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Crónicas de Verem

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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por leeloo44 el Vie 23 Jul 2010 - 21:17

oh claro tenemos que hacer una cena familiar!!! con muuucha sangre!!!!
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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Vie 23 Jul 2010 - 21:25

ay siiiii y con chicos para torturar en el postre :correr:



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por leeloo44 el Sáb 24 Jul 2010 - 1:03

esa es la onda effy!!!!
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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Angeles Rangel el Sáb 24 Jul 2010 - 1:25

Que buena historia Effy, muchas gracias por el capítulo :besote:





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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Sáb 24 Jul 2010 - 17:34

gracias a ti x pasarte guapa sonrisa

besitoos



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Dom 25 Jul 2010 - 15:01

Capítulo Seis:

Iba de camino a casa, con Alec, ya estábamos a finales de septiembre, y el frío empezaba a notarse. Me froté los brazos en busca de calor. Mi súper ropa había surgido efecto, pero era inmune ante este viento.
Alec al verme, se quitó su chupa negra y me la pasó por encima de los hombros. Sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo, no sabía si era por el frío o por ese pequeño contacto, aunque en realidad sí lo sabía, y la segunda opción era mucho más probable.

-Gracias –le dije tras taparme del todo con la enorme prenda.
-De nada, es una lástima tapar ese precioso cuerpo tuyo, pero no puedo permitir que te resfrías –me dijo con su encantadora sonrisa, que parecía derretirme entera, ahora la chupa ya no la necesitaba, más bien tenía calor, pero no pensaba desprenderme de ella hasta que fuera estrictamente necesario, ya que desprendía su olor, así que simulando más frío me arropé aún más, para que la solapa de su chaqueta llegara a la altura de mi nariz, y así poder deleitarme aún mejor de su fragancia.

-Por cierto, me estoy leyendo The Love Changes –le dije. A lo que Alec se paró en seco.
-Y…¿qué te parece? –me dijo con un tono de voz cautelosa, como si mi respuesta fuera primordial. Seguía sin avanzar, así que me paré yo también.
-Todavía me falta un poco para terminarlo, pero me parece muy valiente por ellos dos el querer estar juntos, pero triste a la vez por que tengan que sufrir tanto por su amor –contesté con cuidado, atenta a su reacción. Lo meditó unos segundos, juntando las cejas con expresión pensativa, hasta que volvió a sonreírme, satisfecho por mi respuesta y reanudó el paso.
-¿No crees que hacen mal al desobedecer a sus padres, traicionar a sus reinos y a su gente sólo por amor?
-No, hay veces que hay que ser egoístas por el bien propio, luchar por nuestra propia felicidad. Además, ellos no tienen la culpa, la guerra es problemas de sus padres, ¿por qué lo tienen que pagar ellos? No es justo.
-Nada es justo.
-¿Acaso preferirías que siguieran con su amor condenado? ¿Qué la princesa se casara con ese guerrero, renunciando así a quien de verdad ama?
-La verdad, creía que sí, que el honor y la lealtad eran primordiales, pero siempre hay cosas que nos hacen cambiar de opinión.
-¿Es por eso que me hiciste esas preguntas en la librería? ¿Trataban sobre el libro verdad?
-Sí- dijo tras hacer una pausa –el libro, exacto. ¿Te asustaste?
-No, bueno, me sorprendió, pero ahora ya lo entiendo, sólo creí que eras un desequilibrado mental –le dije riendo.
-No sabía que miraras así a los desequilibrados –me dijo entre risas, sin perder ni un ápice de su picardía. Pero en un segundo cambió su rostro, dando paso a una expresión sombría antes de añadir-, quizá deberías temerme, odiarme, salir corriendo y no verme más.
-Jamás – me arrepentí al instante de haber dicho eso, estaba delatando demasiado mis sentimientos, y me sentía insegura, frágil, a su mereced. Y eso no me gustaba nada. Estaba acostumbrada a llevar el control de mi vida, y eso estaba derrumbando los muros que había construido a mí alrededor para protegerme, y sólo con unos días, Alec ya había penetrado en mi fortaleza.
-¿Y tu familia? No me has hablado nunca de ella.
-Bueno –dije despertando de golpe de mis pensamientos, y alegrándome de que cambiara de tema-, vivo con mi hermano mayor –otra vez la maldita mentira-. Mis padres murieron hace mucho, así que él es mi única familia.
-Lo siento –dijo apenado pero algo decepcionado, como si no quisiera esa respuesta.
-Tranquilo no pasa nada, fue hace mucho, ni les llegué a conocer –al menos eso era cierto.
-¿Por lo menos te llevas bien con tú, hermano? – me dijo tras hacer una pausa, como si no le gustara pronunciar “hermano”.
-Sí- dije con una gran sonrisa -, Elian es una persona muy importante en mi vida. Lo ha sido todo para mi, y no sabría que hacer sin él –dije sonriendo, recordando que él había sido el apoyo vital en mi vida. Y de nuevo vi una sombra de tristeza en su hermoso rostro. Pagaría millones por saber en qué pensaba. –Bueno, yo vivo aquí –le dije a mí pesar, ya que desearía no tener que separarme nunca de él.
-¿En serio? Yo vivo en la casa de al lado. Somos vecinos -me dijo con una gran sonrisa que desbocó mi corazón. Eché una mirada hacia la casa; su casa, y efectivamente, el cartel de “se vende” había desaparecido.
-Lo he pasado estupendamente Effy, espero que podamos hacer algo pronto juntos.
-Claro, sería genial.

De repente sentí que el mundo se paraba. Se iba acercando lentamente a mi, con seguridad, devorándome con sus ojos. Cuando ya le tuve a un palmo de distancia su rostro se inclinó despacio hasta el mío, cada vez más cerca, noté su olor inundándome, un olor a hierba fresca con un toque de canela, realmente delicioso, preparada para besarle cerré lentamente los ojos y …

―¡Elizabeth!
―¡Elian! Qué susto, ¿Qué es lo que pasa? –le pregunto con una mirada llena de rabia.
―Debías haber vuelto hace una hora, ¿Has estado todo el tiempo con este tío?
―Elian cálmate, él es Alec, un compañero de clase.
―Tú, ten cuidado, haber que haces con mi princesa –le responde el tonto de mi guardián con tono amenazante.
―Y tu haber si mejoras tus modales, payaso –le contesta Alec, genial, lo que faltaba.
―¡¿Qué me has llamado renacuajo?!
―Payaso.
―Me lo cargo.
―¡Elian! Déjalo ya, entra en casa, ahora voy. Y cálmate.
―Humm.
―Perdónale por favor, es muy sobreprotector y enseguida se enfada.
―Entiendo no pasa nada, pero… ¿por qué te llama princesa?
Mierda, mierda, mierda, maldito Elian, mira que le he dicho que vaya con mucho cuidado delante de los demás. Ahora como salgo de esta.
―Bueno es una costumbre suya, me llama así desde que soy pequeña y no se le ha quitado del todo –por favor que se lo trague.
―Ah, vaya.
―Bueno, mejor que entre, nos vemos mañana, y perdón otra vez por la escenita.
―Tranquila. Hasta mañana.

Observo desde la puerta como Alec se aleja, pero los latidos que ha despertado en mi corazón no me han abandonado. Cierro la puerta y apoyo mi espalda en ella, cogiendo aire lentamente para calmarme antes de ir a por mí guardián.

