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En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

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En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:23

Hola, chicas!!! Bueno, acá abro un tema donde voy a ir subiendo solamente los capítulos de mi fic actual "En las garras del Cuervo"... es un fic hot, así que todos aquellos angelitos menores de edad serán responsables de las perversiones que cause en sus pequeñas mentes inocentes mi fic, jajajajjaa


Ahhh, les pido que por favor NO COMENTEN EN ESTE TEMA, porque sin darnos cuenta se llena de mensajes y después nadie encuentra los capis..... Es mejor si sólo quedan los capis seguiditos acá, para que los puedan leer cuando quieran....

Si quieren comentar, puden hacerlo muuuuuy libremente en este tema:
http://www.thefallenangels1.com/ellie-f203/en-las-garras-del-cuervo-18-t1968.htm#155483

Me encanta leer sus mensajes y teorías y críticas y opiniones, así que please, comenten acerca de lo que quieran


Besos a todos!!!!!!!!!!! Y espero que les guste mi fic!!!



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Ellie


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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:26

Sinopsis


Mayra Barker es una joven de 24 años acostumbrada a vivir su propia vida desde una distancia segura, sabiendo que mientras menos se involucre con las personas, menos sufrirá al perderlas.

Sin desearlo, ha tenido que tratar con la muerte desde siempre, pero ahora, a sólo unos meses de obtener su título en Criminalística, finalmente tendrá los medios para lidiar con ella en sus propios términos. A partir de ese momento, no tendrá más razones para temerle a la muerte.

Eso es lo que Mayra cree... hasta que conoce a Crow.

Desde el primer momento en que lo vio, intentó luchar contra la atracción que sentía hacia el hombre misterioso, pero pronto se dará cuenta de que no sólo no podrá alejarse de él, sino que tal vez no querrá hacerlo. Su atracción por Crow es innegable, a pesar de que él representa su peor pesadilla hecha realidad: un hombre oscuro y peligroso cuyo único propósito es acabar con su vida... y que deberá hacerlo una y otra y otra vez.

Ahora, mientras Mayra intenta encontrar la forma de burlar a la muerte, no podrá evitar caer más y más profundamente en las garras de Crow... sabiendo que amarlo puede ser, literalmente, lo último que haga en la vida.






En las garras del Cuervo









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Ellie


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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:28


Prefacio



Este es el fin. No hay forma de escapar. No hay dónde esconderse. Ellos me tienen, y sólo es cuestión de tiempo para que la agonía termine. Junto con mi vida.


Esta es la última vez que voy a morir. Yo lo sé... y él lo sabe también.


Ahora, mientras me observa luchar inútilmente, no puedo evitar preguntarme si se sentirá aliviado, si agradecerá ya no tener que cargar con mi vida. Sus ojos negros parecen brillar con llamas de furia. ¿Acaso no quiere que muera? ¿O su ira se debe sólo a que, finalmente, no será él quien acabe conmigo?


Mientras mi cuerpo flaquea y el dolor se desvanece poco a poco, pienso en cómo llegué a este lugar, hasta este inevitable fin. Sé que debería desear no haberlo conocido, pero no puedo. Sé que debería arrepentirme de haberlo amado, pero no lo hago. Amándolo, aprendí lo que se siente estar realmente viva... aunque lamento haberlo descubierto tan tarde.


Levanto mi mirada para encontrar sus profundos ojos negros una vez más. El momento se acerca... puedo sentirlo.


Esta es la última vez que voy a morir...






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Ellie


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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:30

Capítulo 1
Mayra
—De verdad, May... ¿podrías al menos fingir que estás divirtiéndote?
Mayra se giró muy lentamente para encarar a su amigo. Lo fulminó con la mirada antes de tomar el vaso plástico que él le ofrecía, sabiendo antes de probarla siquiera que la cerveza estaría muy lejos de su temperatura ideal. —Aún no puedo creer que me convencieras de venir a esta fiesta, Jackson. Juro que no conozco a la mitad de estas personas... —Hizo una mueca al ver a una pareja de “darks” besándose en forma casi obscena en un rincón de la habitación—, y no estoy segura de querer conocer al resto.
—Oh, vamos, relájate un poco. Quién sabe, incluso podrías llegar a divertirte por accidente... Tú recuerdas lo que es la diversión, ¿no? —Le dijo su amigo con una sonrisa torcida.
Mayra rodó sus ojos. —Sí, lo recuerdo... era eso que por lo general precedía a una jaqueca y a un fuerte episodio de culpabilidad.
Jackson pasó un brazo por sus hombros, atrayéndola hacia él mientras sonreía ampliamente hacia las personas bailando en el centro de la sala. —Sí... eran buenos tiempos.
Mayra no pudo evitar reír mientras golpeaba suavemente con su codo el estómago de su amigo. Por supuesto, Jackson hizo toda una escena del ligero toque, haciendo una mueca de dolor y gimiendo mientras se frotaba el estómago con una mano. Ella rió aún más fuerte. Era inevitable, su constantemente relajado amigo siempre sabía cómo hacerla reír. Triunfante, ahora le sonreía mientras se pasaba una mano por su cabello, despeinando su rubia cresta brillando como el sol. Si él no era el estereotipo del chico surfista californiano amante de las fiestas, Mayra no sabía quién podría serlo.
Ciertamente, ella no lo era. No con su cabello azabache cortado en forma irregular a la altura de sus hombros, su piel transparente y sus ojos marrones oscuros prácticamente ocultos tras un tupido flequillo. Y su predilección por las camisetas negras y los pantalones holgados tampoco ayudaban demasiado.
—Hey, ¿no iba a venir Charly también? —Preguntó ella, dirigiendo la mirada hacia la entrada abarrotada de personas, cada una de ellas sosteniendo un clon del vaso plástico azul del que ella bebía.
—Sí, me dijo que vendría... probablemente salió tarde del trabajo, pero no debe de tardar en llegar —le respondió él mientras le daba un vistazo a su reloj. Cuando levantó la mirada, su rostro se iluminó—. Ahora, si me disculpas... acabo de divisar a una cierta damisela invitándome con sus ojos a bailar con ella... entre otras cosas.
—Oh, no, Jack, no te atrevas a... —Antes de que pudiera completar la oración, su amigo ya se había abierto camino entre la maraña de personas bailando, dirigiéndose hacia una chica de vestido rojo que lo devoraba con la mirada— ...abandonarme. —Mayra dejó salir un largo suspiro—. Genial. Simplemente genial. —Murmuró entre labios casi cerrados.
—¿Qué es genial? —Dijo una voz grave a sus espaldas.
Ella se dio media vuelta rápidamente, lista para deshacerse del tonto chico de fraternidad que intentaría conquistarla esa vez, pero no fue un rostro lo que encontró a la altura de sus ojos, sino un pecho amplio y fuerte. Siguiendo su camino hacia arriba, no pudo evitar dejar salir una bocanada de aire. El tipo frente a ella era imponente: alto, grande y musculoso como pocos, pero no fue su cuerpo lo que le quitó el aliento, sino su rostro. Anguloso y completamente masculino, la observaba muy de cerca. Su expresión era ilegible, y sus ojos tan oscuros como dos pozos sin fondo.
—Tú... —murmuró ella sin darse cuenta.
Él ladeó ligeramente su cabeza mientras continuaba observándola. —¿Yo soy genial? —le preguntó con una voz tan oscura como su mirada.
—Sí... —dijo ella antes de poder detenerse a si misma. Entonces sacudió su cabeza ligeramente y dijo—: Quiero decir, no... no me refería a ti, sino a mi amigo, él... —señaló con su pulgar hacia donde se había dirigido Jackson, notando que no estaba en ningún lugar a la vista. Ondeó la mano en el aire mientras ponía los ojos en blanco—. Olvídalo... —Cuando estuvo a punto de girarse, el hombre volvió a hablar.
—¿Cómo es tu nombre?
Ella se detuvo, dudando por un segundo si contestarle o no. Su voz era tan grave y baja que resultaba extraño que ella pudiera oírla a la perfección a través de la música a todo volumen y el mar de voces que los rodeaban. Se sentía como si él estuviera susurrándole al oído. Sus labios contestaron antes de que su mente les ordenara hacerlo. —Soy Mayra. —Ella esperó durante varios latidos, y cuando él simplemente se quedó mirándola en silencio, inquirió—: ¿Y tú eres...?
Él no respondió de inmediato, en cambio entrecerró sus ojos ligeramente, como si estuviera debatiéndose entre decirle su nombre o no, tal y como ella lo había hecho. —Soy Crow. —Respondió finalmente.
—¿Ese es un apodo? —Le preguntó ella, sintiéndose nerviosa de pronto.
—No.
Mayra frunció el ceño en un intento por recordar dónde había oído ese nombre antes. —¿Crowe? C-R-O-W-E... ¿Como en Russell Crowe? —Cuando él levantó una ceja ligeramente, ella agregó—: Tú sabes... ¿El Gladiador?
—No, Crow. C-R-O-W. Como en “Cuervo”, el ave negra de rapiña que no dudará en arrancarte los ojos si te acercas demasiado.
Mayra tragó saliva pesadamente mientras intentaba rastrear el más pequeño atisbo de humor en sus palabras. Y no se sintió para nada reconfortada al no hallarlo. Dejó salir una risa nerviosa antes de murmurar: —Qué encantador...
Aunque lo había dicho con una voz apenas audible, él la escuchó. —Sí, me gusta pensar que lo es.
Mayra notó que él estaba ahora más cerca de ella, y su corazón dio un salto cuando intentó dar un paso hacia atrás y se chocó contra una barrera de cuerpos bailando a sus espaldas, aprisionándola contra el extraño hombre-cuervo.
Nerviosamente, intentó aligerar un poco el ambiente. —Tal vez deberías considerar cambiártelo... es algo escalofriante. —Intentó sonreír para marcar el tono de broma, pero sus labios apenas si pudieron arreglárselas para formar una mueca extraña.
Él se acercó incluso más, su enorme cuerpo cerniéndose sobre ella como una sombra implacable de la que no podría escapar. De pronto, Mayra se sintió aplastada por una ola de miedo, y mientras dirigía la mirada a un lado y al otro, maldecía por dentro a Jackson por haberla dejado sola.
—No tienes idea... —dijo él, con sus labios casi junto al oído derecho de ella.
Obviamente, el tipo intentaba asustarla, tal vez jugarle una broma de fraternidad o algo así... pero no iba a funcionar. Ella no era una de esas estúpidas chicas gritonas que corrían escaleras arriba en tacones mientras un enmascarado con un cuchillo las perseguía por su propia casa. No, ella no moriría al comienzo de la película. Y si lo hacía, iba a asegurarse de que el bastardo se fuera con ella. Decidida, Mayra levantó la mirada, enfrentándose a los ojos negros que la miraban, en un intento por mostrarle que no caería en su broma pesada. Pero su rostro no mostraba señales de broma en lo absoluto.
La cabeza de él estaba ligeramente ladeada mientras observaba cada detalle de su rostro. Por alguna razón, la forma en que esos ojos negros la miraban la hizo sentir expuesta, desnuda. Y él ni siquiera estaba mirando su cuerpo. Estaba mirando sus labios. Muy intensamente.
Ella abrió su boca, esperando poder pronunciar una amenaza lo suficientemente convincente como que la dejara en paz, pero no alcanzó a formar una palabra. El tipo dio un paso atrás mientras miraba por sobre la cabeza de Mayra. —Alguien está buscándote —dijo, con un tono áspero, como si estuviera molesto por haber sido interrumpido.
Oh, Jackson, ¡gracias a Dios!, pensó ella mientras se giraba rápidamente. Pero no fue a él a quien vio, sino a Charly, rastreando la habitación repleta de gente desde el otro extremo de la sala. ¿Cómo supo que la buscaba a ella?
Mayra se giró nuevamente hacia el tipo, pero ya no estaba ahí. Comenzó a buscarlo con la mirada por todas partes, parándose en puntas de pie y escaneando la sala, pero no había ni rastros de él. Lo cual era muy extraño, teniendo en cuenta que su prominente altura lo destacaría fácilmente dentro del mar de personas compitiendo para ver quién se emborracharía primero. Mientras continuaba buscándolo, Mayra volvió a notar de pronto la música hip-hop estridente y las decenas de voces y risas y gritos de las personas a su alrededor. Era muy extraño, como si la mera presencia del escalofriante hombre-cuervo hubiera apagado todo lo demás a su alrededor.
—¡Hey, Mayra! —una voz se elevó por sobre las otras a sus espaldas y, sacudiendo la cabeza, Mayra abandonó su inútil búsqueda del tipo misterioso para girarse hacia la voz que se acercaba a ella.
—¡Charly! —Gritó, justo antes de dejar salir un pequeño suspiro—. Ya era hora de que llegaras. Jackson me abandonó hace un rato por un par de tacones calientes... para variar.
Ahora frente a ella, Charly frunció el ceño mientras su boca se torcía en una pequeña mueca. —Diablos... y yo que pensaba que Jackson sólo tenía ojos para mí —dijo mientras dejaba salir una carcajada y le daba un fuerte abrazo a Mayra. Sin importar qué pasara en su día, su mejor amiga Charly siempre tenía una broma y una gran sonrisa bajo la manga.
De pie frente a ella, luciendo un par de jeans ajustados, una camiseta blanca brillante de tirantes y un par de botas de tacón aguja con las que Mayra no podría dar dos pasos ni aunque su vida dependiera de ello, Charly aparentaba ser la chica más popular y fiestera del campus, en lugar de la implacable fiscal de distrito que en realidad era.
—¿Acabas de salir de la Corte? —le preguntó Mayra mientras le daba un ligero vistazo a su reloj de pulsera.
—Nah, eso fue hace horas. Pero tuve que trabajar hasta tarde con el fiscal general, preparando unas órdenes judiciales que debían salir mañana a primera hora —respondió ella mientras movía su cabeza repleta de largos rizos rojizos que Mayra siempre había envidiado, mientras comenzaba a mover su cuerpo al ritmo de la música—. ¿Qué puedo decir, May...? Combatir el crimen es un trabajo duro, pero alguien...
Cuando su amiga dejó la frase colgando en el aire, Mayra dijo: —¿Alguien tiene que hacerlo?
Charly regresó la mirada hacia ella, frunciendo el ceño ligeramente. —¿Qué? —Mayra sólo levantó las cejas, mirándola—. No, May, alguien tiene que conseguirme un trago... como ¡ahora!
La pelinegra comenzó a reír entonces, mientras pasaba un brazo por los hombros ligeramente más bajos de Charly, a pesar de las pulgadas extras que le proporcionaban sus tacones. —Creo que te lo mereces, Charly... Todos los superhéroes tienen derecho a salir de fiesta, ¿verdad?
—¡Maldición, sí que lo tenemos!
Mientras continuaba riendo, Mayra la llevó hacia la barra repleta de botellas. —De acuerdo, entonces... te invito con unos ricos tragos de gelatina repletos de un alcohol desconocido. Creo que te lo mereces...
Charly dejó salir un aullido en respuesta, mientras pasaba un brazo por la espalda de Mayra, obligándola a mover su cuerpo al ritmo de sus caderas.
Casi tres horas e incontables tragos después, las baterías de Charly estaban lejos de agotarse. Ahora se dedicaba a jugar al “shot-pool” con unos chicos de la Universidad de Mayra que ella apenas si conocía, pero con los que su amiga se desenvolvía como si los conociera de toda la vida. El juego era simple: por cada bola lisa que Charly metiera en el hoyo, su contrincante debía tomar un trago de gelatina con vodka, y lo mismo era para ella con las rayadas de él. Pero, a juzgar por la expresión en el rostro del pobre chico, acababa de notar que la mesa de pool estaba repleta de bolas rayadas, mientras que lisas había sólo una... la bola 8.
—Es verdaderamente triste, Andre... —decía Charly en un tono juguetón mientras se acomodaba para dar su último tiro.
—¿Qué es triste? —preguntó él, utilizando el taco de madera como un bastón en un intento por mantener el equilibrio cuando sus dos piernas ya no parecían suficientes para realizar el trabajo.
—Es muy triste que tú y tu mejor amigo deban ser llevados a rastras a su habitación porque una chica les pateó el trasero en pool —dijo ella, riendo, mientras metía la bola negra en el hoyo de la esquina más lejana, haciéndolo lucir como si fuera el tiro más fácil del mundo—. ¡Maldición! Deberíamos haber jugado por dinero... —se burló Charly mientras le entregaba el último trago de gelatina al pobre universitario derrotado.
—O tal vez deberías jugar contra un verdadero contrincante... —dijo Mayra detrás de Charly.
Dándose la vuelta muy lentamente, su amiga la miró a los ojos mientras arqueaba una ceja y se llevaba las manos a las caderas. —¿Eso es un reto?
—Puedes apostar que lo es, mi pequeña aprendiz. —Ahora Mayra mostraba la misma postura que Charly, enfrentándole. De pronto, los tambaleantes chicos derrotados se quedaron en total silencio, mirando de una a la otra.
—Ohhh, es hora de que la alumna demuestre qué tanto ha superado a la maestra —dijo Charly con un tono amenazador—. Pero antes... —hizo una pequeña pausa antes de agregar con una voz risueña y apresurada—: tengo que ir al baño de damas.
Mientras se alejaba a los saltitos de la terraza hacia el interior de la casa en donde se estaba realizando la fiesta, Mayra no pudo evitar reír al ver cómo los rizos de su amiga rebotaban una y otra vez. —¡Corre mientras puedas, querida Charly, porque cuando vuelvas, voy a destrozarte sobre esta mesa! —la amenazó.
—Awwww, definitivamente no quiero perderme eso —dijo el más reciente perdedor, mientras se dejaba caer en una silla vacía junto a su amigo, quien tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder chocar su puño contra el de él.
Riendo, la pelinegra se giró y se dirigió a la mesa a sus espaldas, donde se encontraba un inmenso barril de cerveza esperando ser vaciado. Se sirvió un vaso y, sonriendo, se giró para apoyarse contra la mesa. Después de todo, Jackson había tenido razón: ella, accidentalmente, estaba divirtiéndose. Bebió del vaso plástico, gratamente sorprendida al notar que la cerveza estaba más fría que antes, pero mientras alejaba el vaso de sus labios, se congeló al mirar hacia delante.
Ahí estaba él otra vez, mirándola con una intensidad que le produjo un escalofrío a lo largo de la espalda.
Crow...
Como siendo llamado por su pensamiento, él se acercó a ella muy lentamente, acechándola. Mirándolo a los ojos, Mayra no podía moverse, sólo podía respirar en forma acelerada.
Cuando él estuvo justo frente a ella, se detuvo. Ladeó un poco la cabeza, observándola detenidamente, mientras el fantasma de una sonrisa parecía tensar sus labios bien definidos. Antes de que Mayra pudiera pronunciar una sola palabra, él se inclinó hacia ella, con la cabeza aún un poco ladeada, dirigiéndose directamente hacia sus labios.
Pero no la besó.
En el último segundo, mientras acercaba su rostro al de ella, giró su cara hacia un lado. Continuó avanzando, pegando su pecho al de ella, dejándole saber qué tan fuerte y poderoso era su cuerpo. Por un segundo, Mayra creyó que le iba a hablar al oído, pero, al igual que ella, él no dijo una palabra... aunque tuvo la sensación de que estaba oliendo su cuello.
Sintiéndose avasallada por el calor que parecía irradiar del cuerpo de Crow, no pudo evitar inspirar profundamente contra su piel. Su intenso aroma masculino picó en su nariz, mientras que sus rodillas parecían flaquear bajo su peso. Se sintió tentada a cerrar los ojos e inspirar profundamente una vez más, pero entonces él dio un paso atrás.
Sólo ahora, viendo el vaso azul profundo en la mano de él, ella cayó en la cuenta de que él no la había besado, no la había tocado, no había hablado en su oído... y su cuerpo no había estado excitado cuando se presionó contra el de ella por un instante.
Él sólo había tomado un vaso... simplemente había estado jugando con ella. Y Mayra había caído como una idiota.
Ahora frente a ella, a un paso de distancia, Crow bebió tranquilamente del vaso de cerveza recién servido que había estado justo detrás de ella. No le quitó los ojos de encima mientras bebía, y tampoco lo hizo cuando volvió a dejar el vaso azul en el borde de la mesa, junto a ella.
—Buena suerte en tu juego —dijo él finalmente, con una voz aún más profunda de lo que recordaba. Recorrió lentamente su cuerpo con sus profundos ojos negros antes de agregar con una sonrisa apenas perceptible—: Te veré pronto... Mayra. —Entonces se giró y se alejó, bordeando la mesa contra la que ella se apoyaba, dejándola muda y sin respiración.
Mayra intentó girarse hacia él, pero por alguna razón su cuerpo no le respondió de inmediato, como si tardara en procesar la orden que le daba su cerebro. Finalmente, cuando pudo reaccionar y girarse, él ya no estaba allí. Simplemente había desaparecido. Otra vez.
Miró rápidamente a los universitarios que rodeaban la mesa de pool, pero nadie la estaba mirando. Todos estaban acomodados en sillas y taburetes, bebiendo y bromeando los unos con los otros, esperando por el regreso de Charly para comenzar con las apuestas en el juego “pelirroja vs. pelinegra”.
Dejando salir un gran aliento atrapado en sus pulmones, Mayra se recostó una vez más contra la mesa. A pesar de su mejor juicio, comenzó a reír, mientras sentía de pronto como si sus mejillas estuvieran en llamas. Levantó su mano derecha, apoyando el vaso plástico contra un lado de su rostro, pensando que, después de haber sentido el cuerpo de Crow presionándose contra el suyo, no habría cerveza en el mundo lo suficientemente fría como para devolverle a su cuerpo su temperatura normal.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:31

Capítulo 2
Crow
Por alguna razón, había sido enviado en esta misión demasiado tiempo antes. Aún faltaban horas para que el momento llegara, pero cuando envió una petición para que se le asignara otra misión antes de tener que cumplir con esta, la respuesta mental que recibió fue simplemente: “Quédate donde estás hasta que la recolección esté completa”.
Eso significaba que estaría atrapado entre un montón de estúpidos jóvenes por las próximas... ¡¿cuatro horas y media?! Gruñendo, alejó la mirada de su innecesario reloj. Unas pocas horas no significaban nada para alguien como él, pero teniendo en cuenta la rapidez con la que realizaba su trabajo, especialmente considerando el nivel de ansiedad que comenzaba a sentir, unas pocas horas eran demasiado.
Sería mejor que esta misión valiera su tiempo, o Kormes recibiría una muy desagradable visita suya muy pronto.
De pie en medio de la habitación repleta de personas moviéndose al ritmo de la música estridente, recorrió con la mirada cada uno de sus rostros, algunos de los cuales lo observaban con un interés más que obvio. Por alguna razón, las mujeres no le quitaban los ojos de encima, al igual que algunos pocos hombres, pero el resto de ellos pretendía ignorarlo, aunque le dedicaban una mirada ceñuda de tanto en tanto. Tal vez debería haber investigado un poco más antes de haber manifestado su actual apariencia. Se había asegurado de que sus ropas y peinado fueran acordes al lugar que se le había designado, pero al parecer las personas notaban algo extraño en él.
Aunque definitivamente no era miedo lo que infundía en los demás, teniendo en cuenta que los cuerpos de las mujeres a su alrededor se acercaban cada vez más.
Pero él no se encontraba ahí para experimentar. Estaba ahí para cumplir con su trabajo. Y, hablando de trabajo..., pensó mientras su mirada de centraba en su objetivo. Ahí estaba ella. Su más reciente misión. Y, ahora que lo pensaba, podría llegar a ser una que disfrutara, después de todo.
La mujer se encontraba junto a un hombre de cabellos dorados que acababa de entregarle un vaso de aspecto muy poco confiable. Ella vestía un jean algo holgado, pero que se adaptaba a su cuerpo en los lugares correctos, y una camiseta oscura muy discreta que apenas si insinuaba unas hermosas curvas que al parecer ella intentaba ocultar. Su rostro ceñudo amenazaba con esconderse tras un tupido flequillo recto más oscuro que la noche, pero parecía incapaz de esconder la sonrisa que el hombre junto a ella le provocaba. El tipo, por su parte, obviamente disfrutaba de su atención, y no parecía reacio en demostrárselo. Por la confianza con que la tocaba, habría pensado que era su amante, pero ella no parecía demostrar ese tipo de interés en el muchacho.
Todo lo que tenía que hacer era observarla y esperar a que llegara el momento de actuar, pero cuando vio que su amigo se alejaba de ella, no pudo evitar avanzar rápidamente entre las personas hasta quedar justo a sus espaldas. Él no debería hablar con ella, y lo sabía, pero pensó que tal vez el tiempo pasaría más rápido si pudiera distraerse un poco. Lo cual era ridículo... el tiempo no se movía más rápido sólo porque alguien lo deseara, y él debería saberlo mejor que nadie.
Sintiendo en su pecho el calor que emanaba de la espalda de ella, sintió curiosidad por saber si tal vez el blanco de su actual misión reaccionaba ante él de la misma manera en que el resto de las mujeres en la fiesta parecían hacerlo. Tal vez debería averiguarlo...
—Genial. Simplemente genial. —La oyó murmurar con descontento.
Él quería hacerla girar para ver su rostro, pero en vez de tocarla decidió hablarle. —¿Qué es genial?
La muchacha se giró rápidamente hacia él, y su mirada subió lentamente desde su pecho hasta su rostro. Oh, sí... ahí está, pensó él. Ella reaccionó igual que las demás: sus ojos lo recorrieron por completo, su boca se abrió ligeramente dejando escapar un pequeño aliento, el ritmo de su corazón se aceleró un poco. ¿Por qué hacían eso? ¿Acaso podían sentir que él no era uno de ellos? ¿O era algo más?
Los humanos son tan extraños...
—Tú... —balbuceó ella mientras miraba directamente los penetrantes ojos negros, sin vida, de él.
—¿Yo soy genial? —Eso era extraño, sus misiones probablemente le darían muy variados calificativos si pudieran, pero no creía que “genial” fuera uno de ellos.
—Sí... —la palabra escapó de los labios de ella casi como un ronroneo, y él notó por primera vez lo llenos y perfectos que eran. Sí, definitivamente elegiría la boca para esta misión. Ella intentó corregirse, hablando rápidamente—: Quiero decir, no... no me refería a ti, sino a mi amigo, él... —dirigió la mirada hacia la masa de personas bailando y puso sus ojos en blanco—. Olvídalo...
Se giró para alejarse, pero él no se lo permitiría. —¿Cómo es tu nombre? —le preguntó, a pesar de que ya sabía que era Mayra. Sabía exactamente quién era ella.
—¿Y tú eres...? —inquirió ella luego de responder a su pregunta.
Maldición, por supuesto que preguntaría su nombre... debería haberlo pensado antes. Nombres, nombres... él conocía millones, muchos de los cuales no habían sido usados en siglos, nombres cortos, nombres largos, nombres en lenguas muertas. Pero ninguno de ellos era suyo. Al igual que el resto de los de su clase, él no tenía ningún nombre. No lo necesitaban.
Y, sin embargo, aquí estaba, pensando en un nombre para sí mismo, sin que se le ocurriera ninguno... aunque en sólo unas horas ya no importaría. Sin intenciones de alargar más el momento, pronunció la única denominación que se le ocurría en ese momento. —Soy Crow —dijo, aunque eso ni siquiera era un nombre, pero ella no lo sabía.
Mayra lucía algo confundida, obviamente resultándole extraño. —¿Ese es un apodo?
—No —respondió él, ansioso por cambiar de tema.
—¿Crowe? C-R-O-W-E... ¿Como en Russell Crowe? —preguntó ella, mientras que él se preguntaba de qué rayos estaba hablando. Ella debe de haber notado su confusión, porque agregó—: Tú sabes... ¿El Gladiador?
Esto es ridículo... —No, Crow. C-R-O-W. Como en “Cuervo”, el ave negra de rapiña que no dudará en arrancarte los ojos si te acercas demasiado. —De acuerdo, probablemente eso había sido algo excesivo, pero la conversación ya se estaba volviendo algo irritante.
La muchacha se puso claramente nerviosa al oírlo. Su corazón se aceleró marcadamente, haciendo que su aroma natural se volviera más intenso, extendiéndose desde su piel directamente hacia él. Era delicioso. Sin darse cuenta, Crow se acercó más, imaginándose cómo sabría ella, deseando que llegara el momento. Pero no, aún faltaban horas para eso, y él sólo podía esperar.
Con una voz algo temblorosa, ella intentó bromear, a pesar de que claramente quería salir corriendo. —Tal vez deberías considerar cambiártelo... es algo escalofriante —dijo a través de una sonrisa forzada.
¿Escalofriante? Pensó Crow, algo divertido. Descendió su rostro un poco, hasta que sus labios quedaron a la altura del oído de Mayra, y susurró: —No tienes idea...
Antes de que ella pudiera decir algo, Crow sintió una interferencia. Los pensamientos de alguien en la habitación estaban centrados totalmente en Mayra, y al ser ella el sujeto de su misión, él podía oírlos muy claramente. Era una gran ventaja al momento de deshacerse de testigos indeseados y estorbos innecesarios mientras realizaba su trabajo, pero no había nada que pudiera hacer ahora. El momento no había llegado aún. Tiempo de retirarse y esperar, pensó con irritación y, aprovechando que Mayra se giró hacia sus espaldas, Crow desvió la atención de los presentes sobre él y desapareció sin que nadie lo notara.
Varias horas más tarde, la fiesta se había vuelto más ruidosa, las personas más ebrias, y Crow más hambriento. Manteniéndose apartado de todos, ocupó su tiempo en observar el comportamiento de las personas a su alrededor. Algunos bailaban de formas extrañas, pegando sus cuerpos unos con otros. Otros se habían dispuesto en parejas, hablando a los gritos para poder escucharse sobre la música ensordecedora.
Mirando distraídamente a su izquierda, Crow vio a una chica con un vestido azul muy corto sonriéndole a un chico castaño con los pelos en punta. Ella jugaba con su cabello, enrollándolo alrededor de uno de sus dedos, mientras él la miraba intensamente. Entonces él se acercó a ella, pegando su cuerpo al suyo, tomándola de la cintura y acercándola más a él. ¿Por qué hacían eso? ¿Qué placer podían llegar a obtener de ese tipo de contacto? De acuerdo, Crow sabía por qué lo hacían, conocía todas las razones y motivaciones fisiológicas y químicas que llevaban al sexo y aquellas que derivaban de él, pero simplemente no podía... entenderlo.
Obviamente, a la muchacha parecía gustarle el contacto, porque su ritmo cardíaco se aceleró, a la vez que se mordía el labio inferior mientras el chico le hablaba al oído. Al parecer él le preguntó algo, porque cuando dio un paso hacia atrás para mirarla, ella asintió, sonriéndole significativamente.
Entonces el hombre de los pelos en punta la tomó de la mano, y ambos se dirigieron hacia la salida, pero cuando pasaron frente a Crow, la muchacha recorrió su cuerpo con una mirada hambrienta y se detuvo en sus pasos, como si dudara entre marcharse con el otro tipo o intentar algo con Crow. Finalmente, pareció decidir que valía más pájaro en mano que cuervo volando, porque se marchó con el castaño, pero no sin antes volverse y dirigirle una última mirada a Crow, seguida por un descarado guiño.
Kormes, vas a pagar por esto, maldito arrogante, pensó, enviando el mensaje instantáneamente hasta su recinto. Cuando la única respuesta mental que recibió fue una risa oscura y fantasmal, el nivel de irritación de Crow creció exponencialmente.
Una hora, eso era todo, sólo una hora más y podría cumplir con esta estúpida misión y continuar su camino hacia la siguiente.
Y ahí estaba ella, mirando a su amiga jugar al pool con unos muchachos tambaleantes. No era tan llamativa ni extrovertida como esa tal Charly, pero tenía su encanto propio, luciendo delicada pero fuerte a la vez. Era muy observadora pero relajada, y tenía una sonrisa cálida y una risa aguda y fuerte que por alguna razón casi lo hacía sonreír... casi.
Cuando se encontró sola una vez más, Crow se movió desde la esquina oscura en la que se encontraba, desviando la persistente atención de las personas, y se posicionó justo frente a Mayra. Ella tomó un aliento profundo cuando lo vio, y a él le gustó eso. Tal vez esta era su oportunidad para satisfacer un poco su curiosidad.
Muy lentamente, avanzó hacia ella. Mayra sujetó con fuerza el borde de la mesa contra la que se apoyaba, haciéndole saber que no iría a ninguna parte. Sin pensar demasiado al respecto, Crow se acercó a ella, deteniéndose sólo cuando sus cuerpos se encontraron. Acercó su rostro al de ella, sabiendo que Mayra deseaba que la besara, pero no lo hizo. No sabría como hacerlo, de todos modos.
Desvió su rostro y se inclinó para tomar un vaso plástico de la mesa, sintiendo como si necesitara una excusa para su pequeño experimento. Se acercó aún más en el último segundo, inhalando el dulce aroma de su piel, y sintiendo su rápido pulso contra su pecho. Extrañamente, ella no intentó alejarse, sino que permitió que sus cuerpos se encontraran. Crow pudo sentir los pequeños huesos de sus caderas a través de sus jeans, su plano estómago oculto tras la camiseta negra, sus suaves pechos presionándose contra él mientras Mayra inhalaba profundamente. Se sentía bien... pero no le provocaba nada. Su cuerpo no reaccionaba ante el contacto, aunque tampoco esperaba que lo hiciera... después de todo, era sólo la manifestación de un cuerpo humano, no uno verdadero.
Dio un paso atrás y vio cómo las mejillas de Mayra estaban ligeramente coloreadas. Bebió del vaso sólo para poder ocultar la sonrisa de satisfacción que provocó en él. Seguía sin comprenderlo, pero por lo menos ahora tenía una mínima idea de cómo se sentía el contacto con otra persona. Por breve que hubiera sido.
Crow volvió a dejar el vaso sobre la mesa. —Buena suerte en tu juego —dijo, mientras recorría con la mirada el cuerpo de Mayra una última vez, recordando cómo se había sentido contra él. Apenas sonriendo, agregó—: Te veré pronto... Mayra.
Más pronto de lo que crees.
Entonces se alejó de ella. Rodeó la mesa y caminó hacia ningún lugar en especial, volviendo a su forma natural, invisible a los ojos humanos, en el momento en que supo que nadie lo observaba. Se ocultó entre las sombras y aguardó, contando los minutos que lo separaban del momento que había esperado durante las últimas horas. Un momento que sin lugar a dudas disfrutaría.
Continúa...



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Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:33


Capítulo 2 (Cont)

Crow
Poco más de una hora después, Crow observaba a Mayra y sus amigos marchándose de la fiesta. El muchacho rubio se subió a una gran motocicleta negra mientras le guiñaba un ojo a una chica en un vestido rojo que le había dejado una marca morada en el cuello. La amiga pelirroja de Mayra se subió con dificultad a la parte trasera de la motocicleta, borracha sin remedio luego de haber sido derrotada en el juego de pool contra su mejor amiga.
—May, de verdad, tú espera aquí mientras yo llevo a Charly a su casa, y entonces regreso por ti —le decía el muchacho de la corta cresta dorada.
—No seas ridículo, Jackson, mi departamento está a cuatro cuadras de aquí. Tardaría más en esperarte que en ir yo sola —dijo Mayra. Al ver que su amigo no lucía del todo convencido, agregó—: Es en serio, Jack. ¿Qué podría pasarme en cuatro cuadras?
Su amigo frunció el ceño, aún considerándolo. —No lo sé... no me gusta.
—Hey, ¿cómo es que nunca te emborrachas, May? —le preguntó Charly mientras se aferraba a la espalda del chico, desviando la atención de Mayra.
—Porque no soy humana, Charly... —dijo ella, sonriendo ligeramente mientras se llevaba las manos a las caderas.
—No, no lo eres —dijo su amiga mientas apoyaba su cabeza contra la espalda de Jackson—. Eres un ángel...
Mayra rodó sus ojos. —Sí, correcto... soy todo un ángel. —Se acercó a su amiga y depositó un beso en su frente. Luego besó a su amigo en la mejilla y comenzó a alejarse de ellos—. Adiós, chicos. ¡Los veré mañana!
El muchacho la observó durante unos segundos, entonces encendió la marcha de su motocicleta y se alejó ruidosamente.
Crow se dedicó a seguir a Mayra a través de las calles, caminando junto a ella sin ser percibido. Las calles estaban desiertas, todas las personas de la fiesta se habían dispersado en otras direcciones. Y ya faltaba tan poco, justo ahí, en la próxima esquina. Él se adelantó y pudo ver cómo Mayra tomaba su teléfono celular del bolsillo trasero de su pantalón, leyendo el mensaje de texto que había recibido. Comenzó a cruzar la calle... y Crow supo exactamente lo que tenía que hacer.
Utilizando sólo su voluntad, como lo había hecho incontables veces antes, detuvo el correr del tiempo. Todo a su alrededor simplemente se detuvo, incluyéndola a Mayra. Ella permaneció justo en medio de la calle, sosteniéndose sobre un pie, detenida en mitad de un paso. Su mirada estática se dirigía al frente, justo hacia él, y por un segundo Crow pensó que podía verlo.
Él se demoró más tiempo del necesario para realizar su tarea, no pudo evitarlo. Sólo necesitaba observarla un poco más. Su rostro estaba algo sonriente y sus labios permanecían apenas separados, como si estuviera suspirando.
Mirando fijamente sus ojos marrones, Crow se acercó un paso más, hasta quedar justo frente a ella, aunque sus cuerpos no se tocaban.
—Te diría que lo siento... pero no es verdad. No siento nada —le dijo fríamente a la figura inmóvil de Mayra. Entonces la tomó del rostro y acercó sus labios a los de ella, anhelando lo que estaba a punto de pasar. Por primera vez, se tomó unos instantes antes de completar la tarea, sintiendo los suaves labios de la joven contra los suyos, su calidez y su dulce sabor. Se sentía bien, tenía que admitirlo, pero ese no era su propósito.
Concéntrate. Eres un Crowtter, haz lo que debes hacer, se dijo a sí mismo. Y entonces comenzó a inhalar, succionando la vida de la muchacha, alimentándose con su misma alma.
Imágenes al azar de la vida de Mayra pasaban por su mente como diapositivas desordenadas mostrándose a toda velocidad: Mayra tomando un examen en la universidad hace unos pocos meses. Mayra jugando con un perro blanco con manchas marrones cuando era pequeña. Mayra yaciendo en la cama en los brazos de un muchacho de cabellos desordenados hace un par de años. Mayra riendo mientras hablaba por teléfono con Charly. Mayra besando a un chico con rastas cuando era sólo una adolescente. Mayra de pie frente a un ataúd cerrado, cuando era apenas una niña.
Las imágenes no significaban nada para él. Ni siquiera le importaban. Eran las emociones que las acompañaban lo que realmente importaba, lo que saciaba su hambre permanente. Y esta mujer sentía con intensidad. Amor, alegría, sufrimiento, pérdida, desolación, soledad, compasión. Cada una de sus emociones era tan intensa que Crow pensó por un instante que podrían saciarlo para siempre. Pero no lo harían. Jamás lo hacían.
Cuando tomó hasta el último vestigio de su alma, separó finalmente sus labios de los de ella, aún degustando la calidez que habían dejado en los suyos.
Sintiéndose totalmente saciado, alejó las manos del rostro de Mayra. Mirándola, dio un solo paso atrás, renuente a alejarse más que eso. No importaba, de todo modos; lo que estaba a punto de pasar no le afectaría en lo más mínimo.
Volviendo a su forma original, invisible al resto del mundo, Crow se quedó de pie frente a Mayra. Cerró brevemente los ojos, aún saboreando el torbellino de emociones que había tomado de ella, entonces regresó el tiempo a la normalidad.
Sucedió tan rápido que Mayra apenas si tuvo tiempo de girar la cabeza y ver lo que se aproximaba. Ella abrió sus ojos en terror mientras todo su cuerpo era iluminado por una potente luz blanca. No había nada que pudiera hacer... ni siquiera tuvo tiempo de gritar. El automóvil se acercaba a toda velocidad, y tardó una fracción de segundo en golpearla, pasando justo a través de la figura incorpórea de Crow. El cuerpo de la joven fue golpeado con una fuerza increíble, haciéndola volar por el aire por encima del automóvil, el que terminó estrellándose contra un gran árbol al otro lado de la calle.
Crow se quedó de pie en medio de la escena durante un segundo, escuchando el sonido de la bocina del coche siendo presionada por la cabeza del ahora inconsciente conductor. No estaba muerto, eso lo sabía. Pero Mayra, por otro lado...
Su cuerpo yacía inmóvil en medio de la calle, de espaldas, con un brazo sobre su cabeza y el otro extendido hacia un lado. Una de sus piernas estaba doblada en un ángulo extraño. Su cabeza estaba girada hacia un lado y, a medida que Crow se acercaba hacia ella, pudo ver un rastro de sangre sobre su rostro, proveniente de su oído derecho y de un gran corte en su frente. Sus labios también estaban ensangrentados.
Sus ojos estaban cerrados. Su corazón no latía.
Poniéndose en cuclillas junto a ella, Crow acarició suavemente con un dedo el labio inferior de Mayra. Esos labios que se habían sentido tan cálidos contra los suyos hacía sólo unos segundos, justo antes de que él le quitara su alma, preparándola para la inevitable muerte que la había estado esperando.
Él simplemente se quedó observándola, recordando lo hermosa y llena de vida que había estado sólo unos minutos atrás. Pero ya no importaba. Estaba hecho. Ella estaba muerta.
Su misión había terminado, pero por alguna razón, por primera vez en toda una eternidad, Crow sintió la necesidad de despedirse. —Adiós, Mayra —susurró.
Estuvo a punto de ponerse de pie y manifestarse hacia el otro lado cuando ella tosió. Así como así, Mayra tosió y escupió sangre. Sus ojos se abrieron de par en par, mientras su mirada vagaba de un lado al otro frenéticamente.
—¿¿Qué demonios?? —gruñó Crow mientras la oía tomar un profundo aliento doloroso, y viendo cómo la herida en su frente se cerraba por sí sola. Ella continuaba luchando por respirar, y dejó salir un gemido cuando una de sus piernas se movió hasta encajar el hueso dislocado de la cadera en su lugar.
La muchacha temblaba, sus ojos desenfocados estaban repletos de pánico. Mientras respiraba ruidosamente, su cuerpo continuaba sanándose a sí mismo, cerrando cada herida, reparando cada hueso roto, deshaciendo los vestigios que había dejado la muerte por la que acababa de pasar.
Crow se acercó un poco más, maravillado ante lo que veía.
—Hola —dijo con una voz firme, reclamando la mirada errante de Mayra. Sus ojos desenfocados se centraron en él por primera vez, el pánico y el dolor siendo reemplazados rápidamente por la incomprensión—. Disculpa, pero... —dijo Crow mientras elevaba ligeramente una ceja antes de agregar en un tono irritado—: ¿No deberías estar muerta?
Fin del capítulo.



