.
—Lo sé, para mí también, porque es la primera vez que me siento así—me respondió. Guardamos silencio un momento y luego él me dijo con una mirada esperanzada en los ojos—Pero si quieres podemos intentarlo—
Mis ojos bajaron hasta mis manos que se retorcían nerviosas, al final sólo di un pequeño asentimiento con la cabeza, y eso fue lo único que bastó para aceptar el trato. Después de todo, ¿qué tenía de malo intentar? ¿Probar qué se sentía estar enamorada? Yo quería saber todo eso y mucho más, y presentía que con Johann a mi lado nada malo me iba a pasar.
Él sonrió y se acercó a mi rostro, podía sentir su aliento mezclándose con el mío. Yo estaba insegura, ¿acaso mi corazón podría soportar dos besos en menos de una hora? A veces hay que arriesgar me dijo mi conciencia, que por primera vez en mucho tiempo decía algo sensato. Cerré los ojos y dejé que nuestros labios se encontraran, sellando así el trato.

Continúa.
Elena Vladescu


Femenino

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Re: [Sólo capítulos] Ojos Oscuros

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 17:14

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