―¡Eliaaaaaaaaaaaaaaaaan!
―¿S-si princesa? –me dice acobardado, sabe que ha metido la pata.
―¡¿Cómo te atreves a montar ese numerito delante de Alec?!
―¿Así que él es Alec eh? Hum…
―¿Hum?
―Eh, nada, lo siento, de veras princesa, es que al ver que llegabais tarde, y además con ese chico…
―Elian, te agradezco de verdad que te preocupes por mí, de corazón. Confía en mí, si llegué con Alec es porque vive en la casa de al lado, nada más. Tienes que entender que quiero aprovechar el tiempo que me queda con mis amigos. Quiero llevarme conmigo todos los buenos momentos a su lado, y no recordar solo su despedida, por favor, concédeme eso. Necesito espacio… necesito estar con Alec… me gusta, me gusta de verdad.
―Está bien, lo siento princesa, a partir de ahora ya no la controlaré más –me dijo antes de darme la espalda y desaparecer por las escaleras.
―Joder… ― susurré mientras subía a mi cuarto, sintiendo que había perdido una parte muy importante de mí.

―Mi princesita tú corazón ya tiene dueño, y ese no soy yo…

****



―Príncipe Alexander ¿esa muchacha con la que ibais es la princesa, cierto? Su poder es inconfundible, ha hecho un gran trabajo encontrándola –dijo el mago Brhyan entre crueles carcajadas―. Ya falta menos para nuestro cometido alteza.
―Escúchame bien Brhyan, no vas a acercarte a la princesa, no vas a informar a nadie de su identidad. Si me desobedeces, te mataré sin pensármelo dos veces ¿lo has entendido? –le amenazó el príncipe.
―S-sí su majestad.


El príncipe estaba en su nueva casa, la que había comprado al lado de la princesa, aunque decir comprado era incorrecto, Brhyan, el mago que le acompañaba, usó su magia para hechizar al propietario, y hacerle creer que le habían pagado.
Ese mago era bastante estúpido, cargante y molesto, pero tenía que reconocer que sus dotes con la magia negra eran increíbles, y aunque fuera a regañadientes, había tenido que aceptar su compañía.

Cogió una cerveza y se desplomó en su sillón. Estaba confuso, muy confuso. Todo lo que había creído hasta ahora se estaba desmoronando, ¿y por quien? Por la princesa, y no una princesa normal, no, su enemiga. Su trabajo había sido venir a la tierra a matarla, pero desde el primer momento en que la vio, supo que no podría. Debería haberse apartado de ella, mentalizarse y matarla sin más, pero algo en ella era adictivo, necesitaba oír su voz, ver sus ojos clavados en él, sentir cómo se ruborizaba.
Sacudió la cabeza. No, no era posible, él era Alec, el futuro rey del clan demonio, despiadado y letal, sin ningún aprecio a la vida humana, y tampoco hacia los que le rodeaban, que solía ser su padre, guerreros, y mujeres.
Le gustaban las mujeres, ellas le deseaban, había estado con otras, pero sólo algo físico, jamás había sentido ese maldito revolotear en su estómago, tan incómodo; jamás había soñado con alguna de ellas, hasta que conoció a Effy, que protagonizaba todos sus sueños, y jamás se había planteado siquiera el desobedecer órdenes tan importantes de su padre.
No sólo ya tendría que haber informado a su rey sobre sus avances, sobre su localización, sino que la tendría que haber matado. Pero no, estaba en una casa, comprada intencionadamente cerca de ella, se había inscrito en su instituto, la acompañaba con sus amigos a jugar a la bolera, ¡a la bolera! Iba a ir al cine con ellos, ¡la cortejaba!
Por eso le recomendó ese libro, era gracioso pero se parecía a lo que estaba sintiendo. Dos enemigos enamorados.
Lo lógico habría sido desistir, pero no, ella le dijo con su hermosa voz que lo importante era el amor, antes se hubiera reído, pero ahora, deseaba fervientemente que pensara eso. ¿Qué le estaba pasando?

****

Estaba en mi cuarto, sabía que Elian estaba mal, aunque no comprendía el motivo, oí que estaba en el estudio, y no podría dormir si no lo solucionaba con él, así que me puse una bata por encima del camisón y bajé en su busca.

Como pensaba estaba en su estudio, rodeado de sus preciados libros, sentado en su butaca leyendo, junto con una copa de vino.
Lo tenía crudo, Elian sólo bebía cuando estaba bastante molesto o disgustado, necesitaba contentarle, así que decidí ir a entrenar.

Después de ponerme mi chándal me dirigí a la sala de entrenamientos, situada al fondo del pasillo.
Antes de abrir la puerta me concentré para visualizar el contenido que quería que hubiese, un espacio lleno de las últimas tecnologías fabricadas para fortalecer mis músculos.
Recité el conjuro con cuidado, ya que más de una vez lo había usado sin estar concentrada, y en lugar de aparecer un saco de boxeo, habían aparecido bolsas de plástico rellenas de arena.
Abrí la puerta y vouloir, ahí estaba.
La verdad es que era una gran suerte dispone de magia, con sólo desearlo la sala se transformaba en lo que tus necesidades pedían, así Elian siempre estaba a sus anchas para machacarme con cualquier entrenamiento, y la excusa de que: aquí no hay montañas para escalar, o no hay rocas para romper, o no hay miles de kilómetros para recorrer o incluso pistas con horribles obstáculos, no era válida.
Me entrené un buen rato, primero fortaleciendo mis músculos con las pesas y las cintas de correr, y para dirigir bien mis golpes usaba los sacos de boxeo.
Luego practiqué el tiro con arco, ya que necesitaba aprender a dominar todo tipo de armas.
Para terminar la parte muscular corrí algunos kilómetros, y cuando ya estaba lista, me senté a meditar.
La mente era igual de importante que la fuerza ya que la concentración era vital para poder desarrollar y usar bien todas mis técnicas.
Así que preparada me dirigí hacia la imponente roca que tenía que ser aplastada por mi puño.
Tras muchos intentos pude ver que había mejorado, cada vez apuntaba mejor mi fuerza, y era más rápida a la hora de invocarla.
Exhausta y satisfecha me fui a dar una ducha rápida, me puse el camisón y me dirigí de nuevo hacia mi guardián.
La cosa había mejorado, ya no veía por ninguna parte la copa de vino, así que inspiré hondo y entré.
-¿No puede dormir princesa? – genial, encima me trataba de usted, lo iba a tener difícil.
-La verdad no –hubo una incómoda pausa, así que usé mi última carta -. Me preguntaba si podrías contarme más historias sobre Verem –le dije retorciendo un hilito suelto de mi pijama.
-Siéntese –me dijo tras una breve pausa. Sabía que adoraba contarme historias de nuestro hogar, y yo disfrutaba escuchándolas, así que le hice caso y me senté con las piernas cruzadas junto al fuego.
-El mundo de Verem es mucho más antiguo que la tierra, la época y su creación es un gran misterio para todos, pero hay dos personas que desde hace cientos de años viven una continua guerra. Éstos son Crómaco y Druso, los reyes del clan Dragón y Demonio, respectivamente.
Hace miles de años, el mundo de Verem estaba gobernado por el caos y la destrucción. Los reinos no estaban definidos, y vivían continuas guerras y batallas para poder invadir el máximo territorio posible, hasta que por fin un día los dos grandes reyes separaron sus fuerzas, dividiendo sus reinos y creando siete clanes rivales, sin contar con las innumerables criaturas mágicas que se decantaron por el camino del bien y la justicia, o por el sendero del mal y la traición.
Después de eso, lograron ponerse de acuerdo para firmar un tratado en el cual decía que ningún ser podrá traspasar la frontera que separa ambos reinos.
Parecía que esta nueva ley funcionaba, ya que las guerras casi no se producían y los ciudadanos podían vivir en paz.
Y por fin el esperado y grandioso día llegó, los reyes del clan dragón fueron bendecidos con una preciosa hija a la que llamaron Elizabeth, usted mi princesa, pero eso no era más que la calma que precede una gran tempestad. El reino Dragón fue atacado por unos esbirros del rey Demonio, cuya finalidad era acabar con usted, la vida de la venidera princesa que suponía un gran obstáculo para el futuro reinado de Crómaco, ya que los habitantes del clan Dragón raramente son capaces de concebir a más de un hijo, y si éste es eliminado, el rey Demonio tendrá una ventaja absoluta para conquistar el reino enemigo y gobernar al fin todo Verem.
Los reyes al descubrirlo no tuvieron más remedio que enviarla al mundo humano conmigo, para entrenarla y protegerla, hasta que fuera capaz de alcanzar el máximo potencial y terminar de una vez por todas esta eterna guerra.