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Mensaje por Ellie el Sáb 18 Dic 2010 - 4:35


Capítulo 3
Mayra
Mayra despertó en su cama a la mañana siguiente... aunque “despertó” tal vez era decir demasiado. No pudo autoconvencerse de abrir los ojos, pero ya no estaba durmiendo. Sabía que estaba en su propia cama por la forma en que el colchón se sentía bajo su espalda. Y sabía que era de mañana por el constante y rítmico canto del zorzal que había anidado en el árbol frente a su ventana hacía unas semanas, y que no parecía dispuesto a irse, sin importar lo que ella hiciera para echarlo. Aunque tenía sus ventajas, tenía que admitirlo... el endemoniado pájaro era más puntual que su reloj despertador, cantando cada mañana a las 7:15 en punto.
Gruñéndole a su enemigo emplumado, rodó sobre su cama, abrazando la almohada contigua que casi nunca usaba. Se sentía exhausta, cada músculo de su cuerpo le tiraba, como si hubiera estado ejercitándose con furia el día anterior... o como si hubiera pasado toda la noche despierta teniendo el mejor sexo de su vida. No recordaba haberse ejercitado, y la última vez que había pasado toda la noche despierta en la cama con un hombre había sido... diablos, ni siquiera podía recordarlo.
Mientras continuaba desperezándose, Mayra dejó salir un pequeño sonido de interrogación al notar que sus pies aún calzaban los tenis Converse negros que había usado la noche anterior y, pasando tentativamente una mano por su cadera, descubrió que sus jeans habían decidido hacerles compañía. Genial..., pensó mientras volvía a girarse hasta quedar de espaldas sobre su cama revuelta. Realmente no recordaba haber bebido tanto la noche anterior, pero el movimiento en el cuarto y el pitido en sus oídos parecían no estar de acuerdo con eso. Y su cabeza...
Oh, Dios, mi cabeza. Mayra se llevó las manos hasta sus ojos, intentando comprimir la presión dentro de su cráneo que amenazaba con empujarlos fuera de sus órbitas. No recordaba nada de la noche anterior... por lo menos no después de su indiscutible victoria ante Charly en el juego de pool. Ella en realidad había ganado, ¿verdad? Se recordaba a sí misma riendo de su amiga mientras tomaba rápidamente un trago por cada bola que Mayra metía en el hoyo, pero no podía recordar haber bebido ella alguno... no podía recordar nada en verdad. Excepto ese estúpido sueño. Las imágenes se arremolinaban en su mente, mezclándose unas con otras. No tenían ningún sentido.
—Qué sueño más extraño... —murmuró entre bostezos.
—¿Qué soñaste?
La profunda voz hizo que el corazón de Mayra se detuviera. Durante unos segundos no respiró, no se movió, mientras intentaba decidir si realmente lo había escuchado, o si sólo había sido una mala broma de su aturdido cerebro. Aún acostada sobre su espalda, Mayra levantó la cabeza de su almohada muy lentamente, sus ojos bien abiertos, rogando en silencio no encontrar en su habitación al hombre a quien pertenecía esa inconfundible voz.
Pero ahí estaba, de pie al otro lado del cuarto, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados sobre su pecho en un gesto relajado. El hombre con el que había hablado la noche anterior. Un hombre al que no conocía.
—¡Jesús! ¿¿Qué mierda?? —gritó Mayra mientras se sentaba rápidamente y se empujaba nerviosamente hacia atrás, hasta que su espalda chocó con fuerza contra el cabezal de su cama. Sus pies se enredaron en el lío de sábanas, añadiendo aún más nervios a su abrupto despertar. Comenzó a patalear desesperadamente mientras tiraba con sus manos de las sábanas púrpuras enredadas alrededor de sus tobillos—. ¿¿Qué haces aquí?? —le gritó mientras continuaba con su lucha.
El tipo sólo la miraba desde el extremo opuesto del cuarto, observándola mientras luchaba contra sus sábanas en una batalla que estaba perdiendo vergonzosamente. No intentó acercársele, ni tampoco pronunció otra palabra. Sólo la miraba, y esa oscura mirada sólo hizo que ella se zambullera por completo en el pánico. Él no mostraba ninguna emoción, no hacía ningún intento por explicarse, nada. Su mirada era fría y calculadora... como si estuviera analizando un gran problema que debía solucionar pronto.
—Có... ¿Cómo entraste aquí? —tartamudeó mientras lograba finalmente zafarse de sus absurdos grilletes. Se puso de pie y se alejó aún más del hombre, poniendo su cama entre ambos.
—Estaba abierto —respondió él con una voz plana y sin moverse un milímetro.
—No, no lo estaba... —murmuró ella mientras sus manos se dirigían a los bolsillos delanteros de sus jeans, donde había tenido sus llaves la noche anterior. Ya no estaban allí, como tampoco su teléfono celular. Su corazón se aceleró aún más al darse cuenta que debería atravesar el cuarto y pasar junto a él para dirigirse al teléfono de línea fija que estaba en el comedor—. Mira, sólo vete, ¿de acuerdo? Sólo... sólo... vete. —Intentó que su voz sonara firme y segura, pero falló espectacularmente.
Sus manos se aferraron con fuerza al borde de su camiseta negra, ansiando sostener en su lugar algo afilado o pesado o... que pudiera comunicarla con la policía. Bajó la mirada fugazmente, viendo por primera vez el atuendo que había usado la noche anterior. ¿Mi camiseta había estado dentro de mis pantalones?, intentó recordar, empujando a un lado la histeria que le produjo el pensar que él le hubiera quitado la ropa y que ella no pudiera recordarlo. No, no... estaba fuera, siempre había estado fuera. ¿Verdad? ¿¿Verdad??
—¿Podrías... podrías irte? —suplicó mientras levantaba las manos ligeramente, como en señal de rendición.
El hombre la miró durante un par de latidos antes de decir: —No puedo irme, Mayra.
Él sabía su nombre. Sabía su nombre y su dirección y Dios sabe qué más. Ella sabía su nombre también, ¿cierto? Él se lo había dicho en la fiesta. Algo como... Cuervo. ¿Cuervo...? ¡¿Qué clase de nombre es Cuervo?! No, no, Crow... ese era.
—Mira, Crow... —dijo lentamente, sintiéndose para nada aliviada de recordar un nombre que difícilmente era real—. No... no me siento bien, y honestamente no recuerdo haberte invitado a mi casa anoche, así que... por favor, hazme un favor y vete.
El hombre chasqueó su lengua y dijo: —Sí... no puedo hacer eso. Verás, Mayra, tú y yo tenemos un pequeño problema ahora, y estoy algo atascado contigo hasta que lo resuelva.
Oh, Dios.... —¿Qué... qué tipo de problema? Yo... yo ni siquiera te conozco. No quiero tener problemas contigo... no tengo ningún problema contigo —dijo ella, intentando mostrarse calmada, mientras que su mirada se alternaba rápidamente entre el increíblemente apuesto hombre que probablemente planeaba violarla y asesinarla en su propia casa, y la puerta que conectaba la habitación en la que se encontraba con el living-comedor de su departamento, el que tenía la puerta de entrada a su departamento, que la llevaría hasta el vestíbulo del primer piso de su edificio de apartamentos, que le permitiría salir a la calle y alejarse del maniático que se encontraba en su habitación, mirándola como si quisiera comérsela en su desayuno.
Los músculos de sus piernas se tensaron, listos para correr, pero su convicción vaciló un poco mientras veía cómo Crow empujaba su espalda lejos de la pared y comenzaba a dar lentos pasos hacia ella.
Las manos de Mayra temblaban, su corazón golpeaba ruidosamente contra su pecho, y su respiración era rápida. Demasiado rápida... sus inhalaciones se volvían más cortas y seguidas, pero cada vez ingresaba menos aire a sus agitados pulmones. Oh, no... no, no, por favor, no...
Sus pies se sentían pesados, congelados en el lugar. Y él continuaba acercándose. Con cada segundo que pasaba, él estaba un paso más cerca de ella... y la puerta de su habitación parecía alejarse un kilómetro.
—Hay sólo una razón por la que estoy aquí, y el que yo me vaya depende de ti. Sólo debes hacer una pequeña cosa, sólo eso... y luego simplemente me iré —dijo Crow con su voz grave y tranquila, mientras se acercaba un paso. Y otro. Y uno más.
—Q... ¿Qué? —preguntó Mayra en una voz que apenas si fue audible.
Crow se detuvo a unos cuantos pasos de ella, mirándola fijamente. Su cuerpo permaneció relajado, su rostro estoico, y su voz hipnotizante mientras dijo: —Morir, Mayra. Sólo tienes que morir.
Continúa...



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Mensaje por Ellie el Miér 22 Dic 2010 - 2:35


Capítulo 3 (Cont)

Mayra
—Hay sólo una razón por la que estoy aquí, y el que yo me vaya depende de ti. Sólo debes hacer una pequeña cosa, sólo eso... y luego simplemente me iré —dijo Crow con su voz grave y tranquila, mientras se acercaba un paso. Y otro. Y uno más.
—Q... ¿Qué? —preguntó Mayra en una voz que apenas si fue audible.
Crow se detuvo a unos cuantos pasos de ella, mirándola fijamente. Su cuerpo permaneció relajado, su rostro estoico, y su voz hipnotizante mientras dijo: —Morir, Mayra. Sólo tienes que morir.
Los pies de Mayra se movieron incluso antes de que su mente les ordenara hacerlo. Treparon sobre la cama, pisaron el lío de sábanas púrpuras y saltaron hacia la puerta, saliendo de su habitación en menos de un segundo. No sabía si él la estaba siguiendo, no oía sus pasos ni su voz viniendo tras ella, y no tuvo el valor para mirar hacia atrás. Sólo podía pensar en una cosa: escapar.
Salió del cuarto, cruzó el living de su departamento y llegó hasta la puerta de entrada. Giró el picaporte y sintió una ráfaga de alivio al encontrarla sin llave, pero el alivio duró muy poco. En el momento en que tiró de la puerta para abrirla, el picaporte escapó de sus manos, y la pesada puerta de madera se cerró nuevamente en medio de un estruendo. Desesperadamente, Mayra tomó el picaporte con ambas manos y tiró de él, pero la puerta no se movía.
—No... —Su voz era apenas un chillido agudo perdido en medio de los ahogados sonidos de sus respiraciones. Usó todas las fuerzas de su cuerpo en tirar de la puerta, pero era imposible moverla, como si el picaporte estuviera adherido a una sólida pared de cemento.
—No dije que podías irte.
La voz sonó justo detrás de su oído derecho, y Mayra se estremeció y dejó salir un grito de terror... excepto que su voz no tuvo la fuerza suficiente para hacerse audible. Se dio media vuelta y cruzó la habitación hasta la ventana al otro lado del cuarto. Tiró de ella con fuerzas hacia arriba para abrirla, pero tampoco se movió. Entonces comenzó a golpearla con ambos puños mientras gritaba. Ella vivía en un primer piso, alguien en el exterior tendría que oír sus gritos de ayuda.
Pero ella no estaba gritando. Sus labios se movían y su garganta dolía, pero lo único que escapaba de su boca era un chillido casi insonoro. Su ataque de asma era tan grave que ni siquiera podría gritar por ayuda.
Mayra continuó golpeando la ventana, incapaz de girarse hacia el hombre que quería lastimarla, y que permanecía silencioso como una tumba. ¡Por favor, Dios, déjame salir! Rogaba silenciosamente mientras continuaba intentando abrir la ventana, hasta que vio de reojo la escultura de metal de una bailarina de ballet que su abuela le había regalado hacía tantos años, descansando sobre una rústica mesa junto a la ventana. La tomó con ambas manos y la balanceó hacia atrás, poniendo sus últimas fuerzas en ambos brazos... pero no alcanzó a golpear la ventana. Cuando sus brazos batearon hacia delante, todo su cuerpo voló hacia atrás, siendo arrojado hasta el otro extremo de la habitación por una poderosa mano invisible.
El impacto fue duro, y su cuerpo se estrelló contra las estanterías de madera al otro lado del cuarto, junto a la puerta de entrada. Mayra perdió la escultura, la única arma que había podido tomar, cuando fue arrojada hacia atrás. Su espalda se azotó contra el mueble, enviando todo lo que contenía (libros, adornos, portarretratos, figuras de cristal) al piso junto con ella.
Tirada en medio de un lío de trozos de madera, libros abiertos, pequeñas figuras deshechas y pedazos de vidrio, Mayra supo que indefectiblemente iba a morir. Ya no podría ponerse de pie para intentar otra huída, y no creía poder lograrlo de todos modos. Él iba a matarla. Y su asma incluso se lo facilitaría. Mientras ella luchaba por lograr que una simple bocanada de aire entrara a sus pulmones, supo con certeza que era el fin. Ella iba a morir hoy. Prácticamente no ingresaba nada de aire a sus pulmones entonces, y en cuestión de minutos ella se desmayaría y permanecería inconsciente durante horas, permitiéndole a él hacer lo que quisiera con ella.
No... Voy a pelear hasta que él me mate, pensó con determinación mientras gateaba sobre la alfombra de su sala, moviéndose sobre sus rodillas y manos, sintiendo los vidrios incrustándose en sus temblorosas manos mientras avanzaba, sabiendo que estaría dejando un rastro de sangre a su paso.
Su respiración era dolorosa, una combinación de ahogadas inhalaciones rasposas seguidas por exhalaciones vacías. Su visión comenzaba a empañarse. Todo su cuerpo temblaba a medida que las fuerzas la abandonaban. Gateando, llegó hasta el viejo mueble que sostenía su pantalla de televisión, apoyó su pecho contra él y levantó su ensangrentada mano derecha hasta el primer cajón, lo abrió con dificultad y comenzó a buscar a tientas en su interior. No guardaba muchas cosas en él, sólo algunas baterías, una linterna, y lo que desesperadamente buscaba ahora: su inhalador.
Finalmente lo encontró, le quitó la tapa con sus dientes y, colocándose la base en sus labios, presionó el tubo de metal... y nada pasó. El inhalador estaba vacío. Lo tiró junto a ella y volvió a buscar en el cajón hasta encontrar el segundo. Vacío. Ni siquiera había tenido síntomas de su antigua asma durante años, y no recordaba la última vez que había tenido un ataque tan severo. Todos sus inhaladores estarían vencidos, y sin ellos no permanecería consciente por más que unos cuantos segundos.
No pudiendo mantener su cuerpo erguido por más tiempo, Mayra se giró y se dejó caer hacia delante, haciendo un esfuerzo por mantenerse sobre sus rodillas y manos, viendo las huellas de sangre que dejaban sobre su alfombra. Su cabeza colgaba hacia delante, todo su cuerpo a punto de colapsar, pero por alguna razón no se permitió caer sobre la alfombra, no mientras aún estuviera consciente.
Con creciente pánico, escuchó lentos y pesados pasos acercándose hasta ella. Él había permanecido alejado, viendo la escena desde una ventajosa posición de observador. Dos pasos más, y sus finos zapatos negros entraron en su línea de visión.
—Tú misma te hiciste esto, ¿sabes? —dijo con una voz imperturbablemente grave—. Yo no dije que iba a hacerte daño... sólo dije que debías morir.
Mayra no podía levantar su mirada hasta el rostro del hombre, pero el suspiro de resignación que dejó salir a continuación le dijo que estaba listo para terminar con ella.
—Bueno, al parecer voy a tener que arreglar esto —dijo, mientras comenzaba a caminar nuevamente, sus pies desapareciendo del borroso campo de visión de la pelinegra. La rodeó y se detuvo justo detrás de ella.
Mayra temblaba de terror mientras su cuerpo se esforzaba por continuar respirando. Él iba a matarla ahora. Ella lo sabía. Ella esperaba sentir un cuchillo clavándose en su espalda, o el seguro de un arma sonando detrás de su cabeza, o un par de manos estrangulándola por atrás. Y no había nada que pudiera hacer. No podía luchar, no podía gritar, no podía moverse. Sólo podía esperar que su muerte fuera rápida.
Sosteniéndose en manos y rodillas, mientras su agotada cabeza colgaba sin fuerzas de su cuello, pudo ver cómo Crow se arrodillaba detrás de ella, sus rodillas separadas, sus piernas encerrando las suyas. Se inclinó hacia delante y la tomó por el pecho, la mano derecha de él pasando sobre su hombro derecho, y la otra por debajo de su brazo izquierdo. La sujetó con firmeza y enderezó su torso lentamente, hasta que la agotada espalda de Mayra se encontró con el fuerte pecho de él.
Las manos de Mayra cayeron a ambos lados de su cuerpo, incapaz de arañarlo siquiera, y mucho menos liberarse de su agarre.
—Relájate —le susurró él, manteniendo el cuerpo de Mayra de rodillas frente al suyo—. Esto no dolerá.
Apenas un instante después, ella comenzó a sentir un cosquilleo en su pecho, que rápidamente se transformó en un calor abrasador fruyendo hacia su interior. Su cuerpo se estremeció, y su boca se abrió para gritar, pero en lugar de eso tomó una gran bocanada de aire. Una inhalación profunda y sin interrupciones, el aire pasando a través de su boca hasta sus pulmones una y otra vez, dándole a su cuerpo el alivio que tanto necesitaba. Sin poder evitarlo, Mayra dejó caer su cabeza hacia atrás mientras continuaba respirando, descansando sobre el ancho hombro de Crow.
Ambos permanecieron así durante varios minutos, ella respirando profundamente, y él sosteniendo su cuerpo contra el suyo, que de otro modo caería laxo contra el piso. Cuando Mayra finalmente levantó su cabeza del hombro de Crow, él aflojó su agarre, deslizando sus manos lentamente desde el pecho de la muchacha hasta sus hombros, pasando lentamente por sus brazos, hasta detenerse en las ensangrentadas manos femeninas. Las sujetó durante apenas unos segundos, enviando más de ese calor increíblemente relajante hasta su piel y, sin necesidad de mirar, ella supo que sus manos se estaba sanando.
Cuando él terminó, alejó sus manos de las de ella y se puso de pie, dejándola de rodillas en medio de la sala, respirando normalmente y sin un rasguño en su cuerpo. Ni siquiera había una gota de sangre derramada sobre su piel; era como si jamás se hubiera lastimado.
—¿Cómo...? ¿Cómo hiciste eso? —le preguntó ella en un susurro tembloroso.
Crow dejó salir una especie de gruñido que, al parecer, intentaba ser una risa, pero no llegó a serlo. —Eso es lo último en lo que deberías pensar ahora. —Se detuvo en medio del cuarto, una gran figura amenazante analizando su entorno—. Mira el lío que hiciste.
Mayra alejó su mirada de él entonces, y se sorprendió ante la visión que la esperaba: el living de su departamento estaba destrozado, como si hubiera sido sacudido de sus cimientos y dejado nuevamente en su lugar. Había objetos tirados por todas partes, trozos de vidrio esparcidos por todo el cuarto, sillas acostadas en el suelo. Cosas que ella ni siquiera notó había tocado, estaban tiradas al otro lado del cuarto. Y las grandes manchas y huellas de sangre por toda su alfombra gris completaban a la perfección el horrible escenario.
Crow dejó salir otro suspiro cansado mientras negaba suavemente con la cabeza. —Supongo que tendré que arreglar esto también, ¿verdad? —Le disparó una mirada fugaz a Mayra, que aún lo observaba de rodillas, y a continuación ondeó su mano derecha en el aire, abarcando toda la habitación mientras giraba lentamente en el lugar.
Nada sucedió al principio, hasta que un pequeño susurro comenzó a oírse en el cuarto, como si se tratara de una suave brisa pasando entre las hojas de un árbol, y de pronto todos los objetos del cuarto comenzaron a moverse. Los libros tirados regresaron a sus estantes, las sillas acostadas tomaron su lugar en la mesa, los trozos de vidrio se fundieron unos con otros hasta tomar su forma original y regresar a su lugar correspondiente.
Una vez más, Mayra no podía respirar, pero esta vez no era su asma el que se lo impedía, sino la total y completa incredulidad. No podía creer lo que veían sus ojos. En cuestión de segundos, todo su departamento regresó a la normalidad, como si nada extraño hubiera pasado allí. Giró su cabeza hacia la izquierda al escuchar un sonido en su sólida puerta de entrada, y se dio cuenta que había sido liberada de cualquier fuerza que la había estado manteniendo cerrada. Miró por sobre su hombro, hacia su habitación, y se sorprendió al notar que incluso su cama había sido hecha. Y eso sin mencionar las manchas escarlata por todo el piso del cuarto que habían desaparecido como por arte de magia.
—¿Cómo haces esto? —murmuró ella.
Luego de varios segundos, él dijo: —Espero que hayas disfrutado de tu patético intento de escape, porque no tenemos tiempo para más ataques de histeria, ¿comprendes?
—¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? —le preguntó ella, ignorando su tono de advertencia.
Crow gesticuló hacia el sofá negro de ella. —Siéntate. Tenemos que hablar.
—¿Quién eres? ¿Qué eres? —insistió Mayra.
—Dije siéntate —dijo Crow en una voz más irritada.
—¡¡¿¿Quién eres??!! —gritó Mayra, poniéndose de pie pero manteniéndose firme en el lugar, demostrándole que no se detendría hasta obtener una respuesta.
Crow estrechó sus ojos en ella, y un segundo más tarde avanzó a lentos pasos en su dirección. El cuerpo de Mayra le gritaba que corriera, que retrocediera, que se alejara de él, pero sabía que no debía hacerlo. Él no la dejaría ir de todos modos. Cuando llegó hasta ella, Crow analizó su rostro durante varios latidos antes de hablar.
—Soy un Crowtter —dijo simplemente. Al ver el ceño fruncido en el rostro de ella, agregó con una voz tenebrosa—: Un devorador de almas.
Ella se estremeció al oírlo, y su mirada vagó por el cuarto mientras asimilaba las palabras. —Yo no... No comprendo qué...
—Me alimento de almas —la interrumpió—. Existo única y exclusivamente para tomar las almas de ustedes, patéticos humanos... —escupió las palabras con desprecio y continuó—, antes de que mueran, de modo que sus pequeñas y frágiles almas puedan regresar en su próxima vida sin vestigios de las horribles muertes que sufrieron. Eso es lo que hago. Llego a ustedes antes de su muerte y les succiono el alma del cuerpo, dejando sólo lo necesario para que continúen viviendo en esos últimos momentos, y me alimento del resto para que, a través de mí, sus almas puedan continuar su camino y regresar a este mundo después... sólo para volver a morir y convertirse en mi cena nuevamente.
Cuando él terminó, ambos permanecieron en silencio, analizándose el uno al otro. Crow con tranquilidad y absoluto control, y Mayra con... absolutamente nada de eso.
—Así que tú... ¿quieres mi alma? —murmuró ella cuando finalmente encontró su voz.
Él le mostró una sonrisa torcida y dijo: —No, ya tomé tu alma anoche. —Se acercó un paso más y agregó—: Ahora quiero el resto de ellas.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Mar 28 Dic 2010 - 19:51


Capítulo 4

Crow
La última misión de Crow estaba resultando ser más complicada de lo que habría pensado. Hacía apenas unas horas, esta había llegado a su predecible final, dejándolo temporariamente satisfecho luego de haberse alimentado. Era una misión como tantas otras. Sólo un insignificante humano más.
Era sólo un alma más.
Sí, hasta que la estúpida humana muerta decidió… bueno, no permanecer muerta, pensó Crow mientras recordaba lo sucedido.
—Al parecer llegué a tiempo para el Happy Hour —había murmurado a medida que se arrodillaba junto a la recientemente fallecida muchacha, segundos después de su inexplicable resurrección. Ella lo miraba, pero no mostraba señales de entender lo que sucedía. Su cuerpo había continuado curándose a sí mismo, mientras su mente recobraba la consciencia poco a poco.
Apenas concentrándose, el Crowtter hizo lo que se suponía debía hacer antes de tomar un alma: detener el tiempo a su voluntad... excepto que esta vez nada sucedió. Por alguna razón, el tiempo no se detuvo. Algo molesto, se concentró aún más en lograr aquello que nunca había demandado más que un mero pensamiento de su parte, pero el tiempo continuaba avanzando. Dirigió entonces una fugaz mirada hacia el automóvil al otro lado de la calle, aún incrustado contra el gran árbol que lo había detenido finalmente, luego de atropellar a la joven. Con sólo una mirada suya, el coche retrocedió y se adentró nuevamente en la calle. Apenas un instante después, el destruido frente del coche comenzó a cambiar, reestableciendo —entre sonidos metálicos y agudos chillidos— su forma original, sin siquiera un rasguño que pudiera observarse. Eso significaba que el resto de sus habilidades se mantenían intactas y, sin embargo, Crow aún era incapaz de detener el tiempo.
Frunciendo el ceño, decidió lidiar con el pequeño inconveniente luego de terminar su misión. Entonces, sintiéndose un poco más animado ante la perspectiva de alimentarse nuevamente de tan delicioso sujeto, Crow tomó a la humana firmemente por los hombros, manteniéndola quieta sobre el asfalto. Sería la primera vez que se alimentara de un humano consciente, pero un alma era un alma, sin importar cómo la obtuviera. Decidió mantenerse un poco más tradicional en esta ocasión, posando su boca sobre el cuello de la muchacha en vez de sus labios. Tal vez ese había sido el motivo de su aparente resurrección. Él podría tomar el alma de una persona a través de su piel, sin importar de qué parte de su cuerpo se tratara, pero jamás lo había hecho a través de los labios de un humano. Por más agradable que se hubiera sentido, su curiosidad había sido probablemente la causante del problema.
Crow abrió su boca contra el cuello de la humana, percatándose de la extraña sensación de la sangre corriendo por las venas bajo sus labios. Sin perder el tiempo, afirmó su agarre de la joven y comenzó a aspirar, alimentándose de alma de la humana, asimilándola dentro de su ser para ser enviada hacia el siguiente plano de existencia… y se sorprendió ante el grito que la mujer dejó salir contra su oído. Al parecer, el detener el tiempo para tomar un alma no era un simple protocolo. El proceso demostraba ser extremadamente doloroso para un sujeto consciente.
Desafortunadamente para ella, a Crow no le importaba una mierda.
Con un fuerte gruñido, él simplemente la sujetó con más fuerza, manteniéndola inmóvil bajo su cuerpo, mientras aspiraba ferozmente la vida fuera de su cuerpo agonizante, pero le tomó unos escasos segundos el darse cuenta que no iba a funcionar. El alma de la humana se aferraba a su ahora completamente sano cuerpo, y el proceso de intentar arrebatárselo le provocaba una clara agonía. La espalda de la joven estaba duramente arqueada contra el suelo, sus uñas se clavaban en la espalda de su captor en un inútil intento por quitárselo de encima, y su voz salía en un constante grito de dolor.
Ahora totalmente irritado, Crow la liberó de su agarre, poniéndose de rodillas a su lado nuevamente. La muchacha se dejó caer sobre su lado, dándole la espalda. Mientras, entre gemidos y jadeos, se colocaba en posición fetal, todo su cuerpo temblaba, entrando y saliendo de un estado de semi-inconsciencia.
—¿Qué diablos voy a hacer contigo ahora? —le gruñó. Tras un segundo de vacilación, Crow decidió ponerla a dormir mientras lidiaba con toda la situación—. Duerme… —le susurró mientras rozaba la suave sien derecha de la chica con la yema de sus dedos. Instantáneamente, su cuerpo se relajó por completo mientras él obligaba a su mente a deslizarse hacia el vasto mundo de los sueños.
La estudió durante un breve instante, entonces la tomó fácilmente en sus brazos y se puso del pie, acunando el ligero cuerpo de la joven contra la manifestación de su fuerte pecho. Observó su suave y relajado rostro por un instante, hasta que el distante sonido de unas sirenas lo devolvieron a la realidad. Giró su cabeza rápidamente hacia su derecha, hasta el coche intacto que había chocado a la muchacha, y decidió que lo mejor sería dejarlo estrellado contra el árbol. En un parpadeo, el coche regresó al estado en el que se había encontrado antes, con su parte frontal incrustada contra el fuerte sauce de la intersección. El inconsciente conductor regresó a su posición original, con su ensangrentado rostro apoyado contra el volante.
Crow decidió borrar todo vestigio de la presencia de Mayra de la escena. Sería como si jamás hubiera estado allí, aunque eso no exoneraba al estúpido humano. El hombre había matado a una persona, y que su coche resultara destruido al estrellarse contra un árbol era lo mínimo que merecía. Por lo menos seguiría con vida… lo cual era más de lo que podría decir acerca de la mujer en sus brazos. Crow encontraría la manera de tomar su alma. Su momento había llegado, y no había forma de escapar de la muerte. Él jamás había dejado una misión sin cumplir, y no lo haría ahora. Esta mujer moriría, y nadie más que él tomaría su alma.
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Mensaje por Ellie el Sáb 1 Ene 2011 - 1:22


Capítulo 4 (Cont)
Crow

Luego de dejar a la humana durmiendo en su propia cama, el Crowtter fue en busca del único ser que podría darle las respuestas que necesitaba: su jefe. Le envió un mensaje mental solicitándole una audiencia, y sólo al serle concedida pudo manifestarse frente al gran Kormes.
Su recinto era tan vasto y oscuro como siempre lo había sido, pero eso no significaba que fuera menos sorprendente. Bajo sus pies, el piso de mármol gris se mantenía siempre inmaculado, y su temperatura congelada le mostró sin lugar a dudas que se encontraba en el lugar indicado. No había paredes en ninguna dirección, sino que el gran salón se extendía más y más, sin llegar a ningún final conocido. No había paredes ni puertas ni ventanas. No había manera de ingresar sin una invitación, y jamás podrías salir si él no deseaba que lo hicieras. Este era el dominio de Kormes, y quienes ingresaran a su juego, jugarían bajo sus reglas.
Aunque Crow no era conocido por su afinidad a jugar en equipo.
Sobre su cabeza no había ningún techo, sino un cielo desnudo, tan infinito como el salón en el que se encontraba. Los relámpagos y rayos tempestuosos eran lo único que perturbaba la calma absoluta del lugar… un fiel reflejo del temperamento actual de quien lo controlaba. Ahh… pensó Crow mientras sonreía maliciosamente, Kormes no está de buen humor hoy.
—¿Qué quieres? —La voz le llegó tanto mentalmente como a través de las bajas vibraciones en el aire siempre tranquilo del recinto.
Crow se giró hacia la voz a sus espaldas, sin sorprenderse ante la repentina aparición de su jefe, sabiendo que no había sido Kormes quien se había acercado, sino que Crow había sido atraído indefectiblemente hacia él. La figura incorpórea de su superior se mantenía siempre en movimiento, como si de una gran nube de humo blanco se tratara. Sí, esa era probablemente la mejor descripción que podría darle: humo. Un poderoso, inmaculado, fluctuante y resplandeciente humo blanco girando sin cesar en medio de incontables pantallas líquidas que le mostraban imágenes al azar, cambiándose tan rápidamente que ni siquiera los veloces ojos de Crow podrían seguirlas. Su blanca imagen parecía el epítome de la pureza, de la inocencia, de la eterna esperanza. Jamás una imagen fue más engañosa. Era en realidad muy similar a la verdadera forma de Crow, aquella invisible a los ojos humanos, aquella que debería estar manifestando en este momento en lugar del desnudo cuerpo humano que sabía molestaba tanto a su superior. Pero la oportunidad de molestarlo era demasiado buena para dejarla pasar, teniendo en cuenta lo que Crow había tenido que enfrentar en su última misión.
—Es bueno verte a ti también, Kormes. —Dijo Crow, ignorando su pregunta. Sobre su cabeza, las cargadas nubes negras se arremolinaban rápidamente. La tormenta parecía inminente, pero Crow sabía que no llovería. Jamás llovía en el recinto del gran Kormes, al igual que jamás lo iluminaban los cálidos rayos del sol. Aún no podía decidirse si era real o no, pero su mente se inclinaba a creer que era sólo una ilusión de su creador, aunque creía que la ilusión no iba dirigida hacia sus súbditos, sino hacia él mismo. ¿Para crear la ilusión de no encontrarse en medio de una eterna soledad, tal vez? Reprimiendo una sonrisa ante lo absurdo del pensamiento de Kormes sintiéndose nostálgico, preguntó—: ¿Cómo está yendo tu día hasta ahora?
Un gran rayo atravesó la tormenta en ese momento, su fuerza haciendo que cada partícula de su ser temblara tan violentamente como el inmaculado piso gris bajo sus pies, iluminándolo todo por un breve instante, y dándole a Crow la única respuesta que conseguiría.
—¿Qué quieres, Crow? —preguntó nuevamente, pronunciando el autoproclamado nombre lentamente, en un tono que destilaba desaprobación.
—Oh, así que estuviste observándome. ¿Qué querías que hiciera? Al enviarme con tanto tiempo de anticipación, asumí que querías que conociera un poco más al sujeto. —El tono de Crow era frío, mostrando su frustración—. Cuando ella preguntó por mi nombre, fue lo primero en lo que pude pensar. Tal vez la próxima vez que tenga algo de tiempo que matar antes de completar mi misión, debería simplemente decir la verdad. Tal vez incluso mostrar mi verdadero rostro…
Kormes ni siquiera se inmutó ante su amenaza, la gran nube resplandeciente continuaba con sus lentos movimientos, girándose de una pantalla a la siguiente. Crow sabía lo que estaba haciendo: las pantallas le mostraban las muertes que se aproximaban, y Kormes era el encargado de asignar las misiones a los miles de Crowtters bajo su poder. Una vez comunicada mentalmente, la misión era una obligación inquebrantable para el Crowtter asignado, y el alma extraída le ofrecía el sustento necesario hasta que la próxima misión le fuera encomendada. Siempre había funcionado así, y siempre lo haría.
El hecho de que Kormes no tomara jamás un alma él mismo permanecía siendo uno de los interrogantes que Crow aún no había podido descifrar.
Molesto ante la falta de atención, Crow continuó: —Sólo pensé en comunicarte que la extracción de mi última misión, Mayra Barker, fue exitosa. Aunque estoy seguro que ya lo sabías, teniendo en cuenta que vigilas cada una de nuestras misiones. —Hizo una pausa, aún siendo ignorado por su jefe, y agregó—: Debo decir que valió la espera… era un alma particularmente deliciosa. Gracias.
—¿Debo creer que has venido a agradecerme por una mísera alma? —La voz permanecía estable, pero Crow sabía que comenzaba a irritarlo. Podía sentirlo—. Has tomado millones. ¿Por qué es ésta importante?
Crow se encogió de hombros. —Tienes razón, no lo es. —Se mantuvo en silencio por unos segundos antes de agregar en un tono más relajado—: Eso era todo, Kormes, lamento haberte molestado. Estaré esperando mi próxima misión. —Se giró, dándole la espalda a su creador, pero dijo sobre su hombro—: Oh, a propósito… dejé a la muchacha durmiendo en su departamento. Buena suerte con ella…
Apenas pudo dar el primer paso antes de que todo su cuerpo se congelara en el lugar. Por primera vez durante esta audiencia, pudo sentir la mirada de su creador sobre él, taladrando la parte posterior de su cabeza.
—¡¿Qué?! —la voz de Kormes era ahora tan grave y poderosa que incluso eclipsó el estruendo de un rayo surcando el cielo sobre ellos. Su molestia se había transformado rápidamente en ira, una ira tan poderosa que incluso Crow podía sentirla en su interior—. ¿Qué acabas de decir?
El cuerpo de Crow se giró en contra de su voluntad, enfrentando la inmensidad de su creador, quien parecía ser cada vez más grande y poderoso. Entrecerró sus ojos ante él antes de decir: —¿Se supone que debo creer que no sabes de qué estoy hablando? Tú observas todas nuestras misiones últimamente, Kormes.
—Observo hasta el momento en que el alma es extraída, asegurándome de que mis órdenes sean cumplidas —dijo la gran entidad blanca mientras se acercaba a él lentamente, flotando sobre el gélido mármol gris.
—¿Por qué? ¿No confías en nosotros, K? —le preguntó Crow, apenas separando sus labios.
Su jefe no respondió, su imagen inmaculada se mantuvo imperturbable, sin rasgos ni formas apreciables, pero Crow tuvo la sensación de que, de tener un rostro, Kormes estaría observándolo con una ceja elevada en ese momento.
Él supo que debía continuar hablando. —La misión progresó sin problemas, nada fuera de lo normal… excepto tal vez por las horas de anticipación. —Ignorando la baja vibración de un aparente gruñido que llegó hasta él, continuó—: La humana murió en el momento indicado, en el lugar preciso, y la extracción se realizó sin inconvenientes. Yo permanecí en la escena por unos instantes antes de regresar... el tiempo justo para presenciar la milagrosa resurrección de la mujer. Su cuerpo comenzó a sanarse a sí mismo, su corazón volvió a latir... ella está viva. Intenté realizarle una segunda extracción, pero no fue posible. —Crow cerró ambas manos en puños a sus lados ante la frustración lo que debía admitir—. Fui incapaz de detener el tiempo una vez más para hacerlo, y el proceso no pudo completarse. La mujer tiene otra alma, puedo sentirla, pero se aferra a su cuerpo con una fuerza que no pude romper.
Kormes simplemente permaneció frente a él, su imagen arremolinándose en el lugar. El cuerpo de Crow fue liberado de su agarre invisible antes de que le ordenara: —Espera aquí. —Entonces la bola amorfa de humo blanco se evaporó frente a él, dejándolo solo en la inmensidad de un salón del que no podría salir.
Apenas unos segundos pasaron antes de que su superior regresara, ubicándose exactamente en el mismo lugar que había estado ocupando. Antes siquiera de que su imagen se manifestara por completo, dijo: —Técnicamente, tu misión no ha sido completada. Tus órdenes son: regresar con la humana, completar la extracción, y asegurarte de que su muerte sea definitiva.
El cuerpo de Crow se tensaba más y más por la ira. —Mi misión fue exitosa. Tomé su alma. Ella es ahora tu problema.
Kormes se acercó amenazadoramente a Crow, hasta que su incorpórea presencia prácticamente tocaba el pecho de Crow. —Tú obedecerás mis órdenes, Crow.
El interior de Crow ardía con una ira tan poderosa, que no sabía cuánta era suya, y cuánta provenía de su creador. —Bien... —dijo finalmente—. Pero mi habilidad de detener el tiempo debe ser reestablecida.
—No hay nada de malo con tus habilidades. —Le respondió su superior—. Simplemente no era el momento de usarla. Sólo puedes detener el tiempo antes de una extracción, cuando la muerte del sujeto es inminente. Tú esperarás por ese momento.
Los ojos de Crow se abrieron ampliamente. —Esperar... ¿esperar cuánto?
—El tiempo que sea necesario. Permanecerás en la Tierra, junto a la humana. No te apartarás de ella ni un minuto, y regresarás sólo cuando la misión haya terminado.
—¡No! —Gruñó Crow en exasperación—. No me quedaré allí esperando a que muera. Pido permiso para asesinarla yo mismo.
Un sonido parecido a una risa provino de la nube de humo antes de que dijera: —Denegada. —El torbellino de humo giró en la dirección contraria a la que se había estado moviendo, y Kormes se alejó lentamente de Crow, regresando al gran círculo de imágenes recorriendo cada pantalla flotante—. Tus órdenes son claras. Tenemos una forma de trabajar, y deberás respetarla. Regresarás sólo para informarme que tu misión ha sido exitosamente completada. No me defraudarás... Crow.
Al oír su nombre siendo despectivamente pronunciado una vez más, algo dentro de Crow explotó. No pudo contenerse antes de decir: —¿Así que te gustó mi nombre, no, Kormes? —Dijo su nombre con el mismo tono de desagrado con el que el suyo era pronunciado—. Tal vez si me hubieras dado un nombre, no tendría que haberme inventado uno. O, mejor aún, tal vez debería yo llamarte por tu verdadero nombre... ¿eso no te molestaría, verdad?
Aún sin que hubiera un rostro que mirar, Crow supo el momento exacto en que los ojos de su creador se clavaron en él. —Ten mucho cuidado con lo que dices, Crowtter... eres más prescindible de lo que crees.
Crow se mordió la lengua para no responder, y unos momentos después, se giró para alejarse de Kormes. Unos pasos más adelante, la voz de su superior volvió a hablarle, oyéndose tanto dentro de su cabeza como en la inmensidad del recinto. —Estaré vigilándote, Crow. —Esta vez, no había rastros de desprecio al pronunciar su nombre, lo que hizo que Crow sonriera con satisfacción. Aunque las siguientes palabras que escuchó aniquilaron esa sonrisa y helaron su sangre—. Y sólo para que lo sepas, acabo de ser informado que no es un alma lo que la joven tiene en su interior, aferrándose a su cuerpo. No es sólo un alma lo que deberás extraer. Son cuatrocientas setenta y tres.
Y, con eso, Crow fue expulsado del recinto de Kormes, y enviado de regreso a la habitación de Mayra Barker, quien continuaba soñando en su cama, mientras que Crow acababa de ser arrojado a una maldita pesadilla.
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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Jue 6 Ene 2011 - 3:46