Ya había escuchado esta historia antes, pero aun así, siempre logra ponerme los pelos de punta. Era como darte un golpe ante la cruda realidad, a veces me olvidaba de quien era realmente, del motivo por el cual estoy aquí. Me encantaría ser sólo una chica normal, incluso a veces, cuando estoy con mis amigos, tengo la osadía de no pensar que dentro de menos de dos años saldré de sus vidas para siempre.
Sé lo que me depara el futuro, guerra, sufrimiento, conflictos que parecen no tener fin, y ese es mi destino, mi deber, pero a veces sólo me considero una adolescente, que al fin y al cabo es lo que soy, pero eso es algo que no me puedo permitir.
El tiempo se agota, y aun no he logrado despertar ningún rayo. Me siento inútil e impotente. Según Elian me hace falta un estímulo, una razón para despertarlo, pero para que surja efecto no debe ser forzado.
Elian sabe que eso me preocupa mucho, y a él también, lo que más temo es decepcionarle, pero aun así, él sigue sonriéndome, dándome ánimos, apoyándome incondicionalmente, y eso me reconforta, pero no es suficiente.


Última edición por Effy el Lun 18 Oct 2010 - 16:00, editado 1 vez



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Dom 25 Jul 2010 - 18:31

Me gusta mucho estrellita de mar!!! :besos:

Ya quiero leer mas!! sonrisa


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Dom 25 Jul 2010 - 19:55

muchas gracias mi sirenita :correr:



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Dom 25 Jul 2010 - 20:29

jajajajajajajajaja... soy una sirenita barada o era tarada :eh?:

reir reir reir reir reir reir reir

De nada guapa!!


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Dom 25 Jul 2010 - 20:45

seeeeh tu eras la sienita tarada k son su canto mataba a todo akel k pasara cerca jajajajajjajajajajaja broooooooma te kierooo jajajjaja



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Dom 25 Jul 2010 - 20:55

mucha broma pero bien que lo dices ¬¬

y caen a mis pies por lo sexy que soy y no, no estan muertos todos reir reir reir reir


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Lun 26 Jul 2010 - 2:54

jajajaajaajjaja es cierto lo digo cada vez qe tengo ocasion jajajjaaj esk lo encuentro estupendo xDDD

seh algunos muertos, otros zombis y otros aun vivos pero k desearian morir jajajajajjajaja broma de nuevo u.u si seguro k muchos matarian x oirte cantar (?) qe exagerada soy con todo... jajajaja pero asi me kieres :P y yo a ti mi sirenita kerida jajajajajaja



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por leeloo44 el Lun 26 Jul 2010 - 4:43

Hija querida!!!! que intriga!!!!
kiero saber q les va a pasar a vos y a tus amigos!!!

Me encanta tu historia, Besitos!!!!
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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Lun 26 Jul 2010 - 15:58

a mi? jajajajjajaja aa x effy xDDD jajajajaj

gracias mami!! besitoos



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por leeloo44 el Lun 26 Jul 2010 - 17:45

Bebe, es tu identidad secreta, verdad?? perdon mami no sabia
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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Lun 26 Jul 2010 - 17:50

reir


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por leeloo44 el Lun 26 Jul 2010 - 17:54

mami esta un poco lerda, que le vamos hacer
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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Lun 26 Jul 2010 - 18:01

mami tontita jajajajjajaja la effy del fic no soy yo xDDD me puse este nick pk no tenia imaginacion y mi nombre no me gusta xDDDDD

lokita jajajja besos mami!



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Lun 26 Jul 2010 - 22:48

Capítulo Siete:

Ayer no pude dormir, una horrible pesadilla asaltó mi mente, sin dejarme ninguna vía de escape.
En el sueño yo estaba en Verem, ya había cumplido la mayoría de edad, estaba frente a mi enemigo, dispuesta a luchar, para salvar el futuro de mi mundo y sus habitantes, que estaban asustados y expectantes, con todas sus esperanzas puestas en mí.
Pero yo era incapaz de moverme, tenía miedo, puro pavor, no estaba preparada para enfrentarme a Crómaco.
Él y sus esbirros se reían de mi debilidad, mientras que yo sólo podía llorar y gimotear.
Oía en la lejanía a Elian, llamándome y dándome ánimos, él seguía confiando en mí, pero miles de rostros me rodearon, rostros que pertenecían a la gente de mi reino, rostros de decepción y resignación de muerte.
No quería que me miraran así, cerré los ojos con fuerza, me tapé los oídos y me arrodillé en el suelo gritando ¡basta! Entre sollozos.
Entonces desperté, con el cabello húmedo de sudor y respirando con dificultad, me palpé la cara y los ojos, encontrando en ellos rastros de amargas lágrimas que había derramado en mi sueño.
Me senté poniendo mis pies desnudos en el frío suelo para intentar calmarme. Respiré hondo seguidas veces hasta que recuperé el aliento.
Y fui directa a la ducha.

La pesadilla aún me mortificaba, pero al menos algo había mejorado, Elian volvía a ser mi guardián de siempre. Dándome los buenos días con alegría, haciéndome reír con sus bromas y aliviando mi corazón con su sola presencia.
En momentos como estos me daba cuenta de lo necesario que era él en mi vida, de lo mucho que le quería y de lo importante que era para mí.

Los lunes, aunque mucha gente los aborrezca, a mí no me parecen tan terribles.
Entramos una hora más tarde a clase, y el menú de la cafetería consiste en pizza y helado, mis dos platos favoritos.
Además las asignaturas me encantan, empezando por informática, francés y terminando con historia.
Siempre me ha fascinado conocer el pasado de la tierra, su historia, sus sucesos, su evolución, su cultura, incluso el aspecto que tienen los humanos al alcanzar cierta edad, ya que nunca había visto un anciano.
Encuentro que la tierra es un lugar maravilloso, me alegro de que me enviaran aquí, no tiene nada que envidiarle a Verem.

Me visto y salgo por la puerta dándole un beso en la mejilla a mi guardián, sonrío por volver a nuestro gesto matutino, extrañaba su ternura, incluso que saliera a despedirme como si yo fuera una niña pequeña. Era mi guardián, no, más que eso, era un buen amigo.