Capítulo 4 (Cont)

Crow
Un par de horas después, la humana finalmente había despertado, y su completa irracionalidad ante los intentos de Crow de explicarse no lo habían sorprendido en lo más mínimo. Humanos... pensó, chasqueando mentalmente su lengua. Honestamente, si todos saben que inevitablemente van a morir... ¿por qué tanto alboroto cuando les llega el momento?
Una ahora muy despierta Mayra lo miraba con los ojos abiertos como platos mientras intentaba decidir si Crow estaba diciéndole la verdad, o si simplemente estaba loco... lo cual implicaría que ella también lo estaba, y que había imaginado todo lo que él acababa de hacer. Al parecer, esa segunda opción iba ganando.
—Así que tú... ¿quieres mi alma? —dijo ella finalmente con una voz temblorosa.
Crow no pudo evitar sonreír maliciosamente al recordar lo bien que se había sentido el alma de Mayra entrando en su cuerpo la noche anterior, alimentándolo, nutriéndolo. Su cuerpo se sentía más fuerte de sólo recordarlo. —No, ya tomé tu alma anoche —dijo, intentando esconder su sonrisa—. Ahora quiero el resto de ellas.
Claramente, la muchacha intentaba mostrarse fuerte, pero fallaba espectacularmente en ocultar su temor. Cuando Crow dio un paso adelante, acercándose aún más a ella, Mayra retrocedió, alejándose de él. Su pecho subía y bajaba agitadamente, pero Crow sabía que el aire llegaba a sus pulmones sin problemas. Él se había asegurado de que el asma de la mujer no les impidiera tener esta conversación. Cuando Crow se acercó un paso más, ella dirigió una rápida mirada hacia la sólida puerta de entrada de su departamento. ¿Planeas huir, Mayra?, pensó, sintiéndose extrañamente emocionado ante la idea de perseguirla.
—¿Qué quieres decir con que tomaste mi alma anoche? —Preguntó ella, retrocediendo un paso más y dando un respingo cuando su espalda chocó contra el televisor de su sala—. No pasó nada anoche...
—Tú moriste anoche —la interrumpió secamente—. Exactamente a las 3:18 A.M., un hombre alcoholizado te arrolló con su coche a dos cuadras de aquí. Tu cuerpo fue destrozado por el impacto, múltiples huesos se rompieron, incluyendo dos vértebras de tu cuello. Tu corazón se detuvo. La muerte fue casi instantánea, y yo tomé tu alma segundos antes de que eso sucediera.
La muchacha comenzó a negar repetidamente con la cabeza. —No. No, esto es una locura. ¡Eres sólo un maldito loco!
Crow ladeó un poco su cabeza, manteniéndose de pie frente a ella, analizando cada una de sus reacciones. —¿Lo soy?
—¡¡Sí!! —Le gritó ella en respuesta—. Si morí anoche... ¿¿cómo es que estoy aquí??
—Es curioso... —murmuró él—. Estaba a punto de preguntarte justamente eso. —Ante la expresión confundida de Mayra, agregó—: ¿Cómo lograste acumular tantas almas? ¿Brujería? ¿Hiciste un pacto con el diablo? ¿Qué?
La mujer pestañeaba rápidamente, frunciendo el ceño ante la interrogación de Crow. —¿De qué demonios hablas?
Ignorándola, el Crowtter continuó: —¿Cómo logras mantener el resto de tus almas luego de una extracción? ¿Cómo puede sanarse su cuerpo tan fácilmente luego de morir? ¿Son las mismas almas las que lo hacen, o tienes alguna clase de poder oculto, humana?
—Q... ¿qué? —tartamudeó ella, insegura de qué decir.
—¿Cómo supiste que los Crowtters no nos quedamos luego de una extracción? ¿Cómo podías estar segura de que no enviarían dos veces al mismo Crowtter por una de tus almas? ¿Cómo conseguiste todas esas almas? ¡Contesta!
—¡¡No sé de qué hablas!! —Le gritó Mayra, dando un paso adelante, enfrentando inconscientemente a un Crowtter enfadado.
Eso fue más de lo que Crow podría soportar. En un movimiento demasiado rápido para que los lentos ojos humanos pudieran seguirlo, tomó a Mayra por el cuello, dio un medio giro junto con ella en la sala y la empujó hasta la pared contraria al televisor. Ante el impacto, ella dejó salir el aire en un gemido de sorpresa, sus ojos abiertos de par en par en terror.
—¡Sabes exactamente de lo que hablo, Mayra! —gruñó Crow en su cara, sujetando el frágil cuerpo de la humana contra la pared. Él la sujetaba firmemente con su propio cuerpo, los pies de ella ni siquiera tocaban el suelo, poniéndolos a ambos a la misma altura. Mayra se sentía tan cálida y pequeña contra su cuerpo, que sólo le hacía imaginar las deliciosas almas que esperaban por él bajo la superficie de la piel—. ¡No pretendas que no lo sabes!
La muchacha se sujetaba con fuerza de la muñeca derecha de Crow, de la mano que la tomaba por el cuello. Obviamente, ella temía que fuera a estrangularla, a pesar de que Crow no podría hacerlo. Incluso la leve presión que él ejercía sobre el cuello de la mujer estaba restringida. El Crowtter podía sentir una invisible resistencia contra su sujeción. Él no podría matarla, por mucho que quisiera hacerlo.
Pero ella no lo sabe, se percató Crow.
—Tú robaste esas almas de alguna manera... y yo voy a tomarlas de regreso. —La voz de Crow era baja y sombría, y cuando Mayra comenzó a negar levemente con su cabeza, con restringidos movimientos por el aprisionamiento de Crow, la ira del Crowtter aumentó aún más—. ¡No lo niegues! —Le gruñó. Dejándose llevar por el hambre que esas almas despertaban en él, descendió su cabeza hasta el lado derecho del cuello de ella y aspiró profundamente, deslizando lentamente su nariz a lo largo de la suave línea—. No intentes engañarme, humana. Sé que están ahí... puedo sentirlas.
La mujer se estremeció en sus brazos, y pequeños sollozos escaparon de sus labios. —No, no... Por favor —le rogó entre llantos—. No lo hagas. Por favor.
Crow se irguió nuevamente, mirándola a los ojos. —¿Qué no haga qué? ¿Que no tome tus almas? —Ladró una pequeña risa antes de agregar—: Mayra, para eso estoy aquí. —Acercó un poco más su rostro al de ella cuando lo dijo, y cuando Mayra giró su cabeza rápidamente hacia un lado, lo desconcertó por completo. Estaba deliberadamente exponiendo su cuello a un Crowtter. ¿Acaso no sabía que era la parte del cuerpo más elegida para realizar las extracciones? En ese momento, un divertido pensamiento cruzó por la mente de Crow. Con una media sonrisa, preguntó—: ¿En realidad crees que voy a besarte? —Rió secamente antes de agregar—: En el único momento en que mis labios van a tocar tu cuerpo, Mayra, será antes de que mueras, para alimentarme de tu alma. Y, considerando la cantidad de almas que has robado, vas a alimentarme muchas veces.
Con eso, soltó su mano del cuello de la joven y la dejó ir. Ella cayó de pie junto a la pared, y cuando Crow caminó perezosamente hacia la ventana, su cuerpo tembloroso se deslizó lentamente hacia el piso, hasta quedar en cuclillas, con su espalda apoyada contra la pared de su departamento.
—Tengo órdenes de quedarme contigo hasta que la última de tus almas sea tomada... y eso nos deja mucho tiempo para que hables —dijo el Crowtter mientras observaba a través de la ventana el movimiento de las personas en las primeras horas de la mañana—. Será mejor que empieces a hablar pronto. Tarde o temprano, averiguaré cómo tomaste esas almas. —A sus espaldas, aún podía escuchar su temblorosa respiración, pero ella no dijo nada más—. Créeme, Mayra, no quieres tenerme como enemigo. El que no pueda matarte, no significa que no sea capaz de hacerte mucho, mucho daño.
Hubo un instante de completa calma, y apenas un latido después, unos rápidos pasos murieron con el fuerte sonido de la puerta de entrada del departamento al azotarse. Ella había hecho exactamente lo que Crow pensó que haría: huir. Sonriendo ante lo predecible de la naturaleza humana, el Crowtter se giró lentamente y, regresando a su forma original, dio comienzo a la cacería.
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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Miér 12 Ene 2011 - 1:08

Capítulo 4 (Cont)

Crow

Moviéndose rápidamente en su incorpórea forma original, ajena a los ojos humanos, Crow seguía de cerca a Mayra en su carrera por las calles. Ella debía de estar completamente atemorizada, pero aún así no había signos de miedo en su rostro, sólo resolución. Sus esbeltas piernas daban zancadas largas y estables, y sus sagaces ojos marrones miraban fijamente hacia delante, sin volver la mirada para asegurarse de que nadie la estuviera siguiendo. Crow no podía más que admirarla. Para ser sólo una joven humana, tenía una tenacidad y una fuerza admirables. Si no fuera por los cientos de almas que almacenaba su cuerpo avariciosamente, y la innumerable cantidad de deliciosas emociones que Crow había degustado de ella, Mayra en realidad podría ser un buen ejemplar de los suyos.
Antes de llegar a la siguiente intersección, Crow decidió dar por terminado el absurdo intento de escape. Se posicionó junto a ella y susurró en su oído: —¿A dónde vas, Mayra?
La muchacha se detuvo abruptamente, pasando su mano rápidamente por su oreja, como si la voz de Crow fuera un molesto mosquito zumbándole al oído. Miró rápidamente en todas direcciones, y al ser incapaz de verlo de pie junto a ella en su forma original, cambió de dirección y cruzó la calle a toda velocidad. Alcanzó a dar dos pasos sobre el asfalto cuando un coche familiar repleto de niños revoltosos frenó de golpe a su izquierda. Mayra apenas si pudo reaccionar, apoyando ambas manos sobre la capota del coche, mientras que la nerviosa mujer al volante le tocaba violentamente la bocina y le gritaba con una voz aguda que se quitara de su camino.
—¡Maldición! Estuvo tan cerca... —murmuró Crow justo detrás de Mayra.
Ella se giró hacia él mientras dejaba salir un corto grito de temor, antes de girarse y comenzar a correr nuevamente. Una vez más, Crow la siguió de cerca, pero esta vez sin ningún ápice de diversión. Se adelantó un poco a ella y la enfrentó, volviéndose visible apenas un segundo antes de que la pelinegra se chocara contra su cuerpo. Ella intentó frenar, pero estaba corriendo demasiado rápido como para evitar la colisión. Mayra lo chocó de frente y cayó pesadamente sobre la acera. Crow no hizo el más mínimo intento por evitar su caída.
—No puedes huir de mí, Mayra —le gruñó mientras ella lo observaba desde abajo, sus ojos desorbitados—. ¿No lo entiendes? Jamás podrás escapar de mí.
—¡¡No!! —sollozó la muchacha mientras se ponía torpemente de pie, ayudándose con sus manos sobre la áspera acera. Corrió varios metros en la dirección contraria al Crowtter antes de chocarse con un hombre robusto en un delantal blanco que salía de un almacén, cargando una caja repleta de vegetales. Mayra lo chocó de costado, perdiendo el equilibrio y cayendo nuevamente sobre la acera, haciendo que el empleado tirara su cajón de vegetales ante el impacto.
—¡Jesús! Ten cuidado niña... —la regañó el hombre a la vez que la tomaba del brazo en un intento por estabilizarla. Mayra ni siquiera lo miraba, sus ojos estaban fijos en Crow, quien se acercaba lentamente hacia ella, con una mirada muy poco amistosa en su rostro.
—¡Por favor! ¡Ayúdeme! —Rogaba la muchacha mientras trastabillaba hasta ponerse de pie detrás del hombre rechoncho al cual le llevaba casi media cabeza de estatura—. Llame a la policía. ¡¡No deje que me lleve!! —Gritaba ahora mientras sujetaba al hombre del brazo, utilizándolo en una especie de escudo humano contra un Crowtter que se acercaba cada vez más. Crow casi se echa a reír al pensar en lo fácil que sería para él deshacerse de ese patético hombre que se interponía entre él y el objeto de su misión.
—¿Qué? —Sobresaltado, el hombre se puso en guardia, como asumiendo el rol de protector de la muchacha que al parecer le había sido asignado. Mantuvo a Mayra a sus espaldas, mientras se enfrentaba a la dirección en la que los atemorizados ojos de ella no podían despegarse—. ¿De quién hablas, niña? ¿Quién quiere hacerte daño? —Le preguntó el trabajador, aún mirando directamente hacia el Crowtter que se acercaba a ellos.
—¡¡Él!! ¡Ese hombre! —Gritó ella histéricamente, señalando hacia delante por sobre el hombro del señor, apuntando a Crow.
—¡No hay nadie ahí! —Exclamó el hombre, de pronto sintiéndose exasperado al pensar que era el objeto de una broma callejera—. No hay nadie en este bloque excepto nosotros dos, niña... —Dijo el hombre y, girándose para mirarla con el ceño fruncido, agregó—: Si esto es alguna clase de broma...
—¿¿Cómo puede no verlo?? —Le gritó Mayra.
A menos de diez metros de ella, y aún acercándose, Crow pudo ver claramente cómo su cuerpo temblaba con temor. —Él no puede verme a menos que yo quiera que lo haga —dijo Crow, su voz estable y sombría—. Nadie puede verme, Mayra. Nadie puede ayudarte. Da la vuelta y regresa a tu departamento. Ahora. —Esa última palabra fue una clara advertencia. Le decía que era la última oportunidad que estaba dispuesto a darle.
A medida que se acercaba más y más a ella, Mayra fue retrocediendo, alejándose del ahora molesto hombre que había esperado la ayudara. Su cuerpo se mostraba agotado, sus manos temblaban sin control y su boca se movía una y otra vez. Crow tardó apenas un segundo en entender las palabras susurradas por la atemorizada mujer: “No eres real. No eres real...”
Continuó repitiéndolo una y otra vez mientras retrocedía torpemente en la acera, mirando a Crow sin siquiera pestañear. Un instante después, la muchacha se giró nuevamente y corrió. Exasperado, Crow en realidad rodó sus ojos y suspiró. No recordaba haber hecho eso jamás. Al parecer, si existía una persona capaz de agotar la paciencia de un ser inmortal sin emociones, esa persona era Mayra Barker. Afortunado yo..., pensó Crow mientras le enviaba una maldición mental a Kormes.
Esta vez, Crow no se molestó en seguirla. Ella estaba agotada y no podría continuar corriendo durante mucho tiempo más. En el momento en que sintió que ella se detuvo, escondiéndose detrás de una gran columna a dos calles de allí, Crow decidió que era hora de terminar con todo el asunto. Ya no jugaría limpio con esta humana.
Se trasladó al instante hasta donde ella se encontraba, manteniéndose oculto ante sus ojos. Mayra respiraba con dificultad, pero esta vez no era por su enfermedad, sino por el inútil esfuerzo de intentar huir de él. Sus mejillas estaban coloreadas, y una suave capa de sudor cubría su frente. Su cuerpo se mantenía de espaldas contra la pared, intentando hacerse lo más pequeña posible en su patético escondite a plena calle. Ella intentaba contener la respiración mientras sus grandes ojos llenos de pánico dirigían rápidas miradas en todas direcciones, esperando que Crow apareciera en cualquier momento, sin saber que ya se encontraba justo frente a ella, observándola, del mismo modo en que un depredador hambriento acecha a su presa.
El Crowtter la analizó en silencio durante un momento, preguntándose qué había de especial en esta humana. Sí, de acuerdo, era valiente, una luchadora por naturaleza, pero el alma que Crow había tomado de ella la noche anterior no le había dado indicios de que fuera extraordinaria de ninguna manera. Sus recuerdos habían sido variados y desordenados, como generalmente lo eran en una extracción. Sus emociones habían sido intensas y deliciosas, repletas de compasión, amor, alegría y tristeza. Mucha, mucha tristeza. Esta muchacha había sufrido mucho en su corta vida, teniendo que superar pérdidas importantes y largos momentos de soledad.
El sólo recordar el sabor embriagadoramente dulce de la tristeza de Mayra hacía que el hambre de Crow se incrementara en su interior. Si ella en realidad guardaba la cantidad de almas que Kormes le había dicho, esta podría llegar a convertirse en una misión deliciosamente extensa.
Ajena a su escrutinio, la muchacha comenzó a relajarse más y más, hasta que descansó su cabeza contra la pared, cerrando los ojos y dejando salir el aire muy lentamente, probablemente pensando que había escapado finalmente de sus garras. Sonriendo maliciosamente, Crow se acercó un paso más hacia ella, pero antes de que pudiera manifestar su cuerpo ante ella, algo inesperado pasó...
—¿Te encuentras bien, querida? —preguntó una pequeña anciana de voz naturalmente temblorosa. Era muy baja, con su cabeza repleta de blancos cabellos cubiertos por un sombrero con flores. Su rostro era amable, y sus ojos se mostraban llenos de preocupación.
Mayra se sobresaltó, abriendo sus ojos de pronto mientras dejaba salir un pequeño gritito. La anciana saltó junto con ella y, un segundo después, los ojos de la muchacha se suavizaron con alivio. —Oh, sí... estoy bien —murmuró, sonriendo nerviosamente—. Sí, eso creo... estoy bien.
Mmmm, tal vez pueda usar esto para mi beneficio, pensó Crow. Lo sopesó durante un segundo antes de manifestar su imagen justo detrás de la anciana. Fue muy cuidadoso de no manifestar su cuerpo totalmente sino, nuevamente, una imagen de él que solamente Mayra podría ver. —Si gritas, la anciana morirá. —Dijo amenazadoramente al volverse visible, mirando a Mayra directamente a los ojos.
La humana lo miró con horror y abrió la boca rápidamente, pero cuando Crow se acercó un paso más a la anciana, que le llegaba apenas hasta la mitad de su amplio pecho, el intento de grito de Mayra murió en su garganta.
—Estoy harto de tus huidas, Mayra. Ya es suficiente —le dijo amenazadoramente—. Date la vuelta y regresa a tu departamento.
Ella comenzó a negar rápidamente con la cabeza mientras murmuraba temblorosamente: —No eres real. No eres real. No eres real.
—¿Qué cariño? —Le preguntó la anciana con curiosidad—. ¿No soy qué, querida?
Ignorando a la inoportuna anciana, Crow entrecerró sus ojos y dijo: —¿Que no soy real? ¿Te atreves a decir que no soy real? —Gruñendo, agregó—: ¿Acaso podría hacer esto si no fuera real? —Entonces, con un rápido movimiento de su mano, le dio un golpe al sombrero de la anciana, haciéndolo volar fuera de su cabeza.
Mayra contuvo el aliento, mientras que la anciana frente a ella se inclinaba para recoger su sombrero de la acera, refunfuñando algo acerca del viento. —No. No... —rogaba la muchacha, su voz era menos que un susurro.
Crow se limitó a mirarla fijamente por un momento antes de decir: —Si no fuera real, ¿podría hacer esto? —Con un rápido movimiento, golpeó el gran bolso de la mujer en la dirección contraria a la que había sido arrojado su sombrero. El Crowtter no quitó sus ojos de los de Mayra mientras que la anciana maldecía y se agachaba nuevamente para recoger el contenido de su bolso regado sobre la acera. Un segundo después, él miró a su derecha, hacia la transitada calle que es extendía a sus espaldas. Girando lentamente su cabeza una vez más hacia la humana, dijo sombríamente—: Si no fuera real... ¿podría arrojar a la anciana delante del autobús?
—No. Por favor, no... —murmuraba temblorosamente la joven mientas pesadas lágrimas comenzaban a derramarse por sus mejillas.
Ignorando sus súplicas, continuó: —Si no soy real, no tienes nada de qué preocuparte, ¿verdad? —Miró fugazmente a la anciana entre ambos, aún recogiendo sus pertenencias en su bolso, y dijo—: Pero si lo soy, entonces deberías preguntarte: “¿Soy más rápida que él? ¿Puedo evitar que arroje a la anciana a la calle?” Vamos a descubrirlo en unos instantes, Mayra, y aún si no puedo matar a la anciana, apuesto a que un autobús puede llegar a lastimarla muy gravemente.
Mayra lo miraba con horror, su boca abierta, sus ojos repletos de lágrimas. —P-por favor...
Crow entrecerró sus ojos a ella antes de girarse hacia su derecha. Mirando el autobús que se acercaba rápidamente, dijo: —Diez, nueve, ocho, siete... —contó en forma regresiva, acercándose un paso más a mujer agachada frente a él.
—¡¡Está bien!! —Gritó Mayra con desesperación, haciendo que la anciana saltara del susto y le dedicara una mirada indignada—. Está bien... tú ganas —dijo mirando a Crow a los ojos mientras levantaba sus manos en señal de rendición y retrocedía lentamente, alejándose de la mujer que ahora probablemente pensaba que Mayra estaba demente.
Crow la seguía de cerca, acechándola sin piedad. Haciéndole un gesto con la cabeza, le señaló un callejón a unos cuantos metros detrás de Mayra. —Entra al callejón —le ordenó. Al oír la voz de la anciana a sus espaldas, Crow agregó—: Ignora a la anciana si no quieres que la lastime. Date la vuelta y entra al callejón —le ordenó una vez más.
Rígida por el temor, Mayra se giró, dándole la espalda a Crow, y entró al callejón frente a ella. Dio unos diez pasos antes de estremecerse al sentir las manos del crowtter sobre sus hombros. Al instante, mediante sólo su voluntad, ambos se encontraban en medio del departamento de Mayra.
Aún sujetándola por los hombros, Crow la hizo girar y, mirándola intensamente a los ojos, habló lenta y sombríamente: —Esto no es un sueño, Mayra. No vas a despertar y encontrarte con que no existo. No puedes cambiar el hecho que estoy aquí, no puedes huir y no hay lugar en el mundo en el que no pueda encontrarte. Tengo órdenes de tomar hasta la última de tus almas, y no me iré hasta lograrlo. No soy humano, no puedes matarte ni lastimarme de ninguna manera... no puedes deshacerte de mí más de lo que yo puedo deshacerme de ti, y eso significa que tendrás que convivir conmigo por un largo tiempo... a menos que hagas algo al respecto.
Mayra lo observó en silencio durante todo un minuto, su rostro aún brillando por el rastro de sus lágrimas. Intentando controlar su respiración, preguntó finalmente: —¿Qué tengo que hacer?
Crow sostuvo su mano derecha frente a ella. Como por arte de magia, una pequeña arma plateada apareció sobre su palma. —Suicídate —dijo fríamente. La observó atentamente, mientras que ella mantenía sus grandes ojos fijos en el arma. Por un momento, realmente pensó que ella lo haría, que tomaría el arma y se volaría los sesos, pero entonces algo cambió, algo en la mirada de Mayra dio un vuelco inesperado.
Oh, no..., pensó Crow. Sólo toma la maldita arma, Mayra. Pero era demasiado tarde, casi podía oír las piezas en la mente de Mayra encajando en su lugar. ¿Qué le había dicho él? No le había dicho realmente que no podía matarla... ¿verdad? ¿VERDAD? Mierda.
—Sabes que es la única salida, Mayra... sólo toma el arma. Has lo que debes hacer —intentó convencerla con una voz muy tranquila y persuasiva. Pero podía ver claramente que no funcionaría. Ella lo había entendido. Estúpidamente, Crow le había dado demasiada información... y había sanado sus heridas y curado su ataque de asma apenas unos minutos antes. ¿En qué diablos había estado pensando?
La muchacha encontró sus ojos, mostrando una resolución que hizo que Crow apretara su mandíbula fuertemente. —No —dijo simplemente—. Si ansías tanto verme muerta, tendrás que matarme tú mismo.
¡¡Mierda!!
Crow la miró durante un par de latidos, entonces dio un paso atrás y apuntó el arma directamente a la frente de Mayra. Ambos permanecieron en silencio durante un largo rato, Mayra retándolo a disparar, y Crow esperando verla flaquear. Pero ella no lo hizo. Ella ni siquiera miraba el arma que la apuntaba, sino que miraba fijamente los negros ojos del Crowtter.
—No puedes hacerlo, ¿verdad? —murmuró ella, con un dejo de humor casi audible en su voz temblorosa.
Crow apretó aún más su mandíbula, y dos segundos después, el arma desapareció de su mano. Se acercó muy lentamente a ella y, con una voz muy grave, dijo: —Te di una opción, y tú elegiste mal. —Frunció el labio antes de agregar—: Acabas de conseguirte un muy peligroso compañero de habitación... para el resto de tu vida.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Lun 17 Ene 2011 - 17:09

Capítulo 5
Mayra
Habían pasado dos semanas desde que Mayra conoció a Crow. Catorce días desde que había muerto y revivido... y al parecer no por primera vez. Trescientas treinta y seis horas desde que el devorador de almas había entrado a su vida, con el único propósito de terminar con ella. Y el desalmado e increíblemente apuesto Crowtter había ocupado su mente por completo durante... síp, prácticamente cada uno de esos minutos.
Mayra probablemente estaba volviéndose loca, pero no podía evitar pensar en él. Era, por lejos, el hombre más sexy que jamás había conocido. Su rostro anguloso y masculino era simplemente perfecto, y esos tenebrosos ojos negros que la observaban a cada momento, siguiéndola como un depredador a su presa, la mantenían permanentemente nerviosa... y, sin embargo, le gustaba. Era completamente ridículo, lo sabía, pero la forma en que la miraba, de una manera tan hambrienta, la hacía sentirse deseada. Lo cual era cierto, pero no por las razones correctas: Crow no la deseaba a ella, deseaba su alma. Deseaba alimentarse de ella.
Deseaba verla muerta.
Dios, necesito un psiquiatra..., pensaba Mayra, revolviéndose en su cama, nuevamente sin poder dormir. Porque no podía dejar de pensar en Crow. Otra vez. Crow en su departamento, a oscuras en la sala, iluminado solamente por la débil luz de la luna creciente que entraba por la ventana. Él no dormía, se lo había dicho el primer día, pero aún así Mayra intentó escapar en mitad de la noche varias veces, con la esperanza de que le hubiera mentido. En el instante en que salía de su habitación, ahí estaba él, sentado en su sofá en medio de la oscuridad, atento a cada movimiento que ella hiciera. Si intentaba salir por la ventana de su habitación, él aparecía del otro lado. Si intentaba salir por la puerta, él la trababa con su mente, haciendo que fuera imposible abrirla. Siempre estaba despierto, siempre alerta, siempre observándola. Aún en la total oscuridad, Mayra podía sentir sus profundos ojos negros centrados en ella, y cuando encontraba su mirada, esos insondables pozos de tinieblas la hacían estremecer.
Le gustaría poder decir que se estremecía de miedo, pero no era verdad. Había estado asustada cuando lo conoció, por supuesto, jamás había sentido tanto miedo en su vida, pero ahora... ahora la curiosidad había avasallado al temor. Mayra quería saberlo todo acerca de él, y no sólo porque no era humano y quería aprender acerca de los de su clase, sino porque quería conocerlo a él. Quería saber cada pequeño detalle de su infinita vida, cada secreto, cada costumbre. Quería saber tanto acerca de él como Crow quería saber de ella. Y del resto de los humanos. De modo que, de alguna manera, ambos habían llegado a un acuerdo tácito: Mayra respondía a las preguntas de Crow acerca de los humanos y sus costumbres inentendibles para él, y él satisfacía la interminable curiosidad de Mayra acerca de él y el resto de los Crowtters.
Hasta el momento, esto era lo que Mayra sabía: los Crowtters no eran humanos y jamás lo habían sido, no eran ángeles ni demonios ni ninguna otra clase de seres mitológicos conocidos por el hombre. Eran una raza completamente diferente, creada por el jefe de Crow, un tal Kormes, para ayudar a las almas de los humanos a pasar al otro mundo en forma ordenada y pacífica, y así lo habían estado haciendo durante milenios.
Los Crowtters no mueren porque técnicamente no están vivos. No comen ni duermen ni necesitan ninguna clase de sustento... excepto, por supuesto, las almas de las que se alimentan. No viven en la Tierra, pero cuando ella le preguntó dónde vivía Crow, él no le respondió. No tienen familias ni amigos, ni siquiera tienen nombres. Se comunican entre sí telepáticamente, hablando directamente unos con otros sin necesidad de mantener un contacto directo, y por ello no necesitan de un nombre ni ninguna otra clase de individualización. Eso continuaba siendo incomprensible para Mayra.
En cuanto a la alimentación, ese era definitivamente el tema que más le costaba entender a Mayra. Una vez que ella descubrió que Crow no podría matarla, no fue difícil convencerlo de llenar los espacios en blanco. Los Crowtters no mataban a sus víctimas, en realidad no tenían absolutamente nada que ver con sus muertes. Cuando una muerte se acercaba, Kormes se lo informaba a un Crowtter, quien acudía al lugar, detenía el tiempo, tomaba el alma del humano, y regresaba el tiempo a la normalidad para que la persona falleciera segundos después. Mayra aún no encontraba la manera de envolver su mente alrededor de todo el asunto. Según él, el hambre de un Crowtter era algo indescriptible, que se sentía en cada célula de su ser. No era solamente una sensación de vacío, sino más bien un tormento en permanente aumento que sólo podía saciarse al consumir las emociones acumuladas por un humano durante toda su vida.
Crow debía alimentarse varias veces al día, pero sospechaba que por lo general lo hacía durante la noche, mientras ella dormía. Sin embargo, ella podía reconocer de inmediato cuando Crow acababa de alimentarse: una mañana, al salir de la ducha, Mayra se dirigió a la sala y la encontró vacía, aunque no por mucho tiempo. Unos diez segundos después, él apareció a sus espaldas. Sintiendo su presencia, Mayra se giró rápidamente y lo que encontró en la mirada de él fue... satisfacción. Ambos se miraron en silencio por un momento, ella debatiéndose entre si quería saber si él acababa de alimentarse o si prefería no saberlo, y él incitándola a preguntarle. Luego de decidir que la ignorancia era una bendición en ciertas ocasiones, Mayra se giró y se dirigió a la cocina, seguida de cerca por Crow.
—¿Quieres algo de desayunar? —le preguntó ella sin razón, sabiendo que él jamás comía nada, pero sus nervios repentinos la traicionaban.
—No, gracias —le había respondido él—. Estoy satisfecho.
Cuando ella se giró para mirarlo, vio que él la observaba con la mirada oscura y una sonrisa torcida en su boca. Desde entonces, Crow se desaparecía durante apenas unos segundos varias veces al día, y ella pretendía no notar lo relajado que el Crowtter estaba al regresar. Nunca hablaron abiertamente de ello.
Hablaban acerca de muchas cosas, lo cual era inevitable teniendo en cuenta que él permanecía dentro de un radio de cinco metros de ella las 24 horas del día. No la mantenía prisionera, ella era libre de ir a donde quisiera, pero él no la perdía de vista ni por un instante. Una vez que Mayra se convenció de que Crow era real, a pesar de que continuaba siendo reacio a mostrarse ante otras personas, ella tuvo que establecer una serie de reglas: el baño era territorio exclusivo de humanos, y una vez que la puerta se cerraba, él no debía ingresar (lo cual era algo que no parecía molestarle, ya que el Crowtter no utilizaba las instalaciones jamás. Al parecer, cuando no estás vivo, no necesitas del baño); Crow debía evitar hablar con ella cuando ella hablaba con otras personas que no podían verlo (aunque él parecía ignorar a propósito esta regla, lo cual la volvía loca... y probablemente hacía que pareciera loca ante los demás); y, finalmente, no debía entrar a su habitación mientras Mayra dormía, una regla muy importante, considerando el susto que se llevaba cada vez que despertaba en mitad de la noche y lo encontraba de pie junto a su cama, sus ojos negros clavados en ella (una vez más, era una regla que él no parecía querer respetar, y el hecho de que el cerrojo en la puerta no lo detuviera no sorprendió a Mayra en lo más mínimo). Esta última regla era muy necesaria, aunque no tanto por lo tenebroso de que un ser fuera de este mundo la observara dormir, sino porque ella tendía a hablar dormida, y el soñar con él cada maldita noche parecía ser una constante broma de su subconsciente que ni siquiera era graciosa.
Ahora, acostada en su cama, despierta en mitad de la noche, Mayra no podía dejar de pensar en el Crowtter en la otra habitación. ¿Qué estaría pensando él ahora? ¿Estaría pensando en ella tal vez? ¿La desearía tanto como ella a él? ¿Podía siquiera “desear” como un hombre real? Y si así fuera, ¿podría en realidad hacer algo al respecto? Oh, Dios, espero que sí, pensó Mayra lastimosamente, las cosas que yo disfrutaría de hacerle... ¡Infiernos, Mayra, ya basta! Se regañó a sí misma, pero era demasiado tarde. Los pensamientos de Crow y ella juntos ya se habían instalado en su mente, las claras imágenes reproduciéndose una y otra vez.
Oh, Dios, necesito un psiquiatra urgente... Esto ya ni siquiera podía ser catalogado como Síndrome de Estocolmo... Crow no era un simple secuestrador en busca de dinero, ¡sino que en realidad lo que quería tomar de ella era su vida! Y ella no sólo ya no intentaba huir de él, sino que estaba cada vez más obsesionada con él. Quería conocer cada faceta, cada pequeño detalle de Crow. Lo deseaba con fervor, y quería que él la deseara de la misma manera. Fantaseaba con él durante todo el día, y soñaba con él cada noche... Necesitaba urgentemente hacerle una intervención a su propio cerebro. ¿Alguien dijo psiquiatra? ¡¡PSIQUIATRAAAAA!!
Finalmente, luego de otra media hora de dar vueltas en la cama y de reírse de su propia estupidez, Mayra cayó dormida. Sorprendentemente, no soñó con Crow, sino con Charly, acerca de cómo había conocido a su mejor amiga dos años atrás, cuando Mayra había estado en la fiscalía haciendo una investigación acerca de un asesinato en los años cincuenta para escribir un trabajo acerca de los avances en los métodos de recolección de evidencias de escenas del crimen, y cómo sería manejado el caso en la actualidad. Charly acababa de ingresar como pasante en la sección de archivos de la Fiscalía, y para la tercera visita de Mayra a los archivos, ambas ya eran amigas. Dos años después, Charly se había graduado de la escuela de leyes y había escalado su camino hasta la Oficina Principal de la Fiscalía, mientras que Mayra se encontraba a sólo un par de exámenes y una tesis de obtener su título de Licenciada en Criminología y Ciencias Forenses. El recuerdo era real, pero el sueño era algo extraño, ya que Mayra era la pasante interina, mientras que Charly era quien investigaba el asesinato. Era algo bizarro ser Charly, pero aún así era menos perturbador que tener sueños húmedos acerca de su potencial asesino.
Sin embargo, al poco tiempo una sacudida en la cama alejó a Mayra de su sueño. Abrió los ojos y se sorprendió al encontrar el masculino rostro de Crow justo frente al suyo. Estaba sentado en el borde de la cama, su cuerpo girado hacia ella. Sus fuertes manos descansaban en el colchón a cada lado de su cuerpo, aprisionándola debajo de él.
Mayra intentó sin éxito incorporarse sobre la cama. —Crow, ¿qué...? —La pregunta murió en sus labios al ver la forma en que él la miraba. Su mirada estaba fija en los labios llenos de Mayra, y sus ojos negros brillaban de deseo. Muy lentamente, Crow ladeó su cabeza, analizando el rostro de Mayra debajo del suyo. En ese momento, ella supo exactamente por qué había entrado a su habitación, y supo que no era un alma lo que quería de ella.
—Quiero saber... —murmuró él, aún mirando intensamente sus labios—. Quiero saber lo que se siente.
Durante varios latidos, Mayra no pudo decir nada. Simplemente se quedó en silencio en la oscura habitación, escuchando su acelerado corazón ante el intenso escrutinio de Crow. —¿Y si digo que no? —Murmuró temblorosamente—. ¿Si no quiero acostarme contigo?
Él levantó una ceja oscura y sonrió ligeramente. —¿Estás diciendo que no? —Ante el silencio de Mayra, bajó su rostro hasta su oído y le susurró—: He notado la manera en que me miras, Mayra. Sé que me deseas, y sé que sueñas conmigo cada noche. Así que dime que no... Te reto a que lo hagas.
Mayra tuvo que cerrar sus ojos ante la seductora voz de Crow junto a su oído, su cálido aliento haciéndole cosquillas, su aroma embriagador (no artificial como el de una colonia, sino un aroma naturalmente varonil que despertaba todos sus sentidos). Cuando él presionó su ancho pecho contra los senos de Mayra, todo su cuerpo se estremeció, y ella supo que no habría forma de negarse a él.
Crow deslizó su rostro muy lentamente desde su oído hasta llegar a sus labios, y el beso que depositó en ellos fue lento y tentativo. Duró apenas unos segundos antes de que él se alejara un poco, manteniéndose a escasos milímetros de los labios de Mayra, provocándola con su aliento acelerado. Un instante después volvió a besarla, y cuando ella se sujetó de los fuertes hombros masculinos, él presionó más su cuerpo contra el de Mayra, mientras que su boca se abría contra la de ella. Su beso era ahora intenso e implacable, sus labios explorando los de ella, sus lenguas bailando juntas, sus filosos dientes mordiendo ligeramente el labio de Mayra, volviéndola loca. Ella estaba líquida ahora, completamente entregada a él, y cuando pasó sus manos por el cuello de Crow, acercándolo aún más a ella, él emitió un bajo gruñido antes de alejarse.
Jadeando, con los labios húmedos y ligeramente separados, Crow la miró hambriento por un segundo antes de apartar con un rápido movimiento las sábanas que se encontraban entre ambos. Mayra ni siquiera se había percatado que estaban allí, pero definitivamente se alegraba de que ya no se interpusieran entre sus cuerpos. Ahora, vistiendo solamente un jean negro que le sentaba pecaminosamente bien, Crow se extendió sobre ella y la besó con una urgencia que la tomó por sorpresa. Con un agudo gemido, Mayra lo tomó por los hombros desnudos, sintiendo cada uno de sus tensos músculos, anhelando sentir cada suave músculo de su cuerpo contra el suyo.
Crow introdujo un ancho muslo entre sus piernas, presionándose contra sus caderas, dejándole saber qué tanto la deseaba. Ardiendo de deseo, Mayra le dio la bienvenida con gusto, flexionando una de sus piernas contra un lado de la cadera de Crow, planeando que la otra la siguiera muy pronto, mientras sus manos descendían lentamente por la ancha espalda de él. Sus bocas aún se encontraban en un beso arrasador, devorándose la una a la otra, con una urgencia implacable por obtener más.
Crow abandonó sus labios por un momento, dejando un camino de ardientes besos hasta llegar a su cuello. Deslizó su mano izquierda por debajo de la camiseta de Mayra, subiendo lentamente por su estómago hasta llegar a sus pechos. Acarició muy suavemente uno de sus senos, sintiendo lentamente su delicada forma antes de presionar más sus caricias, torturando maliciosamente el ahora endurecido pezón.
—Oh, Dios... Crow, sí —murmuró ella, arqueándose debajo de él. Él continuó besando y mordiendo un lado de su cuello, y cuando murmuró algo contra su piel, la agitada respiración de Mayra no le permitió entender sus palabras—. ¿Qué...?
Crow murmuró algo inentendible una vez más antes de morder su cuello en una forma placenteramente dolorosa. Mayra dejó salir un grito de placer, y no pudo evitar clavar sus uñas en la fuerte espalda de Crow. No quería que él se detuviera, pero se moría por saber qué estaba diciendo. Quería saber exactamente lo que él deseaba, lo que quería de ella, para darle eso y mucho más.
—¿Qué dijiste Crow? Dímelo, por favor... Dime qué sientes, dime qué quieres —susurró ella mientras sentía como si su cuerpo fuera a estallar en llamas.
Esta vez, Crow se detuvo antes de hablar, y cuando Mayra pudo entender las palabras claramente, supo de inmediato que algo no estaba bien.
—Dije que estoy hambriento, Mayra... —Las palabras eran tan frías y distantes que enviaron un fuerte escalofrío por todo el cuerpo de la joven. Un instante después, la presión del cuerpo de Crow sobre el suyo desapareció, dejándola liviana y sintiéndose extrañamente sola sobre su cama. Con un sobresalto, ella abrió sus ojos rápidamente, despertándose del sueño en el que estaba tan plácidamente sumida. Le tomó un segundo el darse cuenta que el verdadero Crow estaba sentado junto a ella, aprisionándola con sus brazos, observándola exactamente como en el comienzo de su sueño—. Tengo hambre... —Lo escuchó decir una vez más, y la oscuridad en su voz hizo que su corazón corriera de puro terror.
Sintió la boca de Crow presionarse contra su cuello, los labios abiertos contra su cálida piel, sus fuertes manos sujetándola por los hombros sobre su cama. Intentó gritarle que se alejara, pero era demasiado tarde. Una ráfaga gélida punzó en su cuello antes de dar paso al dolor. Un segundo después, la agonía invadió su cuerpo por completo mientras que el Crowtter comenzaba a succionar su alma.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Dom 30 Ene 2011 - 21:24