Caminaba mirando atrás, para despedirme de él, cosa que nunca hacía porque me daba vergüenza, pero eso es una estupidez, tengo a Elian, que es maravilloso conmigo, debería alegrarme y presumir de él, y no esconderme como una niña preocupada por el “qué pensará la gente”.
Cuando mi guardián volvió a entrar en casa, me giré, frenando de golpe, ya que había tropezado con alguien. Alec.

-Buenos días preciosa ¿te he asustado? Recuerda que vamos juntos a clase –me dijo divertido mientras me tenía agarrada por la cintura para evitar que cayera de bruces al suelo.
-Perdona, caminaba distraída –digo incorporándome.
-Claro –dijo echando una mirada furtiva hacia mi casa, ¿acaso había visto que me despedía de Elian? ¿Eso le molestaba?

Llegamos a clase, el trayecto había sido horrible, lleno de silencios incómodos. No sabía qué decirle, le notaba distante, sumido en sus pensamientos, frunciendo el ceño de tal forma que me acobardaba el mero hecho de hablarle.

-Buenos días chicos –digo aliviada por encontrar a Erick y Airy en clase y poder romper así el endemoniado silencio.
-Buenos días –responde Erick. Veo a Airy que nos mira sospechosamente.
-¡Oh no! –dice mi amiga poniéndose las manos en la cabeza exageradamente-, he perdido mi monedero, Effy ¿me ayudas a buscarlo?
-Tranquila mira, está encima de la mesa –digo señalándolo y haciendo ademán para sentarme en mi pupitre, cosa imposible ya que Airy me coge del brazo.
-¡He dicho que lo he perdido! Venga ayúdame –dice cogiendo el monedero no perdido y arrastrándome con ella fuera de clase.

-¿Qué les pasa a estas dos? –pregunta Alec confuso.
-Ni idea… mujeres –responde Erick soltando un suspiro de resignación.

-¿Qué pasó el día de la bolera cuando Erick y yo nos fuimos? –me pregunta Airy. Ya decía yo… -.Venga cuéntamelo, ¡no seas mala! –me dice poniendo su carita de cachorrito abandonado.
-Pues nada –digo derrotada-, me acompañó a casa y ya –hago una pausa, lo suficientemente larga para ver que mi insistente amiga no está satisfecha con mi respuesta, lo deduzco por la mirada asesina que me está echando –, está bien –digo doblemente vencida -, la verdad es que creo que iba a besarme –digo flojito y con cuidado de que nadie me oiga.
-¿Iba? ¿Cómo que iba? ¿Por qué la frase no es: me besó? ¿Se puede saber qué tienes en la cabeza?
-Shhh ¡no grites tanto! Es que Elian nos interrumpió.
-Jesús, a veces no le entiendo, si no fuera tu hermano juraría que está celoso.


Eso era imposible, en realidad Elian no es mi hermano, pero es como si lo fuera, habíamos estado toda la vida juntos, y sentimos un gran amor el uno por el otro, pero es algo fraternal ¿no?

Por fin las clases terminaron, esperaba ese instante con ansias ya que era el momento en el que volvía a casa con Alec.

-¿Al final si iremos al cine el viernes verdad? –me pregunta. Parece que ha vuelto a ser el chico jovial y encantador de siempre. Respiro aliviada.
-Claro.
-Perfecto, la película empieza a las siete, te pasaré a buscar a las seis y media.
-Genial, gracias. –le dije sonriendo. Era increíble como influía en mí su estado de ánimo, ahora que le veía contento un gran alivio inundaba mi corazón, sintiéndome feliz por estar a su lado y poder deleitarme con su sonrisa.
-Gracias a ti por dejarme acompañar a una dama tan increíble como tú.

Con frases como esas siempre lograba desbocar mi corazón, sintiéndome vulnerable, pero protegida por su presencia.
Noté su cálida mano agarrando la mía, mientras me conducía hasta él, delicadamente me levantó la barbilla para que enfrentara su mirada, sentía su fresco aliento en mi rostro, tan dulce y embriagador que me emborrachaba de su presencia. Pero entonces algo, más bien dicho “alguien” rompió nuestro mágico momento.

-¡Ay! –dijo Alec separándose de mí y mirando por todas partes buscando algo.
-¿Qué pasa? –pregunto confusa y decepcionada.
-Alguien me ha golpeado con eso –me dijo señalando una piedra que había en el suelo, mientras se frotaba la parte trasera de la cabeza.

Presentía de quién podía tratarse, y como no, mis sospechas fueron ciertas al ver aparecer a Elian entre las plantas del jardín con un ridículo delantal, unos guantes y unas tijeras.

-Disculpa chiquillo, estaba arreglando el jardín y se me escapó una piedra. ¿Estás bien? ¿Quieres que te vende el rasguño? –dijo con sorna.
-Qué pasa, encima de cocinera y jardinera, ¿también eres enfermera? Qué completita –le respondió Alec. Esto pintaba mal, muy mal.
-¡Ya basta! –grité, situándome entre los dos machitos a rebosar de testosterona –me da vergüenza ver que os comportáis como niños pequeños –y entré en casa furiosa y dejándoles con la palabra en la boca. No soportaba la idea de que dos personas tan importantes para mí se llevaran así de mal.

-Que sepas niñato, que se ha enfadado por tú culpa –le dijo Elian.
-¿Disculpa? Has sido tú payaso, que me has tirado una piedra a la cabeza ¿en qué estabas pensando? ¿Es que tu carrera de malabarista en un circo no te salió bien y ahora lo pagas lanzando cosas a la gente?
-Oh, tranquilo, acepto tus disculpas –dijo mi guardián con una sonrisa de suficiencia mientras cerraba la puerta en las narices de Alec.

-Princesa, no me gusta ese chico para usted, parece un crio.
-Un crio ¿eh? Y dime Elian, ¿desde cuándo arreglas tú el jardín?
-De toda la vida –dijo tosiendo y mirando al suelo, típico gesto que usaba cada vez que mentía.
-Odias las plantas, y más aún cualquier trabajo de jardinería –le dije estrechando los ojos.
-Bueno, está bien, es la primera vez, pero me apetecía probarlo –dijo intentando escaquearse.
-¿Y pensabas cortar el césped con esas tijeras?
-Leí en una revista que se necesitan tijeras ¿cómo crees que iba a cortar las malas hierbas?
-Con unas tijeras especiales para podar, ¡no con unas para cortar papel!
-Ya decía yo…bien, lo tendré en cuenta. Ahora vístase para el entrenamiento –iba a replicarle pero salió disparado evadiendo mi reproche.

Se había salido con la suya. Había saboteado mi beso con Alec, aunque tenía que reconocer que verle vestido de aquella forma tan ridícula lograba echar por tierra mis intentos por enfadarme con él.
Siempre hacía desaparecer cualquier rastro de enfado mío hacia mi alocado guardián, templándome con sus disparatadas ideas.


Mientras nos cambiábamos para el entrenamiento le observaba, ahora que lo pensaba, Elian nunca había tenido novia, y no era por falta de pretendientas, allá donde fuera dejaba tras de sí suspiros soñadores de mujeres, incluso de chicas más jóvenes.
Si alguna vez se pasaba por la escuela, todas las chicas babeaban por él, incluso cuando era más pequeña y alguna vez una amiga se quedaba a dormir a casa, inventaban excusas de que tenían miedo para poder agarrarse a él, o en mitad de la noche decían que tenían frio, sólo para que mi guardián fuera a arroparlas...