Capítulo 5 (Cont)

Mayra
Durante un largo tiempo, Mayra no pudo sentir otra cosa más que dolor. Su cuello se sentía dolorosamente congelado, ahí donde los labios del Crowtter le daban el beso de la muerte, en un persistente intento por robar su alma. Ella quiso gritar, pero la agonía había desvanecido su voz. Intentó apartarlo, pero ni siquiera tuvo las fuerzas suficientes para interponer sus manos entre su cuerpo agonizante y el del hombre que la mantenía prisionera con el peso del suyo.
Los segundos parecían alargarse infinitamente, y muy pronto Mayra se encontró deseando morir, deseando que Crow terminara de una vez por todas de tomar su alma. Pero, por algún motivo, la muerte no venía a su encuentro. Un momento después, el cuerpo de Crow se tensó aún más y, sujetándola fuertemente por la nuca, incrementó con furia su mordida. Aún cuando Mayra no lo habría creído posible, el dolor en su cuerpo se incrementó. El terrorífico sonido susurrante que llegaba a sus oídos creció, absorbiendo el resto de los sonidos de la habitación, recordándole el silbido del viento soplando furiosamente entre los árboles en las tormentosas noches de verano. Excepto que este sonido no era del viento, era algo perverso que crecía en ira e impaciencia: era el sonido de Crow intentando matarla. Una punzada gélida atravesó su cuello, llegando directamente hasta su espina dorsal, haciendo que todo su cuerpo se arqueara tensamente. Él probablemente había apuñalado su cuello con algo... con algo muy, muy frío.
Pero, apenas un segundo después, el dolor desapareció tan rápidamente como empezó. El Crowtter la liberó de su agarre y abandonó el borde de la cama en el que había estado sentado junto a ella. Con una larga y rasposa inhalación, Mayra respiró nuevamente a la vida, sin siquiera haberse percatado de que no había podido respirar en todo ese tiempo. Mientras todo su cuerpo temblaba fuera de control, ella se arrastró sobre su cama y cayó duramente al piso. Ignorando el golpe y la falta de respuesta de su cuerpo, le ordenó a sus pies y manos que se arrastraran hasta el rincón más lejano de la habitación y, cuando una pared le impidió continuar alejándose, se apoyó contra ella, acostándose en el piso en posición fetal, mientras sus pulmones se esforzaban por tomar más y más aire, y todo su cuerpo intentaba acostumbrarse a la repentina ausencia de dolor.
Se llevó la mano izquierda hasta el cuello, temiendo sentir su garganta desgarrada. Esperaba encontrarse bañada en sangre, pero se sorprendió cuando vio que la palma de su mano regresaba limpia y pálida. Ni siquiera una gota de sangre había sido derramada. Mientras sus fuerzas regresaban poco a poco, se preguntó como era posible que Crow hubiera podido inflingirle tanto dolor sin en verdad lastimarla, pero un extraño temblor la sacudió de sus cavilaciones. Las paredes y el piso debajo de ella temblaban notablemente, mientras que su cama parecía moverse hacia un lado y todos los objetos de su habitación vibraban ante el fuerte temblor. Cuando un fuerte sonido de baja vibración llenó sus oídos, le tomó un segundo el darse cuenta de dónde provenía. Era Crow. De pie en medio de su habitación, con la mirada hacia el techo y las manos formando dos garras frente a él, creaba el temblor con un grito. No, no un grito... un rugido.
El temor que Mayra sintió por el Crowtter antes era ahora eclipsado completamente ante el aterrador rugido que salía de él. Ella se llevó las manos hasta sus oídos un segundo antes de que los encendidos ojos negros de Crow se centraran en ella.
—¡¡Maldita sea!! —Gritó una vez más hacia el techo, antes de girarse nuevamente y avanzar hacia ella—. ¡Dámelas, Mayra! ¡Dame esas malditas almas ahora!
Él se mantuvo de pie frente a ella, irradiando furia por todos sus poros, centrando su insondable mirada negra en ella. Con un mayor esfuerzo del que creía necesario, Mayra se incorporó lentamente hasta sentarse, apoyando su espalda contra la pared. Todo su cuerpo se sentía agotado, a pensar de que ya no sentía ninguna clase de dolor. Si el agonizante recuerdo de lo que acababa de sucederle no estuviera grabado a fuego en su mente, ella probablemente no podría saber que había sentido semejante agonía.
—Yo no... no sé... —Las palabras que salían de sus labios eran apenas un susurro, mientras que su pecho continuaba subiendo y bajando rápidamente—. No sé de qué hablas... Yo no tengo esas almas, yo no...
Rápidamente, Crow se acercó un paso más y se arrodilló justo frente a ella. Sujetándola fuertemente por los hombros, la sacudió una vez mientras acercaba su rostro peligrosamente al de ella. —Deja de mentir, humana. Sé que tienes esas almas —hizo una pequeña pausa para acercarse más a ella y, con la mirada fija en su cuello, gruñó entre dientes—: Puedo sentirlas...
Al ver que Crow inclinaba ligeramente su cabeza y se acercaba más a ella, Mayra entró en pánico. —¡No! ¡No, aléjate! ¡¡Aléjate malditamente de mí!! —Le gritó con desesperación.
—No. No puedo —murmuró el Crowtter con una voz muy grave. La miró a los ojos durante un segundo antes de que su hambrienta mirada se posara nuevamente en su cuello—. Tengo hambre...
Al escuchar esas palabras una vez más, sabiendo lo que significaban, sabiendo que él intentaría alimentarse de ella nuevamente, la poca entereza que le quedaba a Mayra se desvaneció. La impotencia la embargó por completo justo cuando su cuerpo comenzaba a temblar. Le tomó un momento el darse cuenta que estaba llorando. —Por favor... —susurró a medida que más y más lágrimas caían pesadamente por sus mejillas—. Por favor, sólo vete. Sólo desaparece. Sólo déjame sola. Por favor...
Crow la observó por un largo rato, aún sosteniéndola por los hombros. La intensidad en su mirada no cambió, pero Mayra creyó ver cómo la furia era reemplazada lentamente por otra cosa. ¿Lástima? ¿Curiosidad? No lo sabía.
El Crowtter ladeó su cabeza en un gesto al parecer de curiosidad. Entonces, en un movimiento demasiado rápido para que Mayra pudiera interceptar, llevó su mano derecha hasta la línea del mentón de ella, atrapando una lágrima a punto de caer. Pareció analizarla por un segundo, sintiendo la humedad entre sus dedos antes de encontrar su mirada nuevamente, entrecerrando sus brillantes ojos negros a los agotados orbes marrones de ella en un gesto de aparente sospecha.
—Sólo vete... —susurró ella una última vez, intentando controlar el mar de lágrimas que caían de sus ojos.
Un instante después, Crow desapareció sin que ella pudiera seguir sus movimientos. Cuando una tenue luz invadió la habitación, ella recién se percató de que estaba de pie al otro lado del cuarto, manteniendo abierta la puerta que daba a la sala. —Te dejaré por esta noche —dijo secamente, dándole la espalda a ella y al resto de la habitación—, pero voy a encontrar la manera de tomarlas, Mayra. Y sólo porque no has muerto en estas dos semanas, no te confíes en que no morirás. Vas a morir pronto y, cuando lo hagas, encontraré la manera de tomarlas a todas... o tendrás que morir más veces de las que podrás soportar.
Ambos permanecieron en sepulcral silencio durante varios latidos, y cuando Crow dio un paso fuera de la habitación, Mayra murmuró: —No si yo encuentro la forma de matarte antes.
El Crowtter se detuvo en el umbral y, dejando salir un intento de risa, dijo: —Buena suerte con eso. —Entonces salió de la habitación, cerrando la puerta tras de si, sumiendo a Mayra en una oscuridad casi tan absoluta como la que sentía por dentro.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 26 Feb 2011 - 2:07

Capítulo 5 (Cont)

Mayra
Media hora después, el abdomen de Mayra aún se sentía adolorido por haber reído tanto.
Luego del pequeño acto de apuñalar-mi-propia-mano-no-humana-con-un-tenedor, el Crowtter no volvió a hablar con ella. Se sentía extraño tener tantos minutos seguidos libres de bizarras preguntas, aunque la muchacha sabía que su recién adquirida tranquilidad no duraría mucho tiempo. Después de todo, Crow estaba en ese momento frente al televisor de la sala, mirando atentamente un episodio de Jackass en MTV y, por Dios, si existía un programa de televisión que produjera un millón de preguntas sin respuesta acerca de la naturaleza humana, definitivamente era ese.
Mientras se vestía para salir, Mayra intentaba resolver qué les diría a Jackson y a Charly para justificar su total desaparición por dos semanas consecutivas. La fecha límite para entregar su tesis en la Universidad era hoy, y aunque había conseguido posponer la exposición oral un par de semanas más cuando alegó a sus profesores haber tenido una emergencia familiar, algo le decía que sus mejores amigos no caerían ante esa mentira. Después de todo, ellos sabían que Mayra no tenía familia.
Ya no la tengo, por lo menos, pensó mientras dejaba salir un pesado suspiro y se deslizaba dentro de unos pantalones formales negros que odiaba usar porque acentuaban su trasero demasiado redondeado. Pero algo le dijo que vestir unos jeans gastados y una camiseta demasiado grande para su cuerpo no sería bien visto al momento de entregar su tesis final de Criminología.
Dando un suspiro resignado, tomó una camisa color borgoña que llevaba colgada en el último rincón de su armario desde que tenía memoria, y le frunció el ceño a las miles de arrugas que inevitablemente la decoraban. Estaba a punto de abrir la puerta para salir de su habitación cuando se percató que sólo tenía puestos un par de pantalones y un sostén negro de encaje. Vaciló un segundo, debatiéndose entre regresar a su armario por una camiseta o pasearse en ropa interior en frente del Crowtter. No es como si a él fuera a importarle..., pensó irritada. Finalmente decidió que, aunque Crow probablemente no la miraría dos veces, ella no se sentiría cómoda permaneciendo en su ropa interior en la misma habitación que él. A menos que él también se deshaga de su ropa, por supuesto, pensó con una media sonrisa mientras tomaba una camiseta que descansaba sobre su cama y se la ponía desordenadamente.
Saliendo de su cuarto, se dirigió hacia el mueble en su cocina donde guardaba su plancha y la tabla de planchar, no sin antes echarle un vistazo a Crow, quien estaba ahora sentado sobre su mesa de café, con las piernas cruzadas, a menos de un metro de la pantalla del televisor. Como lo había predicho, él ni siquiera la miró, en cambio giró un poco su cabeza como lo haría un pequeño perro curioso, mientras observaba cómo Steve-O se dejaba picar el trasero por un escorpión.
Ohhh, las preguntas que Mayra veía en su futuro...
—Vas a quedar ciego si miras la televisión tan de cerca, ¿lo sabías? —le dijo ella mientras se dirigía a la cocina.
—¿No se supone que ustedes los humanos deben intentar no ser picados por criaturas potencialmente mortales? —preguntó Crow mientras fruncía el ceño y ladeaba su cabeza en hacia el lado contrario—. Creí que tenían instinto de supervivencia.
—Lo tenemos... —respondió ella mientras abría la larga puerta de la alacena de su cocina y extendía la tabla de planchar frente a ella—, es sólo que algunas personas tienen otros instintos más desarrollados. Como tus amigos de Jackass, por ejemplo, tienen altamente desarrollado su instinto de la estupidez.
Aún sentado sobre la aparentemente súper resistente mesa de café, Crow se giró hacia ella para observarla en el otro extremo del departamento. —¿Entonces la estupidez es un instinto? Tenía entendido que era...
De repente, Crow se calló y se volvió rígido, manteniéndose completamente inmóvil y con la mirada fuera de foco. Mayra ya lo había visto ponerse así antes... le había puesto los pelos de punta al principio, pero teniendo en cuenta que solía suceder varias veces al día, muy pronto se había acostumbrado. Era como si el Crowtter se tildara por unos instantes y, por más que lo intentara, Mayra no podía lograr que reaccionara. Apenas si duraba unos segundos, y cuando al parecer volvía en sí, él hacía de cuenta que nada había pasado. Ella sabía que tenía algo que ver con su alimentación, pero no tenía el valor suficiente para preguntárselo. No importaba cuántas veces él le explicara la necesidad cósmica de reciclar almas, aún se sentía como si los Crowtters fueran asesinos despiadados.
—Oh, genial... ¿Tienes una falla en el sistema operativo, Crow? ¿Necesitas que presione tu interruptor de reinicio? ¿O qué tal tu botón de apagado? Definitivamente me gustaría presionar ese... —Se burló Mayra, observando a la distancia la imponente figura inmóvil de Crow, que nada tenía que envidiarle a la más perfecta estatua griega. Y el hecho que él fuera tan perfecto e irresistible lo hacía inmensamente más irritante.
Un segundo después, Crow pestañeó y volvió en sí, dirigiendo rápidamente su mirada hacia Mayra, como si quisiera asegurarse de que aún estaba allí.
—Ah, ¡hola! —dijo ella—. Bienvenido nuevamente. ¿Disfrutaste de tu pequeño viaje a catatonilandia? —Él no le respondió, en su lugar se incorporó, poniéndose de pie muy lentamente hasta permanecer entre el televisor y la mesa ratona. Sus ojos negros estaban fijos en ella, y la falta de expresión en su rostro la alarmó—. Emm... ¿estás bien? —le preguntó.
Crow asintió lentamente, aún sin despegar su mirada de ella.
—Ooook... —murmuró mientras acomodaba su camisa sobre la tela acolchada de la tabla de planchar—. Y después dices que los humanos somos los extra... —Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, y de pronto Mayra olvidó lo que estaba diciendo. Nada en realidad había ocurrido, pero se sentía extraña. Un temblor frío recorrió su cuerpo, mientras que un pequeño calor picaba a un lado de su cuello. Movió la cabeza rápidamente, como para sacudirse la sensación, y se sobresaltó al ver que Crow estaba de pie justo a su lado—. ¡¡Jesucristo!! —Gritó mientras se llevaba una mano hacia su corazón—. ¡Deja de hacer eso, Crow! ¿Acaso es tan difícil hacer un poco de ruido cuando te mueves?
El Crowtter no le respondió, ni siquiera se movió, simplemente se le quedó mirando, aunque su presencia no parecía amenazante, sino más bien pacífica, relajada. Sus ojos negros estaban fijos en ella, pero parecían menos... tenebrosos.
Poniendo los ojos en blanco, Mayra decidió ignorarlo y terminar de prepararse antes de que se le hiciera tarde. Girándose, tomó el extremo del cable de la plancha para enchufarla a la corriente. —O aprendes a hacer ruido como una persona normal, o me veré obligada a colgarte un cencerro del cuello para que...
Lo siguiente que Mayra supo fue que estaba acostada de espaldas en el sofá, con Crow sentado sobre la mesa de café frente a ella, mirándola atentamente. —¿Qué...? ¿Qué estoy haciendo aquí? —preguntó confusa mientras pestañeaba una y otra vez.
—Yo te traje hasta aquí —respondió Crow simplemente.
Mayra le frunció el ceño. —¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucedió?
—Moriste.
—No, no... —Balbuceó ella, sin escucharlo en verdad—. Quiero decir... yo estaba en la cocina. ¿Qué estoy haciendo aquí? —Frunció aún más el ceño mientras olía el aire—. ¿¿Y qué es ese olor?? Algo se quema...
—Nuevamente: moriste. —Repitió Crow lentamente—. Y ese olor a quemado eres tú... o tu mano, para ser más preciso.
Aún recostada, Mayra levantó su mano derecha para poder mirarla. —Mi mano no... ¡¡OH, POR DIOS!! —Justo en el centro de su palma había una severa quemadura que había arruinado su piel por completo. Todos sus dedos estaban ennegrecidos, mientras que la piel y la carne en el centro estaban irreconocibles. Extrañamente, la ausencia de dolor no fue lo que más la sorprendió, sino que la rapidez con la que la herida se sanaba a sí misma fue lo que la dejó sin palabras—. ¡¿Qué le hiciste a mi mano?! —Le gritó mientras se incorporaba rápidamente hasta sentarse.
—Yo no le hice nada. —Explicó con calma—. El cable eléctrico de tu plancha estaba expuesto, y te electrocutaste al intentar encenderla.
Al ver cómo los ojos de Crow descendían lentamente de su rostro hasta su garganta, Mayra finalmente comprendió lo que acababa de suceder. Tocando con su mano sana el lado izquierdo de su cuello, sintió la persistente calidez en él. —¿Tú...? ¿Acaso tú... tomaste mi alma?
—Tomé una de ellas, sí. —Dijo él con una voz suave—. Intenté extraer más, pero no pude. Al parecer, sólo un alma puede abandonar tu cuerpo cuando mueres. Lo que significa que deberás morir varias veces. —La manera en que enfatizó la palabra “varias” le hizo saber que serían más de una. Él continuaba negándose a decirle exactamente cuántas almas tenía, pero no podían ser más de... ¿cinco? ¿Seis? Definitivamente no más de diez... ¿verdad?
Mayra debería sentir temor ante ese pensamiento, pero no estaba asustada. Y cuando vio cómo Crow se relamía los labios lentamente, con la mirada aún fija en su pálido cuello, la excitación debería ser la última sensación que provocara en ella, pero no pudo evitarlo. El sólo pensar que él ansiaba tan desesperadamente algo de ella, hacía que todo su cuerpo hirviera de urgencia por satisfacerlo. ¿Por qué no puede desear mi cuerpo tanto como mis almas?, se preguntó desesperadamente.
Preguntándose de pronto si la telepatía formaba parte de la amplia gama de poderes de los Crowtters, Mayra intentó cambiar de tema, dejando salir lo primero que pasó por su mente. —No dolió. Esta vez, cuando tomaste mi alma... no me dolió.
—Eso es porque esta vez pude detener el tiempo. —Explicó el Crowtter, a la vez que regresaba su oscura mirada a los ojos de la muchacha—. Cuando no se supone que mueras, no puedo hacerlo, y por eso te causa dolor. Esta vez, fui informado de tu inminente muerte, y la extracción pudo ser realizada sin problemas.
—La “extracción”... —Repitió ella. Entonces, enderezando sus hombros, agregó—: Dime algo, Crow... ¿Cómo saben mis almas?
La mandíbula del Crowtter se tensó, y tardó varios latidos en responder. —La extracción de tu alma fue... satisfactoria. —Dijo distantemente.
Sonriendo internamente al descubrir un punto débil en él, Mayra presionó, diciendo con una voz muy suave: —Eso no responde a mi pregunta, ¿verdad? ¿A qué saben mis almas, Crow? En comparación con las otras almas de las que te alimentas cada día, ¿es mejor?
—No —gruñó él.
Su respuesta se sintió como una bofetada. —¿No? —Susurró ella, con una voz mucho más vacilante de lo que desearía—. ¿No es mejor?
—No... —Repitió él, atravesándola con su intensa mirada, una mirada de pronto muy hambrienta. Su voz bajó notablemente cuando dijo—: No hay comparación.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 12 Mar 2011 - 6:48

Capítulo 6

Crow
Más tarde esa mañana, Crow caminaba junto a Mayra en dirección a la Universidad. Él podría simplemente tocarla y manifestarlos a ambos en el campus, pero en este momento intentaba mantener su distancia de ella. El sabor de las emociones con las que se alimentó al extraer su alma aún se encontraban demasiado presentes en él. El vórtice de sentimientos le era incomprensible, pero por alguna razón tenía la capacidad de alterar su equilibrio natural.
Aún cuando intentaba no pensar en ello, apenas una mirada fugaz a la muchacha era suficiente para recordarle el intenso y único sabor de su alma siendo absorbida por su ser, alimentándolo, nutriéndolo como nada más podría hacerlo. Sólo necesitaba cerrar los ojos para recordar cómo se había sentido la frágil y pequeña espalda de ella contra su fuerte y ancho pecho, con el tiempo detenido para todos excepto él y el resto de los de su clase; durante ese breve momento, apenas unos minutos atrás, en que la sostuvo por los hombros y se inclinó hacia su cuello para extraer una vez más su esencia de vida, su alma, y alimentarse de todas sus pasadas emociones en el proceso. Era la forma en que funcionaba: el alma era energía, un extracto universal que debía de ser reciclado una y otra vez; las emociones eran sólo para el Crowtter, el néctar que lo mantendría con vida hasta que el próximo humano pereciera. Una y otra vez.
Era todo lo que Crow conocía, todo lo que hacía, el único motivo de su existencia. Era natural, mecánico y automático:
Obtén la misión.
Detén el tiempo.
Extrae el alma.
Aliméntate de las emociones.
Regresa el tiempo a la normalidad.
Espera por la siguiente misión.
Él lo había hecho incontables veces, y continuaría haciéndolo por muchas más, pero por alguna razón, jamás lo había deseado tanto. Nunca había estado tan hambriento como lo estaba desde que se había alimentado de ella por primera vez; jamás se había sentido tan inquieto al esperar por su siguiente misión. Nunca antes había deseado tanto la muerte de un humano.
Y, sin embargo, no quería que su muerte fuera definitiva. Sí, no quería que sus deliciosas almas ya no fueran su alimento, pero era más que eso... no quería que ella dejara de vivir. Ella era fastidiosa, extraña, irreverente, incomprensible y absolutamente irritable.
Y también era la humana más intrigante que Crow jamás hubiera conocido.
Todo acerca de ella estaba lleno de vida y energía. Mayra era inteligente pero sensible, divertida pero empática, completamente demente pero... fascinante. Era la fragilidad femenina embasada en el cuerpo de una guerrera, guardando celosamente cientos de preciosas almas que ningún humano debería poseer, repleta de deliciosas emociones que saciaban un hambre que Crow ni siquiera sabía que tenía. Y que sólo me saciarán a mí, pensó con posesividad. Ningún otro Crowtter se alimentará de ella, sólo yo. De repente, Crow sintió la necesidad de mirar sobre su hombro, de vigilar el perímetro, de proteger a esta muchacha, a su presa, de quien fuera que quisiera arrebatársela.
Mirando de un lado a otro, descubrió a Mayra observándolo fijamente desde su izquierda. Cuando sus ojos de obsidiana se cruzaron con los suyos, ella bajó la mirada rápidamente, luciendo avergonzada.
—Entonces... —murmuró ella—. ¿Simplemente no volverás a hablarme?
Crow frunció el ceño y volvió la mirada hacia delante, mientras continuaban caminando lado a lado por la acera. —¿A qué te refieres? —preguntó entre dientes.
—¡Oh, vamos! —Replicó Mayra mientras ponía los ojos en blanco—. Quiero decir, no soy una experta en Crowtters ni nada por el estilo, pero después de dos semanas de forzosa convivencia, me doy cuenta cuando estás actuando extraño. O más extraño, de todos modos...
—No estoy actuando extraño —dijo secamente.
—Sí, lo estás. Estás actuando súper extraño. No has dicho una palabra durante la última media hora, no me has hecho una sola pregunta acerca de lo absurda que es la naturaleza humana, y ahora actúas como un esquizofrénico.
Crow dejó salir una especie de risa/ladrido antes de decir: —Los Crowtter no podemos ser esquizofrénicos... en realidad, no podemos padecer ninguna enfermedad mental.
Mayra se le quedó mirando por un instante antes de decir: —Realmente podría discutirte eso en este momento... ¿Y qué pasa con tu paranoia? —Miró rápidamente hacia atrás mientras caminaban y agregó—: ¿Quién te persigue? ¿Mulder o Scully?
Haciendo una mueca, Crow la miró directamente: —¿Quiénes?
La boca de Mayra se abrió ligeramente. —Oh, por todos los santos... voy a hacer de cuenta que no acabas de decir eso —dijo mientras ondeaba una mano hacia él y comenzaba a cruzar la calle—. De verdad, el conocimiento universal ilimitado se reduce a la nada si no conoces los Expedientes Secret...
Repentinamente, Crow cortó lo que fuera que la muchacha estaba diciendo al tirar fuertemente de su brazo, haciéndola retroceder nuevamente hacia la acera, apenas una fracción de segundo antes que una ambulancia pasara a toda velocidad frente a ellos. Las estridentes sirenas eran difícilmente ignorables, pero Mayra se las había ingeniado para no oírlas mientras discutía con él. Si Crow no la hubiera apartado del camino, ella habría sido arrollada sin lugar a dudas... lo cual hizo que el Crowtter se percatara de lo increíblemente absurdo que fue el hacerlo. ¿Por qué la aparté del camino?
—¡¡Jesucristo!! —Exclamó Mayra mientras se llevaba la mano izquierda hacia su pecho y respiraba agitadamente. Unas cuantas inhalaciones después, agregó—: De acuerdo, estos intentos de asesinato ya no son graciosos... —Cuando su pulso finalmente se tranquilizó, bajó la mirada y descubrió que Crow aún la sostenía del brazo—. Espera... ¿por qué me apartaste de la calle?
Rápidamente, Crow apartó su mano de ella y se alejó un paso. Presionó fuertemente la mandíbula al notar que no tenía una buena respuesta a esa pregunta.
—¿Por qué lo hiciste, Crow? —presionó Mayra.
—Es simple: porque no habrías muerto.
Entrecerrándole los ojos, inquirió: —¿Cómo puedes estar seguro?
—Simplemente lo sé... y, créeme, si hubiera sabido que ibas a morir, no te habría apartado del camino —respondió él, acercándose lentamente hacia ella, en un gesto desafiante.
Ella no dijo nada más, pero su astuta mirada y el indicio de una sonrisa que se comenzaba a formar en su rostro le dijeron a Crow que no la había convencido.
—¿Estás bien? —Una voz aguda dijo desde una altura mucho menor a los casi dos metros del Crowtter—. Oye, ¿estás bien?
—Está hablando contigo, Mayra —dijo Crow.
Luciendo confundida, la joven miró a su alrededor hasta encontrar la intensa mirada de un niño de unos 5 o 6 años parado junto a ellos. —Ohh, sí, estoy bien, cariño... —le respondió ella con una sonrisa mientras se agachaba levemente para quedar a su altura—. Es sólo que no escuché la sirena de la ambulancia, y es por eso que siempre hay que mirar a ambos lados antes de cruzar la...
—No, quiero decir... ¿estás bien? —La interrumpió el niño—. Sabes que estás hablando sola, ¿verdad?
—No, estoy hablando con... —Mientras levantaba una mano hacia Crow, la pelinegra pareció reconsiderar su respuesta. Un segundo después, le dirigió una mirada irritada al Crowtter y, parándose derecha nuevamente, murmuró—: De acuerdo, sí, estoy hablando sola.
El niño se rió histéricamente y dijo: —Eres extraña... —Entonces se giró y comenzó a caminar en dirección contraria, donde una mujer cargada con bolsas de tiendas de ropa y hablando por teléfono celular estaba esperándolo.
Mientras Crow se mantenía estoico, Mayra le dedicó una mirada de furia antes de girarse y comenzar a caminar rápidamente, resoplando y murmurando algo entre dientes. Cuando él le alcanzó el paso, ella comenzó a regañarlo con los labios casi cerrados. —¡Deja de hacer eso! Deja de hablarme y actuar como alguien normal cuando nadie puede verte... ¡O por lo menos házmelo saber, para que no parezca una completa lunática!
—De acuerdo... sólo para que lo sepas, aún parece que hablas contigo misma, sólo que ahora no abres la boca para hacerlo.
Mayra le dedicó una larga mirada en blanco antes de preguntar: —¿Y por qué lo haces? ¿Por qué no te muestras? No vamos a lastimarte, sabes...
Crow resopló antes de decir: —Por supuesto que no van a lastimarme. Es sólo que llamo demasiado la atención. Los humanos suelen... alterarse en mi presencia.
—Sí, porque eres terriblemente ardien...
Las palabras de Mayra murieron de pronto en una falsa tos, mientras apuraba el paso. Apenas dos cuadras más adelante, llegaron al campus, y ambos sólo alcanzaron a recorrer un pasillo del edificio central de la universidad cuando los insistentes gritos de Charly los detuvieron.
—¡Mayra! ¡Mayra, ahí estás! —Los tacones de la atractiva pelirroja resonaban a través del pasillo repleto de personas a medida que se acercaba a ellos—. ¿Dónde rayos has estado, chica? Sé que tenías que estudiar para la exposición de tu tesis, ¡pero no nos hemos visto en dos semanas! Y apenas si respondías a mis mensajes... ¡estoy muy ofendida por eso, a propósito! —Sus largos rizos rebotaban con cada paso que daba, mientras que con su dedo índice apuntaba directamente a su mejor amiga, remarcando cada sílaba de sus regaños. Sin embargo, cuando finalmente la alcanzó, se abalanzó sobre Mayra en un fuerte abrazo que casi las envía a ambas al piso.
—Jajaja, yo también te extrañé, Charly... —murmuró Mayra mientras ambas sostenían el abrazo un instante más, y Crow supo que era cierto, que ella realmente había extrañado a sus amigos en esas dos semanas. No estaba seguro cómo, pero lo sabía... como también sabía que ella no iba a volver a verlos hasta no asegurarse que él no les haría daño.
Mientras que las dos amigas se ponían al corriente, Crow se dedicó a examinarlas, y se sorprendió al notar lo diferentes que eran. Mientras que el pelo negro de Mayra era liso y dócil, el cabello de fuego de Charly era rizado e indomable. La menor estatura de Charly respecto a la de su amiga era rápidamente compensada con sus generosas curvas al momento de atraer la atención masculina; y mientras que Mayra se esforzaba por pasar desapercibida con sus ropas oscuras y poco maquillaje, a Charly no parecía importarle las miradas que obtenían sus ropas entalladas y su vibrante personalidad. Sí, la llamativa pelirroja era definitivamente atractiva y, sin embargo, la mirada de Crow regresaba indefectiblemente a Mayra, a sus ojos astutos, a sus labios llenos, a su suave piel de porcelana.
—¡May! ¡Hey, Mayra! —Una fuerte voz masculina la llamó desde el final del pasillo, donde Jackson, el alto amigo rubio de Mayra, se escabullía de un pequeño salón de clases—. ¿Dónde diablos estabas metida? Por poco y no llegas a tiempo. —Cuando llegó corriendo hasta sus amigas, tomó a Mayra de la mano y comenzó a tirar de ella hacia el salón—. Somos como diez personas que debemos defender nuestras tesis hoy, amiga, así que al parecer estaremos aquí todo el día...
—Espera, espera... —lo interrumpió Mayra mientras intentaba zafarse del agarre de su amigo—. No puedo ir contigo, Jack...
—¿Qué? ¿De qué hablas? —le preguntó él.
—May, no te hemos visto por dos semanas porque estabas estudiando para este día. Has estado trabajando en tu tesis durante meses... ¿qué pasó? ¿Por qué te acobardas ahora? —Inquirió Charly.
Mayra le dedicó una fugaz mirada de irritación a Crow, quien estaba ahora girando alrededor de los tres, analizando a sus mejores amigos como si supiera exactamente lo que estaba dentro de sus mentes. Suspirando, dijo: —Lo siento, chicos, sólo... no puedo. Hablé con los profesores, y me permitirán entregar mi tesis hoy, pero la presentaré en unas semanas.
—¿Pero por qué, May? ¿Qué pasó? —preguntó Jackson mientras se acercaba más a ella y tomaba sus manos en las suyas. Junto a él, Charly se veía igual de preocupada.
Mayra suspiró y cerró sus ojos brevemente. Crow sabía que odiaba mentir, y al parecer no tenía idea cómo hacerlo en esta ocasión. Tal vez pueda ayudarla con eso, pensó antes de dejar a los tres amigos y materializarse nuevamente fuera del edificio. Apenas un segundo después, volvió a recorrer el pasillo en dirección a Mayra. Podía sentir las miradas de los humanos a su alrededor enfocándose en él, pero no le importaba, su mente estaba fija en su objetivo.
—Oh, mi Dios... —Le oyó exclamar a Charly en el otro extremo del pasillo—. Sostén ese pensamiento un segundo, amiga, porque la reencarnación de un dios griego acaba de entrar al edificio.
—¿Un dios griego...? —Murmuró Mayra, dándole la espalda a Crow, mientras que a su lado Jackson se volvía extrañamente silencioso. Un segundo después, la postura de la pelinegra se volvió rígida a medida que se giraba lentamente—. Oh, no...
En el momento en que lo vio, caminando hacia ella en unos jeans gastados y una simple camiseta blanca que acababa de manifestar, sus cálidos ojos marrones se abrieron como dos grandes platos. —Oh, Dios... —Murmuró justo antes de que Crow llegara hasta ella.
Entonces, sujetándola suavemente de la cintura, la atrajo hacia su cuerpo mientras se inclinaba para depositar un breve beso en sus labios. Mayra no reaccionó en lo más mínimo ante el beso, sólo se le quedó mirando con los ojos muy abiertos... casi tanto como los de sus dos amigos.
En ese momento, con la frágil humana entre sus brazos, rodeado de personas mirándolo fijamente, Crow no tenía opción más que intentar encajar en una raza a la que jamás perteneció y, extrañamente, las primeras palabras que salieron de sus labios fueron: —Hola, cariño...
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 26 Mar 2011 - 18:52

Capítulo 6 (Cont)

Crow

—¿¿Cariño?? —dijo Mayra al mismo tiempo que sus amigos, sólo que ella lo dijo con más extrañeza y menos volumen que Jackson y Charly.
—Lamento la demora —murmuró Crow con naturalidad—, estaba aparcando el coche. —El más pequeño indicio de una sonrisa surgió ante la obvia incomodidad de Mayra, y la acercó por la cintura aún más a él, mientras que ella intentaba zafarse de su agarre.
—¿Qué coch...? —comenzó a preguntar la pelinegra, mirándolo con el ceño muy fruncido mientras continuaba forcejeando contra los brazos que la rodeaban, pero fue interrumpida por Jackson.
—¿Quién diablos es este? —le preguntó el rubio a Mayra, a pesar de que miraba a Crow directamente.
Con un suspiro, Mayra dejó de luchar contra el Crowtter y se limitó a girarse para enfrentar a sus amigos. —Él es... hummm... es, hummm.... hummm
—Mayra, un “hummm” más, y empezarás a levitar —dijo Jackson, sus labios apenas separándose para hablar. A su lado, los ojos de Charly pasaban de Crow a Mayra, una y otra vez.
Satisfecho con su victoria, Crow liberó a la muchacha de su agarre, pero rápidamente lo reemplazó al posar casualmente su brazo izquierdo sobre los hombros de Mayra.
—Él es... Crow.
Un largo silencio cayó sobre los cuatro, durante el cual la muchacha miraba hacia el piso mientras que los otros tres la miraban a ella. Lentamente, el pasillo en el que se encontraban se volvía más silencioso a medida que las personas ingresaban a los distintos salones de clases para rendir sus exámenes.
—¿Crow...? —Preguntó Jackson con escepticismo—. ¿Hay algo más? ¿O es sólo eso, como Cher? ¿Y qué tipo de nombre es “Crow”, de todos modos?
Mayra hizo una mueca mientras pensaba una respuesta. Por un segundo, el Crowtter se preguntó si todos los humanos eran tan malos mentirosos como ella. —Bueno, es...
—Griego —la interrumpió. Cuando los ojos casi desorbitados de Mayra lo miraron, él hizo una leve inclinación de su cabeza hacia Charly. Eso sería suficiente para que ella captara el mensaje del “Dios Griego”. Era increíble que aún después de dos semanas, Mayra se sorprendiera al notar que Crow siempre sabía más de lo que debería saber, y escuchaba más de lo que debería oír.
—Así que eres griego, ¿eh? ¿Y no tienen apellidos en Grecia? —le preguntó el rubio secamente, mientras que con su postura al parecer intentaba hacerse más alto, para estar a la par de Crow.
El Crowtter se mostraba lejos de sentirse amenazado ante el escrutinio del humano, y con una pequeña sonrisa ladeada dijo: —Kormes... mi apellido es Kormes. —Ignorando la rápida mirada que le dedicó la pelinegra al oír el nombre del jefe de los devoradores de almas, Crow mantuvo su fría mirada clavada en su recién descubierto rival—. Tú debes ser Jackson... —dijo, sin ofrecer su mano en forma de saludo.
—Sí, lo soy... Y ella es Charly —dijo, pasando su brazo por los hombros de la pelirroja junto a él, imitando la pose que Crow mantenía con Mayra.
—Mucho gusto en conocerte, Charly... he oído mucho acerca de ti. —Crow enfatizó el “ti” sólo para irritar a Jackson, y cuando la mandíbula del amigo de Mayra se tensó notablemente, Crow supo que molestar-a-Jackson-hasta-la-muerte se convertiría rápidamente en su pasatiempo favorito.
—Encantada... —murmuró la extrañamente seria pelirroja, y luego de que su sagaz mirada analizara el rostro de Crow por un instante, miró a su mejor amiga, quien se mantenía silenciosa y parecía muy pequeña junto al cuerpo musculoso de Crow.
—Entonces... ¿cómo dices que se conocieron? —le preguntó Jackson a Crow, mientras que los ojos avellana de Charly continuaban sobre el sonrojado rostro de Mayra.
—No lo dije... —respondió elusivamente el Crowtter. Entonces, hurgando entre sus recuerdos, reprimió una sonrisa y agregó—: Nos conocimos en una sala de chat internacional.
Al instante, Mayra le disparó una mirada asesina. Frunciendo el ceño, Jackson dijo: —Mayra odia las salas de chat...
—Lo sé. Ella entró a la sala común por accidente, y así nos encontramos. Supongo que fue una cuestión de... proorismoú[1]. ¿Cómo lo llaman ustedes...? —Mirándolo directamente a los ojos, agregó con soberbia—: Oh, sí: destino.
La mandíbula del humano estaba apretada tan fuertemente, que Crow no podía más que admirar la aparente resistencia de sus molares.
—¿Barker? ¿Sollis? —Dijo una gruesa voz a las espaldas de Jackson—. Si van a presentar sus tesis, entren al salón ahora.
Girándose hacia el profesor que mantenía abierta la puerta del salón al final del pasillo, Jackson asintió y comenzó a caminar. No se detuvo ni miró hacia atrás cuando murmuró: —Vamos, Mayra.
Brindándole una pequeña sonrisa que no se reflejó en sus ojos, Charly le tocó el hombro a su mejor amiga. —Ve, May... Los esperaré aquí, y podremos festejar después.
—Yo no voy a graduarme ahora, Charly... Sólo voy a presentar la tesis, no a defenderla —dijo tristemente su amiga.
—No importa... de todos modos estarás un paso más cerca. ¡Ve y da lo mejor de ti, chica! —Entonces la palmeó en el trasero, encaminándola hacia la puerta que acababa de cruzar un muy irritado Jackson.
Antes de que la humana ingresara al salón, Crow dijo: —Te veré nuevamente en el departamento, cariño... Tengo que asistir a una reunión antes.
La muchacha se detuvo en el umbral y lo miró durante un par de latidos, entonces asintió en aparente comprensión y desapareció dentro del salón de clases.
Junto a él, Charly se mantuvo silenciosa como una tumba, pero sus pensamientos decían todo lo que sus labios no querían. El Crowtter no podía oír todos sus pensamientos, sólo aquellos referidos al sujeto de su misión, y en este momento, sus pensamientos acerca de Mayra eran tan intensos como variados. Estaba confundida por la presencia de Crow, enfadada con su mejor amiga por no haberle dicho nada, decepcionada porque hubiera permitido que un hombre interfiriera con sus estudios, especialmente en ese momento, cuando sólo una tesis se interponía entre ella y su título universitario en Criminalística. Pero más que nada, Charly estaba preocupada de lo que el nuevo “griego” significaría para el trío dinámico, y temía que inevitablemente perdería a su mejor amiga por culpa de él.
—Entonces... —dijo la pequeña muchacha—, ¿tienes que asistir a una reunión?
—Así es. Mi jefe comienza a... impacientarse por mi ausencia. He estado dos semanas fuera, y supongo que es hora de reportarme.
—Oh... ¿Y acaso no está en Grecia? —preguntó ella con curiosidad.
—No exactamente... —respondió elusivamente el Crowtter—, pero es fácil para mí el ponerme en contacto con él. Que en realidad quiera hacerlo, es otra cuestión.
—¿Porque estás aquí de vacaciones?
—No, no lo estoy.
—Ok... ¿pero no va a despedirte entonces si no te reportas? —preguntó Charly mientras lo observaba con el ceño fruncido.
Con una media sonrisa, él dijo: —No, no va a despedirme.
—¿Y cómo estás tan seguro de ello? —inquirió la pelirroja, dejando salir a la implacable fiscal de distrito en su interrogatorio.
Crow la observó por un instante antes de decir: —Porque es mi padre. —Entonces se giró y comenzó a caminar hacia la salida—. Te veré esta noche, Charly... —dijo sin girarse hacia la muchacha, pero sintiendo sus implacables ojos avellana clavados en su espalda durante todo el largo pasillo hasta la puerta de salida.
Una vez fuera, Crow bordeó el edificio hasta llegar a un estrecho callejón donde, después de asegurarse que nadie lo estuviera observando, regresó a su etérea forma original y envió una solicitud mental para reunirse con Kormes. La aprobación le llegó casi al instante, lo cual demostraba cuán enfadado debía de estar el Señor de la Muerte. Crow sonrió al pensar en ello, sabiendo que nadie osaría ignorar tantos llamados a audiencia de Kormes como él lo había hecho en los últimos 15 minutos. Pero técnicamente no era su culpa, después de todo, si Crow debía convivir con humanos, no podría exactamente evaporarse en el aire ante el primer llamado de su superior, ¿verdad?
Con sólo pensarlo, Crow se manifestó a sí mismo al infinito salón de Kormes, y no se sorprendió al encontrarse de pronto en el ojo de un huracán. El viento era tan feroz que arrasaría con una ciudad entera si estuviera en el mundo real. El cielo era negro como los ojos de un Crowtter, y los rayos eran tan poderosos y consecutivos, que le brindaban al gran salón de mármol una poderosa iluminación casi permanente.
—¡¡¿Dónde diablos estabas?!! —la atronadora voz de Kormes se sintió en cada partícula de su ser, y Crow se aseguró de no sonreír cuando manifestó nuevamente su cuerpo humano frente a él, esta vez vestido con una gran túnica negra que lo cubría por completo. Por alguna razón, pensó que el aparecerse frente a Kormes vistiendo jeans y una camiseta blanca sería empujarlo demasiado.
De pie frente al gran torbellino de humo blanco que era la única manifestación que jamás había visto de su jefe, Crow se sintió de pronto muy irritado. —Es bueno verte a ti también, Kormes —dijo con ironía—. ¿Te tomaste unas vacaciones? Te ves un poco menos... blanco. —Lo cual era cierto, ahora que lo pensaba. La siempre dinámica imagen de su superior giraba más rápidamente de lo que Crow jamás había visto, y su color era menos brillante, menos inmaculado que antes.
Un poderoso rayo que cayó a sólo un par de metros de él, le indicó que sus bromas no serían bien recibidas.
—Te llamé seis veces. ¡¿Dónde estabas?! —dijo la grave voz, retumbando en el impecable suelo de mármol gris bajo sus pies descalzos.
—Estaba exactamente donde se suponía que estuviera: en el mundo humano, donde tú me enviaste —respondió Crow. Cualquier vestigio de humor se había evaporado por completo.
—El sujeto de tu misión murió esta mañana. Te lo comuniqué mentalmente, y sé que la extracción fue exitosa, ¿así que por qué no te habías reportado aún? —Aunque Kormes no estaba gritando, el poder que manifestaba su voz sería suficiente para provocarle un infarto a cualquier ser humano. Simplemente no era un ser terrenal, y aunque Crow podía llegar a ser increíblemente intimidante y oscuro cuando quería, jamás llegaría a tener la clase de poder que su superior poseía. Y lo que está mostrando, probablemente ni siquiera se acerca a su verdadero poder.
—Sí, la extracción fue exitosa... pero fue sólo eso. Sólo una —explicó lentamente el Crowtter.
Cuando la incorpórea imagen de su superior se giró imperceptiblemente, Crow supo que su mirada estaba fija en él. Y el hecho de que no fuera capaz de mover un solo músculo le dijo que Kormes no estaba feliz con lo que acababa de escuchar.
—¿Qué dijiste?
Cautelosamente, el Crowtter se explicó: —La muchacha murió y yo tomé su alma. Esta vez pude detener el tiempo, y la extracción se realizó sin problemas. —Hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Sin embargo, fui incapaz de tomar más que un alma. El resto de ellas... simplemente no quisieron abandonarla, y sanaron su cuerpo por completo apenas unos minutos luego de que la humana murió.
Algo parecido a un gruñido se elevó en la habitación, mientras que la velocidad del viento a su alrededor aumentaba. La leve vibración del piso creció hasta convertirse prácticamente en un terremoto.
—¿Estás diciéndome que esa humana murió esta mañana, y aún así tiene todas sus cuatrocientas setenta y tres almas? —Gruñó Kormes.
—No, estoy diciendo que tomé una de sus almas esta mañana. Eso significa que sólo le quedan cuatrocientos setenta y dos.
—¡¡No te hagas el listo conmigo, Crow!! —Su autoproclamado nombre fue escupido como si fuera el peor de los insultos—. ¡Sabes exactamente a lo que me refiero! Tu misión era tomar todas las almas de Mayra Barker, ¡y has fallado en hacerlo!
—No puedo tomar un alma que no está dispuesta a ser extraída. —Se explicó Crow, aún de pie frente al blanco torbellino girando violentamente que era su superior. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, luchando silenciosamente contra la implacable fuerza que lo mantenía inmóvil frente a él. De pronto, Crow se sorprendió ante el pensamiento de cuán fácilmente Kormes podría terminar con su existencia, así como la había creado, tanto tiempo atrás—. Intenté tomar más de sus almas, Kormes, por supuesto que lo hice... pero simplemente no cedieron ante la extracción. Sólo un alma abandonó su cuerpo, y eso me lleva a pensar que el resto hará exactamente lo mismo.
Durante un largo momento, ninguno volvió a hablar, mientras que el ensordecedor silbido del viento a su alrededor y los poderosos rayos sobre ellos hacían que su silencio fuera aún más incómodo. Finalmente, Kormes volvió a hablar. Esta vez, su voz era tan estable como autoritaria.
—Entonces sabes lo que eso significa. Acabas de alargar esta misión por tiempo indeterminado... a menos que prefieras un reemplazo, en cuyo caso podría llegar a ser benevolente contigo si tú...
—No —lo interrumpió Crow secamente—. No abandonaré esta misión.
Tras una pequeña pausa, durante la cual Crow podía sentir los implacables ojos invisibles de Kormes fijos en él, dijo: —Cuatrocientas almas son muchas almas, Crowtter. Tal vez deberías aceptar un reemplazo, o incluso compartir la misión con...
—¡¡No, ella es mía!! —Gruñó Crow.
En ese instante, todo sonido fue apagado en el gran salón. El negro cielo tormentoso se detuvo, el viento cesó por completo, al punto en que ni la más mínima brisa se atrevía a soplar. Los rayos dejaron de caer, sumiendo al inmenso salón en una oscuridad casi absoluta. La única fuente de luz era el mismo Kormes, cuyo cuerpo blanco incandescente giraba ahora muy lentamente, como si intentara detenerse y no fuera capaz de lograrlo.
Bajo el intenso escrutinio de su superior, Crow intentó sacarse a si mismo del pozo en el que se había metido. —En todos estos siglos, jamás he fallado en completar una misión. Soy el mejor Crowtter que tienes, y lo sabes. Sólo necesito tiempo para completar la misión. Ya he pasado las últimas dos semanas en el mundo humano... es un asco, pero puedo continuar haciéndolo. —Hizo una pequeña pausa y agregó—: Voy. A. Completar. Esta. Misión. Jamás he fallado, y no lo haré ahora.
La gélida mirada de Kormes se mantuvo fija en él mientras ambos guardaron silencio. La gigantesca nube blanca apenas si se movía, y su atención estaba fija en él, como si estuviera analizándolo e intentando obtener sus conclusiones. Crow procuró mantenerse inmóvil, mientras esperaba la respuesta final de su superior. Sabía que sería decisiva, y fuera cual fuera la orden que le impartiera, tendría que obedecerla.
Luego de lo que pareció una eternidad de silencio, Crow estuvo a punto de hablar cuando un movimiento a su derecha captó su atención.
—¿Llamó, mi Señor? —dijo un alto hombre cubierto totalmente con una túnica negra idéntica a la que usaba Crow. Su cuerpo estaba inclinado en una leve reverencia, y la amplia capucha sobre su cabeza tapaba su rostro por completo. Aún así, Crow sabía exactamente de quién se trataba. Era uno de los últimos Crowtters que Kormes había creado. Crow no sabía su nombre porque no tenía uno.
—Sí, Crowtter, has sido convocado —le dijo Kormes, aunque Crow continuaba sintiendo su intensa mirada sobre él.
En ese momento, el recién llegado se irguió y, retirando la capucha de su cabeza, dejó ver la manifestación de un fornido cuerpo masculino que podría considerarse afro-americano si en realidad fuera humano. Su rostro era angular, y su expresión parecía tallada en piedra. Su cabeza carecía totalmente de cabello, y sus grandes ojos negros se mostraban aún más implacables que los de Crow.
—Tiene que ser una broma... —gruñó indignado Crow—. ¿Él? ¿Vas a reemplazarme con él?
—Crowtter... —dijo Kormes simplemente, pero Crow sabía que no le estaba hablando a él. Su voz no se escuchaba en su mente, sino en la del recién llegado. Lo cual era la razón principal por la que no necesitaban nombres: cuando se tiene una permanente conexión mental personalizada, las confusiones eran algo difíciles de lograr—. Se aproxima un llamado ataque terrorista... estos estúpidos humanos insisten en matarse los unos a los otros —luego de lo que extrañamente sonó como un suspiro, agregó—: Estarás a cargo del equipo de recolección. Habrá cientos de víctimas en cuestión de segundos, y cada una de esas almas debe ser recolectada durante el mismo lapsus de detención temporal.
—Espera... —lo interrumpió Crow—. ¿Cientos? ¿Por qué no estoy yo a cargo del equipo?
Mientras que los puños del Crowtter junto a él se cerraban fuertemente, Kormes volvió a hablar, sonando ligeramente irritado ante la interrupción. —Crowtter —dijo, esta vez refiriéndose a Crow—, tú ya tienes una misión. —Cada palabra fue dicha lentamente, dejándole saber que ese era el castigo a su impertinencia—. Además, tú ya te alimentaste esta mañana.
—¡¿Qué?! No esperas que me alimente sólo de ella, ¿verdad? —La ira de Crow se incrementaba cada vez más, y su voz salió áspera y grave.
—No, no voy a matarte de hambre... pero que te quede muy claro que esta misión es tu prioridad, y haré todo lo necesario para que se complete cuanto antes. Lo cual significa que no estarás en este grupo. —Girándose ligeramente hacia el nuevo Crowtter, dijo—: Tus órdenes han sido dadas. Ve.
Crow tuvo que morderse la lengua para no protestar, pero cuando el Crowtter se giró hacia él y le sonrió antes de marcharse, fue más de lo que pudo soportar. Sin siquiera pensarlo, concentró todas sus fuerzas en su mano derecha y dejó salir disparada una ráfaga de ardiente energía directamente hacia el impertinente Crowtter.
El golpe fue poderoso y certero, pero el atacado no dejó ver el daño que recibió. De inmediato se giró hacia él, preparado para enfrentarlo con todo su poder.
—¡¡YA BASTA!! —El rugido de Kormes hizo temblar tanto el suelo de mármol del vasto salón como cada molécula del cuerpo de los Crowtters. Cuando ambos se giraron hacia su superior, la efímera nube blanca frente a ellos parecía diferente, fluctuante, y Crow se sorprendió al notar que el eterno remolino de energía giraba ahora casi a destiempo—. Crow, estás a una palabra de terminar con tu existencia.
Crow no falló en notar el ceño fruncido en el rostro de su colega al escuchar su nombre. Lo miró de arriba abajo antes de manifestarse fuera del salón.
—Estás comenzando a agotar mi paciencia, Crow. Vete ahora y regresa con la humana. Me aseguraré de que continúe muriendo regularmente, pero tú harás todo lo posible por extraer más de un alma cada vez. No podemos darnos el lujo de perder tanto tiempo en una sola misión.
—Bien... pero aún si ella muere todos los días, una sola alma no me sustentará. Seguiré necesitando de otras misiones cada día.
—Ten cuidado... —murmuró Kormes, mientras que el viento, al igual que su temperamento, comenzaba a elevarse—. No olvides tu lugar, Crow. Tú no me das órdenes. Haré exactamente lo que tenga que hacer para que esta misión se complete, y si eso significa matarte de hambre hasta que lo hagas, no tengo inconvenientes con eso. Ahora, sal de mi vista.
Sabiendo que cualquier palabra sólo empeoraría las cosas, Crow se giró para marcharse, pero antes de que pudiera manifestarse fuera del salón, Kormes dijo: —Y apreciaría que dejaras de usar mi nombre como tuyo. Tal vez soy tu creador, pero iría al infierno antes de tener un hijo tan impertinente.
Sonriendo, Crow se giró hacia él y dijo: —Deberías agradecerme que no usé tu verdadero nombre. —Entonces se manifestó fuera del recinto inter-dimensional, pero no sin antes oír un ensordecedor rayo cayendo a sus espaldas.



Fin del capítulo.





[1] Proorismoú: Fonética de la palabra griega “προορισμού”, que significa Destino.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 16 Abr 2011 - 20:46

Capítulo 7

Logan
Logan estaba sentado en un banco en el paseo costero de la ciudad. A su alrededor, todas las personas que pasaban tenían un lugar a dónde ir: algunas se dirigían a sus casas después del trabajo, otras hacían compras en las tiendas que se ubicaban una al lado de la otra justo a sus espaldas, unas cuantas parejas paseaban de la mano o se detenían a disfrutar de la vista del río al atardecer, pero todos ellos tenían un hogar a donde volver y, aún más importante, tenían a alguien que los esperaba allí.
Pero no él.
Logan no tenía un hogar, sólo tenía un departamento triste y vacío, al que no ansiaba regresar. Y nadie lo esperaba allí, nadie le daría la bienvenida y lo regañaría por llegar tarde a cenar. De hecho, probablemente nadie notaría siquiera si él decidía no regresar.
Ahora, sentado en un banco de madera gastada, observando ausentemente las olas del río pasar y pasar, intentaba hallar una solución al mayor problema que tenía en su vida: vivir. Simplemente ya no quería hacerlo, ya no le veía el sentido. Si su vida había tenido un propósito en algún punto, ciertamente ya no lo tenía. Estoy cansado, pensó con pesar. Estoy cansado de luchar, pero no quiero darme por vencido... si lo hago, lo perderé todo.
Suspirando, se inclinó hacia delante, apoyando sus codos sobre sus rodillas y dejando caer la cabeza sobre sus fuertes manos. Su cabeza se sentía pesada... él se sentía pesado. Toda su vida estaba volviéndose demasiado pesada, y no sabía cuánto más podría soportarlo. Una ráfaga de viento frío lo hizo estremecerse, y de pronto se dio cuenta que ya era de noche. El sol había brillado intensamente en su rostro cuando se acercó al banco para sentarse durante unos minutos, y de alguna manera esos minutos se habían convertido en horas. El día se había convertido en noche, pero la oscuridad emergente no borró la desgracia que había pasado unas horas antes. Lo que él había perdido hoy, no lo hallaría mañana. O el día siguiente. Ni ningún otro día que viniera después. ¿Entonces por qué no hacerlo? ¿Por qué esperar a mañana? ¿Por qué no terminar con todo hoy?, se preguntó como tantas otras veces. Pero incluso mientras lo pensaba, Logan sabía la respuesta. Él no podía hacerlo porque... porque no se lo permitiría. Simplemente no podía rendirse.
Y eso me deja exactamente donde estoy ahora: nadando en una piscina de mierda, pensó con ironía mientras negaba suavemente, con la cabeza aún sostenida por sus manos. Se quedó así unos minutos más, intentando hallar la voluntad para ponerse de pie y regresar a su casa, cuando algo extraño apareció frente a él, enmarcado por los lisos mechones de cabello negro que caían a ambos lados de su rostro, negándose a permanecer en la coleta que sostenía el resto de su abundante y ahora largo cabello negro en la parte trasera de su cabeza. Era una taza... una gran taza blanca decorada con flores azules, de la que manaba un aroma a café tan delicioso que le hizo preguntarse cuándo había comido por última vez.
Tardó un instante en notar la mano que sostenía la taza, y cuando levantó la mirada, encontró a una joven mujer parada frente a él, sonriéndole como si fueran viejos amigos. Ella era pequeña y delgada, de un rostro delicado y brillantes ojos avellana. Su cabello era rubio ceniza, y se rizaba en grandes ondas que llegaban hasta sus pechos.
—Es café... —dijo ella, aún sosteniendo la taza humeante entre ambos. Su voz era dulce pero determinada a la vez—. Negro, sin azúcar ni leche. Me dio la sensación que necesitabas algo fuerte.
Cuando él sólo se le quedó mirando, con sus grandes ojos verdes fijos en ella, la mujer levantó ambas cejas y le dio una mirada fugaz al café que sostenía para él. —Bueno... ¿vas a tomarlo? Está algo pesado, sabes... es una gran taza.
Frunciendo el ceño brevemente, Logan se sacudió a si mismo de su estupor y tomó el recipiente demasiado grande con sus dos manos. Sólo entonces notó que ella sostenía uno igual en su otra mano. —¿Puedo sentarme? —Le preguntó ella, a pesar de que se sentó junto a él antes de que pudiera darle una respuesta—. Ten cuidado, está caliente —murmuró antes de beber de su propia taza humeante.
—Gracias... —murmuró él antes de beber un sorbo del café que acababa de entregarle. Estaba fuerte y caliente, y mientras bajaba todo el camino hacia su estómago, le hizo percatarse de lo entumecido que había estado su cuerpo. Como en respuesta a sus pensamientos, ella dijo:
—Está helando aquí afuera, pero supongo que ya era tiempo, ¿verdad? Después de todo, hemos tenido casi seis meses de verano. Deberías recordar traer un abrigo. —Bajando la mirada hacia sí mismo, Logan se percató de que sólo vestía unos jeans y una camiseta de mangas largas, mientras que ella se envolvía a sí misma en un grueso abrigo de paño color crema y tenía una esponjosa bufanda negra alrededor de su cuello. Sí, el clima había cambiado, pero él se sentía tan frío en su interior, que los vientos más gélidos del invierno no podrían afectarlo.
Cuando Logan no dijo nada en respuesta, la cálida sonrisa de la muchacha flaqueó un poco. Él no quería hacerla sentir mal, pero no sabía cómo mantener una conversación ligera. A medida que los segundos pasaban, él podía sentir cómo la incomodidad de ella aumentaba. Sólo bastarían unos minutos más de silencio para que se marchara... pero no quería que lo hiciera. Incluso si ella no decía nada, su mera presencia le traía una paz que no había sentido en mucho tiempo.
Luego de devanarse el cerebro pensando en algo bueno para decir, se oyó a sí mismo murmurando simplemente: —Está bueno... —antes de esconder su rostro una vez más dentro de la taza cuyo tamaño lo hacía sentir inexplicablemente pequeño.
Por el rabillo del ojo, la vio sonreír antes de beber un poco de su propio café. Entonces subió sus pies sobre el borde del banco de madera y abrazó sus piernas con sus brazos, aún sosteniendo su bebida entre ambas manos. Cuando levantó la mirada hacia el cielo estrellado, Logan no pudo evitar absorber cada detalle de su delicado perfil.
—Entonces... ¿quieres hablar de ello? —dijo ella, su mirada aún perdida en la inmensidad del cielo sobre sus cabezas.
Rápidamente, Logan desvió su mirada y la dirigió al río frente a él, regresando a la posición en la que había estado antes de que ella se le acercara. Mirando fijamente el café que comenzaba a enfriarse entre sus manos, dijo: —¿Hablar acerca de qué?
—Acerca de lo que te sucedió... —respondió ella suavemente, aún sin mirarlo. De pronto, Logan comenzó a preguntarse si ella estaba tal vez buscando un OVNI o una estrella fugaz en el cielo.
—¿Por qué crees que algo me sucedió? —Preguntó él evasivamente antes de tomar un trago de su ya-no-tan-caliente café.
—Bueno, si te dieras la vuelta, verías una librería a tus espaldas... mi librería. Estuve atendiéndola todo el día, y te he visto sentado aquí por... —le dio un vistazo a su reloj de pulsera antes de agregar—: casi cuatro horas y media. Así que, en mi opinión, o esperas a alguien que está llegando definitivamente muy tarde, o bien tienes un problema y estás intentando decidir cómo lidiar con él. —Luego de una breve pausa, volvió a preguntar—: Entonces, ¿quieres hablar de ello? Tal vez pueda ayudarte...
Por alguna razón, Logan quería hablar con ella, pero no sabría por dónde empezar. Aunque quisiera dejar salir todo lo que estaba dando vueltas en su mente, sus labios probablemente no podrían ponerlo en palabras. Manteniendo su silencio, comenzó a acariciar con su dedo índice el borde de la taza, deseando que el café aún estuviera lo suficientemente caliente como para brindarle la excusa de beberlo en vez de hablar. Cuando estuvo a punto de darse por vencido y despedirse de la rubia para sacarla de su miseria, ella comenzó a hablar.
—Sabes, amo este río. Y amo este paseo costero, aún antes de las remodelaciones... ¿recuerdas cómo era hace unos años? El río estaba más crecido entonces, y este sector no tenía el atractivo turístico que tiene ahora, pero yo lo amaba. —Dirigió entonces la mirada hacia el frente, hacia las luces danzantes del río siempre en movimiento. Ella sonreía mientras parecía estar perdida en sus recuerdos, y aunque Logan no sabía qué era lo que recordaba, se encontró sonriendo también—. He pasado aquí gran parte de mi vida, desde que era pequeña. Mis padres solían tener una panadería aquí, y desde que tengo memoria relaciono el aroma del pan recién horneado con mi familia. Esa panadería lo era todo para mis padres, así que cuando decidieron retirarse y dejar el negocio familiar en mis manos, yo estaba tan nerviosa. Quería que todo fuera perfecto... quería que estuvieran orgullosos de mí.
Una pequeña parte de Logan se preguntaba cuál era el punto de esa historia, pero al resto de él no le importaba, simplemente quería continuar escuchando su voz. Mientras que sus codos seguían apoyados sobre sus rodillas, su cabeza estaba ligeramente girada hacia ella, intentando escuchar cada palabra que saliera de sus labios. Quería decirle que continuara, pero pensaba que de alguna manera su voz rompería el encanto.
Luego de dar un largo suspiro, la rubia continuó: —Por un tiempo, el negocio iba bien. Yo había incorporado algunos cambios, había redecorado el lugar, tú sabes... lo había adaptado más a mí. Y entonces, una noche creí haber apagado todos los hornos antes de cerrar... hasta que la policía vino a tocar a mi puerta a las tres de la madrugada. La panadería se había incendiado por completo. Por algún milagro, el fuego fue contenido antes de que se extendiera a las tiendas vecinas, y nadie resultó herido... pero el negocio de mis padres estaba arruinado. —Hizo una pausa en su relato mientras depositaba su taza vacía en el banco, justo entre los dos—. Creí que mis padres estarían tan enfadados conmigo... pero cuando al fin terminé con todos los trámites y papeleríos del incendio, lo único que dijeron fue: “bueno, tal vez ahora te decidas a hacer lo que realmente quieres hacer”. —Se rió quedamente por un momento antes de agregar—: Lo cual fue muy extraño porque, como siempre había sabido que me haría cargo del negocio, no me había preguntado realmente si era lo que quería hacer. Entonces, unos meses después, cuando la tienda estuvo finalmente restaurada, supe que debería seguir mi verdadera pasión: leer. Lo que más quería en el mundo era tener mi propia librería, estar rodeada de libros nuevos y antiguos, clásicos atemporales y nuevos descubrimientos. Quería tener una tienda donde todo el mundo pudiera llegar, buscar entre mis libros, y hallar ese que era justo para él. Quería ser testigo de cómo los libros pueden traer alegría a la vida de las personas, sin importar su edad, su sexo, sus vivencias y sus problemas. Y no sólo quería una librería donde se pudiera comprar, sino también quería que fuera un lugar donde pasar el tiempo, donde sentarse a tomar un café y disfrutar de un buen libro, donde pudieras incluso reunirte con personas que los aman tanto como tú. Y aquí estoy... hoy mi librería es la más visitada de la cuidad, y mis padres están más orgullosos de mí de lo que jamás han estado.
Logan le dio un indicio de sonrisa antes de mirar nuevamente hacia el río. Un momento después, ella dijo: —Ok, mi punto es: la mierda pasa. Cosas malas le pasan a las personas todo el tiempo, y aunque no podamos ver el por qué con claridad, siempre hay un plan detrás de ello. Sólo tenemos que tener paciencia y creer que todo estará bien. Quiero decir, si realmente lo piensas, lo que te sucedió no puede ser tan malo, ¿verdad?
Logan lo pensó por un momento. Ella tenía razón, siempre hay un plan detrás de todo, siempre hay alguien moviendo los hilos de nuestras vidas, manipulándolos a su gusto, pero él no creía que la fe tuviera nada que ver con ello. Logan había llegado a un punto en su vida en que se había dado cuenta que las cosas buenas que les sucedían a las personas, esas cosas que ellas llamaban “destino”, no eran más que meros accidentes, apenas un pequeño hilo rebelde que se escapó de la perversa mano de su manipulador. No existía el destino, no había un plan maestro para que todos fueran felices. Y no habría un final feliz con lo que le había sucedido.
Un minuto después, dejando salir un largo suspiro, dijo simplemente: —Un pequeño niño murió en mis brazos hoy.
No necesitó mirarla para saber que sus palabras la habían estremecido por completo. Sintió el momento exacto en que la mirada de ella voló en su dirección, clavándose en él con compasión. —Oh, mi Dios... —susurró ella. Ninguno de los dos volvió a hablar, el único sonido provenía del río siempre en movimiento, luchando por llegar a un océano en el que inevitablemente moriría.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Lun 25 Abr 2011 - 5:12

Capítulo 7 (Cont)