-Elian ¿no hay ninguna chica que te guste? –le pregunté.

-¿C-cómo? –saltó por la sorpresa, poniéndose completamente colorado-. No, en absoluto. Ahora deje de preguntar sandeces y termine de prepararse.

Eso, sin entenderlo bien, me alegró.
Me detuve en seco, ¿eso eran celos? No podía ser, seguro que estaba confundida, Elian era la única figura familiar que conocía, el que había estado siempre a mi lado, así que seguro estaba confundiendo el cariño con el amor.

-¿Ya esta lista princesa?
-Sí –respondí sin entender por qué el corazón me latía tan deprisa.

-Perfecto, hoy practicaremos la lucha contra un Shinamy. Son grandes luchadores, ya sea a distancias largas o cortas. Pueden usar cualquier parte de su cuerpo como arma, desde convertir su brazo en una espada, hasta su torso en un escudo.
Es bastante difícil acabar con ellos, pero no imposible. Son criaturas nocturnas, y la luz les deja desorientados e inmovilizados, dando así una oportunidad perfecta para atacarles al cuello, su otro punto débil.
Es fácil reconocer a un Shinamy, suelen ser altos y musculosos, pero su piel es de una tonalidad rojiza y sus ojos de un naranja llameante.
Hay una forma de distinguir a los miembros más poderosos, cuantos más tatuajes cubran su cuerpo más fuertes son.
Antes los Shinamy no eran agresivos, vivían aislados del mundo, desentendiéndose de los asuntos ajenos, eran bastante autónomos, hasta que Crómaco les prometió que si luchaban a su lado lograría hacerles invulnerables a la luz, su mayor tara.
Aunque el hecho de unirse al rey demonio no les hacía mucha gracia, pero poder librarse de esa gran atadura logró convencerles.
Lo que no sabían era que se trataba de un terrible engaño. Crómaco no sólo no les liberó de su debilidad, sino que anuló su voluntad, y ahora sólo son títeres en manos de ese despiadado rey.
Es una lástima que esas criaturas estén anuladas, porque en realidad no son malvados, pero hasta que no encontremos una forma de salvarlos es necesario que aprenda a enfrentarles.
Bien, usaremos los Bokken, son unas espadas de madera con la forma de una Katana, así podremos entrenar sin correr el riesgo de herirnos.
Tu objetivo es darme un golpe en el cuello, como si yo fuera un Shinamy ¡empecemos!


Cogí el sable, rondaba el metro de longitud, terminada en una delicada curva, su empuñadura era larga, bastante ligera y fácil de manejar.
Me puse en posición, analizando sus movimientos, flexionando las rodillas para asestarle un golpe en cualquier momento, cuando menos se lo esperaba ataqué, tuve la ventaja del primer movimiento, pero se agachó justo a tiempo para esquivar mi golpe.
Aproveché la vulnerabilidad de la posición en la que Elian estaba, para girar sobre mi misma y propinarle una patada en el pecho, eso le desestabilizó, y sin dudarlo arremetí mi arma contra él, pero mi guardián fue más rápido y pudo esquivarme con facilidad. Me cogió el brazo, me tiró al suelo y se puso encima de mí, sujetando mis manos por encima de mi cabeza, con una sola de sus manos, y posando todo su peso sobre mí.
Sabía que esto formaba parte del entrenamiento, habíamos terminado en esa posición varias veces, pero ahora lo veía de otra forma… no me sentía nada cómoda, y notaba como mis mejillas quemaban.
Me aparté de él algo bruscamente, más de lo que era mi intención.
-¿Ocurre algo princesa? –me preguntó extrañado por mi comportamiento.
-Em… no es nada, sólo me faltaba aire.
-Oh, disculpe, peso demasiado.

Tras acabar el entrenamiento, Elian se quitó la sudorosa camiseta, dejando ver un cuerpo fuerte y musculoso.
Entonces impactantemente me di cuenta de que me había quedado parada mirándole sin parpadear.
Esto que estaba sintiendo no era normal, seguro que algo iba mal en mí ¿me estaba sintiendo atraída por Elian?


Última edición por Effy el Sáb 30 Oct 2010 - 17:05, editado 1 vez



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Lun 26 Jul 2010 - 22:49

Gracias guapa!! sonrisa

mas caps!!! sonrisa


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Lun 26 Jul 2010 - 22:56

gracias a ti amor!!!
en serio q eres un sol mi sirenita heratbreaker jajajajajajja

besos guapisima!!



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por shadow el Mar 27 Jul 2010 - 0:08

De nada guapa!! sonrisa


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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Angeles Rangel el Mar 27 Jul 2010 - 2:54

Gracias Effy, espero impaciente el próximo capítulo :eh?:





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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Mar 27 Jul 2010 - 15:20

Gracias guapisima!
Aqui dejo el 7, y cuando vuelva dentro de tres dias subo.

besos!! sonrisa



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Re: Crónicas de Verem

Mensaje por Effy el Mar 27 Jul 2010 - 15:27

Capítulo Ocho:

Por fin es viernes, tengo tiempo de ducharme y arreglarme antes de que Alec pase a buscarme.
Ya es nuestra segunda cita, y sigo sintiéndome vulnerable ante lo que siento por él, como si estuviera a punto de caer por el borde de un precipicio.
Es tan misterioso, nunca sé qué piensa o siente hacia mí. ¿Debería arriesgarme y lanzarme al vacío sin protección, aun sabiendo que podría acabar destrozada?

Me miro en el espejo, terminando los últimos retoques. Al cepillarme el pelo, noto como mi mano tiembla ligeramente, estoy atacada de los nervios, oigo latir mi corazón tan fuerte, que temo que se oiga en la otra punta del mundo.
Respiro lentamente en un intento de calmarme, me relajo un poco.

Ya es la hora, salgo sigilosamente para que Elian no me vea y no me monte un escándalo, ya que es seguro que lo haría si supiera que también voy al cine con Alec.
Le veo, está en la calle de enfrente, supongo que él también quiere evitar una situación embarazosa, se lo agradezco en silencio.
Está recostado contra la pared, mirando el cielo con la vista fija en ninguna parte, abstraído en sus pensamientos. Una sensación en el estomago se apodera de mí, me cuesta respirar y las piernas me tiemblan levemente.
Me quedo de pie, a una distancia prudente, observándolo fijamente, ensimismada ante su porte.
Va vestido con su habitual y fiel color negro, unos pantalones de corte recto, su chupa de cuero y esas gastadas botas militares, son su sello de identidad, lo que más le caracteriza.
Baja su castaña mirada y siento el peso de ella sobre mí, despierto de mi ensoñación y me dirijo hacia él.

-Hola Effy, estás preciosa como siempre –me dice sonriendo.
-Gracias –le respondo, devolviéndole la sonrisa y notando de nuevo el rubor en mis mejillas.

Al llegar al cine, donde habíamos quedado con Erick y Airy vemos que todavía no han llegado, lo que resulta bastante extraño tratándose de ellos.
A los pocos minutos el móvil de Alec suena.

-Es Erick, dice que su abuela quiere que Airy y él vayan al pueblo a visitarla y no se han podido negar.
-Vaya…-pero justo noto mi móvil vibrando en el bolso, es un mensaje, de Airy: “Espero que hayas notado que no hay ninguna abuela que nos haya enviado a ningún sitio, esta vez sí Effy, ¡¡haz el favor de lanzarte o me plantearé muy seriamente nuestra amistad!!”
-¿Ocurre algo? –me pregunta Alec preocupado al ver que estoy mirando con ojos asesinos a mi móvil.
-¿Eh? No, nada ¿entramos?.
-Claro, recuerda que si tienes miedo no dudes en agarrarte a mí.
Eso me saca una sonrisa, bajo tímidamente la cabeza y le damos la entrada al acomodador.
Llegamos justo a tiempo, el último tráiler ilumina la sala, usamos la luz del móvil para distinguir los asientos, traspasamos con cuidado las piernas que nos obstaculizan el paso y nos sentamos.

Al mirar la pantalla me sorprendo al ver el tráiler de The love changes.

Casi no me lo creo, el libro que me recomendó Alec ha llegado a la gran pantalla.
En el tráiler, aparecen Helena y Derek, vestidos con ropa de época, están juntos, y se les ve tan felices que una pequeña parte de mí siente envidia.
En la última escena aparece Morgana, la verdad es que es igual o aún más tétrica que en el libro.
Ver el tráiler en pantalla me desanima un poco, ya que ayer mismo me lo terminé, y su trágico final me dejó un mal sabor de boca…

-Te estaba esperando Derek –le dijo Morgana con los ojos desorbitados y esbozando una tétrica sonrisa –. Ven, siéntate –le dijo señalando un sillón oscuro, que por la poca luminosidad de la habitación no podía distinguir cual era su color.
-¿Cómo sabe usted mi nombre?- le preguntó el soldado asustado.

Morgana estaba de espaldas a él, encorvada, mientras ojeaba un libro gigantesco lleno de polvo. La hechicera empezó a reír, una lenta y suave risa, aguda y tenebrosa, que le llegó hasta los huesos, enfriándole el cuerpo y agarrándose en sus entrañas.

-Te vi venir –dijo girándose de golpe, sacando así un grito de susto y temor de la boca de Derek-. Pobrecito… tus ojos, están vacíos… por ella, por Helena.
-¡Helena! ¿Qué sabe usted sobre Helena?
-Sé que su padre dejará que viva encerrada hasta que acepte casarse con otro hombre, siendo así infeliz toda su vida, y jamás volveréis a veros.

Era cierto, el rey Samuel estaba obsesionado con la honra de su hija, y prefería que ella fuera infeliz a no que acabara casándose con un simple soldado.

-¿Y usted no puede hacer nada para que su padre no piense así? –le preguntó esperanzado.
-Me temo que eso no será posible, cambiar la voluntad de alguien es algo que no puedo hacer, pero sí que puedo lograr que os reunáis, lograr que estéis juntos, sin impedimentos.

El joven no cabía en sí de felicidad, poder estar junto a Helena, después de tanto sufrimiento era un sueño… exacto, sólo un sueño, porque entonces cayó en la cuenta del verdadero impedimento.

-¿Cuál es el precio?
-¿El precio? –dijo Morgana con esa risa que le desgarraba las entrañas-. Tu vida. Podrás estar un día junto con tu querida princesa, cuando el sol de mañana se ponga tendrás que venir a mí, si estás un solo segundo más tu amada también morirá, aunque si lo cumples, ella vivirá, feliz, y no tendrá que obedecer las órdenes de su padre por casarse con otro hombre. Dime… ¿aceptas?
-Pero.. ¿sólo un día?
-¡¿Aceptas o no?! –le dijo chillando.
-S-sí, acepto –justo al pronunciar esas palabras un trueno cayó enfrente de la casa. Su estruendo le congeló el corazón, y la instantánea iluminación que provocó hizo que los ojos de Morgana, que eran azul claros, parecieran completamente blancos, sin rastro del iris.

-Derek… ¿me oyes? ¿estás bien?... ¡Derek! -alguien me llamaba… la voz más dulce jamás escuchada… abrí con esfuerzo los ojos, una luz verde me cegaba, escuchaba el trino de los pájaros y soplar del viento que se acompasaba con el bello canto de estos, formando una preciosa melodía. Parpadeé varias veces para acostumbrarme al fulgor del bosque y poder ver a la persona que me llamaba. Era Helena, estaba ahí, a mi lado, apoyando mi cabeza en su regazo y acariciándome con sus suaves manos. ¿Seguía soñando? Entonces rememoré mi encuentro con Morgana, ¡había funcionado!
-Oh mi Helena, mi dulce Helena, estás aquí –le dije con lágrimas en los ojos, emocionado por volver a ver a mi querida princesa.
-Sí- me dijo ella. Le costaba hablar, conmocionada por la felicidad que sentía al reunirse de nuevo con su amado.

La abracé con fuerza, y nos dirigimos a una pequeña cabaña que usaba como refugio cuando salía a cazar.
La miré a los ojos, esos tan azules como el profundo mar, viendo en ellos todo lo que necesito para ser feliz. Sé que este momento no durará para siempre, pero prefiero pasar un instante con ella que toda la vida sin verla.
Y la besé. La besé con fuerza, atrapando cada suspiro que salía de su boca, mis manos la sujetaban por los hombros, el calor de su cuerpo se filtraba a través de la ropa, solo llevaba un delicado camisón.
Me separé de ella y admiré su silueta a contra luz, el juego de luces y sombras realzaban los rasgos delicados de mi amada.
Me abordaron unas infinitas ansias de poseerla, la tristeza de que sería la primera y última vez no me detuvieron.

-Te deseo Helena -sentí cómo se estremecía y sus mejillas adquirían un hermoso tono rosado, el brillo de sus ojos me dio el empujón que necesitaba para acercarme.
Tiré suavemente de los cordones, haciendo que el trozo de tela blanco que la cubría cayera a los pies de ella, la tomé en brazos, la llevé hasta la cama y la deposité en ella con delicadeza.
Me deshice de su ropa, la mirada de mi princesa no me abandonó ni un segundo. Verla respirar agitada me reafirmó que ella lo deseaba también.
Me acerqué despacio a ella, acariciando su suave piel tibia al tacto, sintiendo como se calentaba más y más por cada roce.
Me coloqué sobre ella, que abrió sus piernas delicadamente dándome acceso a su cuerpo.
Poseerla fue la sensación más maravillosa del mundo, sus suspiros y gemidos que se acompasaban al ritmo de su cuerpo me hicieron volar, pero la sensación más sublime de todas fue cuando llegamos al éxtasis a la vez.
Caí sobre su cuerpo, saboreando las últimas gotas de placer.
La besé saciado mientras le susurraba palabras de amor.