Logan
Pasado un largo momento de completo silencio, ella preguntó: —¿Tú... tú lo conocías?
—No —respondió Logan un par de latidos después. Entonces agregó en un susurro—: Sólo lo conocí el tiempo suficiente para verlo morir.
—¿Eras su médico? —continuó preguntando la joven, intentando encontrar la manera de lograr que él hablara de tan delicado asunto.
—No, no soy un... —Un suspiro cortó sus palabras antes de responder—: Soy paramédico.
—Oh... entiendo —dijo ella, dirigiendo la mirada al río frente a ellos, de modo que su escrutinio no lo intimidara—. ¿Qué le sucedió? —preguntó suavemente.
Durante varios minutos, Logan no respondió, pero entonces decidió que si iba a hablar de ello con alguien, ¿por qué no hacerlo con esta muchacha? Se pasó las manos por su rostro, notando el indicio de barba rapando las palmas de sus manos, y preguntándose ausentemente cuándo se había rasurado por última vez. ¿Fue ayer? ¿O el día anterior? ¿Los días siempre habían sido así de desoladoramente largos?
—Él... fue atropellado por un coche. —Por el rabillo del ojo, vio cómo la chica se abrazaba sus propias piernas más fuertemente. Sus ojos tristes aún observaban el río frente a ella. Ante su silencio, continuó—: No fue en su casa... al parecer, el niño jugaba en una plazoleta de su vecindario con otros niños. En un momento, el balón con el que jugaban salió despedido hacia la calle, y cuando él fue a buscarlo, fue arrollado por un coche que pasaba demasiado rápido. El niño era muy pequeño, de apenas 5 años, y salió de la nada por detrás de un coche estacionado. El conductor no lo vio cruzar, pero entonces lo dejó allí. Después de atropellarlo y pisarlo con su coche, sólo... lo dejó en la calle para morir. Eso no fue un accidente, no fue un error... fue un asesinato.
Ella no dijo nada para consolarlo; no le dijo que la policía hallaría al culpable, que probablemente ya había sido arrestado. No le dijo que sería enjuiciado y que pagaría por lo que había hecho, porque eso no sería un consuelo en lo absoluto. Nada enmendaría el daño que esa persona había hecho.
El daño que yo no pude reparar.
Logan no tenía intenciones de hablar, pero ahora no podía evitarlo. Esta muchacha le inspiraba una confianza tal que le hacía querer contarle todo, desnudar su alma ante ella. Inclinándose hacia atrás sobre el respaldo del banco de madera, aún sosteniendo en sus manos la gran tasa ahora carente de café, continuó: —Recibimos la llamada y partimos en la ambulancia en menos de 15 segundos. Estábamos a 4 minutos del lugar. Como siempre, Víctor, mi compañero, conducía la ambulancia. Yo esperaría hasta llegar al lugar, y entonces prepararía al herido y lo atendería durante los 4 minutos que tardaríamos en regresar al Hospital.
Hizo una pequeña pausa antes de agregar: —Cuatro minutos. Nos llevó sólo cuatro minutos el llegar hasta allí. Doscientos cuarenta segundos... y el niño casi se había desangrado hasta la muerte. Sólo me bastó una mirada para saberlo: yo no iba a salvarlo. Nadie podría hacerlo. Su cuerpo estaba simplemente... destrozado. Por alguna razón, aún estaba consciente, pero la sangre que no había ya derramado estaba oculta en hemorragias internas. Lo preparamos lo más rápido que pudimos, lo subimos a la ambulancia, y lo llevamos al hospital. Íbamos tan rápido que casi atropellamos a una pareja. —Dejando salir una risa que fue más un gruñido, y dijo—: Víctor siempre dice: “odio los estúpidos I-pods, pero más odio a las estúpidas personas que los usan en la calle”.
La rubia no rió, en cambio giró su mirada hacia él, probablemente presintiendo lo que vendría en la historia. Mientras jugaba con la taza en sus manos, continuó: —Desde que subimos a la ambulancia, intenté estabilizarlo. Le coloqué una intravenosa, dos unidades de 0 negativo, y le inyecté morfina. Intenté intubarlo, pero su tráquea estaba... —Dejó salir un suspiro y continuó—: No tenía opción, debía practicarle una traqueotomía. Estábamos a mitad de camino, a sólo dos minutos del hospital, pero entonces... entonces él abrió los ojos. Me miró directamente, y pude ver en sus ojos que la vida se le escapaba. Su cuerpo estaba destrozado, y simplemente ya no iba a resistir. Yo aún sostenía el equipo de traqueotomía, y tuve que tomar una decisión: podía continuar haciendo mi trabajo durante los próximos dos minutos, hacer la traqueotomía, contener la hemorragia e intentar liberar la presión en su tórax para que, de milagro, el niño llegara con vida al hospital; o podía dejarlo todo, sostener su mano, y no dejar que muriera solo y asustado. Probablemente estaba delirando, porque cuando tomé su mano, sus labios articularon “mamá”. Intenté sonreírle y, mientras sostenía su mano en la mía, tomé una gasa y comencé a limpiar la sangre de su rostro. Él me miró... entonces cerró sus ojos y murió.
Logan sintió una ráfaga repentina de calidez, y tardó un segundo en comprender que provenía de la mano de la muchacha sobre la suya. Ella la mantuvo allí por varios latidos antes de darle un pequeño apretón y retroceder nuevamente a la posición en la que había estado antes.
Luego de un largo momento de silencio que sólo los sonidos de la corriente del río parecían dispuestos a interrumpir, ella finalmente preguntó: —¿Cuál era su nombre?
Eso lo tomó por sorpresa y, frunciendo en ceño, murmuró: —¿Importa siquiera eso?
—Por supuesto que importa, y mucho —dijo ella rápidamente—. Nuestros nombres son parte de lo que nos hace ser quienes somos. Cuando le decimos nuestro nombre a alguien, lo invitamos a conocernos, y cuando se lo preguntamos, le demostramos que nos interesa. Nuestro nombre nos identifica, nos hace únicos, nos hace merecedores de ser recordados. Ese niño al que viste morir tenía un nombre... y deberías averiguarlo para poder recordarlo como se merece.
Las palabras salieron de sus labios con una rapidez que él no creyó posible, y con una convicción que lo conmovió. Sonriendo levemente, él dijo: —Santino. Su nombre era Santino Manuel Ortiz. Lo averigüé en el hospital antes de terminar mi turno.
Cuando ella se quedó en silencio, mirando las estrellas nuevamente, Logan intentó no quedarse mirándola estúpidamente, y en cambio le dio un vistazo a su muñeca, sólo para recordar haber dejado su reloj en el baño luego de la ducha de esa mañana. —Es tarde, debería ir...
—¿Hace cuánto tiempo eres paramédico? —lo interrumpió ella, aún mirando hacia el vasto manto de estrellas.
—Emmm... cuatro, casi cinco años —respondió él, frunciendo ligeramente el ceño.
—¿Cuántas personas has visto morir en ese tiempo? —preguntó ella ausentemente.
Suspirando, Logan volvió la mirada al frente, apoyando una vez más los codos sobre sus rodillas, encorvándose ligeramente, como si eso fuera a protegerlo de sus preguntas. —Demasiadas —respondió finalmente—. No debería afectarme, lo sé, es mi trabajo, y en la universidad se nos prepara para...
—¿Y a cuántas personas has ayudado en estos cuatro-casi-cinco años? —Lo interrumpió la rubia una vez más—. ¿Cuántas personas enfermas o lastimadas recibieron tu ayuda? ¿A cuántos de ellos ayudaste tú mismo, y cuántos más dependían de ti para llegar al hospital a salvo? —Lo miró directamente a los ojos entonces—. ¿Cuántas vidas salvaste por el solo hecho de llegar rápido y hacer tu trabajo?
—No lo sé... —murmuró Logan.
—Sí, sí lo sabes. ¿Cuántos? —presionó ella—. ¿Fueron menos o más de los que viste morir?
—Ese no es el punto...
—Sí lo es. Ese es exactamente el punto. Fueron más las personas que ayudaste que aquellas a las que no pudiste ayudar, y lo sabes. Está bien que te duela cuando pierdes un paciente, pero no puedes dejar que eso marque tu vida.
Ella lo miraba directamente, pero Logan no pudo evitar mirar hacia el río, temiendo de pronto que sus ojos revelaran demasiado de si mismo. ¿Cómo sabía ella exactamente qué decir para aliviar su pena?
—No puedes salvarlos a todos... no está en tus manos hacerlo. Lo único que puedes hacer es realizar tu trabajo lo mejor posible cuando recibes un llamado, y rogarle a Dios que sea suficiente. —Hizo una pequeña pausa y agregó en un susurro—: Y necesitas estar aquí mañana para salvar a otro Santino.
Esa última frase envió escalofríos por la espalda de Logan. ¿Quién es ella?, pensó de pronto.
—Bueno, es tarde... —dijo ella varios minutos después, ahora de pie frente a Logan, aunque él había estado tan inmerso en sus pensamientos que no notó cuando se movió—. Se supone que voy a cenar con mis padres hoy —agregó con una sonrisa fugaz en su rostro. Lo observó, aún sentado en el banco de madera, y dijo—: Escucha, si alguna vez quieres hablar... o sólo necesitas un café o algo, mi librería está justo aquí —dijo, señalando con su taza gigante hacia las tiendas ubicadas a espaldas de Logan. Se mordió ligeramente el labio—. Mi nombre es Melissa, a propósito, y no sólo soy una excelente lectora... soy buena escuchando, también.
Logan sonrió ligeramente y le entregó la tasa que había traído para él. —Gracias por el café, Melissa.
Ella tomó la tasa de su mano y lo miró durante un par de latidos, como esperando algo. Entonces asintió inconscientemente al entender que la omisión de su nombre era intencional. Dándole una sonrisa que le supo a triste, se giró y se encaminó hacia su tienda. —Cuídate —murmuró mientras se alejaba de él.
* * * *
En los días siguientes, Logan intentó volver a su rutina diaria, trabajando algunas veces durante el día y otras durante la noche, intentando conseguir la mayor cantidad de horas extras que lo alejaran de la soledad de su departamento. Todos en el hospital eran amables con él, tenía buenas relaciones con los médicos, enfermeras y con el resto de los paramédicos del Hospital General San Agustín, y en ocasiones incluso había compartido una cerveza con ellos un viernes a la noche, pero no eran en verdad sus amigos. Él no dejaba a nadie entrar lo suficiente como para considerarlo tal cosa. Incluso Víctor, con el que pasaba largas horas cada día, lo molestaba llamándolo “Mr. Misterio”.
No había razón de entablar amistades, no iba a quedarse en esa ciudad por mucho tiempo más, de todos modos. Jamás lo hacía. Tarde o temprano, dejaría todo atrás y empezaría de cero en otro lugar. En cualquier lugar.
Y, sin embargo, en ese momento no ansiaba irse. Algo lo incitaba a permanecer en la ciudad. Algo le estaba dando una estúpida razón para quedarse. Algo con ojos avellana y largo cabello color trigo. Había intentado olvidarse de ella, de verdad que lo había intentado, pero su mente traicionera insistía en recordársela a cada momento: tal vez una de las enfermeras usaba un perfume similar al que Melissa había usado unas noches atrás, o el aroma a café lo llevaba a recordar con una sonrisa la taza ridículamente grande que ella le había dado, e incluso las estúpidas estrellas, que se negaban a dejar de brillar, le recordaban la intensidad con la que ella las había admirado. Incluso cuando dormía, el subconsciente de Logan encontraba la manera de incorporarla a sus sueños. Y no ayudaba en lo absoluto que en sus sueños ella siempre terminara en su cama por alguna razón.
Eso tenía que detenerse. Él tenía que verla o iba a volverse loco.
De modo que, en la tarde del sábado, mientras las horas de su jornada libre se extendían perezosamente, los pies de Logan decidieron llevarlo hasta el paseo costero. El banco en el que ambos habían estado sentados hacía unas noches estaba allí, invitándolo silenciosamente a sentarse y esperar por ella, pero él no quería hacerlo aún. Sólo quería verla; después de todo, quizá Melissa no querría hablar con él luego de que se negó a decirle su nombre. Sólo quería verla un instante antes de sentir su rechazo. ¿Qué tan patético soy?
Negando con la cabeza a sí mismo, Logan se detuvo frente a la vidriera de una tienda de ropa cercana a la librería y controló su aspecto. Sus jeans oscuros y su camiseta verde musgo le sentaban bien, y le gustaba creer que combinaban con su informal chaqueta marrón claro. Y apenas si se nota que pasé más de media hora eligiendo mi atuendo. Suspirando, rodó los ojos y se quitó la banda elástica que sostenía su cabello recogido en la parte trasera de su cabeza. Esperaba que el cabello negro hasta sus hombros cubriera un poco su rostro mientras se asomaba por la vidriera de la librería en un patético intento por verla.
Miró hacia adentro de la tienda, intentado ocultarse detrás de los libros que estaban en disposición. Había muchas personas en la librería, algunas paseándose a través de las estanterías repletas de libros, otras pocas sentadas en pequeñas mesas en el frente, bebiendo café o simplemente leyendo, pero ninguna de esas personas era la que él buscaba. Pero entonces, cuando estaba a punto de marcharse, la vio. Había estado agachada detrás del mostrador, y cuando se puso de pie y depositó una caja de aspecto pesado sobre el mismo, el corazón de Logan se salteó un latido. Ella era aún más hermosa de lo que recordaba.
La observó por un minuto desde un lado de la vidriera, incapaz de convencer a su cuerpo de ingresar a la tienda. Después de todo, ¿qué podría decirle? “Hola, perdón por haber sido un idiota la otra noche... mi nombre es Logan. Buenas noticias: no maté a nadie hoy. ¿Quieres ir a cenar?” Se rodó los ojos a sí mismo y decidió marcharse, sabiendo que la pobre muchacha no se merecía el caos que él traería a su vida, pero en ese momento algo increíble sucedió: ella miró hacia fuera de la tienda, directamente hacia el banco de madera en el que ambos se habían sentado unas pocas noches atrás. A pesar de que ella no miraba en su dirección, Logan se escondió detrás de los libros en la vidriera, y observó atónito cómo Melissa miraba el banco durante un largo tiempo, sus ojos avellana luciendo tristes, para luego suspirar y girarse lejos.
Ella quiere verme otra vez.
Sonriendo, Logan se marchó... sólo para regresar un par de horas después. Para el momento en que las tiendas comenzaban a cerrar, el sol se había ocultado, un frío viento había comenzado a soplar, y su corazón había decidido latir al ritmo de un triatlón. Estaba tan nervioso que ni siquiera se preocupó por parecer un acosador cuando se acercó a ella de pronto mientras cerraba las puertas de su tienda.
Se detuvo a unos pasos detrás de ella, se aclaró la garganta y dijo: —Creí que sería mi turno de invitarte con un café, pero ya es algo tarde. —Ella se giró entonces, y una sonrisa se extendió por su rostro lentamente. Devolviéndole la sonrisa, agregó—: Así que supongo que tendré que llevarte a cenar.
Mientras Melissa guardaba las llaves en su bolso, intentaba contener una sonrisa. Entonces lo miró con un gesto pensativo en su rostro y dijo: —No lo sé... no salgo a cenar con extraños.
Logan sonrió, pensando en lo bien merecido que tenía ese golpe, y dijo: —Mi nombre es Logan, tengo 29 años, soy paramédico, y me gustaría invitarte a cenar.
Melissa sonrió abiertamente entonces. —Es un placer conocerte, Logan —dijo antes de girarse y comenzar a caminar junto a él a lo largo del paseo costero.
Después de cenar, Logan aún no estaba dispuesto a dejarla ir, de modo que la retó a un juego de pool, sólo para estar con ella un poco más. Él era un muy buen jugador, y apostarles a sus rivales siempre le había proporcionado algún dinero extra, por lo que realmente se sorprendió cuando Melissa le ganó dos juegos seguidos. Ahora, mientras se preparaba para realizar un tiro imposible que ella de alguna manera se las había ingeniado para dejarle, no podía evitar sonreír al pensar cuántas sorpresas más faltarían por descubrir.
—Mmmm, ese tiro está difícil... —murmuró ella, burlándose de él.
—Sí, porque tú te aseguraste de que así fuera —dijo él, disparándole una mirada divertida desde un lado de la mesa alfombrada—. Aún así, no va a ser problema para mí.
—Oh, ¿de verdad? ¿Quieres apostar algo? —presionó ella, apoyándose en su taco junto a él.
Logan se incorporó un poco y la miró. —Ok... ¿qué me darás si hago este tiro?
Melissa fingió pensarlo por un momento antes de decir tímidamente: —Mmm... ¿Un beso?
Sonriendo, él se inclinó una vez más sobre la mesa y dijo: —Nah... no quiero un beso tuyo. —Luego de balancear su taco un par de veces hacia atrás y adelante, lo empujó fuertemente sobre un lado de la bocha blanca, haciéndola girar con fuerza hacia delante, y enviando la última bola rayada que le quedaba directamente hacia el hoyo más lejano, sorteando los obstáculos y haciendo el tiro perfecto. Se incorporó y dio un paso hacia ella, tomando su mano antes de que pudiera alejarse de él. Entonces, con su mano derecha, la tomó suavemente del mentón y obligó a su ahora ruborizado rostro a enfrentarse al suyo. La miró a los ojos y dijo—: No quiero un beso tuyo, Melissa... los quiero todos.
Entonces la tomó de la cintura y la sostuvo contra su cuerpo mientras acercaba su rostro al de ella. Le tomó apenas unos segundos el darse cuenta que había tenido razón: un solo beso no le alcanzaría.
Lo que no había previsto era que sólo un beso le bastaría para saber que no querría besar a nadie más que a ella.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Miér 8 Jun 2011 - 4:10

Capítulo 8
Mayra
Esa mañana, mientras sus compañeros defendían sus tesis ante la mesa examinadora de la facultad de Criminología, los pensamientos de Mayra volaban a la deriva. Jackson, por supuesto, se había mostrado tan seguro y confiado como siempre, y su presentación había sido impecable. Ella estaba tan orgullosa de él, que incluso había pretendido ignorar el hecho que él no encontró su mirada durante toda su exposición. Cuando la mesa de letrados le comunicó la aprobación de la tesis y, con ella, la obtención de su diploma, Mayra corrió a abrazarlo, y aunque su amigo le devolvió el abrazo, se sintió forzado e incómodo.
—¡Felicitaciones, Jackson! —Le dijo ella con entusiasmo mientras se aferraba a su cuello—. ¡Sabía que lo lograrías! ¡Estuviste perfecto!
—Gracias... —Murmuró él en respuesta. Cuando se separaron, Jackson la miró a los ojos y, con una sonrisa triste, dijo—: Se suponía que debía felicitarte a ti también, Mayra. —Con eso, se giró para recoger su computadora portátil y todos los documentos que utilizó en su presentación, y se dirigió hacia la mesa de profesores para recibir sus felicitaciones, dejando a Mayra repleta de culpas y secretos que no podría compartir.
Cuando todas las presentaciones llegaron a su fin, fue el turno de ella de hablar con los profesores, y juntos acordaron una prórroga para la presentación de su tesis, con la condición de que ella asistiera a una serie de conferencias acerca de distintas especializaciones en las ciencias forenses que se brindarían en la Universidad, a cargo de renombrados médicos forenses y licenciados en técnicas criminalísticas. Ella tendría que atender a todas las conferencias, y valerse de sus contenidos para reescribir y defender su tesis tres meses después. Era una gran oportunidad que el grupo de letrados le ofrecía, y Mayra se aseguró de hacerles saber cuán agradecida estaba, y cuán serio era su compromiso para cumplir con lo acordado. Si no estoy muy ocupada muriendo y alimentando a un Crowtter con mis almas en ese momento, pensó mientras desplegaba una gran sonrisa en su rostro y estrechaba las manos de sus profesores.
Al salir del salón, ambos se encontraron con una vibrante Charly que saltaba de arriba abajo en medio del pasillo, haciendo que su montón de brillantes rizos rojizos parecieran moverse con vida propia. Ella se abalanzó sobre ambos, abrazando a Mayra y a Jackson al mismo tiempo, y obligando a ambos a agacharse rápidamente para equipararse a su más pequeña estatura. —¡Felicitaciones, Jack, el-más-sexy-licenciado-en-criminalística-del-mundoooo! —Gritó con voz chillona mientras saltaba sobre Jackson y lo abrazaba fuertemente por el cuello, sus pies colgando a varios centímetros del suelo.
—Espera, espera... —murmuró él, mientras la sostenía por la cintura—. ¿Cómo estás tan segura de que mi tesis fue aprobada?
Aún sosteniéndose de sus hombros, Charly se alejó levemente para mirarlo a los ojos. —Oh, vamos... ¡Si eres tan hermoso y adorable! —Le pellizcó las mejillas, como si estuviera molestando a un niño pequeño—. ¿Cómo alguien podría decirte que no?
Dejándola nuevamente en el suelo frente a él, Jackson levantó una ceja rubia mientras decía: —Oye, ¿eso significa que tú tampoco podrías decirme que no?
Charly puso sus ojos en blanco y bufó. —Pfff... Soy inmune a tus encantos, querido Jackson. Después de todo, no acabamos de conocernos en una fiesta... y no estoy lo suficientemente borracha como para convertirme en una de tus conquistas.
—Wow... gracias, Charly —murmuró él, frunciéndole el ceño, pero sin poder ocultar una media sonrisa.
—¡Por nada! —Respondió ella, sonriéndole ampliamente—. Entonces... alguien tiene que dar algunas explicaciones —dijo mientras se giraba hacia Mayra.
Oh, oh... pensó ella ante la atenta mirada de sus dos mejores amigos. ¿Cómo podría empezar a explicar la presencia de Crow en su vida? Y, aún más importante, ¿cómo podría hacerlo sin involucrar las palabras “muerte”, “resurrección” y “absurdamente molesto devorador de almas”?
—¿Y bien? —La presionó Charly—. ¿No vas a decirnos de dónde sacaste al Dios griego? ¿Cómo lo conociste? ¿Hace cuánto tiempo que está aquí? ¿Tiene hermanos?
Mayra frunció el ceño ante esa última pregunta, mientras que su mente continuaba girando en busca de posibles respuestas. Los otros Crowtters no eran técnicamente sus hermanos, ¿verdad?
—Lo conoció a través de Internet, aparentemente —dijo Jackson, alejándola de sus cavilaciones—, a pesar de que Mayra siempre dijo odiar las salas de chat.
Me las pagarás por esto, Crow, pensó ella con irritación. —Emm, como él dijo, ingresé a la sala de chat por equivocación. Él me saludó y sólo... empezamos a hablar.
—Claro... porque esa clase de “accidentes” pasan todo el tiempo —dijo él, destilando sarcasmo.
Fue el turno de Mayra para bufar entonces. —Lo siento, Jack, pero, ¿cómo era que se habían conocido tus padres? ¿No había sido que él marcó mal un número de teléfono y accidentalmente llamó a tu mamá, verdad?
Jackson entrecerró los ojos hacia ella y murmuró: —Exacto... por eso dije que esas cosas pasan todo el tiempo. —Ignorando cómo Mayra le sacaba la lengua y Charly reía burlonamente, dijo—: Y, hablando de mis padres, me están esperando para almorzar. Las veré esta noche en mi departamento para celebrar, ¿de acuerdo?
—¡No me lo perdería por nada! —dijo Charly con entusiasmo, y la gran sonrisa que Jackson le dio desapareció cuando agregó—: En especial si el súper sexy griego va a estar ahí.
Jackson puso los ojos en blanco antes de girarse y comenzar a caminar a través del pasillo hacia el exterior, seguido de cerca por ambas muchachas. —Él puede venir —le dijo a Mayra sin darse la vuelta para mirarla—, pero no prometo ser agradable con él.
—¿Desde cuándo eres agradable con alguien? —preguntó Charly, y en el momento en que él se giró hacia ella, listo para responderle, ella agregó—: Alguien sin senos...
La boca de Jackson se cerró silenciosamente, dando lugar a un gesto pensativo. —Tendré que pensar al respecto... encontraré una respuesta para esta noche.
—Lo esperaré ansiosa... —dijo Charly, con la expresión menos entusiasta del mundo.
Cuando su amigo se despidió de ellas y comenzó a alejarse, Charly se giró rápidamente hacia Mayra. —Ahora tienes que contármelo todo. TODO. ¿Cómo lo conociste en realidad? Porque yo no me creo la historia esa del chateo accidental... ¿En verdad es de Grecia? ¿Vive allí? ¿Te llevará a conocerlo? ¿Cuánto tiempo va a quedarse? ¿Está quedándose contigo? Por favor, dime que no estás compartiendo tu departamento con un completo desconocido. Quiero decir, es caliente... pero también lo era Christian Bale en “American Psycho”.
El que su mejor amiga tuviera tantas preguntas acerca de Crow no sorprendió tanto a Mayra como el hecho que las hubiera dicho todas en menos de diez segundos. Sabiendo que si respondía a una, el interrogatorio se extendería durante horas, Mayra hizo un esfuerzo por desviarse del tema. —Oye, ¿le has preguntado a tu jefe acerca de la pasantía en el INTERPOL? Su amigo me hizo la entrevista hace casi tres semanas, y prometiste que me mantendrías informada...
La curiosidad en el rostro de Charly se evaporó al instante, y su expresión se quedó en blanco. —Sí, acerca de eso... No he visto al Fiscal General en estos días y... bueno, estamos manejando tantos casos que no he podido... tú sabes. —Evadiendo su mirada, le dio un rápido vistazo al reloj antes de decir—. Oh, eso me recuerda que tengo una audiencia en media ahora. Será mejor que me vaya, te veré esta noche. —Se giró en la dirección que había tomado Jackson, comenzando a correr para alcanzarlo, y justo cuando él encendía ruidosamente su gran motocicleta le gritó—: ¡Hey, Jack, espera! Necesito un aventón.
La evasión de su amiga extrañó a Mayra, pero supuso que se lo preguntaría en la noche. Se les quedó mirando un momento, riendo al ver cómo Jackson se alejaba lentamente en su motocicleta, obligando a Charly a correr tras él a lo largo del estacionamiento de la Universidad. Cuando ella finalmente lo alcanzó, Jackson se ganó un carterazo en la nuca, aunque eso no hizo que dejara de reír. Después de verlos alejándose, Mayra comenzó a caminar las pocas calles que separaban el campus de su departamento, odiando el hecho de que se sentía absurdamente desprotegida sin un irritante Crowtter a su lado.
De regreso en su departamento, las horas pasaban y Crow aún no regresaba. Su ausencia era muy extraña, teniendo en cuenta que él no la había perdido de vista durante las últimas dos semanas, excepto por un par de minutos cada día, que el Crowtter utilizaba para alimentarse. O, al menos, eso era lo que Mayra creía... no es que le preguntara quién había muerto y se había convertido en su más reciente cena.
Durante esas pocas horas sin las incesantes preguntas de Crow, Mayra debería haberse sentido aliviada, pero su inquietud sólo se incrementaba con cada minuto que pasaba. Se sentía una idiota total por preocuparse por él, después de todo, ¿qué podría pasarle a un devorador de almas inmortal con poderes ilimitados? ¿Ser atropellado por un autobús inter-estelar?
Para el momento en que el reloj marcó las 7 de la tarde, Mayra había almorzado, limpiado su departamento, lavado y planchado en canasto lleno de ropa, había hecho las compras para el resto de la semana, y se había duchado... dos veces. Durante la siguiente media hora, había decidido sentarse a mirar tranquilamente la televisión y no pensar en Crow en lo absoluto. Y, habiendo fallado espectacularmente, se había otorgado a sí misma el título de “la mujer más estúpida del planeta”.
Ella había permanecido prácticamente bajo arresto domiciliario por un Crowtter aterrorizante (aunque caliente como mil infiernos) cuyo único deseo era verla morir una y otra vez para alimentarse de sus aparentemente deliciosas almas, y cuando él por fin desaparecía, ¿qué hacía ella...? Síp, comerse las uñas obsesivamente mientras se preocupaba de que algo malo podría haberle pasado. Si eso no la clasificaba como la mujer más estúpida del mundo, por lo menos la haría merecedora del trofeo a “la más masoquista”.
Dándole un vistazo al reloj por séptima vez en los últimos tres minutos, dejó salir un suspiro resignado y se dirigió a su habitación, sabiendo que pronto tendría que ir al departamento de Jackson para su fiesta. Estaba comenzando a pasar ausentemente a través de la ropa en su closet cuando la grave voz de Crow le llegó desde la sala, sobresaltándola.
—¡Cariño, estoy en casa! —bromeó mientras se dirigía hacia la habitación, apoyándose contra el marco de la puerta y mirándola directamente con una media sonrisa en el rostro.
Intentando contener un suspiro de alivio, Mayra se giró hacia él y, cruzando los brazos frente a su pecho, dijo: —Oh, genial... comenzaba a pensar que las últimas dos semanas habían sido una muy molesta alucinación. ¿Dónde has estado, de todos modos? —preguntó, pateándose mentalmente por mostrarle su preocupación.
—Tuve una pequeña... reunión con Kormes —dijo Crow mientras caminaba lentamente hacia ella.
Mayra intentó calmar el ritmo frenético de su corazón mientras él se le acercaba, y tuvo que ocultar su decepción cuando el Crowtter se dirigió al closet a sus espaldas en vez de a ella. Mientras que él pasaba lentamente las perchas con su ropa, ella preguntó: —¿Qué quieres decir con “pequeña reunión”? Has estado fuera por casi 9 horas... ¿Y por qué estás revisando mi ropa, Crow?
—Ignorando su última pregunta, el Crowtter la miró y dijo: —¿He estado fuera por 9 horas? Créeme, una reunión de diez minutos con Kormes se siente como mucho más que eso.
—No lo entiendo... ¿diez minutos? —preguntó ella, mientras le arrebataba un corto vestido negro que Crow había tomado de su lugar.
—El tiempo no existe entre las dimensiones, Mayra —dijo él simplemente—. Supongo que el gran K pensó que sería divertido robarme un par de horas extras. —Luego de darle un vistazo al rostro en blanco de Mayra, preguntó—: ¿A qué hora iremos a la fiesta de Jackson?
Yo iré a la fiesta de Jackson, Crow. Es algo exclusivo para humanos, tú lo entiendes, ¿verdad?
—Pero si yo soy humano, Mayra. Después de todo, no podríamos ser novios si no lo fuera, ¿verdad? —dijo, destellando una gran sonrisa luminosa.
Girando los ojos, ella dijo: —Ni me hagas empezar con eso, Crow. ¿Internet? ¿Grecia? ¿“Cariño”? —Se detuvo por un segundo, mientras él la miraba completamente impasible, antes de agregar—: ¡¿Te volviste completamente loco?!
—Teniendo en cuenta que no me iré de tu vida en un futuro cercano, y considerando cómo te molestas cada vez que pareces hablar sola cuando te diriges a mí frente a otras personas... pensé que sería la mejor solución para ambos.
Mayra se le quedó mirando durante un largo rato antes de decir: —¿No podrías simplemente no hablarme cuando te mantienes oculto ante los demás?
Crow lo pensó un segundo. —Podría hacerlo... pero eso no sería tan divertido, ¿verdad?
—Disculpa que no me ría... —murmuró ella—. ¿Y qué hay con ese beso? Fue casi tan tierno como besar un sauce. ¿La completa falta de emoción fue un accidente o también lo haces para molestarme?
Crow la miró durante un largo y silencioso momento, entrecerrando sus ojos ligeramente antes de decir: —Disculpa si no lo hice bien, Mayra... nunca antes había besado a una humana.
Mayra se le quedó mirando entonces, su boca apenas abierta por la sorpresa. —Espera... ¿nunca antes habías besado a una humana? ¿Qué hay de una... Crowtter?
—Nosotros no interactuamos los unos con los otros. Y si lo hiciéramos, no sería para algo tan absurdo como besarse... esas son cosas de humanos —respondió mientras se acercaba a ella un paso.
—Entonces... tú no quieres besarme —murmuró Mayra nerviosamente bajo su intensa mirada.
Crow se acercó un paso más, hasta que ambos estuvieron separados por sólo unos pocos centímetros. La observó durante un par de latidos antes de sonreír lentamente y decir: —¿Por qué querría hacerlo? —Entonces se giró y caminó hacia la sala, dejando a Mayra sola en la habitación, de pie frente a su closet abierto, aún sosteniendo el vestido negro que le había arrebatado.
Síp, la mujer más estúpida del planeta, pensó mientras se arrojaba sobre su cama y hundía su rostro entre las almohadas, pensando que la muerte por asfixia sonaba muy tentadora en ese momento.
Para el momento en que el reloj marcó las 9, Mayra había pensado en todas las excusas posibles para no ir a la fiesta de Jackson, y había descartado cada una de ellas basándose en un simple argumento: su amigo la asesinaría. No es que en realidad le importara morir... al parecer se estaba volviendo bastante buena en ello, pero imaginaba que todo el asunto de la resurrección sería algo difícil de explicar. De modo que, dejando salir un suspiro de resignación, presionó el botón del último piso del edificio de Jackson, intentando ignorar la leve sonrisa de satisfacción en el rostro de Crow. Sólo Dios sabía lo que el Crowtter estaba pensando, pero algo le decía que involucraba al anfitrión de la fiesta y a una serie interminable de comentarios sarcásticos y provocadores. Sí, va a ser una laaaarga noche.
—Si no quitas esa estúpida sonrisa de tu rostro, juro que voy a suicidarme, Crow —gruñó en el confinado espacio del ascensor, que se sentía aún más pequeño con una melodía ochentosa como música de fondo.
Ella sintió más que escuchó la risa en respuesta de Crow, y cuando él se le acercó para murmurar en su oído: “Bien... porque tengo hambre”, su mente no debería haber aprovechado la ocasión para regalarle un muestrario de imágenes calientes de ella y el Crowtter dentro del pequeño ascensor espejado. Imágenes que involucraban un poco más de cercanía y un poco menos de... bueno, ropa.
Dios, necesito terapia..., pensó al escuchar el sonido de las puertas metálicas al abrirse. Caminó rápidamente hacia el único departamento del último piso, intentando inútilmente poner tanta distancia entre ambos como le fuera posible. Antes de que pudiera siquiera estirar la mano, Crow ya estaba abriendo la puerta para ella, sonriéndole mientras la dejaba pasar. Maldiciendo a su corazón por ese latido que se salteó, Mayra desvió la mirada rápidamente, distrayéndose con las personas que estaban ya en el departamento, todos con vasos en sus manos y hablando casi a los gritos para ganarle al poderoso equipo de sonido. Comenzó a buscar entre los rostros para encontrar a Jackson, pero entonces recordó que su “novio” no la dejaría sola, y decidió aplazar el encuentro con su amigo por el mayor tiempo posible.
Cuando notó que casi todas las cabezas estaban giradas en su dirección, se dirigió una rápida miranda a sí misma, chequeando que no hubiera olvidado ponerse pantalones o algo así, y le tomó cerca de un segundo el darse cuenta que no era a ella a quien todos miraban. Todas las mujeres en la sala se habían callado de pronto, y algunas incluso tenían la boca ligeramente abierta mientras admiraban a Crow. Algunos hombres lo miraban con el ceño ligeramente fruncido, mientras que el resto lo ignoraba por completo, pretendiendo que su ego no acababa de recibir la paliza de su vida. Cuando Crow se acercó a Mayra y pasó un brazo por sus hombros, el ceño de todas aquellas que lo habían estado mirando boquiabiertas se frunció para equipararse al de los hombres.
—¿Qué estás haciendo? —murmuró ella mientras intentaba sacudirse su agarre.
—Estoy sosteniendo a mi novia —respondió él simplemente—. ¿O prefieres que “pretenda” besarte? Es una costumbre de humanos, pero estoy dispuesto a darle una oportunidad —añadió con una media sonrisa, mientras se paraba frente a ella y deslizaba su mano a lo largo de su brazo, para finalmente tomar su mano en la suya.
Mayra se estremeció ante la suavidad de su toque a lo largo de su brazo desnudo, y rogó por que él no lo notara. —Ahora... ¿por qué querrías hacerlo? —dijo sarcásticamente, devolviéndole las frías palabras que él le había dicho en su habitación. Entrecerrando los ojos ante su sonrisa, dijo—: Y lo estás haciendo mal... —giró la mano que él sostenía, cambiando de posición y entrelazando sus dedos juntos, palma con palma—. De este modo se siente menos como un incómodo apretón de manos, y más como la manera en que un hombre sostendría la mano de su novia.
—Oh, ¿de verdad? Lo lamento, pero las costumbres humanas me resultan extrañas... Yo incluso pensaba que un hombre sostendría a su mujer así —dijo mientras pasaba su otro brazo por la parte baja de su cintura, acercándola hasta pegar su cuerpo con el de él—. ¿Estaba equivocado?
El corazón de Mayra intentó golpear su camino a través de su pecho, y ella tuvo que aclararse la garganta antes de responder. Y entonces una vez más cuando su voz se negó a salir en forma audible. —No, eso está... bien.
Cuando él entrelazó ambas manos en su espalda, acercándola aún más, Mayra necesitó de cada gramo de su autocontrol para no mandar todo al demonio y besarlo como si no hubiera un mañana. Infiernos, incluso le dejaría tomar un alma o dos en el proceso si eso es lo que quiere de mí.
Recobrando un poco la razón, Mayra desvió la mirada de los fríos ojos negros que la miraban tan de cerca, y se encontró con más miradas hostiles femeninas de las que podía contar. Entonces, mientras se reprochaba a sí misma por haber venido, vio a una muchacha al otro lado de la habitación que acababa de llegar. La chica se le acercó por detrás a una de sus amigas, cubriéndole los ojos con sus manos para que adivinara quién era. Antes de que Mayra tuviera tiempo de poner los ojos en blanco, Crow preguntó: —¿Por qué hacen eso?
—¿Hacer qué? —preguntó ella, negándose a mirar directamente a los negros ojos clavados en ella.
—Eso, pretender que otra persona adivine quién eres, cuando es completamente obvio.
—Yo... no lo sé —respondió ella, intentando sutilmente liberarse de su agarre—. Para bromear con alguien querido... para saber si eres tan importante para esa persona como para que piense en ti cuando lo haces.
Crow guardó silencio durante un momento, y Mayra pudo ver por el rabillo del ojo cómo él ladeaba su cabeza ligeramente, como considerándolo mientras la miraba. Entonces, tan repentinamente como la había agarrado, la dejó ir. —¿Quieres un trago? —le preguntó.
—Ummm, uuhh... —balbuceó ella—, sí, una cerveza... —agregó rápidamente, aunque él ya se había girado y comenzado a caminar a través de la sala—. Y un cerebro que funcione, si lo encuentras —murmuró para sí misma.
—¡Hey, May! —gritó Charly desde la entrada, a sus espaldas. Mientras Mayra se giraba, ella se le acercó prácticamente a los saltitos y la abrazó con entusiasmo—. ¿Dónde está tu Dios griego?
Mayra rodó sus ojos mientras rompía el abrazo. —Crow está... buscándome una cerveza.
—¡Oh, ya lo tienes haciéndote mandados! ¡Esa es mi chica! —exclamó la pelirroja mientras elevaba sus cejas.
—No es así, Charly, él sólo... olvídalo —la pelinegra dejó salir un largo suspiro, obligándose a volver a la realidad—. Hey, ¿hablaste con tu jefe? ¿Sabe algo acerca de su amigo del INTERPOL? ¿Dijo algo acerca de mi entrevista? —le preguntó ansiosamente.
Su mejor amiga estuvo a punto de responderle, pero antes de que pudiera decir una palabra, fue interrumpida. Crow regresó, acercándosele a Mayra por detrás, cubriéndole ambos ojos con una mano, a la vez que apoyaba su poderoso cuerpo contra su espalda. —Adivina quién... —murmuró contra su oído derecho, su cálido aliento rozando su mejilla, mientras las frías cervezas que sostenía en la mano izquierda contra su cadera le provocaban escalofríos.
Mayra siempre había odiado ese estúpido juego, siempre había pensado que no tenía ningún sentido. Pero si había algo que tenía aún menos sentido que ese juego era la reacción que estaba teniendo a él. Ella sabía que era Crow, y sabía que él sólo estaba intentando molestarla. Sabía que él no era humano, sino un insensible Crowtter que sólo la quería para alimentarse de sus almas, y que su único propósito era lograr que muriera una y otra vez, hasta que sus almas se agotaran y ya no hubiera nada que él quisiera de ella. Y entonces él se iría; no miraría atrás. Ni siquiera la recordaría.
Mayra sabía todo eso.
Pero, en ese momento, con el amplio y fuerte pecho de Crow pegado a su espalda, todo en lo que ella podía pensar era que su cuerpo lo deseaba, lo ansiaba, lo necesitaba aún más cerca. Y en eso justamente se basaba su relación con el Crowtter: pretender mantenerse lo más alejada posible, aún sabiendo que jamás podría estar lo suficientemente cerca.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Jue 16 Jun 2011 - 1:52

Capítulo 8 (Cont)

Mayra
Reprimiendo un estremecimiento, Mayra se giró un poco hacia Crow, con el único propósito de quitarse la mano que cubría sus ojos. Por supuesto, no contaba con encontrarse con esos profundos ojos negros mirándola tan de cerca. Intentó dar un paso atrás, pero Crow la sujetó por la cadera con su mano libre, evitando que se alejara. Sabiendo que no podría continuar luchando contra él frente a Charly sin que todo el asunto pareciera extraño, decidió dejarlo ganar. Por el momento. —Ah... ahí estás —murmuró mientras una sonrisa nerviosa vacilaba en su rostro.
—Sí, y traje compañía —dijo él, sonriéndole seductoramente mientras le entregaba una de las botellas individuales de cerveza... de su marca favorita. Cómo Crow sabía eso, ella no tenía idea.
—Oh, gracias. —Mayra tomó la botella mientras mantenía su mano derecha apoyada contra el abdomen de Crow, intentando crear mayor distancia entre ambos sin que su mejor amiga se diera cuenta. También intentaba no notar cuán definidos se sentían sus músculos bajo su mano. Y fallaba miserablemente en ambos—. ¿Recuerdas a Charly? —Hizo un además hacia su izquierda, hacia la pequeña y hermosa pelirroja que los observaba en silencio.
—¿Cómo podría olvidarla? —le sonrió Crow al girarse hacia ella—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, gracias —dijo ella, sonriéndole tan sinceramente como acostumbraba hacerlo con todos—. Me alegra que hayas podido venir a la fiesta.
Durante un par de latidos, Crow no dijo nada más, simplemente se le quedó mirando con una sonrisa casi imperceptible. Luego de que la pelirroja le diera una fugaz mirada interrogativa a Mayra, él finalmente dijo: —Así que, Charly... ese es un nombre algo inusual para una mujer, ¿no?
—En realidad es Charlotte —dijo ella, antes de agregar rápidamente—: pero si me llamas así, sufrirás una muerte lenta y horrible.
El Crowtter dejó salir un bufido con pretensiones de risa. —Creo que me arriesgaré, Charlotte.
Entrecerrando los ojos en él y apoyando las manos en sus caderas, ella dijo: —Oh, ¿así que te sientes a gusto con la muerte?
—Naturalmente. Es a lo que me dedico —respondió él simplemente.
Mientras Mayra consideraba rápidamente las probabilidades de que acabara de imaginar eso, el rostro de Charly se volvió inexpresivo.
—¿Disculpa? —preguntó luego de un breve momento de silencio total—. ¿Y cuál exactamente es tu profesión? ¿Asesino serial?
Crow sonrió aún más, ignorando el fuerte pellizco que Mayra le estaba dando en su espalda. —No, mi familia es dueña de una empresa funeraria. Somos la cadena de funerarias número uno en Grecia. Así que podrías decir que me gano la vida con la muerte —agregó irónicamente.
La alarma que había estado sonando en señal de peligro en la cabeza de la pelinegra cesó al ver que su mejor amiga en realidad parecía considerar a la historia plausible. Entonces, con un gesto de desagrado, preguntó: —¿Eso significa que te pasas los días rodeado de cadáveres?
—No, me paso los días sentado detrás de un aburrido escritorio. —Pasó lentamente un brazo por la cintura de Mayra, acercándola más a su lado—. Soy sólo otro empresario del lucrativo negocio de la muerte.
Mayra ocultó una sonrisa detrás de su botella de cerveza, mientras que el Crowtter la mantenía pegada a su cadera y continuaba hablando con su mejor amiga. La ridiculez de toda la conversación era demasiado para soportar con el rostro serio.
—Ok... —murmuró Charly—. Y hablando de nombres, ¿Crow es un nombre o un apodo?
—Ninguno... es la apócope de Crowtter. —Mientras Charly arqueaba una ceja, él agregó—: Es un nombre muy antiguo... y en griego significa: “pequeño ángel de luz”.
Al instante, Mayra comenzó a toser, ahogada por la cerveza que había estado bebiendo cuando una carcajada estalló en su garganta. Su risa/tos no mejoró para nada cuando él comenzó a golpearle suavemente la espalda, mirándola con ojos astutos. —¿Estás bien, cariño? —le preguntó divertido.
—Sí, estoy bien —respondió cuando finalmente recuperó la compostura. Un segundo después, Crow la movió de manera de estar de pie detrás de ella, sujetándola casual pero firmemente por la cintura.
A pesar de que Charly aún los observaba atentamente, pareció decidir dejarlo pasar, porque pronto comenzó a hablar acerca de la música y de las personas en la fiesta y del tiempo que estimaba tardarían los vecinos del piso inferior en llamar a la policía. A medida que pasaban los minutos, Mayra se sorprendía al notar que la situación era menos extraña de lo que había imaginado. Charly hablaba y reía con Crow como si se tratara de un viejo amigo con el que acababa de reencontrarse, y a pesar de la renuencia general del Crowtter hacia los humanos, parecía agradarle su amiga.
Había llegado a acostumbrarse a las fugaces miradas de envidia que le dedicaban las mujeres a su alrededor, a la vez que intentaba convencerse que la forma en que se sentía el cuerpo de Crow presionado contra su espalda, la confianza con la que sus manos encontraban su cintura, y el ritmo lento con el que movía sus cuerpos al compás de la música no se sentía totalmente natural. Como si fueran pareja desde hace mucho tiempo. Mayra incluso se percató de que desearía que en verdad lo fueran, y eso la llevó a darse una bofetada mental en un intento por sacudirse la estupidez.
Los minutos se transformaron en casi una hora, y la pelinegra comenzó a pensar que tal vez había exagerado en su preocupación por llevar al Crowtter a la fiesta de su amigo. Sí, todo iba bien... hasta que llegó el anfitrión.
Jackson apareció finalmente, con un gran vaso de ron en la mano y una expresión poco amigable en el rostro. Saludó a sus amigas con una gran sonrisa, pero en el momento en que sus ojos se enfocaron en Crow, cualquier vestigio de amistad se esfumó en un parpadeo. Ambos se sostuvieron la mirada durante un largo y silencioso minuto, y mientras una media sonrisa se extendía lentamente por el rostro del Crowtter, Mayra se aclaró ruidosamente la garganta en un intento por romper la tensión. No funcionó.
—Es bueno verte de nuevo, Jack... bonita fiesta —dijo Crow, de pie a espaldas de Mayra. A pesar de que ella intentó moverse a un lado, él no se lo permitió, y mientras mantenía sus ojos sobre el rubio, acarició lentamente el brazo derecho de la muchacha, todo el camino hasta su mano.
—Es “Jackson”, sólo mis amigos me llaman así —respondió él, mirando fugazmente la mano de Crow—, y no recuerdo haberte invitado.
Sonriendo, el Crowtter respondió. —No lo hiciste. Mayra me invitó... No quería que me quedara solo en el departamento, aburrido y esperando por ella.
La mandíbula de Jackson se tensó. —Bueno, bienvenido... esta se suponía que fuera la fiesta de Mayra también, pero por alguna razón ella no se graduó hoy.
—Jackson, no empieces... —murmuró ella, mientras que Charly hacía su parte dándole a su amigo un pequeño codazo en forma de reproche.
—¿Qué? —preguntó él, alejando su mirada de Crow por primera vez—. Es la verdad, May... tú también deberías haberte graduado hoy, y lo sabes.
Antes de que ella pudiera decir algo, Crow dijo: —Cada quien es dueño de hacer con su tiempo lo que quiera. Mayra es dueña de su propia vida, y ni tú ni nadie puede imponerle nada. —La repentina seriedad de las palabras dejó a todos mudos. Sin apartar los ojos de Jackson, continuó—: Puede que estuviera en tus planes el que ambos se graduaran juntos, pero era no era tu decisión. Tal vez algo más importante surgió, algo que cambió sus prioridades.
Sí, como morir, pensó Mayra en silencio.
—Tú no eres más importante que su graduación, si eso es lo que estás diciendo —le gruñó el rubio.
—No, no hablo de mí —replicó tranquilamente, impasible ante la agresión latente de Jackson, quien parecía estar a punto de saltarle encima—. Estoy hablando de ella. Hablo de su vida y de las agallas que tiene para no dejar pasar las oportunidades que se le presentan... para no preguntarse el resto de su vida qué habría sucedido si hubiera dado ese paso. Qué habría pasado si no hubiera perdido esa oportunidad. Porque esa es la cuestión con las oportunidades —agregó, mirando a Jackson a los ojos a la vez que sostenía a Mayra más cerca de su cuerpo—, no se pierden... simplemente otro las aprovecha.
La tensión en el aire era tan palpable, que Mayra se sorprendía de que no se estuvieran asfixiando con ella. Mientras los tres amigos lo miraban en silencio, Crow continuó, con una voz menos amenazante ahora: —Y una vez que vences tu miedo y actúas según cómo te sientes, debes tener la convicción de saber que hiciste lo correcto, y no echarte atrás si el premio es grande. —Le echó un breve vistazo a Charly, quien encontró sus fríos ojos negros sin vacilar. Entonces, volviendo la mirada a Jackson, agregó—: Debes luchar con garras y dientes por lo que quieres, y debes estar dispuesto a enfrentarte a lo que sea por ello... como yo lo estoy.
Para la enorme sorpresa de Mayra, Crow se agachó para depositar un suave beso a un lado de su cuello, que envió escalofríos todo el camino hasta sus pies.
En el instante en que Jackson dio un paso hacia delante, Charly se interpuso en su camino. —Vamos, Jack, prepárame uno de tus tragos fuertes... creo que lo necesito.
El reciente graduado mantuvo su mirada fija en Crow durante un par de latidos antes de permitir que la pelirroja lo arrastrara hacia el otro lado del departamento, en dirección a la mesa repleta de botellas de alcohol a medio beber.
Cuando se fueron, Mayra se deshizo bruscamente del agarre de Crow y, girándose, lo encaró enfurecida. La leve sonrisa del Crowtter se esfumó, y le devolvió la mirada con seriedad, de ese modo tan intenso que la hacía estremecer y preguntarse qué estaría pensando. Ella abrió su boca, pero entonces la cerró y comenzó a caminar a través de la sala, chocándose con cada persona que no se apartara de su camino lo suficientemente rápido. No tendría paciencia para esperar por el ascensor, por lo que comenzó a bajar los doce pisos del edificio de Jackson ferozmente, escuchando cómo la fuerte música del último departamento se desvanecía cada vez más. Sabía que Crow la estaba siguiendo, pero no porque lo escuchara, sino porque sentía su presencia, su mirada depredadora fija en ella.
Al salir a la calle, Mayra caminó unas cinco cuadras antes de girarse bruscamente en la acera, encontrándose con la imagen poderosa e inmóvil de Crow, como si hubiera estado allí parado todo el tiempo, en vez de siguiéndola de cerca.
—¿Por qué lo hiciste? —prácticamente le gritó—. ¡Esos son mis amigos, Crow! ¡Y no tienes ningún derecho de hablarles así! No tienes por qué hablar por mí, maldita sea, ¡puedo defenderme sola! —Se detuvo para escuchar su respuesta, fulminándolo con la mirada mientras él se mantenía imperturbable. Su respiración estaba agitada por haber caminado tan rápidamente, y sus oídos zumbaban por la furia que sentía. Apenas consiente del sonido de unas sirenas a lo lejos, agregó—: No eres mi novio, Crow, por mucho que te guste pretender serlo para molestarme. No eres nada de mí, y no tienes derecho de interferir en la poca vida que tal vez me quede. Esos son mis amigos, y no quiero que el último recuerdo que tengan de mí sea el de una pobre damisela en apuros... ¡dominada por un estúpido sepulturero griego!
—No estaba dominándote... —dijo Crow, pero ella rápidamente lo interrumpió.
—¡¿Entonces qué hacías?! —exigió—. ¿A qué estabas jugando?
Durante un largo momento, Crow se mantuvo en silencio, y ambos se sostuvieron la mirada, con los sonidos de la cuidad creciendo más y más ruidosos a su alrededor.
—Él aún se lo pregunta, ¿sabes? —dijo el Crowtter simplemente. Antes de que Mayra pudiera decir algo, aclaró—: Se pregunta acerca de esa noche hace casi cinco meses. Esa noche en la que salieron los tres de fiesta y Jackson se quedó contigo en tu departamento porque habías bebido demasiado y no querías estar sola.
Mayra desvió la mirada, pensativa, recordando vagamente esa noche. Charly se había ido a casa más temprano, pero Mayra había insistido en que Jackson y ella permanecieran en el bar por unas horas más. Había bebido mucho, intentando en vano mantenerse al ritmo de su amigo. Los recuerdos comenzaban a volverse difusos en un punto, y Mayra recordaba haberse despertado al otro día en su propia cama... en los brazos de Jackson. No tenía muy en claro cómo había llegado ahí, pero sí recordaba el largo suspiro de alivio que dejó salir al ver que ambos estaban completamente vestidos.
Mientras luchaba contra sus lagunas mentales, Mayra simplemente lo miraba con el ceño fruncido.
—Él te besó esa noche —dijo, y ella creyó ver una sombra de disgusto cruzando fugazmente por su rostro—. Aún se pregunta si lo recuerdas... ¿Lo haces?
La pelinegra parpadeó un par de veces antes de negar suavemente con la cabeza.
—Él te ayudó a acostarte en tu cama, y te quitó los zapatos mientras tú reías por el hipo que habías tenido durante la última media hora. Entonces le pediste que se acostara a tu lado un momento, y cuando lo hizo, le sonreíste tan hermosamente que él no lo pudo evitar. Acarició tu mejilla, se inclinó hacia delante y te besó. —Hizo una pequeña pausa, mientras los sonidos a la distancia parecían volverse más fuertes—. Y no fue un pequeño beso tampoco... fue un largo, lento y buen beso el que se dieron, un beso como pocos que él había dado, y que definitivamente jamás imaginó dándote a ti. Y le gustó... mucho. Y cuando comenzó a preguntarse qué tan lejos podría llevarlos ese beso, tú rompiste a reír. Reíste porque tu hipo había desaparecido, entonces te giraste hasta darle la espalda, y te dormiste en sus brazos. ¿Lo recuerdas ahora, Mayra?
Ella cerró los ojos brevemente y negó una vez más, preguntándose si en verdad todo eso había pasado.
—Pues él sí lo recuerda... lo recuerda cada vez que te ve, y cada vez se pregunta si tú sólo pretendes no recordarlo, o si estabas lo suficientemente borracha como para en verdad no hacerlo. Se pregunta si lo volverías a besar, si eso arruinaría su amistad, y si se sentiría tan bien besarte como esa vez. Él se pregunta, se pregunta y se pregunta... Es todo en lo que piensa, y me estaba volviendo loco. Porque si no es lo suficientemente valiente como para correr el riesgo, entonces no merece una respuesta.
Ambos se miraron en silencio, y de pronto Mayra se percató que las sirenas eran ensordecedoras ahora, y que el sonido de explosiones y autos acelerando parecía venir de todas partes. —¿Qué diablos...? —Se giró hacia Crow, y se sorprendió al encontrarlo aún más cerca, una presencia enorme frente a ella, mirándola a través de los párpados apenas abiertos, y con los labios separados, como si le costara trabajo respirar. Una leve sensación de frío pinchó a un lado de su cuello, pero antes de que pudiera tocarlo, varias explosiones la ensordecieron. Un auto pasó rápidamente por la calle, seguido de cerca por dos patrulleros; sus sirenas y luces aturdiéndola momentáneamente.
No sintió dolor, sino que fue el temblor en sus piernas lo que le indicó que algo no andaba bien. Cuando comenzó a sentir algo tibio en su ropa, se llevó una mano al abdomen, y no comprendió del todo por qué emergió cubierta de algo negruzco a la luz de la luna.
Levantó la mirada hacia Crow, y no supo interpretar la mirada en su rostro.
—Lo siento... —creyó oírlo murmurar antes de sentir sus fuertes brazos sosteniéndola.
Y entonces el mundo se cubrió de sombras.
Cuando Mayra despertó, se encontró nuevamente en su departamento, recostada en el sofá de la sala. La habitación estaba a oscuras, y no se escuchaba nada a excepción de la voz de Leonardo Di Caprio. ¿Qué...? Incorporándose ligeramente, pudo divisar el televisor encendido al otro lado de la habitación, mostrando una escena de Titanic de debía de haber visto por lo menos una docena de veces. Justo frente a ella estaba la inmóvil figura de Crow, observándola sentado sobre la mesa de café.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó él, ladeando su cabeza con curiosidad.
—Mmm, extraña... —dijo ella, cerrando con fuerza los ojos y llevándose una mano hasta su cuello—. ¿Qué sucedió?
—Moriste. Fuiste alcanzada por una bala perdida en una persecución policial.
Recordando vagamente un escozor en su abdomen, levantó el borde inferior de su camiseta, y no se sorprendió demasiado al encontrarla mojada y pegajosa al tacto. Lo que sí la sorprendió fue que su piel no mostrara siquiera una pequeña marca luego de haber sido alcanzada por una bala. Su estómago estaba tan pálido y plano como siempre, con el pequeño pearcing brillando levemente en su ombligo.
—Entonces... ¿tomaste otra de mis almas? —murmuró sin mirarlo, mientras continuaba explorando su estómago en busca de un pequeño orificio aún sangrante.
Él no le respondió, su figura se mantuvo oculta por las sombras mientras las luces del televisor brillaban detrás. —¿Te dolió? —le preguntó luego de un momento.
—¿Morir? No, no dolió... ni siquiera lo recuerdo.
—No, me refiero a eso —aclaró el Crowtter, estirando su mano hacia el estómago de Mayra. Tocando apenas la esfera de strass inferior, brillando en medio de su ombligo, preguntó otra vez—: ¿Te dolió?
Mayra sostuvo el aliento por un segundo antes de obligarse a volver a respirar, sabiendo que Crow podría notarlo. Su corazón corría dentro de su pecho ante el ligero roce de sus dedos. —Sí, dolió... —susurró, aún recostada sobre el amplio sofá, incapaz de moverse.
—¿Entonces por qué lo hiciste? —presionó Crow, acariciando con su dedo todo alrededor de su ombligo.
Oh, Dios... pensó ella, luchando contra el impulso de cerrar los ojos y deleitarse ante la sensación de sus ásperos dedos sobre su piel. —No lo sé —murmuró, intentando enfocarse—, creo que en ese momento necesitaba que algo me recordara que estaba viva. Y el dolor pareció una buena idea.
Crow lo consideró por un segundo, entonces alejó su mano de ella y se puso de pie. El movimiento rompió el encanto, dejando a Mayra acostada en el sillón, sintiéndose como una completa idiota. Otra vez... Se incorporó hasta sentarse en el extremo del sofá, y se sorprendió cuando Crow se sentó a su lado.
—Cuando tomé tu alma, uno de los recuerdos que vi de tu vida fue ese... tú acostada en una camilla en un salón de tatuajes. La mezcla de emociones que saboreé de ese recuerdo fue abrumadora: emoción, miedo, dolor, excitación... y vergüenza. ¿Por qué te sentías avergonzada, Mayra?
Él la miraba muy de cerca, analizando su rostro, como si conociera cada detalle de él. Odiaba eso de Crow... no sólo se alimentaba de sus emociones y tenía acceso total a sus recuerdos cuando lo hacía, sino que la miraba como si la conociera mejor que nadie, como si ella no pudiera ocultar nada de él.
Y probablemente no podría.
—Estaba avergonzada porque... bueno, porque no me gusta mostrar mi estómago, ¿de acuerdo? Y especialmente no en frente de un completo desconocido con guantes negros en sus manos y una gran aguja ansiosa por atravesar mi piel. Pero igualmente quería hacerlo. Necesitaba hacerlo. —Mirándolo directamente a los ojos, preguntó—: ¿Satisfecho?
Los ojos del Crowtter descendieron lentamente hasta su cuello. —Como nunca antes —dijo seductoramente.
Mayra desvió la mirada rápidamente hacia el televisor encendido, mientras intentaba recordar que se suponía que debía estar enfadada con él. Frente a ella, Rose se preparaba para dejarse retratar por Jack, y ese era probablemente su pie de salida. Sólo Dios sabía la clase de preguntas que el Crowtter le haría luego de ver esa escena. Preguntas que ella definitivamente no querría responder. Buscando una excusa para irse, dijo: —Bueno, tal vez esté curada, pero eso no quita la sangre seca de mi piel, así que... —Se puso de pie y se dirigió al baño, preguntándose inconscientemente si podría sentir el vacío de tener un alma menos.
Bajo la tibia lluvia de la ducha, se deshizo lentamente de todos los restos de sangre seca de su estómago, y entonces se quedó mirando fijamente el piso de la bañera, observando cómo el agua pasaba de un rojo escarlata a simple agua transparente. Y entonces se quedó ahí parada un rato más, perdida en sus pensamientos.
Cuando el agua comenzó a enfriarse, se resignó a cerrar el grifo con sus ahora arrugados dedos, entonces se asomó un poco por uno de los lados de la cortina de la ducha y gritó al encontrar a Crow de pie en el extremo opuesto del cuarto de baño. —¡Crow! ¡¿Qué mierda estás haciendo?! ¡¡Sal de aquí!!
—Tengo curiosidad... —murmuró él pensativamente.
—¡Sal de aquí ahora! —le gritó Mayra nuevamente, estirando su mano para tomar la toalla, y cubriéndose al mismo tiempo con la pesada cortina azul.
—No, quiero ver algo —dijo él, dando un pequeño paso hacia delante.
—¡¿Qué?! —gruñó ella.
—Quiero ver tu cuerpo.
Esas cuatro palabras hicieron eco en el silencioso cuarto de baño una y otra vez, como si los restos del vapor de la ducha se negaran a dejarlas ir. —¿Qu... qué? —tartamudeó Mayra.
—Quiero ver tu cuerpo —repitió Crow.
—No... —dijo ella desde detrás de la cortina, con mucha menos convicción de la que habría deseado.
En ese momento, la cortina azul se abrió por completo, a pesar de que Crow permaneció inmóvil al otro lado del cuarto. Ahogando un grito, Mayra se sobresaltó y sostuvo la toalla aún más fuertemente alrededor de su cuerpo mojado. —No voy a mostrarte nada, Crow, ¡vete de aquí! ¿Y cómo rayos entraste, de todos modos? La puerta estaba cerrada con llave.
—Tengo curiosidad. Quiero ver tu cuerpo ahora —dijo él simplemente—. Sabes que podría simplemente desaparecer esa toalla, Mayra, pero te estoy dando la oportunidad de hacerlo tú misma. Muéstrame tu cuerpo —le ordenó una vez más.
Dejando salir un bufido, ella dijo desafiante: —Muéstrame el tuyo, y te mostraré el mío...
En un parpadeo, toda la ropa de Crow desapareció. Sus pantalones de jean gastados, la camiseta gris que se adhería perfectamente a su pecho, incluso sus zapatos... simplemente se esfumaron. Todo lo que quedó fue la figura escultural de Crow, inmóvil y completamente desnudo.
Mayra sabía que no debería mirarlo tan fijamente, y en especial no con la boca abierta como la tenía en ese momento, pero no podía evitarlo. Crow tenía el cuerpo más perfecto que jamás hubiera visto. Sabía que debía de tener un buen cuerpo, pero jamás pensó que podría ser así. Nadie debería ser así de perfecto. Cada parte de su cuerpo estaba bien definida, desde sus musculosas piernas hasta sus amplios hombros, pasando por un estómago perfecto, con apenas un rastro de bello corporal bien oscuro en su bajo vientre, como si indicara el camino que debían recorrer sus ojos... y que se morían por recorrer sus manos. Y Mayra no pudo evitar hacer justamente eso, dejando que sus ojos fueran a la deriva hacia donde querían ir, hacia el grueso sexo de Crow que caía pesadamente entre sus piernas. Él obviamente no estaba excitado, pero eso sólo le hizo preguntarse cuánto más grande sería, cuán magnífico sería verlo desnudo y completamente erecto, listo para ella.
—¿Y bien? —dijo Crow, sacudiéndola de sus pensamientos, y haciéndole notar que no había estado respirando.
Avergonzada, apartó la mirada rápidamente, cerrando los ojos y aferrándose a su toalla aún más. —Por Dios, Crow... era una manera de decir. ¿Podrías sólo... no estar desnudo? —dijo estúpidamente, mientras sentía cómo su rostro ardía. Cuando aventuró un breve vistazo hacia él, frunció el ceño en decepción al encontrarlo mágicamente vestido otra vez.
—Te mostré mi cuerpo, tal y como lo pediste. Ahora muéstrame el tuyo. —Al ver que ella se mantenía inmóvil, mirándolo con los ojos muy abiertos, amenazó—: Muéstrame tu cuerpo ahora, o haré desaparecer esa toalla. No estoy bromeando, Mayra... Ahora.
Cerrando los ojos fuertemente, Mayra tomó una profunda inspiración y abrió la gran toalla blanca con la que cubría su cuerpo. Abrió sus brazos para luego dejarlos caer un poco, sus manos cerradas en apretados puños, aferrándose a la rugosa tela. Mantuvo los ojos cerrados durante un largo momento, el completo silencio del baño interrumpido solamente por el tronar de los latidos de su corazón. Cuando los abrió un segundo después, se sobresaltó al encontrar a Crow de pie mucho más cerca de lo que había estado antes. Su cabeza estaba ligeramente ladeada mientras recorría con sus ojos todo el cuerpo de Mayra, de la cabeza a los pies. De ida y de vuelta.
Ella estaba congelada en el lugar, pero cuando Crow estiró una mano hacia su estómago, Mayra rápidamente se cubrió con la toalla y retrocedió hasta chocar su espalda contra la pared de la ducha.
El Crowtter frunció el ceño y levantó la mirada hasta encontrar sus ojos. Presionó por un instante su mandíbula, como si estuviera enfadado por algo. —Tu cuerpo es hermoso, Mayra —dijo con una voz muy baja—. Jamás deberías avergonzarte de él. —Entonces se giró y salió del cuarto de baño.
Mayra observó con incredulidad cómo la puerta se cerraba sola detrás de él, y se quedó ahí parada, con el corazón acelerado y pequeñas gotas deslizándose por su cuerpo. Y consideró muy seriamente el darse una ducha fría.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Lun 4 Jul 2011 - 4:11

Capítulo 9

Crow

Habían pasado más de dos semanas desde la fiesta de Jackson, desde la noche en que Mayra había muerto por última vez y, desde entonces, ella apenas si le dirigió la palabra a Crow. Se pasaba los días sentada frente a su computadora portátil, pretendiendo trabajar en las modificaciones de su tesis, mientras que se encerraba en su habitación por las noches, dejándolo solo en la sala. El Crowtter sabía que ella lo evadía por lo que había pasado en el baño esa noche, probablemente sintiéndose cohibida luego de que él la viera desnuda; pero aún así no terminaba de comprenderlo. Después de todo, ella lo había visto desnudo a él también, y Crow no se había sentido avergonzado al respecto.
A decir verdad, le había gustado... había disfrutado de la reacción de Mayra al ver su cuerpo desnudo: sus ojos abiertos de par en par, sus labios ligeramente separados, el aliento atrapado en su garganta. Ella lo deseaba y, por alguna razón, a Crow le gustó saberlo; aún cuando no era a él a quien ella quería, sino a la manifestación de un cuerpo humano al azar que no era su verdadera forma. No, Mayra en realidad no lo quería a él... ningún humano podría en verdad desear a un Crowtter, pero no importaba, ella deseaba su cuerpo, tal vez incluso tanto como él deseaba sus almas y las intensas emociones que venían con ellas.
O tal vez sea sólo curiosidad, pensó él, de pie en la oscura habitación de la muchacha, observando en silencio su figura durmiente. Tal vez siente tanta curiosidad como yo por ella, admitió en silencio, sabiendo que era inútil continuar negándolo. Se sentía curioso acerca de la humana, y cada uno de sus pensamientos últimamente giraba en torno a descubrir algo nuevo acerca de ella, algo íntimo y personal, algo que nadie más supiera. Había hecho de ello su nueva misión... una misión que se veía entorpecida por la insistencia de Mayra de evitarlo.
Al principio lo habían irritado sus intentos por ignorarlo, pero le tomó apenas un día el encontrar el punto débil de la humana: por mucho que evitara encontrar su mirada, por más que insistiera en no dirigirle la palabra, Mayra siempre reaccionaba cuando él la provocaba. Y Crow se había vuelto sorprendentemente eficiente a la hora de molestarla. Se había convertido en el campeón mundial de “coin roll”, haciendo girar una pequeña moneda entre sus dedos una y otra vez, sabiendo cuánto la irritaba. Y cuando ella hacía el gran esfuerzo por ignorarlo, Crow subía la apuesta y comenzaba a practicarlo con algo más grande y notorio, como un bolígrafo, o un palillo de comida china. Mayra de verdad odiaba cuando hacía eso. De hecho, para lo único que hacía contacto visual directo con él era para enviarle una mirada asesina en señal de advertencia. Cuando eso no funcionaba, el siguiente paso sería un suspiro/gruñido, seguido de cerca por un: “¡Dios, eres el Crowtter más irritante del mundo!” o el siempre bien recibido: “¡Sólo mátame de una vez, pero deja ya de torturarme con eso!”
Crow no podía evitar sonreír al recordarlo ahora, mirándola dormir tan plácidamente que era difícil el imaginarla tan enfadada. Pero así era Mayra, intensa en cada una de sus formas. Ella sentía cada emoción hasta el centro mismo de su ser, ya fuera alegría, miedo, deseo o enojo... lo cual era probablemente el por qué sus almas eran tan deliciosas para él. Las emociones que tomaba de ella en cada extracción lo alimentaban como ningún otro humano lo había hecho antes.
De pronto, el Crowtter se preguntó si se alimentaría de las emociones que Mayra sentía por él en las futuras extracciones. Eso sería interesante... ver esas imágenes al azar de la mente de la humana, verse a sí mismo desde su perspectiva, y saborear las emociones que sintió en ese momento. ¿Qué habría sentido ella esa noche en el cuarto de baño, desnuda frente a él? ¿Vergüenza, miedo, deseo... excitación, tal vez? Sí, sería más que interesante saberlo, conocer todas esas emociones que él no podría sentir por si mismo. Esperaba tener la oportunidad de descubrirlo pronto, porque a pesar de que las otras extracciones que le eran asignadas cada día eran más que suficientes para mantenerlo bien alimentado, eran de alguna manera... insatisfactorias. Las almas de los otros humanos parecían insípidas en comparación con las de Mayra, y las emociones que le daban sustento raramente eran tan intensas como las de ella.
Extrañamente, Crow se dio cuenta que cada vez ansiaba menos las otras misiones que le eran asignadas, y en su lugar prefería estar junto a una humana que insistía en pretender ignorarlo. Aún cuando ella no estuviera muriendo, el Crowtter prefería mantenerse cerca de ella, provocándola, observando sus reacciones, o simplemente mirándola, como ahora. Pasaba cada minuto posible junto a ella, sentándose a su lado frente al televisor, intentando llamar su atención cuando ella estaba en su computadora y le daba la espalda... diablos, incluso preparaba y compartía las comidas con ella. Cuando le dijo por primera vez que cenaría con ella, Mayra le dirigió una mirada de irritación antes de rodar sus ojos, suponiendo probablemente que le haría preparar una cena para dos personas para luego sólo comerla ella... lo cual, por supuesto, había sido el plan del Crowtter, por lo que no tuvo otra opción más que resignarse a comer los alimentos, sólo para demostrarle que estaba equivocada. Se había sentido algo extraño al principio, pero luego llegó a acostumbrarse a los sabores y texturas.
Comer como humano, había descubierto, no era tan desagradable como se había imaginado. Aún así, su alimento preferido seguían siendo los jugosos duraznos que Mayra se aseguraba de tener siempre en el refrigerador para él, y no podía entender cómo a algunos humanos podían no gustarles. Por otro lado, al ingerir alimentos humanos con tanta regularidad, no le había quedado otra opción más que permitir que su cuerpo realizara todas las funciones fisiológicas de un cuerpo humano real, pero era un pequeño precio a pagar por todas las comidas que compartían juntos. Y por esas tímidas sonrisas que Mayra siempre intentaba ocultar cuando el Crowtter le decía que lo que había preparado para él estaba delicioso.
¿Qué tienes de especial, Mayra?, se preguntó Crow en silencio mientras se agachaba junto a su cama, desde donde la observaba dormir durante la última hora. ¿Qué tienes que me da tanta curiosidad? ¿Acaso son tus almas? ¿O tu cuerpo? Dejó que su mirada fuera de la deriva por el cuerpo recostado de ella, analizando cada curva, cada suave línea de su piel. No había podido evitarlo... esa noche, luego de ver la escena de esa película, no había podido contener su curiosidad. La película en general era completamente ridícula, y no reflejaba ni por asomo el caos que se había desatado a bordo, ni el horror y la desesperación que soportaron esos humanos antes de morir. Crow lo sabía muy bien... después de todo, había estado ahí, liderando el grupo de extracción de esa noche: casi 100 Crowtters alimentándose en medio del océano Atlántico. Pero fuera de eso, había sido esa escena: cuando la mujer pelirroja se había desnudado frente al artista. Cuando él vio cómo sus miradas se cruzaban, cómo él la observaba, tan vulnerable y expuesta ante él, Crow simplemente necesitaba hacerlo. Necesitaba verla de esa manera, natural, expuesta y frágil ante sus ojos. Necesitaba saber qué se sentiría el compartir algo así con Mayra... pero debería haber sabido que no sentiría nada.
Los Crowtters no sienten, pedazo de imbécil, se dijo a sí mismo. Por más que juegues a ser humano, jamás sentirás como uno.
Presionando fuertemente su mandíbula, Crow alejó su mirada del cuerpo de la humana mientras se ponía de pie y salía de la habitación en penumbras. Casi había llegado a la puerta de la habitación de Mayra cuando su débil voz lo detuvo.
—¿Crow? —susurró ella.
El Crowtter se congeló, esperando la ola de maldiciones que inevitablemente llegarían luego de ser descubierto espiándola mientras dormía. Cuando el silencio no se transformó en gritos de furia, se giró extrañado hacia ella. Mayra no se movía, pero sin dudas sabía que él estaba allí.
—¿Si? —dijo tentativamente mientras regresaba junto a su cama.
—Crow... —repitió ella con una débil sonrisa, aunque sus ojos estaban cerrados. ¿Estaría fingiendo? Silenciosamente, él se sentó junto a ella en la cama, observándola con curiosidad—. Crow... bésame.
Él abrió ampliamente sus ojos ante esa palabra, después de todo, ella le había dejado muy en claro que no le había gustado ese único beso que le había frente a sus amigos, un par de semanas atrás. Ella le había dicho que él no lo había hecho bien... y Crow no la había besado desde entonces. ¿Entonces por qué quería que la besara ahora?
—Bésame... —susurró una vez más, yaciendo inmóvil sobre su cama.
Crow se inclinó lentamente sobre ella, hasta que no había más que insignificantes milímetros de separación entre ambos. —¿Estás segura? —murmuró, mientras acariciaba suavemente la tersa mejilla de Mayra con su nariz, inspirando su cálido aroma a la vez.
—Sí... —respondió ella con un suspiro.
Y eso era todo lo que necesitaba. Crow no dejaría pasar esta oportunidad de satisfacer su curiosidad. Sosteniéndose con una mano junto al cuerpo de Mayra, giró su rostro ligeramente hacia el de él y acortó la distancia entre ambos. Los labios de la humana se sintieron tan cálidos contra los suyos... demostrando ser tan suaves como afiladas eran sus palabras. Cuando ella dejó salir un suave gemido, Crow no pudo evitar sonreír ligeramente antes de profundizar el beso, deleitándose con su sabor embriagador.
Pero entonces ella se sacudió debajo de él, dejando salir una muda exclamación. Sus ojos se abrieron de par en par, y sus manos lo empujaron fuertemente hacia atrás.
—¿Qué demonios? —gritó ella mientras pataleaba hasta sentarse en la cama frente a él—. ¡¿Qué mierda haces, Crow?!
—Estaba besándote —respondió él simplemente.
—¡¿QUÉ?! ¿Por qué demonios me besabas, Crow? —gritó Mayra mientras intentaba alejarse de él, golpeando el amplio pecho del Crowtter con una de sus rodillas en el proceso.
—Porque tú me lo pediste, Mayra —dijo él, sintiéndose de pronto irritado por haberse dejado llevar tan fácilmente.
—No te pedí nada, Crow, ¡estaba dormida! ¿Y qué haces aquí, de todos modos? Este es mi cuarto, ¡no puedes simplemente entrar a mi cuarto! ¡Vete! —gritó ella en un tono extrañamente agudo.
Luego de dejar salir un gruñido bajo de su garganta, Crow entrecerró sus ojos a Mayra y murmuró: —Bien... —Entonces se puso de pie y caminó hacia la sala, cerrando con su mente la puerta de la habitación de Mayra a sus espaldas. Una vez en la sala, puso mentalmente el cerrojo en la puerta que acababa de cruzar, y volvió a acomodar en su lugar la pesada silla de madera que había colocado ella desde el lado de adentro, trabada bajo el picaporte.
Un fuerte gruñido lo hizo girarse hacia la habitación, y menos de dos segundos después, Mayra abrió la puerta, envuelta en una sombra de ira. —¿Qué diablos está mal contigo, Crow? ¿Crees que todo es una broma? —Caminó a grandes pasos hacia él, y entonces comenzó a picar su pecho con un dedo, enfatizando cada una de sus palabras—. ¡Ya no te soporto! ¡Mátame de una vez, o desaparece de mi vida y déjame en paz!
—Oh, ¿así que estás hablándome una vez más? —dijo él con ironía, dando un paso hacia delante, obligándola a retroceder—. Comenzaba a pensar que te habías olvidado de mí.
—¿Cómo podría olvidarme de ti, ¡si estás siempre molestándome!? ¡Estoy harta! No puedo continuar preocupándome por morir a cada instante, y además por tener a un potencial psicópata en mi habitación cada noche —replicó ella, avanzando nuevamente hacia él—. Y tú no sólo no respetas los límites... ¡sino que también te burlas de lo que hago para mantenerte alejado de mí!
El Crowtter frunció el ceño en confusión, hasta que comprendió a qué se refería. —Espera, espera... ¿Esa silla contra la puerta era para evitar que yo entrara? —Dejó salir una fuerte carcajada incrédula antes de decir—: Mayra, soy un ser inmortal de poderes ilimitados... ¿y tú pensaste que podrías mantenerme alejado con una silla y un cerrojo?
Frente a él, Mayra enrojeció notablemente, probablemente al darse cuenta de su estupidez. —Como sea... —dijo, entrecerrando sus ojos—. Esa es mi habitación, y no puedes simplemente entrar en mitad de la noche... ¡y especialmente no para besarme!
—Entré a tu habitación porque estaba aburrido, y ya te lo dije, te besé porque tú me lo pediste —dijo el Crowtter lentamente, inclinándose un poco hacia ella.
Luego de dar un paso hacia atrás para alejarse de él, la pelinegra dijo: —Estaba dormida, Crow, no sabía lo que decía... y tú no tenías derecho de estar ahí en primer lugar. Así como no tenías derecho de pedirme que te mostrara mi cuerpo la otra noche.
—¿Por qué no? Tú me pediste que te mostrara el mío, y yo lo hice —discutió él.
—Pero no había querido que lo hicieras de verdad... era sólo una manera de decir —replicó ella, sintiéndose avergonzada nuevamente al recordarlo. Entonces, al parecer un nuevo pensamiento cruzó por su mente, y levantó su mirada para encontrar los negros ojos de Crow al decir—: Y, ahora que lo mencionas, ese ni siquiera era tu verdadero cuerpo, ¿verdad?
Crow no le respondió, en cambio presionó sus dientes juntos, marcando aún más su fuerte mandíbula, mientras entrecerraba sus ojos ligeramente.
Ante su silencio, Mayra continuó: —¿Qué pasa, Crow? Yo tengo que mostrarte mi cuerpo, dejarte entrar en mi vida y resignarme a que tomes mis almas y te alimentes de mis emociones, ¿y tú ni siquiera me dejas ver tu verdadero rostro? Eso es algo injusto, ¿no lo crees?
Él la observó en silencio durante varios latidos antes de murmurar: —No sabes lo que estás pidiendo, Mayra...
—No, creo que sí lo sé, Crow. Estoy pidiendo que equipares las cosas y que te expongas ante mí de la misma manera que yo tuve que exponerme ante ti: desnudo, vulnerable y sin censuras.
—No, lo que estás pidiendo es... —comenzó él, pero Mayra lo interrumpió diciendo:
—A menos que te atemorice hacerlo.
Ambos se quedaron en silencio entonces, midiéndose el uno al otro en la sala a medio-iluminar.
—¿Temor? —dijo el Crowtter finalmente—. Yo no siento temor, Mayra. No hay nada en este mundo que pueda atemorizarme jamás. Y tú... —agregó, dando un paso lentamente hacia ella—, tú no sabes lo que es el temor... aún.
Entonces lo hizo, dejó que su verdadera forma saliera a la luz, dejando atrás su falso cuerpo humano. En ese mismo instante, una ráfaga de electricidad lo sacudió, mientras todo su ser se regocijaba ante la nueva libertad, como si hubiera estado mucho tiempo atrapado en un espacio demasiado pequeño. Le tomó menos de un segundo el tomar su verdadera forma. Y le tomó a la humana sólo un segundo más el dejar salir un grito desgarrador.
Mayra gritó con todas sus fuerzas mientras retrocedía rápidamente para alejarse de él, hasta chocar con una de las paredes de la sala. Si el Crowtter no hubiera estado usando su poder para insonorizar el departamento, no habría dudas que la policía estaría llegando en pocos minutos. Y esta era exactamente la razón por la que los Crowtters jamás mostraban su verdadera forma ante los humanos: simplemente no podían manejarlo. Después de todo, lo que Mayra estaba viendo en ese momento no podría haberlo imaginado ni siquiera en sus peores pesadillas. La verdadera forma de Crow no podría describirse como otra cosa más que una sombra viviente, un torbellino de humo y penumbras tan negro como sus ojos, conteniendo un poder tan grande que pequeñas descargas oscuras similares a la electricidad explotaban mientras las sombras giraban sin cesar. Él era tan negro como blanco era Kormes.
Mientras la humana hiperventilaba, su espalda pegada contra la pared de la sala, aún empujando su cuerpo hacia atrás en un intento inútil por alejarse de él, el torbellino de sombras que era ahora Crow crepitaba de poder. En el instante en que dejó salir su verdadera forma, toda la sala se oscureció, y la temperatura cayó varios grados, como si todo el calor y la luz del departamento hubieran sido absorbidos por él... lo cual era exactamente lo que había sucedido. Cada vez que Crow dejaba el restrictivo cuerpo humano atrás, le tomaba algo de tiempo el controlar totalmente su poder, y todo a su alrededor lo sentía. Mientras que la humana lo miraba horrorizada, cada objeto del departamento vibraba y se movía por sí solo, algunos de ellos elevándose del suelo varios centímetros.
Todos los sonidos del mundo parecían haber desaparecido, hasta que sólo quedó la dificultosa respiración de Mayra y el sonido de las fuertes descargas eléctricas de Crow. Cuando el Crowtter finalmente pudo controlar todo su poder, se sintió mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Sintiendo cada molécula de su ser regocijándose ante la nueva libertad, dejó que las sombras se extendieran aún más, hasta llegar al techo del departamento.
Entonces, un pequeño sollozo le recordó que Mayra aún estaba allí. Se giró y se le acercó lentamente, cerniendo el torbellino de sombras y tinieblas sobre ella como un gran e implacable depredador. —¿Qué piensas, Mayra? —dijo en una voz inhumana tan grave y fuerte que hizo temblar las paredes del departamento—. ¿Es esto lo suficientemente vulnerable para ti?
Mayra no dijo nada, sino que se llevó una mano hacia su boca mientras lo miraba con horror. Ella no volvió a gritar, lo cual era admirable, pero Crow sabía que intentaría salir corriendo de allí de un momento a otro. En cualquier momento ahora..., pensó él, y a medida que los segundos pasaban y ella no se movía, se preguntó si tal vez debería preocuparse. Mayra sólo se quedó ahí, de pie contra la pared, con una mano en su boca y otra sobre su pecho, mirándolo sin pestañear mientras que su respiración formaba visibles bocanadas de vapor en la gélida habitación. Un minuto después, dejó caer la mano que cubría su boca y, mientras tragaba pesadamente, estiró una mano hacia él.
¿¿Qué?? ¿Ella en realidad va a tocarme?, pensó el Crowtter con incredulidad mientras la veía dar un inseguro paso hacia delante. Cuando su mano estuvo a punto de tocar el torbellino de humo y sombras, Crow regresó rápidamente a su imagen humana, atrapando la mano de Mayra en la suya y provocándole un pequeño grito de sorpresa.
—Tal vez la próxima vez deberías pensarlo mejor antes de pedirme que equipare las cosas entre ambos, Mayra —dijo con su voz nuevamente humana, aunque no menos amenazante. Entonces, soltándola de pronto, agregó—: Y deberías estar agradecida que no es mi verdadera forma la que tienes que ver cada día... o la que te observa dormir por las noches.
Mayra abrió y cerró su boca varias veces, sin saber bien qué decir. Sus ojos pestañeaban rápidamente, y Crow sabía que debía de estar en shock. Cualquier humano lo estaría luego de ver la verdadera forma de un Crowtter.
Ella se quedó en silencio un momento, mirando la soberbia sonrisa de Crow. Entonces, de la nada, le gritó: —¡¿Y qué clase de nombre es “Crow”, de todos modos?! Es como si me llamaras a mí “Hum”, por “humana”. —Se cruzó de brazos y, arqueando una ceja, agregó—: Para un ser inmortal de poderes ilimitados, puedes ser bastante estúpido a veces. —Con eso, se giró y se dirigió a su habitación, chocando su pequeño y tembloroso cuerpo contra el cuerpo de Crow en el trayecto. Ella caminó con paso firme y con la frente en alto, y al llegar a la habitación se giró para darle una última mirada desafiante antes de azotar la puerta para cerrarla.
Aún de pie en la sala, Crow se quedó mirando la puerta cerrada durante un largo rato, sin poder explicarse qué acababa de suceder. Una vez más, Mayra lo había sorprendido por completo, y de alguna manera se las había ingeniado para hacerlo parecer un idiota. Maldición..., pensó mientras una media-sonrisa se desplegaba por su rostro, ella es simplemente fascinante.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Sáb 30 Jul 2011 - 5:05

Capítulo 9 (Cont)