Me desperté. El sol todavía no se había asomado por el horizonte.
La miré mientras dormía, parecía un ángel, apoyada sobre mi pecho, le acaricié su largo y dorado cabello.
Rememoré nuestro primer encuentro, hará unos dos años. Era muy temprano, yo paseaba por el bosque, este mismo bosque, contento por las piezas que había cazado, podría venderlas a un buen precio y así poder comprarme una espada mejor.
Me dirigí hacia el riachuelo para asearme un poco, y allí estaba ella, la mujer más hermosa jamás vista, sentada sobre una roca con las rodillas pegadas al pecho y la barbilla apoyada en ellas. Tenía los ojos preciosos, de un azul oscuro, pero estaban tristes, y sin saber por qué, deseaba saber el motivo para poder consolarla, abrazarla y lograr hacerla sonreír.
Me enamoré de ella al instante, locamente y sin medida, y así ha sido hasta el último momento, aunque estoy seguro que aunque muera siempre la amaré.
Sonrío al recordar nuestras últimas palabras, nos pasamos la noche hablando sobre nosotros, nuestro futuro, habíamos planeado huir del reino, instalarnos en algún lugar remoto donde no nos conociese nadie y así poder vivir libres y felices criando a nuestros hijos.
Suspiré, saber que todo eso jamás se haría realidad me mataba por dentro, pero al menos sabía que ella estaría a salvo, y podría vivir la vida que ella deseaba, con alguien que pudiese hacerle feliz, y con un último deseo la besé en la sien con delicadeza, no podía despertarla porque sabía que si lo hacía no podría separarme de ella.
Me vestí lo más rápido posible y salí corriendo sin mirar atrás.

Al fin llegué a la cabaña de Morgana, decidido a morir, la puerta se abrió sin necesidad de que yo llamara, y esta vez, no me sorprendió.

-Hola Derek, ¿estás listo para que os mate? –dijo la hechicera.
-¿Cómo? No he incumplido el trato, estoy aquí antes del alba ¡No puedes hacerle daño a Helena!
-¿Por qué no miras de nuevo el cielo?-dijo soltando una carcajada cruel y despiadada.

Me giré lentamente, el corazón estaba a punto de estallarme, estaba seguro de haber salido con tiempo, no era posible… pero sí lo era, inexplicablemente el sol estaba en lo alto de la bóveda celeste, ya hacía horas que había amanecido…

-¡Me has engañado!
-Sólo ha sido un pequeño conjuro para que pensaras que era más temprano de lo que en realidad era… no es para tanto –me dijo regocijándose-. Ahora si me permites voy a por la vida de esa jovencita, y tranquilo, tú serás el siguiente.

Y en un instante desapareció, tragada por la nada. Me entró el pánico, había sido un estúpido por confiar en esa bruja, y ahora iba a arrebatarle la vida a Helena.
Corrí, corrí sin ni siquiera esquivar las ramas de los árboles que provocaban arañazos en todo mi cuerpo, me caí con las rocas que emergían del suelo, pero desesperado seguí corriendo para protegerla, fuera como fuera.

Al llegar vi que la puerta de la cabaña donde la había dejado durmiendo estaba abierta de par en par. El mundo se paró. Estaba aterrado, paralizado, no me atrevía a entrar y descubrir el resultado de mi maldito error.
Lentamente me encaminé hacía allí, con el corazón desbocado y la respiración entrecortada.
Helena yacía tumbada en la cama, en la misma posición en que la había dejado, por un momento sentí un inmenso alivio. Sólo duró un instante. Su cuerpo estaba inerte, su pecho no se movía al compás de su respiración.
Con lágrimas en los ojos me acerqué a ella, comprobé que no le latía el corazón, la vida de mi querida Helena había desaparecido, estaba muerta.
Me desplomé. Grité, grité tan fuerte hasta quedar sin voz.
Maldije al reino, a su padre, al caballero, al destino, a Morgana… pero sobre todo me maldije a mí. Por mi culpa había perdido lo único que me daba la vida, mi querida Helena.

Detrás de mí sentí una presencia, no me hacía falta girarme para saber que era Morgana. Ya no me asustaba morir, ya no sentía nada.
Quería ver los ojos de la asesina de mi amada, que sería la mía. Me di la vuelta y la encaré esperando la muerte.
Noté un horrible dolor que me laceró el pecho, extendiéndose por todo mi cuerpo. Era el fin.

-Descansa en paz soldado Derek -dijo Morgana con su cruel risa. Fueron las últimas palabras que oí antes de que la muerte me llevara junto a Helena.

Fin


Volví a llorar como cuando terminé de leerlo, sentí la misma rabia, al ver que el mal, a veces gana, arrebatando ese amor tan puro que sentían esos dos jóvenes, que al fin y al cabo, lo único que deseaban era estar juntos.

Aproveché la poca luminosidad de la sala para mirar a Alec de reojo. Estaba nervioso, pero al notar mi mirada posó sus ojos en mí, intentando forzar una sonrisa para no preocuparme, aunque producía el efecto contrario.
Cerró los ojos un instante, parecía que se debatía en su interior, no sé cuál fue el ganador, pero al abrirlos de nuevo me topé con su castaña mirada, y esta vez sus ojos me miraban con ternura, le devolví la sonrisa, sin pensarlo ni conocer el motivo que me empujó a hacerlo, y sin esperarlo entrelazó su mano con la mía, haciéndome sentir un cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo.

De repente en toda la sala sonó esa música tétrica que suena cada vez que sale el malo de la peli, me hago pequeña en mi asiento, preparándome para el susto, pero pego un grito, aun habiéndome concienciado, y puedo oír una suave risita de Alec, le doy un codazo y nos reímos los dos.
Su risa es suave y melódica, seguro que es la octava maravilla. Cierro los ojos y me dejo inundar por ella. Pero los abro de nuevo al oír otros gritos, ese villano da miedo, muchísimo miedo.

De repente siento cómo Alec se mueve en su asiento, le miro y me lo encuentro a dos centímetros de mí.
Pego un respingo, alguien ha gritado, maldigo al malo de la peli, y a la chica que ha gritado, pero las maldiciones más grandes son para mí, por no haber probado sus labios.
Temo que se haya enfadado, así que me armo de valor y le miro, pero en vez de decepción sólo hay una tierna sonrisa surcando su rostro. Me tranquilizo y por fin sé que es él. El chico que llevo tanto tiempo buscando, el único capaz de hacerme sentir así, pero esta vez no me asusto por mis sentimientos, toco el cielo de alegría.

Al terminar la película salimos de la sala comentándola, agarrados y riendo.

Se notaba que estábamos entrando ya en octubre, los días eran más cortos, y las hojas de los árboles empezaban a mostrar esas tonalidades anaranjadas, era mi estación favorita.
Otoño… sólo faltaban unos pocos días para el baile. Ya tenía mi vestido preparado, los complementos y todo listo, excepto mi pareja. Alec no me lo había pedido.
Mirándolo fríamente tampoco tenía porque hacerlo, no éramos nada, ni un simple beso… pero una parte ilusa de mí rechazaba las invitaciones de otros chicos, esperanzada por qué él me lo pidiera.

De repente me vi entre sus brazos, me estaba abrazando con fuerza, pero a la vez con ternura, sin dejar un solo espacio entre nuestros cuerpos.
Con un brazo me rodeaba la cintura, y con el otro me acariciaba suavemente el pelo, enlazando las ondas que se me formaban en el pelo con su dedo.
Tenía apoyado mi rostro en su pecho, podía notar los latidos de su corazón, que junto a los míos formaban el compás de una bendita melodía.
Notaba su cálido aliento en mi cuello, cerré los ojos y me dejé embriagar.
Todo el conjunto, todo él, me hacía temblar, si no fuera porque me tenía agarrada mis piernas no me sujetarían.
Ese gesto, un simple abrazo, desestabilizaba mi mundo. Alec era un peligro para mi alma.
Poco a poco se fue separando de mí, y cada centímetro que nos alejaba era una puñalada en mi corazón.
Pero sólo se separó para poder fijar su mirada llena de deseo en mis labios.
Sin ni siquiera habernos tocado estábamos sofocados.
Vi como entreabría su boca, y lentamente cerraba sus castaños ojos.
El momento había llegado, ese que desde que le conocí había estado anhelando.
Pero entonces el cuerpo de Alec se tensó, sus ojos se abrieron repentinamente y su rostro desprendía inquietud, e incluso algo de temor.
Chasqueó la lengua, antes de decirme:
-Lo siento Effy, pero debo marcharme, nos vemos mañana en clase.
Y se fue, dejándome sola, vulnerable, abatida.
Pasé un rato de pie, inmóvil, mi cuerpo estaba tiritando, pero mi mente no se daba cuenta.
No sentía nada.

*******

-¿Qué hacías siguiéndome Brhyan?- le preguntó el príncipe con los labios apretados intentando controlar la furia que sentía. Cuando por fin había estado a punto de besar a Effy había sentido la presencia del inepto hechicero, lo que hizo que tuviese que alejarse si no quería que ese condenado brujo supiera la identidad de la princesa del clan Dragón.
Había estado tan cerca de probar esos labios que tientan mi resistencia, el motivo de mi delirio que me hace perder la cabeza.
¿Será el destino? Nunca he creído en esas cosas, pero cada vez que intento besarla algo lo impide… ¿debería olvidarme de ella?
-N-no no era esa mi intención mi señor, veía que no llegaba así que pensé que quizás era porque había encontrado a la princesa, y bueno, quise acompañarle por si necesitaba ayuda alteza…-dijo Brhyan aterrorizado, ya que sabía que el príncipe del clan Demonio era temido por ser fuerte y despiadado, igual que su padre.
-Te lo dije muy claro, si estás aquí es porque no hay más remedio, pero no olvides quien manda, ¿crees que si existiera la remota posibilidad de que yo necesitara ayuda tú me servirías de algo? Así que te lo repetiré por última vez, no te metas en mis asuntos, tú sólo ocúpate de mantener el hechizo asegurado.
-S-sí mi señor, como usted ordene, y lo lamento de veras…-pero ya no había nadie que le escuchara, el príncipe se había marchado.

******

Al fin, sin saber cuánto tiempo había pasado, entré en casa.

-Princesa ¿cómo ha ido el día? -me pregunta mi guardián.
-Bien –le respondo -, pero estoy bastante cansada, me voy a la cama –le di un beso en la mejilla y subí a mi habitación.

Dejé mi antiguo camisón de verano en el armario y lo cambié por un pijama de franela que calentaba más.

Me puse a escuchar música, aunque no la lograba oír. Estaba sentada en mi cama, con las piernas cruzadas y apoyada en la pared, con la vista perdida, y sólo podía pensar en Alec.
No entendía sus cambios de actitud, en el cine fue tan tierno, y parecía que estaba a punto de besarme, y de repente se marcha, sin dar ninguna explicación.
No logro comprender qué le pasa por la mente, ¿Será que no le gusto? Pero si fuera así no sería tan cariñoso y atento conmigo ¿no?, por más que lo pensaba no hallaba una respuesta, y sólo lograba confundirme todavía más. Debería tener valor y preguntárselo a él mismo, pero el mero hecho de pensarlo me hacía temblar… era una novata en temas de amor, y preferiría enfrentarme a mil monstruos antes que declararme a Alec…

De repente, sacándome de mis pensamientos, apareció un avioncito hecho de papel por la ventana de mi cuarto que juraría haber dejado cerrada, y con un perfecto y elegante vuelo se posó sobre mi regazo.
Miré por la ventana, pero sólo había oscuridad.
Con desconfianza abrí lentamente el avión, donde ponía: “Sigue las pistas. En el centenario donde se espían tu sueños encontrarás el primer paso.”

Me quedé meditando, releyendo la nota una y otra vez, pero no le encontraba ningún sentido. Me dirigí hacia la ventana con la esperanza de ver al autor de esa misteriosa nota, pero sólo podía ver el antiguo árbol bañado por la plateada luz de la luna.
Este árbol llevaba conmigo desde que nací, era mi refugio, entre sus retorcidas ramas jugaba a que me encontraba en una fortaleza, sus enormes y preciosas hojas me ocultaban cuando Elian me buscaba para entrenar.
Era mi fiel compañero de escondite.
Tenía un porte elegante y magnífico a pesar de los centenares de años que tenía… me paré en seco. ¿Centenares? Entorné los ojos, volví a leer la nota y me volví a fijar en el árbol… desde las ramas podía llegar a mi habitación, viendo cómo dormía… mis sueños… centenar…

Súbitamente emocionada cogí mi chaqueta, me la puse sobre los hombros y me posé sobre el marco de la ventana con intención de deslizarme por las ramas, pero entonces pensé que era una locura, iba a adentrarme en la noche, sola, sin protección y sólo por una nota de un misterioso desconocido… lo mirara como lo mirara era una locura, pero la vocecilla de la curiosidad me susurraba: “Si alguien quisiera matarte no se tomaría tantas molestias ¿no?” Así que le hice caso y bajé.

Al bajar, entre las enormes raíces que sobresalían del suelo se encontraba la siguiente nota, esta vez era la forma de un cisne, perfectamente construido.
Me dio pena tener que abrirlo, así que lo hice con cuidado para poder volver a montarlo después. “Sigue el sendero de las ilusiones, por el paso de pétalos y me encontrarás.”

Crucé los brazos y miré a mi alrededor. Nuestra casa era la más alejada del barrio. A la derecha de esta había un mirador que pocos sabían que existía, ya que para llegar hasta él había que cruzar un estrecho sendero oculto entre los árboles.
Cuando era pequeña adoraba el mirador, desde él se veía toda la ciudad, y me sentía la reina del mundo, pero ese camino me daba miedo, ya que los árboles impedían el paso de la luz, así que Elian plantó unas rosas blancas por todo el sendero para que no me asustase.
Sonreí, si no me equivocaba la siguiente pista debía de estar pasado el camino de rosas, “camino de pétalos” según la nota.
Me dirigí hacia ahí, el olor de las flores relajaba mi alma.
Justo en la barandilla del mirador vi la siguiente figura, una preciosa rosa.
Admiré el paisaje, de noche la vista era impresionante. Las luces de las casas y las farolas alumbraban toda la ciudad. Dando un juego de luces que brillaban en mis ojos.

Leí la nota: “Date la vuelta”.
Y así lo hice, encontrando a Alec, con su sonrisa picarona de siempre.

-¡No me puedo creer que hayas montado todo esto! –dije riendo-. No sabía que se te daba bien la papiroflexia –le dije divertida.
-Es mi pasión –me dijo con una expresión seria mal fingida, que terminó por reírse también-. Es una forma de disculparme por haber salido corriendo esta tarde, no era mi intención –sus ojos estaban llenos de pena, se traslucía en su mirada que estaba arrepentido por lo que había pasado, el corazón se me aceleró. No se fue porque no quisiera estar conmigo, si no que algo, no sé el motivo, se lo impidió. Pero no quería estropear este momento-. Y también he montado esto porque llevo intentando decirte esto desde hace tiempo… -estaba expectante, ¿qué sería lo que iba a decirme? El silencio se me hacía eterno-. ¿Me concederías el honor de acompañarte al baile?


Última edición por Effy el Mar 29 Mar 2011 - 15:03, editado 1 vez



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