Crow
Luego de todo un día de ser ignorado por parte de Mayra, Crow se encontró aburrido y molesto. Y ni siquiera debería saber lo que es estar aburrido y molesto. Soy un Crowtter, por todos los cielos, pensó mientras perforaba con su mirada la espalda de la humana. Ella estaba en la cocina, hurgando en la heladera, al parecer sin tener éxito. Había estado haciendo mucho eso durante todo el día: abrir la heladera, mirar su contenido y volver a cerrarla; encender el televisor, dar un par de vueltas por todos los canales y apagarlo una vez más; tomar un libro y abrirlo en la demarcación, sólo para leer un par de páginas y volver a cerrarlo. Ella parecía inquieta, insegura respecto a qué hacer; y estaba decidida a ignorar al Crowtter instalado en su sala hasta averiguarlo. No le había dirigido la palabra en todo el día, y apenas si lo había mirado... y sólo cuando él se ponía en su camino.
Sí, Mayra estaba empecinada en pretender que él no existía. Y eso estaba volviéndolo loco.
Cuando ella finalmente cerró la puerta de la heladera, Crow se sorprendió al ver que finalmente había tomado algo de su interior: un durazno. El último durazno. Lentamente, un gruñido comenzó a formarse en la garganta del Crowtter.
—Ese es mi durazno —le gruñó desde el sofá.
En la cocina, Mayra se congeló, con la fruta a medio camino de su boca. Entonces arqueó una de sus cejas y lentamente tomó un gran bocado del jugoso durazno blanco, provocándole a Crow el equivalente mental de unas afiladas uñas raspando una pizarra.
En un instante, él se manifestó en la cocina, justo frente a ella, y le arrebató la fruta de su mano antes de que la humana siquiera notara que se había movido del sillón. —¡Oye! —espetó, mirando su mano ahora vacía.
—Estoy aburrido, Mayra —dijo el Crowtter mientras se deleitaba con un gran bocado del durazno ya mordido. Extrañamente, no pudo quitar sus ojos de la pequeña gota de jugo que resbalaba por uno de los lados de la boca de la morocha—. Vístete, vamos a salir.
Siguiendo su mirada, Mayra se limpió la pequeña gota con sus dedos mientras masticaba su bocado. —No iré a ningún lugar contigo —dijo finalmente.
Él le sonrió lentamente. —Oh, sí, irás. Vístete.
Cruzándose de brazos y parándose erguida en un intento por alcanzar su intimidante altura, ella preguntó desafiante: —¿O qué?
—O yo voy a elegir un atuendo especial para ti y nos manifestaré fuera de este departamento. —La miró lentamente de la cabeza a los pies y nuevamente hacia sus ojos—. Se me ocurre de pronto que un pequeño top y una minifalda ridículamente corta lucirían bien en ti.
Ella entrecerró sus ojos en él durante un largo rato antes de girarse hacia su cuarto. Crow casi podría jurar que vio humo saliendo de sus oídos. El fuerte portazo de la habitación fue música para sus oídos.
Una hora después, se encontraban caminando a lo largo de la calle principal, rodeados de tiendas muy iluminadas con sus carteles de descuento en exposición. A pesar de su inicial reticencia, Mayra parecía estarse divirtiendo. Por supuesto, la mayoría de sus comentarios eran burlas hacia él, pero por lo menos estaba hablándole.
Ella había insistido en que compraran unos hot-dogs, diciendo que eran los mejores de la cuidad. Sus palabras exactas habían sido: “No es un alma agonizante, pero apuesto a que te gustará”. Por supuesto, la sola mención de la palabra “alma” había hecho que su mirada vagara hacia el pálido cuello de Mayra, haciendo que el Crowtter se preguntara cuándo había sido la última vez que había tomado un alma de ella. No es que lo necesitara... Kormes continuaba asignándole varias misiones de extracción diariamente, pero esas almas nunca resultaban ser tan atrayentes como las de la morocha, ni las emociones tan satisfactorias. ¿Cuándo vas a morir otra vez, Mayra?, pensó sombríamente mientras caminaba junto a ella. Como presintiendo lo que el Crowtter estaba pensando, ella se estremeció ligeramente antes de mirarlo de reojo y apurar el paso.
Al llegar a la pequeña tienda, Crow se sorprendió ante la cantidad de personas apiñadas en ella. Al parecer, esos hot-dogs eran en verdad muy buenos. Mayra pidió dos extra-grandes, y le entregó uno a él antes de caminar hacia un largo mostrador repleto de guarniciones y salsas de colores. La muchacha fue decididamente hacia algo que parecía queso fundido, entonces le agregó un montón de pequeñas papas fritas por encima. De pronto, Crow se sintió irremediablemente perdido e indeciso. —Uhm... ¿qué debería ponerle al mío?
Mayra pareció considerarlo por un momento antes de apuntar hacia su derecha. —Ese. Definitivamente quieres ese. Te encantará.
Esa sustancia no parecía particularmente atrayente para él, era de un color verde amarillento, y estaba repleta de pequeños puntos negros.
—Créeme, es deliciosa —dijo ella mientras tomaba un crujiente bocado. Cuando Crow extendió una buena cucharada sobre la salchicha, ella agregó—: Oh, y deberías ponerle doble ración... su sabor es algo suave, y si le pones poco no lo notarás. —Cuando ella se giró y tomó una de las gaseosas que había comprado, él se sirvió otra gran cucharada de la salsa verde-y-viscosa-pero-al-parecer-deliciosa. Entonces tomó su propia bebida de la mano del adolescente detrás del mostrador, y la siguió nuevamente hacia la calle. El chico se le había quedado mirando con los ojos muy abiertos, aunque no era la mirada de deseo que por lo general provocaba en la mayoría de las mujeres y en algunos hombres, y al darle el primer bocado a su hot-dog, entendió por qué. La salsa verde era tan fuerte y picante que casi maldijo en voz alta.
—¿Está bueno? —le pregunto Mayra mientras caminaba junto a él. La gran sonrisa de satisfacción en su rostro marcaba que, sin lugar a dudas, el Crowtter acababa de perder ese round.
—Sí, está... bueno —murmuró él mientras luchaba contra el impulso de beberse la gaseosa de un solo tirón. Si fuera humano, sus ojos probablemente estarían llorando a mares en ese momento; sin embargo, el Crowtter se terminó el malditamente grande hot-dog, sólo para no darle a ella la satisfacción de verlo perder.
Unas cuadras más adelante, se toparon con un salón de pool, y ante la insistencia del Crowtter, Mayra accedió a enseñarle cómo jugar. Por supuesto, Crow entendía a la perfección cada principio geométrico y físico-cinético que implicaba el juego, y sólo debería proponérselo para convertirse en el mejor jugador del mundo, pero eso le quitaría toda la diversión. En cambio, había pasado la última media hora haciendo enfadar a Mayra con sus tiros inciertos, obligándola a mostrarle cómo se hacía, una y otra vez. Cada vez que ella se inclinaba sobre la mesa para realizar un tiro, el Crowtter se deleitaba con las suaves líneas de su cuerpo.
Hacia la mitad del tercer partido, la paciencia de Mayra comenzaba a agotarse. Cuando Crow se inclinó para realizar un tiro, apuntando deliberadamente mal, ella bufó y se inclinó sobre él, con sus brazos alrededor de su cuerpo, intentando mostrarle cómo se hacía. Ella se apoyó sobre su espalda, sus pechos presionándose contra él, su recto cabello negro cayendo a un lado de su rostro.
—Por el amor de Dios, Crow, tienes que medir el ángulo que se forma entre la trayectoria que quieres que siga la bola y la tangente de...
Ella continuaba regañándolo, pero él no le prestaba atención. Se sentía abrumado de pronto por su proximidad, su intenso calor, el sutil aroma de su piel. Ambos estaban muy cerca, y por un segundo, toda esa proximidad no fue suficiente. Entonces, tan rápidamente como se le había acercado, Mayra se alejó. —¿Entendiste? —le preguntó, posicionándose a uno de los lados de la mesa—. Ahora, inténtalo.
Crow se le quedó mirando durante varios latidos, aún agachado sobre la mesa, y cuando ella le hizo un gesto de impaciencia, él hizo su tiro. Fue fuerte y preciso, embocando no una, ni dos, sino tres de sus bolas rayadas. —¿Así está bien? —preguntó mientras se paraba detrás de ella.
Mayra abrió su boca, balbuceó algo inentendible y la volvió a cerrar. Entonces simplemente dejó salir un “Humm”. Se giró hacia él, con los ojos repletos de sospecha, pero antes de que pudiera decir algo, Crow se le acercó. Ella rápidamente retrocedió un paso, topándose con la mesa a sus espaldas. Cuando el Crowtter se inclinó hacia ella, la morocha se envaró. —¿Qué estás haciendo? —le preguntó nerviosamente, mientras ponía sus manos en su abdomen, intentando empujarlo hacia atrás.
—Manteniendo las apariencias... Somos novios, ¿recuerdas? —Él se inclinó aún más cerca, y antes de que ella pudiera protestar, agregó en su oído—: Además, acaba de entrar mi competencia.
Se alejó de ella lo suficiente para verla fruncir el ceño y dirigir su mirada hacia la entrada, al otro lado del salón repleto de mesas de pool, por donde él sabía que Jackson y Charly acababan de entrar. Como Mayra continuaba siendo el sujeto de su misión, los pensamientos de cualquier persona acerca de ella aún estaban a su alcance, y los dos mejores amigos de la pelinegra estaban igualmente sorprendidos de encontrarla aquí con su nuevo “novio griego”. Los pensamientos de Jackson eran un carnaval de maldiciones hacia él. En cambio, los de Charly eran simplemente tristes.
Cuando finalmente llegaron a su mesa, Mayra había dibujado una gran sonrisa en su rostro, y en vez de alejarse de él, ahora sujetaba la mano de Crow con una familiaridad que lo desconcertó. Los cuatro se saludaron, y entonces llegó el inevitable silencio incómodo, durante el cual Jackson asesinaba con la mirada a Crow mientras él le sonreía imperceptiblemente. Mayra miraba nerviosamente de uno al otro, mientras que Charly la miraba a ella. Finalmente, la pelirroja saltó al rescate. —En fin... —dijo de pronto—. Ahora que hemos dejado atrás la incomodidad inicial, podemos dedicarnos a jugar un rato, ¿verdad? Dime algo, Crow: ¿qué tan bueno eres en el pool?
Como siempre, el burbujeante temperamento de Charly puso de buen humor al Crowtter. Él le sonrió, pero antes de que pudiera responderle, Mayra dijo: —Bueno, Crow es, o un muy mal jugador con una ráfaga de suerte, o un muy buen mentiroso. Supongo que tendremos que averiguarlo.
—Oh, intrigante... —dijo Charly—. De acuerdo, yo iré por las fichas, mientras Jackson compra cerveza para todos, ¿verdad Jack? —El rubio le dedicó una corta sonrisa antes de girarse hacia la barra.
Cuando estuvieron solos, Crow le dijo a Mayra: —Acabo de recibir un llamado... es hora de alimentarme. —Al ver cómo sus ojos se ampliaban y su postura se volvía rígida, agregó—: No de ti, Mayra. No esta vez, por lo menos.
—¿Quién...? —comenzó a preguntar ella, hasta que al parecer decidió que era mejor no saber.
—Iré al cuarto de baño y me desapareceré unos minutos. Volveré antes de que siquiera noten que me fui. —Sonriendo diabólicamente, se acercó un poco más y pasó muy suavemente su nariz por la mejilla de Mayra. El corazón de ella latía muy rápido, y su cuerpo emitía un calor intenso que lo atraía como una fuerza de gravedad. Casi podía sentir cómo la temperatura de sus mejillas aumentaba mientras se ruborizaban—. ¿Segura que no quieres darme un beso de buena suerte, Mayra? Sería bueno para las apariencias...
Ella no se movió, no se acercó a él, pero tampoco se alejó. Sus ojos castaños estaban ocultos bajo el tupido flequillo negro, pero él sabía que estaban cerrados. Crow sonrió cuando los labios llenos de Mayra se separaron un poco, incentivados por la promesa de un beso. Un beso que él fácilmente podría tomar; sólo tendría que inclinarse unos centímetros más y besarla como jamás había besado a una humana, como ella quería que la besara.
O tal vez no, pensó con malicia. —Oh, bueno, será en otro momento... —dijo casualmente mientras daba un rápido paso hacia atrás. Apenas si pudo contener una risa al ver la mirada de decepción en el rostro de Mayra—. Ellos no estaban mirando, de todos modos —agregó antes de caminar en dirección al baño de hombres, mientras el fuerte golpe de las bochas en una mesa vecina le otorgaba un nuevo round a su favor.
Continúa...



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Dom 31 Jul 2011 - 23:36


Capítulo 9 (Cont)

Crow
A la mañana siguiente, Crow observaba atentamente a Mayra desde el living mientras preparaba el desayuno. Ella aún evitaba encontrar su mirada, pero al menos estaba hablándole nuevamente. La noche anterior, se había sorprendido al ver que en realidad podía divertirse junto a la morocha y sus dos amigos. Jackson lo había ignorado toda la noche, y Crow había decidido no molestarlo por esa vez, y ambos se habían encontrado mutuamente tolerables en su no-trato. Charly, por otro lado, bromeaba con él como si fueran amigos de toda la vida, y realmente lo hizo sentir cómodo en su papel de falso-novio-de-su-mejor-amiga. Aunque el por qué Charly lo hacía, aún resultaba ser un misterio, en especial sabiendo lo que la pelirroja pensaba durante toda la noche.
Sin embargo, resultaba fácil el olvidarse de todo lo demás cuando estaba con la humana. Crow había llegado a conocer cada uno de sus gestos, cada una de sus reacciones, y aún así ella no dejaba de sorprenderlo. Sus respuestas eran siempre rápidas y afiladas, casi tanto como las miradas que le dedicaba cuando él decía algo para molestarla. Y su risa... era libre y espontánea como pocas. Esa noche, el Crowtter había descubierto algo nuevo en su risa: siempre era precedida por un rápido “¡já!” antes de la verdadera carcajada. Ahora, cada vez que la escuchaba hacerlo, no podía evitar sonreír un poco, sabiendo que había descubierto algo nuevo de ella.
La morocha había resultado ser más fascinante de lo que jamás hubiera imaginado, y aunque al principio tal vez había sido un juego, ahora era algo mucho más serio, más intenso. Era casi una necesidad. Sí, Crow necesitaba conocerla un poco más, descubrir algo nuevo de ella cada día, del mismo modo que ella buscaba saber más de él y de su vida como Crowtter.
Desafortunadamente, no había mucho que contar. En los últimos días, Crow se había sorprendido al notar lo cómodo que se encontraba en su nueva vida, y lo poco que extrañaba la anterior. Ahora que se había acostumbrado a pasar los días rodeado de humanos, observando sus costumbres y conviviendo forzadamente con Mayra, no podría imaginarse volviendo a su anterior existencia atemporal, ocultándose entre dimensiones, manteniéndose en su forma verdadera en medio de un vacío infinito, esperando simplemente por su nueva misión.
¿Qué había cambiado en los últimos meses? ¿Era realmente posible que una simple humana pudiera afectarlo tanto? Observándola desde el otro lado del pequeño departamento, le parecía poco probable. No había nada especial en ella, nada que debiera despertar semejante curiosidad en él. Ella era simplemente una humana más, era sólo un alma más. Bueno, unos cientos de almas, pensó mientras ella dejaba la cocina y caminaba hacia él para entregarle su desayuno. La había visto cortando grandes trozos de melón, y como ella sabía lo mucho que él lo odiaba, había esperado que su ensalada de frutas fuera en realidad una ensalada-de-melón. Sin embargo, se sorprendió cuando no pudo hallar un solo trozo de melón en el bol que sostenía en su mano; sólo lo había puesto en el de ella, y el desayuno que había preparado para él tenía no uno, sino dos clases de duraznos.
Murmuró un rápido “gracias” mientras ella se giraba para sentarse en el sofá. Aún de pie, Crow le dio la espalda para que no pudiese ver la sonrisa dibujada en su rostro. ¿Por qué lo hace?, pensó mientras miraba a través de la ventana del departamento a las pocas personas que se paseaban en la calurosa mañana de domingo. ¿Por qué se preocupa por mí, por darme lo que sabe que me gusta? No tenía una respuesta a su pregunta; después de todo, Mayra era un misterio que estaba muy lejos de resolver.
Mirando hacia fuera, aún inmerso en sus pensamientos, fue vagamente consciente del timbre sonando unos minutos después. Mientras oía la aguda voz de una niña que hablaba entusiasmadamente con Mayra, algo de pronto se sintió mal. Un leve temblor en su pecho lo alertó, una familiar sensación de cercanía a alguien muy poderoso, alguien que no podría estar ahí. ¿Qué mierda...?
—Cuestan $5 la caja, y el dinero es para recaudar fondos para el campamento de las niñas Scout del mes próximo —decía la molesta voz de la niña en la entrada.
—De acuerdo... —le respondió Mayra—. Tomaré dos cajas de galletitas de chips de chocolate. Iré por mi cartera, espera un segundo.
Cuando la muchacha se dirigió hacia su cuarto, la familiar sensación se intensificó aún más, y el aguijonazo que taladraba su nuca le dijo de dónde provenía. No, no puede ser, pensó Crow mientras se giraba lentamente para encontrar a una pequeña niña de pie en medio de la sala. Estaba vestida de exploradora, y su brillante cabello rubio estaba recogido en dos trenzas a ambos lados de su cabeza. Habría pensado que era sólo una niña, si no fuera porque sus sentidos le decían a gritos quién era en verdad. Mierda.
En ese instante, la puerta del departamento se azotó detrás de la niña, el estruendo haciendo eco una y otra vez.
—Crow, ¿qué...? —decía Mayra mientras regresaba de su habitación con su billetera en la mano, pero la repentina mirada feroz de la niña la detuvo en el umbral.
—¿Por qué sigue viva? —preguntó la niña. Entonces su mirada abandonó el sorprendido rostro de Mayra y se giró hacia el Crowtter—. ¿Por qué sigue viva, Crow?
Mierda... —¿Qué haces aquí, Kormes? —dijo Crow, ignorando su pregunta—. Ni siquiera sabía que podías venir a este mundo... y creí que odiabas a los humanos.
—Es cierto... ¿pero de qué otra manera podría saber cómo va tu misión, si insistes en ignorar mis llamadas a audiencia? —La voz de la niña ya no era tan aguda, sino que se había vuelto más grave y poderosa. Entrecerrando los ojos a Crow, agregó—: Y no has respondido mi pregunta: Por. Qué. Sigue. Viva.
—Maldita sea, sabes por qué —replicó Crow mientras daba unos pasos hacia delante—. Sólo un alma abandona su cuerpo cada vez que muere, y no hay nada que pueda hacer al respecto. —Sin darse cuenta, había caminado hasta Mayra, y ahora estaba de pie entre ella y su todopoderoso jefe disfrazado de niña.
La pequeña exploradora le frunció el ceño. —¿Qué estás haciendo? —gruñó, con una voz ahora tan grave, que hizo temblar las paredes—. ¿Estás intentado protegerla? ¿En verdad creer que tú podrías hacer algo para protegerla de mí?
Crow presionó fuertemente su mandíbula, sabiendo que no podía responder a eso; decir que no sería mostrar un signo de debilidad, mientras que responder que sí sería una mentira. Kormes era mucho más poderoso de lo que Crow jamás sería, y ambos lo sabían.
—Crow, ¿quién es esa niña? ¿Cómo la conoces? —murmuró Mayra, medio oculta detrás del Crowtter, aferrándose con una mano a su brazo fornido.
Crow se giró un poco y puso una mano sobre la suya para consolarla, pero antes que pudiera responderle, la voz de Kormes rugió en su cabeza: ¿Qué diablos está pasando aquí, Crowtter? ¿¿Acaso sientes algo por la humana??
—¡Por supuesto que no! No seas ridículo —respondió Crow en voz alta, mirando rápidamente a la niña.
—¿Lo soy? —preguntó Kormes tranquilamente, en una escalofriante voz que se encontraba a medio camino entre la voz chillona de la niña y su verdadera y poderosa voz, más vieja que la vida misma.
—Sí —respondió Crow simplemente.
Ambos permanecieron en silencio durante un largo rato, mirándose intensamente el uno al otro, mientras mantenían una conversación que Mayra no estaba invitada a oír. En realidad, más que una conversación era un monólogo de Kormes, una serie de amenazas a las que Crow no podía responder.
Será mejor que no olvides tu lugar aquí, Crow, o te lo haré recordar de una manera muy poco placentera, decía Kormes en su mente. Eres un Crowtter, y estás aquí para cumplir una misión: tomar todas y cada una de las almas de esa humana, y si tú no puedes hacerlo, encontraré a alguien que lo haga. Se calló por unos segundos, mientras los ojos de la niña vagaban de Crow a Mayra, y nuevamente hacia él. Los Crowtter no sienten, y tal vez deberías pensar mejor las consecuencias antes de jugar a pretender ser humano, dijo finalmente.
Ante la total falta de respuesta de Crow —tanto mental como oral—, Kormes agregó en voz alta: —Y en cuanto al inconveniente de tu misión... creo que el problema es la falta de motivación. —La niña sonrió lentamente antes de agregar—: De ahora en más, esta será tu única misión... hasta que la completes.
—¿Qué? No, ¡no puedes hacer eso! —gruñó Crow mientras daba un paso adelante, apartándose de Mayra. Sus puños estaban cerrados y todo su cuerpo estaba tenso, como si se tratara de un tigre a punto de atacar.
La pequeña niña rubia dejó salir una risa completamente infantil. Entonces miró a Crow y, nuevamente con esa voz escalofriante, dijo: —Ni se te ocurra decirme qué puedo y qué no puedo hacer... Crow. —Su nombre fue pronunciado lentamente, enfatizando la amenaza detrás de sus palabras.
Un pesado silencio cubrió la sala, hasta que la exploradora miró a Mayra y, con la voz chillona de la niña, dijo alegremente: —Sabes, aún me quedan 5 cajas de chips de chocolate, y 4 cajas de coco, y 2 de vainilla.
—¿Q... qué? —balbuceó Mayra, mirando a la pequeña niña inocente que un minuto atrás había hecho temblar su departamento con el poder de su voz.
—Bueno, la niña cuyo cuerpo estoy usando va a “despertar” en unos minutos sin poder recordar nada y con un terrible dolor de cabeza, así que no estaría mal que al menos descubra que vendió todas sus galletitas, ¿verdad? —dijo la pequeña rubia, mostrando una gran sonrisa en su rostro.
—Uhmm... yo... uhmm... —murmuraba Mayra, sosteniendo su billetera en una mano y mirando a la niña con el rostro en blanco.
—Mayra —dijo Crow de pronto—, ¡compra las estúpidas galletitas!
La humana lo miró, aún sin reaccionar. Abrió su boca para decir algo, pero entonces la volvió a cerrar antes de abrir su billetera y tomar el dinero para comprarlas.
La niña dio un par de saltitos mientras aplaudía con entusiasmo, lo que envió un escalofrío a través de la espalda de Crow cuando recordó que aún era Kormes quien controlaba el pequeño cuerpo. Toda la escena era demasiado bizarra como para asimilarla.
—Aquí tienes —dijo la exploradora mientras le daba las cajas de galletitas a Mayra, para luego hurgar en uno de sus bolsillos en busca del cambio—. Bueno, fue un placer hacer negocios contigo, humana —dijo antes de girarse hacia la puerta, que se abrió sin que la tocara. En el umbral, se giró nuevamente para mirar a Crow—. Recuerda lo que te dije, Crow... te estaré vigilando. —A continuación miró a Mayra, y luego de darle un largo vistazo de la cabeza a los pies, arqueó una pequeña ceja rubia y negó con la cabeza, como si no comprendiera algo. Les dio la espalda una última vez y salió dando pequeños saltitos—. ¡Diviértanse! —gritó con voz aguda antes de que la puerta se cerrara lentamente por sí sola.
Crow y Mayra permanecieron en silencio por una largo rato, ambos aún mirando la puerta cerrada del departamento.
—¿Esa era...? —comenzó a preguntar la humana.
—Kormes, sí —terminó él.
—Huh... olvidaste mencionar que era una niña de 7 años.
—Nunca antes lo había sido —dijo Crow, aún shokeado por la inesperada visita.
—Me lo había imaginado algo más... aterrador —murmuró ella.
Crow lo pensó por un segundo antes de decir: —¿Más aterrador que una pequeña niña con dos trenzas y una voz salida del infierno?
—Buen punto... —concordó Mayra. Guardó silencio por un minuto antes de decir—: Hum, perdón pero, ¿a qué se refería con que de ahora en más seré tu única misión?
—Quiere decir que sólo me alimentaré de ti —respondió Crow—. De ahora en más, las únicas almas que podré tomar serán las tuyas.
Mayra pareció considerarlo antes de preguntar: —Espera, ¿y eso qué significa?
Crow se giró hacia ella, y casi encontró cómica la gran pila de cajas de galletitas que sostenía en sus manos. Dejó salir un largo suspiro y dijo: —Básicamente, significa que estamos jodidos.
Fin del capítulo.



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Re: En las garras del Cuervo... [Sólo capítulos!!!]

Mensaje por Ellie el Mar 23 Ago 2011 - 19:11

Capítulo 10

Logan
Las últimas tres semanas habían sido las más felices en la vida de Logan, y el hecho de que habían pasado exactamente 22 días desde había conocido a Melissa, no era una coincidencia. Ella era simplemente magnífica. Lo hacía reír cuando estaban juntos, y suspirar por ella cuando no lo estaban. A sus casi 30 años, Logan se comportaba como el tonto adolescente enamorado que nunca fue. Esa era la cuestión: se estaba enamorando de ella. Y comenzaba a cansarse de pretender que no era cierto.

Quería verla cada día, y sólo podía pensar en ella cuando estaban separados. Su estómago hormigueaba en anticipación antes de su encuentro, y su corazón se aceleraba cuando ella le sonreía al verlo. A pesar de que los horarios rotativos de Logan en el Hospital no facilitaban sus encuentros, habían salido varias veces. Pero esa noche era diferente. Esa era la primera vez que Melissa visitaba su departamento.

Él terminaba de preparar la cena mientras ella se paseaba por la pequeña sala, asimilándolo todo. De pronto, Logan se preguntó si su decoración minimalista no se vería deprimente a sus ojos. Él siempre trataba de pasar la menor cantidad de tiempo posible allí, por lo que no le importaba la falta de muebles... hasta ahora. Ahora no podía dejar de pensar que un gran futón, una mesa de café, un televisor de pantalla plana, y una pequeña mesa con dos sillas, difícilmente conformaban un hogar. La habitación principal no aparentaba ser tan vacía, pero sólo porque la enorme cama ocupaba casi todo el espacio. Ella no había visto su habitación aún, porque él la había omitido a propósito de su “gran recorrida”. Simplemente deseaba demasiado a Melissa, y si por alguna razón a ella se le ocurriera besarlo en su dormitorio (maldita sea, si lo mirara siquiera), Logan la tendría acostada debajo de él en un parpadeo.

No, ellos no se habían acostado aún, aunque no por falta de interés de Melissa. Y Dios sabía que él la deseaba, es sólo que era demasiado cobarde para llevarla a la cama. Ella le importaba demasiado, significaba demasiado para él, y si le hacía el amor, jamás la dejaría ir. Inconscientemente, Logan aún esperaba que ella se diera cuenta de que no tenía nada que ofrecerle, que ella era demasiado para él, que debía dejar de perder el tiempo con alguien que no lo valía. Él continuaba esperando a que eso pasara... y le rogaba al cielo que no lo hiciera.

Miró furtivamente sobre su hombro hacia ella, de pie en la sala, y no pudo evitar maravillarse ante su belleza. Ella vestía unos jeans ajustados que terminaban dentro de unas botas negras de tacón bajo que le llegaba hasta debajo de la rodilla. Un sweater de cachemira rosa pálido completaba su atuendo, y le hizo preguntarse qué sería más suave, si el sweater o la pálida piel que aguardaba debajo. El cuerpo de Logan se giró hacia ella, sus manos totalmente dispuestas a averiguarlo, pero entonces sacudió su cabeza y regresó a lo que estaba haciendo. Se concentró por completo en distribuir en ambos platos la cena que había preparado. Un trozo de ternera asada al horno para cada uno, con salsa de champiñones al vino blanco, y ensalada verde con suaves cubos de queso para acompañar. Estaba absorto en servir todo a la perfección, y no pensaba para nada en Melissa. Nop, no estaba pensando en lo bien que ella se veía, en su perfil iluminado suavemente por las tenues luces de la sala, en lo bien que le quedaba su largo cabello color miel recogido informalmente, con un palillo sosteniéndolo en su lugar. Tampoco estaba pensando en su cuerpo, en las suaves y femeninas curvas de sus caderas moviéndose hipnóticamente con cada paso que daba, en la sutil prominencia de sus pechos, ocultos bajo el sweater, siendo acariciados por un suave sujetador, probablemente de encaje, tal vez de color rosa. Nop, definitivamente no estaba pensando en eso.

¿A quién quería engañar? No sólo estaba pensando en eso, sino que no podía dejar de pensar en ello. La presencia de Melissa en su departamento era embriagadora, ocupando cada espacio de su mente y de su hogar. No debería haberla invitado a venir aquí, se reprochó Logan. Tal vez pueda convencerla de salir a comer afuera, a algún bonito restaurante. Tal vez si le digo que accidentalmente quemé la cena...

—Amo esta pintura. —La voz de Melissa le llegó desde la otra habitación—. ¿Te gusta Van Gogh?

Logan se giró hacia la sala, y la encontró de pie frente a la única pintura que había en su departamento: una copia barata de “Campo de trigo con cuervos”, de Vincent Van Gogh. Él odiaba la estúpida pintura. Ni siquiera era suya, simplemente había venido junto con el departamento cuando lo alquiló un año atrás. La encontraba innecesariamente deprimente, y sólo seguía allí porque consideraba que tener otra pared completamente desnuda lo sería aún más.

—Vino con el departamento, en realidad. No suelo prestarle demasiada atención —respondió él. Mientras ella analizaba el gran cuadro en detalle, él prefería contemplarla a ella.

—Me encanta Van Gogh... Amo la manera en que podía encontrar belleza en las imágenes más mundanas. Sus pinturas son complejamente simples, sin necesidad de recurrir a los trazos pretenciosos de Monet.

Asombrado, Logan se le quedó mirando con la boca ligeramente abierta. —Wow. Veo que conoces de arte.

—No, en realidad no. Escuché a alguien decir eso en un museo de arte una vez, y lo memoricé para una ocasión especial —respondió ella, dedicándole una sonrisa pícara.

Logan rompió a reír de inmediato. Ella nunca dejaba de sorprenderlo con su ingenio, con su manera única de ser. Melissa no intentaba mostrarse de otra manera que como ella misma, y a él no podría gustarle más. Ella era un libro abierto que él jamás se cansaría de leer, sabiendo que siempre descubriría algo nuevo que había pasado por alto la última vez.

—¿Está todo listo? —preguntó ella, caminando hacia la cocina—. Muero de hambre...

Logan miró sobre su hombro a la mesa que acababa de servir, con ambos platos preparados meticulosamente, y de pronto lo embargó la sensación de que no sería suficiente, no para ella. —Sí, acerca de eso... ¿no prefieres que vayamos a algún restaurante bonito? ¿Tal vez ordenar algo de comida italiana? O conozco un pequeño restaurante francés que...

—No —lo interrumpió ella, ahora de pie justo frente a él—. Quiero comer lo que tú preparaste para mí.

Logan se quedó en silencio, su mirada perdida en los labios rosados de ella.

—Logan —dijo lentamente—, ¿cuál plato es para mí?

Luego de tragar nerviosamente, él dijo: —El que tú quieras.

Melissa caminó junto a él, dirigiéndose hacia una de las dos sillas dispuestas a la mesa, y Logan no se perdió la pequeña sonrisa que intentó ocultar al pasarlo.



Durante la cena, ambos conversaban y reían con una naturalidad que Logan no sentía con nadie más. Melissa era inteligente e ingeniosa, con un sentido del humor casi tan contagioso como su risa.

—¿Terminaste? —le preguntó ella un momento después. Él había estado moviendo los restos de su cena de un lado al otro en su plato, buscando la manera de retrasar lo inevitable.

—Sí, estoy lleno —respondió—. ¿Y tú?

—Totalmente. Todo estaba tan bueno, que creo que comí de más. —Cuando ella comenzó a juntar los platos y cubiertos de la mesa, él hizo un ademán para impedírselo—. Oh, no... —lo reprendió Melissa—. Tú preparaste la deliciosa cena; lo menos que puedo hacer es lavar los platos.

—Pero no necesitas hacerlo, sólo los dejaré en el frega...

—Nop —lo cortó ella, marcando el final de la discusión—. Sólo me llevará dos minutos. Mientras tanto, busca del refrigerador el postre que traje, y llévalo a la sala. Aún me debes esa película de la que tanto me has hablado, no creas que lo olvidé. —Le sonrió antes de tomar su plato y dirigirse hacia el fregadero.

Logan la observó disponer los platos sucios y abrir las canillas para templar el agua. Ella tarareaba una canción alegre que él no reconocía, mientras buscaba en la mesada por el detergente que Logan había olvidado comprar. Su cerebro no le dio la orden a su cuerpo de pararse de la silla y caminar hacia ella, pero eso no le impidió a sus pies el llevarlo hasta allí. Cuando se detuvo a sus espaldas, Melissa dejó de tararear, su cuerpo repentinamente rígido, alerta. Ella no se giró hacia él, pero cuando Logan apoyó sus manos en sus pequeños hombros, supo que sus ojos estaban cerrados.

Había electricidad entre ambos, una carga intensa que parecía intentar advertirle que se alejara de ella antes de que fuera demasiado tarde. Él no le hizo caso. En cambio, se acercó un poco más y llevó una mano al cuello de Melissa, quitando el sweater de su camino. Cuando se agachó para besarlo, se sorprendió al sentir la rapidez del pulso de Melissa contra sus labios. Besó su camino a lo largo de su cuello, hasta llegar justo debajo de su oreja. Cuando comenzó a besarla allí, sintió cómo ella se estremecía delante de él, y cuando mordió ligeramente el lóbulo, un pequeño gemido escapó de sus labios a la vez que se sujetaba con sus manos de la mesada.

Melissa giró su rostro hacia él, y Logan contempló sus labios apenas separados por un momento. Como si tuviera mente propia, su mano izquierda llegó hasta el palillo que sostenía el peinado de Melissa y, tirando de él, dejó que sus largas ondas rubias cayeran libres como una cascada entre sus cuerpos. Ambos se miraron a los ojos por casi un minuto completo. Un último momento de vacilación, una última oportunidad que le daba su conciencia para retirarse y hacer lo correcto. Oh, ¿qué sabe la muy entrometida?, pensó Logan un instante antes de besar los labios de Melissa con una pasión que los sorprendió a ambos. Ella gimió contra sus labios mientras él la giraba para enfrentarlo, aprisionándola contra su cuerpo.

Melissa llevó sus manos al cuello de Logan, sujetándose a él, profundizando aún más su beso. Entonces se paró de puntillas para intentar igualar su altura, y sin siquiera pensarlo, Logan la sujetó por las caderas y la elevó, depositándola sobre la mesada de la cocina, junto al fregadero. Cuando ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura, él gruñó en aprobación.

Las manos de Logan se aventuraron debajo del sweater de Melissa, debajo de su camiseta, hasta que no hubo nada que lo separara de su cálida piel. Él acarició su estómago, su cintura, moviéndose lentamente hacia arriba, dándole el tiempo suficiente para detenerlo. Ella no lo hizo. En cambio, sujetó con fuerza sus hombros y besó su cuello mientras las manos de él continuaban ascendiendo. Cuando una de sus manos acarició suavemente su pecho, ella se estremeció, y cuando lo masajeó ligeramente, Melissa se arqueó frente a él, su cabeza hacia atrás mientras un gemido escapaba de sus labios.

—Lissa... Dios, Lissa —susurró Logan.

Ella encontró sus ojos por un breve instante, mirándolo a través de sus largas pestañas rubias, entonces lo tomó del rostro y lo besó con una necesidad casi dolorosa. Eso fue todo lo que se necesitó para que la poca cordura de Logan se fuera al infierno. En un rápido movimiento, la despojó del sweater de cachemira, que salió terminó tirado en el piso de la cocina junto con la suave camiseta que había debajo de él.

Cuando se percató de lo que acababa de hacer, de la rapidez con la que la había desvestido por primera vez, se separó un poco de ella, listo para disculparse y dar un paso atrás, pero las piernas de Melissa se cerraron más fuertemente a su alrededor. Logan quería mirarla a los ojos, de verdad quería hacerlo, pero sus ojos quedaron atrapados un poco más al sur, en los perfectamente torneados senos de ella, que se movían arriba y abajo por su rápida respiración, cubiertos por un delicado sostén de encaje rosado. Los ahora hinchados labios de Logan se arquearon en una sonrisa.

—¿Logan? —susurró ella, su voz apenas audible entre su agitada respiración. Cuando él la miró finalmente a los ojos, vio puro deseo en su mirada—. Bésame. Ahora.

Logan sonrió ampliamente antes de besarla una vez más, urgentemente, hambrientamente. Su lengua se abrió camino a través de sus labios, saboreándola, poseyéndola, encontrándose con la suave lengua de Melissa en un baile peligroso. Cuando ella succionó ligeramente su labio inferior, Logan gimió y la sujetó por las caderas, pegando su pequeño cuerpo al suyo, levantándola con facilidad y llevándosela con él fuera de la cocina, directamente hacia su habitación.

La depositó sobre su cama, aprisionándola contra el colchón con su cuerpo, tal y como había temido que lo haría. Exactamente como había imaginado hacerlo tantas veces. Ella lo besaba con ferocidad, y sólo se separó de sus labios el tiempo suficiente para tirar de la camiseta de Logan fuera de su cuerpo. Mientras ella admiraba su pecho, acariciando suavemente sus hombros y pectorales, Logan intentó controlarse. Esta sería su última oportunidad. Era ahora o nunca.

—Lissa... —murmuró roncamente.

—Dios, amo cuando me dices “Lissa” —dijo ella, sonriendo.

Él le sonrió también, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. Apoyando sus antebrazos a ambos lados del pequeño cuerpo de ella, creó un poco de distancia entre los dos, intentando despejar su mente lo suficiente para hablar. En realidad, resultó ser algo contraproducente, porque la distancia sólo le permitió darle un mejor vistazo al cuerpo semi-desnudo de Melissa. Cerró los ojos un instante antes de decir: —Escucha, no tenemos que hacer esto ahora si no quieres. Quiero que estés segura de que... estás segura. —Luego de escuchar sus absurdas palabras, se pateó el trasero mentalmente. Entonces tomó una larga inspiración y agregó—: No quiero que pienses que quiero apresurar las cosas. Quiero hacerte el amor más que nada en el mundo, pero quiero que sea cuando estés segura, no antes.

Melissa lo miró por un largo momento antes de decir: —No soy virgen, Logan.

—Lo sé —dijo él rápidamente, haciendo una mueca al pensar en que ella ya había estado con otros hombres antes. Se obligó a mirarla a los ojos y tomar el coraje suficiente para decir lo que debía decir a continuación—. He tenido mucho sexo en mi vida, Melissa, pero esto no es sólo sexo para mí. No contigo. ¿Entiendes eso? —Ambos se contemplaron en silencio durante un momento, así como estaban, acostados en la amplia cama, él aprisionándola con sus brazos, ella rodeándolo suavemente con sus piernas—. Entonces... si no quieres hacer esto, sólo debes decir una palabra.

Un largo silencio se estiró entre ambos, un largo momento durante el cual Melissa no dijo nada. Una lenta sonrisa se extendió por su rostro antes de que levantara sus manos para acariciar el rostro de Logan, sus dedos bajando por sus mejillas, deteniéndose en sus labios. Entonces se trasladaron hacia su nuca, donde encontraron la bandita elástica que sujetaba el cabello oscuro de Logan en su lugar. Aunque pequeños mechones ya habían escapado, Melissa tiró de ella para dejar que toda la negra y lisa melena cayera libremente a ambos lados del rostro de Logan, enmarcándolo perfectamente. Ella lo sujetó por el cuello y, elevándose hacia él, susurró contra sus labios: —Jamás he estado más segura de nada en mi vida.

Ella lo besó entonces, pero era un beso diferente esta vez. Ya no era urgente, sino muy lento y repleto de pasión, tomándose su tiempo en saborear cada rincón de su boca. Ese beso lo encendió como ningún otro beso antes lo había hecho. Logan gimió contra sus labios, cortando toda distancia entre sus cuerpos, abandonando cualquier vestigio de control. Sintió ambos corazones latiendo frenéticamente, y un segundo después sintió la mano de Melissa deslizándose lentamente por su abdomen, acariciando cada marcado músculo allí, hasta detenerse en el cinturón de sus pantalones.
Continúa...



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